HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Barty Crouch Jr.
Brujo. Mortífago, último descendiente de la familia Crouch.
Un beso de despedida
—Maldito viejo. Te odio. Te mataré. Traidor. Amante de sangresucias. Hombre vil y repugnante.
Barty Crouch Jr. rumia su odio en Azkaban. Está en una esquina, apoyado en las rocas frías y húmedas de la pared. Su uniforme de preso apenas está deteriorado. Puede ver un trozo de cielo desde allí. No tiene hambre. Sólo odia. A su padre. A Harry Potter. Al mundo mágico que ha destruido a su Señor Tenebroso y se ha sumido en el caos. A los Lestrange, por fracasar en todos sus planes, y a sí mismo por hacerles caso.
Odia cuando la puerta de su celda se abre y la figura de su padre se detiene bajo el umbral. Es un hombre alto, sobrio. Gris. Le mira con desprecio y Barty se incorpora y aprieta los puños. Quiere matarle. Por arrestarle, por enviarle a Azkaban, por condenarle como a un vulgar delincuente. Por ser su padre.
Da un paso en su dirección. Su padre aparta la mirada y entra en la celda. Tras él, Barty reconoce el rostro de la única mujer a la que nunca podría odiar. Está pálida y tiene los ojos enrojecidos e hinchados. Ha debido llorar mucho por él. Ha debido sentirse muy desesperada y, tal vez, decepcionada.
Barty tiene algún reproche para ella. Podría haber impedido que su padre le hiciera eso, pero las palabras no salen de sus labios. No cuando su madre extiende los brazos en su dirección, ofreciéndole todo el consuelo que necesita. Barty suspira y se olvida del odio y el resentimiento. Cuando se entrega a ella, vuelve a sentirse como el niño pequeño que un día fue.
—Madre.
Ha ido a verlo. Apenas pudo acercarse a él durante el juicio. Barty aspira su aroma y cierra los ojos mientras ella lo acaricia. Quiere que se quede allí para siempre. Con ella, su condena en Azkaban será más llevadera. Pero ella se aparta.
—No tenemos tiempo, Barty. Démonos prisa.
Da un paso atrás y empieza a quitarse la ropa. Su padre permanece frente a la puerta, con la vista fija en el suelo. Avergonzado, triste, impotente. Barty no entiende qué está pasando. Su madre se detiene y le hace un gesto con la mano.
—Vamos, hijo. Date prisa. Quítate el uniforme.
Barty sigue sin entender, pero obedece. No tarda nada en quedar totalmente desnudo frente a sus padres. No le da vergüenza. Es un sentimiento inocuo después de todo lo que ha pasado. Por el contrario, no puede ver a su madre, quien también se ha quedado en cueros.
—Dame tu ropa —le dice ella, tendiéndole su túnica—. Ponte la mía.
Barty mira a su padre, quien sigue inmóvil. Le parece que hay un brillo extraño en sus ojos. Barty vuelve a obedecer y, una vez vestido, observa a su madre. Ella le mira y sonríe. Le agarra por ambos lados de la cara y le besa la frente.
—Se me rompe el corazón al saber que estás aquí encerrado. Hoy, te marcharás con padre.
Barty da un paso atrás. Su padre reacciona y saca una petaca de la túnica. Sin más miramientos, le arranca un pelo y lo mete dentro de la petaca. Sólo entonces, Barty empieza a entender lo que pasa. Después, saca otra petaca e introduce un pelo de su madre en su interior.
—Promete que te olvidarás de todo, Barty —su madre le coge nuevamente de la cara y le mira a los ojos. Barty siente que puede observarle hasta el alma—. Dime que nunca volverás a hacer nada parecido a lo que hiciste. Dime que te arrepientes de todo.
Barty mira a su padre y sabe que debe mentir.
—Te lo prometo, madre.
—Buen chico. Te quiero, Barty.
Le da un último beso en la mejilla. Barty sabe que es el último que recibirá de ella y siente que pierde algo muy importante. Quizá, el último trozo de corazón sano que le queda. Después, su madre se separa de él y va junto a su padre. Le da un abrazo largo, intenso. Barty se da cuenta de que se quieren. Comprende que a su padre también se le está rompiendo el alma, pero está dispuesto a sacrificarse y a aceptar el sacrificio de su esposa porque, ante todo, la ama.
Su madre se toma la Poción Multijugos y a Barty le resulta extraño encontrarse cara a cara consigo mismo.
—Ahora tú.
Barty bebe. Es desagradable pero pronto la ropa de su madre se ajusta perfectamente a su cuerpo. No vuelve a abrazarla, ni la besa, ni hace nada. Sólo escucha a su padre murmurar una maldición.
—Imperio.
Durante años, Barty Crouch Jr. no puede ser Barty Crouch Jr., pero sigue odiando igual.
La historia de la familia Crouch también es muy triste.
Besetes.
