Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autora pattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)

Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM


Capítulo 8 – Regalos y acantilados

BPoV

¿Sabes cuándo me di cuenta que tal vez no todo sería tan simple como habíamos pensado? Fue esa primera vez junto a los acantilados. Estaba muy oscuro allá arriba, pero el cielo despejado de Olimpia con estrellas brillando… como un millón de joyas relucientes en esa cálida noche de verano. Pero ni siquiera ese espectáculo poco común fue suficiente para borrar la tristeza en tu hermoso rostro; para hacer desaparecer ese dolor de tus ojos siempre que la veías. Es entonces cuando me doy cuenta que todo esto se había convertido en más que solo un juego para mí, porque esa fue la primera noche que de verdad sentí tu dolor tan vívidamente, que me dolió físicamente. Y cuando me abrazaste…

Bueno, solo digamos que la Toscana se convirtió en algo secundario esa noche, en esos acantilados.

Aun así, con todo lo que comprendí esa noche, hubo mucho más que no pude percibir—aun cuando lo que estaba pasando debería haber sido tan claro como esas estrellas en el cielo. Pero en realidad, nunca pretendí ser una experta…

OOOOOOOOOO

Grité de alegría y me arrojé contra el cuerpo de Edward, envolviéndolo con mis brazos y mis piernas y trepándolo como un árbol—jadeando cuando esas extrañas chispas que siempre están presentes cuando él y yo nos tocamos, recorrieron nuestros cuerpos.

Nos habíamos acostumbrado más a ellas después de un par de semanas, pero eso no las hacía menos potentes. Solo aprendimos a esperar unos segundos a que se mitigaran, y luego volvíamos a lo que sea que estábamos haciendo.

¡Y justo ahora, lo que estaba haciendo era convulsionándome porque Edward acababa de comprarme una camioneta!

De acuerdo, en realidad no me la compró. La había alquilado. Un alquiler a muy corto plazo, lo que normalmente no se hacía pero ya que Jake conocía al tipo y vino con nosotros… sí, tenía mi propia camioneta para el verano; roja, nuevecita, reluciente, impecable y brutal, ¡y toda mía! Ahora no necesitaba de Emmett y Rose, o de Jasper y Alice para ir al centro. O incluso peor (a los ojos de Edward): pedir un aventón. Insertar música de película de terror.

Así que, para salvarme de tipos leñadores de barba blanca con ojos y manos descarriadas, y de bebés llorando y babeando en su asiento de coche, y de jóvenes de veinte años súper enamorados prácticamente follándose con ropa en el asiento delantero, Edward me alquiló una camioneta.

Bueno, para salvarme de todo eso y para asegurarse que llegara a tiempo al hospital todos los días para hacer nuestro espectáculo frente a Bree.

"¿Supongo que te gusta?" Edward se rio entre dientes mientras mi cuerpo se quedaba envuelto y pegado a su torso duro como la roca como una flexible medusa.

"¡Demonios sí, me gusta!" Grité, mi rostro rozando su cabello suave y sedoso. Y entonces, siempre consciente de la charada que estábamos montando para todos y que se corre la voz como los nocivos gérmenes, me aparté lo suficiente para verlo a sus ojos verdes como el mar – y planté mi boca en la suya.

Verán, desde el primer día, me gustó besar a Edward. Bueno, de acuerdo, tal vez más que gustarme.

Primero, mierda, esas increíbles chispas—ese calor que prácticamente fundía nuestros labios juntos siempre que se conectaban. Era jodidamente adictivo.

Segundo, sus labios eran muy suaves y su aliento siempre olía y sabía muy bien. Tan bien como podía recordar, Ty siempre sabía a hierba o goma de mascar o papas fritas o a McDonalds o algo. Y más recientemente, Felix sabía a cigarrillos, lo que sinceramente, nunca me había importado hasta que besé a Edward y probé lo delicioso que podía ser el aliento naturalmente fresco.

Tercero, y tal vez el más importante, me encantaba cómo ponía nervioso a Edward. Era una de las pocas veces que se quedaba mudo e incapaz de hacer una mueca por al menos cinco minutos completos.

Pero nunca hubo lengua involucrada. Ambos llegamos a un tipo de acuerdo tácito: junto con el sexo, la lengua no era necesaria para nuestros propósitos. Podía entender por qué él no lo desearía—ya saben, por estar enamorado de Bree y todo eso. En cuanto a … bueno, si solo el plantar mis labios en los suyos era adictivo, podría cortarle la lengua y quedarme con ella si alguna vez la probaba.

Definitivamente, no quería volver a pasar una noche en la cárcel.

De modo que solo chupé sus dulces, dulces labios y me reí mientras él permanecía inmóvil y descansaba sus manos ligeramente en mi cintura, todo nervioso y aturdido y tal vez un poco avergonzado por las muestras de afecto públicas de las que obviamente nunca antes había sido parte.

"De acuerdo, chicos, es momento de tomar un poco de aire," Jake se echó a reír detrás de nosotros.

Me aparté y gemí, bajando de mi árbol de Edward. Se veía ofuscado y confundido, justo como me gustaba.

"¡Carajo! ¿Tengo que hacerlo?"

"Si planeas sacar este coche del lote, sí," Jake hizo una mueca.

¿Ven? Sin importar qué, alguien siempre me estaba haciendo una mueca.

Ignoré la mueca de Jake y corrí hacia el lado del conductor de mi camioneta, abriendo mi puerta.

"Espera, Isabella," dijo Edward, apresurándose a mi lado. "Tal vez deberías dejarme conducir las primeras veces, solo hasta que te acostumbres a cómo maniobrar la camioneta."

Giré mi cabeza para mirarlo, pero mi pie izquierdo permaneció listo para subir. "Ves, se supone que seas un doctor inteligente y todo, pero eso no tiene ningún sentido. ¿Cómo, por todos los cielos, se supone que yo me acostumbre a ella si tú vas a conducir?"

Suspiró. "Puedes observarme y—"

Giré mi cabeza y subí a la camioneta, cerrando la puerta detrás de mí. Edward me miró furioso y le di una gran sonrisa.

"¡Será mejor que subas rápido o Jake no dejará que viajes de copiloto!"

"¡Oh no!" Jake gritó, y lo siguiente que supe fue que estaba subiendo al asiento del pasajero, pero antes que sus nalgas pudieran tocar el cuero negro, Edward metió su mano y lo sacó.

Estallé en carcajadas, incluso mientras Edward me miraba con el ceño fruncido.

Habían pasado un par de semanas desde que comenzamos nuestro ardid, astutamente denominado ORAB por mí, o 'Operación Recuperar A Bree', y él seguía jodidamente rígido la mayor parte del tiempo. Aunque una que otra vez, cuando los planetas estaban alineados correctamente o Bree no había hecho su propio espectáculo de muestras de afecto público frente a él ese día o si cualquier calibración universal necesaria para un Edward feliz había ocurrido afortunadamente, se abría paso una sonrisa, o incluso una risita, y su rostro se transformaba en la creación más hermosa—llevándole mil leguas de ventaja a "el David". Sin realmente haber visto jamás a "el David", solo podía asumirlo, pero si conseguíamos lo que queríamos, Edward estaría sonriendo mucho más al final del verano y yo… bueno, podría compararlo realmente con la creación de Miguel Ángel.

"¡Jake, toma!" Le dije, estirando mi mano hacia atrás para darle mi móvil, "Graba un video de mí conduciendo mi camioneta por primera vez, para poder enviárselo a Jamie!"

"Revisa tus espejos antes de salir."

"Eso lo sé, Edward." Me di la vuelta durante los dos segundos más breves de mi vida para sonreír y posar para Jake y la cámara.

"¡Isabella, mantén tus ojos al frente!" Edward dijo con brusquedad. "Y asegúrate de poner la direccional antes de doblar a la derecha en Warren."

"Warren aún está a casi medio kilómetro de distancia. Las direccionales pueden esperar. Ooh, ¿tengo radio satelital?" Grité, estirando mi mano para jugar con la pantalla táctil. "¡Genial! ¡Ay!" Chillé cuando Edward me dio un manotazo.

"Deja en paz la radio por ahora y presta atención a cómo conduces. Estás zigzagueando un poco."

"No estoy zigzagueando para nada y conduzco mucho mejor con la música encendida."

"Estabas zigzagueando, y yo digo que sin radio."

"No estaba zigzagueando y bien, entonces yo haré mi propia música. Rumor has it! Rumor! Rumor has it! Rumor! Rumor has it he's the one I'm—"

"¡Bien, bien! Puedes encender la radio. Pero yo elijo la estación."

Sonreí petulante. Edward suspiró.

"No sé qué pensar de ustedes dos," Jake se ríe entre dientes.

Miré por el espejo retrovisor y le guiñé el ojo juguetonamente.

"Isabella, los ojos al frente."

Suspiré. "Jake, ¿puedes pasarme mi teléfono, por favor?"

"¡Jake, no lo hagas!"

"Ja-ake…" Canturreé con cariño, estirando mi mano hacia atrás. Jake hizo lo que le pedí.

Edward trató de arrebatármelo pero mis reflejos ninja fueron demasiado veloces para él.

"¡Isabella! Deja en paz el teléfono mientras estás conduciendo."

"Siri, ¿por qué mi novio tiene un palo metido permanentemente en su trasero?"

Jake estalló en carcajadas. Por mi vista periférica, pude ver a Edward fruncir el ceño de forma amenazante.

"No lo sé," se escuchó la voz semi robótica de Siri. "Tal vez debería intentar reconfortarlo."

"¿Y cómo sugieres que haga eso?" Le pregunté con una sonrisa.

"Isabella, dame el teléfono y detén la camioneta."

"¡Bella, basta, por favor!" Jake jadeó sin aliento, sujetando su estómago. "¡No puedo respirar!"

"Eso es algo que solo usted puede responder," respondió Siri.

Edward me arrebató el teléfono, sus ojos verdes resplandecientes. Durante las últimas semanas, habría aprendido que cuando sus ojos verdes resplandecían normalmente era buena idea calmarme con las bromas—y empezar con los ejercicios kegel.

"Detente. Ahora."

"Sí, señor Grey," le sonreí con suficiencia.

Jake aullaba de la risa en el asiento trasero.

"¿Quién demonios es el señor Grey?" Preguntó Edward.

"Oh, olvídalo." Puse los ojos en blanco y seguí con mis ejercicios kegel.

OOOOOOOOOO

Llegamos al hospital cuarenta minutos después, aunque insistí en que habrían sido treinta y cinco si Edward me hubiera dejado conducir, y él insistió en que nunca habríamos llegado porque probablemente habríamos chocado con uno de los árboles en el camino. Salió y yo también lo hice, cruzando por el frente de la camioneta para llegar a mi legítimo lugar en el asiento del conductor.

"Por favor, ten cuidado, Isabella," hizo una mueca, deteniéndose frente a mí y bloqueando mi camino.

"¡Sí, sí, lo sé!" Insistí, y al ser incapaz de contener mi emoción, empecé a dar de saltos.

Él sonrió, una sonrisa que llegó a sus ojos y los hizo brillar y sí, ¿ven? Así sin más, dejé de saltar, porque ver a Edward sonreír con todo su rostro era una visión que valía la pena detenerse y observar, y analizar—mi propio "David" personal.

Sus ojos se enternecieron. En las últimas semanas, Edward y yo habíamos llegado a conocernos mejor, y a pesar de nuestras constantes 'discusiones' y tomaduras de pelo, nos convertimos en amigos.

"¿Podrás venir a recogerme después del trabajo? Me gustaría cenar en el restaurante esta noche—si tú quieres."

Y sí, aunque podía ser un cabrón mandón algunas veces, también podía ser un perfecto caballero.

"Por supuesto que me gustaría." Le doy una suave sonrisa en respuesta, todavía cautivada por esa sonrisa, todavía haciendo los kegels.

"Bien," su sonrisa se hizo más grande. "Probablemente me quedaré un par de horas para compensar el tiempo que me tomé libre para ir a Port Angeles. Pero espero haber terminado para las ocho."

Jake y yo habíamos elegido la camioneta en la concesionaria de su amigo en Port Angeles. Edward solo tuvo que ir a llenar el papeleo, ya que era su plata la que pagaría por ella.

"Suena bien," asentí, sonriendo.

"Si hay algún cambio, te llamaré a tu móvil."

Levanté mi lindo teléfono blanco con una cubierta brillosa incrustada con joyas que Edward calificó de ostentosa, pero que yo definitivamente tenía que tener. "¡Siri y yo te estaremos esperando!"

Puso los ojos en blanco antes de desviarlos hacia Jake, que había tomado el asiento que yo abandoné al frente de la camioneta. Le dijo adiós con su mano y Jake le respondió igual.

Edward volvió su atención nuevamente hacia mí. "Que el resto de tu día sea divertido," casi de forma imperceptible, sus ojos se dispararon hacia Jake antes de volver enseguida conmigo— "pero intenta asegurarte no llegar tarde a recogerme."

"Que tengas un buen día también, Edward. Y no llegaré tarde," le aseguré.

Y entonces, porque estábamos enfrente del hospital y porque era un pueblo pequeño, y porque era parte de ORAB, y porque como dije, sinceramente lo disfrutaba, me puse de puntillas y levanté mis manos hacia sus amplios y fuertes hombros y con nuestros ojos fijos en el otro, me acerqué y volví a presionar mi boca a la suya, sintiendo el delirante calor familiar donde mis labios tocaron los suyos y donde mis manos tocaron sus hombros, y simplemente en todo mi cuerpo. De verdad, era adictivo.

Cuando finalmente logramos apartarnos del calor, él me miró y su boca se curveó de una esquina.

"Delirante," se rio entre dientes, acomodando mi bonito collar de cuentas y plumas en mi cuello porque siempre se las arreglaba para torcerse cuando nos besábamos.

"Sí," me reí en respuesta. "Realmente lo es."

OOOOOOOOOO

"¿Y crees que sospeche?" Jake preguntó al conducir a través del bosque en nuestro camino de regreso a la casa de los Cullen.

Era otro día caluroso sin precedentes, aquí en el noroeste, e íbamos a aprovechar al máximo la hospitalidad de los Cullen y pasar el día descansando junto a la piscina con quien sea que quisiera acompañarnos. Jake, que era dueño de su propio taller, básicamente decidía su horario. Emmett y Rosalie, chefs y dueños del Forks Square Grill & Steakhouse, trabajaban las tardes y las noches, y Jasper y Alice, en casa por las vacaciones de verano de la escuela, también pasaban los días en la piscina, ayudando en el restaurante por las noches. Pero en lo que a mí respecta, yo tenía el mejor trabajo de todos—era la ´novia' del doctor Cullen.

"No tiene idea," sonreí, dándole a Jake una mirada de soslayo mientras conducía mi nueva camioneta por los serpenteantes caminos que empezaba a conocer mejor.

"No lo sé, Bells," Jake me advirtió con sinceridad, "no estoy muy seguro que Ed esté muy feliz con esto. En realidad, eso ya no es algo que le agrade mucho."

Rodé los ojos hacia el parabrisas. "Créeme, Jake. Esto es exactamente lo que Edward necesita; ¡soltarse ese bonito cabello bronce, hombre!" Bromeé. "¡Relajarse! Librarse de un poco de ese estrés. ¿Te das cuenta que solo ha tenido un día libre en las últimas dos semanas?"

Como lo dijo Edward, había tenido que encontrar muchas formas de ocupar mi tiempo durante las últimas semanas. Fui al taller de Jake un par de veces, donde había cumplido con su promesa de tratar de enseñarme a puntear un coche, pero después de esos desastrosos resultados, nos saltamos las lecciones para ser DJ y por lo general pasábamos los días en la piscina, con Em, Rose y el pequeñín—aunque traté de mantenerme alejada de ese último, y con Alice y Jasper.

Desafortunadamente, pasar tiempo en la casa de los Cullen junto a la piscina también significaba que tenía mucho tiempo para tratar de ocultarme de Entrometida, que seguía intentando ser mi nueva mejor amiga.

La semana pasada por ejemplo, Entrometida—alias Esme—me abordó durante el desayuno—de la forma en que tendía a hacer casi todas las mañanas. Me atraía con los pastelillos de Emmett y promesas de buena cafeína—una sustancia que se había vuelto aún más necesaria ahora que mi consumo de nicotina estaba siendo perversamente restringido.

"Bella," Entrometida empezó a decir esa mañana con
esa voz tan relajante suya, "¿te dijo Edward que su cumpleaños se acerca en unas pocas semanas?"

Dejé mi cafeína sobre la mesa y sonreí. "¿Su cumpleaños?"

"Sí," me devolvió la sonrisa con aire de suficiencia, plenamente consciente de que me tenía desde que dijo hola. "Es el veinte de junio. No lo hemos celebrado en algún tiempo porque él no estaba y…" – desvió la mirada y se encogió de hombros— "bueno, en realidad, no le han atraído las fiestas y celebraciones desde hace un tiempo. Pero he estado pensando…" – me miró de nuevo y su sonrisa volvió a ser dulce— "ya que este verano ya está resultando ser muy… diferente y caluroso y… especial, y ya que no celebramos su título de médico, tal vez deberíamos tener una fiesta. Una fiesta sorpresa aquí junto a la piscina. Solo los amigos cercanos. ¿Qué piensas, Bella?"

Me miró expectante, como si realmente estuviera esperando mi opinión sobre el tema.

"¿Qué pienso yo?"

Durante las últimas dos semanas que había conocido al hombre, ha sido todo un enigma para mí. Tan solo en los primeros días se hizo evidente que el que Bree lo dejara realmente había dañado al pobre hombre, y aunque han pasado unos seis meses desde el incidente, él todavía no podía hablar de ello sin que sus ojos se oscurecieran, sus rasgos se endurecieran, y una intensa ira se apoderara de su semblante. Ver a Mike lo empeoraba aún más, y hasta ahora yo solo lo había visto de lejos. Pero al ver a Bree la ira desaparecía, solo para ser remplazada por tristeza. No estaba segura cuál era peor, si la ira o la tristeza.

En definitiva, Edward se preocupa demasiado. Él afirma que todo pasará una vez que Bree recobre el juicio y vuelva con él. Los evidentes celos en el rostro de ella siempre que nos ve juntos también tendían a calmarlo. ¡Pero el hombre necesita relajarse, divertirse, dejar de pensar en Bree y Mike y en ORAB por una noche y simplemente pasársela bien!

¿Una fiesta sorpresa?

Yo creo que sabes exactamente lo que Edward necesita!" Sonreí con timidez. Por supuesto que lo sabía, con todo lo entrometida que era. Aun así, sin poder contenerme—ya que sin duda era un problema para mí—reboté en mi asiento, aplaudiendo alegremente.

Ella se me quedó mirando, pero en vez de darme la mirada de 'estás loca' que su hijo y algunos otros tendían a darme algunas veces, esa irritante dulce sonrisa suya iluminó su rostro evidentemente hermoso, solo que era muy difícil estar molesta con ella cuando sus ojos parecían tan sinceros.

"Sí, creo que sé exactamente qué necesita Edward," concordó.

Pero ahora, aquí en mi camioneta nuevecita, Jake no está tan seguro.

"Oye, él eligió la vida de doctor," murmuró, descansando su cabeza contra el asiento, cerrando sus ojos y cruzando los brazos sobre su enorme pecho. "Le advertí cuando éramos más jóvenes. Le dije que deberíamos convertirnos en DJ. Le advertí sobre Bree y—"

Se interrumpió, con sus ojos oscuros viéndose enormes y avergonzados. "Oh mierda, Bella, lo siento. No fue mi intención mencionarla—"

Me reí entre dientes e hice un gesto con mi mano sin darle importancia.

"Está bien, Jake. No es como si no la viera casi todos los días cuando voy al hospital."

Sentí que me observaba. "¿No te molesta eso?"

"¿Qué?"

"¿Saber que ella está tan cerca de él todos los días?"

Estaba a punto de solo encogerme de hombros, pero entonces empecé a pensar…

¿Una verdadera novia estaría tan despreocupada, tan indiferente a que su novio y la chica con la que había estado por casi diez años, trabajaran tan estrechamente casi todos los días? Era cierto, que nunca había pretendido ser una experta y era cierto, que nunca había estado enamorada, pero mi instinto me decía que sí: una verdadera novia al menos estaría un poquitín molesta. Incluso casi pude sentir lo poquitín molesta que estaría una verdadera novia.

¿Verdad?

"¿Crees que ella quiera recuperarlo?" Le pregunté a Jake.

No respondió en seguida. "No creo que debería importar lo que ella quiera, siempre y cuando él sepa lo que quiere." Hubo silencio otra vez, y entonces Jake se rio entre dientes – esa risa despreocupada que había llegado a relacionar con él. "Y estaría loco si quisiera a alguien más que a ti, tú, cabeza dura."

Me eché a reír, pero por dentro, algo extraño que nunca antes había sentido saltó en mi vientre.

Por el bien de Edward, esperaba que ella lo quisiera recuperar, porque eso se supone que ocurriría. Y vaya que deseaba ver sus ojos y su boca arrugarse y sonreír más seguido. Pero entonces recordé, que una vez que eso ocurriera, yo ya no estaría aquí. Estaría muy lejos en la Toscana…

"¿Lo hizo feliz, Jake?" Me sorprendí preguntando. Esperaba que lo hubiera hecho. Esperaba que los quince grandes que él iba a pagarme valieran la pena. Esperaba que el verano al que estaba renunciando para quedarme aquí valiera la pena.

Jake dio uno de esos prolongados, profundos y significativos suspiros.

"Creo que ella hizo feliz a una versión diferente de Edward."

"¿A qué te refieres?"

"Simplemente a que Edward se convirtió en una persona totalmente diferente cuando empezó a salir con ella. Todo se centró en Bree; lo que a Bree le gustaba hacer, a dónde Bree quisiera ir, los planes que Bree tuviera."

"Sabes que Edward nunca crecería para convertirse en un DJ, ¿cierto? Con Bree o sin Bree," sonreí.

"Sí, lo sé," sonrió a regañadientes. "Ese no es el punto."

Le di un vistazo de soslayo porque si chocaba esta camioneta, Edward me mataría. "Suenas como una pequeña perra celosa," bromeé.

Se rio entre dientes. "Sí, bueno, tal vez lo sea. No lo sé," dijo, con ese tono de voz que significaba que ya no quería hablar de ello. Por el código entre hermanos y todo eso, supongo. "De todos modos, como sigo diciendo, tú eres mucho más más genial, cantando ópera y hablando con collares y con Siri y todo." Volvió a descansar su cabeza hacia atrás y cerró sus ojos.

Me eché a reír. Jake era un cabrón divertido a veces.

OOOOOOOOOO

EPoV

Isabella estaba retrasada—como siempre. Era algo a lo que me estaba acostumbrando. Las doce significaban las doce y treinta, y las ocho significaban las ocho y treinta, etc. Como resultado, ya no la esperaba en la hora que habíamos acordado, sino media hora o más después, y saber eso evitaba que me molestara y al menos, también nos mantenía en un semi-horario.

Cuando llegaba finalmente lo hacía de prisa, como siempre, chirriando las grandes llantas al mismo tiempo que estacionaba en segunda fila junto a mi Volvo mucho más pequeño, bajaba la ventanilla y deleitaba a cualquiera en un radio de dieciséis kilómetros con un concierto de radio gratuito presentando el último éxito de Kate Perry.

"¡Lo siento, llegué tarde!" Gritó. Otra frase de ella a la que me estaba acostumbrando. Le di una sonrisa afectada y me levanté de la banca en la que había estado esperando y mientras caminaba hacia ella la vi sonreír ampliamente y saludar a alguien detrás de mí.

"Hola Jules, ¿cómo estuvo tu día?"

La enfermera Julia acababa de terminar su turno y estaba de salida. Sonrió y saludó en respuesta.

"¡Estoy bien, nena! ¡Oye, gracias por esos sándwiches PBB&B que me enviaste con Edward! ¡Sin duda estuvieron tan deeeliciosos como dijiste y fueron un gran éxito en la estación de enfermeras!"

"¡Aw! ¡Me alegra que les gustaran! ¡Voy a hacer más mañana y los traeré personalmente!"

Rodé los ojos. ¿Cuándo exactamente se habían hecho amiguitas Isabella y la enfermera Julia?

Y entonces, se bajó de un salto de la camioneta, dejando el motor y la radio encendida, corrió los pocos metros hacia mí, saltó a mis brazos y me besó de forma prolongada e intensa.

Ven, por eso me desconcierta. Me refiero a que ella hace todas estas cosas inesperadas en los momentos más inesperados, y nunca estaba precisamente seguro de lo que iba a hacer o decir o cuándo iba a hacerlo o decirlo. Durante la última década, todo en mi vida había sido muy ordenado, fácil, seguro, consistente y privado. Mis besos, mi relación con Bree, todo había sido privado. Nos amábamos y mientras ambos supiéramos eso, no era algo que tuviéramos que anunciar a todo el mundo.

Pero en algún punto del camino, Bree había cambiado las reglas que ella misma había ayudado a establecer, y ahora ella y Mike reían y caminaban juntos de la mano, y por eso ahora yo tenía que pagarle a Isabella quince grandes para que me besara en público.

Con todo, incluso mientras todo eso pasaba por mi cabeza, mi boca se la estaba pasando como nunca.

Verán, Isabella besaba estupendo. Y mierda, esas malditas chispas que nunca nos dejaban— ¡eran brutales! Siempre que su boca se posaba en la mía, necesitaba de un control casi titánico el no solo decir, ¡a la mierda! Y meter mi lengua en lo más profundo de su boca y solo dejarme llevar desde ahí. Siempre que nuestras bocas se encontraban, ese calor exasperante me volvía loco—igual que ella.

¿Pero cómo podría aprovecharme de ella de esa forma? La lengua, como el sexo, estaba fuera de nuestro acuerdo.

Y Bree…

Bree y yo teníamos una historia. Nos habíamos moldeado el uno al otro; literalmente habíamos madurado juntos. Hicimos planes concretos. Teníamos un futuro que realizar, ¿no es así?

Pero Isabella…

Sí, me sentía atraído a ella. Sí, sentirla en mis brazos me volvía loco, endurecía mi polla como un tubo de acero, y me tenía tomando duchas frías todas las noches. Pero Bree y yo teníamos una historia, e Isabella solo era una trotamundos, una gitana. Éramos tan totalmente opuestos que la mitad del tiempo ni siquiera podía creer que nuestro acuerdo ya había durado dos semanas.

Además, cuando terminara el verano y nos dejara el clima cálido, también lo haría ella.

OOOOOOOOOO

Estábamos cenando en el restaurante de Rose y Emmett, e Isabella estaba devorando su hamburguesa mientras yo trataba de disfrutar mi ensalada—pero que me jodan, si todos su gemidos no me tenían jodidamente distraído.

"La estás disfrutando, ¿eh?" Hice una mueca.

Dejó de gemir solo el tiempo suficiente para mirarme, sus ojos coquetos como siempre.

"¿Por qué no le das una mordida?" Me tendió su hamburguesa.

"Porque me gustaría vivir más de cincuenta años, gracias."

"¡Oh, vamos, Edward! ¡Qué te parece vivir un poco ahora! Solo una mordida," me suplicó.

Volví a darle una mueca.

"Deja de hacer muecas, Edward," me advirtió. Dejé de hacerlo, sabiendo muy bien que no se detendría de darme un golpecito en el labio en público.

"Vamos, Edward, dale una mordida. Tal vez la disfrutes."

Puse los ojos en blanco.

"Edward," dijo, cambiando de estrategia y hablándome seductoramente mientras sostenía la hamburguesa aún más cerca, justo bajo mi nariz. ¡Dios, olía muy bien! "Dame una mordida. Sabes que quieres," dijo con esa voz provocativa que hacía en broma pero que solía irse directamente a mi entrepierna. "Solo una" – puso la hamburguesa en mis labios –"pequeña" – la meneo ahí –"mordida."

Mordí esa mierda como un hombre que no ha visto bocado de comida en años.

Y joder, sabía bien.

E Isabella se rio sin parar, sosteniendo su estómago perfectamente plano, cuando le arrebaté la hamburguesa.

Dios, era frustrante. Pero algunas veces también me hacía reír.

"Te dije que estaba buena," se rio entre dientes, cogiendo su plato de papas y cambiándolo por mi ensalada. "No es bueno privarte de esto por mucho tiempo, Edward, o un día terminarás comiéndote una vaca entera. Jamie me enseñó eso cuando atravesé mi fase de vegana—que por cierto, no terminó bien," sonrió.

Me eché a reír. "Por favor, agradécele a Jamie por sus sabios consejos nutricionales la próxima vez que hables con él," le dije con la boca llena de hamburguesa con queso, levantándola en señal de saludo, "y estoy seguro que mis arterias también les agradecen a ambos."

Ella solo se volvió a reír entre dientes. "Se lo diré y de nada. Oye, si puedo dejar de fumar por ti, lo menos que podrías hacer es comer carne roja por mí."

Antes que pudiera responder, una voz conocida habló justo a mi lado. "Hola chicos."

Levanté la vista para ver a Mike—con Bree a su lado, por supuesto—y tragué la hamburguesa de un tirón. De algún modo, me las arreglé para fingir una sonrisa.

"Hola Mike." Me volví hacia Bree. "Bree."

"Supongo que no debería sorprendernos encontrarlos aquí," dijo Mike, su risa extraña y obviamente nerviosa. Y pensar que este bobo había sido una vez uno de mis mejores amigos.

"Es una noche agradable, sin tanta humedad como ha estado, así que Bree y yo decidimos salir a cenar."

Le ofrecí una sonrisa tensa pero no hice un comentario. Mis ojos volvieron con Bree. Ella me observaba, con una pequeña línea que reconocí como una muestra de confusión marcando su frente.

"¿Desde cuándo comes hamburguesas, Edward?"

Miré hacia abajo al minúsculo pedazo de hamburguesa que quedaba en mi plato.

"Desde que Isabella me volvió a introducir a la carne roja."

Se me quedó mirando, aparentemente inexpresiva, pero la conocía bien. Nos sostuvimos la mirada y alguien se aclaró la garganta. Parpadeé y desvié la mirada, y atrapé a Mike extendiéndole su mano a Isabella.

"Hola, soy Mike," se rio de forma temblorosa. "Edward y yo somos… viejos amigos."

Sí, viejos amigos, resoplé en mi interior.

"Isabella Swan," Isabella respondió amablemente aunque más moderada que de costumbre.

"Sí. Te he visto con Edward por la ciudad y el hospital, pero," se encogió de hombros avergonzado, "supongo que no hemos tenido oportunidad de ser presentados apropiadamente."

¿Por qué demonios te la presentaría, pendejo? Pensé. Isabella simplemente sonrió.

"¿Y qué te parece Forks?"

"Es… interesante," ofreció Isabella, y estiró su mano para tomar la mía, entrelazando nuestros dedos. "Pequeño, pero Edward me mantiene bien entretenida en su tiempo libre."

"Estoy seguro que sí," Mike sonrió. "Edward siempre fue bueno entreteniendo a las chicas cuando éramos niños."

"Sí, bueno, ahora él es todo un hombre," sonrió Isabella, parpadeando con inocencia, pero como aquello que delataba a Bree, también empezaba a aprender lo que delataba a Isabella. Cuando parpadeaba intencionalmente, por lo general significaba que crecía fuego apenas bajo la superficie.

Siguió un prolongado e incómodo silencio.

"Bueno, los dejaremos volver a su cena. Solo quería presentarme y darte la bienvenida a nuestro pequeño pueblo."

"Está bien. Fue un gusto conocerte, Mike."

"A ti también, Isabella. ¿Tal vez podamos cenar los cuatro una de estas noches?"

¿Me estás jodiendo?

Los ojos de Isabella se dispararon en seguida hacia mí. "Te informaremos," le sonrió con dulzura.

"Me parece bien," aceptó. "Te veré en el hospital, Edward."

Asentí. "Sí. Nos vemos." Miré a Bree. "Cuídate, Bree."

"Adiós, Edward." Se volvió y se dirigió a Isabella por primera vez esta noche. "Adiós, Isabella." Sus ojos se dispararon hacia mí antes de volver a Isabella. "Y asegúrate de que no coma mucha carne roja."

Isabella parpadeó. Dos veces. Por una milésima de segundo, algo destelló en sus ojos. "De hecho, estaba a punto de ordenarle otra hamburguesa," sonrió.

Bree se le quedó mirando, y entonces Mike hizo que se diera la vuelta y se alejaron. Pero ella se volvió para mirarnos una última vez, con esa extraña expresión celosa en su rostro una vez más.

Isabella y yo no dijimos nada por un par de minutos.

"Creo que está funcionando," finalmente susurró ella.

Asentí. Sus palabras y la expresión en el rostro de Bree, debieron hacerme sentir eufórico, hacerme feliz. Pero solo me sentía enojado… y vacío.

OOOOOOOOOO

Condujimos por un rato sin rumbo fijo. Miraba por la ventanilla del lado del pasajero, perdido en mis pensamientos mientras Isabella nos lleva por serpenteantes caminos estrechos. Realmente era muy buena conductora, solo que nunca lo admitiría frente a ella.

Suspiré. Cada encuentro con Bree me dejaba sintiendo así; con ese sentimiento vacío y de enojo en mi interior. Isabella tenía razón. Bree obviamente había estado celosa esta noche, como parecía estarlo cada vez que nos topábamos con ella. Pero por más esperanzado que eso debería hacerme sentir, también me encabronaba.

"Oye, ¿estás bien?" Isabella preguntó en voz baja.

Asentí, manteniendo mis ojos vueltos hacia la ventanilla del pasajero y pensando en un pasado que parecía más y más lejano con cada día que pasaba.

Cuando el coche se detuvo, me sorprendió momentáneamente.

"¿Dónde estamos?" Estaba oscuro afuera, y me tomó unos segundos orientarme.

Pero Isabella ya estaba sonriendo y bajando de la camioneta. La seguí afuera.

Estábamos en La Push, sobre los acantilados donde Jake, Sam, Seth, Emmett, Mike y yo solíamos divertirnos y hacer clavados cuando éramos más jóvenes. Las estrellas—pocas veces vistas en esta área por las constantes nubes—salieron con fuerza en esta noche clara; brillando alto en el cielo oscuro.

"¿Cómo sabes de este lugar?" Le pregunté mientras caminábamos hacia la orilla de los acantilados. El río fluía silenciosamente en el fondo.

"Jake me lo mostró," se encogió de hombros, mirando al cielo.

Algo se hizo un nudo en mi estómago. "¿Ah, sí?"

Asintió. "Me dijo que ustedes solían saltar desde aquí cuando eran niños." Sus ojos volvieron a mí. "Me es difícil imaginarte saltando desde aquí."

Hice una mueca y ella se acercó para darle un golpecito a mi labio, pero lo había anticipado y aparté su mano. Se rio entre dientes.

"¿Por qué es eso tan difícil de imaginar, porque no soy tan divertido como tu amigo Jake?"

"En primer lugar, él también es tu amigo. Y en segundo, solo quiero decir que es jodidamente alto," se rio entre dientes. "Y en tercero, tú sabes que eres mi chico divertido," dijo bromeando. "Fun boy, fun boy," empezó a cantar.

"No se supone que fuera así," solté de repente.

"¿Qué?"

"Bree y yo—se supone que nos casaríamos, que seríamos dos médicos exitosos con dos carreras exitosas y un matrimonio exitoso y dos hijos inteligentes y exitosos."

"De verdad lo tenías todo planeado, ¿no es así?"

"¡Sí! ¡Lo tenía!" Froté mi rostro con mi mano.

Ella estaba callada. "Todavía puedes tenerlo," finalmente me aseguró.

"Pensé que no creías en el destino," me burlé.

"No creo en un destino para mí," se encogió de hombros. "Pero si tú crees que ella es tu destino, entonces tal vez las cosas simplemente se desviaron del camino. Solo tenemos que volverlas a su lugar."

Pasé la mano por mi cabello, mirando a la oscuridad frente a mí. "¿Luego qué?"

"¿Luego qué?" Repitió.

"¿Cómo lo reconstruimos a partir de allí? ¿Cómo volvemos a lo que solíamos ser?"

Se quedó en silencio por un largo, largo tiempo. "Edward, lo siento, pero no sé las respuestas a esas preguntas. No soy experta en esto. Nunca he estado enamorada."

Sonreí con ironía. "Desearía poder decir eso."

"No, no deseas eso. Porque al final del día, al menos sabes que por mucho tiempo, ella estuvo ahí para ti, fue alguien con quién podías contar. Y a fin de cuentas y al terminar este verano, ella volverá a estar aquí para ti. Te lo prometo."

De pronto se escuchaba melancólica. Me volví para mirarla, pero no me miró a los ojos.

¿Quién era esta chica—esta hermosa trotamundos de lo que sabía tan poco?

Me acerqué a ella, tan cerca que podía sentir su cálido aliento en mi pecho cuando exhalaba. Con dos dedos levanté su barbilla y esperé a que me mirara a los ojos.

"Isabella, quizás tú nunca has estado enamorada, pero no creo ni por un minuto que nadie haya estado alguna vez enamorado de ti."

Sacudió su cabeza.

"¿Qué hay de Felix la chimenea humana?"

Ella resopló. "Él no cuenta. Estaba loco (1)."

"Dos locos juntos. Perfecto," bromeé.

Se rio una vez, desviando la mirada. "Sí, eso creerías, ¿verdad? Pero de algún modo… dos locos juntos no funcionan. A menos que haya un pene entre ellos (1)." Me miró y sonrió con ironía.

Y sin pensarlo, sin ningún pensamiento consciente calculado, lo que era una locura porque todo lo que yo hacía era con un pensamiento consciente calculado, acerqué a Isabella a mí y la envolví con mis brazos.

Los dos jadeamos, porque como siempre pasaba cuando nuestros labios se encontraban, cuando nuestros cuerpos se encontraban era como si alguna fuerza invisible nos estuviera fusionando, soldándonos con el hierro caliente de un herrero. Y entonces lentamente, Isabella rodeó mi cintura con sus brazos y juntos, ahí en la oscuridad de la noche bajo las estrellas, simplemente nos abrazamos el uno al otro.

Suspiré, sintiéndome extrañamente contento y… pleno. Este abrazo era diferente del resto que habíamos compartido durante el último par de semanas. Porque no nos estábamos abrazando para dar un espectáculo. Simplemente nos estábamos reconfortando el uno al otro. Como verdaderos… amigos.

"Lo resolveremos, Isabella," le prometí. "Los dos encontraremos nuestro destino."

Y sosteniéndola ahí en mis brazos, de pronto fue muy fácil creer que lo haríamos.


(1) A veces quisiera tener la libertad de hacer un cambio radical y buscar algo gracioso para meter cuando la traducción no permite disfrutar de lo gracioso del texto original, pero… respeto a la autora y como soy amateur no me siento capacitada para hacerlo. En fin, el texto original usa la palabra 'nuts' para loca o loco y esa misma palabra se usa para nueces, o bolas, refiriéndose al órgano genital masculino :P Cuando Bella dice que dos locos no funcionan juntos a menos que haya un pene entre ellos, se refiere a las bolas (testículos) jejeje.


Se vislumbran los problemas, ¿no creen? Cada vez se toman más libertades entre ellos, está creciendo una amistad y sentimientos, y todo eso sería bueno si Edward no estuviera tan clavado con Bree, obviamente está completamente ciego, pero no es el único. Así que, ¿en qué acabará todo esto? Ya lo veremos. Mientras tanto podemos disfrutar de las locuras de Bella jajajaja. Al igual que ustedes, me encanta esta Bella y como les dije, a veces me dan ganas de cachetear a Edward, a ver si así entra en razón y se da cuenta que lo que tenía con Bree no era verdadero amor, solo costumbre. ¿Y ustedes qué creen de lo que ha pasado hasta ahora? ¿Qué opinan de las reflexiones de ambos en cada capítulo? Saben que me encanta saber sus opiniones sobre la historia, así que, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció el capítulo y así poder leer pronto el siguiente. No olviden que sus reviews es el único pago que recibimos por hacer esto para su diversión, y no les cuesta nada, solo unos minutos de su tiempo, escribir un gracias, una carita feliz o qué les gustó del capítulo, en el cuadro al final del capítulo y enviar, y por supuesto, su deseo de ser agradecidos.

Alguien preguntó que cuántos capítulos son, y son 28 capítulos, el epílogo y 3 outtakes ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: lagie, tulgarita, miop, kaja0507, glow0718, arianna mansen, bbluelilas, Tata XOXO, rosycanul10, Gabriela Cullen, Lizdayanna, somas, Paola Lightwood, kasslpz, Rosiichita, GZarandon, Car Cullen Stewart Pattinson, Mio1973, missy, angryc, Nitoca, saraipineda44, Cary, Twilight all my love 4 ever, Jade HSos, sandy56, BereB, JANETH A SANDOVAL, bealnum, Cinti77, solecitonublado, NarMaVeg, ximena black, Sully YM, alejandra1987, Mamuelita144, Nanny Swan, Isis Janet, Melany, Lady Grigori, injoa, Mapi13, Maryluna, Manligrez, Mafer, MajoRed, Adyel, Liz Vidal, Dani, Lectora de Fics, rjnavajas, EriCastelo, Maribel 1925, Valevalverde57, Ali-Lu Kuran Hale, Noriitha, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, que espero sea muy pronto. DEPENDE DE USTEDES.