HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.


ANTHONY GOLDSTEIN

Brujo. Ravenclaw, miembro del Ejército de Dumbledore.

Guerreros

Anthony escucha con atención el discurso de Amycus Carrow. Tiene los dientes apretados y sus manos retuercen la tela del pantalón. Mira de reojo a Terry. Está rojo como un tomate y su barriga se infla cada vez que toma aire. Michael le da un codazo y le hace un gesto disimulado para que mire a Longbottom, en la mesa de Gryffindor. Parece estar realmente furioso.

Cuando Carrow termina de hablar, la cena aparece sobre la mesa. No es gran cosa y algunos incluso se lamentan. No es buena idea. Sólo llevan un par de horas en el castillo, pero Anthony ya sabe que ese año todo será muy distinto. Se sirve un panecillo y un poco de carne y recuerda que debe permanecer en silencio. Es una orden del director Snape. Ese puto asqueroso.

—Esto es una mierda.

Michael habla en susurros y él asiente. Cuando escucha unas risitas procedentes de su espalda, gira la cabeza y ve a unos cuantos Slytherins riéndose. Idiotas. Está a punto decirles algo, no sabe muy bien qué, pero Terry le habla al oído.

—No es buena idea.

Ni tampoco es el momento. Anthony trocea la carne casi compulsivamente y come muy despacio, intentando evadirse del ambiente hostil que les rodea. Procura no mirar ni una sola vez hacia la mesa de los profesores. Puede sentir los ojos de esos miserables examinando a todo el mundo, tal vez buscando algún rebelde.

Anthony sabe qué hay que hacer algo, pero no sabe qué. Por el momento, sigue el consejo de Terry y come. El tradicional banquete de bienvenida termina mucho antes de lo normal y se pone en pie junto a Patil y los otros prefectos. Es hora de llevar a todo el mundo a su sala común.

En esa ocasión, apenas les supone esfuerzo alguno reunirlos a todos. Los niños nuevos parecen francamente asustados y revolotean alrededor de los mayores, buscando una explicación que nadie puede darles. Cuando salen al pasillo, Finnigan de Gryffindor se choca con él y dice algo en voz tan baja que Anthony piensa que se lo ha imaginado.

—Mañana a las cuatro. Donde siempre.

Anthony sonríe disimuladamente y se apresura por llegar a la Torre de Ravenclaw. Una vez allí, explica a los más pequeños cómo acceder a sus habitaciones, ansioso por meterse en su cuarto y hablar con los chicos. Pero antes, comunica las instrucciones de Finnigan a los prefectos de confianza.

—¿Qué pasa, Tony? —pregunta Terry una vez están arriba—. La cara te ha cambiado de pronto.

—Ha sido Finnigan. Están tramando algo. Longbottom, Finnigan y los demás.

Michael y Terry se miran y no parecen tan contentos como él.

—Mañana hay una reunión y pienso ir.

—Ya.

Ninguno de los dos parece ansioso por seguirle el juego. Se sienta cada uno en su cama y permanecen callados un rato. Anthony pone los brazos en jarra y los mira ambos, incapaz de comprender por qué no comparten su entusiasmo.

—¿Qué os pasa?

—No creo que los Gryffindor sepan lo que están haciendo —dice Michael.

—Esos Carrow… No creo que sea buena idea jugársela.

Anthony abre la boca, incrédulo.

—Pero, ¿vosotros habéis oído lo que han dicho esta noche? Lo de castigar a los alumnos "adecuadamente".

Los dos chicos vuelven a mirarse.

—Por eso lo decimos, Tony. Los Carrow no son como Umbridge.

—Y Umbridge ya era lo bastante horrible.

Anthony sigue sin dar crédito. Se sube las mangas de la camisa hasta los codos y acusa a sus amigos señalándolos con el dedo.

—¿Estáis asustados? ¿Es eso?

Terry se encoge de hombros. Michael se levanta.

—Tú no deberías…

—Yo no me voy a quedar de brazos cruzados mientras esos dementes hacen lo que sea que quieran hacer.

—Tony, si no han hecho gran cosa.

—Todavía —Tony aprieta los dientes—. A lo mejor queréis esperar hasta que empiecen a castigar a gente como Justin, ¿no? Podrían obligarle a llevar una túnica con alguna seña de identidad. Como es un sangresucia.

Michael da un respingo. Terry bufa.

—No digas eso, tío.

—O mejor aún. Esperamos hasta que vengan y se lo lleven a Azkaban o lo ejecuten en el patio del colegio.

—Tony, por favor.

—A lo mejor pueden marcarlo con un numerito. A él y a todos los que no cumplan con las expectativas Carrow respecto a la pureza de sangre. Sí. ¡Qué gran idea! Esperemos, Michael. No han hecho gran cosa.

Anthony se ha puesto rojo. Está sudando y respira agitadamente. Michael se queda pensativo un buen rato y al final le da una palmada en el hombro.

—Vale. Tienes razón, pero no sé qué podemos hacer nosotros.

—Para empezar, ir a la reunión.

Michael agacha la mirada y, al cabo de unos asuntos, asiente. Terry bufa de nuevo.

—Estáis locos.

—¿Vendrás?

—¡Qué remedio! No puedo dejar que os matéis vosotros solos.

Anthony sonrió, satisfecho. Sabía que el curso escolar no sería fácil. Sabía que, como estudiantes, no podían hacer gran cosa contra los Carrow y Snape, pero al menos estarían juntos y pelearían. Como auténticos guerreros.


Rowling dijo que Tony es judío, así que he querido hacerle un pequeño homenaje. Porque puede no ser un sangresucia, pero sabe lo que es que te persigan por tu origen (o que persigan a tus antepasados)