Consejos

Cuando salieron de la grieta, Sev llevó a Albus hasta la roca más próxima que afloraba, lo ayudó a ponerse en pie y lo trasladó Apareciéndose hasta el lugar donde tenían las escobas, fuera de las puertas de Hogwarts.

-¿Cómo te encuentras, Albus? ¿Vas a poder volar o abres la verja y vamos caminando?

-No pueden verme entrar con esta ropa en el colegio.

-Bueno, bueno… qué importa eso, ya nos ha visto gente cuando hemos ido a la Torre de Astronomía.

-Está bien, vayamos caminando.

-Primero nos secamos.

-De acuerdo.

Se secaron como lo habían hecho antes, el directo abrió la verja y entraron a los terrenos del colegio.

-Ya sé qué podemos hacer, hagámosle una visita a Hagrid, le pediré que vaya por nuestra ropa – dijo el profesor - Además, tiene la chimenea encendida, nos valdrá para entrar en calor.

-Estupendo.

Fueron hasta la cabaña de Hagrid y llamaron a la puerta. El semi-gigante apareció de inmediato en la misma y les preguntó:

-Profesor Dumbledore… ¿qué le ha ocurrido? ¿Y esa ropa tan extraña?

-Nada, Hagrid, aventuras a las que ya no debería dedicarme a mi edad. ¿Nos dejas pasar a calentarnos un rato? – le preguntó Albus.

-Claro que sí, pasad, pasad, sentaos junto al fuego, ya os pongo dos butacas.

Hagrid se apresuró a entrar de nuevo para colocar dos butacas junto a la chimenea, entraron y se sentaron en las mismas, él lo hizo en su sillón.

-¿Queréis un vaso de vino para entrar en calor? – les preguntó.

-Buf… yo no, Hagrid, ya he tenido bastante de beber por hoy – respondió Albus.

Sev y le director rieron.

-¿Tú, Prince? – preguntó Hagrid.

-A mí sí me apetece, hay que celebrar – respondió Sev.

-Estupendo. Es vino de elfo, ¿eh?

-No importa, lo que tengas está bien, Hagrid.

Hagrid se levantó de nuevo y se apresuró a servir vino de una botella que tenía sobre la mesa en su propio vaso de barro y en otro que cogió de una estantería para Sev. Se lo tendió y levantó el suyo.

-Por las aventuras que acaban bien – dijo.

-Estupendo, Hagrid, por las aventuras que acaban bien.

Brindaron y bebieron.

-¿Vais a contármela? – les preguntó.

-No, Hagrid, no vamos a contarte nada – dijo Albus.

-Bueno… ¿por qué…?

-Yo te la cuento, Hagrid – le dijo Sev.

-Estupendo, Prince.

Sev inventó un cuento, le contó que habían ido a pescar un pez mágico que sólo vivía en ciertas islas escocesas. Al semi-gigante le encantó, pues por todos es conocido su amor por todas las criaturas mágicas.

-¿Y no habéis traído ninguno? – les preguntó.

-No, Hagrid, los hemos devuelto al mar, de lo contrario habrían muerto – le respondió Sev.

-Vuelve a contarme cómo eran.

Sev volvió a hacerlo, Albus se partía de la risa.

-La próxima vez que vayáis voy con vosotros – dijo Hagrid.

-De acuerdo, Hagrid.

-¿Habrá trajes como ésos para mí?

-Lo dudo mucho.

Se carcajeaban, Sev ya iba por su segundo vaso de vino.

-Hagrid, sé que estás a gusto con nosotros, pero hemos de pedirte un favor antes que te emborraches más – le dijo Albus.

-Pida lo que quiera, profesor.

-Has de ir a buscar a Minerva, que debe estar en su despacho, y pedirle que vaya al mío por nuestra ropa, te la dé y nos la traigas.

-Eso está hecho, profesor. Prince, sigue bebiendo vino, ¿eh?

-Por supuesto que voy a hacerlo – respondió Sev.

-Te relleno el vaso y echo unos troncos en la chimenea.

-Estupendo, yo también sé mantener el fuego a lo muggle, no te preocupes.

-Genial, pues hazlo tú mismo y me marcho ya.

-De paso pasa por las cocinas y trae algo de comer para Prince – dijo Albus – Apenas ha almorzado y va a sentarle mal el vino.

-Eso está hecho. ¿Qué quieres, Prince?

-Un par de sándwiches – respondió Sev.

-Voy volando.

Hagrid se marchó apresuradamente, Albus se carcajeó.

-A ver si lo recuerda todo…

-Cierto…

-Prince… choca ésa… - chocaron las manos - Eres fantástico, chico, ya te debo la vida dos veces.

-Lo de hoy ha sido en retribución por lo que has hecho tú, Albus, tú has sido quien se ha sacrificado.

-Qué valor has tenido. Lo recuerdo todo, ¿eh?

-¿En serio?

-Sí, sí.

-Cuando has perdido el conocimiento no, he pensado que habías muerto y tenías el pulso muy débil.

-Y me has reanimado con un Rennervate.

-Eso.

-Eso sí que lo recuerdo. Y que has caído en la cuenta de que la copa estaba hechizada por haber contenido la poción y has convocado un vaso para darme de beber.

-También. He debido darte más agua mientras bebías la poción, la habrías soportado mejor.

-Buf… habría sido demasiado líquido. Ya hace rato que necesito ir al baño y aquí no podemos, Hagrid no tiene baño.

-Vaya… sal afuera.

-Pues sí, eso voy a hacer.

-Si lo necesitas te acompaño.

-No es necesario, pienso que ya estoy recuperado. Lo que necesito es expulsar ese veneno cuanto antes, poder seguir bebiendo para limpiar.

-Claro, claro…

Albus salió y volvió a los pocos minutos, mientras tanto Sev echó troncos en la chimenea y se sirvió su tercer vaso de vino. Cuando Albus entró le dijo:

-No bebas tanto habiendo comido tan poco, muchacho, va sentarte mal.

-Tolero muy bien el alcohol.

-Tienes un peligro…

-Desde luego que lo tengo, no me gusta porque es dulce y aun así estoy bebiéndolo.

-Buf… No voy a librarme en toda mi carrera de los Jefes de Sly borrachines.

-¿El bocazas de Slughorn también lo es?

-Por supuesto que lo es.

-Entonces yo no lo seré con tal de no parecerme a él.

-Ni a él ni a tu padre, no lo olvides.

-En toda mi vida sólo me he emborrachado tres veces.

-Sólo tienes diecisiete años.

-Pero he tenido muchas más ocasiones y no lo he hecho.

-Cierto, porque los Sly traéis alcohol a todas las fiestas.

-Pues sí. Hoy me toca, estoy de celebración.

-Modérate en Londres, ¿eh? Vas a ir todas las semanas.

-Ya, ya… Al final también se convertirá en rutina, dejará de ser especial.

-Claro… Charlemos de la misión un poco más. Me has dejado alucinado con tu dominio del Fuego Maligno. ¿Has seguido practicándolo desde el año pasado?

("No.")

-Sí.

-Claro… ¿En la Sala de Menesteres?

-Sí.

-Eres un portento. Has podido hablar conmigo mientras lo hacías.

("Mi doble corriente de pensamiento.")

-Ya has visto que te he pedido que te callaras y no te he dado agua.

-Claro, claro… Algo más. Te has abierto el brazo con un hechizo. No lo conozco, ¿un maleficio?

-Sí.

-Y has vuelto a cerrarlo. ¿Hechizo sanador de Magia Oscura?

-Así es.

-¿Puedes enseñármelos?

-No. Inventados por mí, son mi sello personal, sólo un puñado de personas los conocen y sólo los usan aquéllos a quienes doy permiso.

-¿Has inventado un hechizo sanador de Magia Oscura? – asombrado.

-Así es.

-¿Cuándo?

-En cuarto año.

-Vaya, vaya, Prince… eres un portento. Voy a retirarme de director y que te pongas tú. Pensaba que iba a ser el brujo más grande de este siglo pero vas a desbancarme.

-Por supuesto que voy a hacerlo.

-De la que nos libramos porque no te fuiste con Voldemort. Habría ganado la guerra de haber estado tú de su parte.

-Con total seguridad.

-No te tires al alcohol, Prince, ten mucho cuidado con eso. No desperdicies la vida tan maravillosa que ya comienzas a tener.

-Tienes razón, Albus.

-Porque aparte de la magia está también la música y la literatura. Eres un excelente narrador de cuentos, cómo has camelado a Hagrid, lo ha creído todo y no sólo eso, le ha encantado. ¿Lo has inventado en el momento?

-Sí, tengo mucha imaginación.

-Eres fantástico, Prince, hacía tiempo que no reía tanto. Lo que te digo, un portento, te pongan lo que te pongan por delante. ¿Has probado con las artes plásticas?

-Sí, convoco objetos bellos y los vendo.

-Buf… lo tienes todo, muchacho.

-¿Cuál es tu tema favorito de Sly Snake?

-Buf… imposible elegir uno, me gustan todos.

-¿La música también?

-Sí, la música también, tocáis muy bien.

-Me sorprende mucho, Albus.

-Soy un viejo moderno, lo he descubierto este año gracias a vosotros. Me muero de ganas de la fiesta de esta noche, ¿tenéis temas nuevos?

-Sólo uno, porque durante el mes de marzo nos dedicamos especialmente a preparar la grabación del disco.

-Claro, claro…

-No te cuento nada, sorpresa.

-Estupendo. ¿Las tocareis dos veces?

-Sí, como siempre.

-Ya dais conciertos de más de dos horas sólo repitiendo una vez el repertorio.

-Cierto, podríamos haber grabado dos discos en lugar de uno, dejamos casi la mitad de los temas fuera.

-Cuánto trabajo, y estás consiguiendo hacerlo sin desatender todo lo demás. ¿Cómo llevas el curso?

-Todo de Extraordinario.

-No esperaba menos de ti.

-Incluso me sobra tiempo para ayudar a otros.

-¿En serio? – sorprendido.

-En serio, y para leer. Me arreglaste la vida con el ritual de la cueva, mi mayor obstáculo era la memoria, no la comprensión.

-Claro, claro, el tipo de inteligencia científica. Científico y artista a un tiempo, un hombre del Renacimiento. Ojalá te hubiera tenido antes como espejo en el que mirarme, muchacho, habría aprovechado mi larga vida mucho mejor.

-Todavía estás a tiempo, Albus, quizá te queden todavía muchos años por delante.

-Cierto. Si tuviéramos electricidad en Hogwarts me aficionaría a la música.

-Puedes hacerlo con un reproductor de cintas magnetofónicas a pilas, es lo que tengo yo para escuchar en casa.

-Claro… ¿Podrás explicárselo a Minerva para que me lo compre?

-Ella ya tiene uno, a ella ya se lo conté.

-Vaya… no me ha dicho nada.

-Pues sí, y tiene nuestros discos, los que grabamos Hipólita y yo en Navidad que salieron a la venta en marzo. En un mes hemos pasado del Top 50 al Top 20.

-¿Qué es eso?

-La lista de las veinte canciones de mayor éxito.

-Vaya… increíble.

-Hipólita me gana, sospecho que ella llegará al Top 10, yo no lo creo.

-Confía, chico, ¿por qué no?

-Su voz es más especial, está rompiendo moldes en el pop. Es una voz que se presta más a otros estilos y no es habitual escuchar en pop.

-¿No os piden entrevistas?

-Claro que lo hacen, ella grabó algunas esta Semana Santa. Yo no pude debido a la grabación del disco de Sly Snake.

-Si has de salir del colegio para dar alguna, hazlo.

-Ya veré, no me atrae mucho la idea, la verdad, no me gusta ese aspecto de la fama y no quiero descentrarme. Llega fin de curso y ya vamos a tener que ir a Londres una vez por semana, ya tendré suficiente de fama allí.

-Pero te conviene promocionar tu disco.

-Pues sí, lo pensaré. De cualquier modo, ella habla también de mí en sus entrevistas, la canción con la que está triunfando se la compuse yo y canta dos duetos conmigo en su disco, así que ya me promociona ella también, vamos en el mismo lote. Así tengo las ventajas y no los inconvenientes.

-Muy listo, sí señor. ¿Os gustaría dar un concierto con lo vuestro, que es más reposado, en el colegio? Organizaríamos el Comedor como sala de conciertos, pienso que debe tener buena acústica.

-Buf… necesitamos un piano.

-¿Con cuál tocáis cuando estáis aquí?

-Sala de Menesteres, Albus.

-Claro…

-Como con Sly Snake, en la Sala sí tenemos electricidad, por generador.

-Claro, claro… Con razón la tenéis siempre ocupada.

-Cuando la necesites avisa, ¿eh?

-Pues sí que vamos a necesitarla, aunque podemos esperar al verano. Luego te cuento para qué, vamos a pensar lo del concierto. ¿Podría sacarse el piano de la Sala levitándolo y bajarlo al Comedor?

-No veo por qué no, los corredores y escaleras son lo suficientemente amplios.

-Pues lo haremos, daréis un concierto próximamente. Guardaremos el piano en un anexo del Comedor y tendremos concierto cada quince días, el de Sly Snake alternado con el vuestro. ¿Cómo os llamáis? ¿Tenéis nombre como dúo?

-Sí, La Fusa.

-¿Qué es eso?

-El nombre de una nota musical muy corta.

-Vaya…

-Para entendidos.

-Vaya… cuánto por aprender todavía…

-Si te metes con la música vas a pasar entretenido todo lo que te queda de vida.

-Maravilloso. Debías llegar tú a descubrírmela, Prince, desde que te conocí soy otro.

-Cómo me alegro, Albus.

-Estoy pensando en vincularme contigo. ¿Te gustaría?

-Claro que sí.

-¿Ya me has perdonado?

-Sí, Albus, sí, después de lo de hoy te lo he perdonado todo.

-Gracias, muchacho.

-Hablemos de la Sala.

-Claro, claro, antes de que vuelva Hagrid. Hay que buscar el Horrocrux que probablemente se encuentra en ella. Suelo ir por las noches cuando tengo insomnio y siempre está ocupada.

-Claro…

-La usáis también para dormir.

-Sí, Albus.

-Iré de día mientras estáis en clases.

-No, Albus, lo primero es lo primero.

-No, chico, no, no hay tanta prisa. Faltará también el de la cámara de los Black y ya va a estar para mí durante todo el verano.

-Pero será mejor recuperarlos todos antes de que estalle la guerra para destruirlos en cuanto lo haga.

-Cierto, cierto…

-Organizaremos la búsqueda entre todos los oclumantes.

-Buf… tanta gente no puede saberlo, Prince…

-Sin decirles lo que es.

-Sí, quizá sí, porque ahora que ya tenemos el guardapelo sabemos que se trata de la copa de Helga Hufflepuff o de la diadema de Rowena Ravenclaw, podemos decirles que estamos buscando las reliquias de poder del colegio. ¿Son todos de fiar? ¿Las entregarían si las encuentran?

-Estoy seguro que sí.

-¿También Lily?

-Sí, también Lily.

-¿Qué os pasó, Prince?

-Nada, que yo comencé a andar con otras chicas, tuvimos un desencuentro y no fuimos capaces de arreglarlo. A partir de aquello descubrí que hay personas en el mundo con las que puedo estar tan bien como con ella.

-Claro…

-Hay que probar para saber lo que te gusta, una de mis frases favoritas. Ya tengo la idea para otra canción, hablaré de eso.

-Eres increíble.

-La propia vida de uno mismo, la mejor inspiración.

-Voy a intentarlo yo también, poner por escrito mis vivencias.

-Claro que sí, Albus, escribe tus memorias, deja ese legado. La redacción de la historia de Tom Riddle estaba muy bien hecha, escribes muy bien.

-Fruto de mi experiencia como letrado, hay que saber expresarse.

-Claro que sí.

-¿En qué estábamos?

-En que hay que organizar la búsqueda del Horrocrux de la Sala de Menesteres.

-Vale, vale. ¿Os encargáis vosotros?

-Claro que sí. Pasa que sé cómo es la copa por los recuerdos que me mostraste pero no la diadema.

-Hay una estatua de Rowena Ravenclaw en la Sala Común de la casa Rave en la que se ve.

-Vaya… estupendo. Pues ya está, mañana mismo organizamos y el lunes comenzamos a buscar.

-Maravilloso. Entonces podemos pensar también en comenzar a planificar lo de la cámara de los Black para hacerlo antes del verano.

-Cierto.

-¿Tienes tú los cabellos de Orion y Walburga Black?

-Los tengo.

-Dos candidatos, a poder ser hombre y mujer para no cambiar de sexo. La Multijugos no cambia la personalidad, hay que fingirla.

-Claro, claro…

-El mejor como hombre sería el propio Black imitando a su padre, y alguien a quien él elija y asesore como su madre.

-Cierto. Qué pena, quería hacerlo yo.

-Háblalo con él y que también te asesore, confío más en ti.

-Está bien, lo hablaré con él.

-Total, hay que fingir únicamente ante los empleados de Gringotts, no ante un familiar que los conozca bien.

-Claro, claro…

-Me he informado bien de las medidas de seguridad de las cámaras. Se pasa, en las vagonetas que conducen a ellas, por una cascada de agua que deshace todo hechizo. Perderéis el efecto de la Multijugos allí abajo.

-Buf…

-Imperius.

-Vale, vale…

-Ahí ya estaréis con un solo empleado.

-Claro…

-Por eso confío más en ti, es una misión de sangre fría.

-Buf… yo no es que tenga mucha, ¿eh?

-La tienes, hoy lo has hecho perfecto. Lo de hoy era un ponerte a prueba también para la de Gringotts.

-Claro… ¿Y no podemos pasar tú y yo por hombre y mujer, Albus? Me gustaría hacerlo contigo.

-Buf… ¿Y si nos toca huir del dragón? Mejor dos jóvenes, Prince.

-Vale, vale… ¿Y cómo salimos de Gringotts después?

-Apareciéndoos en cuanto podáis, una vez estéis arriba de nuevo.

-De acuerdo.

-El funcionario que os acompañe, aparte de abriros la cámara, lleva unos instrumentos para hacer ruido y calmar al dragón.

-Claro…

-Vais a tener que aguantaros las ganas de liberarlo, porque el pobre está casi ciego de vivir bajo tierra, en la oscuridad y encadenado.

-Buf… no…

-Sí, Prince. Si quieres, una próxima misión será liberarlo, pero que no la relacionen con el robo en la cámara. Recuerda, no poner sobre aviso.

-Claro…

-Y eso es todo por el momento. Quizá la propia cámara tenga más medidas de seguridad una vez la abráis.

-¿Qué se te ocurre?

-Encantamientos como el que nos impedía meter la mano en la vasija de la cueva, por ejemplo, o incluso un multiplicador, al tocar los objetos se crean otros falsos de oro leprechaun.

-Buf… ¿Cómo distinguir entonces el real?

-Habiéndolo cogido el primero, tendréis que buscar.

-¿Y para el resto de encantamientos?

-Enseñaré a los candidatos todo cuanto sé para deshacerlos.

-A mí, a mí.

-Estupendo si ya lo has decidido, ahora te toca buscar una compañera y ponerte en contacto con Black.

-Lo segundo lo hago esta misma noche.

-Entonces no te emborraches demasiado, ya vas por el cuarto vaso.

-O mañana.

-Bueno… ¿Me enseñas el guardapelo antes que llegue Hagrid?

-Claro que sí.

Sev sacó el guardapelo del bolsillo y se lo enseñó.

-Ábrelo para ver si hay algo dentro.

-Ni hablar, Albus. Es un Horrocrux, recuerda las maldiciones que puede contener.

-Claro, claro…

-Vuelvo a guardarlo, que ya te veo tentado.

-Déjame mirarlo un poco más, hombre, es una preciosidad.

-Cierto.

Lo admiraron.

-Hay que reconocer que tiene buen gusto para los objetos de poder.

-Pues sí, pero el gusto no es suyo, sino de quienes los crearon, y el anillo es muy feo.

-Cierto, cierto…

-Lo guardo ya.

-Guárdalo, sí.

Sev lo guardó.

-No sientes nada raro, ¿no? – le preguntó Albus.

-No.

-¿Vas a guardarlo con el anillo?

-Sí, en cuanto volvamos al colegio, porque no confío en ti.

-Vaya…

-Es lo que hay, Albus. Lo habrías abierto, te puede la curiosidad.

-Cierto, cierto…

-Ya me debes la vida tres veces.

-Pues sí, quizá sí.

Se abrió la puerta de la cabaña impetuosamente y Hagrid entró apresurado, con un montón de ropa y dos sándwiches en las manos.

-Aquí lo tenéis todo, la ropa y la comida. Era eso, ¿no? – les preguntó.

-Hagrid, ¿te has lavado las manos antes de coger los sándwiches? – le preguntó Albus.

-No.

-Pues al menos podrías haberlos traído envueltos.

-No lo he hecho por darme más prisa, profesor Dumbledore.

-Déjalo, Albus, no pasa nada. Antes era muy aprensivo pero cada vez lo soy menos – dijo Sev.

-Bueno… está bien… - dijo Albus – Déjalo todo sobre la mesa, Hagrid.

Hagrid lo dejó todo sobre la mesa y les preguntó:

-¿Salgo afuera para que os cambiéis tranquilos?

-Por el momento Prince va a comer sus sándwiches, siéntate y relájate.

Hagrid se sentó y se sirvió otro vaso de vino. Sev atacó con hambre sus sándwiches. Tocaron las cuatro en el reloj de la Torre.

-Las cuatro, y ya estoy merendando cuando los guerreros apenas hace hora y media que almorzaron.

-Come más cuando vuelvas al castillo – le dijo Albus.

-Desde luego que voy a hacerlo.

-¿No te sientes mareado?

-Sólo en el puntillo.

-Buf… y con el estómago casi vacío y habiéndote emborrachado apenas tres veces en tu vida, es cierto que tienes mucha tolerancia. ¿Bebes a menudo?

-En absoluto.

-Pues tienes mucha, mucha.

-Ya te lo decía yo.

-No lo hagas, Prince.

-No, no voy a hacerlo.

-Deberías haberte reservado para la noche.

-Ya no bebo más hasta la noche. En cuanto coma y me cambie vamos al castillo.

-Muy bien. Porque al necesitar tanto alcohol para sentir sus efectos te metes mucho al organismo y lo haces sufrir, el hígado en especial.

-Claro, claro…

-Que tu cerebro sea tolerante no significa que tu cuerpo también lo sea.

-Cierto, y yo soy de aparato digestivo débil.

-Y has comenzado muy temprano, puedes estar firmando una futura cirrosis. Antes tenías peor color, cetrino, signo de que no te funcionaba muy bien el hígado.

-Cierto, amarillento.

-Pero lo has mejorado con la nueva alimentación, no vuelvas a fastidiarlo ahora con el alcohol.

-No lo haré, Albus. Esta noche ya no bebo, ya me llega de celebración.

-Estupendo. Que te valga el consejo para ti también, Hagrid.

-Sí, sí, profesor Dumbledore.

Cuando terminó sus sándwiches se cambiaron por turnos y regresaron al castillo con las escobas y los trajes de neopreno en las manos. Sev fue directamente a la Sala de Menesteres, que había reservado durante todo el día, y los guardó allí junto con el Horrocrux, en el Aula de Espionaje, donde ya estaba el anillo desde casi un año atrás.

Contempló ambos. "Tres cuartas partes del alma de Voldemort bajo mi custodia. Bien… Ya te he vencido en un setenta y cinco por ciento, maldito…"