Este es el penúltimo capítulo antes del final.

Dado que el siguiente capítulo no tendrá comentarios de autor, tal vez debería dejar la pregunta en el aire…

¿Será el final?...¿O el principio?

Gracias.

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ADVERTENCIA: Este fic está inspirado en MSLN, y está clasificado M, por contenidos y situaciones que pueden ser muy fuertes y/o violentas para algunos lectores; así como escenas íntimas de carácter sexual. Estas escenas pueden ser femslash, F/F o F/M. Se recomienda la discreción del lector. Si este tipo de contenido no es de su agrado, por favor no lo lean.

DISCLAIMER: Los personajes de Magical Girl Lyrical Nanoha no me pertenecen y son propiedad de sus respectivos autores. Todas las situaciones y personajes presentados en esta historia son ficticios, cualquier parecido con situaciones o personajes reales, históricos o presentes, no es en absoluto intencional.

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"Ultrasecreto"

por Aleksei Volken

Capítulo 4. La Verdad.

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"Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería."

Otto Von Bismarck.

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Afueras de Kingshill, Aurelia, Dia 09, Primer mes, 2010.

Mylene y Momoko estaban recostadas sobre una abrigadora piel que habían conseguido en el último pueblo donde se habían detenido, al cobijo de un hermoso, frondoso y enorme árbol. El espécimen arbóreo había llamado la atención de Momoko desde que se acercaban a esa zona ya que sobrepasaba en altura a todos los árboles de los alrededores y pese a ser invierno, conservaba la mayoría de su follaje, mismo que era de un tono totalmente atípico para la zona y para la estación. Las hojas del árbol oscilaban entre tonos naranja atenuados, ocres, marrones e intensos rojos oscuros avinados.

Momoko había visto esos tonos en algunas zonas boscosas durante el otoño, pero en esa zona estaban en una frontera agreste, semiárida.

Ese árbol, sin embargo, no era típico de un bosque caduco. Mucho menos era un pino.

No se parecía a ninguno que hubiera visto en su vida ya que de su grueso tronco veteado con los mismos tonos de sus hojas, salían varias ramas gruesas que se extendían, sinuosas y fuertes como brazos haciendo que el área de cobertura de la irregular copa, fuera bastante más amplia de lo habitual.

Conforme se acercaban a esa zona con el sol descendiendo por el horizonte, su tono iba resaltando cada vez más, atrayendo la mirada de Momoko quien convenció a sus acompañantes de hacer su campamento cerca de él.

Cuando cayó la noche y las estrellas brillaron en el cielo, observarlas a través de los espacios de las ramas y las hojas rojizas fue casi mágico.

Ese árbol, parecía un trozo de magia ahí en la mitad de la nada y Momoko se sorprendió de encontrar que una parte de su ser, se conmovía ante la vista de ese majestuoso árbol.

Incluso en las difíciles condiciones en las que se encontraban, la vida les ofrecía un breve remanso de belleza indescriptible y paz.

Uno que podía compartir con otro ser que era igual de excepcional y atípico que ese árbol.

Momoko y Mylene estaban desnudas y cubiertas con las capas que habían usado desde su salida de la cabaña en las montañas, varios días atrás. Esa noche, particularmente clara y no tan fría como las de Leasath, al cobijo de ese árbol mágico, la agente pelirroja literalmente había arrastrado a Mylene para que hicieran el amor bajo su copa y después, se habían quedado abrazadas, en silencio bajo su frondoso cobijo.

Esos momentos de sútil intimidad compartida, era algo que Momoko no solía hacer con sus amantes pasajeros.

Aunque en realidad, Mylene no era "su amante" en el sentido estricto de la palabra.

Era su misión.

Una misión que había tomado un "curso" totalmente inesperado y se había convertido en algo más.

En mucho más.

Los últimos dos días desde que salieron de Okravian habían sido intensos y no habían tenido oportunidad de compartir íntimamente de "esa" forma. El joven enviado de Kirie, había mantenido un ritmo despiadado y los había hecho dar un rodeo que le había agregado más de dos días a su camino. Sin duda, había sido mucho más largo y agreste de lo que originalmente habían planeado pero les había dado ventaja.

Nadie los había emboscado inesperadamente...aún.

De acuerdo a lo que Golgo les había dicho, eso cambiaría cuando llegaran a la zona del puerto de Kingshill.

Pero aún así, la ruta de Golgo les daría un factor sorpresa inesperado, ya que llegarían como provenientes de otra ciudad y no de Okravian.

Las ciudades portuarias como Kingshill que, además de todas las actividades típicas de los puertos, tenían tratos comerciales y oficinas gubernamentales fronterizas, siempre tenían un bajo mundo bullante y peligroso. Momoko y Mylene habían contado con ello para poder huir de Leasath. Pero seguramente esa estrategía, también podría ser usada por sus perseguidores para cercarlos.

Golgo les había "propuesto", aunque no estuvo a discusión, tomar un camino diferente para llegar ya como "ciudadanos Aurelianos" a su plan de escape. Un contacto les daría papeles "oficiales" antes de entrar a la ciudad y eso facilitaría que pudieran embarcarse en un buque comercial, al menos como migrantes y no como ilegales.

De acuerdo a lo que Golgo muy escuetamente les dijo, solamente Kirie, con ayuda de su padre, había preparado todo con anticipación para Momoko y Mylene. Nadie en el Buró tenía conocimiento de ese curso de acción. Ni siquiera Midget Crowbel.

Sin embargo, nadie contaba con la inesperada presencia del sargento Shiro Takamachi.

Golgo quería dejarlo amarrado, a mitad de una de las zonas desérticas que atravesaron y que se las arreglara como pudiera.

Aunque el silencio de Mylene indicaba que lo había considerado como una posibilidad, su mirada le decía a Momoko que ella hubiera preferido una acción más "drástica".

Momoko dudaba.

Aunque el francotirador podía ser un idiota y su misión había sido matarla...era su camarada. Pertenecía al ejército de Midchilda, el hombre tenía aún la ingenuidad suficiente para "creer" en su misión. Para creer que lo que hacía y lo que había estado a punto de hacer, era por el beneficio de su país.

Y además estaba "ese" detalle.

Por ratos, la miraba como un cachorrito perdido.

Una parte de ella se sentía mal de que esa, su primera misión, fuera la última.

Y por ello, en vísperas a su llegada a Kingshill, habían retrasado su entrada a la ciudad mientras Golgo, conseguía papeles también para él pese al riesgo que eso implicaba.

Nadie en Midchilda, ni por parte de Momoko y por parte de Shiro sabrían, que iban a regresar juntos.

Mientras Golgo se dirigía a la ciudad por los papeles, los tres fugitivos se quedaron en las afueras "disfrutando" de una última noche de calma; Shiro amarrado a su árbol como siempre, mientras Mylene y Momoko yacían juntas en ese frondoso árbol que había cautivado a la pelirroja, después de hacer el amor bajo las estrellas.

Momoko no podía evitar pensar que nunca había vivido un momento "romántico" como ese con nadie más.

De hecho, no había vivido muchas de las cosas que había vivido con Mylene en esos pocos días, con nadie más.

Ninguna de las dos quería romper ese momento que parecía casi mágico, como de una realidad diferente a la que enfrentaban, y tampoco querían hacerse muchas preguntas sobre lo que pasaría después y por ello, solo se abrazaban en silencio.

− ¿Todavía sigues pensando que Takamachi puede serles de utilidad?,− preguntó Mylene propositivamente en tercera persona, poniéndose sobre su costado para deslizar sus dedos sobre la piel de los senos de Momoko, que pese al fresco de la noche, la pelirroja mantenía descubiertos. La agente estaba plácidamente recostada sobre su espalda mirando hacia el cielo a través de las ramas y el follaje,con los brazos detrás de la cabeza, como hace uno cuando se recuesta en el pasto durante un día hermoso y soleado...y no tiene ninguna otra preocupación.

Momoko no respondió pero se movió para que la cabeza de Mylene se apoyara en su hombro y su brazo, pudiera extenderse sobre los blanquísimos hombros de la rubia.

En su nueva posición, Mylene continuó acariciando los senos y el torso de Momoko, hasta deslizarse por su abdomen y sus muslos.

− No puedo dejar de pensar que él es una pieza clave del rompecabezas que vamos a necesitar…,− dijo Momoko acariciando a su vez el hombro de Mylene, − Sé que es un riesgo, pero creo en lo que te decía antes… Ellos esperan que nos matemos los unos a los otros. No esperan que trabajemos juntos.

− El Mayor riesgo es que Kobayashi SI haya sido quien le encargó la misión, Moka-chan...porque en ese caso, tanto Midget como tus amigas Kirie y Hiraki, correrán un gran peligro,− apuntó Mylene con preocupación, − Por no decir del peligro que correrás tú...

Momoko se incorporó ligeramente para mirar a la rubia a los ojos con intensidad.

− ¿Eso significa que estás preocupada por mí?,− preguntó Momoko con una sonrisa ligeramente provocadora en los labios mientras miraba seductoramente a la otra agente.

Era un juego peligroso, pero no podía evitarlo.

Mylene había resultado una sorpresa mayúscula en todos los sentidos.

La respuesta, seria y contundente de Mylene, le causó una ligera conmoción a la agente.

− Mucho...estoy muy preocupada por tí...Momoko…

Que no le dijera "Moka-chan" con esa desfachatez que había ostentado desde el principio conmovió a la pelirroja.

Y también consiguió que su excitación se desbordara nuevamente.

Eso era algo que no le pasaba a menudo.

Inclinándose, Momoko capturó nuevamente los labios de Mylene descubriendo que necesitaba esa cercanía física y sexual con ella.

La necesitaba con una intensidad que le resultaba abrumadora.

Tal vez era la inminencia de la llegada al punto más peligroso de su jornada, tal vez era toda la incertidumbre y adrenalina de los días que habían pasado juntas, tal vez era la certeza del peligro que enfrentaban...Tal vez era todo a la vez, pero Momoko sentía como si esa noche, fuera la última noche de su vida y más allá de todas la vicisitudes de su plan, su cuerpo quería una sola cosa.

Llenarse de esa mujer-misterio a su lado.

Esa ronda amatoria fue tan larga que, cuando por fin se separaron, las estrellas incluso habían cambiado de posición en el cielo.

Momoko, muy laxa y satisfecha estaba a punto de acomodarse esta vez ella, en el hombro de Mylene cuando la rubia la detuvo, deslizando una larga cadena metálica con unas placas militares por su cuello.

La pelirroja las miró extrañada. En la oscuridad no podía ver a detalle el grabado en las placas.

− Esas...− dijo Mylene, − Son mías…

Momoko contuvo una expresión de sorpresa.

− ¿Estuviste en el ejército?...¿En tu país?,− preguntó Momoko tratando de identificar el país de origen. Ella siempre había sospechado que Mylene no era en realidad, nativa de Leasath pero tampoco habían hablado de su nacionalidad.

− He estado en muchos ejércitos,− respondió Mylene, críptica como siempre, − Esas no corresponden a un país en particular, son mías… y son especiales...Guárdalas contigo...Guárdalas por mí...Cuando lleguemos a Midchilda, cuando estés a salvo de todo esto, te lo explicaré todo…¿Harías eso por mí?

La mirada de Mylene era tan intensa al pedirle eso a Momoko, que la agente Midchildiana no pudo hacer más que asentir.

− Wow, yo pensaba que era un regalo amoroso y a continuación, me pedirías una prenda a mi…,− dijo Momoko con una sonrisa tratando de aligerar el ambiente que de pronto parecía demasiado denso.

Y para su sorpresa, Mylene continuó en la misma actitud solemne que nunca le había visto en ese corto, pero intenso período de tiempo que tenía de interactuar con ella.

− Lo es...aunque no lo parece, es un regalo de amor...Y no necesito uno, tú ya me has dado el mayor regalo Momoko...Sin importar lo que pase mañana o los días posteriores, debes hacer lo que sea necesario para llegar a Midchilda...con nosotros… conmigo...o sola, ¿Entiendes?

Esa afirmación ya no le gustó nada a la pelirroja.

− Mi misión es que ambas regresemos,− dijo Momoko con obstinación, al tiempo que soltaba las placas para acariciar el rostro de Mylene.

Hasta ese momento, Mylene sonrió.

− Lo sé… y sé que harás hasta lo imposible porque eso suceda, sin embargo...Hay algo que es mucho, mucho más importante que eso…,− continuó Mylene con un tono más ligero, − Y es algo que sólo TÚ puedes hacer y es, llegar a Midchilda...con esto…

Entonces Mylene se estiró y sacó de sus ropas un pequeño dispositivo metálico, en forma de cajetilla de cigarrillos pero más pequeño y delgado, y lo extendió hacía Momoko.

La agente miró el dispositivo.

Nunca en su vida había visto algo como eso.

Y Kirie se aseguraba que tuviera LO ÚLTIMO y lo más avanzado en tecnología a su disposición.

− Midchilda tiende a pensar que tienen la prerrogativa en las invenciones innovadoras pero déjame decirte que no son los únicos,− apuntó Mylene con una sonrisa franca, − En tecnología, tenemos una carrera cerrada…

− ¿Qué rayos es esto Mylene y, cómo vamos a usarlo si es TAN avanzado?,− preguntó Momoko aún sin decidirse a tomar el objeto.

− Midchilda ya tiene unidades de almacenamiento digital, solo que no son tan portables como esta,− explicó Mylene todavía sonriendo., Momoko lucía muy hermosa así, desnuda y desconcertada, − Te aseguro que tu amiga Kirie encontrará la forma de usarlo. Lo difícil no será acceder a la información, lo realmente difícil será, desencriptarla...

Momoko tomó el pequeño dispositivo con lentitud.

En el fondo odiaba que Mylene hiciera eso esa noche y peor aún, en esos momentos...

No quería pensar en lo que pasaría al día siguiente. Mucho menos quería pensar en la posibilidad de llegar sola a Midchilda.

− ¿Es….?

Mylene asintió.

− Son todas las pruebas que extrajimos de Vergeltungswaffe,− confirmó la rubia; y tan pronto como la mano de la pelirroja tomó el dispositivo, las dos manos de Mylene sostuvieron la de Momoko y su expresión se tornó nuevamente seria, − Yo tengo una copia también... y hay algo muy importante que debo decirte, Momoko…

La pelirroja frunció ligeramente el ceño. No tenía mucho tiempo de conocerla pero Mylene no solía expresar esas preocupaciones. Y después de TODO lo que habían pasado ya…¡La había hecho saltar al vacío desde más de 10,000 metros, para después, hacer lo mismo por un precipicio en la oscuridad total, por todos los dioses!... La había mantenido en ascuas durante horas sobre la clase de peligros que enfrentarían y ahora, ¿estaba preocupada?

Mylene alcanzó a esbozar una sonrisa ligeramente triste.

− Sé que no he sido la mejor compañera de misión...Tenía que hacerlo así, tu no me conocías, yo no te conocía y no sabía... de lo que eras capaz. Cuando te ví la primera vez, cuando recién te registraste en tu hotel en Griswall, lo sentí en lo profundo de mis entrañas… pero no podía tan solo dejarme llevar por mi instinto, tenía que probarlo...− dijo Mylene con la misma expresión y su mirada pasó de los ojos de Momoko a la mano que sostenía, − Ahora sé de lo que eres capaz...en todos los aspectos. Ahora sé que eres excepcional y sé PORQUE Shiro tenía instrucciones de matarte…

Esa expresión de absoluta certeza dejó a Momoko momentáneamente muda.

− Eres muy peligrosa para ellos,− continuó Mylene, − Ellos lo saben y por eso debes recordar siempre lo que es verdadero. Esto que sentimos; lo que tu eres en la fibra más íntima de tu ser, más allá de tu deber como agente, de tu lealtad...Eso que te hace ser "Momoko", ES verdadero y debes aferrarte a ello...Debes aferrarte a tu esencia. Y pase lo que pase...tienes que vivir y salir de Kingshill a como dé lugar porque solamente tú, puedes encontrar la verdad.

Momoko pasó del enmudecimiento al desconcierto.

− ¿De qué estás hablando Mylene?...¿Quién demonios son "ellos"?...Y, ¿no te parece que estás depositando unas expectativas demasiado altas en mi?,− dijo Momoko sosteniendo el pequeño dispositivo de Mylene entre ellas, − Yo solo soy una agente, no soy quién determina la verdad de nada.

Mylene meneó la cabeza negativamente.

− Hasta que sabes que una mentira es mentira, es la verdad...lo que vemos en esos archivos, no es la verdad Momoko, esos son hechos pero hasta no saber las motivaciones, las verdaderas motivaciones que los originaron, los agentes, como tu y como yo, estamos viviendo una mentira.

Momoko se mantuvo en silencio. Ella nunca se había cuestionado la veracidad de las instrucciones que recibía. Ni la veracidad de las motivaciones. Hacían lo que hacían porque era lo que su país necesitaba. Alguien más tenía la responsabilidad de esas decisiones. Ello solo ejecutaba con eficiencia, lealtad… y algo que quizá se parecía a la fé.

Fé en la incondicional e incuestionable capacidad y sentido de justicia de Midget Crowbel. Ella era su faro en ese océano tormentoso de las misiones de inteligencia.

− No podemos ser solo herramientas en manos de otros, no podemos actuar a ciegas, ni vivir en una mentira,− continuo Mylene haciendo que Momoko sintiera un nudo en el estómago, − Eso siempre tiene un costo muy alto para la inocencia, y también para la verdad. No podemos elegir quién o qué somos cuando nacemos, pero sí podemos decidir en qué nos convertimos. Sin importar la clase de persona que seamos, NADIE puede decirnos la verdad...Debemos descubrirla por nosotras mismas. TÚ debes descubrir la verdad por tí misma, porque sin importar quién o qué seas, la verdad se derivará de tí. Cada ser debe encontrar su propia verdad, porque cada uno de nosotros cargará con ella.

Mylene hizo una pausa observando a Momoko y en un arrebato, se inclinó para besarla en los labios, deseando poder transmitirle en ese gesto todo lo que no podía decirle con palabras.

Cuando se separaron, Mylene continuó sin dejar de acariciar el rostro de Momoko con extraordinaria suavidad y ternura.

− Ojalá pudiera decírtelo con certeza. Momoko...Ojala pudiera decirte Él, es tu enemigo…,− dijo con serena resignación, − Pero tengo dudas, viendo las pruebas que vimos, tengo mis sospechas pero no puedo apuntar con total certeza hacia alguien en particular. Después de lo que Shiro nos dijo, creo que el General Kobayashi es una de esas personas, pero es muy pronto para asegurarlo. De lo que sí tengo certeza, es que no se trata de una sola persona. También tengo la certeza que no se detendrán ante nada para alcanzar sus objetivos y que esto que vemos, es como una partida de ajedrez; los primeros que se mueven SIEMPRE son los peones...Recuerda lo que te dijo Midget cuando empezamos esta misión.

"No confíes en nadie".

Momoko lo recordaba con prístina claridad y difícilmente había podido pensar en nada más desde que Mylene les mostró el contenido de esos archivos.

− Aún no vemos al verdadero enemigo..."El Rey" de nuestro oponente está perfectamente resguardado y protegido por un manto de perniciosa invisibilidad,− dijo Mylene. Momoko ya sabía que a la rubia le gustaba el ajedrez tanto como a sus amigas. Ella no era fan del juego pero podía entender que aplicaba a la perfección en la situación que vivían.

Midget no se lo había dicho específicamente que no confiara en nadie, pero se conocían de tantos años que ella lo había leído claramente entre líneas, con todo lo que su mentora le había dicho.

Y por lo visto, Mylene lo había entendido así también.

− Aunque ese chico sea el enviado de tu amiga Kirie, si hay una oportunidad, por pequeña que sea debes ir por ella sin esperar por nadie más,− la mano de Mylene apretaba el brazo de Momoko mientras hablaba con tal fuerza de pronto que la pelirroja jadeó ligeramente, − Lo siento, en verdad...Momoko, promételo por favor...Promete que harás todo lo necesario para llegar a Midchilda.

Momoko sabía que escapar de la "Staatssi", la oscura policía secreta de Leasath Oriental no era trivial. Sin duda, todos los cazadores que estaban tras ellos, barrerían todas las posibilidades y Kingshill era una de ellas, no tenía dudas; especialmente después del despliegue militar y policiaco para su búsqueda que habían podido ver en las noticias.

Eso no era lo que preocupaba a Momoko.

Durante todos esos días, incluso antes de que Golgo llegara, ella sabía que estaban en un gran peligro. Así como sabía en esos momentos que lo seguían estando.

Su faro en la oscuridad durante esos días y horas de incertidumbre, había sido la inquebrantable seguridad y certeza de Mylene. Su cálida serenidad en cualquier circunstancia.

Ahora de pronto, sentía como si esa certeza de resquebrajara como una capa de hielo delgado y frágil.

− Mi fé y mi confianza en tí no han disminuido un ápice,− aclaró Mylene leyendo todos los sentimientos de Momoko en su rostro, − Al contrario, tengo la total y absoluta certeza de que puedes hacerlo...Sola...Siempre lo has hecho así...Eres "Icebreaker" por una razón...

Esa certeza en la mirada de Mylene hizo que Momoko se ruborizara un poco.

− Y por eso mismo, no debemos engañarnos Moka-chan, ni hacernos falsas expectativas. Si hemos tenido éxito hasta el momento, es porque hemos tenido planes de respaldo dentro de los planes de respaldo; hemos sido completamente impredecibles y... hemos tenido mucha suerte… Pero ya no es así. Nos meteremos en una emboscada, en el momento que pongamos un pie en Kingshill. La ciudad entera, estará esperando por nosotros,− la certeza en la voz de Mylene era absoluta, así como la determinación en su mirada, − El plan de Golgo de llegar a ese barco que ya tiene arreglado es loable, ojalá lo consigamos pero…

Momoko suspiró y finalmente se relajó, cerrando los ojos.

Mylene tenía razón.

− No pasar por Kalana, nos ganó este par de días...pero solo eso,− dijo Momoko reconociendo lo que su instinto y su experiencia le decían que era la realidad, − Si no pueden atraparnos antes, van a esperarnos en los puntos de conexión…

Mylene asintió lentamente sin dejar de mirarla.

En el fondo, aún en medio de la huida, ella no quería que ese extraño y desconocido remanso de...lo que sea que tuvieran, terminara.

Momoko sabía que tenía que dejar de comportarse como una adolescente en una escapada de fin de semana y empezar a pensar como la agente de élite que era.

− Seguiremos el plan de Golgo, pero si algo...cualquier cosa sale mal, debemos tener opciones,− insistió Mylene.

− ¿También tienes un plan de respaldo para esta situación?,− preguntó Momoko abriendo los ojos y aun a su pesar, sacudiéndose la laxitud que le había dejado su sesión amorosa.

− El plan que ya teníamos antes de encontrarnos con Golgo…

− Golgo tal vez nos salvó Mylene,− la interrumpió Momoko, − Estoy segura que ese coyote nos había vendido.

− Seguramente, eso tal vez habría precipitado nuestra situación, hemos ganado más tiempo, pero aun no tenemos la certeza de que este nuevo curso de acción saldrá bien,− argumentó la rubia, − El plan que ya teníamos sigue siendo vigente y tengo un par de opciones más que podemos considerar…

Finalmente, Mylene sonrió como lo había hecho esos días, aunque le dolía tener que hacerlo en esos momentos, necesitaba a Momoko fría, centrada y concentrada. Necesita a la implacable agente de élite que podía ser.

Tenía que asegurarse que Momoko llegara a Midchilda, al costo que fuera.

− Repasemos un par de cosas, solo para estar seguras,− dijo Mylene sacando un pequeño mapa y una pequeña linterna de sus ropas, que estaban apiladas junto a ellas, − Después...te haré el amor una vez…. y creo que ya podremos dormir…

Momoko contuvo su expresión de asombro.

− Después de eso, no nos quedará nada de tiempo para dormir…

− Entonces solo te abrazaré hasta el amanecer,− dijo Mylene con una sonrisa al tiempo que extendía el mapa y comenzaba a darle indicaciones e instrucciones precisas a la pelirroja.

-X-

Ciudad de Kingshill, Aurelia, Dia 10, Primer mes, 2010

Momoko nunca antes había estado en Kingshill.

La ciudad no había quedado dentro del radio de acción de las misiones que había tenido asignadas hasta la fecha.

La ciudad estaba a la orilla del mar se encontraba lo suficientemente lejos de la "Zona Durand" y era lo suficientemente importante en las operaciones comerciales de Aurelia con otros países de la zona como para tener una organización, tanto gubernamental como criminal, eficiente.

La corrupción permitía ese tipo de simbiosis extrañas en esa clase de ciudades. Por un lado, había un Alcalde, una junta de consejeros que funcionaba como un congreso local, un departamento de policía estatal, guarniciones militares, aduanas, oficinas de migración, entre muchas otras operaciones que eran necesarias para las operaciones comerciales y ciudadanas.

Pese a lo anterior, las mafias más notables del planeta tenían células de operación muy activas en la ciudad. Las operaciones ilícitas de la ciudad estaban divididas entre los Qing Long Tang, los letales "Vory" de la mafia yuktobana y dos de las facciones más grandes de la mafia Verusa controlaban las operaciones de tráfico de todo tipo, drogas y armas.

Después del gran rodeo de la ruta de Golgo, ellos no entraron por la vía de Kalana sino por otra ciudad que quedaba incluso fuera de la "Zona Durand", como si llegaran de Tyron, otra de las ciudades Aurelianas.

Esa inversión de tiempo y de ruta significaba que llegaban no como migrantes ilegales y desesperados huyendo de la guerra fronteriza con Gunther, sino como migrantes del interior del país en búsqueda de oportunidades.

Golgo, Mylene y Momoko acordaron que lo mejor, sería que ambas dejaran sus caracterizaciones masculinas y los cuatro viajaran como dos matrimonios de clase media baja Aureliana que se embarcaban en un viaje de búsqueda de oportunidades juntos.

Cuando Golgo regresó en la madrugada a la zona de su campamento, llevaba además de los papeles de identificación falsos para Shiro, ropa limpia para todos.

Momoko y Golgo formarían una de las parejas, mientras que Mylene y Shiro caracterizarían a la segunda pareja.

Shiro había querido ser la pareja de Momoko, dadas las similitudes de su acento pero ni Golgo, ni Mylene aceptaron.

− Si te pasas de listo, nuestro divorcio puede ser muy abrupto, Shiro-kun,− le advirtió Mylene ya que estaban en las afueras de la ciudad y apunto de tomar el transporte que les llevaría hasta la zona del puerto.

Shiro no había tenido armas a su alcance en ningún momento del viaje, Golgo sólo llevaba una pistola automática, todas las demás armas se habían concentrado en Mylene y Momoko, con la fortuna que no habían tenido que usarlas.

Pero no podrían conservarlas mucho más tiempo.

− Esperemos hasta llegar a la zona de embarque,− sugirió Golgo poco antes de subir al autobús que los llevaría hasta la ciudad. Él había decidido no usar su tradicional revólver para esa misión, sino una automática y desde el principio notó el conjunto completo de armas que las dos agentes cargaban consigo.

Como "ciudadanos Aurelianos", habían entrado a la ciudad en un autobús.

Sus billetes de viaje indicaban que habían salido desde Tyron, una ciudad del interior de Aurelia, aunque el conductor les había permitido subir apenas en las afueras de la ciudad y les permitiría apearse en la modesta terminal de autobuses foráneos.

Ahí las dos parejas, ataviados con la ropa tradicional de las montañas aurelianas, pisaron por primera vez el terreno de Kingshill.

Desde ahí debían decidir que ruta seguir hasta el puerto, donde su destino final era el área de operaciones y embarque de "Maritime Transocéanique", una empresa naviera internacional para transporte de carga que tenía entre sus servicios, la posibilidad de incluir pasajeros civiles en sus travesías.

El giro comercial de la empresa naviera era el transporte de carga, pero incluir pasajeros abría toda una gama de posibilidades para todos.

Momoko ya lo había considerado como una posibilidad y de hecho, no era la primera vez que usaba ese tipo de servicios. Lo que no sabía, era que las conexiones familiares de su amiga Kirie llegaban hasta ese nivel para arreglar su viaje con tal celeridad, en las condiciones en las que se encontraban.

Esa opción de viaje era factible, pero no era rápida de arreglar. Y mucho menos de llevar a cabo.

Para muchos jóvenes hippies y rebeldes, era una forma relativamente barata de conocer el mundo por barco y vivir una experiencia única.

Para inmigrantes con escasos recursos, era una forma de viaje accesible y hasta cierto punto, mucho más segura que arriesgarse con otras formas de transporte ilegales.

Y finalmente, para personas como ellos, era una oportunidad de despistar a sus perseguidores.

Pero para conseguirla como la necesitaban, se requerían contactos confiables.

Y al parecer Mylene y Golgo los tenían al por mayor. Ya con los boletos para su viaje a Danern expedidos, solo necesitaban una validación final al llegar en la aduana del puerto para poder abordar.

Durante su cuidadosa planeación, Golgo, Mylene y Momoko coincidieron en que la etapa más peligrosa sería justo a su llegada al puerto.

Si lograban pasar la revisión aduanal y entrar a la zona de operaciones de MT, podrían por fin tomar el control de su camino fuera de las garras de la "Staatssicherhei".

La terminal de autobuses se encontraba a la mitad de una caótica zona comercial conocida como el "Mercado" donde muchos comerciantes, formales e informales, ofrecían toda clase de productos, en todos los lugares. Era el sitio ideal para perderse en la multitud y pasar desapercibidos.

De acuerdo con los preparativos de Golgo, un discreto vehículo local estaría esperándolos, estacionado en una callejuela cercana.

Si en efecto el vehículo acordado estaba a su disposición, nunca lo supieron ya que nunca pudieron llegar a él.

Tan pronto los cuatro salieron de la terminal, así en medio de los ríos de gente y vehículos que atestaban las calles y las aceras, la emboscada se cerró sobre ellos implacablemente.

Fracciones de segundo antes de que las primeras atenuadas detonaciones se escucharan, Mylene jaló a Momoko con brusquedad para que ambas pudieran cubrirse detrás de un camión de comida rápida.

− ¡Francotiradores!,− les gritó a sus dos acompañantes para después apretar el brazo de Momoko con un susurro apenas audible, − Nuestro Plan B, Moka-chan…pase lo que pase…

Los cuatro ya habían acordado que tratarían de mantenerse juntos en el caso de alguna eventualidad, pero esa "eventualidad" los estaba rebasando.

Las ráfagas de disparos de armas automáticas se sucedieron sobre ellos como si la calle estuviera vacía y en un segundo, el caos y el terror se desató.

Cientos de personas corrían aterradas tratando de encontrar resguardo y muchas caían al piso, abatidas sin ninguna consideración por parte de los atacantes.

Momoko y Mylene sacaron de debajo de sus largas túnicas sus rifles de asalto MP5K y comenzaron a devolver el fuego a las posiciones que identificaron mientras avanzaban sobre la calle cubriéndose con lo que podían a su paso, automóviles, puestos ambulantes, mercancías.

Aun en medio del caos, Momoko notó que la precisión de disparo de Mylene, era letal.

Eso les permitió avanzar lo suficiente para salir del cerco inicial.

Mylene avanzaba a la cabeza con Momoko y Shiro, aun desarmado siguiéndolas, mientras que Golgo, quién tenía una eficiencia de disparo idéntica a la de Mylene, cerraba el grupo.

Pese a las bajas que habían causado en sus atacantes, que les disparaban desde diferentes posiciones elevadas en los edificios cercanos, el asedio sobre ellos no se detuvo.

Los cuatro siguieron avanzando en una precaria y apresurada pero todavía ordenada formación militar, con los disparos cayendo sobre ellos.

− ¡Denme una maldita arma!,− gritó Shiro en cierto momento, frustrado de no poder hacer nada, sintiéndose una carga...y un estorbo.

Pese a la mirada de advertencia de Mylene, Momoko le arrojó la Heckler que todavía tenía oculta bajo su túnica y con su ayuda, consiguieron cubrir más ángulos para seguir avanzando en formación.

− Si logramos llegar al túnel del subterráneo tendremos una oportunidad, pero debemos separarnos,− gritó Mylene mientras continuaban avanzando, ahora en una franca carrera en medio de la atestada zona comercial. El caos y el cúmulo de personas huyendo de los disparos, se movía junto con ellos.

− No,− exclamó Golgo, − No debemos separarnos.

Mylene no tuvo tiempo de responderle porque una granada aterrizó en medio de ellos, partiendo su grupo por mitad.

− ¡Rápido Momoko!,− gritó Mylene jalando a Momoko por uno de los callejones antes de la explosión.

Aun en medio de la violenta explosión de la granada, la lluvia de metralla sobre ellos no se detuvo.

Cuando salieron a una de las calles secundarias, Mylene empujó uno de los pequeños puestos móviles a la calle logrando que un vehículo se detuviera y sin esperar un segundo, arrojó al conductor fuera de él.

− Necesitamos despistarlos lo suficiente para que puedas llegar al túnel,− le dijo Mylene a Momoko al tiempo que el auto arrancaba a toda velocidad.

La pareja de agentes apenas pudo disfrutar de unos segundos de calma cuando nuevas detonaciones cayeron sobre ellas.

Momoko maldijo silenciosamente.

Sin duda, Leasath había decidido jugarse todo para atraparlos, incluyendo enfrentar las consecuencias de semejante persecución en suelo extranjero. El operativo que se había implementado era gigantesco y no parecía escatimar ningún recurso, ni en efectivos, ni en costo, ni en discreción.

Eso sin contar todos los "daños colaterales" que esa operación ya tenía.

Muy pronto, un lujoso vehículo y dos helicópteros se sumaron a su persecución.

Mientras Mylene conducía peligrosamente por las estrechas calles destrozando varias cosas a su paso, múltiples disparos alcanzaron a impactarse en el vehículo.

Momoko estaba empezando a notar que sus atacantes no vestían como militares, ni como policías y que los vehículos que usaban tampoco parecían ser oficiales.

− ¿Quiénes son estos tipos?,− preguntó Momoko mientras disparaba por la ventana del vehículo para auto-cubrir su escape.

Mylene había notado lo mismo y se había preguntado lo mismo desde que el ataque había comenzado, pero no tuvo tiempo de responder con su hipótesis a la pregunta de Momoko. La rubia dió un frenazo tan violento, que la pelirroja casi se impacta en el parabrisas.

Varios metros frente a ellas, a mitad de la calle, un hombre pelirrojo, alto y robusto había salido de uno de los callejones laterales, con un lanzagranadas ya listo y amartillado.

Mylene maniobró rápidamente en reversa para desviar el ataque y casi lo consiguió.

Aún así el impacto de la explosión las alcanzó de forma parcial e hizo volcar el automóvil, dejándolas completamente sacudidas y envueltas por el humo.

− De prisa Momoko, yo te cubro, estamos a tres bloques de la entrada del túnel,− para sorpresa de Momoko, Mylene ya había salido del auto humeante y en esos momentos, la arrastraba por la ventanilla para sacarla.

A Momoko le tomó varios segundos darse cuenta que Mylene ya estaba disparando a sus atacantes, dándole la cobertura que necesitaba.

− ¡Hey chicas!...¿Les gusta el ritmo de este concierto?...¡Nos hemos esforzado mucho, no pueden solo irse así como así!...Salgan y bailemos un poco.

Mylene siguió disparando mientras apuraba a Momoko. Quién les gritaba era el tipo de lanzagranadas quién ya se aproximaba para el siguiente ataque

− Yo me encargo de él, aprovecha el humo... ¡Ahora Momoko!

A partir de ese momento, todo sucedía en cámara lenta en la memoria de la pelirroja.

Tal vez no había sido así en realidad pero por más que se esforzaba, Momoko solo podía verlo de esa manera, tanto en sus recuerdos conscientes y voluntarios, como en los inconscientes e involuntarios...En sus sueños, incluso muchos años después, sus pesadillas sucedían de la misma manera, una y otra vez.

Veía la figura de espaldas de Mylene, disparando envuelta en el humo, que le gritaba lo mismo una y otra vez y ella, simplemente no podía moverse.

Momoko se veía así misma disparando frenéticamente mientras le gritaba a Mylene que avanzaran juntas. También veía la mirada de Mylene mientras la instaba a avanzar...sin ella.

Una última mirada.

Lo siguiente que Momoko recordaba era correr a la mayor velocidad posible, forzándose a no mirar hacía atrás.

La última vez que lo había hecho, había visto la figura erguida y firme de Mylene disparando hacía múltiples atacantes y sobre los techos de los edificios cercanos, las ominosas figuras de dos helicópteros que aparecían sobre ellas.

Recordaba haber pensado que tenía poco tiempo y que si la veían entrar al túnel, estaría perdida.

También recordaba que tras el agónico sprint en el que había recorrido las dos cuadras que la separaban de su destino, nadie le había disparado.

Entonces la vió.

La puerta lateral de servicio de las instalaciones del subterráneo que daba hacía esa estrecha calle.

Recordaba lanzarse en pos de esa salida, aún sintiendo que una garra de hielo desgarraba su pecho.

Y entonces, la puerta se había abierto y frente a ella apareció una joven.

Apenas una adolescente que la miraba de una forma terrible. Una mirada de absoluta furia enloquecida.

Extrañamente, también recordaba con toda claridad, lo que esa adolescente le había gritado con furia maniática antes de dispararle directamente en el pecho...Varias veces.

− ¡Tú lo mataste!

La violencia del impacto en su pecho la había levantado del piso, dejándola tirada sobre el pavimento, jadeando, sintiendo que un ardor caliente e insoportable se extendía por todo su pecho como fuego.

Mirando el cielo azul, que esa mañana tenía sólo algunos retazos blancos de nubes, Momoko también recordaba haber pensado que jamás habría adivinado que una adolescente la asesinaría.

-X-

Ubicación Desconocida, Primer mes, 2010

Recobró la conciencia sintiendo la cabeza extraordinariamente pesada.

Como si esta, fuera muchas veces más grande de lo que era en realidad. Y no solo físicamente, sino cómo si su cerebro mismo estuviera... hinchado y entumecido.

Había tratado, varias veces ya de abrir los ojos, pero sus párpados conseguían obedecer. Sentía los párpados, sus párpados querían abrirse...pero simplemente no podían.

Cuando finalmente lo consiguió todo se veía borroso.

Como si viera el mundo a través de un cristal empañado y parpadeó varias veces, lentamente, en un esfuerzo por aclarar su visión.

− Toma tu tiempo, no hay prisa,− le dijo una voz que conocía, − AHORA, ya no tenemos ninguna prisa.

Momoko tragó con dificultad y descubrió que no solo su cabeza se sentía pesada, sino todo su cuerpo; sus brazos y sus piernas parecían pesar una tonelada cada uno.

Poco a poco, su vista se fue aclarando y pudo apreciar donde se encontraba.

El espacio era tan amplio y elegante que la agente se sintió, momentáneamente, desconcertada.

En realidad se trataba de un amplio salón de estilo victoriano cuyo techo estucado, se elevaba más de cinco metros; elegantes cortinas drapeadas en color rojo oscuro cubrían las ventanas, pese a ello el espacio estaba perfectamente iluminado por varias lámparas y arbotantes combinados con gusto exquisito acorde con el lujoso mobiliario y la decoración.

Para rematar el ambiente exclusivo, una enorme y elegante chimenea que albergaba un gran fuego, calentaba el amplio espacio acogedoramente con un leve crepitar.

El lugar parecía la lujosa y exclusiva estancia de una enorme mansión.

Momoko se descubrió recostada en un lujoso y amplio sillón victoriano, que jamás pudiera ser tan cómodo.

La agente consiguió por fín que su cuerpo le obedeciera lo suficiente para incorporarse y la sorpresa la golpeó con violencia, al recordar lo que había pasado...Antes. Al momento, su mano subió a su pecho; el contacto le producía un dolor ligero...pero no debía tener dolor, debía estar muerta.

Y no lo estaba.

Esa... chica, le había disparado y le había acertado directamente al pecho pero eso no la había matado.

La única razón para que siguiera viva era que, quién los perseguía realmente no quería matarla, quería capturarla.

− Parece que ya vas recordando, Icebreaker,− dijo su acompañante haciendo énfasis en su nombre código como agente y de pronto, como si una corriente eléctrica activara su cerebro con ese nombre, Momoko recordó que no estaba sola.

Y quién era el propietario de esa voz.

A su extrema derecha, en un elegante sillón victoriano individual, que hacía juego con el mullido love seat donde ella estaba, se encontraba sentado el General Goro Kobayashi; Director General de la División de Inteligencia y Contrainteligencia de TSAB, vistiendo un impecable traje color gris mirándola con serena implacabilidad.

El jefe de Midget Crowbel.

Y el hombre que Shiro Takamachi indicaba le había ordenado asesinarla.

Momoko lo miró fijamente y después se miró a sí misma para descubrir que ya no vestía las humildes ropas de provinciana aureliana sino lo que parecía, un ligero conjunto para hacer ejercicio de tela muy ligera y suave, en color totalmente blanco y sin marcas. Estaba descalza pero todo su cuerpo se sentía limpio y descansado, como si hubiera tomado una ducha antes de una siesta, después de una larga travesía y no haberse bañado en días.

De inmediato, se llevó la mano al cuello para descubrir que no tenía ninguna cadena a su alrededor.

Y evidentemente, tampoco tenía ningún arma a su alcance.

La agente miró a su alrededor notando que no podía ver hacia el exterior. No sabía cuánto tiempo había pasado desde la emboscada o que había pasado con...

Mylene.

No sabía que había pasado con Mylene y ni con nadie más.

− Me imagino que debes tener muchas preguntas,− dijo el General Kobayashi tomando una posición más cómoda en su sillón, cruzando una pierna sobre la otra al tiempo que apoyaba sus manos sobre su rodilla − ¿Tienes alguna pregunta que sea de mayor prioridad para ti?

Momoko, ya sentada, completamente erguida y alerta, seguía observando a su alrededor.

Nunca había estado antes en ese lugar, de eso tenía certeza. Aunque no sabía dónde estaba, sí sabía que muchos de los objetos a su alcance podían ser usados como armas; aunque esa posibilidad no parecía preocuparle a su interlocutor.

Él no se veía ni preocupado, ni tenso, ni enojado.

Su actitud era cien por ciento profesional y peor aún, amable. Le hablaba con el mismo tono y con la misma mirada serena e implacable que usaba siempre con ella, y con todos sus agentes.

Con una diferencia.

El General Kobayashi nunca se refería a ella como "Icebreaker". Nunca usaba el nombre código de ningún agente. Siempre se dirigía a ella como "Agente Ryogi". Y mucho menos usaba ese tono casi familiar, que tenía en esos momentos.

Repentinamente, Momoko también tuvo la certeza de que si el hombre que estaba ahí frente a ella, la quisiera muerta, estaría muerta.

Seguía viva y estaba ahí, sentada frente a él por una razón.

"Tienes que vivir y salir de Kingshill a como dé lugar porque solamente tú, puedes encontrar la verdad."

El recuerdo de las palabras de Mylene reverberó con fuerza en su interior.

Momoko miró al General que seguía esperando por la respuesta a su pregunta.

Solo había una manera de saberlo.

− Mylene…

Momoko se sintió enojada consigo misma porque su primera palabra fue ronca y rasposa. Y además, tampoco había sido una pregunta.

El General por su parte, tomó nota de lo que tenía más prioridad en la cabeza de su agente.

Mucho más que su propia ubicación y seguridad.

− 009, querrás decir,− dijo el General observando cada una de las reacciones de ella, − Capturamos a todos salvo al asiático...si te hubieras quedado a su lado, tal vez no estaríamos teniendo esta conversación; situación por la cual me siento agradecido. Con ese elemento, no contábamos.

Momoko tragó todavía con dificultad.

Él se puso de pie y hasta ese instante, Momoko vió un elegante servicio en una bandeja plateada con una jarra de cristal, vasos y lo que parecía varios platos cubiertos. Con movimientos lentos y controlados, el General sirvió un vaso de agua.

− ¿Sabes quién es 009?,− preguntó Goro sin dejar de observarla mientras se acercaba nuevamente para extenderle el vaso con agua, − ¿Te lo dijo? ¿Te dijo sus motivaciones para hacer...lo que hizo?

La agente sabía que el dispositivo de almacenamiento que Mylene le había dado con las pruebas, tenía que estar en manos de sus captores. Si el General estaba con ellos, con ese grupo al que Mylene se refería, entonces forzosamente él lo sabía. Él sabía de qué tipo de información se trataba.

Además, estaba el hecho de que él sabía cuál era su misión original.

Midget le había dicho que nadie más que ellas y Mylene conocían su nueva misión.

¿Por qué estaba ahí hablando con ella como si fuera relajada una tarde de domingo?

¿Por qué no estaba esposada en un cuarto de interrogatorios?

¿Por qué estaba viva?

− Midget te ha entrenado bien,− dijo el General cuando Momoko finalmente, tomó el vaso lentamente pero no volvió a sentarse, − Tu lealtad hacía ella es incuestionable… Tal vez deba decirte que estoy al tanto de la "actualización" de tu misión.

Momoko bebió para ganar tiempo y porque tras el primer trago, descubrió cuán sedienta estaba. Y entonces se preguntó cuánto tiempo habría pasado desde su captura.

− Si sabe de mi misión, dígame General, ¿Dónde está la agente Mylene Hoffman?...Mi misión es llevarla a Midchilda,− insistió Momoko con la voz mucho más clara y firme, en un tono que esperaba fuera muy profesional.

El General la escuchó y asintió. Al parecer, los informes eran correctos.

Mylene Hoffman, la célebre agente 009, era una debilidad en SU agente estrella.

Una terrible e infortunada debilidad que debía ser corregida de inmediato.

− Nadie más ustedes, 009 y tú podrían haber hecho lo que hicieron,− agregó el General con una sonrisa que le causó un escalofrío a Momoko, − Ella es sin duda espectacular pero tu, Moka-chan, tú la superas por mucho. Eres una joya...y aún con todo lo que Midget te ha enseñado y las misiones que has completado, todavía eres un valioso diamante en bruto...El más valioso de todos.

Momoko contuvo a duras penas un respingo.

No solo por la forma atípica en la que el general se dirigía a ella, sino por las implicaciones de sus palabras.

Goro Kobayashi se dirigió hacia otra de las mesas que se encontraban en el espacio y tomó un grueso legajo que dejó sobre la elegante mesa de madera frente a Momoko.

El grueso dossier tenía la palabra "Ultrasecreto" sellada varias veces en la portada junto con los escudos de TSAB, Inteligencia del Ejército y el Consejo de Seguridad Nacional. Y por si eso fuera poco, también tenía un sello oficial con el código Nivel 5 en letras rojas.

El nivel más alto de clasificación reservada para la información secreta en el ámbito militar de su país.

Un nivel de autorización que ella, ciertamente no tenía aún cuando como agente de inteligencia, tenía la capacidad y la autorización para realizar misiones con nivel ultrasecreto.

− ¿Tu sabes lo que es la verdad, Moka-chan?,− preguntó el general de pronto.

Momoko no respondió. Esa pregunta se parecía demasiado a lo que Mylene le había dicho en sus últimos momentos íntimos juntas. Lo que estaba sucediendo ahí era totalmente atípico, tanto para las normas del Buró como de cualquier otra organización gubernamental.

Los hombres que los habían atacado eran mercenarios y si no lo eran, se habían comportado como tales, en suelo extranjero.

El General era un alto funcionario de TSAB y del ejército de Midchilda...las implicaciones diplomáticas y de seguridad de esa operación eran...extremadamente graves, especialmente porque SU PROPIA MISIÓN, estaba clasificada como "Ultrasecreta"...aunque oficialmente nadie lo sabía.

− La verdad y los hechos son cosas muy diferentes. Los hechos siempre deberían ser los mismos. Pero... Cada quién puede ver la verdad de una forma diferente,− dijo el General abriendo el dossier que contenía, además de varios documentos sin censurar, decenas de fotografías, − Por ejemplo, este hecho...Puede parecer un asesinato de estado, un crimen, un magnicidio inclusive...Sin embargo, no lo es.

El archivo al que el General Kobayashi se refería, era el registro "oficial" del asesinato del príncipe Ibrahim Al Sheya, monarca del otrora Prinicipado de Eltria... y toda su familia, que se había llevado a cabo violentamente en el magnífico palacio real de Niavaran.

Las imágenes registraban lo que ella había visto en las grabaciones que Mylene les había mostrado, a ella y a Shiro en su cabaña de las montañas.

Momoko recordaba haber leido con horror la noticia del asesinato del príncipe tres años atrás, y la conmoción que el hecho había causado en todos los círculos de inteligencia. Ella tenía sus asignaciones en occidente, no en oriente y no le afectaba tanto, pero varios de sus compañeros y colegas, estaban consternados. Muchos, agentes encubiertos y agentes dobles, desaparecieron o fueron asesinados tras el incidente. El balance de poder de la región oriental había quedado totalmente destruido con la ausencia del Príncipe y el país entero, se había sumido en una cruenta guerra civil que, cientos de miles de muertos y tres años después, había terminado con la división física de su territorio y la instauración de régimen extremista.

La versión "oficial" aceptada por todos los círculos de inteligencia, tanto en Midchilda como en las agencias internacionales era que, los extremistas habían sido los autores del magnicidio. Así como del genocidio posterior durante la guerra civil.

− El Príncipe Al Sheya era un aliado estratégico de Midchilda,− dijo Momoko por fín sin poder contenerse, − El gobierno extremista actual es…

Momoko se detuvo porque observó al general menear la cabeza con lentitud.

− Esos son los hechos, Moka-chan...no la verdad. El Príncipe parecía un aliado de Midchilda y tal vez, ser nuestro aliado fué de interés para él y su familia en algún momento, pero en realidad no lo era. La verdad es que el era un gigantesco problema para nosotros, uno que estaba a punto de convertirse en una amenaza muy grave,− el general le indicó a Momoko que siguiera viendo el archivo, − El príncipe tenía SUS propios intereses opuestos de los de Midchilda y por su posición como nuestro aliado, no podíamos simplemente oponernos a él, pero lo peor no era eso...LA VERDAD, es que él, estaba trabajando con Yuktobania, apoyando sus iniciativas en la región mientras que frenaba las nuestras.

− Eso no justificaba asesinarlo,− insistió Momoko, − Era un jefe de estado, se supone que la política y la diplomacia son para eso, los crímenes no nos hacen mejores que los delincuentes que combatimos.

El General la miró con una ceja ligeramente arqueada.

− ¿Cuál es la diferencia entre ese asesinato y los asesinatos que tú has cometido en las misiones ultrasecretas que te han sido encomendadas?,− preguntó el General con serena y fría calma, − Alguien te ordenó llevar a cabo esas misiones y personas, que hicieron mucho menos que el príncipe Al Sheya en contra de Midchilda y contra su propio pueblo, perdieron la vida para que tu misión pudiera ser exitosa…¿Cuál es la diferencia Moka-chan...Entre sus muertes y la de él? ¿Cuál es la diferencia entre esos hombres que irrumpieron en Niavaran y tú?

Momoko tuvo casi que morderse los labios para no gritar que muchas de esas misiones habían sido ordenadas por ÉL.

− Todos esos gobiernos que cometieron uno u otro genocidio en su propia gente, por motivos que para nosotros son incompresibles, tienen sus propios intereses. Nuestro interés no es entenderlos. Nosotros tenemos nuestra propia misión que cumplir.

Ante el silencio de Momoko, el General le mostró un par de casos más, igualmente aborrecibles para Momoko pero que, para su profunda desazón, no eran diferentes en la justificación. Casos, que también estaban contenidos en las pruebas que ella y Mylene habían obtenido con tanto esfuerzo.

Las misiones que ella misma había llevado a cabo durante años aplicaban la misma lógica. Esas que el General le mostraba eran principalmente operaciones especiales, hechas por militares, con una cantidad de recursos casi ilimitada, pero no eran diferentes.

Repentinamente, Momoko recordó cómo había sido su captura.

Recordó lo que había pensado sobre la cantidad de recursos que sus captores desplegaron en un pequeño país casi subdesarrollado…"Sólo" para atraparla...

− Todos seguimos órdenes, Moka-chan,− dijo el General después de observar cuidadosamente la expresión de Momoko oscurecerse con sus revelaciones, − Tu, yo, Midget...somos agentes y militares. Confiamos en las razones que motivan esas órdenes.

− ¿Cómo asesinarme?,− preguntó Mokoko poniéndose de pie de pronto; la acción la hizo sentirse ligeramente mareada pero eso no evitó que mirara al General con furia, − Por que usted dió esa orden, ¿no es así General?...Shiro Takamachi tenía órdenes de "recuperar" el paquete y matarme como traidora, por ser una ¡Agente Doble!

El General de pie, con la piernas ligeramente abiertas y las manos detrás de la espalda, asintió con la misma serenidad que había mantenido durante toda la entrevista.

− Así es, yo dí esa orden…− respondió él con simpleza, − Esto fue una prueba Momoko, habría sido una sorpresa muy desagradable que él lo consiguiera.

Momoko lo miró boquiabierta.

¿Es que acaso ese hombre había perdido la razón? ¿Cómo que una "prueba"? Ella y Shiro no trabajaban para la misma agencia, pero si para el mismo país.

Entonces recordó que durante sus largas pláticas con Mylene sobre el asunto, la agente extranjera ya le había hecho ese mismo comentario. Que Midchilda sacrificaba a sus propios agentes, o al menos, ese grupo de funcionarios gubernamentales lo hacía en aras de sus intereses.

Pese a todo lo que Mylene le había dicho y a lo que él mismo General Kobayashi había reconocido, Momoko aún no podía vislumbrar cuáles eran esos intereses.

− Oh, ¿te sorprende? Shiro no tenía oportunidad contra tí, menos aún cuando hiciste equipo con 009. Y la prueba no era para él, debo decir,− dijo Goro y por primera vez sonrió ampliamente, − La prueba es para tí, Moka-chan...Tu decisión de hacer alianza con Shiro, wow, eso sí me sorprendió. Yo había puesto mi dinero en que lo matarías pero este escenario que tenemos, gracias a tu capacidad de decisión, instinto de supervivencia y creatividad, es inmejorable.

− ¿Una prueba?...¿Para mí?,− preguntó Momoko en total desconcierto, aún sin dar crédito a lo que escuchaba.

− ¿Tú sabes cuales son las implicaciones de la información, de las misiones y las operaciones "Ultrasecretas",− preguntó el General con voz tajante y autoritaria, en ese papel en el que Momoko lo conocía tan bien.

Momoko se quedó de una pieza y se tardó varios segundos en responder. Y lo hizo, solamente porque Goro parecía estar esperando una respuesta. Cómo un maestro estricto que quisiera darle una lección a una alumna brillante pero insolente.

− Toda acción o documentación de inteligencia cuya divulgación no autorizada pone en riesgo los intereses de la nación...o más aún, que puede causar rompimientos diplomáticos que afecten esos intereses o la seguridad nacional,− recitó ella casi a regañadientes. Cualquier agente novato sabía eso a la perfección. Especialmente trabajando en la División de Inteligencia de TSAB.

− ¿Si estás consciente que esa misión "ultrasecreta", sancionada por Midget...puede terminar poniendo en riesgo esa seguridad, Moka-chan?− dijo Goro en un tono más mesurado pero igualmente serio.

La agente apretó los labios pero no dijo nada.

− ¿Quieres REALMENTE conocer la verdad... Momoko?

La pregunta, totalmente inesperada del General fue como un golpe físico para la agente.

Las palabras de Mylene todavía ardían en su memoria.

"NADIE puede decirnos la verdad...Debemos descubrirla por nosotras mismas".

− A veces la verdad es todo lo que queremos, pero muchas veces LA VERDAD es demasiado terrible para que se conozca,− dijo el General poniéndose nuevamente serio, − Y hay otra...característica...que es muy importante tener presente, acerca de la verdad: Discernir la verdad de la mentira puede ser lo correcto, pero no siempre te hará feliz...Puedes desandar el camino pero no puedes desconocer la verdad una vez que la conoces. Cuando encuentras la verdad, pasa a formar parte de tí para siempre. Así que sabiendo esto, dime ...Momoko Ryogi, alias "Icebreaker"...la mejor agente que TSAB ha tenido en su historia…DECIDE AHORA...¿Realmente quieres conocer la verdad?

-X-

Momoko descubrió que estaban en una mansión realmente enorme.

Aunque el General aún no le decía donde estaban, todo el lugar era una mansión victoriana en perfecto estado de conservación y amueblada con gusto, elegancia y lujo.

Después de que Momoko consiguiera que su cerebro asimilara todo lo que Goro le había dicho, no había muchas opciones. No era solo por lo que Mylene le había dicho. No solo porque tenía que saber de Mylene.

Ella TENÍA que conocer la verdad.

Descubrir su propia verdad.

Y no solo eso, tenía que tocarla con sus propias manos. Sumergirse en ella, incluso si la ahogaba.

Tras su decisión, el General la había guiado por la mansión en silencio sin darle más información hasta que llegaron a su destino final.

Por lo que Momoko pudo deducir, su reunión había tenido lugar en uno de los pisos superiores ya que habían descendido dos niveles y después Goro la condujo a un antiguo elevador que los hizo descender dos niveles más hasta un sótano que resultó ser menos victoriano que las plantas superiores, pero igualmente lujoso.

Sus deducciones se basaban solo en su recorrido ya que, durante todo el trayecto dentro de la mansión, no había podido ver al exterior. Todas las cortinas en las ventanas estaban cerradas y la iluminación interior encendida. Podía ser medianoche o mediodía y ella no lo sabría ya que algo que tampoco había visto en todos los espacios y pasillos que habían recorrido, era un reloj.

Pese a que el elevador era al parecer tan antiguo como la casa, el sótano al que llegaron parecía un lujoso hospital. Los espacios eran muy amplios y todo estaba asépticamente pulcro, bien iluminado y brillante.

Apenas ahí, Momoko vió a las primeras personas.

No eran muchos pero todos, vestían inmaculadas batas blancas sobre sus ropas de civil y todos saludaban con una inclinación de cabeza al General cuando se cruzaban con él.

Ninguno se detuvo, ninguno dijo una palabra.

Goro la guió hasta una moderna y funcional sala de juntas.

El único mobiliario de la sala era una gran mesa, para al menos doce personas que dominaba el centro de espacio con sus correspondientes y elegantes sillas, así como una enorme pantalla al fondo de la misma.

El General le pidió a Momoko que se sentara cerca de la pantalla y tomó el pequeño dispositivo de control pero no realizó ninguna acción. Solo le hizo una pregunta con la misma simpleza que le había comentado todo lo demás.

− ¿Confías en Midget Crowbel?,

Cuando Momoko le notificó al General su decisión de conocer esa verdad a la que él se refería, él le había dicho que el camino a esa verdad, requería que respondiera varias preguntas con total sinceridad desde lo profundo de su ser como agente y como persona.

No había sido una amenaza, de acuerdo al General, abrir los ojos no bastaba. Había que aceptar ver, por deslumbrante que esa verdad fuera.

− Absoluta y totalmente,− respondió Momoko devolviendo con certeza la mirada del General.

− ¿Crees que ella, te dice la verdad?

Momoko no tuvo que meditarlo mucho tiempo. Midget Crowbel era la persona en quien más confiaba en el planeta.

− Creo que me dice lo que me puede decir,− aclaró Momoko con la misma certeza en su tono y su actitud, − Eso no afecta mi confianza en ella. Es su trabajo. Y el mío.

− Tu amiga y colega, Kirie Wang; tú sabes que su padre, el General Wang es el "Kirin", el intermediario entre los mundos de lo legal y lo ilegal,− la frase del General no era una pregunta pero aún así, Momoko asintió, − Y también sabes que esa información no es del dominio público. Es de hecho, extremadamente reservada. La Agente Wang debe tener mucha confianza en tí y en Hikari, como sus amigas, para haberles compartido esa información.

Esa información sí sorprendió a Momoko.

Era la primera vez que el General mencionaba a Hikari. Desde luego, todos en el Buró sabían que ellas tres eran amigas cercanas. Inseparables en muchos aspectos. La afirmación del General no se basaba solo en una suposición. Él sabía el alcance de lo que Kirie les había dicho a ambas, en privado.

Momoko sabía con total certeza que ELLA no se lo había dicho a nadie jamás. ¿Kirie o Hikari se lo habrían dicho a alguien más?

− Lo que probablemente ustedes no saben, es que Midget es tía de Kirie Wang… La Vicealmirante Crowbel, forma parte de la familia Qing Long Tang, ¿lo sabías, Momoko?

El General hizo la pregunta pese a que la expresión de asombro de Momoko respondía muy gráficamente su cuestionamiento.

− El General Wang, va por la vida en un estado permanente de "paso de la muerte" con un pie en el lomo del caballo de la "legalidad" y el otro pie, en el corcel del bajo mundo, y ambas bestias corren como almas del infierno, déjame decirte Moka-chan, no cualquier persona puede hacer lo que él hace,− continuó el General sin perder detalle de la reacción de la agente, − Su rol es fundamental y necesario, indispensable; y muchas veces tiene que realizar acciones que al ser vistas individualmente, serían calificadas como delitos, como actividades criminales incluso...Por no mencionar las actividades, verdaderamente ilícitas de su hermano, Shaotang Wang, máximo líder de Qing Long Tang. Y si lo dudas, puedes preguntarle a ese astuto chico asiático que Kirie envió a rescatarte.

Momoko se mantuvo en silencio y el General activó la pantalla que, de inmediato, cobró vida y le mostró varias imágenes en lenta sucesión mientras Goro se las explicaba.

La pelirroja conocía a todas las personas que salían en esas imágenes.

Eran fotografías actuales y antiguas de la familia de Kirie, y en las más antiguas la presencia de una joven Midget Crowbel era incuestionable.

− Midget SABE, de primera mano que a veces, tenemos que tomar decisiones y realizar acciones que vistas sin la perspectiva correcta, son cuestionables,− continuó el General casi con desinterés, − Esas "pruebas" que obtuviste tan exitosamente de Vergeltungswaffe, ¿que crees que Midget hará con ellas?

Momoko sintió un nudo en la garganta.

¿Estaba el General diciéndole todo eso y mostrándole archivos ultra-clasificados porque no iba a salir con vida de esa hermosa mansión?

− Yo creo que Midget nunca, bajo ninguna circunstancia, ha tomado decisiones de forma precipitada,− respondió Momoko con cautela, ya que realmente, no sabía lo que su jefa y mentora podía hacer con esa información, − Ella siempre ha puesto el deber y el interés de la nación sobre los intereses personales. Aún con esa información que me muestra, mi confianza y certeza en su capacidad de decisión sigue siendo absoluta. Ella haría lo mejor para Midchilda, siempre.

Goro miró a Momoko y asintió.

− ¿No te parece que todo lo que has visto en esas "pruebas"…?,− continuó el General, −¿Ha sido...por el mayor interés de Midchilda?

− No creo ser la persona que pueda hacer esa evaluación, General,− dijo Momoko con toda la sinceridad que le fue posible, − Yo soy solo un agente. Ese es el trabajo que me apasiona y con el que estoy comprometida. Realmente creo que las personas que toman las decisiones, lo hacen por las razones correctas. Creo en la capacidad de esas personas y creo en las personas, nunca me he cuestionado esa verdad.

Goro asintió y sonrió.

−Exactamente, Momoko...por eso, justamente por eso, te hemos elegido,− dijo el General sorprendiendo una vez más a Momoko y después añadió, − No solo por tus aptitudes como agente, por tu ética y muy especialmente, por tu potencial. ¿Tú sabes cuál es la mejor manera de predecir el futuro?

Ante el silencio desconcertado de Momoko, que parecía no entender del todo los múltiples giros de la conversación, Goro continuó.

−La mejor manera de predecir el futuro, es crearlo Momoko...Lo que nosotros hacemos es crear el futuro, no esperamos a que alguien más defina nuestro destino y el de nuestro país...Al igual que tú lo has hecho, una misión tras otra en tu labor como agente, nosotros tomamos nuestro destino y lo moldeamos, no esperamos a que suceda.

El pronombre seleccionado por el General no le pasó desapercibido a la agente y la puso en alerta total.

"Nosotros".

Mylene se refería siempre a "Ellos".

− Tu compañera de equipo, 009 tiene cualidades remarcables sin duda, pero dista mucho de ser como tú,− al decir eso, el General pulsó un botón y la pantalla cambió para mostrar una imagen fija que congeló la sangre de Momoko tan pronto la vió, − Ella no ha tomado su destino en sus manos. Ella, si es que podemos llamarla así, es tan solo una herramienta en manos de otros...Otros que son nuestros enemigos.

Momoko se puso de pie lentamente sin dejar de mirar la pantalla con horror, sintiendo que una rabia pura y salvaje se extendía en su pecho.

La imagen a la que se refería el General mostraba lo que parecía un quirófano de hospital...o un avanzado laboratorio de investigaciones, con múltiples aparatos extraños que Momoko jamás había visto.

Pero eso no era lo peor.

Lo peor era que Mylene estaba sujeta de brazos y piernas a una extraña cama, que parecía más un moderno potro de tortura que una camilla de hospital.

La rubia, completamente desnuda, tenía los brazos totalmente extendidos a sus costados en forma de T y sujetos por unos grilletes brillantes en las muñecas. Sus piernas, igualmente extendidas, estaban ligeramente abiertas en forma de V y otros grilletes brillantes sujetaban sus tobillos.

El último grillete brillante y mucho más grande que los otros, lo tenía ajustado en el cuello y la obligaba a mantener el rostro erguido y mirando al frente.

Varias sujeciones, no metálicas, afianzaban su torso y sus muslos.

Momoko no pudo contener un jadeo de indignación y se volvió a mirar al General quien en ese momento, activó un botón con lo cuál la imagen, cobró vida.

No se trataba de una imagen fija, sino de un video.

− ¿Qué están haciendo con ella?...Deben soltarla ahora mismo, General,− demandó Momoko seria, alterada para sus estándares que Goro conocía muy bien, − No sé de qué se trata esto, pero mis órdenes son llevarla, sana y salva a Midchilda...Libérela, ahora mismo.

Goro observó a Momoko sin decir una palabra pero preguntándose, realmente que tan importante era Mylene Hoffman para ella.

Al activarse en video, varias personas, ataviadas con indumentaria de quirófano entraron en el ángulo de visión de la cámara. Todas portaban mascarillas protectoras y cubrebocas por lo que Momoko no pudo determinar si conocía a alguna de ellas.

Esos aterradores doctores o lo que fueran, se posicionaron rodeando el cuerpo de Mylene.

Aunque el video no tenía audio, la agente notó que Mylene estaba consciente y su horror se desbordó cuando una de esas personas, tomó directamente un bisturí de una de las charolas y sin más, comenzó a hacer una incisión casi en la axila de la rubia y no se detuvo hasta llegar al grillete en su muñeca.

− ¡¿Qué locura es esa?!,− gritó Momoko aproximándose sin darse cuenta a la pantalla, al tiempo que la imagen del video mostraba el silencioso rostro de agonía de Mylene, −¡Detenga eso ahora mismo Kobayashi!

Goro la miró con atención. En ese momento sabrían, él y por lo visto, Momoko también, que tanto le importaba esa persona.

− Aunque quisiera no podría, eso es una grabación...Esa operación tuvo lugar hace horas,− explicó el general con voz neutra, − No dejes que tus sentimientos nublen tu razón, Momoko...Lo que ves, no es la verdad, sigue observando.

Momoko apretó puños y dientes con furia.

El impacto de la aseveración del General no aliviaba lo que estaba sintiendo y volvió a mirar, no porque lo deseara o porque él se lo pidiera; volvió a mirar porque no podía evitarlo.

Mylene….

La "operación" como el General la llamaba General, en realidad era un desollamiento.

Momoko observó con horror creciente, sintiéndose físicamente enferma como...esa persona que, por su complexión simplemente parecía una mujer, continuaba abriendo el brazo de Mylene sin preocuparse por la sangre, venas, arterias o músculos; como si quisiera llegar al hueso mismo y entonces, lo vio.

Una brillantez metálica.

Lo que Momoko estaba viendo no tenía explicación en su cerebro.

− 009, no es...exactamente humana, Momoko,− dijo el General aproximándose lentamente a la agente, − Ella...no te dijo lo que es en realidad, ¿verdad?

Momoko tragó sintiendo que la cabeza le daba vueltas.

− Mylene Hoffman no existe como una "persona",− continuó el General, − Ella fué una persona y una agente de élite como tú, hace mucho tiempo, pero ahora, es un experimento. Los gobiernos más poderosos del mundo, como nosotros, siempre están en pos de investigaciones que les den ventajas en el ámbito militar. El soldado perfecto ha sido el sueño de muchos, por mucho tiempo. Eso que ves, es parte de esa búsqueda. Una de las más avanzadas por cierto, en el ramo de la biónica y que nunca habíamos tenido oportunidad de ver de cerca...Hasta ahora.

Momoko no quería mirar pero estaba petrificada y no podía arrancar su mirada de la pantalla.

Del horror que implicaba esa pantalla.

Quien lideraba esa "operación", ya había descubierto la totalidad del brazo de Mylene que parecía una monstruosa combinación de componentes metálicos, cables y extraños circuitos.

Otra de las personas, que se encontraba detrás de la cabeza de Mylene, sólo sosteniéndola, levantó la cabeza en esos momentos y miró directamente a la cámara. Únicamente sus ojos, de un extraño color dorado eran visibles y nomás al verlos, Momoko sintió dentro de sí la certeza de que él, sonreía.

Ese maldito bastardo estaba sonriendo mientras desollaban quirúrgicamente a Mylene, mientras estaba totalmente despierta y consciente.

− 009 no pertenece a ningún gobierno,− continuó Goro sin transición, −Ella trabaja para una "organización" internacional secreta, cuyos objetivos dicen ser muy loables pero… en realidad, intervienen en las políticas internas de los países de acuerdo a sus propios intereses...Como ves, Moka-chan...Todos tenemos intereses y cada verdad, es diferente para cada uno, ya sea que se trate de un país o de un individuo.

− No pueden hacer eso con ella,− dijo Momoko en un susurro apenas contenido, apretando los puños hasta que le dolieron, sin dejar de mirar la pantalla, − Detenga eso...

Goro no iba a ahorrarle nada, necesitaba que ESA debilidad de Momoko fuera erradicada.

La necesitaba en carne viva.

− Ya lo hicimos, Momoko.

Momoko sentía como si ella misma estuviera siendo desollada en esos momentos y aunque no se daba cuenta, miró al General con odio, apenas conteniéndose de lanzarse contra él.

Su conciencia no podía asimilarlo.

No le importaba quién o qué era Mylene.

Simplemente no podía concebir que ese ser, que para ella era maravilloso, fuera mancillado de esa manera.

Las siguientes palabras del General sin embargo, fueron el golpe más violento que había recibido en su vida.

− Durante mucho tiempo, habíamos intentado atrapar a 009 y nunca, había sido posible,− explicó el General con implacable indiferencia, − Siempre, lo que más deseamos termina siendo nuestra perdición. Tú fuiste su perdición. No permitas que ella, se convierta en la tuya.

Momoko ya no escuchaba nada más y ya no estaba mirando siquiera la pantalla.

− Esas personas que ves ahí, integran uno de los equipos científicos más brillantes del mundo,− continuó el General como si lo que mostraba la pantalla no fuera un horror insoportable para Momoko, − Ellos conducen los proyectos de investigación científica militar más importantes de Midchilda...Creo que no hace falta recalcar que todos esos proyectos son altamente confidenciales y secretos.

Al comando del General y sin dejar de mostrar la atroz operación que Mylene sufría, varios rostros se desplegaron en pequeñas ventanas sobrepuestas.

− Mira esos nombres y recuérdalos Momoko,− ordenó el General señalando varios rostros en pantalla, − Hay una razón por la que te digo todo esto. La Doctora Misako Tougane lidera el equipo de investigación biónica y criogénica, pese ser tan joven, es una veterana en proyectos científicos clasificados para agencias de inteligencia. La Doctora Testarossa, su segunda de abordo, y que es aún más joven, es una de sus pupilas más brillantes...Todos en su equipo son lo son...Ya los conocerás.

Momoko se sentía enferma y sentía que no podía ni siquiera ver a esas personas. Mucho menos recordarlas.

Sin embargo, si se fijó en la mencionada Doctora Tougane que era quien operaba el bisturí y cortaba a Mylene, precisa y profesionalmente.

− ¿Por qué me trajo hasta aquí para mostrarme eso?,− preguntó Momoko desviando la mirada con desagrado, − Podía haberlo hecho desde donde estábamos.

El General sin embargo, negó con la cabeza y pulsó un nuevo botón, con lo cual la pantalla se subdividió en múltiples pantallas, cada una mostrando diferentes imágenes de lo que parecían modernas celdas de contención.

− Este sótano tiene un circuito cerrado dedicado. Solamente dentro de esta red puedo mostrarte lo que sucede aquí,− dijo el General, −Verás Momoko, cuando queremos mantener las cosas realmente secretas, se mantienen secretas. El laboratorio donde se realizó esa operación, está al lado de nosotros. Así como varias celdas de contención. Aunque debo decir que tu acompañante inesperado, Shiro Takamachi, no está aquí. Él sigue en Aurelia. Nadie, absolutamente NADIE, sabe dónde están en este momento o qué pasó con ustedes.

A la mención del nombre del soldado, Momoko levantó la cabeza ligeramente.

− Tu evaluación sobre Takamachi es correcta, Momoko...Él es un operativo que no tiene idea de nada. No sabe quién es 009, mucho menos sabe que tu eres "Icebreaker", no sabe qué pasó con ella o contigo. Es un peón, pero todas las piezas en el tablero son útiles; incluso los peones y él, ha sobrepasado sus expectativas de utilidad… al llegar con vida a este momento.

Eso sin embargo, no podía importarle menos a Momoko. Solo quería una pista de donde estaba Mylene.

− ¿Dónde está Mylene... en estos momentos?,− preguntó la agente con voz contenida, mirando las pantallas con ansiedad.

Goro la observó ponderando las posibilidades.

Momoko ni siquiera había preguntado dónde estaba ella. Mylene era lo único que parecía importarle desde que había recobrado la conciencia.

− 009 fue trasladada a una unidad de investigación de alta seguridad,− respondió el General mientras Momoko reunía la fuerza para hacer la pregunta.

− ¿Está... viva?

Si Goro hubiera podido sentir compasión, le hubiera gustado sentirla en esos momentos.

− La entidad que conociste como "Mylene Hoffman" ya no existe más, Momoko.

Momoko se volvió para mirarlo y su mirada, era terrible.

La culpa, pensó Goro, era en efecto algo terrible y él daba gracias por no tener la capacidad de sentirla.

− ¿Qué es lo que deseas, Goro?− preguntó Momoko tutéandolo por primera vez en su vida, lo cuál, sorprendió al General, − Estoy aquí por una razón y me has mostrado todo esto por una razón...El punto de confluencia de todo, soy YO. Nombra tu precio, yo te diré el mío y veremos si me conviene más estar viva... o muerta.

El General la miró con nuevo respeto.

Momoko había dado un salto cuántico en segundos y parecía estar dispuesta a asesinarlo en ese mismo momento, con sus propias manos.

Esa era la furia que necesitaba.

− El precio es mucho más alto que solamente tu vida, Momoko...y lo que ganas es equivalente,− dijo Goro moviéndose para quedar directamente frente a Momoko, − No puedo ofrecerte una vida que no existe. La persona que conociste como Mylene Hoffman no tenía una vida para ofrecerte, porque no era una persona. Yo te ofrezco una oportunidad única, una, que no se ofrece a cualquiera...Te ofrezco la posibilidad de crear el futuro a nuestro lado, te ofrezco el poder de hacer una diferencia.

− Un futuro,− dijo Momoko con expresión amarga, − ¿Al lado de quienes?

− ¿Sabes por qué las organizaciones criminales, las mafias, son tan exitosas?,− preguntó el General.

− ¿Porqué existen personas como ustedes?

Goro sonrió, aunque no lo pareciera, que ella se tomara el trabajo de insultarlo era un avance.

− Son exitosos porque su mayor poder es el pacto entre ellos. Son una hermandad y el pacto es inviolable e invisible para quienes están fuera de la hermandad. Viven para él. Lo que es visible es transitorio. Lo invisible...dura para siempre y Nosotros, somos invisibles; nuestra organización no existe como organización y nuestra invisibilidad es lo que garantiza nuestro éxito. Desde lo invisible, podemos hacer lo que es necesario, cuando es necesario, como sea necesario… En este momento estás herida y no puedes ver más allá de tu dolor, pero piénsalo un poco...La humanidad se mata por el poder, por la religión, por la ideología...por la pasión...Se mata por la razones más loables o las más absurdas y despreciables...Lo importante no es porque se mata, sino porque se vive.

Momoko lo observó como si lo viera por primera vez ya que el General Kobayashi lucía, transformado.

− Te ofrezco un lugar privilegiado en nuestra hermandad, Momoko Ryogi.

Tras decir eso, Goro pulsó un botón en el control en su mano, la enorme pantalla se apagó y comenzó a deslizarse hacía arriba para revelar que había un enorme ventanal detrás.

Conforme la pantalla se replegaba, el ventanal fue revelando un exquisito jardín bañado por la cálida luz dorada del sol de la tarde y una línea de edificios que Momoko conocía MUY bien.

El lugar al que Mylene había anhelado tanto que lograra llegar.

Midchilda.

-X-

Ciudad de Midchilda, Midchilda, Dia 13, Primer mes, 2010.

Esa tarde que Momoko descubrió que ya estaban en Midchilda, también descubrió que habían pasado dos días desde la emboscada donde los habían capturado y que el edificio donde estaban, formaba parte del enorme complejo gubernamental de Kantei, la residencia oficial del Primer Ministro de Midchilda.

Sin duda, ese era un despliegue de poder orientado a impresionarla.

Todo lo que podría querer al alcance de su mano.

Menos lo que nunca hubiera pensado que llegaría a desear.

Lo único que el General le había solicitado, antes de dejarla en la puerta de una habitación tan elegante como el resto de la mansión, era no tomar una decisión precipitada.

− ¿Y qué pasará si decido que no deseo formar parte de su hermandad?,− preguntó Momoko antes que él se despidiera, − ¿Me dejará ir nada mas?...¿Así como así?

El la miró unos segundos, introdujo una mano en el bolsillo de sus pantalones y sacó el pequeño dispositivo de almacenamiento que Mylene le había dado con todas las pruebas que habían obtenido de Leasath..

La pelirroja lo miró a los ojos y después miró la mano frente a ella.

Muy lentamente extendió su mano y cuando tomó el dispositivo, las placas militares que Mylene le había dado brillaron sobre él.

− Si decides que no deseas formar parte, podrás irte y continuar con tu misión, Moka-chan; podrás continuar trabajando en TSAB, podrás continuar con tu vida de la forma que desees…,− dijo Goro mirándola fijamente, − Lo único que no podrás hacer, es olvidar la verdad.

Tras decir eso, el General le deseo buenas noches y se despidió con una leve inclinación de cabeza.

Él tenía su residencia a unos pocos minutos de Kantei, cerca del centro de Midchilda en una zona residencial discreta pero exclusiva, a la que muy pocas personas podían tener acceso.

Esa noche sin embargo, no dormiría en su domicilio habitual.

Había un par de cosas que tenía que verificar en la eventualidad que Momoko rechazara su propuesta.

Goro se dirigió a la amplia suite con estancia que tenía asignada en el complejo.

Ella lo esperaba ahí.

La brillante Doctora Misako Tougane.

El General había conocido mujeres audaces a lo largo de su vida. Cómo Momoko Ryogi y Kirie Wang. Había conocido a mujeres duras y brillantes estrategas como Hikari Fujiwara y Midget Crowbel. Había conocido algunas que estaban locas de remate, obsesionadas por la violencia como ese grupo que había enviado a emboscar a Momoko.

Sin embargo, nunca antes había conocido a una mujer como Tougane.

Misako era una psicópata absoluta que disfrutaba plena y profundamente, causando dolor a otros seres. Especialmente, seres humanos.

Goro estaba seguro de que si no hubiera canalizado esa patología siendo una científica de élite, sería criminal y una asesina. Bueno, ya era una asesina...la única diferencia era que contaba con la autorización para cometer esos crímenes, en aras de la seguridad nacional de Midchilda.

La doctora, que era una mujer alta y esbelta en la treintena, lucía mucho más joven; llevaba el ondulado cabello casi a la altura de los hombros arreglado a la perfección y siempre vestía con clase y elegancia sin importar que estuviera en una reunión de trabajo, una fiesta o el laboratorio.

Para el General, lo único que la delataba pero que siempre se podía justificar por su profesión, eran sus ojos.

Misako tenía la mirada más fría, despiadada e inhumana que él había visto jamás, en un hombre o en otra mujer.

Ella esperaba tomando un té en una exquisita taza de porcelana, cómodamente sentada en la estancia de las habitaciones de él, como si le pertenecieran. Como si ella, le estuviera haciendo el favor de darle una audiencia a él.

La decoración de la amplia habitación, al igual que con el resto de la mansión, era victoriana y perfecta. Goro no pudo evitar pensar que iba muy bien con la personalidad de la doctora.

Tan pronto entró, ella lo barrió con la mirada.

− Dudas,− le dijo la eminente doctora Misako Tougane sin siquiera saludarlo, − Piensas que no la convenciste.

Goro se dirigió con semblante indescifrable hacía una de las mesas de servicio para servirse un té antes de sentarse.

Tougane era quizá la única persona que podía leerlo con esa precisión.

En realidad, ella podía leer a cualquier persona con esa misma precisión.

Era una, de las muchas cualidades que la hacían tan peligrosa.

− Yo creo que aceptará,− continuó la Doctora sonriendo antes de tomar un nuevo sorbo de té.

Ella no esperaba ninguna respuesta de él. Y tampoco la necesitaba.

Goro se sentó en otro de los sillones cerca de ella. La mesa de centro entre ambos tenía un delgado folder sin marcas. El General lo abrió en silencio. Su contenido era una resonancia magnética craneoencefálica. Él la sacó y la observó con detalle y en silencio por varios segundos.

Misako ocultó magistralmente una sonrisa.

El estudio que Goro observaba, estaba de cabeza y al revés. Ella lo había dejado así y él ni siquiera se había molestado en leer los indicios.

La mayoría de esos jefes "pluma blanca" que se sentían los dueños del mundo, eran igual de ineptos que él.

− Si fueras tan amable, Misako,− pidió Goro sin dejar de mirar el estudio.

La doctora se puso de pie, sacó una elegante pluma fuente del bolsillo interior de su bata blanca y señaló un punto en particular, así con el estudio al revés y mal orientado.

− Para cualquiera, incluso un neurocirujano experto que viera este estudio o una TAC, este punto parecería un aneurisma...Atípico...pero mortal en cualquier caso,− explicó Misako con certeza, − Tú y yo sabemos que es un biodispositivo muy especial y avanzado, implantado profundamente en la cabeza de Momoko Ryogi y solo tú, tendrás el control total del mismo.

− ¿Precia conoce el objetivo final del biodispositivo?

Misako negó con la cabeza antes de dar una detallada explicación y extender un conjunto de instrucciones para él.

− Precia es demasiado ambiciosa y demasiado ingenua a la vez. Lo que más desea es investigar pero la biónica no es su pasión. La genética lo es y los proyectos de Kaiser, son su sueño dorado. Ha trabajado muy duro y lo hará aún más para ganar ese premio. Ella piensa que es un chip para enviar y recibir señales eléctricas directamente de la red neuronal. Y también está segura que "la agente prototipo", nos autorizó para ser el excepcional sujeto de pruebas de esta tecnología revolucionaria,− dijo Misako con una amplia sonrisa, satisfecha y salvaje, − Las ideas de Precia debo decir, son brillantes. Deberíamos ponerla a cargo de una línea de investigación especial, podría obtener unos resultados inesperados. A nosotros, nunca se nos ocurrió que el biodispositivo pudiera ser bidireccional.

− Para lo que lo necesitamos, es suficiente que reciba una sola señal…Su efectividad para eso, ¿está cien por ciento comprobado?

Ella asintió con lentitud, sonriendo.

− Por supuesto...Deberás esperar hasta que la agente Ryogi esté dentro de las instalaciones de TSAB, Goro,− advirtió ella sentándose nuevamente, − Aún no tenemos la tecnología suficiente para activarlo a distancia. Ella debe estar dentro de la red de radio del Buró. Solo así podrás activarlo.

− ¿Y el resultado?

− Si ella está dentro de rango, sesenta segundos después de la activación, Momoko Ryogi morirá fulminada por un aneurisma cerebral masivo, esté donde esté...Así ya haya salido de las instalaciones de TSAB.

Goro cerró el folder, satisfecho.

− No lo harás de inmediato, ¿verdad?,− preguntó Misako dejando su taza sobre la mesa, − A diferencia de 009, Momoko es alguien de quien podemos obtener mucha información.

− Por supuesto que no,− dijo él con ligera molestía. A veces, le molestaba que ella le hablara como si fuera un estúpido, − Necesito ver que hace Midget con la información que ella le entregue y también, necesito evaluar la situación de sus amigas. No podemos hacerle nada a ninguna de ellas...por el momento ...Aunque sí acepta, tal vez no sea necesario llegar al extremo de activarlo.

− Yo estoy casi segura que aceptara,− dijo la doctora Tougane con confianza, − Por cierto, ¿nunca pensaste en reclutar a Midget? Ella sería un recurso excepcional…

Goro negó lentamente mientras sorbía su té pensando que le gustaría tener esa misma certeza sobre la decisión de Momoko.

− Midget no aceptaría jamás,− explicó al cabo de un rato, −Hubiéramos tenido que matarla y eso habría sido un desperdicio. Ella ya es un recurso excepcional en la posición que tiene y lo será aún más en el futuro. Su brújula moral la hace predecible y eso es mucho más valioso...Por no decir de su estrecha relación personal con la familia del "Kirin".

Ambos tomaron té en silencio durante un par de minutos, hasta que Misako hizo la pregunta. Ella estaba especialmente interesada en la "famosa" agente Ryogi. Uno nunca sabía cuando iba a necesitar información estratégica.

− ¿Le dijiste que 009 está viva?

Él la observó en silencio.

A veces ella se tomaba demasiadas atribuciones.

Incluso si acostarse con ella era un plus, tenía que ser cuidadoso. Misako Tougane era un ser demasiado peligroso para tomarla a la ligera.

− La agente Ryogi no debe saber jamás que 009 está viva,− dijo en un claro tono amenazante, − Además no creo que lo esté mucho tiempo más…¿No es así, Misako?... Ya la descuartizaste, ¿qué más harás con ella ahora?...¿No te parece que mantenerla viva en esas condiciones es demasiado perverso, incluso para ti?

Misako estaba considerando la mejor respuesta para el ácido comentario de Goro cuando unos golpes apresurados en la puerta, llamaron la atención de ambos.

El General checó su reloj.

Pasaban de las ocho de la noche y había dado órdenes de no ser interrumpido.

Eso solo podía significar que algo imprevisto había sucedido.

Imprevisto y urgente.

Cuando el General abrió la puerta para encontrar a uno de sus hombres de más confianza, el Capitán Daryus Marzban, se preocupó.

Marzban solo lo interrumpiría por una razón.

− Tuvimos una ruptura, General,− dijo Daryus con semblante consternado tras saludar formalmente al General, − Nuestras instalaciones en Stahleck fueron vulneradas...009, escapó.

-X-

El capítulo final viene muy pronto.