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Cuando Sev terminó de cenar fue a casa y después subió al despacho del director. Sirius ya lo esperaba fuera de la gárgola.
-¿Cómo has hecho para llegar antes que yo? – le preguntó.
-Porque no he pasado por casa.
-Claro…
-¿Cómo vamos a hacerlo? ¿Primero enseñanzas y luego charla o al revés?
-Primero charla, es más urgente, por si quedamos con Lucius este sábado.
-Vale, vale…
-Sirius, un muro mental, todo ocluido excepto lo que digas, que se entere de que no somos aficionados.
-Desde luego, ya me lo ha dicho Lauren.
-Y oclúyelo todo desde ya, puede leer a través de la puerta.
-Eso también me lo ha dicho.
-Vale, porque a mí no me lo advirtió al principio, tuve que enterarme después.
-Vale, vale…
-Vamos allá.
-Vamos.
-Tarta de limón.
La gárgola se desplazó y subieron al escalón.
-Quédate aquí, ya sube sola la escalera.
-Vale, vale…
La escalera subió hasta la puerta del despacho, Sev llamó, ésta se abrió, Albus los recibió en pie.
-Buenas noches, Prince, buenas noches, señor Black – dijo el director.
-Buenas noches, Albus – dijo Sev.
-Buenas noches, profesor Dumbledore – dijo Sirius.
Se estrecharon la mano.
-Llámeme Albus, por favor, y tutéeme – dijo Albus.
-Está bien, Albus, llámame Sirius entonces y hazlo también, comprenderás que no estoy orgulloso de mi apellido.
-Desde luego que lo hago, pero dentro de poco podrás estarlo, muchacho. Tengo buenas noticias para los dos, sentémonos y charlemos lo primero.
Se sentaron a ambos lados de la mesa.
-Ya imaginaréis de qué van las noticias – dijo el director.
-Pues sí, lo hacemos si son para los dos – dijo Sirius – La Cátedra ha salido adelante.
-Así es, a cargo de un Auror que entrena con el Ejército recomendado por mí para el año próximo, y a partir del siguiente con Prince como titular.
-¡Bien! – estallaron ambos y se abrazaron.
-Vas a hacer historia, Sev – dijo Sirius, muy emocionado – El profesor más joven de Hogwarts…
-Y Jefe de Sly – dijo Albus – Destituiré a Slughorn.
-¡Bien! – estallaron de nuevo.
-Y porque quiero conservar a Minerva unos años más mientras Prince se adapta, aprende y tiene vacaciones completas, de lo contrario ella ya me pedía que la destituyera como subdirectora y lo pusiera a él.
-¡Bien! – estallaron otra vez.
-Tres veces, suerte – dijo Prince.
Se separaron.
-Y en cuanto a tu apellido, Sirius, la Cátedra lleva tu nombre, Cátedra de Duelo Sirius Black. Lo llevará para siempre, lo has limpiado.
-¡Bien! – estallaron de nuevo.
-¡Choca ésa! – exclamó Sev.
Chocaron las manos.
-Qué felices nos has hecho esta noche, Albus – le dijo Sev.
-Lo sé desde hace dos semanas, me enteré en Semana Santa. No te dije nada la semana pasada por si no salíamos vivos.
-Claro, claro…
-Ahora debéis libraros también de la que os toca juntos.
-Antes de comenzar a hablar de eso tenemos un tema más urgente que plantearte.
-Está bien, hacedlo.
-Tenemos una muy buena noticia también para ti.
-Al grano, Prince.
-Tenemos un espía en el otro bando.
Dumbledore se quedó callado, escrutando atentamente a Sirius.
-Albus, no intentes leer a Sirius, ocluye a la perfección – dijo Sev.
-Vale, vale…
Sev y Sirius rieron, el profesor bajó la vista avergonzado.
-¿No te alegras de la noticia?
-Perdona, Prince, es que no puedo creerlo. ¿No estaréis tomándome el pelo?
-No, Albus.
-¿Desde cuándo lo sabes?
-Desde hace más de un año.
-¿Y me lo dices ahora? – poniendo el grito en el cielo.
-Sí, Albus, cuando me he puesto en contacto directo con él en Semana Santa porque ya puedo Aparecerme.
-Claro… La que tenías guardada en la manga…
-Dime la verdad, Albus. ¿Pensaste en mí como agente doble?
Albus se quedó callado.
-Lo hiciste. Que sepas que nunca habría aceptado.
-Ya hace mucho tiempo que me saqué esa idea de la cabeza, tenía otra candidata.
-Ya sabemos quién, olvídate también de ella. Si me entero de que se lo propones siquiera, olvídate de mí, me marcho a vivir al extranjero y no me ves más – amenazante.
-Vale, vale…
-Lo mismo te digo de mí, y ella también se vendría conmigo, nos perderías a los tres y la Cátedra – dijo Sirius.
-Y por consiguiente al espía, pues yo soy su único enlace – dijo Sev.
-De acuerdo, de acuerdo, chicos – dijo Albus.
-¿Nos ponemos serios, Albus? Estamos perdiendo un tiempo precioso.
-Sí, sí. ¿Quién es?
-No pienso decírtelo, adivínalo si quieres pero no te lo confirmaré. Tú lo has dicho, es mi as en la manga, ahora sí que soy imprescindible.
-Está bien.
-La charla sobre él de esta noche viene a cuento porque tiene noticia de un posible quinto Horrocrux.
-¿Qué dices? – alarmado.
-Lo que oyes.
-¿Cómo lo sabe?
-No le hablé todavía de los Horrocruxes, sólo le pregunté si tenía en su poder algún objeto que le hubiera entregado Voldemort para que lo custodiara al igual que sabemos casi con total seguridad que hay un Horrocrux en la cámara de los Black, cosa que también confirmó él en su momento.
-Vaya… ¿Es legeremante?
-Desde luego que lo es, lo del Horrocrux de la cámara de los Black lo averiguó leyendo al marido de Bellatrix, Rodolphus Lestrange.
-Vaya…
-Ya te digo que lleva mucho tiempo trabajando para nosotros, incluso arreglando algunos desaguisados que organizaste, como no borrar a tiempo mis huellas de la beca en San Mungo. De no ser por él, me habrían pillado.
-Vaya…
-También supimos por él con total seguridad que el basilisco no era un Horrocrux, pues estuvo atento a toda reacción de Voldemort en aquel momento.
-Vaya…
-Estoy dejándote a cuadros, ¿eh, Albus?
-Claro que lo estás haciendo. ¿Cómo te has mantenido en contacto con él durante todo este tiempo?
-Por correo cifrado.
-Vaya…
-También averiguó que mi hermano todavía no había comenzado a entrenar el verano pasado y me facilitó las cosas para rescatarlo – dijo Sirius.
-Claro, claro…
-Y desde el quince de mayo está atento a toda reacción o movimiento para anticipárnoslo. Fue torturado por Voldemort al día siguiente por haberme considerado candidato a formar parte de su ejército – dijo Sev.
-Ya sé quién es, no puede ser otro.
-Desde luego que lo sabes. Pues si lo sabes comprenderás que si se dejó torturar por protegerme, acto que sufrió mientras leía a Voldemort y a la querida primita de Sirius, no va a ponerte nunca por delante de mí. Voy en el lote con él, yo soy su único enlace.
-Desde luego.
-¿Te ha quedado claro?
-Sí, sí.
-Entonces vamos al grano. Tiene un diario en su poder que le dio Voldemort, un diario en blanco que sospecha está hechizado.
-Vaya…
-Para que pueda entregárnoslo, porque como comprenderás, al igual que él me protege yo también lo protejo, deberemos entregarle otro diario igual y también hechizado que sea capaz de engañar a Voldemort si éste se lo reclama.
-Claro, claro, su vida también es preciosa…
-Pero no únicamente por las razones que tú consideras, es preciosa porque es una persona que lleva casi año y medio jugándosela estando marcado, que aprendió a Oclumancia y Legeremancia con libros y un pensadero a cambio de ninguna retribución. Es la punta de lanza del Ejército Mágico, el verdadero corazón del equipo.
-Desde luego que lo es. ¿Con quién aprendió?
-Te dejo adivinarlo, es muy fácil.
-¿Entonces son dos?
-Lo son.
-Vaya triunfo, chicos… tan cercana a Bellatrix. Vaya alegría te llevarías cuando te lo contó, ¿no, Sirius?
-Cambió el recuerdo de mi Patronus – respondió Sirius.
-Vaya…
-Lo que estaba contándote, Albus, la parte que te toca. Has de averiguar, informarte de cómo hechizar un diario para estar preparado cuando tengamos el Horrocrux en nuestro poder – dijo Sev.
-Claro, claro… ¿Él podría intentar leer a Voldemort para averiguar cómo lo hizo?
-Si lo ocluye, no.
-Claro…
-Bellatrix ocluía lo de la cámara, tuvo que leer a su marido para averiguar que les había dado un objeto.
-Claro, claro…
-Que no sabía cuál era.
-Cierto.
-Hemos de hacerlo antes de fin de curso, por si estallara la guerra en verano, cosa de la que él también nos avisaría.
-Desde luego.
-Y de los lugares que piensen atacar.
-Por supuesto, está en la cúpula, es el tercero, sólo tiene por encima a Bellatrix. Vaya triunfo, vaya triunfo…
-De hecho, las reuniones con Voldemort suelen hacerse en su mansión.
-Vaya…
-Voy a citarlo para el sábado aprovechando que voy a Londres, le hablaré de los Horrocruxes y planificaremos. A ver si has podido averiguar algo para entonces, quizá pidiendo una demanda adecuada en la Sala de Menesteres aparezcan los libros necesarios para estudiarlos.
-Claro… Las pienso esta misma noche cuando termine con vosotros y mañana mientras estáis en clase las pruebo. ¿Ha probado a escribir en el diario?
-No.
-Vale, vale, yo probaré en los que hechice.
-Estupendo. Pues eso es todo por ahora, ¿me comunicas resultados el sábado a mediodía?
-Lo hago.
-¿Y quedamos para otra reunión el domingo para que yo te comunique los míos?
-Desde luego.
-Después de almorzar.
-De acuerdo. ¿Cómo os las apañáis para ir siempre un paso por delante de mí?
Sev y Sirius rieron.
-No vamos un paso, Albus, vamos un buen trecho – dijo Sirius.
-Encima recochineo.
Dedicaron el resto del tiempo hasta el toque a planificar la incursión en Gringotts y a que Dumbledore les enseñara los hechizos que podrían necesitar. También les informó que la poción Multijugos estaría lista la semana siguiente, sólo necesitarían añadirle los cabellos.
-Entonces, ¿lo hacemos la próxima semana, Sirius? – le preguntó Sev.
-Claro que sí, cuanto antes mejor, así nos lo quitamos de encima – respondió Sirius.
-Deberíamos hablar de algo más, Albus.
-¿De qué? – preguntó Albus.
-De nuestra defensa si nos pillan.
-Yo me encargaré, no os condenarán.
-¿Cómo puedes estar tan seguro? Si empleamos Imperius podemos ir a Azkabán.
-Por desgracia, en este caso por suerte para nosotros, es un atenuante emplearlo contra un duende como son los funcionarios de Gringotts y no contra un humano.
-Vaya…
-Aparte de que siendo quienes sois y con lo calentitas que están las cosas no se atreverían a enviaros a prisión por intentar asaltar una cámara de Mortífagos, se pondrían a todo el mundo mágico en su contra.
-Cierto.
-Ese juicio está ganado de antemano, aparte de que si estalla la guerra mientras sale, el Ministerio va a aprobar el uso de las Imperdonables y tendría efecto retrógrado, se os juzgaría con la nueva ley.
-Claro…
-Pero mejor que no os pillen, podríamos perder el Horrocrux, eso es lo primordial.
-Tienes toda la razón.
-Así que tomaos el tiempo que sea necesario para pensar bien las cosas, practicar los hechizos y demás.
-Los hechizos ya nos salen y no hay mucho más que pensar. Hasta que estemos allí no vamos a saber a qué nos enfrentamos exactamente, mucho peor lo tuvimos el sábado.
-Cierto, cierto.
-¿Lo hacemos entonces la próxima semana, Sirius?
-Que sí, que sí – respondió Sirius.
-Tenemos que quedar entonces para que me enseñes a imitar a tu padre.
Sirius rio.
-Lo vamos a pasar bomba.
-Estupendo.
-El sábado antes y después del concierto.
-Vale. Albus, ya nos dirás qué día exacto tienes la Multijugos.
-Eso, eso.
-Nos marchamos. Recuerda: sábado a mediodía, noticias tuyas, y el domingo, a cambio, mías.
-Recuerdo.
Salieron del despacho. En cuanto cerraron la puerta, a carcajada limpia. Se vincularon.
-Buaaah… Sev… cómo lo dominas… - dijo Sirius.
-Desde el primer día, chaval… Calla, calla, que puede estar leyéndonos.
-Está escuchándonos, qué importa.
-Calla, calla.
Esperaron a salir de la gárgola.
-¿Tenías plan para la noche? – le preguntó Sev.
-¿Vas a proponérmelo tú?
-Sí, ven a casa y seguimos riéndonos.
-Me apunto.
-Tú tampoco te quedas corto, ¿eh? 'No vamos un paso, vamos un buen trecho,' qué bueno.
-Es que es muy bobo, Sev.
-Desde luego que lo es.
-Buf… Suerte que ya no manda él.
-Ya te digo, pero todavía lo necesitamos, Sirius, hay que tenerle un respeto.
-Cierto, cierto.
Se encaminaron a la casa Sly.
-¿Qué vas a contarme?
-De aquí a casa voy a contarte los cinco primeros minutos en que entré en contacto con él en la enfermería, después de que me rompierais el brazo.
-¿Qué dices?
-Sí, sí, te vas a reír.
-Vale, vale…
Lo hizo, incluidos sus pensamientos de aquel momento, a carcajada limpia los dos. Cuando terminó le dijo:
-De la que os libré, chaval.
-Ya te digo…
Entraban en la Sala Sly.
-Vamos a mi rincón.
Fueron y se sentaron frente a frente.
-Ahora voy a contarte los primeros veinte minutos de conversación que tuve con él el quince de mayo, mi lista de demandas.
-Dale, dale.
Lo hizo, de nuevo rieron un montón. Mientras tanto, Hipólita había ido a sentarse junto a Sev. Cuando terminó les preguntó:
-¿Puedo participar en la diversión?
-Claro que sí, vincúlate, cariño, estoy contándole historias del viejo.
-Vaya…
Hipólita se vinculó.
-La que viene ahora viene a cuento de lo que te he contado esta tarde, cuando hablé con él por primera vez de los Horrocruxes.
-¿Y eso es gracioso?
-Verás cómo sí.
-Dale, dale.
Se lo contó, rieron mucho los tres. Cuando terminó, le preguntó a Sirius:
-¿Te quedas a dormir, Sirius?
-A no ser que me dejes el Mapa para que no me pille Filch, me quedo, claro, ya contaba con ello.
-Estupendo, porque voy a contaros mi aventura del sábado para que alucinéis y os deis cuenta de cuánto necesitamos al viejo todavía. Va a llevarme un buen rato, ¿eh?
-Dale, dale.
Se la contó como lo había hecho a Audrey, con el máximo detalle. Cuando terminó ya no quedaba casi nadie en la Sala Común.
-Vaya tela, Sev… - dijo Sirius.
-¿Qué os ha parecido? – preguntó Sev.
-Que sí, que lo necesitamos mucho.
-Para que andemos riéndonos de él. ¿Tú qué dices, Hipólita?
-Que ahora me siento mal por haberlo hecho – respondió ella.
-Una cosa no quita a la otra, cariño. Es cierto que Albus puede llegar a ser muy bobo, pero al mismo tiempo tiene más experiencia que todos nosotros juntos y debemos dejarnos guiar por él. Ha estado bien reír un rato pero después aprender a apreciarlo en lo que vale.
-Claro…
-¿Y de la aventura en sí qué me decís?
-Lo que habría dado por estar ahí, Sev. Ya me muero de ganas de la misión de la próxima semana – respondió Sirius.
-¿La próxima semana? – preguntó Hipólita, alarmada.
-Buf… ya te has adelantado a los acontecimientos, Sirius… - dijo Sev.
-Lo siento – dijo Sirius.
-Pues nada, ahora nos toca explicárselo, aunque nos vayamos tarde a la cama.
-No, Prince, ya me lo contareis en otro momento, no vamos a meternos en la cama tan tarde – dijo Hipólita.
-¿Estás segura?
-Sí, sí. Además, quiero charlar contigo un rato de lo que acabas de contarnos.
-Vale, de acuerdo, vamos arriba. Te quedas en mi cama, Sirius, ya sabes dónde es, ¿no?
-Lo sé – respondió Sirius.
Subieron al dormitorio de chicos de sexto. Sirius se instaló en la cama de Sev y él fue con Hipólita hasta el Fidelius.
-Empieza, cariño, cuanto antes, que de lo contrario no vamos a dormir lo suficiente – le dijo él.
-Entonces mejor lo dejamos para mañana, Prince, no me apetece hablar las cosas con prisa.
-Venga, Hipólita… dime lo que tengas que decirme. Antes eras mucho más directa.
-No me eches eso en cara, Prince, eso no. Ya no soy directa porque ya no me siento segura de mí misma.
-Jo…
-Pensaba que hoy íbamos a tener tiempo de hablar de nosotros como me dijiste y sólo me has contado un montón de historias.
-Buf… tienes razón… Soy un desastre, Hipólita, lo siento, y estoy muy cansado, es cierto que no es buen momento para charlar. Lo haremos mañana si puedo.
Al día siguiente, después de cenar, se encontraron en el Fidelius.
-¿Te apetece charlar? – le preguntó él.
-Buf… se me hace difícil…
-Empieza por contarme lo que ibas a decirme anoche.
-Que aluciné con la historia, Prince y pensar que lo pasaste sin mí se me hace muy duro. Me hace sentirme muy inferior a ti.
-Jo… Hipólita… No lo eres en absoluto, tú también llevas a cabo tus cometidos, eres comandante de un grupo del Ejército.
-Buf… una nimiedad comparado con lo que haces tú.
-Hipólita, no te compares conmigo, no compitas, por favor. Estamos en el mismo barco y cada cual tenemos nuestra función.
-Y la mía fue nula, casi me dejaste a raíz de eso.
-Buf… la fastidié pero bien…
-Y ahora encima estoy haciendo que te sientas mal.
-Hipólita, no entres en bucle, por favor, no te culpes de todo. Intenta verte a ti misma como lo que eres, una persona que merece todo el aprecio y la atención, si yo no he sabido dártelo ha sido culpa mía, no tuya.
-¿De verdad piensas eso?
-Claro que lo pienso, me ofende que lo dudes, si no lo pensara no te lo diría. La fastidié más todavía ayer atiborrándote a información sin dejarte tiempo para que la digirieras y habláramos con tranquilidad. Ya te lo he dicho muchas veces, yo también soy imperfecto y cometo errores y dejarte de lado ha sido uno muy grave. Estaba intentando remediarlo haciéndote partícipe de todo lo que no lo hice y me excedí.
-Prince… no te tortures…
-Pues tú tampoco lo hagas.
-Vale… Entonces… ¿sigues queriendo estar conmigo?
-Sí, cariño, ya te lo estoy diciendo, ya te lo dije el martes, no te dejaré.
-Pero fue porque el martes me ofrecí a follar contigo.
-Sí, el martes sí, pero lo he pensado mejor. Me siento muy mal por haber tomado esa actitud, continuaré esperándote lo que sea necesario.
-Yo ya estoy decidida, ¿eh? He tenido mucho tiempo de pensar, si quieres lo hacemos ya mismo.
-No, meu amor, vamos a esperar al menos hasta el próximo mes, que nos dé tiempo a practicar más y a guardarte un pequeño período de abstinencia. El martes me lo hice con Audrey.
-Vale, vale… ¿Has quedado con ella esta noche?
-Decidimos vernos en días alternos para que me reparta entre las dos, pero no lo hemos confirmado, así que puedo quedarme hoy contigo si quieres. Ya estaremos mañana.
-Wooow… Sería maravilloso, ayer apenas te tuve como quería.
-Entonces me quedo contigo, meu amor. Y con ella, mañana, que viene al ensayo, y quizá el sábado, que viene al concierto de Sly Snake en Londres.
-Jo… está reemplazándome también en eso.
-Cariño, quiero que ella también comparta conmigo las cosas que hago. La amo tanto como a ti, compréndelo.
-Claro que sí, lo entiendo. Compréndeme tú a mí también, me acostumbré a tenerte sólo para mí durante mucho tiempo.
-Continuemos charlando un rato más. Anoche te quedaste intranquila porque Sirius metió la pata comentando que tenemos una nueva misión la próxima semana. ¿Quieres que te cuente en qué consiste?
-Claro que sí.
Él le contó, con el máximo detalle, cómo pensaban llevar a cabo la incursión en Gringotts.
-Vaya tela, Prince… Tenéis que lanzar Imperius y Obliviar, ambos delitos muy graves. ¿No temes ir a Azkabán?
-Albus nos defenderá.
Le contó lo que les había dicho Albus sobre el tema.
-Ya te digo que todavía lo necesitamos mucho, espero que no se equivoque – dijo ella.
-Claro que no, en ese aspecto confío por completo en él y más ahora que me necesita como enlace con Lucius.
-Por suerte está Lauren por si a ti te pasara algo. Que sepas que si vas a prisión te esperaré los años que sea necesario, cuando salgas me tendrás.
-Vaya, Hipólita… no sabes cómo me alivia oír eso.
-Claro que sí, sé que no voy a encontrar a nadie como tú.
-Yo no lo pienso así en absoluto, lo que pienso es que no te merezco. Piénsalo muy bien, durante este mes, que sea el primero para ti y seguir conmigo. Ya has visto cómo he estado a punto de dejarte en la estacada sin razón y no lo he hecho gracias a que Audrey me convenció de pensarlo mejor. Todavía soy un desastre para las relaciones, Hipólita, me echo atrás cuando algo es demasiado complicado, no soy capaz de mantener una relación madura por mí mismo, necesito de constante ayuda exterior. Todavía me queda mucho camino por recorrer, aprender a resistir, a que mis sentimientos sean firmes.
-Bueno, Prince, has flaqueado durante un mes del casi año entero que llevamos juntos. No es para tanto, no te tortures, ya lo has solucionado. Sí que sabes estar ahí, se ha debido a la presión que soportaste la semana pasada y a mi falta de intuición, no te eches tú toda la culpa.
-Vale, vale… Que sepas también que una vez comencemos a follar ya no lo dejaremos, ese más de un mes hasta el verano estaré sólo contigo, tendremos período de locura.
-Vaya, ¿sí?
-Sí, cariño.
-Pero yo no puedo sin la poción.
-Lo haremos con condones o yéndome fuera.
-Vaya…
-Claro que sí.
-¿Estás dispuesto a hacer ese sacrificio por mí?
-Desde luego, los que hagan falta.
-Pero las primeras veces al natural.
-Sí, mi amor, por eso esperaremos a tu próximo período.
-Vale…
-¿Vamos a ello? Tenemos que practicar.
-¿Te hace ilusión?
-Mucha, vas a ser mi tercera amante, suerte, la primera a la que rompa…
-Claro…
-Ya me he puesto sólo de pensarlo…
-Y yo…
-Va a ser fantástico…
-Recuerda, te lo haré yo…
-Desde luego, ya estoy imaginándolo…
-Entonces me toca encima, imaginémoslo…
