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...Dreams of war, dreams of liars

Dreams of dragon's fire

And of things that will bite, yeah

Sleep with one eye open

Gripping your pillow tight

Exit light

Enter night

Take my hand

We're off to never-never land…

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ADVERTENCIA: Este fic está inspirado en MSLN, y está clasificado M, por contenidos y situaciones que pueden ser muy fuertes y/o violentas para algunos lectores; así como escenas íntimas de carácter sexual. Estas escenas pueden ser femslash, F/F o F/M. Se recomienda la discreción del lector. Si este tipo de contenido no es de su agrado, por favor no lo lean.

DISCLAIMER: Los personajes de Magical Girl Lyrical Nanoha no me pertenecen y son propiedad de sus respectivos autores. Todas las situaciones y personajes presentados en esta historia son ficticios, cualquier parecido con situaciones o personajes reales, históricos o presentes, no es en absoluto intencional.

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"Ultrasecreto"

por Aleksei Volken

Capítulo 5. Ultrasecreto.

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"Cuando estás en el infierno, solo el diablo te puede mostrar el camino hacia afuera."

Joe Abercrombie.

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Ciudad de Midchilda, Midchilda, Dia 14, Primer mes, 2010.

Pese a la magnífica habitación que le había sido "asignada", Momoko casi no durmió.

La primera vez que se había visto en el espejo del baño privado de esa habitación, casi no se reconoció.

Más allá del cabello corto y el cambio de color que, para ese momento, comenzaba a desvanecerse otorgando a su cabello un nuevo tono rojizo, su rostro y su mirada lucían muy diferentes.

Había perdido peso y tenía profundas ojeras.

Eso era atípico en ella. Sin importar que tan dura o compleja fuera su misión, raramente ese estrés se reflejaba en su semblante de esa manera.

"Supongo que es mejor que estar muerta", pensó un tanto amargamente recordando a esa chica que le había disparado en Kingshill.

La agente sin embargo, se observó con detenimiento por varios segundos. Goro le había dicho que la razón por la que había estado inconsciente durante días, era la cantidad de tranquilizante que esa chica le había disparado en su furia homicida.

Momoko nunca se había drogado y no tenía manera de saber si eso era cierto o no.

Sólo sabía cómo se había sentido al despertar.

Aunque no se sentía físicamente sucia si se sentía...mancillada. Tanto como Mylene.

La agente tomó una larga ducha caliente, usó el cambio de ropa limpia que le dejaron, que era exactamente igual al conjunto que llevaba puesto y después se sentó en la cama, donde contempló los dos objetos que Mylene le había dado por horas.

Extrañamente, sentía que no podía ni siquiera llorar.

En cierto momento, pensó que necesitaba un poco de aire fresco y hasta entonces, notó que la habitación donde se encontraba no tenía una sola ventana.

Alguien no quería tomar ningún riesgo con ella.

Ella, sin embargo, tenía que tomar el riesgo más grande de su vida.

Y tal vez nunca antes en su vida, había pensado tanto como esa noche.

Pensó en Midget Crowbel y toda la larga historia que había tenido con ella desde muy joven y lo que Vicealmirante significaba en su vida personal y profesional.

Pensó en sus amigas.

En Kirie y la difícil vida que había tenido como parte de la familia Wang, especialmente desde que se había embarazado y había dado a luz a una niña que tendría la dura labor de cumplir con las expectativas del estricto General Wang. Entonces recordó que la pequeña Yuri apenas había cumplido un año unos días atrás y ella no había estado de regreso como había prometido para acompañarlas.

Pensó en Hikari, quién llevaba encima las altísimas expectativas del abolengo de la familia Fujiwara pero que nunca se había arredrado y contra viento y marea, se había convertido en una agente y defendía con fiereza sus eternos deseos idealistas de cambiar el mundo, de tener una familia enorme y una casa llena de niños, donde pudiera cocinar sus recetas favoritas...Pese a sus deseos idealistas, era una agente brillante e implacable en sus misiones...al igual que ella.

Esas tres mujeres eran lo más cercano a una familia que había tenido en la vida.

Más allá de lo que le pasara a ella.

¿Qué les pasaría a ELLAS si rechazaba la "amable propuesta" del General Kobayashi?

Y por supuesto...Había pensado una y otra, y otra vez, en Mylene Hoffman y los escasos días que había compartido con ella.

Esos días parecían extenderse en su memoria, cómo si hubiera conocido a Mylene por siempre.

Su percepción del tiempo estaba totalmente transformada; lo que había sido su vida hasta antes de su encuentro con Mylene, esos intensos días vividos con ella… y esos eternos minutos que se habían alargado ya en horas desde que había despertado para encontrarse con el horror, no solo de su ausencia...sino de su verdad.

Momoko se sentía desgarrada como si varios animales salvajes se dieran un festín con ella, jalando su cuerpo inerte en múltiples direcciones.

No sabía qué decisión tomar.

Se sentía perdida, como si una oscuridad desconocida e invisible que llenaba todo a su alrededor la hubiera engullido y esos momentos lúcidos que vivía, fueran en realidad una pesadilla.

Aunque se esforzó por descansar y reponerse física y mentalmente para el reto que debía enfrentar, no durmió.

Y cuando el General Kobayashi se presentó en la puerta de su habitación para pedirle que lo acompañara a desayunar, Momoko seguía sin tomar una decisión.

Incluso cuando estuvieron en el pequeño salón, sentados en la exquisita mesa para dos que les habían preparado como si fuera una cita para una cena romántica y les sirvieron el café con deliciosos panes, que en cualquier otro escenario serían la debilidad secreta de Momoko, ella no había tomado aún una decisión.

Kobayashi, quien lucía exactamente igual de indescifrable que siempre, no hizo, sin embargo, la pregunta que Momoko esperaba.

− Tienes veintiséis años, ¿verdad...Moka-chan?

Momoko, quien observaba las delicias de la mesa tratando de no sentir náuseas, solo asintió levemente. Tal vez debía disfrutar esa comida como si fuera la última de su vida.

Algo le decía que esa, podía ser, realmente la última.

− Y ya tienes diez en el Buró...comenzaste muy joven…

Momoko, al fin puso algo de comida en su plato y continuó en silencio.

Ningún gesto en su rostro o en su cuerpo indicó que reconociera de alguna manera, el comentario del General.

Él, como el jefe de su jefa, conocía esos datos a la perfección.

− Las cosas han cambiado significativamente de cuando yo era un agente de campo como tú,− continuó Goro al tiempo que atacaba con un entusiasmo que Momoko estaba muy lejos de sentir, un bagel con queso crema, salmón ahumado y topping de alcaparras, − Quizá lo que más ha cambiado es la percepción de nuestras posiciones. Antes, hacíamos alianzas que parecían eternas...Tú sabes, uno sabía quienes eran "los buenos" y señalaba a "los malos" con total claridad. Y nosotros, como agentes de la ley, teníamos la certeza de estar del lado de los buenos.

Momoko finalmente lo miró con atención dándose cuenta que había una razón oculta detrás de todo ese discurso.

− Lo que no ha cambiado, es que las personas que decidimos seguir por este camino debemos tomar decisiones personales, y profesionales, muy difíciles, decisiones que no cualquier persona tiene la capacidad de tomar...Decisiones de vida o muerte, incluso,− continuó el General tras saborear su bagel con mucho placer, − Por ello, antes de que me digas cuál es tu decisión respecto a mi propuesta de la noche anterior, quiero que sepas, que es lo que estará en juego para tí, como persona y como agente...Además de tu vida, desde luego.

La agente tragó con dificultad.

Goro tal vez estaba hablando de una forma más literal de lo que parecía

− Si aceptas formar parte de nuestra hermandad, deberás renunciar a TSAB...

Esa simple frase, dejó a Momoko observando a su compañero de mesa con incredulidad.

− Para todos los fines prácticos y públicos, deberás retirarte formalmente para vivir una vida civil, común y corriente. Debes contraer matrimonio, formar una familia, emprender un negocio, así como tener la vida normal y perfecta que cualquier otra chica que no fuera tú..., desearía con locura.

Ante el silencio consternado de Momoko, el General continuó.

− Si aceptas formar parte de nuestra hermandad, debes aceptar la misión más difícil de tu carrera y de tu vida...Para ser nuestra mejor agente, nuestro recurso más efectivo, nuestra arma más letal y peligrosa; debes ser invisible,− para ese momento, Goro también había dejado sus cubiertos y observaba a Momoko con idéntica intensidad, − Te convertirás en un "durmiente"...Y debo aclarar que eso no quiere decir que estarás inactiva...Todo lo contrario. Tendrás muchísimo más trabajo de lo que jamás has tenido en tu vida. Se te asignará un nuevo nombre código, tu expediente será restringido, no solo con el nivel de secrecía más alto, sino con una clasificación especial de reservado para ciertos funcionarios gubernamentales y lo más importante, serás "activada" solo para misiones estratégicas y de alto nivel para la seguridad nacional...Por lo que deberás mantener en excelente forma física y mental. Nadie, más que un selecto y muy reducido grupo de personas de nuestra hermandad, y de todo el Gobierno de Midchilda, sabrá acerca de tu rol en el destino de nuestro país… Al igual que con nuestra organización, tu invisibilidad será tu mayor poder.

Momoko estaba simplemente sin palabras.

− Desde luego, contarás con TODOS los recursos que necesites para tus misiones; tanto tecnológicos, armamentísticos, diplomáticos y económicos,− aclaró Goro como si eso fuera siquiera una preocupación para Momoko.

La verdad era que ESE planteamiento era lo ÚLTIMO que ella hubiera esperado.

− ¿Cuál sería el desenlace de mi misión actual?,− preguntó Momoko tratando de ganar tiempo, − Ayer me dijiste que nadie sabe nada de nosotros, así que asumo que ni Midget, ni nadie en el Buró sabe aún de mi paradero, ni...sobre el estatus de la misión…

La agente evitó, propositivamente, mencionar el nombre de Mylene.

Goro sonrió. Por ESO Momoko era la mejor. Siempre hacía las preguntas correctas y manejaba su estrategia con maestría.

− En estos momentos, Midget y varios de nuestros superiores piensan que has sido apresada en Leasath Oriental. Estamos conteniendo el riesgo que ese...asiático..., enviado de tu amiga Kirie implica,− dijo el General con repentino desprecio, − Y debo añadir que esa impulsiva decisión de la Agente Wang, nos ha causado muchos problemas y complicaciones adicionales imprevistas a todos...Midget incluida…Kirie en su afán de protegerte, nos ha puesto a TODOS, en una situación extremadamente difícil.

Momoko tragó pesadamente recordando ESE pequeño detalle.

− Midget no reportó tu misión como "ultrasecreta",− dijo Goro con satisfacción. Era evidente que él disfrutaba no ser el único, que estaba sufriendo los estragos del desvío de la misión y del plan de rescate de Kirie, − Ni siquiera conmigo, ni aún en estos momentos. Midget está usando todos los medios internacionales diplomáticos y legales posibles, ya que tu "identidad oficial falsa", está oficialmente detenida en Leasath, acusada de ser una criminal internacional. Para hacer más interesante la situación; Kirie, no reportó a Midget su decisión de enviar a alguien para sacarte de Leasath. Es más, ni siquiera su padre lo sabe. Esa chica, realmente te ama Momoko...Ella planeó y organizó todo, sola. Y por lo que sé, está dispuesta a asumir las consecuencias de sus decisiones. En resumen, Kirie está a punto de ir a Leasath a rescatarte, ella misma en persona y eso que tiene una bebé a su cargo.

Momoko sentía un nudo cada vez más denso y agudo en su estómago, y en su garganta.

Ella no había pensado en ninguno de esos escenarios mientras estaba tratando de sobrevivir y escapar de Leasath.

− Necesitamos una alternativa que nos permita, rescatar los pellejos de ambas, ¿estás de acuerdo, Moka-chan?,− dijo el General volviendo a atacar su bagel con renovada energía, − Salvar los traseros de ambas, si tiene un precio y ese, es tu silencio. Ya sea que aceptes o no mi propuesta, nadie debe enterarse de esta reunión que hemos tenido y lo que hemos hablado.

− ¿Cómo podría ser eso remotamente factible?,− preguntó Momoko ligeramente enojada.

− Si no aceptas mi propuesta, aplicaremos un plan de liberación para tí, desde Leasath. Seguirás cualquier plan que hayas tenido antes, nosotros solo ayudaremos un poco y llegarás aquí con el dispositivo que ya tienes; se lo entregarás a Midget y seguirás con tu vida, como ha sido hasta ahora,− dijo Goro con pesar, − Has sido una excelente agente, seguramente lo seguirás siendo y tendrás la carrera profesional y la vida que desees tener...

− ¿Qué pasa con Takamachi?,− preguntó Momoko con toda la indiferencia que le fue posible reunir.

Goro, terminando su bagel con evidente placer mientras se servía otras viandas igualmente intensas para el desayuno, negó con la cabeza.

− Takamachi falló en su misión. Nadie en TSAB sabe de él. Nadie, en ninguna agencia de seguridad de Midchilda, sabe de él,− le informó el General con verdadera indiferencia mientras comía, − Alguien tiene que pagar por la pérdida de información y de prestigio de Leasath. Los gorilas de la "Staatssi" están furiosos y ansiosos de poner sus manos en un chivo expiatorio que no sea suyo…Él nunca saldrá de Leasath y nadie sabrá lo que fue él.

Si antes Momoko sentía un nudo en el estómago, esa respuesta le hizo perder el apetito por completo.

Los deliciosos panes y el exquisito desayuno frente a ella, no le habían apetecido desde el principio pero al menos había podido probar un bocado. En esos momentos, su garganta estaba tan constreñida tanto como el nudo en su estómago.

− En ese escenario, Kirie salva su posición, Midget no tiene que reportar una misión "ultrasecreta" que no fue apropiadamente sancionada por el Ministerio del Interior, ni por Relaciones Exteriores y también conserva su puesto sin penalizaciones...Y tú...tú cumples con una misión exitosa más, con la opción de regresar a la vida que tenías hasta el último día del año pasado...Para ello, ni Kirie, ni Midget, deben saber JAMÁS, que estuviste en Midchilda, no deben saber lo que viste en esta instalación, ni que tuvimos esta conversación...Sobre 009...Tú hiciste lo posible, simplemente reportarás lo que efectivamente pasó. NO eres responsable de las acciones y las decisiones de una agente extranjera. Desde mi punto de vista, cumplirías tu misión con un éxito total...desafortunadamente, tú en realidad no sabes, ni tienes porque saber, qué pasó con ella.

Durante los siguientes minutos, Goro comió en silencio y Momoko solo jugó con la comida en su plato, hasta que no pudo más e hizo la pregunta.

− ¿Qué pasa si acepto su propuesta?

La expresión del General no cambió.

− Si aceptas nuestra propuesta, aplicaremos un plan de liberación donde sea Takamachi quién te ayude a escapar del centro de detención en Leasath y ambos, después de muchas vicisitudes y penurias perfectamente controladas, regresarán a Midchilda juntos, como héroes...Para Midget y Kirie, el resultado es el mismo, ambas salvan su posición; tú entregas el dispositivo a tu jefa y ella realiza las acciones que considere convenientes de acuerdo a su responsabilidad,− respondió Goro sin ninguna malicia, él solo estaba exponiendo un hecho, − Después de que todos sean felices con ese escenario...Tú terminarás de seducir a Takamachi, ya no inconscientemente como lo has hecho hasta ahora, sino propositivamente. En un año o dos a partir de ahora, te retirarás para formar una familia con él y tu verdadera misión, la más importante de todas, dará inicio.

Si antes Momoko había estado boquiabierta, en esos momentos se sentía en shock.

− Desde luego, en ese escenario, Kirie y Midget tampoco deben saber jamás que tuvimos esta conversación, lo que realmente ha pasado estos días y muy especialmente, no deben saber nunca sobre mi ofrecimiento y tu decisión,− aclaró Goro aunque pareciera que no era necesario; él siempre prefería ser redundante y evitar malos entendidos, − Tal vez no es necesario decirlo, pero Takamachi tampoco debe saberlo jamás. Él además, debe estar convencido de que estás verdaderamente enamorada de él y de que su vida como pareja, es real...Es más, debe ser real…¿Ahora entiendes porque ésta, sería la misión más difícil e importante de tu vida?

La agente no lograba articular una palabra.

− Yo estoy perfectamente consciente de que no estás enamorada de él, Moka-chan, y te entiendo,− dijo Goro ante el silencio anonadado de Momoko, − El amor es un estorbo la mayoría de las veces, observa a tu amiga Kirie, por ejemplo...Aunque tal vez la ama, Naoya Kirihara la rechaza por ser quién es y por tener la familia que tiene. Personas como nosotros, no podemos darnos el lujo de tomar decisiones con base en algo tan frágil, volátil e impredecible como el amor...No si queremos sobrevivir.

− ¿Por qué Takamachi?,− preguntó Momoko con cierta incertidumbre ya que algo le decía que no le gustaría la respuesta, − ¿Por qué tiene que ser él?

− Takamachi, a diferencia de ti, es prescindible y mucho me temo, que siempre lo será,− dijo Goro sin compasión, − Está desesperado por ser alguien. Para él, regresar de una misión como esta, después de haber estado prisionero en Leasath, rescatando a una mujer como tú, que ya lo tiene deslumbrado, por cierto...Es convertirse en leyenda. Él sí va a enamorarse de tí, Moka-chan. Total y absolutamente. Lo tendrás en tus manos y hará lo que tu digas. Eso sin contar con el hecho, que desea complacer. Él cumplirá las órdenes que su capitán o yo le demos porque le ofrecimos esta oportunidad. Así sea un excelente francotirador, se fué para esta misión como un don nadie y regresará como un agente de élite...Él llevará a cabo cualquier orden, salvo una, ¿si sabes cuál es esa orden, que él no puede cumplir?

Ella no necesitaba pensarlo mucho.

− Matarme….

− Correcto...El joven Shiro no pudo cumplir con sus órdenes de asesinarte. Podríamos pensar que tal vez no tuvo oportunidad. Tal vez nunca hubiera podido hacerlo, por ti y tu habilidad, no por su manifiesta incapacidad. Sin embargo, con el regreso que harán JUNTOS, él deberá reportarnos el fallo de su misión. Y deberá AGRADECERNOS no solo por perdonar su fallo, sino por perdonar TU VIDA también. Así, estará en deuda con nosotros por todos lados. Necesitamos que el elemento que esté a tu lado, como tu esposo, sea así de vulnerable, maleable y predecible. Por eso, debe ser él.

Momoko se sintió asqueada. Ella había pensado que todo lo que le había dicho Goro la noche anterior era una avalancha atroz; pero como Kirie siempre le había dicho, si las cosas podían empeorar, empeorarían.

Goro, aún instalado en su pragmática actitud profesional, continuó.

− Tu labor no será sencilla si aceptas, Momoko,− apuntó el General muy serio, − Todos deben estar completamente convencidos de que amas a Shiro, no solamente él. Porque sólo de esa manera tu retiro, en la plenitud de tu carrera, será creíble. Todos deben estar convencidos de que se encontraron y se enamoraron perdidamente en la misión más peligrosa de sus carreras ...¿Tú sabes cuál es la mejor manera de convencer a un hombre de cambiar de vida?

Momoko miró al General con la certeza que él iba a responder su propia pregunta y que la respuesta, al igual que todas las que le había dado hasta el momento, no le iba a gustar nada.

− Con un hijo...Los hombres como Shiro, éticos y nobles, son capaces de hacer cualquier cosa por la mujer que aman, pero si ella les da un hijo...Eso no aplica a todos los hombres, solo aquellos que no son políticos…Supongo que por eso no hay políticos ni éticos, ni nobles; tal vez Kirie Wang pueda confirmarnos esa apreciación.

Momoko no pudo evitar un visible gesto de desagrado.

− ¿No podemos adoptar?,− dijo ella antes de poder refrenarse.

Goro sonrió

− Tu matrimonio y tu familia tienen que ser reales, Moka-chan...Invisibilidad, recuerda. Entiendo que no ames a Takamachi. Entiendo que nunca llegues a amarlo. Con tus hijos eso será diferente. Aunque no lo ames a él, los amarás a ellos… En la hermandad protegemos a los nuestros. Si así lo quieres, ellos tendrán todas las oportunidades por las que tú, tuviste que luchar tanto. Nuestra permanencia es muy importante. Tú formarías parte de nuestra nueva generación, pero tus hijos, también tendrían un lugar de privilegio si así lo decides...Además, ¿puedes pensar en una historia de amor más increíble que contar a tus nietos? Es como una novela de romance y aventuras, hecha realidad...

La agente ya ni siquiera pretendía jugar con la comida en su plato.

No, esa historia no le parecía ni una historia de amor, ni le parecía increíble.

Era atroz.

No veía ni escuchaba nada. Ni a Goro, ni su perorata insensible.

Solo estaba absorta en sus pensamientos, abrumada como nunca antes en su vida.

Y entonces se dió cuenta de algo.

Si Goro Kobayashi le estuviera haciendo esa misma oferta, por la vida de Mylene, ella la tomaría de inmediato.

Sin dudar.

Sin pensarlo dos veces.

Sin pedir nada a cambio.

Sin importar con quien tuviera que acostarse, casarse, tener hijos o a quién tuviera que chupársela. Vaya, le haría el trabajo oral al mismo Goro en ese instante si él se lo pidiera.

Se dió cuenta que ofrecería su propia vida por la de Mylene, si pudiera.

Pero no podía.

Después de todo lo que le había dicho, Momoko sabía que el General Kobayashi también sabía eso.

Que ella haría cualquier cosa por Mylene...Él lo sabía desde que las atrapó y sin embargo, esa había sido la única cosa que nunca le ofreció.

Y Mylene se había dejado atrapar para que ELLA, tuviera una oportunidad.

No por el simple hecho de llegar a Midchilda juntas como Momoko había pensado tontamente.

Sino para que tuviera la oportunidad de encontrar su verdad.

Tal y cómo Mylene le había dicho, Goro Kobayashi SI estaba metido hasta el cuello en "esa" organización sin nombre pero...él, NO ERA el verdadero enemigo. Goro tal vez no era un peón ordinario, tal vez era como un caballero en el tablero de poder, un guerrero que peleaba por sus amos. Pero los verdaderos reyes... eran otros.

Goro mismo se lo había confirmado.

ELLOS eran el enemigo.

El verdadero enemigo.

Ahora Momoko también sabía dos cosas cruciales: No se trataba de un solo individuo. Y eran poderosos e invisibles.

Otros hacían el trabajo, todos los necesarios, para ellos.

Mylene, en su rol de 009 había hecho eso mismo; convertirse en invisible. Nadie sabía cuál era su verdadera identidad, sus objetivos o sus motivaciones.

Mylene...quien le había pedido una sola cosa.

"Eres muy peligrosa para ellos. Ellos lo saben y por eso debes recordar siempre lo que es verdadero. Esto que sentimos; lo que tu eres en la fibra más íntima de tu ser, más allá de tu deber como agente, de tu lealtad...Eso que te hace ser "Momoko", ES verdadero y debes aferrarte a ello...Debes aferrarte a tu esencia. Y pase lo que pase...tienes que vivir y salir de Kingshill a como dé lugar porque solamente tú, puedes encontrar la verdad."

"Tú debes descubrir la verdad por tí misma, porque sin importar quién o qué seas, la verdad se derivará de tí. Cada ser debe encontrar su propia verdad, porque cada uno de nosotros cargará con ella".

Momoko cerró los ojos y recordó el rostro y el cuerpo de Mylene esa noche, la última que pasaron juntas.

"...solamente tú puedes encontrar la verdad."

La agente estaba descubriendo que cuando encuentras la verdad, no importa lo que hagas, ya no puedes escapar de ella.

-X-

Leuven, Midchilda, Dia 15, Segundo mes, 2010.

Había pasado un mes desde la noche en que había salido de ese lugar infernal con un cuerpo ensangrentado entre sus brazos.

Al principio, él había pensado que terminaría esa parte de su misión con un cadáver ensangrentado en sus brazos.

Pero no fue así.

Increíblemente, ella aguantó.

Y sobrevivió.

Un mes después, estaba en una silla de ruedas; le faltaban las dos piernas; su brazo derecho, recién restaurado estaba vendado desde el hombro hasta la mano, al igual que la mitad de su cabeza...pero estaba viva.

Y por lo que él podía ver del dispositivo que ella operaba aún en esas condiciones, ya estaba otra vez cien por ciento operativa.

Desde donde estaban, en el extenso jardín de un exclusivo asilo de ancianos que contaba con un terreno tan enorme, que terminaba en un acantilado junto al mar, ellos tenían una vista VIP del atardecer.

Leuven era una modesta pero exclusiva ciudad ubicada muy al norte de la ciudad de Midchilda. Varias exclusivas casas de descanso estaban ubicadas en la zona. El complejo donde ella estaba, tenía toda el área exterior cubierta de un pasto verde y cuidado con esmero, donde múltiples y frondosos árboles les ofrecían sombra y resguardo a los residentes del lugar y sus visitantes.

La vista y el entorno eran hermosos.

Seguramente era un lugar de reposo y retiro fenomenal.

Solo que ninguno de ellos estaba retirado y mucho menos, en reposo.

Él estaba sentado en una banca de piedra junto a la cual se encontraba la silla de ruedas y ambos miraban hacía el horizonte.

Ella no quería hacer la pregunta, porque temía la respuesta pero él no tenía esa sensibilidad y cumplía con sus encargos al pie de letra y con celeridad.

− Ella está viva,− dijo él con voz profunda, − La señorita Wang me confirmó que llegó hace poco más de una semana a Midchilda. Todo se ha mantenido en extremo secreto, en lo que se arregla el incidente diplomático. Es posible que el anuncio oficial se dé en un par de días.

Ella cerró el único ojo que podía cerrar y suspiró.

Preguntarse si Momoko se habría enterado de la verdad acerca de ella, era fútil e innecesario.

Pero aún así se lo preguntaba.

Y peor aún, se preguntaba cómo lo habría tomado.

Él, ajeno a sus pensamientos y preocupaciones, continuó.

− La señorita Wang no me lo dijo, pero no llegó sola. Ese soldado que tenían con ustedes, llegó con ella.

"Por supuesto," pensó Mylene. Ese había sido el rol de Shiro desde el principio. Un peón, destinado a ser sacrificado en el tablero de una estrategía más oscura y profunda.

− La señorita Ryogi no les ha comentado nada, ni a ella, ni a la señorita Fujiwara directamente, pero ellas ya saben de la existencia del dispositivo de almacenamiento y las pruebas, aunque nadie ha tenido acceso al contenido del disco,− concluyó él. Pese a su juventud era escueto y preciso, era lo que siempre le había gustado a la rubia de él.

− Eso va a ser muy peligroso para Kirie y Hikari,− dijo Mylene hablando con lentitud. Todavía le costaba trabajo articular después de todo lo que esa demente doctora le había hecho, − ¿Les ha dicho algo...de la misión? ¿De tí?

Él negó con la cabeza.

− Esta tarde estuve con la señorita Wang para devolverle su anticipo, tal como acordamos. Ella estaba segura de que yo nunca logré reunirme con la señorita Ryogi en Leasath. Y por lo que me dijo, la Vicealmirante Crowbel, tampoco sabe que se tenía ese plan en marcha. Aún así, no quería aceptar su dinero de vuelta. Me dio todos estos detalles, porque desea que yo mantenga una vigilancia discreta sobre ella, durante un tiempo. Está muy preocupada por la seguridad de la agente Ryogi. Me dió la impresión de que le preocupan más las posibles acciones de Leasath. Le aseguré que lo haría como un bono por mi fallo durante su encargo.

− ¿Tú la has visto?,− preguntó Mylene de pronto.

Él asintió.

− Por supuesto, cuando te llevaron a ese lugar no tenía idea de donde se encontraba ella, pero tan pronto me informaron de su "escape", en Leasath, organicé todo. No pude seguirle el rastro en Leasath pero la ví desde el momento en que llegaron a Midchilda.

− ¿Tú también piensas que todo es un montaje?

El volvió a asentir.

− Si su escape hubiera sido real, yo habría podido seguirla desde Leasath. Eso quiere decir que en realidad las cosas no sucedieron como "las fuentes oficiales" reportan que sucedió,− explicó él.

− Las "fuentes oficiales"...,− dijo Mylene con una ligera sonrisa, − Se trata de información secreta...No podemos asegurar nada respecto a esas fuentes.

− Secretos o no, eso no importa… siempre puedes rastrear, encontrar indicios...Incluso la ausencia de indicios te dice algo, tú lo sabes mejor que nadie.

Mylene se puso seria nuevamente y se mantuvo en silencio.

− Son planes dentro de los planes de los planes, Mylene...Al igual que lo haces tú,− dijo él con total serenidad, − Tú no le dijiste a la señorita Momoko que aunque su amiga Kirie, en efecto me había contratado y enviado para ayudarla a salir de Leasath, TÚ me contrataste desde mucho antes. Ella nunca supo que nos conocíamos. Ni la razón detrás de tus verdaderos planes.

Mylene asintió con tristeza.

− Hay demasiadas cosas que no le dije a Momoko, Duke...Demasiadas. No podía decirle. Era necesario hacerlo así. Era la única forma de protegerla...De que tuviera al menos una oportunidad. Yo...realmente pensé que podríamos salir de Leasath juntas, con el plan que trazamos...Hubiera dado lo que fuera para no tener que llegar a este escenario...Pero temía...Temía que si no la mataban, terminarían intentando reclutarla...Es lo que han hecho siempre.

− ¿No hubiera sido mejor que le advirtieras?

Mylene se mantuvo en silencio un largo rato antes de responder la pregunta.

− Si le hubiera advertido abiertamente de todo, ellos se habrían dado cuenta que ella sabía… y entonces SÍ estaría muerta. Ella tenía que sumergirse totalmente en la oscuridad y recorrer su propio camino a la verdad. Ahora, ya lo sabe todo. Sabe mucho más y ha llegado mucho más lejos que muchos otros que lo intentaron antes que ella.

− ¿Tú crees que la reclutaron?,− preguntó él entonces, con interés.

Mylene solo asintió lentamente.

− Si Momoko aceptó formar parte de su organización, no lo hace porque la hayan convencido,− dijo Mylene con gran tristeza, − Lo hace porque entendió que, la ÚNICA forma proteger lo que ama y de destruirlos, es desde adentro.

Él se puso de pie.

− ¿Tus instrucciones?

Mylene lo miró pero en lugar de responder su pregunta, le hizo una pregunta a él.

− ¿No te preocupa que vayan por tí...después de esto?

El se mantuvo inmutable y Mylene se dió la oportunidad de sentir sorpresa.

Después de tantos años pocas cosas la sorprendian.

Ese muchacho, que tendría a lo sumo veinte años y había llegado esa tarde a su reunión vistiendo un sobrio traje sastre color gris oscuro, una corbata igualmente oscura y una inmaculada camisa blanca, era ya uno de los hombres más peligrosos y cotizados del medio.

− Ellos piensan que soy Qing Long Tang. Aún si alguien se atreve a cuestionar al General Wang al respecto, a la señorita Kirie no le conviene que se sepa que soy un agente externo...Ella encontrará la manera de resolverlo para que todo quede en…"familia",− respondió finalmente casi con indiferencia, − Nadie sabe que fui yo quien te sacó de esa mazmorra horrenda e ineficiente, así que de momento creo que podemos concentrarnos en otras prioridades.

Mylene tenía poco tiempo de trabajar directamente con él pero reconocía el "sello". Él siempre hacía así las cosas porque así había aprendido desde la más tierna edad. De alguien que era, igual de eficiente e implacable.

Él, por ejemplo, era el único que no le había preguntado porque había decidido quedarse en el territorio de Midchilda, tan cerca de sus perseguidores para su recuperación. Duke entendía que si uno iba a meterse al fuego, no podía sucumbir al miedo de salir quemado. Había que aguantar.

Además de ser un prodigio con las armas, tenía una capacidad casi sobrenatural para ver las posibles ramificaciones de los acontecimientos. Y de la misma forma como planeaba esos disparos imposibles, que nadie más que él, podía realizar; Duke Togo planeaba con la misma frialdad y precisión todas sus demás decisiones.

Y en eso, era igual a ella.

− Tenemos que jugar ajedrez un dia de estos...Golgo13,− dijo Mylene permitiéndose por fin una leve sonrisa, − Mientras eso sucede, haz lo que Kirie Wang te ha pedido pero además...Mantente cerca de ella. Momoko va a necesitar un amigo a quién no tenga que explicarle nada...pero que entienda.

Él frunció el ceño.

− No me interesa tener amigas, 009,− dijo él refiriéndose a ella también por su nombre código, − Eso no es parte de los servicios que ofrezco.

− Lo sé,− aseguró Mylene, − Sin embargo, sé que lo harás por una sola razón…

Él solo esperó inmutable.

− Yo hice lo mismo por tu padre sin que nadie me lo pidiera,− dijo Mylene mirándolo con algo que podría calificarse como aprecio, − A veces, solo hace falta ser humano Duke...muy pocas personas pueden, ya no digas guardar un secreto...sino cargar con él. Los secretos son de esas cosas que se van haciendo más y más pesadas con el tiempo...Hasta que nos aplastan…

Duke Togo, conocido principalmente como Golgo13 en el ámbito profesional y a quién muy pocas personas asociaban con ese primer nombre, exhaló con fuerza.

Esa mujer era un fastidio.

Especialmente porque tenía razón.

Y porque sabía demasiado acerca de él y de su vida.

− Momoko va a guardar muchos secretos...por mucho tiempo. No quiero que los cargues por ella. Solo quiero que sepa que no estará sola.

Cuando él finalmente habló, Mylene supo que lo tenía...aunque él nunca lo aceptara.

− Ella seguramente preferiría no estar sola, contigo.

Mylene asintió aunque no necesitaba que él, ni nadie le dijera eso. Ella lo sabía y tenía esa certeza muy presente en su interior.

Grabada a fuego.

Tal y como estaba Momoko en su corazón.

− Si ella supiera que estoy viva, se volvería débil...− dijo Mylene con mortal seriedad, − Ahora todavía soy inservible, pero no te preocupes; muy pronto, yo también estaré pendiente de ella ...aunque a la distancia. También estaré pendiente de ellos. Esta confrontación ha tenido un costo muy alto para mí, pero también para ellos. Ahora ya sé quiénes son algunas de sus piezas clave, sé dónde y cómo operan...En su afán de ganar, han dejado un rastro. Ellos han ganado una batalla...pero no la guerra aún. Y un día, en el momento y lugar correctos, regresaré para recordárselos.

-X-

Ciudad de Midchilda, Midchilda, Dia 01, Décimo mes, 2010.

Momoko, elegantemente vestida entró en el Club de Oficiales de la Armada y se dirigió a la mesa que habían reservado para esa tarde en el casino. En esos meses, su cabello había recobrado su color normal pero aún no crecía lo suficiente. En un mes más tal vez, lograría que llegara a la altura de sus hombros.

Le parecía increíble que más de nueve meses hubieran pasado desde su triunfal y exitoso "regreso" de Leasath.

Había estado muy atareada desde entonces. En todos los aspectos.

Lo más difícil había sido lidiar con todas las preguntas de Kirie y Hikari acerca de la misión. Las de ellas, fueron incluso, mucho más difíciles que las de Midget y el Consejo de Seguridad, que evaluó con extremo detalle todos los puntos de la misión.

Aún así, eso no era lo peor.

Lo peor eran las noches, en su apartamento.

Nada en su vida se sentía real.

Ella misma, no se sentía real.

Nunca le había mentido a sus amigas antes.

A Midget a veces, especialmente cuando hacía alguna locura. Pero... JAMÁS a Kirie y a Hikari.

De momento, se daba fuerzas repitiéndose como en un mantra que era la única forma de protegerlas.

− ¡Moka-chan!,− gritó Hikari poniéndose de pie para ir a saludarla con un apretado abrazo, − Wow, estás radiante…¿A dónde irás después de nuestra comida?

Kirie la saludo con mucho cariño pero con menos entusiasmo.

− Aún no puedo creer que Takamachi sea realmente TAN increíble como dices, Moka-chan,− dijo Hikari casi haciendo un puchero.

La pequeña Yuri estaba sentada en la mesa en una silla especial para niños pequeños y de inmediato, estiró los brazos hacia ella.

− Oh vamos, Kiri-chan...− exclamó Hikari con una amplia sonrisa y un brillo especial en sus expresivos ojos azules. Hikari Fujiwara podía parecer tierna e inocente, pero era una bala, con una mente ágil, brillante y mordaz, − Seguro que las cualidades que Moka-chan aprecia en Shiro-kun no están al alcance de todo público…

Kirie hizo un gesto de desagrado.

Hikari sospechaba que Kirie tenía un ligero "crush" con Momoko desde sus tiempos juveniles, pero ahora que Momoko parecía finalmente interesada en serio con un muchacho, su amiga tendría que superarlo y tal vez finalmente, las tres pudieran ser felices.

− Si, veré a Shiro después− explicó Momoko al tiempo que tomaba a Yuri en sus brazos y se ponía a hablarle con total seriedad, preguntándole sobre su día y lo terrorífico que debía ser su abuelo materno.

− ¿Ves, Kiri? Moka-chan va a ser genial con sus hijos...Yo te dije que algún día, llegaría el correcto...Tú deberías dejar de suspirar por el tarado Diputado perfecto ya mismo y conseguirte un chico realmente bueno...O a una chica...Lo que tu quieras estará bien, solo que no sea político por favor…

Por supuesto, Kirie protestó airadamente por las teorías de Hikari y Momoko sólo sonrió, observando la interacción de sus amigas, mientras sostenía a Yuri en sus brazos. Kirie y Hikari siempre eran así cuando estaban juntas. Honestas y deshinibidas.

− Entonces Moka-chan,− preguntó Hikari en voz baja, después de asegurarse que nadie estaba cerca de ellas y cuando Momoko finalmente se sentó, − ¿Aún no pueden desencriptar ese dispositivo misterioso que esa famosa agente extranjera te dió?

Momoko, sentada a un lado de la pequeña Yuri, desvió momentáneamente la mirada usando como pretexto la demanda de atención de la niña, que parecía tener una particular preferencia por ella.

Por más que había intentado, mantener a raya el interés y si, la curiosidad de Hikari respecto a su misión, su amiga no quitaba el dedo del renglón. Según Hikari, su investigación era muy discreta y de bajo perfil, pero Momoko sabía de primera mano, que nada sería lo suficientemente "discreto".

Kirie por su parte, observaba a Momoko con total atención tras la pregunta de Hikari.

− Mi labor terminó cuando entregué ese dispositivo a Midget,− comentó Momoko con indiferencia, − Tenemos que concentrarnos en nuestras misiones actuales, Midget se hará cargo...ya no te distraigas con eso, Hikari-chan…

Su amiga, sin embargo...no se tragó el anzuelo.

− Si ese dispositivo fuera TAN inocuo, no te hubieran enviado a tí en primer lugar,− argumentó Hikari de pronto muy seria, para después volverse hacia Kirie, − Además está el hecho de que Kirie y TÚ, han estado ocultándome lo que realmente pasó en tu misión en Leasath...Yo tuve que arreglar el desastre diplomático pero NADIE me ha dicho que fue lo que realmente pasó….

Kirie y Momoko se miraron.

Ellas tampoco habían hablado desde que Momoko había "regresado" de Leasath.

Kirie no le había dicho TODO lo que había tratado de hacer. Sólo le había confesado que había hablado con 009 antes de la misión, por instrucciones de Midget... pero tampoco sabía el alcance de lo que iban a hacer.

Sólo sabía que sería una de las misiones más peligrosas de Momoko y por eso sabía que no podía dejarla sola.

Cuando todo estalló y supo la noticia de que todas las fuerzas seguridad de Leasath estaban tras ella, Kirie había tomado decisiones impulsivas...Pero tampoco le había dicho nada a Hikari. Ni a Midget.

No le había dicho nada a nadie.

Esa era casi la primera oportunidad que tenían de compartir juntas, como solían hacerlo antes de ESA misión, diez meses atrás.

Obviamente, ella no le había dicho nada...a nadie.

Momoko entendía cómo se sentían sus amigas. Especialmente Hikari quien era particularmente sensible para esas cosas. Donde antes siempre se decían todo, por mínimo que fuera, ahora estaban rodeadas de secretos. Ella se sentía culpable por eso, pero también tenía la certeza que esa era la ÚNICA forma en que podía protegerlas.

Por ello, se decidió por una estrategia arriesgada pero era la única que podría funcionar con su amiga.

Con ambas, en realidad.

− Hikari...Kirie,− dijo Momoko muy seria, − Ustedes saben que son las personas en quienes más confío en el universo…¿lo saben, verdad?

Enfurruñada, Hikari cruzó los brazos sobre el pecho y asintió con la cabeza.

Kirie, inspiró profundamente.

− Lo que sucedió en Leasath, ha sido una de las experiencias más difíciles de mi vida,− dijo Momoko y eso al menos, era la verdad.

− Lo sabemos,− dijo Kirie con voz profunda, al tiempo que su mirada la atravesaba, − Has cambiado...desde Leasath, no eres la misma…

Y eso también era la verdad.

Ambas chicas habían notado el sútil pero profundo cambio en la pelirroja.

− Lo que pasó ahí, me enseñó realmente, lo que ponemos en juego con nuestro trabajo y nuestras misiones,− continuó Momoko muy seria apoyando sus manos sobre la mesa, − Ahora, entiendo mejor cómo se sienten respecto a sus familias, y cómo te sientes Kirie, respecto a Yuri...Y también valoro mucho más, tenerlas en mi vida...A ustedes y a Midget…

Hikari y Kirie se miraron. Momoko, la gran "Icebreaker", la mujer temeraria y audaz que habían conocido desde que eran adolescentes, nunca les había hablado de esa manera.

− Tener la ayuda de Shiro me ayudó a mantener la fé en que podríamos salir de ahí...con vida. Estoy segura que todas las gestiones diplomáticas que llevaste a cabo Hikari, contribuyeron a eso…,− dijo Momoko extendiendo sus manos para tomar las de sus amigas, − Y estoy segura que hiciste hasta lo imposible Kirie, no necesito que nadie me lo diga...

Después las miró alternativamente a una y a otra.

− Aunque yo estaba ahí, y ustedes aquí,− continuó Momoko antes de detener su mirada en Kirie, − Yo tenía la certeza de que contaba con ustedes. Ese pensamiento me mantuvo cuerda y me mantuvo viva durante todos esos días y me dió la fuerza para encontrar un resquicio, una oportunidad para regresar.

Hikari y Kirie estaban sin palabras e inusualmente conmovidas.

Momoko a su manera también lo estaba.

Aunque estuviera viva, se acercaba a lo que sería el final de la vida que había conocido hasta entonces.

− Hagamos algo,− dijo Momoko con una sonrisa, − Planeemos una salida, como lo hacíamos antes, vayamos a divertirnos un fin de semana juntas y démonos la oportunidad de disfrutar las cosas simples que tenemos a nuestro alcance...Démonos un descanso de las misiones, de los secretos y las intrigas...Les aseguro que TODOS esos problemas van a seguir ahí...Siempre.

Las tres rieron con ganas y durante los siguientes minutos, el ambiente se relajó y hablaron como solían hacerlo desde que eran jóvenes y no sabían de todas esas intrigas, peligros y muerte que su trabajo implicaba.

Durante esa tarde, al menos, las tres pudieron dejar el peso de los secretos de lado y ser solamente, amigas entrañables.

Uno de los camareros, un joven suboficial, se aproximó con una cámara, ofreciéndoles el servicio de fotografía del casino, que Kirie y Hikari aceptaron sonrientes, de inmediato.

Momoko sostuvo a Yuri en sus brazos y las tres amigas posaron, sonrientes y felices para la fotografía, que les sería enviada unos días después en tres copias a las direcciones que indicaron.

Sus amigas no lo sabían, pero después de ese día, su vida nunca volvería a ser igual. Por eso era tan importante para Momoko preservar lo que tenía con ellas lo más intacto posible. Pero más aún, necesitaba protegerlas de "la misión" en la que toda su vida se convertiría muy pronto.

Ese día iniciaba otra etapa de preparación de su misión.

Shiro Takamachi iba a presentarle a su familia ese día. Y seguramente, después de una cálida cena familiar, le declararía su amor.

Tal y como el General Kobayashi había vaticinado, pese a todo lo que Shiro había visto respecto a ella, o quizá precisamente por ello, él se había enamorado de ella.

Con un gesto discreto mientras platicaba con sus amigas, Momoko tocó las placas metálicas que siempre usaba bajo cualquier atuendo que se pusiera.

No creía tener la fuerza para acostarse con él esa noche, pero estaba consciente que eventualmente, tendría que hacerlo y tendría que ser totalmente convincente.

Suspirando, se dijo a sí misma que tendría que practicar bastante, antes de "esa" noche íntima con Shiro. En especial, tendría que ser con alguien a quien no tuviera que explicarle porque ese simple acto, la hacía TAN infeliz.

Durante esos últimos meses, todos los agentes habían recibido nuevos dispositivos de comunicación personal, PDAs les llamaban. Hikari estaba radiante de felicidad y no paraba de mostrarles las nuevas y diversas tareas que podían hacer con ellos.

A Kirie, sin embargo, los mentados dispositivos la tenían muy enojada.

"Seguro que nos siguen a todas partes y escuchan todas nuestras conversaciones", solía decirles cada vez que podía.

Momoko no dudaba que Kirie tenía toda la razón.

Siguiendo un impulso, Momoko extrajo su PDA personal de su bolso.

No aquel que TSAB le había dado, sino ese otro que ÉL le había dado y que tenía varios niveles de seguridad adicional, para enviar un escueto mensaje a un contacto que ni siquiera tenía un nombre en la lista.

A Momoko esa lista no le importaba porque todos los contactos que aparecían listados, eran falsos.

Salvo uno.

"Ajedrez. Mañana. A la hora que quieras."

El destinatario aparecía únicamente con una letra y un número de dos dígitos.

G13.

-X-

Oficinas Corporativas de TSAB, Ciudad de Midchilda, Midchilda, Dia 31, Doceavo mes, 2011.

La mañana que concretó su retiro de TSAB, amaneció con un día despejado y brillante.

Era uno de esos días tan claros y hermosos de invierno, que lastimaba los ojos verlo.

Por ser el último día del año, las oficinas estaban más tranquilas y con muchas menos personas de lo habitual.

Pese al ambiente relajado, Midget la recibió en su oficina en TSAB con inusual formalidad.

La Vicealmirante tenía una oficina amplia y funcional en el piso ejecutivo de TSAB que también podía calificarse de solemne y austera.

Momoko recordó lo intimidada que se había sentido la primera vez que había entrado a esa oficina, doce años atrás, cuando había llegado como una rebelde aprendiz y esbozó una sonrisa ante el recuerdo.

Midget, en la pequeña sala que mantenía en su oficina ya tenía listo sobre la mesa de centro un servicio completo con su té negro favorito y dos tazas, observó a su agente con detenimiento y sonrió tambien.

− ¿Recordando alguno de los memorables momentos que has vivido en esta oficina, Moka-chan?,−preguntó la Vicealmirante.

La sonrisa de Momoko se ensanchó.

− Siempre has podido leernos como nadie,− dijo Momoko sentándose con movimientos cuidadosamente controlados en su lugar habitual del sofá.

Todavía no se acostumbraba a moverse con esa gigantesca panza en la que sentía que su abdomen se había convertido. Conforme su embarazo avanzaba se iba sintiendo cada vez más como un ostentoso y enorme dirigible aerostato flotante.

− Recordé la primera visita que te hice en esta oficina, debo decir que no ha cambiado nada en todos estos años,− concluyó la agente una vez que terminó de acomodarse.

− A diferencia de tí,− dijo Midget de inmediato sin dejar de sonreír.

La sonrisa de Momoko era radiante.

− Gracias a todas las deidades, ya me faltan menos de tres meses, nunca pensé que tener un hijo fuera más difícil que cualquiera de los operativos que he realizado,− reiteró Momoko.

La verdad, era que gracias a su excelente forma física y cuidadosa dieta, no había ganado aún demasiado peso y no estaba ni por asomo TAN voluminosa como ella se sentía, pero la agente nunca se había sentido de esa forma, tan ajena a su cualidad corporal habitual.

Para ella, el embarazo estaba resultando la misión más difícil.

Midget, no perdió detalle de la joven mujer mientras servía el té para ambas.

− Te creo,− continuó Midget mientras le alcanzaba una taza a su pupila, − Lo que nunca hubiera podido adivinar es que tú te retirarías primero que yo... No estás renunciando a un puesto de escritorio, Momoko...Aunque estos meses hayas decidido quedarte en la oficina, tu sabes que no siempre será así.

La sonrisa de Momoko se atenuó pero no desapareció mientras tomaba la taza que la Vicealmirante le ofrecía.

− Estás renunciando a una carrera brillante, Moka-chan. Yo confiaba que cuando decidiera retirarme, podría dejar el fuerte en tus manos.

−Oh, vamos Midget, tengo apenas veintisiete años y tú aún tienes MUCHOS años por delante, iba a tener que esperar mucho tiempo,− argumentó Momoko con buen humor para después agregar con más seriedad, − Yo tampoco puedo creerlo, la verdad es que estos seis meses de "inactividad" han cambiado mi perspectiva sobre las cosas… y sobre mi vida.

Desde el primer momento que Momoko había confirmado su embarazo, la agente había solicitado trabajo de escritorio. Midget, por su puesto, lo había autorizado; pero nunca imaginó que ese sería el principio de un cambio mucho más profundo.

Y permanente.

− Lo entiendo, Moka-chan,− agregó Midget tomando su té con lentitud, − Hay muchos agentes en TSAB, incluso en nuestra División como operativos de campo, que tienen hijos y familia. Tú sabes que en TSAB cuidamos de los nuestros, siempre.

Momoko asintió con lentitud.

Aunque se retiraba con tan solo doce años, Midget se había asegurado de que tuviera asegurada una pensión como agente de élite.

− Kirie misma,− continuó Midget, − Y tú conoces mejor que nadie los planes de Hikari, especialmente ahora que ha encontrado al "candidato ideal"...

Momoko sabía que Midget no estaba tratando de convencerla de quedarse. La Vicealmirante y ella se conocían demasiado bien la una a la otra. Siempre lo habían hecho, desde el primer momento que se vieron y se midieron.

Momoko sabía que Midget le diría, de forma simple y directa, que necesitaba que se quedara.

Desde que había anunciado su desición de retirarse dos meses atrás, la Vicealmirante en ninguna ocasión había tratado de hacerla cambiar de opinión.

Eso era lo que más preocupaba a Momoko.

Midget no quería hacerla cambiar de opinión. La Vicealmirante quería entender.

Desde ese día que había anunciado su retiro para casarse y formar una familia, Midget la observaba como tratando de entender las verdaderas razones de su decisión.

− Hoy,− dijo Midget de pronto, − Se cumplen dos años desde esa misión en Leasath...con Mylene.

Momoko tomó un sorbo más de té y se endureció internamente todo lo posible. Midget parecía una mujer cercana a sus cuarenta, que parecía una tía amable y gentil, pero en realidad era un halcón.

Un ave de presa de vista aguzada a quién no se le escapaba nada.

Ese era justamente el momento que ella había temido más de esa despedida.

En todo ese tiempo, Momoko nunca había hablado de Mylene; ni con Midget, ni con sus amigas, ni con nadie más. Nunca. Solo se refería a ella como "009" y al hecho de que durante la emboscada, le había dado el dispositivo de almacenamiento, se habían separado y no había sabido más de ella.

Una y otra vez, había dicho lo mismo, de la misma manera, sin profundizar en nada más, durante todos sus interminables interrogatorios y conversaciones.

− Lo que sucedió...en Leasath,− dijo Momoko poniéndose seria pero con voz serena, −Me hizo darme cuenta de cuán vulnerables podemos ser. Creo que no sería felíz haciendo ninguna otra clase de trabajo en la agencia, que no fuera como agente de campo. Y conscientemente, no podría comenzar responsablemente una familia y seguir siendo agente de campo.

Midget asintió lentamente.

Kirie y Hikari habían tratado durante esas semanas de que Momoko cambiara de opinión. Y al final, Momoko siempre terminaba diciendo lo mismo. No había alternativas intermedias.

− Shiro y yo lo hablamos desde que tuvimos la certeza de que tendríamos un hijo,− continuó Momoko, − Él también se está retirando de sus misiones de inteligencia del ejército. Lo consideramos parte de nuestro compromiso de pareja.

Esa era otra cosa que Midget había notado.

− Perder a un agente como Shiro, debe ser un gran golpe para los milicos,− dijo Midget volviendo a sonreír, −Lo tuvieron muy escondido hasta esa misión…¿Mylene te dijo lo que pensaba de él?

Momoko trató de no recordar las palabras de Mylene al respecto.

− No hablé mucho con 009, Midget,− dijo Momoko con indiferencia mientras se inclinaba para servirse más té, −Dejé de apuntarle con mi pistola sólo porque tu me lo pediste en esa llamada. Nunca me dijo toda la verdad y creo que eso hizo que no me sintiera...en confianza.

Midget no perdía detalle de su agente.

Momoko era la mejor por una razón: Siempre se mantenía en control de sí misma.

Y de sus emociones.

− La verdad es algo que nadie puede decirnos Moka-chan…

Momoko casi se atraganta con el té con esa frase de su jefa y mentora.

− Cada uno de nosotros, debe descubrir su propia verdad,− concluyó Midget sin mirarla, sirviéndose también más té, − Yo habría puesto las manos al fuego por Mylene. Si no te dijo más, fue tal vez porque no era el momento correcto y realmente lo lamento… Yo tenía la certeza que tu y ella serían muy...compatibles.

La agente se recompuso con gran celeridad pero no pudo articular palabra, Midget no le dio oportunidad.

− Una de las razones por las que te pedí que vinieras a verme ahora, antes de dar por concluido tu retiro de TSAB, es para decirte que espero que descubras tu verdad,− dijo Midget con voz increíblemente amable, − En cualquier momento de tu camino, Momoko...quiero que sepas que siempre puedes contar conmigo como hasta ahora...Sé que no tengo experiencia con niños pero si algún día necesitas un respiro...Aquí estaré...Los oficiales tenemos acceso a unas guarderías espectaculares por parte de la Armada.

Momoko tomó la oferta de paz de Midget y rió con buen humor.

Pero también registró el mensaje que la Vicealmirante le había transmitido con esas frases.

Lo primero que había aprendido con Midget cuando empezó su entrenamiento como agente, había sido a "leer entre líneas".

"No siempre se pueden decir las cosas explícitamente", le había dicho Midget desde el primer día.

Las dos hablaron durante varios minutos más, con aprecio y gentileza. Después Momoko sacó su placa, su identificación, su dispositivo PDA y su arma oficial para dejarlas en la mesa junto al servicio de té. Midget las aceptó, "oficialmente" y le entregó un elegante folder de piel a Momoko que contenía todos los datos de su retiro oficial.

Después de que la pelirroja se despidió afectuosamente de la Vicealmirante en el vestíbulo de acceso a su privado, donde la secretaria y varias otras personas las vieron abrazarse e intercambiar las cortesías de rigor con enormes sonrisas, Midget regreso a su privado y se sentó en el sitio donde Momoko se había sentado.

La Vicealmirante ya no sonreía.

Al contrario, estaba muy seria.

Y preocupada.

Ella también podía leer entre líneas.

Nunca antes había notado con tal claridad cuánto le dolía Mylene Hoffman a su pupila.

Tal y cómo había pensado desde el principio, el encuentro entre ambas no había sido trivial.

La Vicealmirante observó también el arma que Momoko había dejado sobre la mesa.

Una Sig Sauer 9 mm P220.

Esa sin duda era su arma oficial. La misma que Momoko odiaba con todo su ser. Nunca se había sentido cómoda con ella. Aunque era una de las armas oficiales del Buró en su División, Momoko siempre se quejaba de ella.

La pelirroja siempre había preferido la Beretta.

Midget como su oficial a cargo, sabía de primera mano que sus agentes poseían varias armas. Ella era quién había tramitado los permisos especiales para que las usaran.

Y la favorita de Momoko era la Beretta 92X.

...que no había entregado.

-X-

Downtown, Ciudad de Midchilda, Midchilda, Dia 31, Doceavo mes, 2011.

Antes de terminar ese día y el año, Momoko tenía una sola cosa más por hacer. Que fuera en ese día, él último del año solo lo hacía...paradójico. De alguna forma sentía que "la misión" en realidad había empezado mucho antes.

Dos años atrás, tan solo había chocado de frente con ella. Pero todo ese engranaje que había determinado su destino, se había puesto en marcha desde mucho antes.

Así como había firmado su retiro de TSAB, sellando esa parte de su vida profesional; también necesitaba sellar su compromiso con esa nueva "misión invisible".

Eran cerca de las 8 de la noche y había hecho los arreglos para pasar ese último día del año, sola.

Al menos, eso era lo que sus amigos y su "futuro esposo" pensaban.

Sería la última vez en su vida que podría hacerlo, después de todo.

El año entrante, que en ese momento parecía estar a años luz de distancia, seguramente pasaría ese día entre pañales y llantos de bebé… y con el padre de ese bebé.

Shiro se había sentido decepcionado pero, como siempre sucedía con todo lo que Momoko le pedía, había terminado aceptando. Momoko tendría que reunirse con él y su familia al día siguiente al mediodía, pero esa noche, sería solamente suya.

Al menos, una parte de ella.

Sus instrucciones fueron escuetas.

Tan sólo debía presentarse en "Mosphere", uno de los restaurantes más lujosos de Midchilda, mismo que se encontraba ubicado en el último piso de uno de los edificios más altos y emblemáticos de la Ciudad, la Torre Stratos. La visita se transformaba en una experiencia desde la entrada misma que conducía a un lobby especial de acceso a la maravilla tecnológica del elevador panorámico que desde el primer momento, parecía conducir a sus ocupantes directamente a las nubes.

La vista era espectacular desde los primeros metros pero más aún, cuando se superaba el centenar.

En cuanto el elegante y enorme elevador panorámico la dejó en el igualmente elegante vestíbulo del restaurante, el maitre la esperaba listo para llevarla a su mesa.

Su mesa designada era simplemente la mejor del lugar y estaba exquisitamente preparada para una cena de lujo con velas, cubiertos brillantes y elegantes copas.

Por la temprana hora, el lugar estaba todavía casi vacío, salvo un par de mesas que se encontraban lo suficientemente lejos de la suya.

Momoko se dejó guiar por el exclusivo espacio observando cada detalle del lujoso ambiente y tan pronto se sentó, un jugo exquisitamente preparado, apareció frente ella. Y poco después, a las ocho de la noche en punto, lo hizo su contacto, que resultó ser la persona que ella menos esperaba.

− ¿Disfrutando la vista?,− preguntó la doctora Misako Tougane quien iba elegantemente vestida, luciendo una sonrisa fría mientras se sentaba, sin dejar de admirar el ventanal de piso a techo que permitía un vista única de la ciudad de Midchilda iluminada por la noche, − Esta es un vista reservada para unos pocos privilegiados.

Al igual que con Momoko, una bebida, que por la copa parecía un burbujeante champagne; le fue colocada por un solicito mesero que desapareció tan rápida y silenciosamente como había aparecido.

Por varios segundos, Momoko no supo qué decir y tuvo que hacer un visible esfuerzo para mantener su semblante y su actitud, serenos e inmutables.

Nunca se había encontrado con esa mujer en persona.

Sólo la había visto a través de la pantalla de un monitor y en los archivos que había revisado con extremo cuidado durante esos larguísimos meses de trabajo de escritorio. Aunque de acuerdo a los archivos que la agente había encontrado, ambas tenían la misma edad; Momoko y Misako Tougane no podían ser más diferentes entre sí.

Tanto física como profesionalmente.

Alguien muy avezado podría llegar a decir que, más allá de las diferencias físicas, sus almas eran diametralmente opuestas.

Y Momoko tenía la certeza de que pasara lo que pasara con ella, jamás tendría una mirada tan fría e inhumana como la de esa mujer.

La ahora agente retirada, había esperado al General Kobayashi o a alguno de sus hombres de confianza.

Militares.

Ciertamente no esperaba a esa científica demente que había torturado a Mylene tantos meses atrás.

El puro recuerdo parecía una pesadilla que había cobrado vida.

Y el hecho de que Misako Tougane estuviera ahí sólo podía significar una cosa.

Ella estaba más alto en esa "organización" que Kobayashi o cualquiera de sus esbirros.

− Veo que te he sorprendido, ¿puedo llamarte Momoko?,− preguntó Misako con una voz tan suave y profunda que hizo pensar a Momoko en algún veneno mortal.

La doctora Tougane había hecho la pregunta pero no esperó por una respuesta antes de continuar.

− El verdadero poder debe ser invisible para ser efectivo, Momoko,− dijo Misako tras tomar un sorbo de su champagne con placer, − El verdadero trabajo es invisible. Y se esparce invisiblemente...Si tu hubieras adivinado con quién te reunirías hoy, sería una señal de que hemos hecho mal nuestro trabajo.

Momoko la imitó y con movimientos cuidadosamente controlados, tomó su bebida.

Tenía que endurecerse.

A partir de ese momento, toda su vida sería una prueba. Esa era la verdadera razón por la que la Doctora Tougane había sido enviada para reunirse con ella.

Esos malditos la estaban probando y seguramente, lo seguirían haciendo durante todo el tiempo que durara esa misión.

O todo el tiempo que ella aguantara.

Y se había prometido a sí misma cuando aceptó esa oferta del diablo, que aguantaría hasta el final.

Cuando sea que eso fuera.

Momoko se mantuvo en silencio, tan solo tomando leves sorbos de su bebida.

− Wow, aprendes con rapidez,− exclamó Misako con una sonrisa pero un brillo implacable en su mirada, − Habría jurado que tendrías...muchas preguntas…¿No vas a preguntarme nada?

− Cuanto más invisible sea una organización, mayor influencia tendrá,− contraatacó Momoko con indiferencia, sin dejar de mirar a los ojos a la científica, − Después de eso, cualquier pregunta es innecesaria.

Misako asintió. Momoko estaba demostrando ser un recurso invaluable.

Y una formidable oponente.

− Puedes hacer preguntas, si lo deseas,− aclaró Misako con más gentileza, − Aquellas que no puedan ser respondidas, no lo serán...Pero es importante que conozcas la importancia de tu posición para nosotros.

− Goro me explicó con mucha claridad que seré un arma…

La sonrisa de Misako se ensanchó en ese momento.

− Incluso entre las armas, hay niveles Momoko,− aclaró Misako, − No pienses que invitamos a cualquiera a unirse con nosotros...Tal vez por lo que Goro te dijo, hayas pensado que nuestra organización es militar, pero en realidad nuestros objetivos son mucho más amplios… Y nuestros intereses se ajustan en concordancia con una realidad dinámica, cambiante y en muchos aspectos difícil de controlar...Todo el tiempo. ESO es lo más difícil de crear el futuro: Realizar las acciones necesarias para que a corto, mediano y largo plazo, suceda lo que DEBE suceder y no cualquier otro evento fortuito...Incluso los eventos que "parecen" fortuitos...En realidad, no lo son.

Misako le había dejado varios anzuelos, pero Momoko no mordió ni uno.

Era evidente que no iban a decirle en ese momento quiénes eran, o cuáles eran sus objetivos, y si acaso se lo decían, lo más seguro es que fuera, o una mentira u otra prueba para su lealtad.

Ella prefería una estrategía diferente.

− De momento, lo único importante es la preparación que necesito realizar para mi participación en esos objetivos,− dijo Momoko con serena eficiencia, − Ese fue mi acuerdo con Goro cuando acepté la propuesta ... y el compromiso.

Misako asintió nuevamente con lentitud mirando a Momoko de forma penetrante sobre el borde de su elegante copa, que ya casi estaba vacía.

La doctora ya había estudiado a fondo toda la información sobre Momoko Ryogui que algunos de sus colegas más cercanos le habían conseguido para esa reunión. Y la que ella había podido compilar por cuenta propia. Nunca le gustaba tener una sola fuente de información. Su estricta formación científica le decía que siempre, había que verificar, experimentar, corroborar… y evaluar todo. Las fuentes, los datos, los resultados...los supuestos hechos.

La verdad distaba mucho de ser absoluta y era, especialmente, esquiva.

Lo que ella u otros, veían de Momoko Ryogui era una cosa, pero la realidad sobre la mujer frente a ella, seguramente era otra muy diferente.

Una de las características más importantes de la agente era no sólo su eficiencia y letalidad, sino su absoluta lealtad.

Esa misma lealtad hacía ciertos valores o personas, ocasionaba que hubiera opiniones encontradas respecto a su valor para la organización. Misako y otros, pensaban que aunque Momoko no fuera "leal" a ellos al principio, sus motivaciones personales la convertirían en un elemento de extrema utilidad.

El otro bando la consideraba simplemente demasiado peligrosa para tomar el riesgo.

Por eso los cobardes no debían tener el poder suficiente para tomar decisiones.

Al final, Misako, Goro y sus aliados habían ganado. Aunque Momoko estaría a prueba por un tiempo, tal vez un largo tiempo; ciertos agentes podrían empezar a prepararla para las misiones que eran de mayor interés.

Ese proceso duraría tal vez, años.

Y si en cualquier momento fallaba, siempre estaba la opción de utilizar ese pequeño biodispositivo implantado profundamente en su cerebro para resolver el asunto.

A Misako no le importaban ni las objeciones abyectas, ni esas medidas de contención militares y cobardes. Ella hacía con sus propias manos y mente lo que era necesario hacer, y tenía la paciencia necesaria para hacerlo.

Lo que la actitud de la agente le decía era que, ella también lo sabía y que estaba lista para el reto.

Esa era la primera cualidad que le gustaba de ella.

Lo que veías en Momoko Ryogui, era lo que obtenías.

La segunda cualidad que le gustaba y le daba la certeza en sus intuiciones sobre ella era que Momoko Ryogui, pese a ser una agente de élite, era demasiado humana para su propio bien.

Ella era la clase de humana que nunca, se transformaría en un monstruo.

Ciertos humanos podían dejar de serlo para transformarse en monstruos y no había vuelta atrás. Como ella bien sabía, tal vez solo parecían humanos un tiempo, pero en cuanto tomaban conciencia de su esencia monstruosa, era como despertar de un sueño lánguido a la realidad.

No se podía regresar al sueño una vez que se había despertado.

Y al final, los humanos siempre perdían contra los monstruos.

− Esta noche inicia la que será la misión más larga e importante de tu vida, Momoko,− dijo Misako en ese momento, ya sin sonreír.

Momoko sin embargo, meneó lentamente la cabeza.

− Tal vez para ustedes,− dijo con voz neutra, − Para mí, empezó desde mucho antes...por eso no brindando con champagne junto con usted...Doctora Tougane.

Misako volvió a sonreír pero su sonrisa no fue agradable.

Sin duda, Momoko sería un recurso y una adversaria formidable a quién no se podía tomar a la ligera.

− Tu vida pública es una parte fundamental de esa preparación, Momoko,− dijo Misako a su vez con idéntico tono, − Nos da gusto que hayas tomado tu compromiso con nuestra organización con tanta seriedad y dedicación...Aunque sé que Shiro-kun nunca estará a la altura de Mylene, TODOS hacemos lo que es necesario... Y a veces un poco de sacrificio es necesario.

Momoko sintió que algo ardía con furia en su interior y apretó los puños con toda la discreción que le fue posible hasta que volvió a tener el control de sí misma. No podía dejar que esa mujer, ni nadie más, la provocara con su sarcasmo.

Ni siquiera con el nombre de Mylene.

Sus copas estaban vacías pero nadie se había acercado para ofrecerles nada más.

Las dos mujeres tan solo se miraron con intensidad por varios segundos.

− No te confundas, Momoko,− dijo Misako al cabo de un rato sin dejar de mirar a la agente, − No somos vulgares militares, espías o simples políticos con planes a corto plazo en una cruzada de ambición desmedida...No somos la "policía del mundo", ni los sacerdotes de la ética….Nosotros, somos mucho más y nuestra visión alcanza mucho más allá de la inmediatez que preocupa al "ciudadano promedio" y de las metas limitadas de otros, que no tienen el valor de tomar las acciones que nuestra responsabilidad histórica requiere ...Nosotros planeamos y actuamos para el futuro, para la posteridad.

Momoko se mantuvo seria y en silencio.

Ella ya había notado esa característica también en Goro Kobayashi. Esa casi irracional devoción hacía un objetivo, desconocido, pero al parecer...sublime.

− ...Ten la certeza que tu trabajo y tu lealtad, están orientados a un fin mucho más elevado

Tras decir esas últimas palabras, Misako extrajo un pequeño dispositivo de la elegante gabardina que vestía y lo dejó en medio de la mesa, entre ellas.

Momoko nunca había visto un aparato como ese en su vida.

Era similar a esas PDAs que habían usado el año pasado y que habían sido sustituidas por otros dispositivos para mensajes digitales y comunicación, pero este, era mucho más avanzado que cualquiera de los que TSAB usaba.

Por lo que podía ver, estaba encendido pero parecía en un estado inactivo.

− Se activa con tu huella dactilar,− explicó Misako volviendo a sonreír, − Utiliza una red satelital encriptada y desde luego, secreta. Nadie más podrá contactarte a través de él. Tu handler te mandará un mensaje indicando cuando tendrán comunicación y tú tomarás medidas acordes. Debes tenerlo siempre activo...Sobra decir que nadie debe verlo, ¿verdad?

Momoko tomó el pequeño aparato y lo examinó conteniendo su impulso de mirar a su alrededor. Si la científica se lo estaba dando con esa naturalidad en ese momento y de esa forma, tenía que ser porque se sentía segura en ese entorno.

− ¿Cómo sabré que quién me llame tiene la autorización necesaria?,− preguntó la agente todavía mirando el aparato.

La doctora sonrió.

− Creeme...Quién sea que te llame por él, TIENE la autorización necesaria. Este es un dispositivo de comunicación satelital bidireccional con un nivel de encriptación que actualmente no está disponible ni siquiera, a nivel militar estándar. Tu nombre código solo será conocido por el nivel más alto de nuestra organización...y por tu handler,− continuó Misako sin inmutarse y sin dejar de sonreír fríamente, − Pronto recibirás tus primeras instrucciones...Hay algunos detalles que debemos atender antes de que tengas tu...permiso de maternidad...

Momoko, depositó el dispositivo sobre la mesa y esperó.

No iba a hacer la pregunta.

Desde su primera misión como agente novata, su nombre código en el Buró había sido "Icebreaker". Midget le había dicho cuando anunció su retiro que dicha asignación sería descontinuada y su expediente, clasificado. Nadie más volvería a usar ese mismo nombre código, ni nadie sabría quién era la persona que había respondido a esa designación. Todas esas medidas eran necesarias para la seguridad, tanto de ella, como del Buró.

La agente realmente quería escuchar cuál sería "ese" nuevo nombre código que le asignarían.

Misako Tougane le extendió un pequeñísimo papel doblado sobre la mesa y se puso de pie.

− Disfruta la cena, Moka-chan...corre por cuenta nuestra,− dijo la mujer con una sonrisa y una mirada triunfal que Momoko no se podía explicar, − Esta mesa es la mejor no solo del lugar, sino de todo Midchilda y quizá, del Mundo. Lo puedo afirmar de primera mano. Las velas son especiales y tendrás una vista envidiable de los fuegos artificiales y de la ciudad desde aquí...Cuando estés lista para ir a casa, el maitre tendrá tu transporte listo… Bienvenida a la familia…

Momoko tomó el papel y en un impulso repentino hizo la pregunta casi como un acto de rebeldía.

− Creo que si tengo una pregunta...Doctora Tougane,− dijo Momoko imitando el tono de su interlocutora, − Más allá de que seamos una organización invisible y sin nombre…¿nos referimos a nuestra "familia" de alguna forma…?

Misako se detuvo unos instantes como considerando la cuestión.

− No… no nos identificamos con ningún nombre...pero pensamos en nosotros mismos como "legionarios"...− respondió Misako con un sonrisa modesta y una mirada críptica, − Un ejército de guerreros leales a una noble causa, por la que vale la pena morir ... O a matar…

En esa última frase, su mirada se transformó y Momoko lamentó ya no tener más bebida en su copa, ya que no tuvo manera de desviar su atención de esa mirada, de esos pozos de oscuridad en que se transformaron los ojos de Misako.

Ahora ella formaba parte de ese "ejército familiar"...

Sin decir más, Misako se dió la vuelta y enfiló, no hacía la salida "estándar" sino hacía una zona privada por uno de los laterales del restaurante.

En ese momento, todos las demás personas que estaban hasta ese momento en el lugar, se pusieron de pie y salieron con ella. Incluso varios meseros.

Momoko se descubrió de pronto, completamente sola en el lugar y todos sus sentidos se pusieron en alerta total.

Esa noche, ni siquiera había pensado en llevar la más pequeña de sus pistolas personales.

Tras un par de minutos, un mesero muy joven y que no había visto hasta entonces, se aproximó a ella y la agente, inconscientemente apretó el diminuto papel que tenía en su mano.

− ¿Desea la señorita un jugo igual o puedo traerle alguna otra cosa?

Momoko se esforzó por recuperarse y ordenó solamente un vaso con agua.

La agente esperó, observando a su alrededor hasta que su orden estuvo frente a ella y el joven mesero le dejó la carta con las opciones para esa noche.

− ¿A qué hora llegan habitualmente sus comensales en este día?,− preguntó Momoko con una sonrisa que esperaba no fuera demasiado forzada.

El joven sonrió e hizo una profunda reverencia.

− El día de hoy, "Mosphere" está cien por ciento dedicado para usted, señorita Ryogui,− dijo el joven aún inclinado, − Estaré pendiente cuando me indique que desea ordenar… le recomiendo iniciar con el carpaccio de salmón...Es una delicia y uno de nuestros mejores platos a nivel internacional...La señora Tougane fue muy clara en sus indicaciones de atender todos sus requerimientos.

Momoko se sintió repentinamente abrumada y solo alcanzó a asentir, mientras el joven se retiraba.

¿Habían cerrado todo el restaurante...solo para tener esa reunión con ella?

Cuando estuvo a solas, observó nuevamente la majestuosa vista que tenía desde su mesa y como si fuera una señal, una suave música de jazz invernal comenzó a escucharse de una forma tenue pero envolvente completando el ambiente de exclusividad y lujo que la decoración del restaurante y la vista ya evocaban a la perfección.

Entonces entendió.

Todo.

Todo era parte del mensaje que "ellos" le hacían llegar con ese despliegue.

Le estaban diciendo que su organización estaba más allá de cualquier mortal y que tenían a su disposición, recursos que otros no podían ni siquiera imaginar.

Y también le estaban diciendo que ahora, ella formaba parte de esa...familia.

Momoko no pudo evitar preguntarse con un nudo en el estómago, cuál sería el precio por abandonar esa cruzada por la que valía la pena morir… o matar, como Misako había dicho.

Simplemente morir no parecía suficiente.

Hasta entonces, miró su puño donde sostenía el papel que aún no se había atrevido a ver.

Inspirando profundamente, Momoko se dió valor y abrió el puño para encontrar el pequeño papel completamente arrugado.

Cuando leyó el contenido, estuvo a punto de soltar una carcajada ligeramente histérica y en su esfuerzo para contenerse, el sonido que salió de lo profundo de su garganta fue casi como un jadeo ahogado.

Mylene se habría reído mucho de ella por la ironía de su nuevo nombre código "especial".

Alguién definitivamente tenía un sentido del humor muy retorcido.

La pelirroja recordó entonces que Misako le había dicho que sus velas eran especiales y extendió el diminuto papel hasta una de las pequeñas llamas que lo atrapó con voracidad de depredador, consumiendola por completo.

No había quedado ni siquiera una mota de ceniza.

La totalidad del pequeño papel se había transformado en humo.

Tan sólo en la mente de Momoko había quedado grabada a fuego la palabra que ahora, era su nuevo nombre código. Su identificación y la marca de su decisión no solo profesional, sino de vida. Un nombre que usaría tal vez por muchos años, en el más profundo del anonimato y que nadie, de las personas cercanas a su corazón, conocerían jamás.

Para todos sería una agente retirada, madre, esposa; tal vez tendría un negocio modesto...pero nadie, podría ni siquiera imaginar la verdad acerca de ella.

Su verdad.

Y tan solo un puñado de personas a las que ni siquiera conocía, sabrían que esa palabra, activaba la que sería el arma más letal de una organización sin nombre.

Su nombre código, sin duda, estaba a la altura pensó Momoko un poco amargamente al tiempo que cerraba los ojos y murmuraba para sí, en voz tan baja que ni siquiera alguien que hubiera estado sentado en la misma mesa, lo habría escuchado.

Casi parecía una oración a la que se aferraría a partir de ese momento.

"Ultrasecreto".

-X-

Ciudad de Midchilda, Midchilda, Dia 01, Primer mes, 2046.

Era su ritual personal.

Nadie lo sabía.

Nadie.

Cada año, desde hacía más de treinta, el primer día del año, temprano por la mañana cuando todos dormían después de la celebración de fin de año, las miraba.

Momoko abría ese compartimento que solo podía ser abierto con su huella digital, en uno de los cajones del escritorio en su estudio y las sacaba para mirarlas.

Seguían tan brillantes como el día que ella, se las había dado.

Mylene no le había dado las placas el primer día del año pero, Momoko siempre recordaba que se habían encontrado por primera vez, el último día del año y la misión que había cambiado su vida para siempre había comenzado, verdaderamente, los primeros segundos del primer día del año 2010….con media policía y todo el ejército de Leasath Oriental persiguiéndolas en una cacería voraz.

Ahora, podía sonreír al recordar esos primeros escarceos que habían compartido.

Nunca le había contado a nadie, ni siquiera a sus amigas más cercanas los detalles "profesionales" de esa misión. Mucho menos, los detalles "personales", no relacionados directamente con "la misión".

Esos momentos, le pertenecían solamente a ella. Y aún después de tantos años, recordaba a la perfección todo lo que habían vivido juntas y cada uno de los momentos que había pasado con ella.

Algunos años, incluso se permitía la debilidad de pronunciar su nombre en voz baja. Pero hacía varios años que eso no sucedía.

Solamente había fallado en su ritual una vez y aunque no había sido una omisión que fuera atribuible a su descuido, ese hecho le molestaba.

Profundamente.

Esa, era otra cosa que ese maldito psicópata, le había arrebatado.

Ese único momento en que Momoko, se permitía la debilidad de pensar en ella y en su corto pasado compartido.

Ese único momento en que podía recordarla.

Si el desgraciado no estuviera muerto, volvería a matarlo por todo lo que había hecho a su familia y a su ritual. Y aún después de tantos meses tras el incidente, aún seguía esperando la explicación que le habían prometido. "Su organización" se había mantenido en un silencio sepulcral al respecto.

Momoko apretó con fuerza las dos placas metálicas como si fueran alguna fuente de energía mágica desconocida.

Si...tanto Midget como Mylene habían tenido razón.

La verdad no era algo que pudiera decirse, ni siquiera a uno mismo. Ella se había acercado a la verdad, la había vislumbrado, la había olido, la había sentido, incluso la había rozado con sus dedos.

Pero aún no podía apresarla.

Una de las placas metálicas tenía solamente una secuencia de doce dígitos alfanuméricos y caracteres no convencionales. Momoko había investigado esa secuencia hasta el cansancio durante años, sin llegar jamás a ningún resultado.

Ninguno que fuera concluyente al menos.

La otra placa tenía un nombre y una fecha, nítidamente grabadas en dos líneas

"Mylene Hoffman, 06-06-1944"

El nombre era preciadisimo para ella pese a los años transcurridos.

La fecha... era otro misterio que no había podido descifrar, hasta ese día.

Muchas veces había pensado en deshacerse de esas placas.

Después de todo, Mylene nunca cumpliría su ofrecimiento de "explicarle todo", como le había dicho cuando se las dió. Sin saberlo, habían llegado juntas a Midchilda, pero no de la forma que pensaban.

Momoko nunca estaría a salvo y Mylene jamás le explicaría que eran esas placas.

Sin embargo, Mylene le había pedido guardarlas por ella y durante todos esos años, Momoko lo había hecho. Sus impulsos de deshacerse de ellas, no duraban más que un par de segundos y entonces venía la certeza de que jamás podría hacerlo.

Una parte irracional de su ser, todavía esperaba que Mylene cumpliera su promesa y apareciera en su puerta con esa sonrisa suya tan especial para explicarle, como si se hubieran visto el día anterior.

Su parte racional sabía que eso jamás pasaría. Pese a lo cuál, los años pasaban y mirarlas seguía doliendo igual que ese día, cuando el General Goro Kobayashi, se las había entregado.

Momoko todavía estaba mirando las placas cuando sintió una ligera vibración que conocía a la perfección, en su oreja izquierda.

Durante todos esos años como "durmiente", los métodos que "ellos" tenían para comunicarse con ella, habían evolucionado junto con la tecnología. Una carrera tecnológica en la que su "organización", siempre estaba varios pasos adelante de las pautas del gobierno y los estándares militares.

Con mucha calma y cuidado, Momoko guardó las placas en ese compartimiento especial que solo contenía las placas y dos fotografías.

Antes de volver a cerrar el compartimiento, Momoko sacó las dos fotografías para mirarlas brevemente también. Una, se la había tomado con Kirie y Hikari en el casino naval, cuando Yuri era una bebé de un año y medio; antes de iniciar "su misión".

Otra, era la que habían tomado cuando Hayate-chan había nacido y finalmente, las tres amigas entrañables eran mamás.

Momoko recordaba con nítida claridad ambos días y a las personas que salían en las fotografías.

Años después, se arrepentiría de no haber tomado una sola foto con sus amigas y sus hijos.

En eso, el maldito Kobayashi había tenido razón.

Ella amaba a sus hijos.

Y había amado profundamente a sus amigas.

A quienes, pese a todos sus esfuerzos, no había podido proteger.

Hikari había muerto. Kirie había sido asesinada...Y Yuri…Yuri, pese a su posición como kirin, su poder y su entrenamiento, había sido traicionada.

Al final, todas estaban muertas.

Y ella no había podido hacer nada para evitarlo.

Sólo quedaba Midget, quién ya era casi una anciana de ochenta años.

Y a ella... se le acababa el tiempo.

La "organización" la había mantenido activa hasta ese momento, gracias a sus dotes especiales, pero ciertamente, su edad comenzaría a ser un argumento de sus enemigos más acérrimos. Lo era desde hacía varios años atrás, pero ella les había cerrado la boca a todos y les había arrebatado los argumentos con sus resultados.

Suspirando, Momoko regresó las fotos al compartimiento con las placas donde seguramente reposarían hasta el año siguiente si ella seguía viva, o para siempre, si su anunciado encuentro con la muerte, finalmente llegaba.

Desde su experiencia con el degenerado que había secuestrado a su familia, pensaba con más frecuencia en la muerte y lo cerca que podían tenerla, sin saberlo.

Sacudiéndose esa sensación de desasosiego que siempre tenía ese primer día del año, se dirigió a su baño privado, entró y cerró con seguro.

El rostro que la miraba desde el espejo del baño era el mismo que sus hijos conocían pero su mirada, le resultaba desconocida incluso a ella misma.

A veces, parecía que no podía disimularlo más.

Tal vez eran demasiados años ya.

Demasiadas misiones.

Demasiada muerte.

Hacía más de un año que no la activaban. Después del incidente en la Biblioteca Infinita, mientras todos se recuperaban del shock que su ausencia había ocasionado, estuvo inactiva un par de meses después de que la dieron de alta médica. Y después de eso, sólo le dieron una misión extremadamente sencilla.

Nunca antes había pasado tanto tiempo entre misiones.

Tal vez, finalmente el tema de la edad estaba inclinando la balanza en su contra.

O... tal vez...finalmente, algo estaba pasando.

El movimiento inesperado que ella había esperado por años ya.

Si algo había aprendido con la edad, era que nada era permanente como ellos creían.

Ni siquiera lo invisible.

Tras prepararse mentalmente como lo hacía desde tantos años ya, Momoko activó la pequeña joya en su anillo de casada y en un reflejo condicionado, se endureció internamente antes que una voz en su oído, que solo ella podía escuchar, confirmara su activación...una vez más.

"Nombre código: Ultrasecreto...Estatus: Activado...Enviando coordenadas de operación…"

-X-

FIN…..

-X-

Ahora ya saben "por qué", el expediente de Momoko Takamachi es tan clasificado.

Nos vemos en "LΞG1ʘN".