HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
ALPHARD BLACK
Brujo. Tío de Sirius Black y repudiado por la familia
Cuestión de huevos
—¿Qué has hecho, Alphard?
Ahí estaba Walburga, con los puños apretados y la cara roja por el berrinche. Su hermano sonrió, malicioso, y decidió chincharla sólo un poco.
—Muchas cosas.
—¡Alphard! ¡Esto es serio!
Alphard dejó el periódico que estaba leyendo, descruzó las piernas con elegancia y cambió su postura para encarar a su hermana. Cuando se cruzó de brazos con absoluta parsimonia, Walburga parecía a punto de entrar en ebullición. La paciencia nunca había sido una de sus virtudes.
—Si me explicas qué te enfurece tanto, tal vez pueda ayudarte.
—¡Sirius! ¡Hablo de ese traidor!
Walburga gritó. Algunas babas se escaparon de su boca, algo que no era nada digno de su posición. Tuvo la tentación de mencionarlo, pero no necesitaba enfadarla más. Era imposible.
—Tu hijo sólo es un crío.
—¡Es un desagradecido! ¡Y un patán! Defendiendo a los sangresucias… Pero yo sabía que pasaría. Cuando fue a Gryffindor. ¿Has visto su habitación?
Alphard sonrió. A lo mejor una o dos cosas de las que había allí dentro eran cosa suya.
—Walburga, cálmate.
—¡No necesito calmarte! Necesito… Necesito arreglar lo que ese traidor ha estropeado.
Alphard puso los ojos en blanco. Su hermana nunca fue una mujer demasiado comprensiva. Pero era madre. Y se suponía que las madres querían a sus hijos. Tal vez pudiera tirar de ese hilo.
—¿Por qué no le escuchas? A los dieciséis años todos hacemos locuras. Tal vez deberías hablar con él, comprender lo que le ocurre. Es tu hijo.
Pensó que Walburga reflexionaría, pero no lo hizo. Ni tardó ni un segundo en responder.
—¡Deja de decir eso!
—¿Qué? ¿Que Sirius es tu hijo?
—¡Me avergüenza que saliera de mi vientre!
Alphard no dijo nada entonces. Observó a su hermana detenidamente, intentando recordar el momento exacto en que se había vuelto loca. A lo mejor ya había sido así desde pequeña. Recordó a su sobrina Bellatrix, que con cuatro años encontraba divertido arrancar las cabezas de sus muñecas para quemarlas en la chimenea. A lo mejor, esa sangre Black que corría por sus venas las hacía estar un poco chifladas. A lo mejor, les hacía estar chiflados a todos.
—Te lo voy a volver a preguntar, Alphard. ¿Qué has hecho?
Alphard se puso en pie. Walburga estaba tan tensa que él echó mano de su varita. No quería pelearse con su hermana, pero no era estúpido. La miró fijamente a los ojos y, ahora sí, respondió con total honestidad.
—Si te refieres a lo que hice el sábado por la tarde, te diré que invité a comer a mi sobrino.
Antes se había equivocado. Walburga sí podía estar más enfadada. Tanto que alzó los brazos y se preparó para arrancarle los ojos con sus propias manos. Alphard interpuso la varita entre ambos.
—No quiero hacerlo, hermana. Pero lo haré si no te tranquilizas.
Alphard conocía a Walburga y Walburga lo conocía a él. Sabía que estaba hablando en serio. Y, aunque estuviera un poco sobrepasada por las circunstancias, tuvo la suficiente cordura para retroceder.
—¿Le has estado dando dinero?
Alphard asintió. No se avergonzaba en absoluto.
—Es mi sobrino.
—¡No puedes hacer eso!
—Puedo hacer lo que me salga de los huevos, Walburga.
Siempre lo había hecho. Como cuando se iba al mundo muggle en busca de mujeres, cuando veía sus películas y leía sus libros. La rebeldía de Sirius no se había generado espontáneamente, aunque definitivamente era menos discreto que Alphard. Sus hermanos podrían sospechar de sus acciones, pero no tenían pruebas de su comportamiento indecoroso. Y seguramente nunca las hubieran tenido si no fuera por el díscolo sobrino.
—¡Vete de mi casa!
—Será un placer.
Alphard se estiró la túnica y comenzó a caminar rumbo a la chimenea. Le gustaba la casa de Grimmauld Place, pero no necesitaba estar allí.
—Y más te vale no seguir ayudando a ese traidor.
—¿Por qué, Walburga? ¿Qué harás?
Ella se mordió los labios y volvió a gritar.
—¡Te borraré del tapiz de los Black!
Alphard se encogió de hombros. Siempre había encontrado ese maldito tapiz una cosa ridícula y horrorosa.
—Estás en tu derecho. Tú también puedes hacer lo que te salga de los huevos.
Y, consciente de que esa frase desquiciaría a su hermana, abandonó Grimmauld Place para siempre.
Alphard murió bastante joven. Me pregunto qué le pasaría.
Besetes.
