La poción
Disclaimer: he tomado prestados fragmentos del capítulo 26. 'La cueva' de 'Harry Potter y el Misterio del Príncipe' en la traducción de Gemma Rovira.
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Ante ellos surgió un panorama sobrecogedor. Se hallaban al borde de un gran lago negro, tan vasto que Sev no alcanzó a divisar las orillas opuestas, y situado dentro de una cueva tan alta que el techo tampoco llegaba a verse. Una luz verdosa y difusa brillaba a lo lejos, en lo que debía ser el centro del lago, y se reflejaba en sus aguas, completamente quietas. Aquel resplandor verdoso y la luz de las dos varitas eran lo único que rompía la aterciopelada negrura, aunque no iluminaban tanto como Sev hubiera deseado. Por decirlo de alguna forma, se trataba de una oscuridad más densa de lo habitual.
-En marcha – dijo Albus en voz baja – Ten mucho cuidado y procura no tocar el agua, no te separes de mí.
Echaron a andar por la orilla del lago. Ambos chapotearon por el estrecho borde de roca que cerraba la extensión de agua. Siguieron caminando, pero el paisaje no cambiaba, a uno de los lados tenían la áspera pared de la cueva, al otro, una negrura infinita, lisa y vítrea, en medio de la cual brillaba aquel misterioso resplandor verdoso. El lugar y el silencio eran opresivos e inquietantes.
-Albus – dijo al fin Sev - ¿Crees que el Horrocrux es eso que emite un resplandor verde?
-Sí, eso creo. O mejor dicho, estoy seguro. La cuestión es cómo llegaremos hasta él.
-¿Y si probamos a convocarlo? – propuso Sev, pese a intuir que era una sugerencia estúpida.
-Sí, podríamos probarlo – Albus se paró en seco - ¿Por qué no lo intentas tú?
-Está bien – alzó la varita – ¡Accio Horrocrux!
Se oyó un fuerte ruido, parecido a una explosión, y una cosa grande y blanquecina surgió de la oscura superficie del agua a unos veinte pies de ellos, pero antes de que Sev pudiera ver qué era se sumergió con un fuerte chapoteo que creó extensas y profundas ondas en la superficie lisa como un espejo. Dieron un paso hacia atrás y chocaron contra la pared.
-¿Qué ha sido eso? – preguntó Sev.
-Supongo que algo que reaccionará si intentamos coger el Horrocrux.
Sev dirigió la vista hacia el agua, la superficie del lago volvía a semejar un cristal negro y reluciente y las ondas habían desaparecido con una rapidez inaudita.
-¿Imaginabas que iba a pasar esto, Albus?
-Imaginé que pasaría algo si intentábamos hacernos con el Horrocrux por medios directos y evidentes. Has tenido una gran idea, Prince, era la forma más sencilla de adivinar a qué nos enfrentamos, eres la mejor compañía para este tipo de misión, no lo he dudado en ningún momento.
-Gracias, Albus, yo lo he sugerido pensando que era una estupidez.
-Vaya…
-Pero todavía no sabemos qué era eso – dijo escudriñando el agua, de una tersura siniestra.
-Querrás decir qué son, dudo mucho que haya sólo uno. ¿Seguimos adelante?
-Sigamos, hay que encontrar la manera de llegar hasta él sin meternos en el agua.
Continuaron caminando, Albus por delante.
-En última instancia convocaremos una barca, pero sospecho que ya debe haberla.
-Claro…
-¡Ajá! – Albus se detuvo de nuevo.
Agitó la mano en el aire como si quisiera asir algo invisible.
-¡Ajá! – repitió alegremente.
Tenía el brazo en alto y la mano cerrada en torno a algo que Sev no veía. Albus se acercó más al agua y Sev vio cómo las punteras del traje de neopreno llegaban al mismísimo borde de la roca.
-Cuidado, Albus, estás casi tocando el agua.
-Gracias, Prince – Albus se retiró un paso.
Sin abrir la mano, alzó la varita con la otra y se dio unos golpecitos con ella en el puño. Una cadena verde metálico apareció como por ensalmo, salió de las profundidades del lago y llegó hasta el puño de Albus. Éste la tocó con la varita y la cadena comenzó a resbalar por su puño como una serpiente y se enroscó en el suelo con un tintineo que reverberó en las paredes de roca, al mismo tiempo que tiraba de algo que iba emergiendo del agua. La fantasmal proa de una pequeña barca emergía a la superficie, era del mismo color que la cadena y despedía un extraño resplandor. La embarcación se deslizó alterando apenas el agua y se dirigió hacia el tramo de orilla donde estaban ellos.
-¿Cómo has sabido que había una barca en el fondo del lago? – le preguntó Sev.
-La magia siempre deja rastros, a veces muy evidentes – respondió Albus - Yo fui maestro de Tom Riddle, conozco su estilo.
-Claro…
Mientras tanto, la barca llegaba a la orilla y la golpeaba suavemente.
-¿Es segura la barca? – preguntó Sev.
-Sí, creo que sí. Voldemort necesitaba de un modo de cruzar el lago sin despertar la cólera de esas criaturas que él mismo puso dentro, por si alguna vez decidía ir a ver su Horrocrux o recuperarlo.
-Entonces, ¿no correremos peligro cruzando el lago en la barca?
-Creo que en algún momento se darán cuenta de que no somos Voldemort. Sin embargo, hasta ahora nos ha ido todo muy bien. Nos han dejado sacar la barca.
-¿Y por qué crees que nos lo han permitido?
-Voldemort debía estar convencido de que sólo un gran mago sería capaz de encontrar la barca. Como para él era una posibilidad muy remota, creo que decidió correr el riesgo a sabiendas de que más adelante había puesto otros obstáculos que sólo él podría superar. Ya veremos si tiene razón.
Sev echó un vistazo a la barca, que era muy pequeña.
-No parece hecha para dar cabida a dos personas. ¿Nos aguantará? ¿No pesaremos demasiado?
Albus rio con ganas.
-A Voldemort no debía importarle el peso del intruso que cruzara el lago, sino su grado de poder mágico. No me extrañaría que esta barca tuviera un sortilegio para impedir que naveguen en ella dos brujos a la vez.
-¿Y entonces…?
-No creo que tú cuentes, todavía no has terminado tus estudios. Voldemort jamás imaginaría que un muchacho de diecisiete años pudiera llegar hasta aquí.
-Pero soy precisamente yo, y sabes que tengo un gran poder.
-Ya… Deberemos arriesgarnos. Esta vez pasa tú delante y procura no tocar el agua.
Albus se apartó y Sev subió con cuidado a la barca, colocándose de frente al centro del lago, acurrucado en la proa. El anciano profesor lo siguió, enrolló la cadena y la dejó en el suelo. Se apretujaron como pudieron, Sev no podía sentarse cómodamente, sino que iba agachado y las rodillas le salían por los lados de la embarcación, que empezó a moverse enseguida. No se escuchaba más que el sedoso susurro de la proa surcando el agua, como si una cuerda invisible tirara de ella hacia la luz que brillaba en el centro del lago. Al poco rato dejaron de ver las paredes de la cueva y tuvieron la impresión de que navegaban por alta mar, pero no había olas.
Sev vio el reflejo dorado de la luz de su varita, que refulgía y centelleaba sobre las negras aguas. La barca labraba profundas ondulaciones en la vítrea superficie, surcos en un oscuro espejo… De pronto vio algo de un blanco marmóreo a escasos centímetros por debajo de la superficie.
-Albus – dijo en tono de aviso.
-¿Qué pasa, Prince?
-Me ha parecido ver una mano en el agua, una mano humana.
-Sí, no lo dudo – repuso Albus sin inmutarse.
Sev escudriñó el agua buscando la mano.
-¿Sospechas lo que son?
-Desde luego. Inferi.
-Buf…
En ese momento la luz de la varita mostró un cadáver de un hombre flotando boca arriba, a unos centímetros de la superficie, tenía los ojos abiertos pero vidriosos y el cabello y la túnica le ondeaban alrededor como humo.
-Buf… Albus… sí que lo son…
-Sí – confirmó Albus, imperturbable – Pero de momento no tenemos que preocuparnos por ellos.
-¿De momento? – Sev se giró para mirar al director.
-Sí, mientras floten a la deriva por debajo de la superficie. No hay nada que temer de un cadáver, Prince, como tampoco hay que tener miedo de la oscuridad. Aunque no lo confiese, Voldemort teme esas dos realidades y como es lógico no opina igual que yo. Pero una vez más, con esa actitud revela su ignorancia. Lo único que nos da miedo cuando nos asomamos a la muerte y la oscuridad es lo desconocido.
Sev no dijo nada por no discutir, pero le intranquilizaban sobremanera los inferi.
-Pero antes ha saltado uno de ellos… - intentó mantener un tono tan bajo y pausado como el de Albus – Cuando he intentado convocar el Horrocrux.
-Sí, sospecho que cuando cojamos el Horrocrux no se mostrarán tan pacíficos. Sin embargo, como muchas otras criaturas que habitan sitios fríos y oscuros temen a la luz y el calor, y por lo tanto, a eso recurriremos si surge la necesidad, al fuego – añadió esbozando una sonrisa.
-Ah, claro…
Sev volvió de nuevo la cabeza hacia el resplandor verdoso hacia el que se dirigían inexorablemente. Ya no podía fingir que no tenía miedo. Un lago inmenso y negro, lleno de inferi… Tenía la impresión de que habían pasado días desde que abandonó la Sala de Menesteres con Audrey hacía apenas menos de tres horas… Y lamentó profundamente haberse embarcado en esta aventura y quizá no volver a verla nunca, pasar a ser un cadáver más en el fondo del negro lago.
-Estamos llegando – anunció Albus con júbilo.
La luz verdosa parecía estar aumentando por fin de tamaño, y pasados unos minutos, la barca se detuvo golpeando suavemente algo que Sev al principio no pudo ver, pero cuando levantó su iluminada varita comprobó que habían llegado a una pequeña isla de roca lisa en el centro del lago.
-Ten mucho cuidado de no tocar el agua – insistió Albus mientras Sev bajaba de la barca.
La isla no era más grande que el despacho de Albus. Se trataba de una extensión de piedra lisa y oscura sobre la que no había otra cosa que el origen de aquella luz verdosa, que de cerca brillaba mucho más. Sev entornó los ojos y la examinó, creyó que era una especie de lámpara, pero luego vio que la luz procedía de una vasija de piedra, parecida a un pensadero, colocada encima de un pedestal.
Albus se acercó a la vasija y Sev lo siguió. Se pusieron uno frente al otro, miraron en el interior y vieron que contenía un líquido verde esmeralda que emitía aquel resplandor fosforescente.
-¿Qué es? – preguntó Sev.
-No estoy seguro, pero sin duda es algo más preocupante que la sangre y los inferi.
Albus acercó los dedos a la superficie de la poción.
-¡No lo toques, Albus!
-No puedo tocarlo – dijo Albus esbozando una sonrisa - ¿Lo ves? No puedo acercarme más. Inténtalo tú.
Sev introdujo la mano en la vasija e intentó tocar la poción, pero una especie de barrera invisible le impidió acercarse al líquido. Por mucho que empujara, sus dedos no encontraban otra cosa que esa barrera, invisible pero sólida.
-Apártate, Prince, por favor.
Albus alzó la varita e hizo unos complicados movimientos al tiempo que murmuraba palabras ininteligibles. No pasó nada, salvo quizá que el brillo del líquido se intensificó. Sev guardó silencio mientras el profesor se concentraba, pero al cabo de un rato el anciano apartó la varita y volvió a mirar con detenimiento el interior de la vasija. Sev vio su cara reflejada del revés en la lisa superficie de la poción verde.
-El Horrocrux está ahí dentro – le dijo.
-Sí, así es – respondió Albus – Pero, ¿cómo llegar hasta él? No podemos introducir la mano en la poción, ni hacerle un hechizo desvanecedor, ni apartarla, ni cogerla, ni trasvasarla, ni transformarla, ni hacerle ningún encantamiento, ni alterar su naturaleza por ningún otro medio.
Con un ademán casi distraído, volvió a levantar la varita, le dio una sacudida y atrapó al vuelo la copa de cristal que hizo aparecer de la nada.
-Lo único que se me ocurre es que haya que bebérsela.
-¿Qué? – dijo Sev - ¡No!
-Sí, sí. Sólo bebiéndomela podré vaciar la vasija y ver qué se esconde en su interior.
-Pero… ¿Y si te mata?
-No, dudo que funcione de ese modo – respondió Albus con tranquilidad – Voldemort no querría matar a la persona que consiga llegar a esta isla.
-Pero Albus… Todo esto es obra de Voldemort…
-Discúlpame, Prince. Debí decir que él no querría matar 'tan deprisa' a la persona que consiga llegar hasta aquí, sino que la mantendría con vida hasta averiguar cómo ha conseguido burlar sus defensas, y más importante aún, por qué le interesa tanto vaciar la vasija. No olvides que Voldemort cree que sólo él sabe que existen sus Horrocruxes.
Sev iba a hablar otra vez, pero Albus levantó la mano pidiendo silencio y examinó el líquido verde esmeralda con la frente ligeramente fruncida, muy concentrado.
-No me cabe duda que esta poción causa un efecto que impide coger el Horrocrux – dijo pasados unos momentos – Podría paralizarme, hacerme olvidar para qué he venido aquí, producirme tanto dolor que no pueda continuar o incapacitarme de algún modo. En ese caso, Prince, tú te encargarás de que siga bebiendo, aunque tengas que hacérmela tragar por la fuerza. ¿Entendido?
Se miraron a los ojos, ambos tenían el rostro iluminado por aquella extraña luz verdosa.
-No lo haré.
-Prince… Aquí mando yo, al igual que te dejé mandar cuando se trataba del otro Horrocrux porque sabía que era lo mejor para mí.
-Por esa misma regla de tres, lo mejor para ti es no beber esta poción en absoluto.
-Mi salud es lo de menos, ya no soy indispensable.
-Sí que lo eres, Albus. Éste es sólo el segundo Horrocrux, quedan muchos más por localizar.
-Pienso que sólo otros dos, uno en la Sala de Menesteres y otro en la cámara de los Black. Ya no me necesitáis para esas misiones. Prince… no puedes fallarme ahora, has de obedecerme aunque te resulte duro hacerlo, de otro modo habremos llegado hasta aquí para nada, no sabemos si una próxima vez nos irá todo tan bien como nos ha ido.
-Cierto…
-Vamos, Prince… dime que me harás beber.
-Lo haré.
-Así me gusta, sabía que no me fallarías. Si sucumbo, haz lo que puedas por mí sin correr riesgo tú mismo, y recuerda, fuego contra los inferi.
-Está bien, Albus.
-Minerva tiene las instrucciones completas en cuanto a cómo seguir llevando el asunto. Vamos a intentar evitar destruirlos hasta que tengamos al menos esos cuatro para no ponerlo sobre aviso ya que tuvimos suerte con el basilisco.
-Cierto.
-Retrasar la guerra al máximo.
-Claro que sí.
-Quizá evitarla.
-Ojalá.
-Allá voy.
El anciano metió la copa de cristal en la poción, Sev pensaba que quizá no llegaría a tocarla, pero el cristal atravesó limpiamente la superficie aunque no lo había conseguido con las manos. Cuando la copa estuvo llena hasta el borde, Albus la alzó y se la llevó a los labios.
-Justo lo que pensaba, sólo una copa para beber consigue atravesar la superficie de la poción, todo nos está yendo muy bien. A tu salud, Prince.
La bebió de un trago, Sev se aferraba al borde de la vasija, conteniéndose de impedírselo, con tanta fuerza que se le entumecieron los nudillos.
-¿Albus? – dijo cuando el profesor bajó la copa, ya vacía - ¿Cómo te encuentras?
El director de Hogwarts negó con la cabeza, tenía los ojos cerrados y Sev se preguntó si sentiría dolor. Sin abrir los ojos volvió a sumergir la copa, la llenó de nuevo y bebió por segunda vez. En silencio, bebió tres veces. Cuando iba por la cuarta copa, se tambaleó y cayó sobre la vasija, todavía tenía los ojos cerrados y respiraba con dificultad.
-¿Albus? – lo interpeló Sev ayudándolo a sentarse en el suelo apoyado en el pedestal - ¿Me oyes?
El anciano no contestó. Le temblaban los párpados, como si estuviera profundamente dormido en medio de una pesadilla. Aflojó la mano que sujetaba la copa y la poción amenazó con derramarse. Sev logró sujetarla a tiempo y enderezarla.
-¿Me oyes, Albus? – repitió en voz alta y sus palabras reverberaron en la cueva.
Albus jadeó y luego habló con una voz que Sev no reconoció porque nunca lo había visto tan asustado.
-No quiero… No me obligues…
Sev escrutó el pálido rostro que tan bien conocía, observó la nariz torcida y las gafas de media luna, no supo qué hacer.
-No me gusta… Quiero dejarlo… - gimió Albus.
-No… No puedes dejarlo, Albus… Tienes que seguir bebiendo. ¿Recuerdas? Me dijiste que te obligara a beber. Toma…
Odiándose por lo que hacía, Sev le acercó la copa a la boca, la inclinó y Albus bebió lo que quedaba de poción.
-No… - gimió de nuevo mientras Sev volvía a llenar la copa – No quiero… No quiero… Déjame marchar…
-No pasa nada, Albus – dijo Sev intentando controlar el temblor de sus manos – No te preocupes, estoy aquí…
-Haz que se detenga, haz que se detenga – murmuró Albus.
-Sí, sí… Toma, esto lo detendrá – vertiendo la poción en la boca abierta de Albus.
El anciano gritó y su voz resonó en la enorme cueva por encima de las negras y muertas aguas.
-No, no, no… No puedo… No puedo, no me obligues, no quiero…
-Tranquilo, Albus, no pasa nada – perseveró Sev.
Le temblaban tanto las manos que apenas pudo llenar la copa por sexta vez, la vasija ya estaba mediada.
-No te ocurre nada, estás a salvo, esto no es real, te juro que no es real. Bebe esto, bebe esto…
Y obediente, Albus bebió como si lo que Sev le estaba ofreciendo fuera un antídoto, pero al acabar lo sacudieron fuertes temblores.
-Todo es culpa mía, todo es culpa mía – sollozó el anciano – Haz que se detenga, por favor… Ya sé que me equivoqué, pero por favor, haz que se detenga y nunca más volveré a…
-Esto lo detendrá, Albus – dijo Sev con voz quebrada mientras vaciaba la séptima copa en la boca de Albus.
El director comenzó a encogerse de miedo como si lo rodearan invisibles torturadores, agitó una mano y casi derramó el contenido de la copa que Sev había vuelto a llenar con manos temblorosas, mientras gemía.
-No les hagas daño, no les hagas daño, por favor, por favor, es culpa mía, castígame a mí…
-Toma, bebe esto, bebe esto, te pondrás bien – insistió Sev, desesperado.
Una vez más Albus obedeció, abrió la boca, con los ojos fuertemente cerrados, y se estremeció de la cabeza a los pies. Entonces cayó hacia delante, volvió a gritar y golpeó el suelo con ambos puños mientras Sev llenaba una novena copa.
-Por favor, por favor, por favor, no… Eso no, eso no, haré lo que me pidas…
-Bebe, Albus, bebe…
Albus bebió como un niño muerto de sed, pero cuando hubo terminado, volvió a gritar como si le ardieran las entrañas.
-Basta, te lo suplico, basta…
Sev llenó la copa por décima vez y notó que el cristal rozaba el fondo de la vasija.
-Ya casi estamos, Albus, bebe esto, bebe…
Lo sujetó por los hombros y el anciano se tragó la poción, Sev se puso en pie y volvió a llenar la copa mientras el director lanzaba gritos desgarradores.
-¡Quiero morir! ¡Quiero morir! ¡Haz que se detenga, haz que se detenga, quiero morir!
-Bebe esto, Albus, bebe esto…
Albus bebió y tan pronto como terminó, bramó.
-¡Mátame!
-¡Esto… esto te matará! – dijo Sev entrecortadamente – Bebe esto… ¡Y todo habrá terminado!
Albus dio un trago, bebió hasta la última gota y entonces, con un fuerte y vibrante alarido, cayó tendido boca abajo.
-¡No! – gritó Sev, que estaba llenado la copa una vez más.
La dejó dentro de la vasija, se agachó junto a Albus e incorporándolo lo puso boca arriba. Tenía las gafas torcidas, la boca abierta y los ojos cerrados.
-¡No! – repitió zarandeándolo – No, no estás muerto, dijiste que no era veneno, despierta, despierta…
Le tomó el pulso, lo tenía muy débil y errático, le apuntó al pecho con la varita.
-¡Rennervate! ¡Rennervate! Por favor, Albus…
Al profesor le temblaron los párpados y a Sev le dio un vuelco el corazón.
-Agua – pidió Albus con voz ronca.
-Agua – repitió Sev jadeando – Sí…
Se puso en pie de un brinco y agarró la copa que había dejado en la vasija.
-¡Aquamenti! – convocó el hechizo golpeando la copa con la varita.
La copa se llenó de agua fresca y cristalina, Sev se arrodilló al lado de Albus, le echó la cabeza atrás y le acercó la copa a los labios, pero estaba vacía, Albus soltó un gemido y comenzó a jadear. "La copa ha quedado hechizada." Convocó un vaso, lo llenó, y se lo dio a Albus, que lo bebió con ansia. Lo mismo con un segundo y un tercero, por fin Albus se recuperó un tanto y cuando Sev volvió a llenar la copa para seguir dándole de beber descubrió que en el fondo de la vasija estaba el guardapelo que había visto en el recuerdo de los Gaunt, lo cogió y lo guardó en un bolsillo del traje de neopreno.
"Muy bien, ahora hay que salir de aquí." Cogió a Albus en brazos y lo depositó en la barca, pero no pudo evitar agitar el agua del lago con los pies. De inmediato salió la mano de un inferius que lo atrapó por el tobillo. Se desprendió de él de una patada y subió de un salto a la barca, que se puso en movimiento de vuelta de inmediato, pero los inferi habían despertado y comenzaron a salir del agua e intentar retener la barca.
Convocó Fuego Maligno y le dio la forma de la barca para que los rodeara por completo y los protegiera, los inferi huyeron de inmediato. Albus pareció reanimarse.
-Agua… - dijo el anciano.
-Ahora no, Albus, cuando lleguemos a la orilla.
-¿Tienes el Horrocrux…?
-Sí, lo tengo.
-¿Cuál era…?
-El guardapelo.
-El segundo, ya tenemos tres cuartas partes de su alma.
-Estupendo. No me desconcentres, Albus, estoy controlando el fuego maligno para que no nos ataquen los inferi.
-Vale, vale…
Por fin llegaron a la orilla y bajaron de la barca, que volvió a hundirse en el lago, no surgieron más inferi del agua. Sev dio más agua al anciano y cuando calmó su sed se pusieron en camino.
-Me siento débil… - dijo el profesor, apoyándose contra la pared de la cueva.
-No te preocupes, Albus – repuso Sev, conmovido por la extrema palidez y el agotamiento del anciano profesor – No te preocupes, te ayudaré a salir de aquí… Apóyate en mí, Albus…
Y colocándole el brazo alrededor de los hombros lo condujo por la orilla cargando con casi todo su peso.
-La protección… resultó… bien diseñada - balbuceó Albus con un hilo de voz – Yo solo nunca lo hubiera logrado… Lo has hecho muy bien, Prince, muy bien…
-Albus, no hables – le aconsejó Sev, por la dificultad que tenía Albus para hablar y viendo cómo arrastraba los pies – Conserva tus energías hasta que estemos a salvo. Ya queda poco, pronto saldremos de aquí.
-El arco se habrá sellado otra vez… Necesitaremos el cuchillo…
-Esta vez lo haré yo, yo también conozco el hechizo para sanar heridas. Dime dónde es…
-Aquí…
Sev se arremangó la manga izquierda, se lanzó al brazo un Sectumsempra no verbal y entregó su tributo de sangre. De inmediato se curó la herida con el contra-hechizo al tiempo que se abría el arco, que ambos traspusieron. Cruzaron la cueva exterior y Sev ayudó a Albus a meterse en el agua que llenaba la grieta del acantilado. Nadó llevándolo a cuestas hasta que salieron de la grieta.
-Todo saldrá bien, Albus… casi hemos llegado… Seré capaz de llevarte de vuelta Apareciéndonos… no te preocupes…
-No estoy preocupado, Prince – repuso el anciano con tono más firme pese al agua helada – Estoy contigo.
