La copa
Sev y Sirius volvieron al colegio justo a tiempo para la cena, borrachos como cubas, por Red Flu desde casa de Lauren. Albus los esperaba en el despacho y les dijo:
-Pero chicos… once horas de sufrimiento…
Se carcajeaban.
-Venga, Albus, cuéntanos, ¿has estado en el Wizengamot preguntando por nosotros? – le preguntó Sev.
-Desde luego que he estado, nada más almorzar.
Reían un montón.
-A mí no me hace gracia, he creado alarma sin razón, un cabo suelto.
-Pues no haber ido, ya nos conoces, estábamos celebrándolo.
-¿Ha salido todo bien?
-Redondo.
-¿Me enseñáis la copa?
-Sácala, Sirius y que la deshechice si está hechizada. No la toques con la mano, recuerda que puede tener encantamientos.
-Vale, vale… - dijo Sirius.
Sirius sacó el bolso de señora del bolsito hechizado y de éste la copa pescándola con la varita.
-Déjala sobre la mesa, Sirius – le dijo Albus.
Albus hizo unos pases sobre ella con las manos pronunciando palabras ininteligibles.
-Lo está, lo está, Geminio y Flagrante.
-¡Justo los que te decía yo! – exclamó Sev.
-Eres el más listo, Sev – dijo Sirius.
-Son los más habituales para proteger las riquezas de robos – dijo Albus – De esto deduzco que no los habéis puesto en marcha en la cámara, no habéis tocado nada.
-No, no hemos tocado nada. Estaba a la vista, nos ha bastado con que Sirius se subiera sobre mí para alcanzarla y hemos dejado otra idéntica en su lugar.
-Vaya… estupendo… Habéis mejorado el plan en el mismo momento.
-Sí.
-Ya me lo contaréis con detalle, he de bajar a cenar.
-Vale, vale.
-La deshechizo para que podáis guardarla.
-Estupendo.
Albus hizo unos pases y después dijo:
-Voy a probar a tocarla yo, no quiero que os queméis.
-Albus, si la tocas hazlo cogiéndola, por si tiene todavía el Geminio y no sabemos cuál es cuando lo hagas – le dijo Sev.
-No pasaría nada, se forman de oro leprechaun, desaparecerían en un rato.
-Vale, pero queremos llevárnosla ya.
-Vale, vale…
Albus tocó la copa cogiéndola por el asa y dijo:
-Deshechizada, podéis llevárosla.
-Estupendo. Sirius, al bolso.
Sirius la cogió y volvió a meterla en el bolso.
-¿Me convocarás una para el colegio? - preguntó Albus - Así ya completamos la coartada de la búsqueda en la Sala de Menesteres.
-Claro que sí, Albus. ¿Cómo andas con el diario?
-El sábado podrás llevarte el falso si tenemos antes una reunión para que te explique cómo funciona.
-Desde luego que la tenemos. ¿Cuándo?
-Cuanto más tarde mejor para tener más tiempo de estudiarlo, el viernes o el mismo sábado por la mañana si no asistes al entrenamiento.
-De acuerdo. ¿Cuánto tiempo necesitaremos?
-Con una hora nos llega.
-Muy bien, vengo entonces a la una menos cuarto, por ejemplo.
-Eso.
-Estupendo. Nos marchamos, Albus, ve a cenar.
-Hasta la próxima, chicos, buen trabajo.
-Somos unos ases.
Salieron del despacho y se dirigieron por el pasadizo a la Sala de Menesteres.
-Ahora vas a verlos todos, Sirius, las cuatro joyas, una gran fracción del alma de Voldemort, ya no sabemos cuánto porque no sé cuándo creó el diario en la línea temporal.
-Claro, claro… Vamos a llegar tarde a cenar y el viejo no es el único que debía estar preocupado, Lauren también debe estarlo.
-Lauren seguro que nos ha rastreado y sabe que estábamos en su casa.
-Claro…
-Y lo mismo Valerie, que sabía que tenía aventura hoy.
-¿Se lo has contado?
-Me ha sonsacado esta mañana porque hemos follado como locos y hemos llegado tarde a clase.
-Claro… Yo también lo hice anoche, la inminencia del peligro.
-Desde luego.
-¿Sabe de los Horrocruxes?
-No.
-Deborah sí, con ella sí que he podido hablar.
-Claro que sí, Deborah fue la cuarta persona en saberlo, se lo conté yo. Yo no voy a ir a cenar, ¿eh? No tengo estómago para meterme nada. Esto de poder multiplicar la bebida es mi ruina, debemos haber bebido un litro de whiskey cada uno.
-Ya te digo, mañana resacón.
-Voy a irme directamente a la cama, llevamos además cinco horas más en el cuerpo, para nosotros son las doce y media.
-Cierto, cierto… Yo también me voy a la cama y además voy a dormir en la casa Sly. Quizá no espere al año próximo para cambiarme de casa, lo haga ya mismo.
-¡Claro que sí, Sirius! Trasládate mañana mismo a mi dormitorio.
-Eso voy a hacer.
Llegaron a la Sala de Menesteres, demandaron el Aula de espionaje y entraron. Sev hizo aparecer el pequeño armario y abrió el cajón.
-Aquí los tienes, examínalos si quieres pero no te los pongas.
Sirius lo hizo, dejando el anillo para el final.
-Buaaah… la Piedra de la Resurrección…
-Y en tu bolso llevas la Capa de Invisibilidad.
-¿Qué dices? – muy asombrado.
-Lo que oyes. Que el viejo nunca lo sepa, él tiene la Varita Letal.
-¡Vaya tela! Las tres Reliquias en Hogwarts…
-Sí señor, desde hace casi un año ya.
-Buaaah… qué tentador…
-No, Sirius, no. No juegues con eso, con la muerte no se juega, ya estás viendo lo que le va a pasar a Voldemort.
-Cierto, cierto…
-Te he hablado de las Reliquias porque tarde o temprano te habrías enterado, Lauren también lo sabe. Sólo lo sabíamos nosotros dos por el momento, no se lo cuentes a nadie más.
-De acuerdo, Sev, de acuerdo.
-Y no te veas tentado, devuélvele la Capa a James. En cuanto destruyamos los Horrocruxes le dejaré al viejo usar la Piedra si no ha resultado destruida para que se reencuentre con la familia que perdió de joven, y la haré desaparecer para siempre.
-¿Cómo?
-No voy a contártelo.
-De acuerdo, Sev.
Sirius dejó el anillo en el cajón.
-De vuelta a casa te cuento una historia, la premonición de Lauren del cielo de los brujos, viviremos eternamente.
-Ya la conozco.
-Entonces no te veas tentado a jugar con la muerte. Yo llegué a pensar en crear un Horrocrux con el primer Mortífago a quien me cargara.
-¡Toma! Y yo pensaba hacerlo cuando matara a mi prima.
-Ni hablar, Sirius, perderías la mitad de tu alma, ya no resucitarías.
-Claro que no.
-Anda, guarda la copa y vamos, estoy reventado.
Sirius sacó la copa del bolso y la metió en el cajón, Sev lo cerró, desilusionó el armario y salieron de la Sala en dirección a la casa Gryff.
-Ya estamos un pasito más cerca, tenemos los cinco Horrocruxes en Hogwarts.
-Pues sí, qué satisfacción haber participado, gracias por elegirme, Sev.
-Gracias a ti por ser tan buen compañero, me arrepentiré toda la vida de no haber escapado montados en el dragón.
-Qué pena, sí, podríamos haberlo hecho.
-Eso sí que habría sido una aventura a todo lo grande.
Llegaron a la casa Gryff, Sirius pronunció la contraseña.
-Pasa, Sev, ahora no hay nadie, todos están cenando.
-Como si lo hubiera, me recibirían bien, me montarían una fiesta.
-Cierto, cierto…
Entraron a la casa Gryff.
-Acompáñame a mi dormitorio, así lo ves.
-Eso sí me apetece, ¿ves? Nunca he visto los dormitorios de otras casas.
Se dirigieron a las escaleras y las subieron.
-Te va a gustar el nuestro, es más acogedor que el tuyo.
-Vaya, ¿sí?
-Sí, las camas están más cerca.
-Buf… entonces no, menos intimidad.
-Claro, por eso quiero irme.
-Vaya… yo creía que era para estar con nosotros…
-También, también…
Llegaron al dormitorio de chicos Gryff de sexto.
-Oh… qué lindo. Es cierto que es mucho más acogedor, sobre todo por los colores, rojo y dorado de los doseles.
-Claro.
-Pero también es más pequeño. Es cierto que tenéis mucha menos intimidad con las camas dispuestas en rectángulo.
-Lo que te decía. ¿Quieres que te enseñe dónde escondíamos el Mapa?
-¡Claro que sí!
-Mira, aquí.
Sirius levantó una tabla del suelo.
-Hasta que Remus lo hizo desaparecer para que James no os persiguiera.
-¿James lo sabe?
-Claro que lo sabe.
-Claro…
-A estas alturas ya sí. Voy a guardar la Capa en su armario y a prepararme para la noche, campa a tus anchas.
-Vale, vale…
Sev fue a asomarse por la ventana.
-Qué vistas, qué envidia, en la casa Sly nunca las tendremos. ¿Sabes que quizá el viejo nos haga otra Sala Común encima de la nuestra, con vistas al Lago?
-Buaaah… maravilloso… ¿Este verano?
-Sí, si no hay guerra, claro, de lo contrario no tendrá tiempo.
-Buf… Lucius no puede fallar, ¿eh?
-No lo hará, ten por seguro que no. Ya me has dado más material para la canción que ya tenía escrita, Sirius, voy a tener que modificarla.
-¿Qué canción?
-La historia de los Merodeadores.
-¿Nos has hecho una canción?
-Claro que os la he hecho, seréis legendarios.
-Wooow… fantástico…
-Los animagos acompañantes del licántropo y creadores del Mapa que me salvó la vida.
-Maravilloso. ¿También cuentas que te acosábamos?
-No.
-Pues cuéntalo, Sev, cuéntalo todo, también era parte de nuestra identidad.
-No, haré otro tema aparte sobre eso, hablando también de la Casa de los Gritos, de que James andaba detrás de Lily y de que Pettigrew quería ser Mortífago. Serán las dos caras de la moneda, podrían salir como cara de un mismo sencillo.
-Cierto, muy buena idea.
-Se me acaba de ocurrir.
-Tienes material para años en tu cabeza, ¿eh?
-La vida de uno mismo, la mejor inspiración.
-Desde luego. Ya lo tengo todo, vamos, este bolsito es genial. Voy a quedármelo ya que el viejo no me lo ha pedido de vuelta, mañana hago la mudanza con él. Pregúntale cómo lo hechizó para hacerte uno para ti.
-Claro, claro…
Salieron del dormitorio y bajaron a la Sala Común.
-No habías visto la Sala Común de día.
-No, sólo de noche y vacía.
-A ver si montamos una fiesta los Gryff antes de fin de curso y te invitamos.
-Pero tú ya no vas a estar.
-Pero pienso seguir viniendo a ver a mis amigos, hombre.
-Claro, claro…
-Porque también voy a sentarme con vosotros en el Comedor.
-Claro…
-¿Qué te parece la Sala?
-También muy acogedora.
-¿Dónde te lo hiciste con Alice?
-En aquella mesa – se la señaló.
-Vaya… Donde me sentaba el año pasado a charlar con Lily.
-Ah, ¿sí?
-Sí señor.
-Jo… ahora me da rabia…
-¿Por qué?
-Te lo cuento de camino, quiero salir de aquí cuanto antes, me está dando muy mal rollo.
-Jo… Sev… no te agobies… es el pasado… Ya he metido la pata.
-No, Sirius, no. La metí yo hasta el fondo.
Salieron de la casa Gryff y comenzaron a bajar las escaleras.
-Comienzo por el principio. Cuando estaba sólo con Lily y soñaba con follar con ella imaginaba que nos lo hacíamos por todo el castillo, en nuestros lugares favoritos, como una manera de tener recuerdos especiales en ellos.
-Claro…
-Y cuando comencé a hacérmelo con Alice nos lo hicimos en todos esos lugares.
-Buf…
-Sí, Sirius, metí la pata hasta el fondo.
-Con la memoria fidedigna.
-Eso.
-Te Oblivio si quieres.
-Lo pensaré.
-No te culpes, Sev, fue culpa de Lily por fallarte. Tú no la habrías dejado, si hubiera sido la primera para ti lo habríais hecho.
-Yo también le fallé, Sirius.
-Pues sí, un poco también, porque la abandonaste durante mucho tiempo, por eso se colgó de mí.
-Cierto. Te sigo contando. Ahora me arrepiento mucho de haberme estrenado con Alice y haberle dado eso de mí mismo, lo mejor de mí mismo, todas mis primeras veces, no me merece.
-¿Por qué?
Sev le contó al pie de la letra su conversación con Alice del domingo en la playa, cuando lo rechazó. Cuando terminó Sirius le preguntó:
-¿Le explicaste que no podías follar porque te molestan los condones y te dejó tirado? Ya te digo que no te merece, y a mí tampoco. Pensaba seguir con ella de vez en cuando para que no quedara abandonada pero ya no más, y pienso decirle por qué. Otra que se va a quedar sola.
-Vaya...
-Qué perra, después de haberle dado eso de ti, lo que dices tú.
-Cierto. Y además, Jack me hizo ver que quizá me entró por ponerte celoso a ti.
-Buf… a estas alturas de la vida… Pues sí, quizá sí, Alice es muy boba para esos temas, nunca la habría invitado a una orgía.
-Cierto.
-Pero te resarciste, echaste dos y tuvo que verlo.
-Se apartó de todos cuando comenzasteis los demás, se puso a pelar cocos.
-Sí, pero se enteró de todo. Que se fastidie.
Llegaron a la casa Sly, entraron y se dirigieron a las escaleras.
-Vosotros ya no necesitáis contraseña, tenéis siempre la puerta abierta – dijo Sirius.
-Después del toque cerramos, pero sí, es así desde que echamos a los maléficos el año pasado.
-Otra cosa que me encanta de tu casa, abierta a cualquiera. ¿Quién lo habría dicho de los serpientes?
-¡Eh! ¡Eh! ¡Prince! – la voz de Valerie.
-Buf… - dijo Sev.
Se giró hacia donde la había oído, avanzaba hacia él.
-¡Cómo me has hecho sufrir…!
Se abrazaron.
-¿No me has rastreado, cariño?
-Para cuando se me ha ocurrido ya llevaba horas padeciendo.
-Jo… había quedado contigo después de clases…
-Claro, Prince, pero ya he estado pasándolo mal por la mañana por si se creaba una paradoja y no aparecías a almorzar, y después durante toda la tarde, hoy no me he enterado de nada en clase.
-Buf…
-Es que me cuentas las cosas a medias, me follas y no me explicas nada…
-Tienes razón… He debido contártelo o al menos volver más temprano, pero todo ha salido redondo y estábamos celebrándolo.
-¿Sirius también estaba metido en el ajo?
-También.
-Buf… si llegáis a caer los dos… Yo era quien más merecía saber, Prince, os amo a los dos.
-Tienes toda la razón. ¿Quieres dormir conmigo?
-¿Dónde? ¿En la Sala?
-No, aquí, ya no vuelvo a subir al séptimo, y voy a meterme ya en la cama. Hoy también hemos tenido cinco horas de Giratiempo, y ocho de borrachera.
-Buf… Venga, sí, duermo contigo. A ver si duermo, ¿eh? Voy a mi cuarto por un libro por si no puedo dormir mientras te preparas.
-Vale, vale…
-Ve subiendo. ¿En tu cama pequeña?
-Sí.
-Nos vemos enseguida.
Sev subió las escaleras, Sirius no lo había esperado.
-Sirius, iba a dejarte mi cama pequeña pero no hoy, a partir de mañana. Hoy voy a dormir en ella con Valerie.
-Ni hoy ni nunca, Sev, cojo cualquier otra. Hay muchas, prefiero apartada de la puerta.
-Vale, vale…
-Claro, quédatela para cuando no te apetezca ir a la Sala o no tengas tiempo como hoy. Todas tus amantes son serpientes, no tienes por qué salir de casa para estar con ellas.
-Cierto.
-Ya me fijo yo en qué mesillas están libres para no meterme en la de Anthony o Jack, no te preocupes más por mí. Como sueles decir tú, cada uno a lo suyo, ya nos ha llegado de estar por hoy.
-Vale.
-Si no estuviera tan reventado me vinculaba con Deborah o Lauren para dormir con ellas, pero quizá estén en la Biblioteca o entrenando.
-Cierto.
-Mejor, señal de que no están preocupadas, ni siquiera voy a rastrearlas.
-Haces bien. Buenas noches, Sirius.
-Buenas noches, Sev.
Fue al baño, cuando volvió a su cama pequeña, Valerie ya estaba allí.
-¿Quieres que aumente la cama, Prince? – le preguntó.
-¿Sabes hacerlo con dosel y todo?
-Desde luego, lo hice con la de mi dormitorio y con la de Andrew.
-Vale, sí, maravilloso…
-Porque ya somos muy grandecitos. A mí me gusta dormir acompañada en cama pequeña, ¿eh? Pero Deborah se quejaba cuando me lo hacía con ella, y con Andrew no cabíamos bien.
-Venga, hazlo.
-Allá voy, vas a ver qué espectáculo.
Valerie aumentó la cama ante sus ojos.
-Maravilloso.
-¿Te ha gustado?
-Mucho.
-¿Me dejas que te desnude?
-Desde luego.
