No había sido su primer beso. Ese había ocurrido hace algunos años durante una misión junto a su equipo de aquel entonces.

Y había sido torpe. Insensato y no con la persona que ella creía su verdadero amor.

Boruto había sido su amigo, y su primero beso pero ella siempre le dijo lo mucho que apreciaba la amistad. Crecieron y fueron tomando distancia y cada vez que él quería insinuar algo ella cambiaba el tema.

Él parecía haberse dado por vencido y fue por ello que tomaba misiones largas para estar lo menos cerca de Sarada.

Y bueno. Esa noche uno de esos sueños que jamás pensó posibles se había presentado. Bajo aquel cerezo su amor platónico le había dado un beso.

Con una mano sujeto su pequeña cintura y la otra detrás de su nuca. Como en aquellas películas de amor que solía ver junto a su mejor amiga.

Un beso en un principio dulce, pasivo y tierno... Que fue creciendo cuando él quiso alejarse pero ella lo atrajo de nuevo hacia él.

El hambre de ese hombre rubio se desató en un simple beso. Sintió que había tocado el cielo, el calor de Sarada y su dulce sabor habían convertido su pena y vergüenza en completa hambre y sed de ella.

Pero el aliento le hizo falta. Y ella intentó tomar de nuevo la compostura. —No volvera a pasar señor... Séptimo.

Él quiso objetar pero era verdad. No debía suceder ahora ni nunca. Jamás debían tocar el tema, y esa noche ambos supieron que los próximos días serían difíciles.

—Planeta tierra a Sarada Uchiha — murmuró la chica de cabellos obscuros y sonrisa peculiar.

Sarada se mostró extrañada y sorprendida de verla ahí. ¿Sabría algo?

—Hima... ¿Qué haces tú acá?

—Llevo semanas trabajando medio turno en el hospital —la miró acusadoramente — como bien te dije hace días en un mensaje, Sarada Uchiha estas muy distraída.

—Lo olvidé. He tenido unos días ocupados.

—Papá mencionó que estarías en el hospital un tiempo que quisiste retomar esto ¡Y es genial! —la abrazo efusivamente –Sé que serás excelente hokage pero también necesitamos una buena ninja médico acá, tu madre es fabulosa y seguro tú lo serás.

—Sí. Lo sé...

— ¿Ya te he dicho que admiro a tu madre? Y ha firmado una carta para poder ir a suna ¡Ni el mismo kazekage podrá decir que no!

— ¿Sigues empeñada en ir allá?

—Sarada tengo claras dos cosas. Yo no nací para estar en casa y ver como brilla mi esposo... Yo quiero brillar como él...

— ¿Y ese esposo hipotético es...?

—Gaara-sama, por su puesto. Un día verá que somos compatibles.

—Es mucho mayor — hipócrita.

Lo sé. Pero siempre me ha gustado mucho y no puedo simplemente decirle a mi corazón que él es mayor. — Himawari se había enamorado de Gaara hace varios años atrás.

Durante un cumpleaños de Shikadai. Él había sido amable con ella y dulce. Entonces comenzó a preguntarle a su padre sobre él y supo parte de su historia y eso la conmovió mucho. Lo admiraba.

Pero siempre fue consciente de la edad. De que él seguramente jamás la vería como una mujer pero mientras eso pasaba cumpliría otro sueño.

Ser una excelente ninja médico como su tía Sakura.

La vio una vez salvar la vida de un grupo de ninjas heridos que lograron llegar a Konoha después de un ataque y fue ahí donde supo que esa era su vocación.

Su madre en un principio se sintió afligida, ella se había alejado por completo de todo los temas con ser un ninja. Su hogar y la familia eran el centro de atención de su vida y ver que su hija no compartía con ella eso le fue un poco doloroso.

Pero su hija podría ser más terca que su mismo padre así que cuando comenzó a estudiar y aprobar exámenes, no tuvo mas opción que apoyarla.

Y podría considerarse a Himawari Uzumaki una prodigio. Era buena alumna y aplicada. Siempre siguiendo a Sakura, su mentora e inspiración.

Y no menos importante siempre interesada en su tío Neji, quién había muerto hace ya bastantes años pero sabía de él por lo que otros ninjas contaban y la hacía sentir orgullosa saber que era parte de su familia.

Y quizá esa insistencia en su corazón era peculiarmente hereditaria de su madre.

—El amor es amor, Sarada. Y hablando de eso...

—No lo digas.

—Boruto escribió y preguntó por ti.

—Estoy saliendo con alguien, Hima. De verdad lo siento.

— ¿Enserio? —la chica se entusiasmo — ¿Quién es?

—Un médico... Recién llegado.

(...)

Su mejor amiga siempre decía; las mentiras tienen patas cortas y efectivamente. Cuando Sarada Uchiha quería mentir simplemente eso no duraba.

Y bueno. Ahí estaba. Cenando fideos con el prospecto que le habían insistido en conocer y con el cual le probaría a Himawari que de verdad salía con alguien.

Era un ninja guapo y listo. Muy buen médico y bastante educado no le cabía duda pero ella sabía que no sentía realmente nada.

—Debe ser difícil la atención y eso, digo tu mamá es Sakura Haruno... Tu papá es Sasuke Uchiha eso realmente es grande — la chica sonrió.

—Hay una anécdota sobre eso... ¿Sabías que pensé que mi madre, no era mi madre?

—No... ¿Lo dices de verdad?

—Era muy tonta, y bueno... Ellos y principalmente el séptimo me hizo ver lo equivocada que estaba, él realmente me ubicó en la realidad.

—Perece ser un gran hombre, me agrada. Ha hecho que mi estancia acá sea mucho mas llevadera— Comentó el joven mientras Sarada lo oía atenta —Vengo de una aldea relativamente pequeña así que no hay gran cosa... Eres pecador o agricultor y no es que eso sea malo pero yo quería algo más...

—Lo entiendo. Todos esperan que seas algo por la cuna en que naciste pero dentro de ti hay algo más...

—Exacto.

Ambos sonrieron. Kyosuke era amable. Inteligente, y compartían cierto modo de pensar no sería tan malo trabajar con él en el hospital después de todo.

La vela seguía transcurriendo tranquila hasta que entró al establecimiento el mismísimo hokage.

Sarada fingió no haberle visto pero Kyosuke alegremente saludo al séptimo agitando la mano.

Sarada Uchiha deseaba no estar ahí. No deseaba verle, no lo había hecho desde que sucedieron todos esos sucesos que prometieron no volver a tratar ni hablar.

Pero para su suerte la actitud de aquel hombre no fue la que esperaba, no se fue... Se quedó a conversar con ambos y ella no creía soportar ese suplicio pero pondría manos a la obra sus dotes ninjas para mantenerse tranquila y resiliente.