HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
ANGELICA COLE
Bruja. Gryffindor, entrenadora de troles de seguridad.
La decisión
—Angélica, cielo. Ven aquí.
La niña obedeció a su madre, aunque no le hacía mucha gracia. Ella estaba hablando con sus amigas y una de ellas tenía una verruga peluda debajo de la nariz. Ojalá no le hablase ésa porque a lo mejor tenía que reírse.
—¿Qué, mamá?
—Dile a la señora Ferguson qué vas a ser de mayor.
Angélica alzó la cabeza y sonrió. Era una pregunta fácil y la señora Ferguson no era la señora de la verruga.
—Voy a ser entrenadora.
—Fascinante —La señora Ferguson bebió de su taza de té—. Así que te gusta al quidditch. Mi hijo es jugador profesional.
Angélica frunció el ceño y negó con la cabeza, molesta por la confusión.
—A mí no me gusta el quidditch, señora.
La mujer miró a su madre. Ambas parecían igual de confundidas.
—Entonces, ¿a quién quieres entrenar, querida?
Angélica puso los ojos en blanco. ¿De verdad tenía que dignificar semejante tontería con una respuesta?
—¡A los troles!
Es que era tan evidente que no sabía cómo se tomaba la molestia de contestar. Aun así, la señora Ferguson y su madre siguieron mirándose, confusas. Y vale que esa señora no supiera cosas de su vida, pero a mamá le había dicho miles de veces lo que iba a hacer con su vida. ¿A qué venía aquella cara?
—¿Qué troles, cielo?
—A los troles de seguridad del Ministerio, mamá. ¿A quién si no?
A mamá se le abrió tanto la boca que la señora Ferguson pensó que se le iba a desencajar. Y respecto a la señora de la verruga horrible, empezó a reírse. Angélica giró la cabeza y la miró, encontrándola más simpática de repente.
—Pero eso no puede ser, Angélica. No es un trabajo para niñas.
—Ya, mamá. Pero es que entonces ya no seré una niña. Seré mayor.
Nuevas miradas de alucine total. Angélica se cruzó de brazos y golpeteó el suelo con la punta del pie.
—¿Me puedo ir ya, mamá? Estaba jugando.
A mamá le costó un poco reaccionar, pero al final agitó la mano.
—Claro, cielo. Vete. Por favor.
Angélica obedeció y se alejó dando saltitos alegres. En la distancia, su madre parecía ligeramente molesta y no tenía por qué. Ella sabía que muchas madres se quejaban de que sus hijos no sabían qué hacer en el futuro, pero ella lo tenía muy claro. Le encantaban los troles. Eran tontos y podría amansarlos sin problemas. Menuda era ella.
Angélica me era totalmente desconocida hasta ahora y tenía un trabajo peculiar. En eso me he centrado.
Besetes.
