La diadema

Al día siguiente Sev planificó con Deborah la búsqueda del tercer Horrocrux en la Sala de Menesteres en su aspecto de almacén. Ella recordaba aquel primer mapa de la misma que sugirió confeccionar un año atrás, y dedicó la tarde a reproducirlo, formar grupos con todos los oclumantes originales y asignarles zonas.

En la cena se repartieron el trabajo, Sev quedaba excluido del mismo. Corrían las apuestas respecto a quién lo encontraría, y Sly Snake prometió una canción con protagonista de la historia como recompensa. Genevre, que era la encargada de mostrarles a todos la diadema de Rowena Ravenclaw en la casa Rave, decía:

-¿No es suficiente ya todo el trabajo que tenemos, que ahora justo a final de curso nos cargan además con una tarea aparentemente inútil? Las reliquias de poder del colegio, ¿para qué queremos eso?

-No conocemos el valor mágico que pueden tener. Quizá nos hagan ganar la guerra, y mientras no las encontremos quedamos licenciados de las obligaciones con el Ejército – le decía Deborah.

-Va a ser un caos si no las encontramos antes del próximo fin de semana. Vamos a faltar muchos comandantes a los entrenamientos.

-No va a ser un caos en absoluto. El Ejército ya es una máquina bien engrasada que funciona por sí misma – decía Sev.

-Además, seguro que lo hacemos, somos más de veinte – decía Deborah.

-Pero no son armarios enteros como cuando buscasteis los libros retirados de la S.P., Deborah, son objetos pequeños – decía Genevre.

-Cierto. Por el Ejército no te preocupes, Prince se hará cargo de los grupos que queden cojos.

-Está bien.

Comenzó así la búsqueda al día siguiente. Todos empezaron a todo lo ancho de la Sala de Menesteres, de más cerca a más lejos de la puerta, desde que terminaban las clases hasta la cena y después de la cena al toque de queda. Lo miraban todo, desmontaban los montones de objetos y rebuscaban en todos los muebles y armarios, dejando señalado hasta dónde llegaban en cada ocasión.

El martes por la noche, Ariel la encontró, la diadema de Rowena Ravenclaw, en la parte central de la Sala cerca todavía de la puerta. Pegó un grito para que todos los demás lo oyeran.

-¡La tengo! ¡La diadema!

-¡A la puerta, Ariel! ¡Todos a la puerta! ¡Corriendo! – gritó Deborah.

-¿No marcamos dónde nos hemos quedado? – preguntó Remus, también gritando.

-¡Sí, sí, marcadlo!

Marcaron y fueron corriendo hasta la puerta. Cuando llegó Deborah le dijo a Ariel:

-Dámela, cariño, puede ser peligrosa, puede contener maldiciones.

Ariel se la entregó.

-Eso no nos lo habías contado, Deborah – le dijo Genevre.

-No puedo contaros todo, hay cosas que sólo conocemos el alto mando, debéis confiar en nosotros.

-Está bien. ¿Continuamos con la búsqueda de la copa?

-No, ya no es necesario, vamos a dejarlo hasta que hablemos con Albus, con esto nos llega por el momento, todos a casa. ¿Has visto cómo no era para tanto?

-Sí, porque se encontraba cerca de la puerta. Si llega a estar al fondo de la Sala quizá no habríamos terminado antes de fin de curso.

-Cierto. Por eso Albus ahora debe valorar si ya nos llega, y por el momento suspendemos la búsqueda.

-De acuerdo.

-Así que el fin de semana rutina habitual.

-Buf…

-Mejor eso que pasárnoslo encerrados aquí buscando.

-Pues sí, tienes toda la razón.

-Venga, a casa, que ahora todavía me tocará buscar a Prince. Hoy no vengáis antes de las once, probablemente necesitará la Sala para venir a guardarla.

-¿Puedo ir contigo, Deborah, para contarle que la he encontrado yo? – le preguntó Ariel.

-Claro que sí, cariño.

Bajaron a las mazmorras todos los oclumantes Sly que habían participado en la búsqueda: Deborah, Hipólita, Valerie, Shelley, Heather, Fiona, Ariel, Angie, George, Anthony, Andrew y Jack. De camino, Deborah les dijo:

-Por parejas, nos repartimos y buscamos a Prince. Dos a la Biblioteca.

-La Biblioteca ya está cerrada, son más de las nueve – le dijo Valerie.

-Pues dos a la Sala de Entrenamiento y dos a casa, los demás a vuestro aire.

-Ya vamos Angie y yo a la Sala y nos quedamos un rato entrenando – dijo George.

-Estupendo. Lo citáis en su rincón de la cristalera si lo veis.

-¿No es mejor hacerlo en su dormitorio, Deborah? Es un objeto de valor, mejor que no lo vea nadie.

-Cierto, toda la razón. Decidle que lo espero en su dormitorio si lo veis.

Deborah guardó la diadema en el interior de la guerrera.

-En casa ya lo buscamos Ariel y yo, los demás no llaméis la atención en exceso al entrar.

-Nada de llamar la atención, Deborah – dijo Valerie – Es habitual que vayamos todos juntos, ya nos han visto ayer y hoy.

-Tienes razón.

Llegaron a casa, Sev estaba en su rincón estudiando Aritmancia con Audrey. Ariel fue corriendo hasta él.

-¡Brother, brother! ¡La he encontrado yo!

-¡Bien! ¡Dame un abrazo! ¡Eres el mejor! ¿Qué ha sido?

-La diadema, Sev, es preciosa. Ahora la verás, la tiene Deborah.

-Muy bien, subamos a mi cuarto.

Subieron al cuarto de Sev los cuatro. Jack, Anthony e Hipólita ya habían llegado antes, formaron corro los siete.

-A ver, Deborah, sácala – dijo Sev.

Deborah la sacó y se la tendió, él la admiró atentamente.

-Wooow… es magnífica, qué belleza. Voy a hacer una colección de joyas inspiradas en ella, también pasarán por antiguas. ¿Dónde estaba?

-En la zona central, cerca de la puerta – dijo Ariel.

-¿Estaba muy bien escondida?

-En absoluto, se veía a simple vista.

-Vaya… qué fácil lo teníamos. Si hubiéramos hecho una inspección ocular previa la habríamos descubierto ayer mismo. Me marcho a enseñársela a Albus y a guardarla antes del toque. ¿Audrey, me acompañas y dormimos en la Sala? No lo hemos hecho desde el sábado, y hoy tenemos algo que celebrar.

-Subo a las diez, ¿vale? Así termino los ejercicios que estaba haciendo y recojo todo lo que hemos dejado en la mesa. No me esperes en la puerta, ya conozco el camino.

-Sí que te espero, quedamos en que hoy haríamos música.

-Cierto, cierto. Entonces espérame, voy contigo.

Audrey se marchó corriendo.

-Bueno, cada uno a lo suyo, voy a prepararme – dijo Sev.

Deborah, Ariel y Anthony se marcharon.

-¿Me dejas verla, Prince? – le preguntó Jack – Apenas la he apreciado.

-Claro que sí, Jack.

Sev le pasó la diadema, Jack la admiró.

-Es espectacular, haz una idéntica para mi madre.

-La haré.

-Seguro que te pide el conjunto completo.

-Genial.

-¿Puedo verla yo también, Prince? – le preguntó Hipólita.

-Claro que sí, pero no te la pongas, puede contener un maleficio. Cuando terminéis me la pasáis.

-De acuerdo.

Sev fue a preparar sus cosas para pasar la noche fuera. Hipólita entró poco después al Fidelius.

-Cariño… pensaba que hoy también dormirías conmigo.

-Pues ya ves que no, Hipólita.

-Pensaba que preferirías celebrarlo conmigo ya que he participado en la búsqueda.

-Pues ya ves que no, Hipólita, no te pongas pesada.

-Ya no te lo haces conmigo, no nos lo hemos hecho desde el domingo antes de comenzar a grabar el disco.

-Ya no me apetece hacérmelo contigo, Hipólita, me llega con Audrey.

-Buf… Yo estaba dispuesta a follar ya contigo.

-Pues ya no quiero, me llega con Audrey.

-Ella no duerme contigo todos los días.

-Pero lo hará, me lo estoy trabajando con ella.

-Me echarás de aquí.

-No, yo no te echaré, te marcharás por tu propio pie.

-Me abandonas justo el día que he tenido el período.

-Lo siento mucho, Hipólita, tú misma me decías que no debía estar pendiente de esas cosas tuyas, que tú te apañabas bien, y no te está doliendo ni estás sangrando en exceso, de lo contrario no habrías podido participar en la búsqueda. Según como te vaya esta noche, mañana me quedaré contigo.

-Pero yo quería follar contigo hoy ya que puedes irte dentro.

-No insistas, Hipólita, nunca me lo haría contigo con tanto apremio. Haberlo planeado con más antelación.

-No hay quien te entienda. Siempre dices que no hay que planear tanto estas cosas, y con Audrey no planeaste nada.

-Porque no era la primera vez para ella.

-Ya no es necesario que me vaya contigo en nuestra primera vez.

-Hipólita, estás haciéndolo a la desesperada para que me quede contigo esta noche, no lo deseas de verdad.

-Buf…

-Nunca lo haré así contigo.

-No, Prince, no es así. Llevo pensándolo desde la fiesta de mi cumpleaños, que Remus y Cecile me lo recomendaron.

-¿Y por qué no me has dicho nada hasta hoy?

-Porque estaba esperando a tener el período para proponértelo, para que no fuera planeado.

-Claro…

-Una sorpresa.

-Vale, hoy ya no voy a echarme atrás en mi decisión con Audrey, no voy a faltar a lo que ya le he propuesto, pero te prometo que lo pensaré los próximos días, tenemos una semana de tiempo.

-Gracias, mi amor.

-No me las des, dame un abrazo, anda.

Se abrazaron.

-Voy a pedirle consejo también a ella, es muy sabia en estas cuestiones, si no fuera por ella ya te habría dejado. Mañana hablaremos de todo esto, nos tomaremos tiempo después de clases, ¿vale?

-Habría sido perfecto hacerlo ayer, que era novilunio.

-Claro…

-Y vamos a tener poco tiempo para disfrutarlo.

-Cierto.

-Me siento tan inferior por no poder tomar la poción y estar así siempre a tu disposición…

-Buf… Hipólita… lo siento mucho, meu amor, he sido muy poco considerado hacia ti, soy un cerdo. Ahora que me propones hacértelo conmigo vuelvo a tener interés.

-No, Prince, no te tortures, entiendo que follar te tira mucho más que lo que haces conmigo, te comprendo a la perfección, y también que la semana pasada te saturaste.

-Esta noche no me lo haré con Audrey al igual que no me lo hice el sábado, voy a guardarte abstinencia.

-No, cariño, no lo hagas, no hagas ese sacrificio por mí.

-Sí que quiero, quiero hacerlo, tú lo haces por mí.

-No es lo mismo, Prince, yo no amo a nadie más.

-Bien puedo pasar una semana sin hacérmelo, Hipólita, o quizá más si decido que esperemos hasta tu próximo período. No te parecería mal, ¿verdad?

-No, mi amor, lo que tú quieras.

-No te dejaré, Hipólita.

-Ni yo a ti, nunca.

-Sí, Hipólita, si no me comporto bien contigo debes hacerlo. No soy perfecto, ya has visto como he cambiado de opinión ante la perspectiva de follar contigo, me reitero en que soy un cerdo.

-Para nada, meu amor. Eres un hombre joven sin más, que ya ha probado el amor pleno y no se conforma con menos de eso, lo comprendo a la perfección. He debido proponértelo antes para prepararte, ha sido culpa mía.

-En absoluto.

-Anda, ve, que Audrey no tenga que esperarte.

-Dame la diadema para que la meta en la mochila.

-Toma.

Lo hizo.

-Mañana charlamos sin falta después de clases.

-Claro, minha vida, lo que quieras.

-Bésame.

Se besaron apasionadamente.

-Te amo, Hipólita.

-Y yo a ti, Prince.

-Hasta mañana.

Sev bajó a la Sala Común, Audrey ya lo esperaba al pie de las escaleras.

-Vamos, al despacho del viejo.

Se pusieron en camino.

-Tendré que esperarte fuera – dijo ella.

-Ni hablar, subes conmigo.

-No, Prince…

-Que sí, ya lo sabes todo, podemos hablar delante de ti, así me ahorro contarte la historia.

-Vale…

Llegaron ante el despacho del director, Sev pronunció la contraseña y subieron, el anciano los recibió.

-Buenas noticias, Albus, lo tenemos. Puedes hablar con libertad, Audrey conoce toda la historia.

-Demasiada gente, Prince…

-Audrey fue mi sostén la semana pasada, de no ser por ella no habría resistido la tensión, y es por completo fiable.

-Bueno… ¿Es oclumante?

-Desde luego, desde junio del año pasado.

-Encantado de conocerla, señorita Harrington.

Se estrecharon la mano.

-Encantada, profesor Dumbledore.

-Llámeme Albus y tutéeme. Ya casi nadie de quienes tratan a menudo conmigo me llaman formalmente, sólo los profesores para mantener una jerarquía.

-Claro, claro… Tú también puedes tutearme y llamarme Audrey.

-Gracias, Audrey. Sentaos, por favor.

Se sentaron ante la mesa de despacho, Albus detrás. Le preguntó:

-¿Qué ha sido?

-La diadema – respondió Sev.

-¿La llevas ahí?

-Sí.

-¿Dónde estaba?

-En la zona central y a la vista.

-Vaya… habría podido encontrarla solo.

-Sí, si hubieras hecho lo primero una inspección ocular.

-Que era lo que pensaba hacer. ¿Alguien ha sospechado al cesar la búsqueda sin haber encontrado también la copa?

-No lo sé, pero teníamos buena coartada, consultarlo contigo antes de continuar porque la búsqueda es muy laboriosa.

-Bien, está bien, ya veo que puedo confiar en vosotros. ¿Me la enseñas?

-Claro que sí.

Sev sacó la diadema y se la entregó, Albus la admiró.

-Vaya, vaya… la diadema de Rowena Ravenclaw, de más de mil años de antigüedad, qué descubrimiento. Lástima que haya que destruirla, romperla con la espada o arruinarla mediante Fuego Maligno.

-Cierto, la reproduciré.

-¿Cómo?

-Convocándola.

-¿Materiales preciosos?

-Así es.

-¿Qué estás diciendo? – muy asombrado.

-Lo que te comenté el sábado, que convocaba objetos bellos y los vendía, son joyas.

-No puede ser.

-Lo es. ¿Quieres que convoque otra diadema ahora mismo?

-Hazlo.

Sev lo hizo sobre la mesa, Albus apartó la original y tomó la nueva, la sopesó.

-No tengo manera de distinguir si son materiales preciosos, pero pesa exactamente igual, por lo que sospecho que sí lo son.

-Lo son, Albus, lo tengo más que comprobado. Ya he vendido muchas joyas tasándolas antes, soy el alquimista.

-Es inaudito, Prince, qué poder…

-Porque mi alma ha pasado por el crisol, se transformó de plomo en oro.

-Claro… Cosa que la mía nunca hizo.

-Todavía estás a tiempo, Albus. Puedes quedarte con ésa y exponerla en el colegio, te servirá de coartada ante los oclumantes. Pásame la otra, vamos a guardarla.

-No confías en que la guarde yo.

-No, Albus, conociéndote podrías verte tentado a ponértela, no me arriesgaré, y es mejor que todos los Horrocruxes estén juntos para destruirlos juntos cuando llegue el momento, así Voldemort quizá no sepa cuántos hemos destruido.

-Claro…

Albus le pasó el Horrocrux y Sev lo guardó en la mochila.

-Yo también planifico.

-Desde luego. Qué éxito la búsqueda.

-Porque estaba muy cercana a la puerta, de lo contrario habría llevado meses.

-Cierto, cierto…

-Estamos teniendo mucha suerte.

-Cierto, dos Horrocruxes en tres días. ¿Ya has hablado con Black?

-Sí, vamos a hacerlo los dos, él imitará a su madre y yo a su padre.

-Vaya… no había pensado en esa posibilidad…

-Pero yo sí.

-Es magnífica. ¿Le has explicado también a él de qué se trata?

-Así es.

-Demasiada gente, Prince.

-Debía saberlo, Albus, si va a jugársela.

-Cierto, cierto. ¿Habéis hecho algún otro plan aparte de lo que ya hablamos?

-Sí, usar una capa de invisibilidad prestada por James Potter.

-Vaya…

-Para salir de allí una vez hayamos encontrado el Horrocrux.

-Muy buena idea. ¿Quién te lo hubiera dicho hace un año, que tus torturadores iban a convertirse en tus aliados de esta manera?

-Pues sí, ya sabes cómo fue la historia, fui yo quien les tendió la mano.

-Desde luego que sí.

-En contra de lo que me recomendaba todo el mundo.

-Cierto. Pero quien siembra recoge. La Cátedra, el dinero para el Ejército y ahora esto.

-Yo también les he proporcionado mucho bienestar en otros ámbitos.

-Cierto, cierto, de no ser por ti quizá no habríamos redimido a Regulus Black.

-Por ejemplo.

-Mi compañero de año – dijo Audrey.

-Claro… - dijo Albus.

-Luego te cuento algo, Prince.

-De acuerdo – dijo Sev – Albus, cuando quieras quedamos para que nos instruyas en los hechizos contra la seguridad de la cámara.

-Cuando queráis vosotros.

-¿Qué tal mañana de la cena al toque? ¿Serán suficientes dos horas?

-Lo serán. Una pregunta, ¿Black ha practicado Aparición esta Semana Santa?

-Sí, lo ha hecho, y ya tenía mucha experiencia también de que lo llevaran otros.

-Maravilloso. ¿Y sabe lanzar Imperius?

-Sabe, lo enseñé yo mismo.

-Estupendo, entonces estáis preparados, será próximamente. Podéis marcharos, mantengo la contraseña para mañana.

-Muy bien, Albus.

-Yo quería hacerte una propuesta, Albus – dijo Audrey.

-Dime, chica.

-¿Podrías transformar la casa Sly en verano, de modo que la Sala Común tenga dos pisos, uno de ellos con vistas al Lago? Tenemos la Sala más pequeña de las casas y sin ventanas.

-Cierto… Lo pensaré, será complicado porque vuestra Sala queda debajo del Lago, tiene agua también por encima.

-Claro…

-Pediré ayuda a las sirenas y permiso, claro.

-Lo que pueda ser, Albus.

-No, pero tienes razón, debemos pensar en ello, es injusto para los Sly.

-Gracias, Albus.

-Si preferís puedo trasladarla a una torre.

-No, Albus, porque también nos gusta la cristalera.

-Claro, claro… Lo pensaré entonces.

-Muchas gracias, Albus.

-¿Algo más, chicos?

-Nada, Albus, nada.

-Entonces marchaos ya u os pillará Filch.

-Vamos, Audrey. Hasta mañana, Albus.

-Hasta mañana, Prince.

Se marcharon hacia la Sala de Menesteres por el pasadizo del tercer piso.

-¿Qué querías contarme de Regulus? – le preguntó Sev a Audrey.

-¿No lo imaginas?

-Sí, puedo imaginarlo.

-He pasado todo el año intentando quitármelo de encima, no me dejaba en paz.

-Vaya… Y resististe sin hacértelo con él, siendo que es muy guapo.

-Claro, porque estaba con Percy, que a guapo le da cien patadas, y te amaba a ti, que aunque no seas tan guapo se las das en todos los demás sentidos. Todavía me entró en la fiesta de Hipólita.

-Vaya…

-Pero desde que nos ha visto juntos me ha dejado en paz. Ahora me respeta, ya sabes, la novia del Jefe.

-Claro…

-Estoy muy orgullosa.

-¿Te lo harías con él en un futuro?

-Precisamente pensaba en él cuando el sábado te decía que quizá más adelante me gustaría estar con otros.

-Claro…

-Pero ahora pienso que no, Prince, no te llega a la suela del zapato.

-Quizá cambies de opinión con lo que voy a plantearte hoy.

-¿Tiene que ver con Hipólita?

-Sí.

-No lo creo, Prince. Lo que sientas o dejes de sentir por Hipólita no va a cambiar lo que siento por ti.

-Eres maravillosa, Audrey.

Llegaron a la Sala de Menesteres.

-Lo primero, vamos a guardar el Horrocrux. Hay que demandar 'Aula de Espionaje'. Esto no puedes contárselo a nadie ni venir aquí por tu cuenta, sólo yo y Lauren sabemos que existe.

-De acuerdo, Prince. No traicionaré tu confianza, lo sabes.

Demandaron y entraron al pequeño recinto. Sev hizo aparecer el humilde armario desilusionado y abrió el cajón donde ya estaban los otros dos Horrocruxes.

-¿Puedo mirarlos? – le preguntó Audrey.

-Claro, pero no te los pongas ni abras el guardapelo.

-Vale, vale.

Audrey los admiró, mientras tanto, Sev sacó la diadema de la mochila.

-Déjame mirar también la diadema, que no la he visto.

Ella la admiró también y por fin la puso dentro del cajón con los otros dos objetos.

-Ya tenemos tres - le dijo él - A ver, un ejercicio de matemáticas. Si son, como sospechamos, el primer, segundo y cuarto Horrocrux que creó Voldemort, ¿qué fracción de su alma tenemos en este cajón?

-El primero vale la mitad, el segundo una cuarta parte y el cuarto una dieciseisava parte. Un medio, más un cuarto más un dieciseisavo hacen… trece dieciseisavos.

-Eso. Nos faltan sólo tres dieciseisavos.

-Y cuando tengamos el tercero, que vale por un octavo tendremos quince dieciseisavos.

-Eso, sólo quedará un dieciseisavo dentro de él.

-Maravilloso.

-Muy poquito a lo que vencer, podremos con él.

-Ya te digo que lo haremos, y todo gracias a ti. Bésame.