Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autorapattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)
Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM
Ch. 3 – Amistoso y nervioso
BPoV
No tenía que aceptar. Quiero decir que, no fue como si me hubieras torcido el brazo o algo así, eso es seguro. Y no, no trataré de negar que quería el dinero. Pero también quería ayudarte, aún si en lo personal nunca creí en las almas gemelas: la persona con la que estabas destinada a estar y todo ese bla, bla, bla. Sin embargo, tú creías que ella era tu felices-para-siempre, así que haría lo que pudiera para ayudarte a recuperarla. Al menos, eso es lo que me decía que estaba haciendo en ese momento…
OOOOOOOOOO
Pasé el resto del día explorando el pequeño pueblo de Forks, Washington – población: aproximadamente 3.120. Había más chicos que esa cantidad en mi instituto en Phoenix. Aunque tenía que admitir, que era un lindo pueblo: pequeños edificios, una oficina postal, un banco, una farmacia – la típica Main Street, USA (1). En el fondo, las montañas más verdes que jamás hayas visto hacen de todo la postal perfecta. Tomé fotos para Jamie, tomé notas para mi libro, y guardé todo de vuelta en mi mochila cuando terminé. El almuerzo fue en una pequeña cafetería donde todos parecían conocerse, y más de un par de ojos curiosos se posaron en mí de una forma muy sutil mientras acababa mi hamburguesa y papas fritas. Pero está bien. La timidez nunca fue mi problema.
Luego me fumé un cigarrillo mientras estaba parada afuera de la cafetería y pensaba en lo bonito que en realidad era el color verde…
Después, miré algunos escaparates. Tenía ocho billetes de veinte, cinco o seis de un dólar, tres o cuatro de veinticinco centavos, un par de cinco, y demasiados centavos que quedaban en mi cartera, y tendría que encontrar pronto un trabajo acumulando lo suficiente para continuar una vez más. Luego seguiría mi viaje, como siempre lo hacía.
El crepúsculo ya se acercaba cuando me encontré mirando el escaparate de una pequeña y pintoresca joyería nativo americana en medio de la plaza principal de Forks. Los colores me deslumbraron mientras trataba de decidir si me registraba en un motel local, (incluso un pueblo tan pequeño como este tiene que tener un motel, ¿cierto?) o pedir un aventón a mi próximo destino. El atardecer me había sorprendido. Saqué otro cigarrillo que me ayudara a pensar y considerar mis opciones para la noche. Colgaba ligeramente de mi boca mientras buscaba mi encendedor. Cuando levanté la vista, los ojos que habían estado dando vueltas en mi cabeza todo el día aparecieron en el reflejo del escaparate detrás de mí.
Me giré de golpe, sonriendo.
El doctor Cullen estaba ahí con su uniforme, las manos en sus bolsillos, su mochila colgando de su hombro, observándome y viéndose súper hermoso.
Se aclaró la garganta. "Señorita Swan."
El saludo, así como su expresión solemne al ofrecerlo, me pareció ridículo considerando toda la mierda que había ocurrido en su sala de examinación este mañana.
"Doctor Cullen," le respondí, levantando mis cejas y mi barbilla de forma arrogante e imitando su tono formal.
Sus ojos se posaron en mi boca, y mi corazón dio un vuelco. Por el más breve de los segundos pensé que me estaba incitando a otro beso, el que demonios sí, le daría. Pero al bajar la vista a mis labios, mis ojos se cruzaron al centrarse en el cigarrillo colgando de mi boca.
"Oh. Je, je," me reí ligeramente, retirando el cigarrillo y metiéndolo en el bolsillo de mi mochila. "¿Cómo, por todos los cielos, llegó eso a mi boca?" Pregunté.
Él – ¿adivinen qué? – hizo una mueca.
"Doctor Cullen," me reí de nuevo y luego, para desviar la atención de mi cigarrillo, pregunté, "¿me está siguiendo?"
Sus ojos se abrieron como platos. "¡No! ¡Para nada! He estado en el hospital todo el día. Ahora voy de camino a—"
Me eché a reír. "Solo estoy jugando con usted, doctor."
Frunció el ceño. "Le gusta hacer eso, ¿verdad?"
"¿Hacer qué?"
"Desconcertarme. Con sus comentarios, quiero decir."
Me eché a reír otra vez. "Oh, ¿es eso lo que hago? Como sea, usted sería el menos indicado para reclamarme, querido novio."
Cerró sus ojos y agachó la cabeza. "Lamento mucho todo eso. Fue muy poco profesional."
"No se preocupe por eso," hice un gesto sin darle importancia. Cuando su cabeza se levantó nuevamente y sus ojos se abrieron una vez más, nos quedamos mirando en silencio.
"Solo iba a…" – hice un gesto con mi pulgar hacia la entrada de la tienda – "echar un vistazo…"
"Oh," articuló, sus labios congelándose en la palabra.
"Así que…" Me moví hacia la puerta.
Él me siguió y mantuvo la puerta abierta—como un perfecto caballero.
Pasé por debajo de su brazo e inhalé su piel varonil y almizclada como una lujuriosa adicta.
Dentro, miramos alrededor en silencio. El doctor Cullen parecía conocer al tipo detrás del mostrador. Se saludaron con uno de esos apretones de manos de chicos cuando estrechas una mano y palmeas el hombro con la otra. Ellos charlaron mientras yo escuchaba vagamente porque mi atención la tenía un collar bajo una de las vitrinas – muy bonito—hecho de conchas y plumas.
"¿Le gusta?" El doctor Cullen preguntó detrás de mí, y su aliento sopló en mi cuello. Asentí.
"Son conchas de una de las playas locales. Nosotros solíamos recolectarlas cuando éramos niños."
"¿Con 'nosotros' se refiere a la doctora Tanner y usted?" Bromeé en voz baja, sonriendo y mirándolo de soslayo.
Hizo una mueca – otra vez—y suspiró pesadamente antes de responder. "No. A Bree nunca le gustó mucho la playa. No disfruta de la arena o el sol."
"Oh." Me reí entre dientes y me volví nuevamente hacia el collar, guardándome el resto de mis pensamientos.
"¿Eres amiga de Edward?" Miré al rostro del tipo con el que el doctor Cullen había estado hablando. Tenía piel oscura, y pronunciados rasgos atractivos nativo americanos.
"Podrías decir eso, supongo." Le sonreí al doc con picardía.
"¿Qué significa eso exactamente?" El tipo preguntó, mirando del doctor Cullen a mí.
"Significa que sé que nunca querrás escucharla cantar," el doc Cullen dijo finalmente, pero tenía esa sonrisa ladeada y, ¡cielos, oh cielos! Si una mueca era ardiente en el doc Cullen, una sonrisa ladeada. Sin palabras. Solo mátame. Ahora.
"¿Isabella?"
"¿Eh? ¡Oh!" Me reí entre dientes. "En realidad, lo que significa," dije, volviendo abruptamente al momento, "es que yo sé que a él le gusta fumar porros y beber mucha cerveza," replique con una sonrisa.
El tipo se echó a reír y el doctor Cullen puso los ojos en blanco, pero pude ver la diversión en ellos. Vaya, quién diría que esos ojos podían verse aún más preciosos cuando se arrugaban de las esquinas.
"Sí, vaya que nos divertimos en los viejos tiempos, Ed. ¿No es así?" Dijo el tipo cuando su risa se calmó.
"Cierra la boca, Sam," el doctor Cullen gimió.
"¡Ah, entonces yo tenía razón!" Reí con ganas, señalando al rostro del doctor Cullen con un dedo acusador. Él se echó hacia atrás para evitar que le picara los ojos. "¡Hay algo de diversión escondida debajo de ese uniforme! ¡Déjela salir, doc!" Demandé. Y entonces, con mi mejor imitación operística, que tiende a dejar a la gente sin palabras, agregué, "Chico divertido, chico divertido, ven a jugaaar. Sal, sal, de dónde estás."
Incluso hice mis mejores gestos con las manos. Fue una gran actuación, debo decir.
Los dos se me quedaron mirando.
Sam estalló en carcajadas. "Edward, ¿dónde, por todos los cielos—?"
"Sam, ¿por qué no vas a terminar de cerrar?" Dijo él despidiéndolo.
El tipo simplemente se rio entre dientes. "Soy Sam, por cierto, ¿y tú eres…?"
"Soy Bella," sonreí. "Quise decir" – Miré al doctor Cullen de soslayo – "Isabella."
Mueca. Mueca. Mueca.
"O," le dije con picardía, extendiendo mis manos otra vez, "Isabellaaaa," y con una dramática voz de soprano.
La frente de Sam se arrugó por la diversión. Entonces volvió a reírse. "Tengo que cerrar, pero Isabella, en verdad fue un gusto conocerte." Luego se volvió y le dijo algo al doctor Cullen en un lenguaje que no entendí, pero que asumí era una lengua nativo americana. Lo que haya sido provocó que los ojos del doctor Cullen se oscurecieran, y sacudió la cabeza con rigidez.
Sam levantó sus cejas. "¿No? Entonces tal vez deberías presentársela a Jake. Ella es justo su—"
"Adiós, Sam," el doc Cullen prácticamente siseó. Sam soltó un resoplido y se marchó, sacudiendo la cabeza.
Cuando miré de nuevo al doctor Cullen, la mueca constante estaba de vuelta en su lugar.
Suspiró. "¿De casualidad, alguien te ha dicho alguna vez que estás" – unió dos dedos – un poquitín tocada?"
Sí, lo había escuchado antes. Pero a palabras necias y todo eso, fue algo que había aprendido hace mucho. De Jamie – y de la vida en general. Simplemente me encogí de hombros y me reí sin darle importancia.
Él rodó los ojos. "¿Vas a comprar algo, o qué?"
Sacudí mi cabeza y volví a mirar el bonito collar. "No puedo pagarlo en este momento. Solo tengo lo suficiente para una noche en un motel, ya sea en este pueblo o en el siguiente."
Lo miré a los ojos entonces. Frunció el ceño, como si tratara de averiguar si estaba bromeando. Le mantuve la mirada.
"¿Y cuál es el siguiente pueblo?" Preguntó.
Me encogí de hombros. "Donde sea que pare."
Se me quedó mirando por unos momentos más. "¿Solo así? ¿Donde sea que pares?"
"Sip," asentí, exagerando la 'p'.
Frunció nuevamente el ceño, y luego se alejó.
OOOOOOOOOO
EPoV
La chica definitivamente estaba demente.
Aun así, llevé a Isabella al restaurante de Emmett y Rose para cenar porque – escuchen esto—se había atiborrado a la hora del almuerzo para poder hacer de esa su única comida del día—ya que su cartera se estaba adelgazando y todo eso. Y de acuerdo, se puede decir que se lo debía por lo que había pasado en el hospital. Y sí, me sentía un poco mal por hacerle muecas constantemente.
Pero ella solo seguía diciendo y haciendo cosas que me sacaban de mis casillas. Me refiero a que, ¿quién demonios interrumpe en medio de una conversación con un aria operística? ¿Y qué tipo de persona en este tiempo vaga de pueblo en pueblo sin rumbo fijo? Esto no era San Francisco en los setenta por el amor de Dios. Además, mis muecas no parecen afectarle ni un poco, en base a cómo sigue riéndose en mi cara. Así que me ofrecí a pagarle la cena y al parecer—y no me sorprende—ella no era de las que rechazan una comida gratis.
Aunque cuando Rosalie nos sentó, empecé a desear haber pensado un poco mejor las cosas. Además de una sonrisa irónica y curiosa, Rose no dijo una sola palabra mientras nos llevaba a nuestra mesa. Justo eso era una mala señal. No había visto a mi cuñada desde que regresé de mi viaje, y desde luego, ella no era callada.
Luego estaban las miradas de todos dentro del restaurante. Por mucho que amara Forks, tenía que admitir que había ocasiones en las que conocer a todos en el pueblo, y que todos en el pueblo te conozcan, no era lo ideal. Un claro ejemplo sería cuando mi novia de casi una década rompió conmigo y luego comenzó a salir con uno de mis mejores amigos.
¿Otra ocasión? Cuando traigo a una hermosa, pero peculiar desconocida, a compartir una comida conmigo.
Puede que mi compañera de cena haya sido un poco extraña, pero seguro como el infierno que no era tímida. Miró alrededor de un lado al otro, sonriéndole a todos los que se nos quedaban mirando.
"Es un pueblo amistoso, ¿cierto?" Dijo en mi dirección, abriendo su menú.
"No deje que la engañen," le dije, echándole un vistazo a mi menú. "Solo se preguntan quién demonios es usted."
Se echó a reír—con ganas—como si acabara de contarle el más gracioso de los chistes, y miró alrededor del lugar una vez más, saludando a todos. Alcancé su mano y la bajé.
Y ahí estaban de nuevo esas chispas extrañas.
"¡Deje de hacer eso!" Siseó, apartando rápidamente su mano. Pero seguía sonriendo.
"¡No estoy haciendo nada!" Le dije una vez más, como en el hospital. "¿Está usando poliéster o algo así?"
Soltó una risita. "De verdad está repleto de cumplidos, ¿no es así, doctor Cullen?"
Bajé mi menú y suspiré, pasando la mano por mi cabello. "Mire, lo siento. Simplemente no estoy acostumbrado a… alguien como usted."
"¿De verdad fui su primer paciente?" Preguntó, con emoción en su linda voz.
Asentí.
"¡Bueno, lo hizo genial!" Dijo con entusiasmo, rozando con cuidado sus puntadas. "Apenas si me dolió cuando me suturó."
"Gracias," sonreí orgulloso.
Algo ocurrió en sus ojos entonces. Había notado que tendían a ponerse vidriosos algunas veces… ¿era un problema de salud? ¿Por alergias?
Ella desvió la mirada y se aclaró la garganta. "Aunque su manera de tratar a los pacientes puede que necesite un poquitín"—presionó con fuerza su pulgar y su dedo índice, entrecerrando sus ojos en rendijas—"de mejoras," dijo con dulzura. "Pero si planea besar a todas sus pacientes mujeres al final de la consulta, estoy segura que ni siquiera lo notarán." Me dio otra de sus sonrisas traviesas.
Bajé mi menú y agaché la cabeza. "No puedo decirle lo avergonzado que estoy por eso," le dije una vez más. "Simplemente no hay excusa para lo que—"
"Seguro que la hay," me interrumpió. "Estaba tratando de poner a la doctora Tanner" – dijo el nombre de Bree con un juguetón tono altanero – "toda alterada y celosa, y diría que funcionó a las mil maravillas," susurró con complicidad, acercándose con un guiño y una sonrisa.
La chica realmente me confundía. Quiero decir, ¿qué tipo de chica está de acuerdo en que la usen para poner celosa a otra chica?
Asentí despacio, permitiéndome buscar en sus ojos para ver si podía detectar alguna ira oculta, o irritación. Pero sus profundos ojos castaños estaban claros y sonrientes.
"Todo está bien," exclamó, poniendo sus pulgares arriba antes volver a su menú.
La observé. Realmente era hermosa, de una forma peculiar. Su cabello estaba alocado, como si no hubiese visto un cepillo en al menos un par de días, pero casi se veía como esas chicas en las portadas de las revistas que llevaban ese look a propósito. Su tez era tersa y clara, francamente perfecta, en realidad. Nunca había necesitado un dermatólogo, eso es seguro. Sus ojos… fruncí el ceño. Era la parte de ella que me dejaba desconcertado. Decidí pasarlos por alto, pero al hacerlo, mis ojos se desviaron de inmediato a sus pechos. Joder, también eran perfectos; justo el tamaño correcto – no demasiado grandes pero definitivamente no pequeños, de ninguna manera. Y antes que pudiera evitarlo, la errática idea estaba ahí. ¿Cómo se sentirían? Jessica los había tenido más grandes, pero los de Isabella se veían más redondos, respingones. Gianna en Italia, los había tenido más pequeños y los de Bree… sí, los de Bree definitivamente eran mucho más pequeños…
"Edward, tu mamá te esperaba esta noche. Tenía la impresión de que irías a la casa a cenar."
Miré a Rosalie, mi cuñada. Me sonrió y una ceja se elevó, mirando con curiosidad entre Isabella y yo. Sí, realmente debí haber pensado mejor esto y llevar a Isabella a la cafetería donde había almorzado o la pizzería unas cuadras más abajo. Parecía de las que le gustaba la pizza.
Volví a bajar mi menú y me rehusé a responder la pregunta tácita de Rosalie, respondiendo mejor la que había hecho directamente. "Tengo que volver al hospital en unas horas, así que no iré está noche. Iré a verlos mañana."
"Oh. Bueno, es una lástima porque todos te estaban esperando. Emmett se quedó en casa con el bebé esta noche, y le dije que yo me encargaría del restaurante. Y Jazz acaba de llegar anoche a casa de Dartmouth. Esperaban tener una noche de chicos." Sus ojos se desviaron de nuevo hacia Bella. Por supuesto, Bella le dio una amplia sonrisa.
"Eso no va a ser fácil con mi horario en el hospital." Le di una sonrisa torcida. "¿Y está 'Noche de Chicos' incluye a Brady?"
Empujó mi brazo. "Tu mamá habría cuidado del bebé, Edward. Lo sabes." Finalmente, al parecer ya no pudo soportar la conversación trivial por más tiempo. "¿Y quién es tu amiga, Edward?"
Nop. Rosalie nunca ha sido de las que se andan con rodeos.
Isabella tendió su mano de inmediato. "¡Hola! Soy Isabella Swan." Volvió a enfatizar las dos primeras sílabas de su nombre.
Rosalie estrechó su mano con una sonrisa desconcertada. "Isabella Swan, soy Rosalie Cullen, cuñada de Edward."
El rostro de Isabella se iluminó como un árbol de Navidad. "¿Eres parte de su familia? ¡Es genial conocerte!"
La frente de Rosalie se frunció. "¿Y quién, debo preguntar, eres—?"
"Rosalie, estamos listos para ordenar," interrumpí en voz alta y rotundamente.
Rose me entrecerró los ojos, pero tomó nuestras órdenes sin decir una palabra más. Solo podía imaginar lo rápido que llamaría a la familia una vez que volviera a la cocina. Hice una mueca.
"Ahí está haciendo esa mueca de nuevo," dijo Isabella. "¿Por qué hace tanto eso?"
Parpadeé, sorprendido por su pregunta. "No me había dado cuenta…"—pero sí lo había hecho. "Lo siento." Dije una vez más. "Supongo que acabo de tener un día difícil."
"¿Fue un mal primer día?" Preguntó, y la mierda es, que podría jurar que escuché verdadera preocupación, verdadero interés en su voz. Me sorprendió un poco, porque hacía tiempo que había escuchado esa verdadera preocupación e interés con una voz femenina. Incluso con Bree, esos últimos meses habían estado llenos de estrés y discusiones. No hubo preocupación ni interés de su parte.
Así que le conté sobre mi primer día. No, no había sido malo. Pero había estado ocupado, y después de mi mañana con ella, me había sido difícil concentrarme. No le conté esa parte, pero me sorprendí contándole todo lo demás sobre mi día. Y ella escuchó, se rio, frunció el ceño e hizo todos esos raros comentarios—pero también algunos no tan raros. En realidad, era fácil hablar con ella—eso es, cuando no se ponía a cantar.
Nuestra comida llegó y además de unos cuantos comentarios de mi familia, Rosalie no volvió a preguntar quién era Bella, gracias a Dios, porque a estas alturas no estaba seguro de cómo responder. De modo que comimos y charlamos, e Isabella se devoró su hamburguesa en menos tiempo de lo que me tomó terminar mi ensalada. Me pregunté en voz alta cómo alguien de su tamaño podía comer tanto.
"Es un don," se echó a reír, masticando una papa frita.
"De verdad, debería cuidar lo que come," la regañé, de pronto más molesto conmigo mismo. "Toda esa grasa que obstruye las arterias no es buena para usted. Además, algún día los kilos la alcanzarán."
Soltó su papa frita y me miró con esos desconcertantes ojos castaños.
"¿Está tratando de decir algo sobre mi peso, doctor Cullen?"
"¿Qué? ¡No! ¡Por supuesto que no! ¡Me refiero a que, definitivamente está perfectamente proporcionada!"
Ella sonrió.
Puse los ojos en blanco. "Lo que quiero decir es…"
Me miró con atención, y no tenía idea qué decir. Finalmente, Isabella estalló en carcajadas.
"Mi mamá está en sus cuarenta y todavía gira cabezas, para la ira de mi papá," se rio entre dientes. "Así que, imagino que me veré bien al menos hasta los cuarenta y cinco." Metió otra papa frita en su boca. "Después de eso, cuando tenga cincuenta o sesenta, no tendrá importancia si mi batido ya no atrae a los chicos a mi jardín." Medio levantó su perfecto trasero de la silla para poder batirlo como muestra.
Dios mío, la chica iba a matarme. Agradecí en silencio por la mesa ocultando mi ahora creciente erección.
Pero ella se echó a reír otra vez, y esta vez no pude evitar reírme con ella.
Sus ojos se pusieron vidriosos una vez más, desconcertándome de nuevo.
"Debería reírse más a menudo, doc. Realmente es una gran vista," murmuró.
Le conté sobre Bree entonces—sobre por qué ya no reía tanto.
(1) Main Street, U.S.A. es la primera área temática apreciada en los parques de The Walt Disney Company que se encuentran funcionando en todo el mundo. Main Street, está basada en la representación de una ciudad de los Estados Unidos a principios de siglo XX.
Bueno, se supone que no fue a propósito pero se volvieron a encontrar. Y al parecer Bella ha logrado que Edward se abra un poco. Hasta ahora se ha visto que la tal Bree sí que ha afectado la vida de Edward, y como bien lo mencionaron varias de ustedes, los celos que demostró con Bella están fuera de lugar, ¿porque no se supone que ella ya siguió con su vida, no debería hacer lo mismo Edward? Bueno, tal vez Bella se lo aconseje, jejeje. Mientras tanto ya sabemos un poco más de la vida que lleva Bella, como dice el summary, una trotamundos que pide aventones y pasa la noche en moteles, una vida de aventura, evidentemente, lo completamente opuesto a Edward, ¿no lo creen? Veremos pues como se desenvuelven las cosas entre estos dos :) Espero que hayan disfrutado del capítulo, y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y poder leer pronto el siguiente, no lo olviden, DEPENDE DE USTEDES.
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Car Cullen Stewart Pattinson, glow0718, miop, BereB, Mamuelita144, Franciscab25, gloriamguevaraz, AnnieOR, Isis Janet, dana masen cullen, Nanny Swan, bbluelilas, Jade HSos, solecitonublado, ACS, Manligrez, Adyel, Nitoca, Ady, Diana, Iza, Mio1973, mariluiq, GudyAnita, NarMaVeg, Ali-Lu Kuran Hale, Cinti77, bealnum, aliceforever85, Vianey Cullen, Maryluna, Rosiichita, sandy56, Mafer, saraipineda44, Liz Vidal, Cary, Lizdayanna, Lucka, Leah De Call, angryc, krisr0405, MajoRed, rosycanul10, rjnavajas, Sully YM, Valevalverde57, EriCastelo, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, que espera sea muy pronto.
