Hola a todos.
Lo prometido es deuda. Hoy inicia "Repertorio". Antes que nada debo decir que no se trata de una historia larga, sino de una serie de historias de un capitulo o de 4 por muy largo. Se tratan de ideas esporádicas que conforme fueron llegando a mi mente las fui desarrollando pero no llegaron a tener la suficiente extensión para conformar una historia más larga.
Tengo proyectado subir uno cada viernes siempre y cuando no este una historia larga en desarrollo, de cualquier manera y como lo vine haciendo en "Furtivo", al final de cada publicación daré aviso de la siguiente actualización.
Si en algún momento me llega la inspiración o la idea para desarrollar de forma más larga alguno de estos proyectos, esa historia tendrá su publicación aparte.
De cualquier manera espero este nuevo proyecto sea de su agrado y que disfruten estas historias cortas.
¡Un abrazo afectuoso a todos los lectores!
Los personajes no me pertenecen, son creaciones de Rumiko Takahashi en su mayoría. La siguiente historia es con fines de entretenimiento y no de lucro.
SEPARACIÓN
El reloj de su buró anunciaba que ya eran las 3 con 44 minutos, en el Dojo todo mundo dormía pero ella estaba sentada y recargada hacia la cabecera de su cama con sus brazos abrazando sus piernas, estaba sollozando, le dolía lo que sabía era inminente y deseaba con todas su fuerzas que el tiempo se detuviera pero nuevamente al mirar el reloj, pudo notar que ya eran 3 con 50. No quería, no lo aceptaba, tenía que ser un error, después de seis años juntos, después de tantas aventuras, desvelos, enojos y alegrías, después de tantos momentos juntos ella sabía que al amanecer se tendrían que separar y por más que no lo aceptara, Akane no lo podía evitar; durante la madrugada recordó cómo es que él llegó de manera intempestiva a su vida, llegó a poner de cabeza su "control" y "tranquilidad" y como por él aprendió cosas que toda su vida quería aprender, siendo un claro ejemplo a cocinar, tardó más tiempo del que pensó pero no lo iba a matar de hambre y aunque se tratase de un Saotome, no había garantía que resistiría para siempre. No pudo dormir en toda la noche, se abrazaba a sí misma, se daba de vueltas entre las sabanas, se levantaba a caminar, y en su rostro se marcaba un gesto de dolor; que difícil era asimilar que ya no podría verlo, no podría tenerlo, no sentiría su compañía; se sentía perdida.
A la llegada del amanecer, Akane con pereza veía por enésima vez su reloj, ya eran exactamente las 6 de la mañana, tenía los ojos bastante hinchados debido a que más de la mitad de la noche se la pasó llorando, le dolía pensar en todo lo que sucedería, tomó a Tortu-chan, que fuera un peluche que él le regaló la navidad pasada y que en noches de agonía se convertía en su consuelo. Se dejó caer otra vez sobre el suave colchón, quería que el tiempo se detuviera para siempre y tenerlo siempre a su lado, no quería alejarse ni un momento de él, simplemente se moriría al verse separada; tanto lo amaba que le costaba imaginarse un momento sin que haya llegado a su vida, tanto que se dio cuenta de que ya lo amaba desde antes que supiera de su existencia, es un amor que no conoce barreras, que no conoce el tiempo ni el espacio, posiblemente ya lo amaba desde que abrió sus ojos siendo una pequeña bebé, solo era cuestión de tiempo a que apareciera en su vida como sucedió, de la manera menos imaginada posible.
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En el patio de la casa Ranma ya estaba de pie, antes de siquiera hacer otra cosa hizo ejercicios de calentamiento como todas las mañanas, tomo esa rutina desde hace apenas unos cuantos días pues no podía conciliar el sueño como debería y aunque él lo negara también le estaba afectando mucho más de lo que se hubiera imaginado pero trataba de estar bien o al menos buscaba la manera de disimularlo. Su relación con Akane iba de las mil maravillas, sin embargo mientras más se acercaba la fecha ella se fue apagando, su jovial sonrisa en ella ya no aparecía y durante la última semana él sabía que era por la separación; mientras hacía sus katas no dejaba de pensar en esa linda sonrisa que tanto lo embobaba, de verdad extrañaba esa alegría que su amada irradiaba cada amanecer, sin embargo eso parecía ser cosa del pasado, odiaba que el tiempo haya pasado así en un abrir y cerrar de ojos, tanto que ya hacía sus ejercicios de manera errónea y él bien lo sabía.
Muy a pesar de ambos jóvenes el tiempo no se detenía; al ingresar a la sala miró el reloj, eran ya las 6:30 de la mañana; de verdad que el tiempo no da tregua y suspirando se dirigió a las escaleras para ingresar a la bañera y darse una ducha y quitarse de encima el sudor de su seudo entrenamiento, además quería relajarse y tomarse su tiempo para no pensar en nada, pero bien sabía que Akane seguiría acostada, así que muy a su pesar solo fue una ducha rápida. Akane no iba a mover un dedo esa mañana por lo que él tenía que comenzar a preparar todo, aunque a su marimacho no le agradara la idea ya era algo ya inevitable, ambos sabían que por el tipo de vida que han llevado llegaría de una u otra manera el momento de soltarse de su mano.
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Arrastrando sus pies, la peli azul llegó hasta el cuarto contiguo y ahí lo vio, acomodando sus cosas en su mochila, sus ojos se le inundaron de lágrimas y salió corriendo de ahí; Ranma la escuchó y fue detrás de ella sin importarle nada de lo que estaba haciendo en ese instante pues en ese breve momento, era más importante atender a Akane. Sin pensarlo demasiado entró intempestivamente a su habitación; la vio tan tierna, tan frágil, tan pequeña, como si se tratara de una niña indefensa perdida en un inmenso bosque, se sonrió para sí mismo pero no pasaron ni cinco segundos para dejar de hacerlo ya que ella podría tomarlo a mal así que mantuvo su postura seria mientras lentamente y paso a paso como cuenta gotas se acercaba a ella, sabía lo vulnerable que ella se encontraba, era doloroso pensar que hace apenas unos meses nada podía empañar su amor, pero el tiempo les enseñó que todo ciclo llega a un final dando entrada a uno nuevo, ese día Akane y Ranma debían de dar paso al final de un ciclo que ellos mismos iniciaron.
-Akane -Intentó hablar de la manera más tierna que pudo pero como no tenía tanto el tacto para expresarse de manera tranquilizadora, su voz se escuchó más como si fuera un reproche. La aludida solo lo miro con los ojos cristalinos pero se notaba una enorme decepción en contra del joven Saotome por la manera en la que se dirigió a ella, más aún porque vio en el azabache un ceño fruncido, ella solamente le hizo mueca de odio combinado con amor, como si fuera una extraña mezcla entre resentimiento y esperanza, cosa que Ranma no podía entender si no le era explicado antes- ¿Qué es lo que te pasa?-.
-¿Qué es lo que me pasa? -Dijo Akane de manera tranquila mientras se levantaba de la cama donde estaba abrazada a su lindo peluche de tortuga y se sentaba a un costado- Más bien la pregunta es ¿Qué te sucede a ti Ranma? -Eso era mala señal, se habían declarado desde hace ya varios años y aunque él no era muy expresivo a veces le decía cosas tiernas cuando estaban a solas, cosa que a ella le encantaba, pero cuando ella lo llamaba por su nombre por lo regular el salía volando ya que era la antesala para una discusión- De verdad que no te entiendo, parece que fueras de piedra, como si de verdad no te importara nada de lo que sucede-.
-¿Yo de piedra? No te entiendo Akane-.
-¡Eres un idiota Saotome! -Gritó la peli azul mientras aventaba al pobre de Tortu-chan quien no la debía en nada pero Ranma lo detuvo con suma facilidad y gracias a la acción de la joven se pudo dar cuenta de que su amada no estaba furiosa, sino más bien se encontraba resentida y el hecho que lo haya llamado "Saotome "de verdad que no era una buena señal-.
-¿Ahora qué diablos hice Akane? -No podía entender nada, él trataba firmemente de estar sereno para poder manera la situación en paz sin necesidad de pelea, pero al parecer ella no lograba entenderlo en nada y lo estaba frustrando de tal manera que no iba a aguantar un grito más de parte de Akane-.
¡¿Cómo se te ocurre hacerme esa pregunta?! -Le gritó llorando de nuevo- Pensé que sería difícil para ti pero veo tristemente que no es así -Dijo sollozante mientras se abrazaba otra vez a sus piernas como muchas veces lo hizo durante la noche- Ve a terminar lo que estás haciendo y no me molestes más-.
-¿Y ya? -Cuestionó curioso al saber el porqué del estado de ánimo de la chica y eso lo relajó para no seguir con la pelea-.
-¡Sí! ¡Y ya! ¡Haz lo que tengas que hacer! -Contestó mientras miraba hacia el lado contrario de donde estaba su tormento para que Saotome pudiera notar que de nuevo se encontraba llorando por el dolor de dejarlo ir-.
Así pasaron unos cuantos minutos, él solo la miraba ahí abrazada a sus piernas, y aunque él comprendía que a veces no tenía el tacto para tratar de tranquilizarla lo que en ese momento más deseaba era que Akane no sufriera y llorara más pues no soportaba verla así; desgraciadamente para ambos ya no había marcha atrás. Moría de ansias por abrazarla, quería consolarla y hacerle ver que no todo era tan malo, no obstante ella era muy terca y él aún era muy idiota al decir las cosas; además el tiempo ahora era su mayor enemigo y no podía dejarse llevar, no quería ilusionarla y después azotarla contra el suelo demostrando su triste realidad, era mejor tratar de ser un poco cruel y dejar que las cosas corran como si fuera el caudal de un rio.
-Akane… -Volvió a hablar tratando de estar tranquilo- Lo lamento, no es que no tenga corazón pero…-
-¿Pero qué?-.
-Esto es inevitable -Dijo suspirando- Ambos lo sabíamos Akane y teníamos que hacernos a la idea. No podemos posponerlo, así nos duela es lo mejor-.
Akane comenzó a llorar con gran intensidad pues lo que acababa de decir el ojiazul no era más que la verdad; Ranma por su parte no soporto el dolor de verla así por lo que se sentó a su lado y ella lo abrazó fuertemente. Saotome comprendía bien que Akane no quería separarse de él jamás, quería tenerlo siempre a su lado puesto que jamás la había visto así con un instinto tan posesivo pero desde que llegó a su vida comprendió que siempre sería así. Las veces que no lo tenía cerca eran contadas con los dedos de una sola mano y muy a su pesar e intentar de disimular el estrés de no tenerlo cerca no lograba hacerlo y el azabache lo notaba en cada uno de los instante en que aparecía enfrente de ella pues en un abrir y cerrar de ojos su paz y su vitalidad regresaba. Akane poco a poco estaba tratando de relajarse mientras se abrazaba fuertemente a Ranma, había momentos en el que comenzaba a odiar su destino pues únicamente estaba jugando son sus sentimientos, jugando con su emociones y en verdad no lo soportaba, sentía que en algún momento iba a estallar.
-Esto es tan injusto -Dijo en un hilo de voz-.
Ranma solo se mantuvo callado abrazándola pero se tenían que separar, el tiempo no daba ningún tipo de tregua pues miró el reloj y vio que eran cerca de las 7 de la mañana.
-Iré a preparar el desayuno, la mochila ya está lista -Contestó Ranma mientras se separaba de su amada y sin mirar atrás salió de la habitación-.
Akane empezó a comprender que Ranma también estaba sufriendo aunque fuera a su modo, así que se limpió las lágrimas y como toda una artista marcial se dispuso a cumplir con su destino, comenzando por un buen baño, eso de verdad la iba a relajar.
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Al bajar para el desayuno, el corazón de la peli azul se sentía un poco más tranquilo ya que por un momento olvido todo, dejó que el agua se llevara todos sus miedos y sus temores. Miró al reloj de la sala y ya daban las 7:35; entró al comedor y lo miró ahí sentado, tomando su desayuno, tan en paz, tan calmado y tan indiferente de la situación que le dolió en el alma y sintió que su pecho se apretaba de nuevo ¿Acaso no le importaba separarse de ella? Tragó saliva y se apretó fuertemente los ojos para evitar que las lágrimas corrieran de nuevo pues lo que menos quería era llorar frente a él, por más desinteresado que lo viera no le iba a dar el gusto de demostrarle que su mundo se caía en pedazos, simplemente tomó su lugar en la mesa y comenzó a degustar su desayuno.
-¿Esta bueno? -Preguntó Ranma-.
-Si…gracias -Contestó cabizbaja-.
Ranma solo la miraba y sabía que estaba aguantando el dolor en silencio, el sufrimiento iba en aumento conforme pasaba el tiempo pero las cosas tenían que ser así. Por primera vez en mucho tiempo el desayuno estuvo en silencio; nadie hablaba, nadie decía nada, estaban tan metidos en sus pensamientos que olvidaron que alrededor de ellos el mundo seguía girando sin detenerse, pero su pequeño universo en el que ellos decidieron vivir hace años atrás parecía que le estaba cumpliendo el enorme capricho de no moverse más y se olvidaron por un momento del tiempo. Pero el mismo tiempo también es traicionero y al darse cuenta el reloj ya marcaba las 8:20 de la mañana, así que Ranma fue el primero en moverse sacando a su amada de la ensoñación al ponerse el primero de pie.
-Ya es hora Akane-.
Akane solo asintió con la cabeza y se levantó muy a su pesar, con las pocas ganas que tenía, con el dolor atrapado en el pecho, con las enormes ganas de gritar y de escapar con él hacía un destino donde no tuvieran que separarse jamás.
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Unos minutos después estaban saliendo del Dojo, Ranma llevaba la mochila al hombro y se sentía hasta cierto punto devastado que no tenía ánimos de demostrar su gran equilibrio así que fue caminando por el suelo; la peli azul por su parte iba tomada de la mano de él pero no emitía ningún sonido pues sabía que serían los últimos momentos de tenerlo así a su lado; después de soltarlo ya nada iba a ser igual así que trato de atesorar cada segundo que pasaba a su lado aunque no le dijera palabra alguna; el solo hecho de tener su manos pegada a la suya era ya un momento especial.
La gente solo los miraba pasar, algunos transeúntes iban sonrientes, algunos otros se mostraban indiferentes, otros más pasaban sin percatarse de su presencia. Mientras tanto ellos seguían avanzando pero Akane por fin se animó a romper el silencio; necesitaba saber si Ranma pensaba lo mismo que ella o si de verdad no le importaba que se separaran, tenía aún un poco de fe y esperanza de que su amado se arrepintiera y dijera que eso es una locura fiel a su estilo y pudieran regresar a casa felices y contentos; de verdad que ese era el sueño que tenía en esos momentos. Y aunque el corazón le decía que lo que estaban haciendo era lo correcto, le costaba mucho hacerse a la idea de no estar a su lado, no lo soportaba, su garganta se le cerraba y las lágrimas comenzaban a brotar por si solas.
-Ranma, ¿De verdad estás de acuerdo con esto? -Preguntó con miedo-.
-Claro que sí Akane, ya lo hemos hablado y estabas de acuerdo-.
-Si…pero…ya llegado el momento podemos arrepentirnos -Se notaba temor en sus voz y deseaba de todo corazón que su terco caballo salvaje le aceptara ese capricho-.
-¿Que dices? -Preguntó confundido- ¿De verdad piensas eso? Me sorprende de ti Akane-.
-¿Porque?-.
-Porque tú no eres así, siempre me has dicho que primero el deber y después lo que uno quiere, es por ese motivo que decidimos que esto es lo mejor-.
-Si pero…-
-¡Pero nada! -Contestó molesto- Se acabó, no hay más que decir.
La crueldad de Ranma la sorprendió, no esperaba que le hablara así y fue ahí cuando lo comprendió bien; a él no le importa, jamás le importó, cosa que le alteró los nervios y por ende su impulsivo carácter salió a flote.
-¡Eres un insensible Ranma Saotome! ¡Te odio!-.
Desgraciadamente para ella, tarde se dio cuenta de que habían llegado a su destino final; la campana del sitio anunciaba que ya eran las 9 de la mañana en punto. Si antes no había manera de dar marcha atrás, ahora ya era totalmente inevitable, el destino estaba marcado; era hora de despedirse pero entre llantos de tantos otros más que se despedían se escuchó el grito de la peli azul, espantando a todos los presentes incluido al heredero Saotome.
Ranma con una gota de sudor en la frente y mostrando una madurez que jamás había mostrado se disculpó ante todos los presentes por el exabrupto de su esposa, se puso en cuclillas y se dirigió al pequeño que estaba a su lado.
-Oye Ryota, creo que mamá está tomando esto de la escuela de la manera difícil ¿No lo crees?-.
-SI papá -Dijo el pequeño con una sonrisa de emoción por su primer día de clases-.
Akane con una vena en la frente a pasos agigantados se acercó a sus hombres Saotome y los miró de manera fría y calculadora.
-¡Que ustedes dos sean unos insensibles y no piensen en mis sentimientos no es culpa mía entendieron!-.
-Akane, por favor relájate; en unas horas más vendremos por él, ambos sabíamos que iba a ir a la escuela en algún momento-.
-Sí, pero…aún está muy pequeño -Dijo con ganas de llorar la peli azul-.
-No se preocupe señora Saotome, aquí cuidaremos muy bien a su pequeño -Se integró a la charla una profesora de preescolar para calmar a la impulsiva Akane- Solo que es hora de cerrar para que comiencen las clases-.
Con dolor en su corazón vio cómo su pequeño hijo se iba con su profesora sin voltear atrás y sin decir siquiera "adiós" por lo que comenzó a llorar de nuevo, Ranma la abrazó por la espalda señalando apoyo a su explosiva mujer.
-Ya Akane, al rato lo volverás a tener entre tus brazos-.
-Esa insensibilidad la sacó de ti. No les importan los sentimientos de los demás, en especial los míos-.
-No digas eso, Ryota te quiere mucho y en poco tiempo querrá estar contigo de nuevo, No seas terca -Dijo Ranma tratando de consolar a su amada-Además es un Saotome y por eso mismo esta emocionado de vivir sus aventuras-.
-Pero es que nunca he estado tanto tiempo separada de él -Contestó-.
-Lo sé, nuestro heredero está creciendo-.
-Tienes razón, pero…solo espero que me abrace fuertemente cuando salga del colegio –Dijo Akane en un suspiro y Ranma sonrió al lograr su cometido, aunque aún se sentía mal porque su mujer aun no sonreía- Ranma ¿Te puedo preguntar algo?-.
-Dime-.
-¿Porque has estado tan pensativo estos últimos días si ni siquiera te afecto separarnos de Ryota?
-¿Eh? Pues…la verdad… -Ranma ya estaba todo colorado ante la pregunta de Akane y más porque le avergonzaba la respuesta pero se la tenía que decir pues por más pena que le daba tenía que hacérselo saber- Pues yo…yo…la verdad…este…yo…ex…extraño…tu…tu…tu…sonrisa… -Dijo al final- Pero como tú…pues no querías separarte de Ryota…siento que ya no…ya no sonreías por…pues por la angustia -Añadió dejando a Akane muy sorprendida-.
Ranma se mantenía cabizbajo y de momento se sintió entre los brazos de su marimacho y sintiendo sobre sus labios los cálidos besos de Akane, así estuvieron un rato y al separarse la joven señora Saotome le sonrió de la manera que tanto le gustaba a él.
-Bobo…te amo tanto-.
-Va…vamos… -Tartamudeaba Ranma- Te…te…te…invito un…mantecado-.
Akane asintió sonriente mientras lo tomaba del brazo y fueron caminando con rumbo a las nuevas aventuras que la vida les estaba deparando, ahora como una sola familia Saotome Tendo.
Fin.
Próxima actualización: Viernes 30 de Julio: Mi Edén.
