HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0
Por Cris Snape
SEPARADOR
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
SEPARADOR
AUGUSTA LONGBOTTOM
Bruja. Miembro de la familia Longbottom
Dementes
Después de explicarle cómo fue el ataque que sufrieron Frank y Alice, el sanador Hill se quedó callado. Augusta golpeteó la mesa con las puntas de los dedos, asimilando toda la información.
—¿Me está diciendo que mi hijo y mi nuera están dementes?
—Los mortífagos usaron la varita contra ellos en demasiadas ocasiones. La maldición cruciatus produce severos daños internos y, en ocasiones, afecta a las capacidades cognitivas de las víctimas.
—¿Se han vuelto locos?
Augusta insistió con voz severa, harta de tanto subterfugio. El sanador entrecruzó los dedos y carraspeó.
—Aún es pronto para afirmarlo con total seguridad.
—Pero.
—Pero es bastante posible que no logren recuperar la cordura.
Augusta asintió secamente y se puso en pie. Aquella conversación había terminado.
—¿Puedo verlos?
—Mis compañeros sanadores aún están estabilizándolos.
—Mire usted, caballero —pronunció esa palabra de tal forma, que el sanador Hill se sintió ofendido—. Quiero ver a mi hijo ahora mismo. Como comprenderá, ahora que él y su esposa han perdido la cabeza, es mi obligación preocuparme del bienestar de mi nieto. No puedo perder el tiempo.
Al sanador Hill le gustaba cumplir con el reglamento como al que más, pero había conocido a demasiadas señoras Longbottom a lo largo de su carrera. Magos y brujas que no atendía a razones y que eran capaces de organizar una rebelión si no se las dejaba actuar libremente. Se dijo a sí mismo que a nadie dañaría que esa mujer echara un vistacillo a su paciente, y se puso en pie, dispuesto a guiarla.
—Sólo puedo concederle cinco minutos.
—Serán suficientes. ¿Vamos?
El sanador asintió y llevó a la bruja hasta la habitación en la que atendía a los pacientes más graves. Tanto Frank como Alice Longbottom estaban tumbados en sendas camillas blancas, con los ojos cerrados y rodeados por un halo de magia curativa.
—Le ruego que no intente tocarlos. Interferirá en el proceso de sanación.
Augusta gruñó y el sanador Hill se marchó, suponiendo que le había entendido. Augusta se acercó a las camas y observó a su hijo. Era un hombre apuesto. Valiente, inteligente, amable. Podría haber hecho con su vida lo que hubiera querido y eligió luchar contra los mortífagos.
—Qué estúpido fuiste, Frank —Augusta extendió una mano para acariciarle el rostro, pero se detuvo en el último momento—. Yo te lo advertí. Te dije que los mortífagos irían a por vosotros y te empeñaste en luchar. Estoy muy orgullosa de ti.
Después, miró a Alice. No era una chica guapa, pero sí fuerte y trabajadora. A Augusta le había gustado desde el primer momento. Era muy talentosa con las pociones y se estaba preparando para ser sanadora.
—Y de ti también, querida. No puedo hacer mucho por vosotros, pero os prometo que haré de Neville un brujo digno de su nombre. Os sentiréis orgulloso de él.
Dicho eso, les echó un último vistazo y se permitió un único gesto de debilidad. La lágrima rodó solitaria por la mejilla y goteó al suelo desde la barbilla. Augusta se limpió el rastro con un pañuelo y abandonó la estancia. Tenía muy trabajo por hacer y no había tiempo para lamentaciones.
SEPARADOR
Yo creo que Augusta fue una mujer muy fuerte. Había pensado en escribirla junto a Minerva, pero me he arrepentido en el último momento.
