Mientras cae la lluvia
Sev bajó de la Sala de Menesteres y pasó por las cocinas, comió otros tres sándwiches y se le pasó por completo la ligera borrachera. De allí fue a casa, donde había quedado con Audrey en cuanto regresara. Ella estaba sentada en el sillón de frente a la puerta, donde lo esperara Ariel aquella Navidad, donde lo esperara Lauren el quince de mayo, donde él esperara a ambos la mañana que casi lo mataron los maléficos, un lugar muy especial para él.
En cuanto Audrey lo vio entrar en la Sala Común, que estaba prácticamente vacía, pues la gente se hallaba entrenando o estudiando, se levantó de un salto y fue corriendo hasta él, a echarse en sus brazos.
-Prince…
-Audrey, mi amor…
-Perdóname que no haya disimulado ante la gente que hay, no he podido evitarlo, estás vivo…
-Lo estoy, la misión ha sido un éxito. No me importa que no disimulemos, bésame.
Se besaron como si fuera la última vez que lo hacían, como lo habían hecho cinco horas atrás. Se vinculó con ella.
-¿Quieres celebrarlo? – le preguntó.
-Claro que sí.
-Pues vamos a la Sala de Menesteres, la tenemos para nosotros todo el resto del día si queremos, la reservé porque no sabía a qué hora llegaría.
-Claro…
-Ya llegué hace más de una hora. Hemos estado con Hagrid, he ido a guardar el Horrocrux, he pasado por las cocinas a comer…
-Buf… y mientras tanto yo aquí padeciendo…
-Cierto, he debido venir enseguida. Perdóname, mi amor, no he pensado en ti, tenía otras cosas en la cabeza.
-Pues ahora te va a tocar acompañarme a mí a comer, no me he metido nada desde anoche.
-Vaya…
-Claro, Prince… no he sido capaz de almorzar.
-Jo… Mira que soy bobo, he debido pasar por aquí enseguida, acabo de pasar un buen rato en las cocinas porque yo apenas he probado bocado tampoco a mediodía.
-No pasa nada, vamos ahora.
-¿Has de coger algo?
-¿Bajaremos a cenar?
-Yo debería. Tenemos concierto esta noche y he de hablar con el grupo, no era seguro por si no volvía a tiempo.
-¿Qué les dijiste que ibas a hacer?
-Trabajo con Albus, sin más explicaciones.
-Vale, vale… Si quieres puedes buscarlos mientras yo estoy en las cocinas, y una cosa que te quitas de la cabeza. Nos llevamos la cena a la Sala y ya está.
-Muy buena idea, entonces ve ya a las cocinas y yo voy por la mochila para llevar la cena, los busco y paso a buscarte.
-Genial.
Hicieron así, cada uno fue a lo suyo, Sev por la mochila al Fidelius, y volvió a salir de la casa para ir a la sala de entrenamiento, donde había guerreros de su casa y otras entrenando, pero nadie de la familia. No buscó en los recintos para practicar Artes Mentales para no interrumpir.
De allí fue a la Biblioteca, se encontró con Hipólita.
-¡Prince! – exclamó ella.
-Hipólita…
-Hoy no has venido a desayunar ni a almorzar.
-Ya te lo dije, tenía trabajo con Albus.
-Cierto, cierto, él tampoco ha bajado a almorzar. ¿Ya habéis terminado?
-Sí. ¿Sabes dónde andan los del grupo?
-Sí, en el campo de Quidditch, tenían entrenamiento de vuelo del comando hoy.
-Vaya…
-¿Por qué? ¿Porque tocáis esta noche?
-Claro.
-Ya se lo dirás en la cena.
-Tampoco pensaba ir a cenar.
-Jo… Prince…
-Hipólita… Ya pasé contigo toda la tarde de ayer.
-Cierto, cierto… Pues ya se lo digo yo, no te preocupes.
-Diles que suban a la Sala de Menesteres a las nueve para bajar los instrumentos.
-Ya lo hago, no te preocupes.
-Muchas gracias.
Se marchó a las cocinas por Audrey, que estaba zampando de lo lindo.
-Buf… me ha dado toda el hambre de golpe.
Él la acarició con mucha ternura.
-Claro, mi amor, al relajarte… a mí me ha pasado igual… Esta noche la paso contigo también, si quieres.
-Por supuesto que quiero, por fin tranquilos.
-Claro que sí, mi amor, ya te la estaba reservando. ¿Sabes una cosa? Estoy pensando de nuevo en dejar a Hipólita, no lo estoy llevando bien, me hastía, no me apetece nada estar con ella.
-Ayer por la tarde estuviste a gusto.
-Pero porque estuvimos haciendo música, no la quiero para nada más, ya te tengo a ti.
-Prince, piénsalo muy bien, no lo hagas de arrebato como la otra vez, a mí no vas a tenerme todos los días.
-Sí si te trasladas a mi Fidelius.
-Buf… mucho compromiso para el poco tiempo que llevamos juntos. Piénsalo un poco mejor, Prince, en verano no me tendrás.
-Cierto… no voy a soportarlo…
-Deberemos buscarnos la vida de alguna manera.
-Alquilaré o compraré una casa, ya soy mayor de edad.
-Buf… mucho dinero, Prince…
-Si la alquilo sólo para el verano no.
-¿Y dónde?
-Me encantaría en Godric's Hollow.
-¿Donde vive Hipólita?
-Sí.
-Buf… nos cruzaríamos con ella. Y no tendrás piano en la casa, Prince.
-No tengo por qué acabar mal con ella ni con sus padres, que me quieren mucho, podré ir a tocar el piano a su casa.
-Yo no podré dormir contigo todos los días, ¿eh? Mis padres no me dejaron hasta Navidad, seis meses después de conocerlo, ir a dormir a casa de Percy.
-Claro…
-Por suerte ya habré cumplido los dieciséis. Si tú estás dispuesto a alquilar una casa para los dos yo estoy dispuesta a enfrentarme a mis padres e incluso a escaparme.
-Vaya…
-Claro, Prince, si tú pones la carne en el asador yo también la pongo.
-La que decía que trasladarse a mi Fidelius era mucho compromiso.
-Para el verano quedan todavía dos meses y medio.
-Claro, claro…
-Y no quiero que vuelvas a dejar a Hipólita de la noche a la mañana. Aguanta un poco más y haz las cosas bien, Prince, haciendo el mínimo daño posible. Ahí atrás la destrozaste sin necesidad.
-Cierto.
-Te queda mucho por aprender todavía. Yo lo pensé durante dos semanas antes de hablar con Percy y lo dejé decidir a él, lo hice cuando ya estaba segura de que no me importaba su decisión.
-Claro…
-El mínimo daño para él y para mí.
-Desde luego.
-Pues eso tienes que hacer, esperar a estar seguro de que no te importa lo que decida y entonces planteárselo y dejarla decidir a ella.
-Audrey, pero mientras tanto no me apetece ni hacérmelo con ella.
-Pues si es así no te lo hagas, así ella ya se lo va oliendo y estará más preparada cuando le sueltes la bomba, ya estará desenganchándose de ti.
-Claro…
-Yo sí que me lo hice con Percy durante esas dos semanas, ¿eh? Por algo te dije que era capaz de llevarlo con los dos.
-Claro, claro…
-Otra cosa que has de tener en cuenta sobre mí. Quizá a mí no me tengas en exclusiva toda nuestra vida. Ahora ni me lo planteo, estoy muy bien contigo, pero quizá más adelante sí que quiera estar con alguien más y sabes que puedo tener a cualquiera que me proponga.
-Cierto.
-¿Lo soportarías?
-No lo sé. Con Percy porque ya estabas cuando te entré, pero si te lías con alguien nuevo estando sólo contigo pienso que me sentiría mal.
-Claro… Soy honesta, Prince, yo tampoco soy perfecta para ti.
-Jo…
-No hay nadie perfecto, Prince.
-Claro…
-Por eso, piensa muy bien lo de Hipólita. Estabas muy bien con ella hasta que llegué yo y no ha pasado ni un mes. Esto todavía es el alucine inicial, llevamos toda la semana follando como locos.
-Claro, claro…
-Por algo al principio te dije que no íbamos a quedar todos los días, no quería que nos pasara esto.
-Por supuesto.
-Pero no te arrepientas, no ha habido otro remedio, pasaba lo que pasaba y debíamos estar unidos.
-Claro, claro… ¿Has terminado?
-Sí. ¿Nos quedamos a cenar en la Sala?
-Sí.
-Entonces vamos a coger de todo un poco. Ensaladas variadas y fruta.
-Estupendo.
Cogieron la cena y fueron hasta la Sala de Menesteres en silencio, llovía.
-Las lluvias de primavera… - dijo ella - Qué aburrimiento…
-Comenzaron al mismo tiempo que nosotros, a mí me hace mucha ilusión.
-Espero que duremos más que ellas.
-Seguro que sí. He estado pensándolo mientras subíamos, Audrey. Te quiero para mí aunque tenga que compartirte, aunque tú me tengas en exclusiva y yo a ti no.
-¿En serio? – sorprendida.
-Sí, Audrey, lo que tú has dicho, no hay nadie perfecto, pues te prefiero a ti con ese defecto que no lo es, porque no significa más que eres capaz de dar amor a manos llenas a varias personas, de hacerlas felices como yo lo he sido también en ocasiones. Eso nos hace parecernos y te comprendo a la perfección.
-Vaya…
-Y tú aceptarías que amara también a alguien más si la encuentro.
-Desde luego que sí, yo no tendría problema alguno.
-Maravilloso, entonces sí que eres perfecta para mí. No caeré en el error de Percy, de preferir perderte por no competir conmigo. No lo veré como una competencia, sino como un reto, el ser capaz de conservarte día a día si tú tienes a alguien más.
-Claro…
-Y me encantan los retos…
-Ya te digo que en una larga temporada, si te tengo como hasta ahora, no voy a buscarlo, Prince, quizá nunca lo haga. Yo también he pensado de camino, pienso que me va a llegar contigo, eres apasionante.
-Y tú…
-No empecemos que nos mojamos.
-¿Vamos corriendo?
-Vamos, vamos…
Fueron hasta la casa corriendo y riendo. Cuando entraron, ella dijo:
-Buf… ahora me duele la barriga de correr después de todo lo que había zampado…
-Jo…
-Hoy no voy a estar en buena forma, ¿eh?
-Pues ponte cómoda, cariño. Iba a proponerte que encendieras tú la chimenea, pero ya lo hago yo.
-Gracias, mi amor.
Ella extendió las pieles y el futón y se tumbó mientras él encendía la chimenea. Ella le dijo cuando a su vez se tumbó junto a ella:
-Me encanta de día, lloviendo con el fuego encendido, es tan acogedor…
-Cierto, a mí también, ver llover a través de las ventanas y estar aquí dentro calentitos, sin mojarnos.
-Es maravilloso. Retiro que las lluvias son un aburrimiento.
-Claro, mi amor. A mí me encantan, son el agua que da vida a la Naturaleza.
-Claro, claro… Y en casa no lo disfrutamos, en la Sala Común nunca vemos llover.
-Cierto…
-Hay que trasladar la casa Sly, propónselo al viejo para el próximo año.
-Hay que abolir las casas.
-Pero eso no va a suceder, Prince, mientras mande él, hazte a la idea. Así que por lo menos trasladar la casa Sly.
-A mí me encanta la cristalera.
-Pues que tengamos dos pisos de Sala Común, uno en las mazmorras y otro a ras del lago, eso por lo menos.
-Vaya… pues no es mala idea… Voy a proponérselo, hoy hemos hecho muchas migas.
-Cuenta, cuenta mientras reposo la comida y la carrera. Quizá cuando acabes ya esté en forma, cuéntame un cuento de los tuyos.
-Había una vez un anciano de noventa y cinco años y su joven discípulo de diecisiete que viajaron hasta un remoto lugar…
Le contó su aventura completa con todo lujo de detalles, Audrey alucinó, con los ojos como platos, pero en ningún momento lo interrumpió. Él terminó:
-Y su periplo concluyó en la cabaña del amable guardabosques que les proporcionó calor de su chimenea y vino para celebrarlo. Fin de la historia.
-Buaaah… Prince… alucinante… Lo que hubiera dado por vivirlo contigo…
-He pensado mucho en ti cuando hemos descubierto los inferí. Lo único que pensaba era que no quería morir por no volver a verte nunca más – acariciándola muy tiernamente.
-Vaya…
-Qué bonita eres, Audrey. Todo en ti es bello, reflejas por fuera lo que eres por dentro, eres perfecta, perfecta…
-Entonces… ¿por qué no te enamoraste de mí el año pasado?
-Has cambiado mucho, mi amor. Por entonces no estábamos en la misma onda, te faltaba madurar, saber más sobre ti misma y sobre las relaciones, y también a mí.
-Cierto, y eso también lo hice gracias a ti. Comencé esa misma noche, dejé a mi novio de entonces al día siguiente y ya no volví a hacérmelo con nadie más.
-Desde luego.
-Aguanté un mes y medio hasta que me lie con Percy a pesar del chasco que me llevé contigo.
-Lo siento mucho, cariño, no debí hacérmelo contigo aquella vez.
-Sí que debiste, a mí me arreglaste la vida y de otro modo quizá no estaríamos juntos ahora.
-Cierto.
-¿Lo recuerdas todo al pie de la letra?
-Desde luego.
-Pena que ya no nos da tiempo a que me lo cuentes entero, fueron tres horas.
-Sí.
-Pues cuéntame cómo comenzamos a hablar y luego cuando nos lo hicimos, así nos ponemos.
-De acuerdo. Voy a echar troncos a la chimenea y nos desnudamos para estar listos.
-Maravilloso.
Lo hicieron, y él comenzó a contarle la noche del quince de mayo del año anterior.
-Jo… Prince… me avergüenzo, qué boba era, con razón no te enamoraste de mí.
-No eras boba, cariño, eras inmadura…
-Tú dices que también has cambiado, pero ya eras mucho más maduro que yo.
-Te saco casi año y medio, mi amor.
-No es excusa, las chicas maduramos antes que vosotros, ya viste que yo tenía mucha más experiencia que tú.
-Claro… Pero fue una desgracia que tuviste, tú te lo hacías buscando amor, era la manera más fácil de encontrarlo.
-Eso.
-Me di cuenta enseguida, cuando dormimos juntos la semana siguiente.
-Claro…
-Por eso no quise hacérmelo esa vez y te di muchos mimos.
-Claro… Y yo provocándote porque te despertaste caliente…
-Ya, qué mala. Qué buena memoria tienes.
-Lo recuerdo casi todo, fueron pocas veces y me marcaron mucho. Recuerda que yo sí te amaba y que me ponías mucho. Te tenía muchas, muchas ganas y siempre había pensado que eras imposible por maléfico.
-Claro…
-La sorpresa que me diste aquella mañana, se me metió en la cabeza desde el principio que tenía que hacérmelo contigo.
-Y lo conseguiste.
-Sí, pero no engancharte, y yo me quedé todavía más pillada. Llevaba todo el año esperando que me dieras una nueva oportunidad.
-Vaya…
-Te amo, Prince, no sabes cuánto, no sabes lo feliz que me haces…
-Y tú a mí, mi vida…
-Y que fuera precisamente yo la elegida aquella noche, tu noche, una noche que sabía no olvidarías nunca a pesar de no hacer el ritual de la cueva.
-Cierto, nunca lo habría olvidado.
-Y lo que me haces sentir cada vez que estamos juntos, hagamos lo que hagamos. Pones toda tu alma en cada cosa que haces, sea estudiar, charlar, contar un cuento, besar o hacer el amor. Todo, todo cuanto viene de ti es especial, único.
-Y de ti…
-Prince, pienso, ahora sí que sí, que mientras esté contigo no voy a ser capaz de enamorarme de nadie más. Ahora me parece bobo haber querido continuar con Percy y me arrepiento de habérmelo hecho con él al mismo tiempo que ya estaba contigo. Me llenas, me colmas, yo también siento que me estalla el pecho, eres un sueño muy ansiado y por fin alcanzado. Dudo mucho que llegue a sentir por nadie lo que siento por ti, y por menos de eso, ya habiéndolo experimentado, no me lo haré.
-Audrey, mañana mismo dejo a Hipólita y te vienes a mi Fidelius.
-Ni hablar, Prince, tu historia no es la mía. Tú me amas desde hace menos de un mes, piénsalo mejor.
-Vale…
-Anda, ve al grano y nos lo hacemos, hacemos lo mismo que aquella noche.
-Vale, pero metiéndola.
-Claro, claro… Y luego te lo hago con la boca. Uno para mí, dos para ti.
-¿Vas a hacérmelo con la boca a estas alturas? – extrañado.
-Claro que sí, igual que me lo haces tú. A mí me va a encantar y te aseguro que a ti también, igual que te gustó mucho aquella vez.
-Cierto que me encantó.
-Además, estoy irritada todavía de ayer y esta mañana, no puedo darle mucho.
-Pero eso puedo curártelo.
-¿Por dentro también?
-Sí, tengo pomada.
-Vaya… Pensaba que preferías que me doliera.
-Un ratito, cariño. Ya me curé de esas cosas, ya no me pone que estés sufriendo tanto tiempo.
-Claro, claro…
-Voy a curarte ya mismo – poniéndose en pie - ¿Por qué no me lo has dicho esta mañana?
-Porque teníamos prisa por salir, se nos ha echado el tiempo encima.
-Pero cuando nos hemos despertado, mi amor.
-Te has lanzado sobre mí.
-Cierto…
-Yo habría dormido más.
-Ya… Ha sido que me he despertado antes de hora muy nervioso y quería olvidarme de todo.
-Lo he comprendido enseguida, mi amor.
-Ahora bajo, voy por la pomada que tengo en el dormitorio.
-Estupendo, Prince.
Sev subió y trajo la pomada, se la untó con el dedo por dentro, y por fuera la curó con un hechizo. Volvió a tumbarse junto a ella.
-¿Mejor? – le preguntó.
Ella tenía los ojos empañados, él la acarició. Ella tomó su mano y le besó la palma.
-Sí, mi vida… muchas gracias…
-No tienes por qué dármelas, te lo hice yo.
-No, cariño, eso no es así, lo hicimos los dos, y estoy emocionada por lo delicado que eres, lo bien que lo has hecho, con tanto, tanto amor. Cada cosa que descubro en ti me apasiona más y más…
-Hoy no quiero hacer nada, cariño, sólo darnos mimos…
-¿En serio?
-Sí, cariño, sí, ahora ya sabemos que tendremos muchas más ocasiones y va a ser más especial que si nos lo hacemos, porque desde que estamos juntos nos lo hemos hecho todos los días. Hoy sólo mucho amor.
-Como quieras…
-Bésame como sabes tú, como me besaste aquella noche, con mucha ternura. Hagámoslo durante horas, abrazados piel contra piel, mientras cae la lluvia, mientras cae la noche…
