Espía

Lauren y Sev se Aparecieron en un callejón que no tenía vista a la calle.

-Qué buen sitio – dijo él.

-Desde luego, por algo Lucius eligió este club precisamente. Vamos.

Lauren no lo soltó del brazo, lo guio saliendo del callejón y después por la calle.

-Por cierto, ¿cómo me llama Lucius? – preguntó él.

-¿Cómo te llamaba?

-Snape.

-Mis padres con él te llaman Severus, como te llamo yo.

-Claro… ¿Y tú cómo le hablaste de mí?

-También Severus.

-Buf… Se me va a hacer muy raro si me llama así.

-Más raro se te haría que siguiera llamándote Snape, ¿no?

-Cierto.

-¿Cómo lo llamabas tú?

-Malfoy.

-Y ahora lo llamas Lucius. ¿Vas a llamarlo Malfoy cuando lo veas?

-No, no, por su nombre.

-Claro, Severus, y él a ti por el tuyo.

-¿Tú cómo lo llamabas y cómo lo llamas?

-Yo siempre lo llamé Lucius en el colegio, recuerda que fuimos amantes, pero cuando me encontré con él, para darle más formalidad al asunto, lo llamé Malfoy hasta que él me pidió que cambiara a su nombre.

-Claro… ¿Y él a ti cómo te llamaba?

-También comenzó llamándome Parkinson hasta que decidió cambiar y yo le dije que me llamara Lauren.

-Vale, vale. Sí que debió ser raro.

-Era un primer encuentro, Severus, pero ahora ya te he abierto el camino. Mira que le das vueltas a las cosas, ¿eh?

-Es que tengo tantos nombres, Lauren…

-El hombre de los mil nombres.

-Cierto.

-Relájate, anda. Me extraña que no hayas tenido que ir al baño por los nervios.

-Ahora que lo dices, sí que debería haber ido.

-Entonces vas antes de que nos pasen al reservado, yo me quedo con tu abrigo.

-Vale.

-Eso si ya ha llegado Lucius, de lo contrario tendremos que esperarlo en el bar. Los reservados son sólo para los socios.

-Claro.

-Se hizo socio cuando lo cité, ¿eh?

-Ah, ¿sí?

-Sí.

-¿Y cuándo lo citaste?

-En cuanto cumplí los diecisiete.

-Wow, Lauren… hace ya dos meses.

-Eso, para darle tiempo a preparar el encuentro.

-Y no se chivó a tus padres.

-Claro que no, porque yo le dije en la carta que le escribía de tu parte y que no lo hiciera.

-Vaya… me utilizaste.

-Desde luego, recuerda que fue por ti por quien se la jugó y eres quien eres. Has respondido a sus expectativas con creces desde entonces.

-Cierto. Esa carta no fue cifrada.

-Claro que no, un riesgo que había que correr.

-Claro…

-Por suerte no pasó nada.

-Debió llevarse un buen susto.

-Se lo llevó, ya te he contado que pensaba que había gato encerrado.

-Y aun así preparó el encuentro.

-Claro que lo hizo, le puse el mejor señuelo, noticias directas de ti.

-Eres muy lista, Lauren.

-La que más, la diseñadora de estrategias, me viene de familia.

-Cierto.

Lauren se detuvo ante una puerta muy elegante.

-Aquí es, ¿preparado?

-Buf… sí…

-Llamo al timbre.

Lauren llamó al timbre y poco después les abrieron.

-Buenas tardes – dijo ella – Venimos a ver a un socio, el señor Malfoy. ¿Ha llegado ya?

-Sí, sí, está esperándoles, pasen – les dijo el empleado.

Pasaron al bar delante del empleado, éste cerró la puerta y les acompañó.

-¿Me dan sus abrigos si son tan amables? – les preguntó.

-No, no, nos quedamos con ellos. Antes de que nos pase al reservado, ¿puede indicarnos dónde están los servicios?

-Desde luego.

El empleado los acompañó hasta los mismos y les dijo:

-Cuando terminen búsquenme en el bar.

-Muchas gracias.

El empleado se marchó.

-Bien… ha venido… - dijo Sev.

-Cierto, qué bien. Todo será que no tenga que irse a mitad de conversación.

-Pues sí, va a darme muy mal rollo si es así.

- Y a mí… pobre… Anda, quítate el abrigo y pasa.

Sev se quitó el abrigo y se lo dio a Lauren, pasó al servicio y volvió a salir.

-¿Mejor? – le preguntó ella.

-Sí, sí, también me he lavado la cara, hay incluso toallas.

-Desde luego, esto es muy selecto.

-¿Tú no tienes que pasar?

-No, he ido cuando me he cambiado, mientras estabas en Godric's Hollow.

-Vale, dame mi abrigo y quítate el tuyo si quieres, debes estar asándote de calor.

-Cierto, estoy sudando la gota gorda, toma.

Ella le pasó su abrigo, se quitó el suyo y le preguntó:

-¿Vamos hasta el bar? Llegamos sumamente puntuales, el tiempo que habíamos ganado lo has perdido tú por no ir en casa.

-Cierto, soy un desastre.

Fueron hasta el bar.

-Ya estamos – le dijo Lauren al empleado - ¿Puede acompañarnos, por favor?

-Desde luego, síganme – le respondió el empleado - ¿Van a tomar algo?

-Para mí un té con leche sin azúcar – dijo Lauren.

-Para mí sólo leche caliente – dijo Sev.

-Muy bien, se lo llevaré en cinco minutos.

Los condujo hacia el fondo del club, por un pasillo que tenía puertas a ambos lados, y llamó a una de ellas.

-Pase – se oyó desde dentro.

"Wooow… la voz de Lucius..."

El empleado abrió la puerta y anunció:

-Sus invitados, señor Malfoy. ¿Quiere que le traiga algo más?

-No por el momento, gracias, vuelva en media hora.

-Así lo haré, señor Malfoy. Pasen.

Lauren dejó pasar delante a Sev quitándole el abrigo de las manos, ella también pasó y el empleado cerró la puerta. En cuanto lo hizo, Lucius se levantó, se echó en brazos de Sev y exclamó:

-¡Snape!

Se carcajearon.

-¡No me llames así! - exclamó él - ¡Ya nadie me llama así!

-Te lo llamo yo, para que nunca olvides de dónde vienes.

-¡Qué malo eres!

-El que más. Recuerda que soy lugarteniente de Voldemort, chaval, no es moco de pavo, ¿eh? He sido durante largos años un mago oscuro.

-Claro…

-Tampoco olvido de dónde vengo.

-Desde luego.

-¿Quieres ver la Marca?

-Por supuesto que quiero verla.

Lucius se separó de él y se remangó la manga izquierda de la camisa, le mostró orgulloso la Marca Tenebrosa en su antebrazo y le preguntó:

-¿Qué te parece?

-Es una pasada…

-¿No te da envidia? Tú pudiste tenerla, ¿eh?

-Desde luego que pude, estuve pensándolo seriamente durante seis meses.

-Vaya, vaya… Tarde ya, ahora nunca te aceptaría a no ser que te hicieras pasar por otra persona.

-Claro…

-¿Te digo por qué te la muestro con orgullo?

-¿Me dejas adivinarlo?

-Te dejo.

-Porque te otorga una posición muy ventajosa para combatirlo.

-¡Qué bien nos entendemos…! ¡Siempre lo hicimos! ¡Dame otro abrazo!

Volvieron a abrazarse.

-Te amo, Snape, te amo, voy a decírtelo desde ya. Cuando tenga un hijo vas a ser su padrino.

-¿Qué dices? – muy asombrado e ilusionado.

-Lo que oyes. También lo habrías sido si ambos estuviéramos en el otro bando, llevo pensándolo desde que me casé con Narcissa.

-Buaaah… Lucius… - Sev rompió a llorar.

-No entiendo de qué te extrañas, eres el hermano pequeño que nunca tuve.

-Y tú fuiste mi hermano mayor.

-Claro que sí. Qué suerte que no seguiste mi camino y me hiciste salir de él. No sabes cuánto tengo que agradecerte, tú me abriste los ojos, Snape.

-Vaya, Lucius, es increíble que lo veas así, llevas casi año y medio jugándotela por mí.

-Por ti y por todos, porque jugársela por ti es jugársela por todos. Haciendo lo correcto, enmendando mis errores.

-Yo también he de agradecértelo, Lucius, de no ser por ti me habrían pillado en San Mungo.

-Bueno, bueno, no tengas pena por eso… Adoro lanzar Imperius y Obliviates.

-¡Eres fantástico, Lucius!

-Lo que te digo, gracias a ti, antes daba asco. Soy un hombre nuevo, Snape, desde hace un año.

-Cómo me alegro, Lucius.

Lucius de nuevo se separó de él.

-Déjame que te vea bien, que no te he mirado. Eras un crío y ya eres un hombre y vaya hombre, qué guapo estás, incluso se te ha quitado el mal color. ¿Qué tal andas de mujeres?

-Buf… me sobran.

-Todas locas por ti, ¿eh? Lo que hace tenerlo todo, chaval. Pues aprovecha, aprovecha y no te enganches con ninguna demasiado temprano, disfruta de la vida tú que puedes. ¿Ya follas?

Se carcajearon.

-¡Vaya pregunta estúpida, Lucius! ¡Claro que sí!

-Desde luego que era una pregunta estúpida, pero me juego lo que quieras a que comenzaste más tarde de lo que te tocaba. ¿Cuánto tiempo pasó desde el quince de mayo, día que comenzaste a tener éxito con las mujeres, hasta que follaste?

-Me pillaste. Cuatro meses.

-Ay… Snape… Qué poco espabilado eras para eso, siempre detrás de la Gryffindor…

-Cierto.

-Que te mareaba como quería. Espero que no estés con ella.

-No, no estoy… Pero estuve, ¿eh?

-Ah, ¿sí? Increíble.

-Fue ella quien me sacó del abismo, y de paso a ti.

-¿Qué estás diciendo?

-Lo que oyes, Lucius, si no se hubiera enamorado de mí habría respondido de otro modo a tu invitación de aquella Navidad, no te habría dado largas y quizá ahora ambos estaríamos en el otro bando.

-Vaya…

-Carambolas del destino.

-Entonces… ¿por qué no sigues con ella?

-Porque por el camino he descubierto a otras personas con las que estoy mejor.

-¿La dejaste tú?

-Sí, así fue, y ha sido muy lamentable, hemos perdido la relación.

-Lo siento mucho.

-Hace ya muchos meses, ya no me duele.

-Mejor. Sentémonos, anda, que estoy siendo muy maleducado. Ni siquiera he saludado a Lauren y vaya cosas de las que estoy hablando delante de ella.

Sev se quitó la chaqueta y se sentaron a ambos lados de la mesa, Sev junto a Lauren, ambos de frente a Lucius.

-No tengas pena, Lucius, hay confianza. Cuando terminemos con los temas serios te contamos cosas muy interesantes – dijo Lauren.

-Desde luego, desde luego, lo primero son los temas serios.

Llamaron a la puerta.

-Habéis pedido algo, ¿no? – preguntó Lucius.

-Sí, sí.

-Pase.

Entró el empleado y les sirvió lo que habían pedido, volvió a marcharse.

-¿Leche caliente, Snape? – le preguntó Lucius, burlón.

-Tiene su explicación, Lucius, que te lo cuente Lauren – respondió Sev.

-Anoche echó seis y esta mañana otros dos. Irte te roba el calcio – dijo Lauren.

-¡Vaya tela! – exclamó Lucius - ¿Con cuántas distintas?

-Con la misma, porque comenzamos ayer – respondió Snape.

-Buaaah… la reventarías, chaval.

-En absoluto, soy muy delicado.

-No me creo nada.

-Lo soy, cuando las reviento las curo, sé curar con pomada y hechizos.

-Muy bien, sí señor. Pero sigo sin creer lo de los seis de anoche.

-Pues te lo ha contado Lauren, no yo.

-Increíble, ya te digo que lo tienes todo y puedes tener a quien te plazca, por algo no seguiste con la Gryffindor.

-Eso mismo.

-Bueno, dejemos el tema para luego que me pongo pesado y es cierto que hay temas urgentes que tratar. No os apuréis por si me llama el negrero, no va a hacerlo, tuvimos reunión de la cúpula anoche mismo.

-Vaya…

-Malas noticias, guerra para el verano.

-¡Lo que te decía! – exclamó Sev.

-Estaba cantado, cuando no estáis en Hogwarts. Ya podemos agradecer que no fuera el verano pasado, no lo fue porque esperaron a que Lestrange leyera sobre el Ejército Mágico a los alumnos que iban a Diagon, como podréis imaginar.

-Claro…

-Un error táctico muy grave por su parte, porque os han dado tiempo a organizaros bien.

-Buf… Pero apenas hay setenta personas preparadas para combatir.

-Vaya… la mitad que el ejército de Voldemort.

-Buf… Lauren…

Sev dejó caer la cabeza sobre las manos.

-Severus, no sufras, Lucius nos adelantará dónde atacarán – dijo Lauren.

-Desde luego – dijo Lucius.

-¿Y de qué sirve eso si son el doble que nosotros? – preguntó Sev.

-Ellos no tienen nuestras armas, Severus, lo sabes – dijo Lauren.

-Cierto, cierto…

-Ni entrenan vuelo ni a combatir en tierra como vosotros – dijo Lucius – Simplemente aprenden a volar en escoba y maleficios y ya está, no simulan combates como lo hacéis vosotros. Estáis mucho, mucho más preparados, un tercio os bastaríais para vencerlos.

-Pero habrá bajas.

-Es una guerra, Snape.

-Buf…

-No puedes salvarlos a todos. Qué culpable estoy sintiéndome, yo capté a muchos de ellos.

-Olvida el pasado, Lucius. Yo también estoy sintiéndome culpable sólo de pensar que pude estar del otro lado.

-Pero tú ya has pagado con creces, gracias a ti precisamente tenéis las armas.

-Claro, Severus, claro… – dijo Lauren, que lo tomó por los hombros.

-Buf… se lo he soltado demasiado de golpe – dijo Lucius.

-Compréndelo, Lucius, él los conoce a todos personalmente, los ha entrenado él. Va a lamentar cada muerte.

-Buf… vaya carga sobre tus hombros, chico. Tú les has enseñado a combatir volando, ¿verdad?

-Así es – respondió Snape.

-Si hubieras estado con Voldemort ganaba la guerra, pero no estás con él, así que va a perderla. Eres el ganador de la guerra, Snape, gana el bando que eliges .

-Eso no me alivia en absoluto.

-Pues debería hacerlo, porque de ganarla él no perderían la vida una fracción de setenta personas, sino quizá miles, en el mundo mágico y el muggle.

-Cierto.

-Y sin Ejército Mágico ten por seguro que lo tendrían muy fácil, les bastaría con atacar a los muggles en su propio mundo, tomar el Ministerio o incluso Hogwarts, cosas que ni siquiera se plantean por el momento.

-¿Cuáles serán los primeros movimientos tácticos?

-No hay nada decidido todavía. No están bien organizados, Snape, son marionetas en las manos de un demente que no tiene precisamente muchas luces, por algo llevo más de un año engañándolo.

-Tienes toda la razón.

-Sus ataques serán de arrebato, ya verás. Decidir y ese mismo día o el siguiente, hacer.

-Buaaah… entonces, ¿cómo vas a avisarnos?

-Porque intentaré retrasarlos poniendo orden en el caos.

-Claro…

-Soy el tercero, no es mi función pero la asumiré, Lestrange no tiene idea de nada.

-Vale, Lucius, estupendo.

-Y una sugerencia, un enlace con teléfono que pueda desplazarse de inmediato a Hogwarts o donde se concentre el Ejército. Yo puedo Aparecerme y llamar por teléfono, estaríais avisados en media hora desde que terminara la reunión.

-Claro, claro…

-Paul hasta el verano – dijo Lauren – Luego yo.

-Cierto, excepto los sábados de noche que tenemos concierto – dijo Sev.

-No van a comenzar antes del verano, no con el Ejército concentrado en el castillo. Eso ya está decidido, os tienen miedo – dijo Lucius.

-Estupendo entonces, de cualquier modo te paso el teléfono de Paul por si hubiera algo muy urgente de lo que avisar, y también el del Club 100, que es donde tocamos todos los sábados de noche por si no lo coges en casa.

-Muy bien, entonces pásamelos ya antes de continuar con la charla.

Lucius sacó una agenda y un bolígrafo del bolsillo de la chaqueta y se prestó a apuntar, Sev le dio ambos números.

-No les he puesto nombre para que no corran peligro como has podido ver – dijo Lucius - Cuando los aprenda de memoria arranco la hoja y la quemo.

-Desde luego.

-Has de hacer el ritual de la cueva, Lucius – le dijo Lauren.

-Cuando me entrenes, querida – respondió él.

-Desde luego.

-Paul no va a poder quedarse a dormir en Hogwarts ni a entrenar, ni siquiera a ensayar con el grupo, ni podremos dar más conciertos de Sly Snake en el colegio – dijo Sev.

-Cierto… - dijo Lauren.

-¿No tenéis otro oclumante que tenga teléfono y esté disponible? – preguntó Lucius.

-Claro que sí, pero no tan fiable ni que lo conozcamos tan bien – dijo Sev.

-No tenéis por qué contarle nada sobre mí. Mi llamada será anónima, llamaré desde un teléfono público.

-Claro, claro… Por el momento llamas a Paul, mañana conseguiremos el teléfono de otro oclumante.

-Te lo envío por correo cifrado, Lucius – dijo Lauren.

-Muy bien, asunto arreglado entonces – dijo Lucius - Esta noche no os preocupéis, Lestrange se perdió ayer su orgía, hoy no se la perderá.

-Vale, vale… - dijo Sev.

-Qué bien, nosotros no nos la perdimos – dijo Lauren.

-¿Montasteis una orgía? – preguntó Lucius, interesado.

-Desde luego, así ha sido cómo he podido contarte cuántos echó Severus.

-Vaya… ¿Y en una orgía te lo hiciste sólo con una? – riendo - Ya te digo que todavía no has espabilado.

-Ya estamos con el tema otra vez – dijo Sev, molesto.

-Para distender el ambiente. ¿A ti te ha follado, Lauren?

-Todavía no – respondió Lauren.

-¿Qué dices? – poniendo el grito en el cielo - ¿Tú sabes lo que te estás perdiendo, chaval?

-No, pero lo imagino, ahí atrás nos lo hacíamos – dijo Sev.

-¿Que os hacíais qué? Sin follar, eso no es hacer nada.

-Buf… Lucius… Calla, anda, ¿tú qué sabrás?

-Sé, sé.

-No sabes, Lucius – dijo Lauren – Severus es un dios del sexo, el mejor amante que puedas imaginar, y lo es precisamente porque pasó mucho tiempo haciéndoselo sin follar y lo sigue practicando.

-Vaya, vaya… Si tú lo dices que eres la experta será verdad.

-Desde luego que lo es. No lo he catado follando pero lo he visto en acción. Hace virguerías, se lo trabaja.

-Vaya, vaya…

-¿Te cuento su primer polvo de la noche? ¿La primera vez que se lo hacía con la chica?

-Cuenta, cuenta...

-La hizo irse en pie y por detrás.

-Imposible.

-En absoluto, con la mano al tiempo que se la daba.

-Buaaah… chaval… en pie…

-¿Y el último de esta mañana?

-Di, di.

-En pie por delante, ella a la pata coja, también la ha hecho irse.

-Vaya tela…

-Lo que te digo, virguerías, cosas que tú nunca alcanzarás.

-Perdona por meterme contigo, Snape, te he faltado al respeto, ahora me quito el sombrero.

-No importa, Lucius – dijo Sev.

-Me emociona hablar de estas cosas contigo ya que no lo hacíamos antes porque eras muy pequeño, me intereso por ti.

-Claro que sí, y me has dado antes un muy buen consejo que nadie hasta ahora me había dado, que no me enganche todavía con nadie.

-Eso, eso, y más pudiendo elegir y tener a quien te dé la gana. Tómate tu tiempo para hacerlo, luego es para toda la vida si quieres tener familia. Di la verdad, Lauren, te mueres de ganas de follar con él.

-Por supuesto – dijo Lauren – Y como yo toda mujer que lo cató antes de que follara, que fueron muchas, por algo aprendió tanto.

-Claro que sí, hacer las cosas bien. Cuánto por aprender, no lo habría esperado, pena que yo no pueda apuntarme, debe ser una gozada verte en acción.

-Desde luego que lo es. El resto, todos mirando y aprendiendo, y eso que es quien menos tiempo lleva haciéndoselo, porque no es sólo que se lo haya trabajado, tiene talento natural para ello.

-Cierto, cierto…

-Lo que te digo, un dios del sexo, el mejor amante que puedas imaginar. Ninguna mujer con la que ha estado lo ha dejado, es él quien las deja a todas.

-¿Quién lo hubiera dicho…?