HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
ALECTO CARROW
Bruja. Directora Adjunta de Hogwarts
En la Torre de Ravenclaw
Cuando abre los ojos, Alecto Carrow se siente confusa. Le cuesta un segundo recordar dónde está y lo que ha pasado. Gruñe como un animal salvaje y maldice a Luna Lovegood. Va a matarla. Cuando le ponga las manos encima, se va a arrepentir. La hará suplicar. La destrozará.
Intenta moverse, pero está casi inmovilizada. Nota a alguien pegado a su espalda y, aunque no puede verlo, sabe que es su hermano. Reconocería su olor en cualquier lugar del mundo. Está inconsciente y Alecto lucha por aferrarse a él y despertarlo.
—¡Amycus! ¡Amycus!
Es entonces cuando escucha algo parecido a una explosión. La ventana está demasiado alta para ver lo que está ocurriendo ahí fuera, pero el cielo resplandece. Ve la Marca Tenebrosa y siente como la sangre empieza a hervirle. Es la batalla definitiva. El Señor Tenebroso debe estar ahí fuera, luchando por un mundo mejor.
—¡Amycus!
Él gruñe. Alecto insiste y finalmente consigue que se despierte.
—¿Qué…? ¿Alecto?
—Tenemos que soltarnos, hermano. ¡Es el momento!
Amycus se espabila rápidamente. Él también intenta ver algo, pero tirados en el suelo no consigue gran cosa. También hacen un esfuerzo para ponerse en pie, pero tienen las piernas pegadas y sólo consiguen caer de medio lado. Alecto se da un golpe en el codo tan fuerte que piensa que se lo ha roto.
—Es inútil —Alecto acepta la realidad al cabo de un rato.
—Esa puta… —La voz de Amycus parece el gruñido de una bestia.
—Voy a matar a esa niña inútil.
—¿McGonagall?
—Lovegood.
Durante un rato profieren insultos contra ambas y contra Harry Potter. Así no tienen que pensar en lo que les hará el Señor Tenebroso si los encuentra de esa manera. Mientras tanto, la batalla prosigue en el exterior.
—No me lo puedo creer. Alguien tiene que encontrarnos. No podemos pasar el momento más emocionante de nuestras vidas aquí —Amycus se lamenta.
—¿Qué estará pasado?
—Estamos ganando. Seguro.
Tienen la razón de su lado. No pueden perder. Es imposible que Harry Potter derrote a su Señor. No es más que un niño idiota, mientras que su Señor es el mago más poderoso de todos los tiempos.
—¿Crees que seguiremos siendo profesores cuando esto acabe?
Alecto no responde, aunque internamente tiene sus dudas. A su maestro no le gustan demasiado los fracasos. Cuando sepa lo que les ha pasado, cuando se entere de que han sido reducidos por una niña y una vieja, no estará muy contento. Seguramente les castigará. Tal vez, si le pilla de buenas, les deje en la escuela. Después de la batalla necesitarán más profesores. Muchos más.
Pasan un buen rato en silencio. Escuchando. El tiempo transcurre lentamente y ellos sienten las extremidades entumecidas. El ruido cesa más tarde.
—¿Se ha terminado?
Alecto asiente. Amycus no la ve, pero sigue hablando.
—¿Habremos ganado?
—¿Y si hemos perdido?
Amycus vuelve a gruñir. Alecto se estremece sólo de pensarlo.
—¡Eso no es posible! Antes muerto que vivir en un mundo dominado por sangresucias.
Alecto está de acuerdo, pero no puede hacer nada. Ni luchar por su Señor ni quitarse la vida. Sólo pueden esperar.
Cuando la puerta se abre, es ella quien ve a la recién llegada. Es McGonagall. La acompañan dos hombres que hasta hace nada eran fugitivos.
—¡No! ¡NO!
Amycus tenía razón. Es mejor estar muerta que en sus manos. Aunque lo intenta, no puede resistirse. No puede evitar que rompan su varita y la envíen a Azkaban. No puede hacer nada.
Y pese a estar libre de hechizos, pasa el resto de su vida paralizada.
¡Qué personajes más desagradables! Dos malos porque sí, de los que no molan. Pero había que escribir sobre Alecto. Ahí lo dejo.
Besetes.
