Disclaimer: he tomado prestados fragmentos del capítulo 26 'Gringotts' de 'Harry Potter y las Reliquias de la Muerte' en la traducción de Gemma Rovira.

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La cámara

Tras el almuerzo, algo después de la una, Sev y Sirius retrocedieron cinco horas con el Giratiempo para acudir al despacho de Albus. Una vez allí ultimaron la poción Multijugos que les tenía preparada con los cabellos de los padres de Sirius, Orion y Walburga Black. La tomaron y se cambiaron de ropa.

-¿Cómo te sientes en el cuerpo de una mujer, Sirius? – le preguntó Sev.

-Buf… es muy raro, con tetas y sin lo otro… Me va a costar acostumbrarme.

Reían un montón.

-Hemos debido hacer una prueba antes – decía Albus – No os marchéis ahora, queda suficiente Multijugos para otra vez, hacedlo mañana.

-Ni hablar, ya hemos retrocedido cinco horas con el Giratiempo, vaya pérdida de tiempo – dijo Sev.

-Claro que sí, vamos allá, apenas tiene una hora de efecto, ya hemos perdido bastante tiempo – dijo Sirius.

-Vamos, a Diagon por Red Flu y a Gringotts directos. Me hace mucha ilusión volver a Diagon después de más de un año, estuve allí por última vez con Lily.

-Te va a traer recuerdos amargos.

-En absoluto, fue la tarde que descubrimos las Magias Ancestrales en la librería del padre de Hipólita, un hito en mi vida.

-Cierto.

Fueron por Red Flu hasta Diagon y en cuanto llegaron subieron la escalinata de mármol que conducía a las enormes puertas de bronce del blanco edificio, dos duendes de librea flanqueaban la entrada y les abrieron las puertas. Segundos después se encontraron en el inmenso vestíbulo de mármol de la banca mágica.

Sentados en altos taburetes ante un largo mostrador, unos duendes atendían a los primeros clientes del día, se dirigieron hacia uno de ellos que se encontraba libre, muy anciano, que examinaba una gruesa moneda de oro con un monóculo.

-Señores Black… buenos días… ¿qué se les ofrece? – les preguntó, dejando la moneda.

-Queremos entrar en nuestra cámara – dijo Sev-Orion.

-Enseguida.

Tras el mostrador, el duende anciano dio unas palmadas. Acudió otro individuo de su raza más joven.

-Necesitaré los cachivaches – le dijo el anciano.

El joven se marchó y regresó al cabo de un momento con una bolsa de piel, a juzgar por el ruido que hacía, llena de objetos metálicos. Se la entregó a su superior.

-¡Estupendo! – exclamó éste – Y ahora, si tienen la amabilidad de seguirme, señores Black – indicó, bajando del taburete y perdiéndose de vista – Los acompañaré a su cámara.

El duende apareció por un extremo del mostrador y se les aproximó trotando con la bolsa de piel, que seguía produciendo ruidos metálicos.

-Por aquí, por favor.

Haciendo sonar la bolsa se encaminó con prisa hacia una de las muchas puertas por las que se salía del vestíbulo. Atravesaron la puerta y recorrieron un pasillo de bastas paredes de piedra e iluminado por antorchas. Sev le dijo a Sirius, vinculado:

-Probaremos a Aparecernos desde aquí.

-Desde luego. ¿Le lanzamos ya el Imperius?

-Sí, sí, ya lo hago yo.

Sev sacó la varita y lanzó la maldición al duende por la espalda. Llegaron al final del pasillo, que daba a un túnel, el duende emitió un silbido e hizo aparecer de la oscuridad un carro que avanzó lentamente por las vías. Montaron en él, el duende delante y ellos dos detrás.

El vehículo dio una sacudida, se puso en movimiento y fue ganando velocidad, comenzó a describir giros y voltearse por el laberinto de pasillos, todos descendentes, dando bruscos virajes para esquivar estalactitas y adentrándose cada vez más en aquel laberinto subterráneo.

La corriente de aire les alborotaba el pelo, al tomar abruptamente una curva muy cerrada vieron ante ellos una cascada que caía sobre las vías, imposible de esquivar.

-La cascada – dijo Sev – Se acabó la Multijugos.

-Buf… qué alivio… - dijo Sirius – Nos llegaba el tiempo de sobra.

-Desde luego.

Atravesaron la cascada a una velocidad de vértigo. Les entró agua en los ojos, no veían nada ni podían respirar. Acto seguido, el carro dio un violento viraje, de modo que casi volcó y pudieron salir despedidos, pero no lo hizo.

-Buf… por poco. Controla el Imperius, Sev, para que vayamos más despacio.

-Cierto. Voy a volver a lanzárselo por si la cascada también lo ha eliminado.

Lo hizo, ordenándole que fuera más despacio, el carro aminoró su marcha. Poco después doblaron una esquina, el carro se detuvo y lo vieron, algo que ya esperaban, en medio del pasillo había un gigantesco dragón que impedía el acceso a las cuatro o cinco cámaras de los niveles más profundos de la banca mágica.

Tenía las escamas pálidas y resecas debido a su prolongado encarcelamiento bajo tierra y sus ojos eran de un rosa lechoso. En las patas traseras llevaba unas gruesas argollas cogidas a unas cadenas sujetas, a su vez, a unos enormes ganchos clavados en el suelo rocoso. Las grandes alas con púas, dobladas y pegadas al cuerpo, habrían ocupado todo el espacio si las hubiera desplegado.

Cuando giró la fea cabeza hacia ellos rugió de tal forma que hizo temblar la roca, y luego abrió la boca y escupió una llamarada. Bajaron del carro y se cambiaron de ropa sacándola de un bolsito que tenía un encantamiento de expansión de forma que cupieran muchas cosas en él siendo pequeño.

-Pobre… - dijo Sev – Tenemos que volver a liberarlo en una próxima operación.

-Claro que sí, cuando sea seguro y no lo relacionen.

-Aunque no sé si en estas condiciones podría sobrevivir por sí mismo en la naturaleza.

-Cierto.

-Quizá lo matarían los muggles cuando lo detectaran.

-Seguro que sí. Vaya susto…

-Lo silenciarían. Pena para nosotros que es el primer dragón que vemos.

-Desde luego, en un futuro pienso viajar a Transilvania a ver cómo los crían allí.

-Iremos juntos, llevaremos a Hagrid.

-Claro que sí.

El duende sacó de la bolsa unos pequeños objetos metálicos que al agitarlos producían un fuerte y resonante ruido similar al golpeteo de diminutos martillos contra yunques, les pasó un par a cada uno.

-Ya saben lo que tienen que hacer – les dijo – Cuando el dragón oiga el ruido de los cachivaches creerá que vamos a hacerle daño y se apartará, entonces apoyaré la palma de la mano en la puerta de la cámara.

Siguieron adelante agitando esos objetos que resonaban amplificados en las paredes de roca. Sev tuvo la impresión de que el sonido vibraba dentro de su propio cráneo. El dragón soltó un ronco rugido pero se retiró. Sev se dio cuenta de que la bestia temblaba y cuando se acercaron un poco más comprobó que tenía unas tremendas cicatrices de cuchilladas en la cara, y dedujo que el dragón había aprendido a temer las espadas al rojo cuando oía resonar los cachivaches.

-Vaya tela, Sirius… lo han torturado, habría que denunciarlos.

-Desde luego.

-Será así como lo liberemos, legalmente, los llevaremos a juicio y el dragón volverá con un cuidador a Transilvania, a pasar allí tranquilo el resto de su vida.

-Eso, eso.

Llegaron ante la puerta de la cámara, el anciano duende puso la palma sobre la madera y la puerta de la cámara desapareció, revelando de inmediato una abertura cavernosa, llena hasta el techo de monedas y copas de oro, armaduras de plata, pieles de extrañas criaturas, algunas provistas de largas púas, otras de altas mustias, pociones en frascos con joyas incrustadas y una calavera que todavía llevaba puesta una corona.

-Busquemos, Sirius, sin tocar nada – dijo Sev mientras ambos entraban en la cámara encendiendo los Lumos.

-Buf… si está debajo de lo demás, mal asunto.

-Cierto, tendríamos que deshechizarla entera y después volver a hechizarla para no dejar rastro. Confiemos en nuestra buena estrella, hasta ahora la hemos tenido.

Examinaron los montones de objetos que los rodeaban, dirigiendo las varitas hacia todos los recovecos, girando con cuidado sobre sí mismos. La varita de Sev iluminó escudos y cascos hechos por duendes y depositados en unos estantes que llegaban al techo, dirigió la luz un poco más arriba y de pronto le dio un vuelco el corazón.

-¡Ya la tengo! ¡Está ahí arriba!

Sirius apuntó también con su varita en esa dirección y la pequeña copa de oro destelló bajo los dos haces de luz.

-¿Y cómo demonios vamos a subir hasta ahí sin tocar nada? – preguntó Sirius.

-Prueba a convocarla.

-Accio Horrocrux – dijo Sirius, pero no ocurrió nada.

-Buf… está protegido – dijo Sev – Ya sé, te subes sobre mí y la pescas con la varita.

-Estupendo.

Sirius trepó a la espalda de Sev y pescó la copa de Helga Hufflepuff, con un tejón grabado y dos asas, con la varita por una de las asas.

-La tengo, Sev, bájame.

Sev se agachó para que bajara.

-Guárdala en el bolso sin tocarla, puede tener el encantamiento Geminio y multiplicarse, o el Flagrante y quemarte.

-Cierto, cierto…

Sirius guardó la copa en el bolso de señora que había constituido parte de su disfraz.

-Pues ya lo tenemos, qué fácil está resultando todo, me está decepcionando – dijo Sev.

-Era un plan perfecto, Sev, debía resultar fácil, y no cantes victoria todavía, hemos de salir de aquí.

-Cierto, cierto… Voy a convocar otra igual y la dejas donde estaba ésa para engañar a tu primita si vuelve por ella.

-Vaya… buena idea…

-Claro, Sirius, claro…

Sev convocó una copa idéntica, Sirius volvió a subirse y la colocó donde estaba la otra.

-Sin rastro alguno, somos unos ases.

Salieron de la cámara.

-Hemos terminado – le dijo Sev al duende.

El duende volvió a hacer aparecer la puerta y deshicieron el camino hasta el carro agitando de nuevo los cachivaches para atemorizar al dragón.

-¿Sabes de qué me da ganas? – le preguntó Sev a Sirius.

-¿De qué?

-De liberar al dragón y salir de aquí montados en él, eso sí que sería una aventura.

-Buaaah… ya te digo… ¿Lo hacemos?

-No, Sirius, no podemos meter la pata, así se sabría todo.

-Si lo Obliviamos ya, no.

-Pero no sabemos qué sería del pobre dragón.

-Eso sí, mejor entonces no lo hacemos. Lo que dices tú, los denunciaremos y lo liberaremos.

-Eso, eso.

Llegaron al carro y montaron en él en sentido contrario, con el duende delante, deshicieron el camino volviendo a pasar por la cascada, donde Sev volvió a lanzar el Imperius al duende, ascendieron las galerías y llegaron al punto de partida, el duende los precedió por el corredor.

-Oblivialo tú, Sirius, mientras yo sigo controlando el Imperius para que no se gire y nos vea.

-Allá voy.

Sev hizo detenerse al duende de espaldas a ellos, Sirius lo leyó y Oblivió todos sus recuerdos desde que habían entrado en Gringotts.

-Ya está – dijo Sirius.

-Muy bien, le ordeno ir hasta su mostrador.

-Eso, eso.

Sev ordenó al duende ir hasta el mostrador, en cuanto desapareció dijo:

-Ahora a ver si podemos Aparecernos desde aquí, de lo contrario nos va a tocar correr.

-No, Sev, tú te vuelves invisible y yo voy bajo la capa.

-Claro, claro… Entonces vamos a hacerlo así y nos Aparecemos desde el callejón, un poco más de aventura.

-Estupendo, a mí también me ha sabido a poco. Tendremos que esperar a que entre o salga alguien del banco para salir a la vez.

-Lo hacemos.

-Vamos entonces.

Sirius sacó la capa del bolso y se ocultó debajo de ella, Sev se volvió invisible, salieron del pasillo al vestíbulo y se dirigieron a la entrada. Esperaron hasta que se abrieron las puertas para dejar pasar a alguien y las traspasaron y bajaron las escaleras. Sirius le dijo a Sev:

-Apenas son las nueve y media, vamos a tener que pasar casi cuatro horas en el despacho del viejo.

-Buf… qué agobio…

-¿Vamos al Caldero a tomar algo?

-Vamos, y luego podemos salir a dar una vuelta por Londres.

-¡Estupendo!

-Incluso podemos ir a casa de Lauren, Aparecernos allí.

-¡Vaya que sí!

-Entonces vamos al Caldero, sal ya de la capa.

Sirius salió de la capa de invisibilidad, la guardó en el bolsito hechizado y Sev se volvió visible. Fueron hasta el Caldero Chorreante, los pocos brujos que estaban tomando algo lo reconocieron y se sentaron con ellos. Tuvo así su primer contacto con la comunidad mágica desde que se hiciera famoso casi un año atrás. Pasaron con ellos casi hora y media, hablando de la guerra inminente, de la Cátedra de Duelo. Le preguntaron:

-¿Tenemos ejército?

-Tenemos, sobradamente preparado, ganaremos la guerra si se desata – respondió él.

-Confiamos en vosotros.

-Podéis hacerlo, pero no contéis nada y no os dejéis leer por Lestrange.

-Va a llegar hasta sus oídos que has pasado por aquí, va a darle mucha rabia no haberte pillado.

-¡Mejor! – exclamó Sirius - ¡Que rabie!

-Correremos la voz. Tú la has sufrido, ¿no? Eres su primo.

-Ya te digo que la he sufrido, y a mis padres y a toda mi familia. Afortunadamente conseguí sacar a mi hermano del follón en que lo habían metido.

-Ahí también rabiaría.

-Ya te digo que lo hizo.

-Eres muy valiente, Black, haberte enfrentado a toda tu familia así.

-Desde luego que lo es, por algo cayó en Gryff – dijo Sev.

-Cuéntanos cómo conseguiste redimir a tu hermano.

Sirius lo hizo, cerca de las once les dijo:

-Bueno, nos marchamos, que mi querida primita puede estar al caer, no queremos un duelo en la taberna o el callejón, podría resultar gente herida o muerta.

-Tienes toda la razón.

-¿Vamos directamente a casa de quien ya sabes? – preguntó Sev.

-Vamos directos, sí, y nos alejamos de este barrio – respondió Sirius.

-Ya pagamos nosotros lo que habéis tomado, chicos, un honor haberos conocido, y una vergüenza que los jóvenes estéis teniendo que sacarnos las castañas del fuego.

-Cierto.

Se Aparecieron en casa de Lauren.

-¡Choca ésa, chaval! – exclamó Sev.

Chocaron las manos.

-Somos unos ases, vamos a emborracharnos para celebrarlo – dijo Sirius.

-¿Por la mañana?

-Para nosotros ya es por la tarde.

-Yo prefería salir a pasear.

-Venga, Sev… nunca te has emborrachado conmigo…

-Cierto, cierto… Venga, vamos.

-Instálate en la terraza, ya te sirvo yo. ¿Qué quieres?

-¿Tiene ron bueno?

-Tiene de todo, pero el whiskey bueno da menos resaca que el ron si quieres ir a las clases de la tarde.

-Buf… si me emborracho paso de las clases de la tarde.

-Yo también, tenemos merecido el día de fiesta.

-Adelante entonces, voy a acompañarte con el whiskey, lo probé la otra tarde con Lucius y me gustó mucho.

-Muy bien, dos dobles con hielo entonces.

-Voy al baño mientras tanto.

-Estupendo, luego voy yo.

Se instalaron en la terraza con sus whiskeys.

-¡Qué magnífica operación! Pena que va a ser la primera y la última, que nos han cancelado la de mi prima – dijo Sirius.

-¿Ya te lo ha contado Lauren?

-Claro que lo ha hecho, hiciste mal en contárselo.

-No Sirius, hice bien, Lucius debía aconsejarnos.

-Cierto, cierto…

-Mejor que pase lo que le queda por vivir en Azkabán.

-Tienes razón, ahora falta que la pillemos.

-Ponte al frente de la caza de Mortífagos junto a Moody, yo voy a estar muy liado este verano si todo sale bien y no hay guerra.

-Cierto, con el grupo y tu gira. Pues sí, lo haré, claro que sí, ya vamos a ir planificándolo con Lauren desde ya, vamos a ganarles por la mano. Cuéntame el encuentro con Malfoy desde tu punto de vista, Lauren ya lo tiene en el bote, tendré que acostumbrarme a relacionarme con él.

-Es una persona excepcional, Sirius, merece la pena, te lo aseguro. Siento decírtelo así pero Remus y tú habéis dejado de ser mis mejores amigos, ahora lo es él.

-Claro que sí, no me extraña en absoluto.

Le contó con el máximo detalle su encuentro con Lucius y los planes que tenían para la próxima temporada.

-Muy bien, va a venir el próximo sábado al concierto.

-Sí, pero no lo reconocerás, va a desfigurarse.

-Jo… qué pena, hubiera sido un buen primer contacto. ¿Puedo apuntarme a la de la tarde con vosotros?

-Buf… Sirius… quiero estar a solas con él.

-Al entrenamiento no, sólo a ir hasta Camden y a cenar juntos los cuatro.

-Lo pensaré.

-No me lo niegues, Sev, no quiero perderme el conocerlo por si algo saliera mal.

-Vale, Sirius, si no es este sábado será en sucesivos, voy a verlo todos los sábados hasta que haga su operación.

-Que va a ser muy pronto, Sev, en cuanto el viejo hechice el diario y él se sienta preparado en duelo, muy pronto.

-Cierto. Si no, ven con Lauren el domingo.

-Pero también estaría bien pasar un rato los tres juntos, reunión de chicos.

-Cierto, cierto…

-Ayudarlo entre los dos con Lauren.

-Tienes razón.

-Ya te he convencido.

-No, este sábado lo quiero para mí, vienes a cenar con Lauren.

-Vale, la convenceré para que no venga ella.

-Ha de venir a enseñarle a desfigurarse.

-Aprendo yo y le enseño.

-De acuerdo, ¿cuándo?

-Mañana y el viernes.

-Muy bien, esa eficiencia.

-Claro, Sev, lo somos, lo sabes. Todos serpientes, los serpientes estamos ganando esta guerra, ¿quién lo hubiera dicho?

-Somos la mejor casa.

-El próximo año me cambio de casa, ya se lo he dicho a Remus y James, voy a vivir con vosotros.

-¡Genial! Que vengan ellos también si quieren, en mi cuarto hay sitio.

-No van a querer, por Cecile y Mary.

-Claro, claro…

-Ahora voy a contarte algo yo, llevo esperando desde después de Semana Santa a que pasaran todos los apremios. La verdad es que no sé si debería hacerlo sabiendo que tienes en la cabeza también lo de Lucius.

-Buf… no sé… ¿De qué va?

-Lily.

-Vaya… No he hablado con ella desde el verano pasado.

-¿Quieres que te lo cuente?

-Claro que sí, cuéntame, desde el viernes he cambiado mi perspectiva sobre las relaciones.

-Claro, es buen momento para ti, pero tómatelo con calma, ¿eh? Al igual que ella se lo ha tomado y yo le hice esperar, que no te quite el sueño.

-Vale, vale…

-Quiere recuperar la relación contigo, en principio como amigos, pero quizá más adelante como algo más si tú vuelves a quererla. No te ha olvidado, Sev, y no ha estado con nadie en todo este tiempo.

-Vaya… - muy emocionado.

-Todavía la quieres, ¿verdad?

-Claro que la quiero, fueron siete años, Sirius, siete.

-De los cuales la esperaste durante más de seis y ella a ti menos de uno, y durante el mismo se ha portado fatal. Tómatelo con mucha calma y piénsalo muy bien, Sev, no vuelvas a hacerte daño sin necesidad. Ya le dije todo esto, que no juegue contigo, eso de dejar incluso de saludar no se hace. Remus y Cecile no la perdonan y no quisieron hablar con ella del tema, tuvo que recurrir a mí.

-Claro…

-¿Hice bien en hablar con ella?

-Sí, Sirius, sí.

-Lo hice porque sabía que tú sí que la perdonarías. Ya la has perdonado, ¿verdad?

-Claro que lo he hecho.

-También lo hice porque sabía que te daría una alegría. ¿Lo he hecho?

-Sí, Sirius, una gran alegría.

-También lo hice por lo que ambos hicisteis por mí el año pasado, una manera de devolvéroslo.

-Claro… Cosa que también podrían haber recordado Remus y Cecile, ellos también se enamoraron gracias a nosotros.

-Pues sí.

-Ahora estoy enfadado con ellos.

-Y yo un poco también. A Lily le queda sólo un año de colegio y a este paso va a pasarlo sola. Abogaré por ella, ella supo perdonar a Remus enseguida cuando él le confesó que era licántropo y le contó lo de la Casa de los Gritos.

-Tienes toda la razón.

-También lo hice por eso, ella también supo perdonarme enseguida en cuanto supo que estaba arrepentido. Hay que saber perdonar, vosotros dos me enseñasteis a hacerlo.

-Claro, Sirius, claro… Y ella fue quien me enseñó a mí, me supo perdonar cosas muy graves que nos pasaron al principio. Entonces… ¿tú ya has retomado la relación con ella?

-Sí, pero no puedo dedicarle mucho tiempo con todo lo que nos traemos entre manos. Yo también estoy ocupado, Sev, y ahora de locura con Deborah.

-Desde luego.

-Que no quiero perdérmela porque nos quedan dos meses.

-Luego viene el verano.

-Ya no si me dedico a la caza de Mortífagos.

-Claro, claro…

-Lo primero es lo primero, no voy a abandonar lo que ya tengo y lo que es primordial.

-Claro que no.

-Sigamos charlando de Lily. ¿Le digo algo?

-Buf… no sé… No, no le digas nada, ya lo haré yo.

-Sev, que no te quite el sueño.

-Está bien, no voy a pensar en ello. Dile que se atreva a hablarme, que charlaré con ella si quiere. Cuando lo haga iré viendo, con mucha calma.

-Mejor así, que sea ella quien se lo trabaje, es lo que le toca y está mucho menos ocupada que tú, tiene mucho más tiempo que tú de pensar.

-Eso.

-Y que no lo haga vinculándose contigo, que espere a verte en un entrenamiento, mejor en el del domingo que en el del sábado.

-Sí, el sábado será después de la orgía y por la tarde tengo a Lucius, que es más primordial para mí en este momento. No quiero pensar en ella el sábado.

-Muy bien, antes de dar el tema por zanjado, piensa en el futuro. Lily va a ser tu colega durante toda tu vida y más si llegas a director, si fueras sólo profesor no tendrías por qué tratar con ella, pero si eres director deberás hacerlo continuamente. Piénsalo muy bien, puedes echar atrás lo de su puesto como profesora, ella tendría profesión igualmente, va a sacar el TIMO de Medimagia este año como planeó en verano, y si no lo hace, tiene Pociones y Defensa también aparte de que quiere estudiar Filología, sus padres pueden permitírselo.

-Vale, vale…

-Y si Voldemort ya no está ya no corre peligro por ser hija de muggles.

-Claro que no.

-Por eso, eso también se lo he dicho, que no cuente con las cosas hechas que le facilitaste tú, no ha sabido trabajárselo.

-Tienes razón.

-¿Alguna duda?

-Sí. ¿Sabes algo de su familia?

-Además eso, que te ha hecho perder también la relación con su familia, después de lo bien que te trataron en verano. Casi nada nuevo, su hermana sigue estudiando segundo curso en la universidad y sus padres trabajando, su madre ahora a jornada completa en el ayuntamiento gracias a que Petunia la ayuda en casa y también tienen contratada a tu madre.

-Vaya… ahora está trabajando más.

-Sí, están obsesionados por ahorrar para sus hijas por si Petunia no consigue un buen trabajo cuando termine los estudios.

-Jo…

-¿Por qué no les escribes?

-Buf… Prefiero charlar primero con Lily.

-Sev, mantén tus relaciones separadas unas de otras, de lo contrario se estropean unas a otras, no deberías haberla perdido con ellos.

-Tienes razón.

-Ya te demostraron en verano que te querían por ti mismo.

-Cierto, cierto… Tampoco puedo permitirme tomarme mucho tiempo para escribir, a mi madre apenas lo hago.

-Pero a tu madre ya le escribe tu hermano y también le cuenta todo lo tuyo.

-Sí.

-Hazme caso, escríbeles antes de retomar la relación con Lily, que se den cuenta de que tú también los quieres por sí mismos. De lo contrario, si lo haces después de volver con ella quizá van a sentirse incómodos por haberlos abandonado durante tanto tiempo.

-Tienes razón.

-¿Alguna otra duda?

-No.

-¿Mas whiskey?

-Sí.

Sirius echó un trago en cada vaso y lo multiplicó, miró su reloj.

-Se nos ha pasado la hora de volver, el viejo debe estar subiéndose por las paredes pensando que nos han llevado al Wizengamot, seguro que ya está allí preguntando por nosotros – dijo Sirius.

-Cierto.

-Que le den, castigado por haber pensado en Lauren como agente doble, mi venganza personal.

-Claro que sí, y la mía, ya volveremos cuando nos aburramos.

-Que será nunca. ¿Vamos por comida para llevar antes de emborracharnos más?