Aquella noche habían insistido mucho los aldeanos de que el hokague de Konoha asistiera a su pequeña festival de los frutos rojos.

Sarada jamás había ido a uno pero sabía de dicho festival por las cartas de su padre.

Naruto recordó que cuando Sarada cumplió ocho años un Alcón llegó a su fiesta de cumpleaños con un pequeño paquete en el pico.

Una tarta de frutos rojos que de un solo bocado cabría en la boca de la niña hizo que sus ojos se iluminarán y su sonrisa apareciera.

Su papá había recordado que amaba las frutillas y que era su cumpleaños.

Ese día había sentido calidez al ver la sonrisa de Sarada. Siempre atribuyo estos sentimientos a que era hija de sus mas grandes amigos... Jamás tuvo dudas de lo que pensaba hasta que esos sueños bombardearon su cabeza.

Naruto había pasado ir al menos cinco puestos de fideos. En todos comía y en todos decía que no había fideos como los de su aldea. Sarada no podía evitar sonreír en señal de disculpa y Naruto solo decía que era broma al ver el rostro de los dueños del lugar.

—Es tan bonito como me contó papá

—Sasuke conoció muchos lugares interesantes e hizo amistades aunque lo niegue.

—Papá no es la persona mas sociable del mundo.

—Cosa que no heredaste por suerte Sarada, eres tan simpática como tu madre.

Se detuvieron frente a un puesto donde había infinidad de postres, entre ellos resaltaba un pequeño pastel con frutillas rojas.

Naruto lo tomó y pagó.

—Toma Sarada sé cuanto te gusta.

—Es idéntico al que ...

—Al que envío tu padre, lo sé. Recuerdo ese día.

Sarada asintió con felicidad y dio un mordisco a su pastel. Un poco de betún quedo en la comisura de sus labios —Gracias —susurró y Naruto se embeleso en sus labios, en ese pequeño montecito de betún que estaba ahí.

Se acercó un poco a Sarada y con su dedo quito aquel dulce.

Sarada no quitó sus negros ojos de él y entonces...

La cucaracha, la cucaracha...

Comenzó a sonar ese ridículo timbre que Boruto puso en son de broma en el celular de su padre — ¡Ese muchacho va a matarme!

Sarada relajo sus hombros y suspiró, Naruto atendió la llamada y Sarada sintió su corazón caer hasta el suelo.

Era su esposa.

Había olvidado eso hace un par de segundos. Por estúpido que resultará había estado dentro de una burbuja donde parecía tener una cita con Naruto.

Se alejó de Naruto, perdiéndose entre la multitud. La realidad pesaba... La realidad dolía.