Jamás había sido tan grave un resfriado como para no cumplir sus actividades. De hecho ella siempre gozaba de buena salud y su madre era la mejor ninja médico así que excusarse por enfermedad no era algo típico en la vida de la primogénita del matrimonio Uchiha.

Pero ya era el tercer día que Sarada le pedía a su madre justificará su falta a las labores en la torre.

Sakura había cuidado de su hija la primera noche como cuando era niña. Una fuerte lluvia había caído durante el viaje y había llegado con fiebre a casa, pero Sakura sabía que no era nada grave realmente ya que solo era un resfriado.

El segundo día fue mejorando y todo parecía estar bien. Un resfriado leve pero para el tercer día Sarada se rehusaba a salir de la cama.

Pero ahora comenzaba a pensar que algo mas sucedía. Su hija ya estaba mejor pero realmente quizá algo más aquejaba a Sarada. Los problemas del corazón no se reparaban con un plato de sopa tibia ni con una tanda de medicamentos o un té de hierbas. Los corazones se reponían con tiempo, distancia, amor y mucha paciencia.

Su madre salió de la habitación con el plato aún con comida. No había probado casi su sopa. Llegó al comedor familiar dónde Sasuke bebía su té matutino.

— ¿Sarada no desayunará con nosotros?

Sakura negó —No tiene apetito todavía.

— ¿No es mucho para un resfriado?

Sakura desvío la mirada un momento. Tantos años juntos sabía que Sasuke podía detectar sus mentiras y sin si quiera usar una técnica ocular sobre ella.

— ¿Hay algo más?

—Creo que es la transición de niña a mujer, Sasuke-kun.

Sakura sonrió y tomó la mano de su esposo — comienza a ver el mundo distinto y a veces es aterrador ¿No crees?

Sasuke no llegaba a comprender del todo ¿Qué era eso que aquejaba a su pequeña?

(...)

No se consideraba bueno con las palabras. Mentiría si dijera lo contrario. Lo bueno de haber emprendido el camino de la paternidad junto a Sakura era que ella complementaba las carencias que él tenía y le enseñaba siempre como hacer las cosas mejor de lo que él planeaba respecto a Sarada.

A veces se sentía culpable de los inicios en la niñez de su primogénita ya que se había perdido de tanto y figuraba en escasos recuerdos de la infancia de Sarada.

Por eso había vuelto y se había retirado un gran tiempo. Entrenar con su pequeña había sido lo más gratificante. Verla graduarse y subir de rango.

Verla lograr nuevas técnicas y ella enseñándole el uso de nuevas tecnologías era un deleite. Sarada era su mejor logro y lo que más amaba, junto a Sakura había creado al ser más maravilloso de su vida y estaba eternamente agradecido con su esposa por no haberle soltado la mano durante todos esos años.

Por eso estaba preocupado. Sarada no había querido salir de casa desde aquel viaje con Naruto.

Eso le dio la idea. Hablaría con Naruto para saber si algo malo había pasado. Quizá ella había cometido un error o posiblemente había desertado de su elección de querer ser hokage.

Un mundo de posibilidades navegaban por la cabeza de Sasuke Uchiha esa mañana que decidió ir camino a su encuentro con su viejo amigo el hokage de Konoha.

Cuando llegó notó a Naruto distraído. Más torpe de lo común — !Hey, Sasuke...! estas aquí... en la torre... ¿Ocurrió algo?

Me matará. Es lo mejor, él sabe que sé que lo sabe. Oh, dios mío... Sakura debe estar decepcionada. Soy una escoria un sujeto estúpido.

— ¿Sarada cometió algún error durante el viaje?

Naruto permaneció en silencio.

No. Ella no había cometido errores; él era el del problema.

—Sé que no debería meterme ella se molestaría si supiera que me meto en sus cosas de trabajo pero — hizo una pausa que inquieto más a su rubio amigo — A veces siento que debo protegerla como si fuera pequeña, supongo que lo entiendes, tienes dos hijos.

Naruto suspiró levemente aliviado. Sasuke realmente parecía no saber lo que él. —Lo sé. Sarada dijo que retomaría su trabajo en el hospital, creo que más adelante seguiremos con esto de ser hokage.

Sasuke se notó extrañado, pero no indagaría más por ahora su hija quizá estaba atravesando una crisis como lo mencionaba Sakura.

(...)

Tres noches atrás.

Dejó de llover y caminaron por las calles ya vacías en camino a la posada. El silencio era la constante entre ambos.

Esa noche se habían prometido no volver a tocar el tema de los hechos sucedidos bajo aquel cerezo.

Sarada entró sin mirar atrás.

De nuevo llovió, y Naruto siguió un rato afuera pensando en lo que había hecho y en el daño que podía causar a las personas que mas quería.

La desaprobación y el rechazo eran cosas que no quería sentir de nuevo como cuando era niño.

Podía jurar que su aldea, la aldea que tanto amaba lo apuntaría con el dedo y juzgaría —con justa razón — por que una buena persona no habría hecho lo que él hizo.

Esa noche sus sueños no serían más que el recuerdo de ese momento en repetición, una y otra vez como una escena de película que no avanzaba...

—Yo creo que es mejor que... Te tomes unas vacaciones — ella volteó y asintió.

—Si hice algo malo yo entiendo — respondió. Después de todo estaba siendo despedida sin saber a ciencia cierta por qué.

Él sólo había dicho eso hasta que decidió ser más honesto —He tenido sueños, Sarada... Cosas que me avergüenzan y...

—Entiendo.

Él rió con cierto enfado —No creo que lo hagas, lo cierto es que algo me sucede y temo... Temo mucho equivocarme.

—Yo jamás haría nada que le perjudicará —buscó su mirada —Yo... Usted es alguien importante para mí.

—Y tú lo eres para mí, Sarada Uchiha — acarició su mejilla, luego la abrazo pero cuando supo que debía separarse de ella, la necesidad de besarle se adueñó de él y sucedió lo que temía.

Besó a la chica.

Grave error.