Disclaimer: Los personajes no me perteneces. son de Isayama, Mappa y otras personas. No gano plata con esto pero me mola bastante.
Capítulo 1. La promesa
Levi Ackerman era una persona apegada a su rutina. Todos los días a las 7:30 tomaba el mismo autobús rumbo a la escuela, se sentaba junto a una ventana y se ponía sus audífonos para sumergirse en el ritmo de sus canciones favoritas. Le gustaba particularmente el rock y tenía una cierta debilidad por el rap, aunque eso ultimo no solía admitirlo en voz alta. Llevaba un año tomando esa ruta y ya se sabía de memoria cada una de las paradas, ubicando a los pasajeros habituales, como esa señora de lentes que siempre se bajaba en el mercado o el anciano que abordaba en la panadería solo para bajarse tres cuadras después en la avenida principal, no lo culpaba, a su edad seguramente la más mínima caminata sería agobiante.
Con el inicio del ciclo escolar habían llegado nuevos pasajeros que se convertirían en habituales. Dos chicas con su mismo uniforme, seguramente de primer año y una madre con un niño pequeño, de unos seis años, cuyas ropas portaban el escudo de la primaria Sina. El niño en cuestión parecía ser bastante inquieto, se pasaba todo el trayecto parloteando de sabrá qué cosas, porque Levi siempre llevaba la música alta, así que solo veía la mímica del menor articulando sin parar, mientras su madre sonreía y asentía. ¡Que paciencia debía tener esa mujer! Él no podía imaginarse tener pegado a un chaval dando lata todo el día, que fastidio.
Nunca había sido muy fan de los críos. No es que los odiara, de hecho, a pesar de su conocido mal genio trataba de ser amable con ellos, pero estaba muy seguro de que no soportaría tener uno propio. Su madre, Kuchel, seguía con la esperanza de que un día cambiase de opinión, aunque conforme pasaba el tiempo esa esperanza se hacía más pequeña. De todas formas, a sus diecisiete años nada estaba decidido. Por ahora su mayor preocupación era espabilarse lo suficiente durante el recorrido para no llegar medio dormido a su primera clase. En ese sentido envidiaba un poco al mocoso del autobús, ya que rebosaba energía a pesar de ser tan temprano.
Cierta mañana el niño estaba siendo especialmente efusivo y en un intento de correr hacia un lugar vacío había tropezado junto al asiento de Levi, se habría metido un buen golpe de no ser por los reflejos del adolescente que alcanzó a sujetarlo del brazo evitando la caída.
–Oi, ten más cuidado –le reprochó y el niño le miró aun con el susto plasmado en el rostro, en seguida los alcanzó su madre agradeciéndole al pelinegro mientras alzaba al niño en sus brazos.
–Ay, Eren, ¡Por eso te digo que no corras! –No sonaba realmente como un regaño, tenía una voz suave que se asemejaba a las de esos audios para meditar que a su amiga Isabel le gustaban tanto.
Ese día los dos se sentaron junto a Levi y sostuvo una pequeña charla con la madre, aprendió que se llamaba Carla Jaeger, su hijo Eren con seis años recién cumplidos estaba en su primer año de primaria, su esposo era veterinario y ella trabajaba en una pastelería de la avenida secundaria. Resultó ser que vivían bastante cerca de la casa de Levi, a unas escasas cuatro cuadras. Durante el trayecto el pequeño le miraba con detenimiento, como si lo estuviera analizando. Por su parte Carla no paraba de enfatizar lo adorable que encontraba a su hijo, como una clásica madre primeriza que se la vive pescando cumplidos para su retoño y Levi, por educación, había hecho el esfuerzo por sonreírle un poco al menor, incluso había pasado una mano por la pequeña cabeza castaña provocándole un ligero sonrojo al menor.
El asunto habría quedado ahí, como un incidente aislado, de no ser porque antes de bajar el niño había girado para ver a Levi decidido, con sus pequeños puños apretados –Solo quería decirte que me enamoré de ti –soltó de pronto, Carla abrió mucho los ojos y lo tomó de su manita avergonzada –Ya Eren, debemos bajarnos –Levi permaneció estático por un segundo antes de echarse a reír con ganas, ¿Qué demonios? Eso había sido tan absurdo… no cabía duda de que el niño era demasiado impulsivo e inocente, mira que declararle su amor a alguien solo porque le salvo de una caída.
Al día siguiente Carla se había disculpado repetidamente por el arrebato de su hijo, el cual, pese a la vergüenza de su madre, repetía que no se arrepentía de nada. A Pesar de lo absurdo del asunto al pelinegro le parecía admirable la valentía del niño, aunque no lo admitiera, y de alguna forma se volvió habitual que esos tres se sentaran juntos conversando de trivialidades, bueno más bien los Jaeger hablaban y el Ackerman escuchaba asintiendo de vez en cuando, la charla trivial no era su mejor fuerte.
A dos meses de iniciado el ciclo escolar Carla comenzó a tener problemas para llevar a su hijo a la escuela, su jefa había recorrido la hora de apertura del local y eso desequilibraba toda la rutina de los Jaeger.
–Ay Levi, no sabes en que problema me han metido, tengo que llegar media hora antes de que abran para alistar todo, pero con lo que tardo en traer a Eren me es imposible llegar a tiempo y tampoco puedo dejarlo a las 7:30 en la escuela, sus compañeros van llegando apenas entre 8:00-8:15, ¿Qué va a hacer tanto tiempo solito? –Eren era un niño muy inquieto y dejarlo sin supervisión nunca era buena idea, solía tener ideas muy alocadas, como cuando quiso hacerle un funeral celta a uno de sus peluches y casi incendia su cuarto. Desde entonces tenía permanentemente prohibido acercarse a cualquier fuente de ignición o jugar donde no pudiera verlo.
Al adolescente la situación le resultaba bastante familiar, su madre lo había criado sola y había experimentado todo tipo de dificultades para equilibrar su trabajo y el cuidado de su hijo. Debido a ello empatizaba con la madre en apuros.
–Tal vez yo podría llevarlo –propuso Levi –Seguimos la misma ruta de todas formas.
–Oh, no quisiera importunarte –respondió la pelinegra consternada –No intentaba presionarte al contarte mis cosas.
–No tengo problema –replicó el adolescente distraídamente mientras revisaba su celular.
–¿No llegarías tarde a tus clases? –Levi alzó una ceja mirándola de reojo.
–Si lo hiciera no lo estaría proponiendo –Los Jaeger tomaban el autobús en el mismo sitio que él y la escuela de Eren estaba a dos paradas de la suya por lo que realmente no le causaría ningún problema. Además, ni siquiera era como si se ofreciera de niñera o algo así, solo tendría que vigilar que se bajara en el lugar correcto.
Carla, por su parte, no estaba tan convencida, el muchacho le agradaba, pero en lo poco que lo conocía se había dado cuenta de que no era precisamente el tipo de persona que pondrías a cargo de un niño. No era muy paciente, ni demasiado amigable, hablaba lo justo y tenía una mirada que podría helarle la sangre a cualquiera. Aunque, para ser justos, siempre intentaba suavizar el gesto cuando se dirigía a Eren.
Al final, a falta de opciones, decidió aceptar la oferta y así comenzaron una nueva rutina, todos los días a las 7:30 Carla dejaba a su hijo con Levi en la parada y se iba hacia su trabajo, el adolescente ayudaba al niño a abordar, lo sentaba junto a él y escuchaba su chachara infantil hasta divisar la primaria, pedía la parada, le ayudaba a bajar los escalones y seguía su camino.
Durante los trayectos el pequeño se la pasaba hablando sobre sus clases, su prima Mikasa a quien veía cada fin de semana o lo ponía al tanto de sus discusiones con un niño llamado Jean de su mismo grupo.
–Mi maestra se va a casar en un mes, va a usar un enooorme vestido blanco –comentó el pequeño con ese tono de fascinación con que narraba lo que le ocurría. –Nos dijo que cuando dos personas se aman se tienen que casar –A su lado el pelinegro asintió sin interés mientras calculaba mentalmente cuanto necesitaba sacar en su ensayo de filosofía para exentar el siguiente examen.
–Eso es genial porque así me casaré contigo –afirmó el menor sonriendo alegremente. El mayor interrumpió sus pensamientos para mirarlo frunciendo el ceño.
–Nosotros no vamos a casarnos –replicó –Es imposible, además yo nunca dije que te ame –Explicó lamentándolo casi enseguida al ver los ojos humedecidos del menor quién enseguida se puso a llorar como si le hubiera dicho que no podría volver a probar el dulce en su vida. –Oi, Eren, contrólate un poco –pidió sintiendo las miradas recriminatorias de los demás pasajeros por haber hecho llorar al niño. –Vamos, no es para tanto, ni siquiera tienes edad para casarte –intentaba calmarlo, pero el castaño no escuchaba razones, seguía berreando como si se le fuera la vida en ello, repitiendo "levi no me quiere", el susodicho realmente no sabía qué hacer y solo atino a enviarle un mensaje a Isabel:
[Levi]: Emergencia. Niño de 6 años me propuso matrimonio. No deja de llorar.
[Isabel]: Qué!? JAJAJAJAJAJA, no sabía que te gustaban tan chiquitos, asalta cunas xD
[Levi]: Esta gritando. Todos nos miran.
[Isabel]: Solo dile que si ;) se le va a olvidar.
[Levi]: Vaya consejo de mierda.
[Isabel]: Son las sieteeee, no doy para más, tómalo o déjalo.
El pelinegro suspiró guardando el teléfono, la única neurona de su amiga no estaría activa hasta pasadas las diez. Miró de reojo a Eren preguntándose como un ser tan pequeño podía hacer tanto escándalo, decidió ignorarlo un rato, tal vez si lo dejaba desahogarse se cansaría pronto, sin embargo, después de diez minutos seguía escuchando berreos y ya había tenido suficiente.
–Escucha, Eren –llamó su atención juntando cualquier resquicio de paciencia que le quedara –No podemos casarnos ahora, somos menores de edad, cuando cumplas dieciocho años lo hablaremos ¿De acuerdo? –propuso logrando calmar un poco los quejidos del pequeño.
–¿Lo prometes? –preguntó el menor limpiándose un ojo con su manita.
–Sí, sí lo prometo –Lo que fuera con tal de parar el escándalo, ya bastante malo era saber que Isabel se burlaría del asunto hasta su graduación y seguramente no había tardado ni tres segundos en contárselo a Farlan, el novio de Levi, quién se uniría al bullying sin pensarlo.
Para empeorar las cosas Carla se había enterado del incidente esa misma tarde, por lo que comenzó a referirse al pelinegro como su yerno, alentando las fantasías de su hijo que se la pasaba contándole a todo el mundo sobre su compromiso con el joven de diecisiete años.
–Jean dijo que mi compromiso era mentira –refunfuñó el castaño inflando los cachetes en un adorable puchero –Dijo que nadie querría casarse con un enano feo como yo.
–tsk, ¿A quién le importa lo que diga ese mocoso? –repuso el pelinegro haciéndose el desentendido, aunque era obvio que a Eren sí que le importaba a juzgar por el puchero permanente que tenía en el rostro.
–¡Ya se! Podrías ir conmigo a la escuela y así les probaría a todos que eres de verdad –propuso el pequeño con su sonrisa característica.
Levi frunció el ceño, ¿Ir a una primaria a declararse prometido de un niño y quedar como un pervertido? No, ni en mil años haría eso. Pero tampoco quería negarse y que el crio comenzara un mar de llanto como la última vez así que le dijo que lo pensaría para ganar algo de tiempo en el cual consultarlo con sus amigos.
Así pues, les explicó lo sucedido durante la hora del almuerzo, esperando que esta vez tuvieran una idea que no lo metiera en más problemas.
–Vaya, quién diría que un niño que apenas sabe comer solito te dominaría tanto –Se burló Isabel mientras destapaba su emparedado.
–Sigo sin superar que me engañes con un crio y ahora hasta lo cuidas más que a mí –reclamó Farlan limpiándose una lagrima imaginaria.
–Tsk, Jodanse –replicó el pelinegro –solo quiero quitarme al mocoso de encima sin que me haga otra maldita escena.
–Oh my, me encanta cuando te pones tierno –dramatizó su pareja llevándose una mano al pecho con una expresión de ensoñación.
–Okey, okey ya paramos –intervino la pelirroja al notar la mirada asesina que les estaba dirigiendo –¿Qué tal si te tomas una foto con él? Te puedo prestar mi cámara de instantáneas, así consigue una prueba y no tendrás que ir a hacer el ridículo en su primaria.
–Vaya, Is, tu única neurona da buenas ideas de vez en cuando –comentó Farlan divertido, causando que la pelirroja le mostrará el dedo medio como respuesta. Por su parte el pelinegro analizaba la propuesta.
–No suena mal –reconoció –también sería útil si después quiere demostrárselo a alguien más –consideraba al mocoso bastante capaz de salir con que también le tenía que mostrar pruebas a su prima, su vecino o quién fuera, así que la foto le podría ahorrar muchos problemas.
La idea de su amiga resultó bastante bien, Eren había estado revoloteando por todos lados mostrando la foto, disfrutando enormemente el haberle cerrado la boca a Jean. Carla había hecho una copia para Levi que, a pesar de sus esfuerzos por evitarlo, terminó en manos de sus amigos. Era un retrato sencillo donde salía el mayor pasando su brazo por los hombros del pequeño el cual sonreía enormemente mientras hacía la seña de paz con su manita.
–Así que el crio y tu tuvieron una selfie acaramelada antes que nosotros –se lamentó Farlan al verla –hay que joderse.
El pelinegro rodó los ojos decidiendo ignorar el pseudoreclamo, no es que Farlan no le gustara, por algo salía con él, pero las muestras de afecto no eran precisamente su fuerte. Hasta ahora el rubio parecía entenderlo bien, sin embargo, presentía que el asunto sería un problema en el futuro.
De cualquier forma, no tenía mucho sentido preocuparse por ello ya que terminando la preparatoria pensaba aplicar a una universidad de otra ciudad por lo que tal vez ni siquiera volvería a verlo, ni a Isabel o Eren, lo mejor era concentrarse en sus problemas actuales y no complicarse demasiado.
Al menos eso era lo que pensaba el pelinegro ingenuamente, sin saber que algunas promesas pueden perseguirte para siempre.
