HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
ARGUS FILCH
Squib. Celador del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Un nuevo trabajo
Argus se bebió el contenido de la copa, cogió la botella de whisky y la rellenó de nuevo.
—Y ya son siete copas de whisky que se bebe Argus Filch.
Canturreó, atontado y sonriente.
—Argus Filch coge la copa, se la bebe y llena otra copa de whisky. Y ya son ocho copas de whisky que se bebe Argus Filch.
No tenía muy claro cuál era su récord. Por normal general, dejaba de contar cuando llegaba a ese punto. Estaba preparado para echarse el contenido a la boca cuando el tabernero dio un fuerte golpe en la encimera de madera. Frente a él, el dueño de Cabeza de Puerco tenía el ceño fruncido y los brazos en jarra.
—Filch. Quieren hablarte.
—¿Quién?
El tabernero no le respondió. Señaló hacia un hombre que había al otro lado de la barra. Tenía el pelo blanco y llevaba puesta una túnica púrpura. Un asqueroso brujo con su asquerosa varita y su asquerosa magia. Argus se puso en pie y, tambaleándose, llegó hasta él.
—¿Qué quieres?
Era curioso que le saliera la voz, habida cuenta de lo borracho que estaba. El hombre le miró por encima de sus gafas de media luna y le sonrió.
—Señor Filch, un placer conocerle. Soy Albus Dumbledore.
Argus trastabilló y estuvo a punto de caerse de culo. Así que ese hombre era el mítico brujo Albus Dumbledore. O los dos míticos brujos, porque lo veía doble. El mago tenía una mano extendida en su dirección, pero Argus no se la estrechó.
—¿Qué quiere? —repitió, malhumorado y molesto porque le habían interrumpido en su ritual de beber hasta desmayarse.
—Abe me ha dicho que está usted buscando un empleo.
—¿Abe? —Argus masculló el nombre entre dientes—. ¿Quién puñetas es Abe?
—El tabernero.
Dumbledore hizo un gesto hacia el hombre detrás de la barra, quien no le hizo ningún caso. Estaba secando unos vasos, aparentemente ajeno a lo que pasaba. Pero Argus sabía bien que se enteraba de todo. Siempre lo hacía. Y se puso furioso porque él nunca le había pedido un empleo a nadie. No, señor. Lo que el tabernero quería era que le pagara su cuenta. Pues iba listo.
—¡TÚ! —señaló a Aberforth—. Yo no necesito un empleo, ¿te enteras? ¡No necesito un empleo!
Dicho eso, se tropezó con sus pies (tenía unos pies realmente inquietos que siempre se cruzaban en su camino) y se pegó en el costado con la barra de madera. Dolió, aunque posiblemente dolería más cuando estuviera sobrio. Si es que lo estaba alguna vez.
—Señor Filch —Albus Dumbledore volvió a hablarle. A él—. Puede pensárselo si quiere.
—Claro —Argus peleó contra un taburete hasta que pudo sentarse sobre él—. ¿Y qué empleo es ese?
No lo necesitaba, pero sentía curiosidad.
—El señor Pringle, nuestro conserje, se jubilará cuando acabe el curso. Necesitamos a alguien que lo sustituya.
Fue como cosa de un encantaiento, porque Argus sintió la cabeza más despejada.
—¿En Hogwarts? Pero si yo no puedo hacer magia.
—No lo necesitará. Se trata únicamente de hacer algunas labores de mantenimiento y vigilar a los alumnos durante los castigos.
—¿Y ya?
Dumbledore asintió. Argus miró al tabernero, quien permanecía aparentemente ajeno a todo, y tragó saliva. Aquello sonaba interesante. Y estúpido. Y era una locura. Sin duda, el director de Hogwarts estaba tan borracho como él.
—Sólo hay una condición.
¡Ah, el truquito mágico! No podía faltar.
—¿Cuál?
—Que deje de beber.
Argus frunció el ceño, se levantó y notó como la vista se le nublaba.
—Lo. Pen. Sa. Ré.
Y dicho eso, se desmayó y cayó redondo al suelo. Abe apenas lo miró desde el otro lado de la barra, pero Albus se acercó a él para asegurarse de que estaba bien.
—Déjalo. Tengo el suelo a prueba de borrachos.
Albus sonrió y miró a su hermano con algo que se asemejaba mucho al orgullo fraternal.
—Muy ingenioso por tu parte.
—No quiero que se me muera ningún cliente. No tengo demasiados y, además, me jodería tener a los del Ministerio metiendo sus narices en mis cosas. Bastante tengo con soportarte a ti.
Albus soltó una risita y recuperó su posición inicial, dispuesto a apurar su copita de hidromiel.
—¿Crees que dirá que sí?
—Eso espero.
Argus Filch era un desgraciado y le caía bien. De otro modo, Aberforth jamás le hubiera pedido ayuda a su hermano.
—Un hidromiel excelente.
—Es de contrabando.
—Me lo imaginaba —Albus terminó con su consumición y se puso en pie—. Avísame cuando despierte. Si dice que no, tendré que buscar otro candidato. A menos que tú…
—No trabajaría para ti ni en un millón de años, Albus.
—Ya. Hasta luego, Abe. Cuídate.
Aberforth no respondió. Observó a su hermano mientras abandonaba su local y después se centró en Filch. Tardaría un par de horas en espabilarse. Genial. Ahora tendría que cerrar más tarde.
Sí. Argus Filch terminó trabajando en Hogwarts por obra y gracia de Aberforth Dumbledore. Me lo acabo de inventar, pero, ¿a que pega?
Besetes.
