HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.


Belvina Black

Bruja. Sangrepura, miembro de la familia Black, se casó con Herbert Burke

El honor y el amor

—Marius no ha recibido la carta de Hogwarts.

Herbert se quita la túnica y la hechiza para que levite hasta el armario ropero. Comienza a desabrocharse la camisa interior y mira a su esposa de reojo.

—No puedo decir que me sorprenda. Ese niño siempre ha tenido menos magia que una cuchara de té.

Belvina se muerde el labio inferior y coloca un poco mejor las sábanas. Está tumbada en la cama y lleva puesto el camisón de seda rojo que le regaló Herbert por su cumpleaños. Está segura de que cualquier miembro de la familia Black lo desaprobaría si supieran de su existencia.

—Aun así, conservábamos la esperanza.

Herbert se quita la camisa. Belvina observa su cuerpo con cierto interés. No es un hombre musculoso y sí bastante peludo y ella lo encuentra atractivo. Herbert se retira el pantalón y queda en ropa interior solo durante unos segundos, hasta que se pone su ridículo camisón de dormir. Un auténtico pijama de anciano de ciento cincuenta años. Herbert se mete en la cama y Belvina se acurruca contra él de inmediato.

—¿Qué hará tu hermano?

Belvina tarda un instante en responder y piensa en su sobrino. Marius es un niño guapo e inteligente, un maestro tocando el piano y un lector voraz.

Un pobre y desgraciado squib.

—Dice que debe preservar el honor de la familia Black.

Herbert tuerce el gesto, pero Belvina no puede verlo. Es un brujo sangrepura y sabe lo que significa el honor para muchas familias como los Black. Por fortuna, los Burke son sólo un poco menos estrictos con según qué temas.

—Pero Marius no es responsable de su naturaleza.

—No importa. Cygnus afirma que deberá sacrificarlo igualmente.

Herbert nota como Belvina se estremece y la abraza con fuerza. Le besa la cabeza y le acaricia el brazo cariñosamente.

—¿Qué opina tu cuñada?

—Violetta no hace más que llorar. Quiere a Marius.

—Es su madre.

—Le ha dicho a Cygnus que está dispuesta a llevarse a Marius con él.

—Eso no parece una buena solución.

—Será una deshonra doble.

—¿Y tú? ¿Qué piensas tú?

Belvina no lo medita demasiado. Sus hijos duermen en las habitaciones contiguas, demasiado pequeños aún como para preocuparse por su primo Marius. Belvina sonríe y alza la cabeza para mirar a su marido.

—Afortunadamente, ya no soy una Black. El honor me importa menos que a ellos.

Herbert resopla y finge ponerse serio.

—¿Acaso crees que los Burke no valoramos la sangrepura y la magia familiar?

Belvina se incorpora un poco y le da un beso breve en los labios.

—No sé qué ocurre con el resto de Burke, pero creo que a este Burke en particular le importa más que sus hijos estén vivos que la magia y la pureza de sangre.

Herbert sonríe y la besa de nuevo, incapaz de negar lo que es obvio. Después de dedicarse unas cuantas caricias y arrumacos, Belvina apoya la cabeza en su pecho y se concentra en escuchar los latidos de su corazón. Permanecen en silencio unos minutos, pero Herbert tiene una última pregunta que hacerle.

—¿Harás algo por tu sobrino?

Belvina recuerda el rostro furibundo de su hermano cuando intentó hacerle entrar en razón. Niega con la cabeza.

—No es asunto mío.

—Pero es un niño. Si dejamos que lo maten, seremos cómplices.

Belvina cierra los ojos y procura apartar de su mente el sentimiento de culpa. Piensa en sus hijos y en que necesita protegerlos a ellos, no a los hijos de los demás. Además, quiere convencerse de que Cygnus no tendrá valor.

—Mi hermano no es un monstruo. Y Violetta peleará por Marius. Creo que se conformará con apartarlo de la familia.

Herbert suelta un resoplido de risa.

—A lo mejor lo mandan a vivir con Phineas el Rebelde.

Lo dice en broma, así que le sorprende que Belvina dé un respingo y se levante de la cama de un salto.

—¡Eso es!

—¿Qué pasa?

—Has tenido una idea fabulosa, Herbert.

Belvina se cubre el cuerpo con un batín blanco y corre hasta el escritorio, de dónde saca pergamino, pluma y tintero.

—¿Qué haces?

—Voy a escribirle a Phineas. Cygnus no quiere escucharme, pero estoy seguro de que mi hermano tendrá argumentos más convincentes que los míos.

Además, Phineas Black tiene el valor del que Belvina carece. Herbert la observa desde la cama, sonriente y orgulloso. No sabe qué le deparará el futuro a Marius Black, pero si esos dos hermanos están interesados en salvarle, seguramente llegará a la adultez con vida. A Herbert le alegra porque matar niños está feo y porque no quiere que su Belvina esté triste. Es demasiado hermosa, sensual y maravillosa para eso.


Hola, holita.

Últimamente he pensado mucho en la descendencia de Marius Black. Creo que son ilusionistas. ¡JA!

Besetes y hasta la próxima.