HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
ARIANA DUMBLEDORE
Bruja. Fallecida cuando era una adolescente
Un buen día
—Dame la mano, Ari. Yo te ayudo.
La niña sonrió y se aferró a Abe. Le daba un poco de miedo que la rama del árbol estuviera tan arriba, pero confiaba en él. Se sujetó al tronco con la mano libre y se impulsó hacia arriba. Abe la cogió por debajo de las axilas y tiró de ella hasta que ambos alcanzaron su destino, quedando sentados.
—¡Oh, qué bonito!
Abe no se había equivocado al decir que la vista desde allí era fascinante. Incluso podía ver el tejado de su casa. El jardín estaba más florido que nunca y las ovejas de su vecino correteaban por la finca de al lado. Ariana podría haberse quedado toda la vida allí, con su hermano.
—Vas a tener que aprender a trepar tú sola, Ari.
—¿Me enseñarás?
—Pues claro que sí.
Ariana miró a su hermano. Aberforth era muy divertido. Con él, podías pasarte el día entero corriendo por el campo, persiguiendo animales y subiéndote a árboles. Con Albus, que pasaba mucho más tiempo encerrado, escuchabas historias maravillosas y aprendías hechizos. Y eso que aún no iba a Hogwarts.
—¿Crees que mi varita estará hecha con este árbol? —preguntó, admirada por el precioso color de la madera.
—Puede ser. ¿Por qué no eliges la rama que más te guste y se la llevamos a Ollivanders?
—¡Sí!
Durante un buen rato, Ariana observó con detenimiento la copa de aquel roble, incapaz de decir cuál de todas las ramas prefería. Mientras tanto, Abe mordisqueaba un trozo de regaliz y sonreía, agitando las piernas en el aire.
—No tienes que escoger ahora. Aún falta mucho para que vayas a Hogwarts.
—¡Hogwarts!
Ariana fantaseó con el viejo castillo. Padre y madre les habían hablado sobre él y la niña sólo tenía que cerrar los ojos para imaginárselo. Sin lugar a dudas, era un lugar maravilloso.
—¡Niños! ¿Otra vez ahí arriba?
Ariana miró a madre. Estaba a los pies del roble, con los brazos en jarra y cara de pocos amigos. Supo que debía bajar cuanto antes, pero le dio un poco de miedo. Por suerte, Abe otra vez estaba ahí para ayudarla.
—Yo te cojo.
La agarró por las muñecas y la sostuvo en el aire hasta que madre la cogió por la cintura y la bajó al suelo. Después, Abe dio un salto y se plantó frente a ellas, sonriente y satisfecho.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que no trepes a los árboles? ¡Y encima te llevas a tu hermana!
—Ariana quería, ¿a que sí, Ari?
La niña asintió rápidamente. No quería que regañaran a Abe.
—Y nos lo hemos pasado muy bien, ¿verdad?
—Sí, madre.
Kendra puso los ojos en blanco y decidió no castigarlos. Total, no iba a servir para nada. Además, Ariana estaba sonriente y tenía las mejillas encendidas, signo inequívoco de que se sentía muy dichosa. Resignada a tener dos hijos asilvestrados, puso una mano en cada uno de sus hombros y los llevó de regreso a casa. Albus estaba frente a la mesa de la cocina, leyendo. Y pudiera ser que él no fuera a romperse una pierna por trepar a los árboles, pero podría ocasionar otra clase de peligros con una varita en la mano.
En cuanto lo vio, Ariana correteó hasta él y se sentó a su lado, mirándole con ojos encantadores.
—Al, ¿me lees un cuento?
Albus, quien había estado absorto en la lectura, la miró y sonrió.
—Claro, ¿cuál prefieres?
—Las reliquias de la muerte, por favor.
Kendra observó a su hijo mientras agarraba el libro de la estantería y volvía junto a Ariana. Abe, por su parte, cogió un montón de lápices para colorear y se sentó en el suelo, junto a la chimenea. A Kendra le gustaba disfrutar de momentos como aquel, cuando su familia estaba junta y en calma. Sólo faltaba Percival, que volvería pronto del trabajo. Y, entonces sí, aquel sería un buen día.
No me apetecía ver a los Dumbledore sumidos en la tristeza y el drama.
Besetes.
