Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autorapattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)

Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM


Capítulo 9 – Coqueteando y tomando el pelo

BPoV

Lo oculté bien, ¿no es así? No necesariamente de todos los demás, porque al parecer yo era un libro abierto, sino de ti… y aún más de mí misma. ¿Pero cómo podría haberlo sabido? Nunca había estado en esa posición. Y al principio, a medida que los coqueteos se intensificaban de ambos lados, fue muy fácil llamarlo algo físico. Nunca negué mi atracción por ti, y tú… bueno, simplemente fue tan genial verte finalmente reír que nunca me detuve a pensar lo extraño que era eso… que aprendieras de nuevo a reír mientras ella aún estaba tan lejos de tu alcance. Y desde luego, nunca me detuve a pensar cómo complicaría eso las cosas una vez que la recuperaras—cuando ya no me necesitarás a

OOOOOOOOOO

El pequeñín estaba llorando sin parar. Rose lo metió a la casa para su siesta de tarde por la mañana, pero el pequeño Brady Cullen parecía tener otras ideas.

Me volví para ver a Edward que yacía en la tumbona junto a mí, bajo una muy grande y amplia sombrilla de patio que cubría por completo a su cuerpo vestido con un bañador y una camiseta blanca. Mi tumbona estaba a plena luz, para abrazar totalmente los gloriosos rayos del sol y dejarme acariciar por su calor en mi bikini rojo prestado-pero-que-nunca-voy-a-regresar.

Suspiré y me subí las gafas. "¿No sabe ese niño que algunos de nosotros tratamos de relajarnos y asolearnos un poco aquí?"

Edward se rio entre dientes, con los ojos cerrados. "Si bien la primera parte de esa pregunta puede ser válida, a mí, a diferencia de ti al parecer, me gusta mi piel y por eso prefiero no buscarme un melanoma."

"¿Qué eres tú, un vampiro?" Descansé mi cabeza, cerrando mis ojos mientras el calor del sol cosquilleaba en mi rostro. "Tan aterrado del sol," solté una risita.

"Sí, veremos quién se ríe en veinte años, cuando tu piel esté toda arrugada y la mía tan suave como el trasero de un bebé."

"Al menos puedo ver mi reflejo en el espejo. Y no le tengo miedo a las cruces."

"En realidad, los vampiros pueden ver su reflejo y no le tienen miedo a las cruces," respondió con ironía. "Pero sí brillan."

Solté una risita. "No es cierto."

Sus labios temblaron de forma casi imperceptible. Edward me estaba tomando el pelo. "Sí es cierto."

"No es cierto," alegué.

Edward finalmente tuvo tiempo este fin de semana para relajarse conmigo junto a la piscina. Supuestamente, porque había muchos doctores trabajando en emergencias este fin de semana, y ya que Edward hace mucho no había tenido tiempo libre, el administrador Mike le dio treinta y seis horas libres.

Pero todos sabíamos que la verdadera razón fue porque esta noche era la fiesta de cumpleaños sorpresa número 27 de Edward, y el jefe de personal, Carlisle, movió sus influencias para conseguirle a Edward tiempo libre.

Todos teníamos trabajos hoy. El trabajo de Entrometida durante el último par de semanas había sido toda la planeación y preparación para este reventón. Rose y Emmett iban a servir el banquete, por supuesto. Mientras hablábamos, Emmett estaba dentro de la enorme cocina gourmet Cullen haciendo cosas que me hacían agua la boca tan solo al pensar en ellas. Jasper y Alice habían ido a un pueblo llamado Port Angeles esta mañana a recoger las decoraciones que Esme ordenó. Y mi trabajo era mantener a mi 'novio' entretenido durante el día—asegurándome que no tuviera ninguna sospecha de lo que todos nosotros teníamos bajo la manga. Luego, más tarde desaparecería de aquí con él un par de horas mientras preparaban todo y después lo traería de vuelta aquí a tiempo para gritar, ¡sorpresa! Abrir unas cuantas cervezas y sacudirlo hasta que salga el sol.

Él suspiró. "Mira, si no vas a meterte bajo la sombrilla conmigo, ¿al menos podrías ponerte un poco de protector solar? Siento que me salen lunares tan solo de verte."

"Encantador como siempre." Bufé y me senté derecha, sintiéndome un poco mareada por el fuerte sol que me había estado dando en los ojos la mayor parte de una hora. "Oh está bien, dame ese protector solar."

Cogió la botella de protector solar de la mesita junto a él y me la dio sin abrir sus ojos o levantar su cabeza. Bufé otra vez y se la arrebaté.

"No puedo alcanzar mi espalda. ¿Lo harías por mí, por favor?"

No respondió en seguida. "Solo no te acuestes boca abajo y deberías estar bien."

"¡Edward!" Me reí entre dientes con incredulidad. "¡No puedo asolearme de un lado y no del otro! ¡El bronceado va a quedar disparejo! ¿Podrías, por favor, ponerme en la espalda?"

Una vez más, no respondió de inmediato. En vez de eso, abrió sus ojos súper lento, casi a regañadientes y luego los dirigió hacia mí con lánguida reticencia. Cuando se posaron en los míos, estaban oscuros, abrasadores y muy kegeliciosos. Caray, iba tener los músculos pélvicos más firmes de este lado del Pacífico una vez que terminara el verano.

"Bien," refunfuñó. "Dame el protector solar y recuéstate boca abajo."

Al hacer lo que me dijo, llevé mi mano hacia atrás para tirar del cordón de la parte superior de mi bikini, para que no me quedaran esas líneas de bronceado de mal gusto. Escuché el gorgoteo de la crema y el sonido de las manos de Edward frotándose, y entonces inhalé bruscamente y lo escuché sisear cuando sus manos tocaron mi espalda.

Pero esta era una sensación completamente nueva—como cuando me abrazó junto a los acantilados sin una audiencia hace un par de semanas. Las manos de Edward hicieron círculos en mis hombros de forma lenta y cuidadosa y luego viajaron más abajo, a la mitad de mi espalda, y luego aún más abajo, a mi cintura. Mis bajos empezaron a cosquillear. Hice kegels sin parar, preguntándome vagamente si sus manos podían sentir la forma en que mis muslos se apretaban al sentir su toque.

Sus manos se detuvieron, y al mismo tiempo su voz sonó grave y algo tensa. "Listo. ¿Algo más que necesites?"

Y aunque en ese momento realmente me habría venido bien tener sus manos en mi entrepierna en vez de en mi espalda, simplemente sacudí mi cabeza.

Con todo, en vez de quitar sus manos, subieron muy lentamente con sus dedos apenas rozando el contorno de mi columna, y más arriba hacia mi cuello y erizando toda mi piel al hacerlo. Sinceramente, no estaba segura si era simplemente mi mente cachonda jugándome bromas, pero entonces podría haber jurado que sus dedos trazaron un par de lentos círculos en mi nuca antes de sentir que desabrochaba mi collar.

"Quítate esto antes de que olvides que lo traes puesto y te metas a la piscina con él."

Su voz sonó áspera ahora. Asentí, confundida y malditamente agradecida de estar bocabajo y lejos de él porque desde aquella noche junto a los acantilados, había estado teniendo unos sueños súper locos de este hombre y justo ahora mis músculos pélvicos estaban cantando.

Me quedé dormida sobre mi estómago—haciendo mis kegel—y debo haber despertado unos quince minutos o más después. Cuando até la parte superior de mi bikini, me senté y miré alrededor, mis ojos posándose en Edward, acostado en su tumbona boca arriba y con los ojos cerrados, con solo su bañador ahora. Al parecer en algún momento durante mi siesta, la temperatura había aumentado y se quitó la camiseta.

Y mierda.

Mis ojos deben haber disparado algunos láseres de calor por su camino feliz, porque los ojos de Edward se abrieron. Me volteé rápidamente—muy rápidamente.

Pese a mi notoria metida de pata, él no dijo una palabra. Por mi vista periférica pude verlo mirando directamente hacia el frente. Desplacé mis ojos casi a las esquinas de mis cuencas y apenas alcancé a ver los abdominales de lavadero y los músculos que subían y bajaban de sus brazos y, ¡maldita sea!

¡Mantén la calma, Bella!

Obligué a mi cuerpo a permanecer totalmente quieto. Ordené a mis ojos a mirar directamente hacia el frente como él, silbando una alegre melodía mientras miraba de arriba abajo sin parar—mirando todo salvo lo que quería ver—desesperadamente.

Y entonces me eché a reír.

"¿Qué?" Edward espetó.

"¡En serio, mírate!" Me reí de forma incontrolable y agité mi brazo de forma descontrolada en dirección a su precioso abdomen de lavadero. "¿De verdad, se supone que no debo notarlo?"

Me fulminó con la mirada, pero sus labios volvieron a temblar, como antes, y una sonrisa lenta se apoderó de su rostro. Era una de esas sonrisas que arrugaban sus ojos y los hacían brillar y sí, hacían maravillosa la vida en general.

"¿En serio? ¿vasa hablarme sobre tener que pretender que no notas algo?" Hizo una mueca. "¿Qué hay de ti?"

"¿Qué hay de mí?" Grité.

Arqueó una ceja y entonces, de forma muy lenta y deliberada, sus ojos verdes dejaron un sendero ardiente desde mis hombros, bajando hacia mis pechos, mi cintura, mis caderas, bajando por mis piernas y terminando en las puntas de mis dedos pintados de rojo—cortesía de Alice.

¡Carajo! No sé cómo me las arreglé para no correrme en ese preciso instante.

"¿Sabes lo… duro que ha sido para mí toda la mañana" – preguntó con una sonrisa torcida – "pretender que no noto esas?" Ondeó su mano en dirección a mis indudablemente bonitas tetas. "Y cuando te quedaste dormida bocabajo, ¿que no note eso?" Su mano hizo un gesto hacia mi trasero.

Me carcajeé en la tumbona, riendo con tantas ganas que sentí las lágrimas acumularse en las esquinas de mis ojos. Después de un minuto, la risa ronca de Edward se unió a la mía. Cuando volví a abrir mis ojos él me dio esa sonrisa afectada así que me levanté volando de mi tumbona y fui a golpear su labio, pero agarró mis muñecas y me sometió sobre su tumbona—sus ojos esmeralda brillando con picardía y no había estado tan feliz en mucho tiempo como lo estuve justo en ese momento.

Eso, hasta que Rosalie salió con el pequeñín e ignorando el hecho de que Edward y yo estábamos obviamente muy ocupados, lo plantó justo en mi regazo.

Me enderecé, sentándome de lado en la silla y mirando con ojos como platos a la cosita gorda sobre mí en nada más que un pañal. Él me devolvía la mirada con esos enormes ojos azules suyos, con baba goteando de sus numerosas barbillas.

"¿Qué se supone que debo hacer con esto?" Pregunté en voz alta.

Rose me dio una mueca—algo de los Cullen, obviamente. "Cuídalo por mí por una hora o algo así. Se niega a dormir y tengo cosas que hacer."

Sí, sabía lo que ella tenía que hacer. Emmett preparaba lo dulce y ella preparaba lo salado, y ya que era la fiesta de mi supuesto "novio", no podía quejarme, ¿o sí?

Rose se alejó sin esperar una respuesta, y Brady y yo nos mirábamos el uno al otro. Piqué su gordo estómago, preguntándome si alguna vez se vería como el de su tío.

"Solo no te hagas popó, niño," le advertí, "y estaremos bien durante los próximos cincuenta y nueve minutos."

Edward se echó a reír. "¿No has cambiado un pañal?"

"Nop." Volví a picar la pancita del pequeñín. Se sintió suave y blandita. Como plastilina. "¿Y tú?"

"Por supuesto." Se sentó junto a mí en la larga tumbona, más tranquilo de lo que había estado hace solo unos segundos y pasó una mano sobre la cabeza calva de Brady. Edward tenía muy bonitas manos en realidad, ni demasiado suaves ni demasiado ásperas, y recordar cómo se sintieron al subir y bajar por mi espalda hace menos de media hora, envió un escalofrío por mi espalda.

"He cambiado a Brady un par de veces," continuó Edward, ignorando mis incontrolables pensamientos. "Y cambié el pañal de Jasper una o dos veces—"

"¡Oye, oye, oye! No divulgues mentiras como esa en público, hermano." Jasper se rio al entrar con Alice al patio trasero. "¡En especial no frente a las damas!"

"Oh, Jazz, cielo. Creo que es tierno que Edward haya visto tu pene." Alice se quitó su pareo y se zambulló elegantemente en el agua.

"¡Ja!" Me reí y señalé a Jasper. "¡Edward vio tu pene!"

Y aunque Alice se me unió, ¡los dos hombres me dieron la mueca patentada Cullen!

"¿Ves lo que empezaste, Ed?" Jazz sonrió con sorna, "Ninguna mujer, sin importar lo bonita que sea, debería tener permitido reírse del Pene Cullen. Es nuestro legado." Se zambulló, haciendo chillar a Alice y sujetándola contra el borde de la piscina. Entonces empezaron a reírse bajito—ya saben, como tienden a hacer los enamorados justo antes de empezar a hacerlo muy apasionados.

"Te enseñaré a no reírte de mi pene esta noche," gruñó en voz baja, haciéndola reír.

"¡Bella también se rio!" Dijo Alice.

"Sí, bueno, estoy seguro que mi hermano mayor le enseñará sus propias lecciones esta noche sobre reírse del legado Cullen." Y entonces se acercó y la besó, y yo me volví y miré a Edward, pero él solo miraba a Brady.

Así que por los siguientes cuarenta y cinco minutos, Edward y yo nos entretuvimos picando la gran barriguita del pequeñín.

OOOOOOOOOO

EPoV

"Edward, ¿quién fue tu primera vez?"

"Isabella, no es de tu incumbencia."

"¡Vamos! ¡Dime!"

"No."

"¿Por favor?"

"No."

Media hora después:

"¡Por favor, dime!"

"¡Está bien, está bien! Fue mi amiga Jess."

"¿La chica bonita de cabello castaño rizado que nos encontramos en el restaurante la semana pasada?"

"Sí."

"Ooh, tiene tetas grandes. Eso debe haber sido divertido."

Rodé los ojos.

"¿Cuántos años tenías?"

"Diecisiete años."

"¿Creí que tenías diecisiete años cuando empezaste a salir con Bree?"

Pude sentir más que ver los ojos de Isabella sobre mí. Yacíamos uno al lado del otro bajo un árbol, protegidos del sol poniéndose junto a los acantilados.

"Fue justo antes de Bree. De hecho, ella fue mi primera novia. Jess, Mike, Jake, Bree, el resto… todos éramos amigos. Todos pasábamos tiempo y nos divertíamos juntos. Bueno, Bree no siempre. Ella usualmente era… más callada, más reservada…"

"Entonces, ¿qué pasó?"

Me encogí de hombros, sintiéndome de repente culpable por algo que pasó hace una década. "Salimos por unos cuatro meses, y luego Bree… bueno, se puede decir que siempre me gustó y finalmente, ella y yo empezamos a acercarnos…"

"Ooh, ¿rompiste con la pobre de Jess por Bree? Eso es jodido, hombre."

"Tenía diecisiete años, Isabella. En realidad, no sabía cómo hacer esas cosas bien. Y como dije, siempre me había gustado Bree."

"¿Todavía pasas tiempo con el resto de los chicos?"

Me tomó unos segundos responder. "No tanto como solía hacerlo. Como dije, Bree era diferente. No le gustaba hacer muchas cosas que solíamos hacer."

"¿Cómo qué?"

Caramba, Isabella era curiosa. Suspiré y mi senté, doblando mis rodillas.

"Como… pasar tiempo en la playa, o aquí junto a los acantilados, o en la casa de Jake o solo, o como tú dices, relajándonos."

Isabella sonrió, pero fue el tipo de sonrisa que le das a un amigo cuando sientes lástima por él.

"Me pareció bien," le dije en seguida. "O sea, nos estábamos haciendo mayores. Era tiempo de dejar toda esa mierda y tomar las cosas en serio, de todos modos." Arranqué un poco de hierba del suelo y la volví a tirar.

Ella se levantó sobre un codo y me miró. "Entonces, tú cambiaste por ella."

"No cambié por ella," insistí. "Era tiempo de madurar. Yo necesitaba madurar."

"Corrígeme si me equivoco. Quiero decir, no soy una experta," dijo en voz baja, "pero he escuchado que cuando amas a alguien, se supone que lo ames por quién es."

"Sí, pero para ser justos, cuando tú amas a alguien, está bien cambiar un poco si hace feliz a ambas partes."

"Mientras no cambies lo que eres en esencia."

Suspiré, pasando la mano por mi cabello.

"Entonces, ¿Jess y Bree? ¿Solo ellas?"

Me le quedé mirando, al principio sin planes de responder, pero las palabras simplemente salieron. "No," le dije con un profundo suspiro. "En Italia, hubo una… mujer, Gianna."

Ella levantó una ceja para que continuara.

Exhalé. "La conocí en un café. Ella me abordó y comenzamos a charlar y… supongo que una cosa condujo a la otra…"

Isabella asintió despacio. "Es normal, ¿sabes?" Dijo finalmente. "No tienes que sentirte culpable."

"¿Qué te hace pensar que me siento culpable?" Resoplé.

Se encogió de hombros y me sonrió con dulzura. "Bueno, primero, porque creo que a estas alturas te conozco lo bastante bien para saber que los ligues casuales no son lo tuyo. Y en segundo..." – mordió su labio, una acción que tendía a distraerme, pero quería saber qué iba a decir así que traté de ignorar la forma en que mi polla se movió – "Como dije, no soy una experta ni nada, pero… si tú y Bree ya no están juntos, no creo que le debas nada."

Solo me quedé mirándola, sin saber qué decir porque sí, se supone que era cierto. No le debía nada a Bree mientras estaba en Italia. Pero si eso era cierto, si no le debía el serle fiel, entonces qué, después de casi una década, ¿yo le debía algo… ella aún me debía? Tenía que haber algo que aún nos debiéramos el uno al otro, ¿no es así? Porque si no, ¿qué nos quedaba por recuperar?

No quería pensar en esas cosas. Al menos no en este momento. "¿Qué hay de ti? ¿Quién fue tu primera vez?" Le pregunté a Isabella, principalmente para distraerme.

Se volvió a recostar en la hierba y miró el árbol sobre nosotros. "Un tipo llamado Ty. Yo tenía quince años, él tenía diecisiete. Duró un gran total de seis meses antes que me dejara. Hubo un par de chicos después, y luego Felix, la chimenea humana. Oye, Edward, ¿cuál es el apellido de tus padres?"

Parpadeé. Sorprendido por su rápida admisión y el giro aún más rápido de su juego de vuelta a mí, me recosté en la hierba a su lado. "Masen."

"Entonces, ¿eres Edward Anthony Masen?"

"No. Soy Edward Anthony Cullen."

"¿Alguna vez echas de menos a tus padres?"

Tuve que pensar en eso por un segundo. Isabella había estado jugando su propia versión de las veinte preguntas conmigo durante la mayor parte de la hora, y al principio se lo permití por diferentes razones: una, porque he aprendido que responder sus preguntas era más fácil que intentar evitarlo; dos, porque hasta hace un par de preguntas, habían sido bastante inofensivas; y tres, porque nos estábamos 'relajando', como ella decía, junto a los acantilados esta tarde después de dos largas semanas sin tener un día libre. Mis ojos habían estado cerrados mientras yacíamos bajo un árbol directamente frente a los acantilados, y la brisa me estaba arrullando. Y tan loco como parezca, también el sonido de su voz.

"En realidad no los recuerdo, por lo que no puedo decir que los he extrañado. O tal vez sí, no lo sé," me encogí de hombros. "Es difícil reconocer una emoción que nunca antes has experimentado."

Se quedó en silencio por un rato. Pensé que finalmente se había aburrido con sus preguntas.

"¿Alguna vez han estado celosos de ti, Jasper o Emmett?"

"¿Celosos de mí?" Me reí entre dientes y abrí mis ojos, levantándome sobre mi codo y volviéndome para mirarla otra vez. Estaba acostada a mi lado con sus ojos cerrados, con ese bikini rojo me había dado una erección permanente durante todo el día. Afortunadamente, lo había cubierto con su pareo negro—no que mi polla pudiera distinguir la diferencia. Suspiré en mi interior. "¿A qué te refieres?"

Se tomó su tiempo respondiendo mientras yo miraba la forma en que la brisa agitaba el cabello caoba que enmarcaba su rostro. Una larga mecha se posó justo sobre su ojo derecho. Estiré mi mano para meterla detrás de su oreja.

"Quiero decir," – ella apartó la mecha con impaciencia y yo volví a bajar mi mano – "cuando te fuiste a vivir con Entrometida y Carlisle."

Me reí al escuchar su apodo para mi mamá. "Jasper todavía no nacía para entonces."

"Entonces Emmett," curiosamente insistió. "¿Alguna vez te hizo sentir… indeseado, como si fueras un intruso en su familia?"

"No," me reí entre dientes, me senté para mirarla. Ella abrió sus ojos y también se sentó, recargándose sobre sus palmas. El pareo negro volaba con la brisa, subiendo por sobre sus muslos. Tragué grueso y mantuve mis ojos en los suyos. "Honestamente, no lo recuerdo porque solo tenía tres años cuando ocurrió, pero por la forma en que Esme cuenta la historia, Emmett y yo, al ser el hijo de mis padrinos, en realidad siempre hemos sido muy cercanos. Cuando mis padres biológicos murieron y me fui a vivir con los Cullen, no fue necesario un gran periodo de adaptación para nadie. Me refiero a que, aparte del dolor que sintieron mis padres por perder a sus mejores amigos, al mismo tiempo se sintieron aliviados de que yo hubiese sobrevivido, y ya me amaban. En ese momento, solo empezaron a amarme más y yo a ellos, supongo. Honestamente, no recuerdo nada antes de que fueran mis padres, y que Emmett y Jasper fueran mis hermanos."

Isabella asintió pensativa, mordiendo nuevamente su labio y mirando directamente hacia adelante. "Yo recuerdo tener tres años. Jamie tenía once entonces. Lo seguía por todas partes, incluso cuando venían sus amigos, y de hecho, él me dejaba pasar tiempo con ellos, incluso si ellos se quejaban."

"Cuéntame sobre tu familia," la insté.

Sonrió, pero creí detectar algo diferente en su sonrisa.

"¿Qué sobre mi familia?"

"¿Qué hace Jamie?" Pregunté, empezando con quién obviamente era su familiar favorito.

Su sonrisa se hizo más grande. Miró más allá de los acantilados, tirando de unas cuantas briznas de hierba.

"Jamie es… Jamie es un escritor de deportes," dijo finalmente entusiasmada.

"¿En serio?" Le sonreí en respuesta. "¿Supongo que eso explica la parafernalia de los Phoenix Suns?"

Asintió con vehemencia, sus lindos ojos castaños resplandeciendo con la luz del día que se desvanecía.

"Es muy exitoso—uno de los mejores escritores de deportes que hay. Él y mi papá, Charlie, siempre han sido grandes fanáticos de los deportes."

Me reí entre dientes al escuchar el evidente orgullo en su voz. "¿Y para quién escribe Jamie?"

Se encogió de hombros. "Olvidé la publicación. Él me la recuerda seguido, pero… bueno, ya me conoces."

Resoplé. "¿Está casado?"

Sacudió su cabeza.

"¿Y qué hacen tus padres?"

"Mi papá es policía, y mi mamá solo se queda en casa."

"¿Un policía?" Pregunté, sorprendido. "¿Y él de verdad está de acuerdo con tu modalidad favorita de transporte?"

"Imagino que en realidad no lo sabe," se encogió de hombros con timidez. "Ninguno de ellos."

"Apostaría a que no estarían muy contentos," le dije con una ceja levantada.

"No, probablemente no," ella concordó, con un suave sonrojo y volviendo a mirar pensativa hacia los acantilados.

"¿Me prometes algo, Isabella?" Me sorprendí preguntando. Y esta vez sí la alcancé, y tomé su pequeña mano en la mía. Ella jadeó bajito, sorprendida por el calor como siempre, pero yo simplemente sonreí y me permití disfrutarlo.

Llevó sus ojos de vuelta a los míos, mirándome con atención. "¿Qué?"

"Cuando te vayas… no más aventones." Le supliqué en voz baja y entrelazando nuestros dedos. Y en ese momento, la idea de que se fuera… de ella allá afuera… sola… hizo que mi pecho ardiera dolorosamente.

Isabella simplemente se me quedó mirando por un par de minutos. Luego retiró su mano de la mía y sacudió sus manos para deshacerse de la tierra y la hierba. "Ven, vámonos."

OOOOOOOOOO

El extraño estado de ánimo de Isabella de la tarde, hizo otro cambio de ciento ochenta grados al acercarnos a la casa de mis padres. Me moví en mi asiento para poder verla mejor, y tenía que admitirlo, el sol del día le dio a su rostro y sus hombros una linda luminosidad dorada, a pesar de los peligrosos rayos. La palabra "radiante" de pronto era muy predominante en mi mente; Isabella se veía absolutamente radiante. Por una milésima de segundo, una imagen de Bree apareció en mi mente. Ella siempre había odiado el sol; huyendo todo el tiempo de él y tratando de asegurarse que yo también hiciera lo mismo. No podía recordar que alguna vez su rostro resplandeciera como lo hacía en este momento el de Isabella.

En seguida sacudí mi cabeza y me volví nuevamente hacia el parabrisas.

"Entonces, ¿quieres ver una película?" Isabella preguntó mientras yo conducía su camioneta por el camino de entrada de mis padres. "¿O quieres volver a entrar a la piscina? ¿O ver una película?" Su luminoso rostro estaba estirado con una enorme sonrisa que no coincidía del todo con los planes que ella tenía para la noche. Su lindo cuerpecito parecía rebotar en su asiento—de hecho, lo estaba haciendo.

Apagué el motor—dejando las llaves en el encendido—y decidí volverle a tomarle el pelo. Últimamente, me había dado cuenta que realmente era algo divertido hacerlo. "De hecho, estaba pensando en llamar a Jake y a un par de chicos. Ver si quieren ir a Port Angeles e ir a tomar un par de cervezas."

Echó su cabeza hacia atrás y levantó una ceja. "¿Cervezas? ¿Usted, doctor Cullen?"

Le di una sonrisa afectada y aparté su mano cuando intentó golpear mi labio. "Sí, señorita Swan. Incluso yo, con lo aburrido que soy, puedo apreciar el placer de una buena cerveza fría en un día caluroso de verano de vez en cuando," le dije, recordando las palabras que había usado ella ese primer día en la sala de examinación. "Sobre todo cuando no tengo que despertar sobrio antes del amanecer al siguiente día. Quiero decir, ha pasado un tiempo," pasé la mano por mi cabello, "pero creo que puedo arreglármelas."

Se rio entre dientes. "De acuerdo, abandóname y ve a tener tu noche de chicos sin mí. A mí qué me importa," bromeó en respuesta. "Pero no puedes llevarte mi camioneta."

"Oh, me voy a llevar la camioneta."

"Sobre mi cadáver," amenazó en voz baja. Y luego estiró su mano y en un instante sacó las llaves del encendido, abrió su puerta, bajó de un salto y salió corriendo.

"¡Isabella!"

Me ignoró y subió corriendo por la calzada, deteniéndose junto a la reja hacia el patio trasero.

"¡Isabella!" Sonreí con suficiencia y me acerqué a zancadas mientras ella se quedaba ahí, con sus bonitos ojos castaños muy abiertos y riendo, sacudiendo las llaves junto a su rostro provocándome. "Isabella, iba a invitarte, pero ahora no creo que lo haga," tomándole el pelo en respuesta.

"Entonces, simplemente puedes conducir tu pequeño y lindo Volvo plateado al bar. Estoy segura que darás una gran impresión llegando en eso."

"No sé qué clase de impresión daría el Volvo," siseé con los dientes apretados, todo mientras me acercaba, pero ella no intentó aventajarme, "porque voy a llevarme la camioneta." Me detuve justo frente a ella. Sus ojos brillaban en el crepúsculo. Había estado sosteniendo las llaves en alto como un premio justo a un lado de su cabeza, pero ahora las envolvió con fuerza en su palma.

"No, no lo harás."

"Sí, lo haré," sonreí de forma torcida.

"Sobre mi cadáver—"

Chilló cuando la cargué sobre mi hombro y la metí al patio trasero.

"Isabella Swan," siseé, mientras ella se carcajeaba, " te has estado portando mal todo el día y en realidad creo que necesitas calmarte por un rato en la—"

"¡SORPRESA!"

Levanté la vista, asustado, y me encontré con un montón de familiares rostros sonrientes, todos mirándome.

"¡Feliz cumpleaños, Edward!" Bella gritó, bajando de mí. "¿Te sorprendiste? ¿Verdad que sí? ¿Verdad que sí?"

Parpadeé un par de veces, con mis ojos moviéndose de ella hacia mis amigos y familia más allá. Mis padres, mis hermanos, Rosalie y el bebé, Alice, Jake, además de amigos y familia con los que no había tenido mucha oportunidad de reencontrarme con ellos en el mes o algo así desde que había regresado: Sam, Seth, Jess, Ben, Eric, Paul, Becca, Leah, Tanya, Gary, y hasta el final, Mike y Bree.

Los ojos de Bree miraron a los míos, y entonces Isabella se volvió a arrojar a mis brazos, envolviendo los suyos alrededor de mi cuello.

"¿Te sorprendiste, Edward?" Susurró emocionada contra mi cuello.

Miré a Bree mientras abrazaba a Isabella. Ella me observaba nuevamente con esa expresión en su rostro.

"Sí, Isabella. Sí, estoy muy sorprendido."


Sí, ya sé, ya sé, sin duda Eri no es la única molesta porque ella esté ahí, pero siendo un pueblo tan pequeño y con lo que pasó entre ellos, imagino que pensaron en que se habría visto mal que no la invitaran a ella y a Mike. En fin, ya están ahí y sin duda esta fiesta se va a poner interesante. Porque sin duda ya vieron cómo van las cosas, la atracción "física" entre estos dos se está haciendo cada vez más presente y ellos parecen empezar a dejarse llevar por ella. Pero… lamentablemente Edward sigue con la cabeza metida en el trasero, y no es el único. Ahora, ¿qué les pareció esa interacción de Edward con Bella en los acantilados? Esa conversación que tuvieron sobre la familia de Bella, muchas de ustedes tienen sus teorías respecto a eso, ya saben que me encanta que me digan lo que piensan, así que, adelante… estaré esperando ansiosa sus reviews para saber cuáles son sus teorías y qué les pareció el capi de hoy. Recuerden que igual si no tienen mucho qué decir, con un gracias, un hola o una carita feliz es suficiente, y así podremos leer pronto el siguiente, qué créanme, se viene calientito…

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: kaja0507, Danny CullenMa, tulgarita, Paola Lightwood, Cinti77, Tata XOXO, Mary de cullen, dushakis, bbluelilas, Marie Sellory, bealnum, Gabriela Cullen, paupau1, Nitoca, mariluiq, Cary, sandy56, NarMaVeg, injoa, alejandra1987, glow0718, piligm, Mafer, Twilight all my love 4 ever, MajoRed, Car Cullen Stewart Pattinson, aliceforever85, Adyel, missy, Noriitha, miop, Mamuelita144, Manligrez, angryc, Valevalverde57, Nanny Swan, dana masen cullen, Isis Janet, Mio1973, Lizdayanna, Liz Vidal, Ali-Lu Kuran Hale, Lectora de Fics, EriCastelo, Jade HSos, Rosiichita, JANETH A SANDOVAL, Lady Grigori, Sully YM, rosycanul10, saraipineda44, solecitonublado, Dani, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, que espero sea muy pronto. DEPENDE DE USTEDES.