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Advertencias del capítulo: (Lenguaje obsceno)

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Disclaimer: Boku no hero y sus personajes NO me pertenece

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Nota: Esta historia es completa y absolutamente MIA, y no es permitido tomarla sin mi autorización.

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CHAPTER 3

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Habían transcurrido un par de meses en los que todos pudieron procesar mejor el hecho de que hasta el momento, el pequeño Hikaru aún no había obtenido sus poderes.

Estaban a tan solo tres días de su cumpleaños número cinco. Aunque el infante había aceptado muy bien las circunstancias, mientras se acercaba la fecha, lucía cada vez más triste y callado.

La primera en percibirlo había sido Ochako, quien pese a su trabajo de heroína, era la que más hacia espacio en su agenda para pasar tiempo con su hijo. Dado que la agencia que había abierto con Izuku estaba a cargo de él, ambos acordaron que ella intentaría invertir correctamente el tiempo entre su trabajo y su familia para estar con Hikaru, a menos que se tratara de una misión de riesgo.

Inko era quien se encargaba de cuidar del pequeño, aunque esto se distribuía en algunas ocasiones cuando los padres de Uraraka tomaban un descanso de su empresa de construcción, la cual ahora tenía mucho reconocimiento y solicitudes de trabajo.

Esa tarde, habiendo notado que Hikaru parecía mucho más cabizbajo desde el día anterior, Izuku le propuso a Ochako que tomaran unas horas de descanso para llevar al pequeño al parque de diversiones. Había transcurrido un tiempo desde que hicieron una salida pública, dado que todo el mundo los conocía y por lo tanto, estás mismas eran un fracaso, preferían pasar el tiempo en familia dentro de su hogar. No obstante, Deku decidió que Hikaru talvez necesitaba otro cambio de ambiente.

El pequeño fingió entusiasmo mientras iban por él, a casa de su madre.

Ambos padres decidieron usar ropa que camuflajeara sus identidades. Izuku se quitó las gafas mirando a su hijo a través del retrovisor de la camioneta.

—¿Sucede algo campeón? ¿No estás emocionado por ir al parque? – indagó con sobreexcitación.

—Te encanta el parque ¿cierto amor? – Ochako volteó en el asiento y miró al pequeño. Ella también portaba ropa oscura y gorra.

—Si… – una sonrisa se deslizó por sus labios, pequeña y tensa.

—Nos montaremos a la rueda y… podemos también usar los carritos chocantes ¿Qué te parece?

—Estupendo papi – musitó.

Izuku observó a Ochako quien le devolvía una mirada preocupada. Ambos sabían que Hikaru fingía y era aún más evidente cuanto le estaba afectando aquel proceso de aceptación.

El peliverde intentó no dejarse vencer por el pesimismo. La situación en si era demasiado delicada y se negaba a permitir que sus emociones le controlarán. Debía ser fuerte por su hijo más que cualquiera y ayudarle a comprender que aún sin poderes podría lograr todo lo que quisiera. Siempre estaría a su lado, sin importar qué, y juntos encontrarían la forma de superar aquella dificultad.

—Izuku ¡Cuidado! – el grito de Ochako le sacó de sus pensamientos.

Apenas logró reaccionar cuando notó que un auto se precipitaba hacia ellos. Literalmente era así, alguien parecía haber lanzado el vehículo como si se tratara de algo liviano.

Izuku lanzó una maldición, frenando al mismo tiempo en que viraba el volante y acelerando a toda marcha. Fue una suerte que el carril a su lado se encontrara vacío pues si bien el movimiento les quitó del desastroso impacto que habrían recibido, le costó un poco volver a tomar el control y la estabilidad del auto.

Una vez fue así, frenó de golpe y volteó rápidamente, observando a su esposa y luego a Hikaru.

—¡¿Están bien?! ¿Todos están bien? – el pequeño tenía los grandes ojos abiertos de miedo, pero asintió temblorosamente.

—¿Que fue eso? – mientras la pregunta salía de los labios de Ochako, pudieron escuchar los gritos de las personas.

Había gente que corría en su dirección, seguramente algún villano se encontraba a varios metros. Debía ser así, pues no podía percibir desde esa distancia ningún peligro.

Izuku frunció el ceño y observó a la castaña con seriedad.

—Debes llevarte a Hikaru, yo iré a ver qué sucede y lo detendré.

—La gente en el auto… seguramente esta herida – el peliverde chasqueó la lengua.

—Tengo que ir al frente del peligro, muchas más personas pueden salir lastimadas.

—Iré al auto y verificaré si hay heridos – tomó su teléfono y tecleó apresuradamente – Mandé un mensaje de emergencia a la red de héroes con nuestra dirección.

—Está bien – se quitó la gorra y los lentes – Mantén a Hikaru contigo – la observó a los ojos con intensidad – Y mantente a salvo.

—Lo haré – Ochako asintió – Tu también.

—Si.

La castaña fue la primera en salir del auto. Deku volteó sobre el asiento y desabrochó el cinturón del pequeño.

—Es un caso de emergencia, sabes lo que tienes que hacer ¿cierto campeón?

—Confiar en papá y mamá.

—Así es… nosotros te protegeremos – lo miró con una sonrisa tranquilizadora – Irás con mamá, sigue sus instrucciones, ella te pondrá a salvo. Papá irá a detener lo que sucede.

Aunque tenia mucho miedo, Hikaru decidió confiar en que su padre conseguiría vencer.

—Derrota al malo papi – le dijo con determinación. Izuku lo miró sorprendido, pero luego asintió con una mirada firme.

—Claro campeón – sonrió mientras lo sacaba del auto. Se lo entregó a Ochako, quien abrazó al pequeño con fuerza.

Ambos se observaron, y sin decir palabra alguna, se inclinaron casi al mismo tiempo. Sus labios se encontraron. Fue un roce ligero, corto, más bien dulce.

—Vete – le indicó en cuanto se separó de ella.

La castaña asintió y se alejó con el pequeño abrazado a su cintura. Cuando su hijo volteó y le observó, Izuku le mostró una sonrisa tranquilizadora. Esperó hasta que estuvieron a una distancia prudencial antes de acercarse al auto.

Aunque había aprendido con los años a usar el One for All, Izuku se apresuró a buscar sus guantes de combate. No llevaba su uniforme consigo, pero siempre tenia un par de guantes cerca. En cuanto los sacó de su resguardo, se los acomodó rápidamente. Se apresuró a bajar del auto e intentó observar el peligro. Las personas aún escapaban en dirección a ellos, lo cual indicaba que el villano aún estaba relativamente cerca. Podía sentir la vibración del suelo y escuchaba los gritos de la gente a la distancia.

Apretó los puños activando su poder mientras daba una mirada hacia atrás. Ochako se encontraba ayudando a los heridos del coche, se trataba de una pareja joven, parecían estar bien a pesar de las heridas superficiales. Hikaru estaba a su lado, su mirada preocupada fija en él. Izuku asintió y se lanzó hacia enfrente rápidamente. Su velocidad fue letal y en cuestión de segundos, observó al villano.

Se trataba de un tipo gigantesco. De calva, facciones gruesas, manos grandes. Tenía el enorme pecho al descubierto y los pantalones rotos de los muslos hacia abajo. Debía medir un poco más de los dos metros y medio, y su cuerpo era tan grande y musculoso que incluso su cuello desaparecía.

Izuku ya lo había visto antes. No sabía donde, ni cuando, pero estaba seguro. Conocía su fuerza monstruosa y su manera tan sádica de hacer daño. Su único objetivo era enfrentarse a personas fuertes y capaces de hacerle frente.

Recordó inmediatamente que había observado su fotografía unas semanas atrás. Al parecer era buscado por cargos de homicidio. Había asesinado a doce héroes y dejado en estado crítico a más de veintiséis, era un sujeto de temer.

Le observó tomar otro auto, con gran facilidad, sus manos se hundían en el metal y en ellas, parecía que el peso de vehículo se volvía mínimo. Al parecer no había nadie dentro, seguramente los pasajeros habían abandonado su resguardo, desde que vislumbraron al villano. Aún así, se puso inmediatamente a la defensiva, sabiendo que intentaría lanzar el auto como en la primera ocasión. Aunque no había visualizado a ninguna víctima hasta el momento, sabía qué estás se encontraban a sus espaldas, aún intentando escapar, las alarmas en su cien sonaban con estribor, no eran tan dolorosas como en el pasado, pero le mantenían en constante alerta.

Activó rápidamente su látigo negro, decidido a tomar el auto en caso de que no pudiera detener al hombre antes de que lo lanzara. Estaba por tirarse sobre él cuando algo le detuvo.

—Deku – sus ojos rojos y pequeños se encontraban fijos en él. Le enseño los dientes y pudo sentir la fuerza de sus sentimientos de odio y repudio.

Nunca lo había visto en la vida, pero se volvía evidente que él si sabía quién era.

—¿Quién eres? ¿Qué quieres? – se tensó, a la espera de una respuesta.

El sujeto lanzó un rugido, que bien podría competir contra el de un león y luego se inclinó apenas, resaltando las venas de sus brazos que sostenían aún el auto. Era evidente que lo lanzaría. Mucha gente podría salir herida, su familia incluso. El impulso de dar una mirada atrás le tenía acelerado el corazón. Quería creer que Uraraka había sacado a las personas dentro del primer vehículo lanzado y las había puesto a salvo. Esperaba que ella se resguardará también junto con su pequeño, necesitaba confiar en que era así.

Los héroes debían estar en camino. La agencia más cercana estaba a diez minutos por lo que solo era cuestión de tiempo para que llegaran, solo debía mantener todo bajo control hasta que sucediera. Se encontraba en plena calle de dos vías. Los autos se habían detenido y no parecía haber gente a la vista, pero no quería que una pelea pudiera dañar a posibles víctimas o los edificios a su alrededor.

Lo mejor sería usar su látigo negro para atrapar al enemigo. Según su ficha, su poder estaba en la fuerza de sus extremidades.

—Deku – gruñó el sujeto nuevamente. Sus dedos se enterraron en el metal del auto y le observó flexionar apenas las rodillas. Antes de siquiera preverlo, el sujeto lanzó el auto por los aires, tan alto que parecía no estar destinado en su dirección, ni a él.

—Maldición – extendió sus telarañas, pero su instinto de peligro se activó y supo que el villano estaba demasiado cerca como para esquivarlo.

Izuku logró hacer un escudo con sus brazos, cruzándolos sobre su pecho. Un enorme puño chocó contra él, mandándole varios metros lejos. El impulso le lanzó contra un edificio. Procuró cubrirse con las telarañas para reducir los daños a su cuerpo.

No había esperado que fuera tan fuerte o rápido. Los brazos le quemaban, pero no tenía ningún hueso roto. Eso no era importante en ese momento, se levantó de un salto y buscó con la mirada el automóvil que había sido lanzado al aire.

—Los héroes son frágiles, es fácil quebrarlos – la voz de aquel tipo le acarició malvadamente el oído. Había creído que no hablaba o razonaba, parecía a simple vista alguien que se movía por puro instinto.

Su frase no tuvo sentido hasta que notó que el vehículo se precipitaba hacia su familia. En aquel momento fue evidente que nada de lo que había sucedido hasta el momento era mera casualidad.

Ochako aún ayudaba a una de las víctimas a salir del auto. No sabía que clase de dificultad había tenido, pero Izuku no podía concebir que se encontrara aún ahí, tan cerca del peligro. Hikaru estaba a su lado, intentando tranquilizar a una chica que estaba en el suelo, hecha un desastre de lágrimas.

Deku sintió como el corazón se le detenía, consciente más que nunca de la fragilidad de su interior. Su mente empezó a trabajar mientras activaba el One for All.

Debía ser rápido, más rápido que nunca.

Las telarañas salieron y se aferraron a los escombros de la pared en la cual había aterrizado.

—Tengo que llegar – dio un salto hacia atrás y en un grito de furia, se lanzó hacia enfrente.

Ochako ni siquiera parecía haber percibido el peligro.

—¡Cuidado! – gritó con todas sus fuerzas.

Eran solo segundos, tan solo segundos de diferencia.

Era el hombre más fuerte del mundo, todos confiaban en él. El nuevo símbolo de la paz.

Extendió su mano queriendo tocarlos, abrazarlos, resguardarlos del peligro.

Debía apartarlos, debía salvarlos.

La realización de que era incapaz le quitó el aliento.

No podía.

No llegaría a tiempo, lo sabía.

—¡Ochako! Hikaru

El pequeño fue el primero en voltear. Todo sucedió tan rápido que apenas pudo procesarlo.

Su padre gritaba, volando hacia ellos. Su madre intentaba tranquilizar al civil en el carro mientras la chica a su lado, lloraba. Sabía que debía permanecer ahí y ser de ayuda. Tenía miedo, pero había intentado ser un niño fuerte.

Su sueño de ser un héroe aún cuando parecía cada vez más lejano, seguía encendido, como una pequeña llama que sobrevivía al invierno.

—¡Aléjense! ¡SALGAN DE AHÍ!

Observó un auto precipitarse sobre su cabeza. Los brazos conocidos de su madre le rodearon la cintura, seguramente intentaba quitarlo del camino y ponerlo a salvo. Su padre no podría llegar a tiempo ¿Qué sucedería con ellos? Un héroe salvaba vidas.

Si tuviera sus poderes ¿Podría salvarlos a todos?

El auto parecía más cerca ¿Habría alguna manera de detenerlo? ¿De partirlo a la mitad? ¿Podría él hacerlo? No quería que nadie saliera lastimado, no quería que su madre saliera lastimada. Él debía protegerla. Sería un héroe algún día.

Levantó las manos al aire y el tiempo se detuvo bajo su grito de guerra.

Izuku jadeó deteniéndose de pronto. El cuerpo le temblaba y sentía el pecho tan agitado que apenas podía controlar su respiración. Jamás se había sentido de aquella manera, pese a todas las experiencias de riesgo y preocupación que había vivido a lo largo de su vida. Nunca le había acometido con tanta seguridad la certeza de que podía perderlo todo

"Los héroes son frágiles, es fácil quebrarlos"

Tanta verdad en una sola frase.

Pudo notar el latido en su cien, el nudo en la boca de su estómago. Como su corazón parecía encogerse con el paso de los segundos, cada vez más pequeño, apretado y doloroso. La oscuridad le rodeaba, no podía respirar, intentó recuperar el aire, pero se dio cuenta de que ni siquiera lograba que entrara a sus pulmones.

—Hikaru… – musitó en un jadeo, desactivando inconscientemente su poder de flotar y cayendo al suelo

Dio un paso hacia el frente observando al pequeño, quien tenía el rostro agitado, enrojecido. Los ojos enormes fijos en el auto que flotaba sobre sus cabezas. Las lágrimas le bañaban las mejillas y su expresión de concentración, rayando al dolor, fue lo que le impulsó hacia él.

No sabía que demonios estaba sucediendo.

¿Acaso había sido Hikaru quien detuvo el auto?

Observó sus manos al aire, los brazos le temblaban como si hiciera un esfuerzo sobrehumano para soportar un peso inexistente.

Deku estuvo a punto de llegar a ellos cuando el pequeño flaqueó, casi pareció que el vehículo les caería encima, pero en un último movimiento, Hikaru dio un manotazo, lo que mandó el auto de golpe a un lado, estrellándose contra la carretera y rebotando hacia un árbol.

Hikaru – musitó Ochako sorprendida. Había estado decidida a poner al pequeño tras ella y tirar de él por sobre su cuerpo al mismo tiempo que lo hacía flotar, en un último intento desesperado porque no sufriera ninguna herida.

Sus movimientos debían ser rápidos, un solo error podría constarle demasiado. En cuanto el pequeño estuviera fuera del camino, planeaba tocar el auto al instante en que entrara en contacto con ella. Sabía que sus probabilidades eran escasas y que un mal movimiento podría fácilmente significar un daño grave a su persona, pero no tenía muchas opciones, su prioridad en ese momento era sacar a su hijo del peligro.

Los brazos fuertes de su esposo le rodearon y antes de que supiera que sucedía, se vio fuera del área de peligro. Estaba por preguntarle que había sido todo aquello, cuando Izuku se alejó en un segundo, en cuánto les dejo sobre el área peatonal a un lado de la carretera, y volvió al siguiente con la civil que habían sacado del auto. Le observó acercarse al vehículo nuevamente y activar su poder para romper la puerta, luego se agachó y sacó con mucho cuidado al joven herido. Al parecer no era nada grave pues lo cargó con facilidad.

En cuanto lo llevo al lado de la chica empezó a darle a ambos indicaciones. Ellos parecían asustados y aún así no dudaron en asentir haciéndole saber que le habían entendido cuando Deku se los pregunto.

Ochako no perdió el tiempo y tomó a su pequeño en brazos. Aún no sabía qué es lo que había sucedido con el auto, estaba confundida, todo había sido demasiado rápido para sus ojos, pero algo era seguro, los poderes de Hikaru finalmente habían despertado.

Acarició con ternura las regordetas mejillas, dándose cuenta de que el pequeño tenía el rostro enrojecido y perlado de sudor. Había hecho flotar el auto sin tocarlo, se parecía a su poder, pero en una mayor escala, incluso lanzó el vehículo varios metros lejos ¿Cómo fue capaz de hacerlo? ¿Cuál era su quirk?

—¿Estas bien amor? – le preguntó preocupada. Notó que su temperatura había subido un poco contra su piel. Tenía los ojos entrecerrados, pero fijos en ella.

—Mami – susurró con su vocecita suave y cansada.

—¿Si cariño? Aquí estoy, todo estará bien – él intentó asentir, pero pareció marearse y desistió. Ochako frunció el ceño de preocupación cuando notó como un hilo de sangre salía de su nariz.

—¿Mami? – su vocecilla se fue apagando.

—¿Hikaru? ¿Te sientes bien? – observó como sus ojos se fueron cerrando y finalmente su cuerpo se aflojó, cayendo entre sus brazos.

Ochako lo tomó con fuerza rápidamente, acunando su cabeza contra su pecho. Lanzó una mirada a su alrededor y pudo ver qué Izuku peleaba con el villano a unos metros de distancia.

No sería de ayuda ahora, así que decidió verificar el estado general del pequeño. Las manos le temblaban, pero no se dejó vencer por los nervios o el miedo.

Le palpó la cabeza y el cuerpo en busca de heridas. Al saber que no tenía nada, lo tomó en brazos y decidió refugiarse en la entrada de un edificio.

Escuchó algunos murmullos de las personas que se encontraban dentro de la edificación. Al parecer Izuku no había podido dialogar con el villano, por lo que una batalla se desataba. Estaba bien con eso, sabía que no saldría lastimado, justo en ese momento lo único que podía pensar era en Hikaru.

Acarició el ondulado cabello del pequeño, deslizando un dedo lentamente por la frente humedecida. Hikaru parecía solo dormir. Ochako tomó un extremo de su propia camisa y le limpió la nariz, la sangre estaba seca y observó el rastro de carmesí en su piel. Había perdido color y su cuerpo estaba completamente flojo entre sus brazos, sabía que no tenía ninguna herida grave, al menos no visiblemente, no se había golpeado tampoco por lo que la única opción lógica por la que se podría haber desmayado, era el hecho de que despertó sus poderes de una manera muy brusca.

—Uravity – una voz familiar la obligó a levantar la cabeza, se trataba de un héroe de la agencia que manejaba con Deku.

—¡Craft! ¡Estás aquí!

—Estaba cerca, Deku me mandó a buscarlos – se agachó a su lado – El pequeño…

—Se desmayó – deslizó una mano por la pequeña espalda – No tiene ninguna herida, pero despertó su poder y creo que fue demasiado para él.

—Es un alivio – soltó un suspiro - Tres ambulancias se dirigen hacia aquí, tardarán dos minutos en llegar – llevó una mano a su oreja derecha y bajó la mirada, escuchando a través del pequeño auricular inalámbrico – ¿Cuántos heridos hay?

—Hasta el momento solo está la pareja de allá – le señaló unos metros tras su espalda – La chica solo tiene heridas superficiales, el hombre quedó atrapado dentro del auto, tiene un golpe en la cabeza y el brazo derecho lastimado. No alcance a verificar el estado de sus heridas, pero está consciente y responde bien.

—Listo, lo tenemos apuntado – asintió con vehemencia.

—Algunos autos fueron arrojados del camino por el villano. Los civiles abandonaron sus vehículos en cuanto vieron el peligro, pero no sabemos si alguno resultó herido. Calculo que hay que hacer una revisión al perímetro en un radio de cuatro cuadras. El villano se acercó por la calle Mudosuji, al este, por lo que no sé si forzó su camino hasta aquí.

—Entendido.

—Hay que contactarnos con la policía y la línea directa de héroes para saber si recibimos llamadas de emergencia y ubicar de esta manera la trayectoria que el villano siguió.

—¿Escuchaste? – le dijo el hombre a la persona al otro lado de la línea. Volvió a asentir un momento después.

—Ahora necesito que busques más heridos, escuchó las sirenas de la ambulancia, estarán aquí en unos segundos.

—Claro que sí Uravity – exclamó y corrió en dirección al desastre.

La castaña dio una mirada a su pequeño y llevó una mano a su flequillo alborotado, peinándolo.

—Todo estará bien.

[•••]

—Tus emociones te controlan – se mofó el villano mientras bloqueaba una de sus patadas.

Era un tipo terrorífico, cuya fuerza monstruosa podría fácilmente rivalizar con la suya.

Aún así era lento y sus movimientos predecibles. Entonces ¿Por qué aquello le estaba tomando demasiado tiempo?

Saltó hacia atrás cuando el villano lanzó un derechazo hacia su rostro, y flotó fuera de su alcance, cuando se lanzó hacia él como un toro enfurecido.

—¡Ven aquí Deku! ¡Ven a mi! ¡Peleemos a muerte! ¡Veamos quien es el más fuerte! – se inclinó y dio un salto por los aires, intentando alcanzarlo. Apenas pasó el metro antes de caer sobre sus pies. La calle se agrietó bajo su enorme cuerpo y el sujeto lanzó un rugido feroz.

Izuku intentó controlar su respiración, al tanto de lo agitado que se encontraba. El villano tenía razón, se estaba dejando controlar por sus emociones.

Su corazón estaba acelerado y sentía que le faltaba el aliento. Siempre había podido mantener la calma sin importar la circunstancia, sin embargo, ante la horrible posibilidad de perder a su familia, simplemente hacia perdido la mente.

¿Qué sería de él entonces?

Quería dar una mirada a Ochako y su hijo, quería saber que estaban bien, que Hikaru estaba bien. Había finalmente despertado su poder. No sabía que había sido todo eso, como lo había logrado, pero estaba tan orgulloso y asustado. Necesitaba ir hacia ellos y tan solo abrazarlos, para saber que estaban ahí, que estaban bien, que había llegado a tiempo.

Pero quitar la mirada del villano podría costarle demasiado, lo había comprobado.

Necesitaba controlarse.

Sentía demasiado.

Ira, miedo, desesperación.

Había transcurrido tanto tiempo desde la última vez en que su poder se volvió inestable, hacia tanto que no se sentía tan descontrolado.

La piel le quemaba en los brazos y las piernas, y tenia que mantener los puños apretados temiendo que su látigo negro saliera disparado hacia su enemigo en un ataque mortal. La cabeza le latía, en un zumbido atronador y molesto, haciendo resonar las alarmas dentro de su mente.

Estaba perdiendo el control.

Necesitaba reprimir ese fuego que le quemaban por dentro.

Intentó respirar, controlar sus sentimientos, fijar su mente en el objetivo.

No podía seguir perdiendo el tiempo.

Debía vencer rápidamente, para hacer lo que más anhelaba en ese momento…

Volver con su familia.

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FIN DEL CAPÍTULO


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NOTAS DEL CAPÍTULO:

¡Así es amigos! ¡Hikaru si tiene poderes!

Creo que todos sabíamos que este momento iba a llegar y como pudieron ver, es así. Nuestro pequeño bebé es tan fuerte como sus padres.

Sabemos que con cada generación, los poderes van mutando ¿Cuál creen que sea su quirk? Si se animan, me encantaría leerlos.

El próximo capítulo sería el final aunque pretendo hacer un epílogo o dos capítulos de corridos. Aún no se.

Espero que les haya gustado y leer sus comentarios.

Gracias por el apoyo. Besos y abrazos.

24/09/2021

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