Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autora pattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)

Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM


Capítulo 17 – Combustión y llamadas

When will you get the picture?

You're the past, I'm the future. Either way, it´s my turn to shine. If you didn't know, the boy is mine. – "The Boy is Mine" de Brandy y Monica

BPoV

Nunca había sentido lo que sentí por ti, y por eso confundí las señales. Creí que lo que vi en tus ojos era lo mismo que el amor, pero al no ser una experta en nada de esto… supongo que las interpreté mal. Necesidad, deseo y entonces, después que te enteraste de todo, lástima—supongo que eso es lo que vi.

Pero ya no sientas más pena por mí. Me conoces mejor que nadie—incluso que Jamie—alguna vez lo hizo. Sabes que estaré bien…

OOOOOOOOOO

La delgada capa de humedad entre las líneas de la frente de Edward era una de las únicas señales de que su resistencia estaba siendo probada notablemente. La otra señal era la forma en que su camiseta blanca se pegaba a su agitado pecho y sus hombros—un sudor pegajoso delineaba cada muesca y pendiente definida. Ya habíamos estado haciendo esto por un rato, y aunque yo estaba jadeando y exhausta y teniendo problemas para recuperar el aliento, ¡Edward simplemente no iba a detenerse! Con cada movimiento, empujaba con más fuerza, y los músculos de sus brazos y hombros se flexionaban deliciosamente. Lo observé cautivada por ese exquisito despliegue de resistencia. Había estado impresionada de que estuviera listo para hacerlo tan pronto una y otra vez, pero al mismo tiempo súper agradecida porque aunque puede que yo ya no haya sido capaz de reunir las fuerzas, era jodidamente seguro que lo estaba disfrutando, y si él era capaz y estaba dispuesto a hacer todo el trabajo por los dos, entonces no me quejaría.

Con un fuerte gruñido, empujó otra vez, dándole justo al lugar correcto y siseé y tomé una respiración entrecortada—los vibraciones por la fuerza haciéndome estremecer. Mi adrenalina se disparó, provocando que se acelerara mi corazón, y cuando sonó la campana, cerré mis ojos y exhalé de forma irregular, exhausta—y más que satisfecha.

"¡Felicitaciones, señor!" El extraño hombre gordo gritó, "¡Acaba de ganar nuestro primer premio para su dama!"

"¡Yujúúú!" Chillé de alegría, lanzándome hacia Edward, que dejó caer el martillo y por más exhausto que parecía se las arregló para cargarme y sostenerme a él, envolviéndome con sus brazos con fuerza. "¡Ganaste, ganaste, ganaste!" Grité una y otra vez, bañando de besos su cuello deliciosamente sudoroso y disfrutando de lo salado. "¡Ganaste otro gigantesco oso de peluche para mí!"

Estábamos en el Festival Anual de Verano de Forks, ¡y por el último par de horas lo hemos estado pasando de lo más divertido!

Me aparté solo lo suficiente para encontrar la boca de Edward y le agradecí apropiadamente y procedí a plantarle lo que juro solo eran besitos dulces en sus labios, pero la ansiosa lengua de alguien salió a jugar, y no pueden culparme a mí cuando esos besitos dulces se convirtieron en un claro caso de DPA. Solté una risita después de unos minutos y con un último besito me aparté, a sabiendas que los despliegues públicos no eran lo suyo.

"Oye, oye, oye, ¿a dónde vas?" Preguntó con voz ronca, sus ojos verdes arrugándose divertidos. Sus brazos se ciñeron a mi alrededor, con sus manos extendidas en mi espalda baja y su dedos presionando en la hendidura más baja de mi columna. "Acabo de ganar para ti el cuarto oso gigantesco de felpa de la noche," enfatizó. "Creo que eso amerita más que un besito de treinta segundos." Su boca se curveó en esa sonrisa torcida que amaba tanto—junto con todo lo demás de él.

Sonreí con suficiencia, pero sí, en mi interior mi corazón rebozaba de alegría. "Oh, ¿entonces ahora tengo que pagar por ellos? ¿Qué clase de novio eres tú?" Bromeé.

"La clase que acaba de pasar diez minutos golpeando una torre de acero con un martillo de siete kilos, todo para ganar ese oso de felpa rosa que tú simplemente tenías que tener— ¡maldición! Por supuesto que vas a pagar por ello," gruñó bajito—y luego volvió a capturar mi boca con la suya tan rápido que jadeé antes de reír con la boca abierta—una situación de la que él se aprovechó perfectamente cuando una vez más metió su lengua en mi boca.

Verán, Edward era mi novio ahora.

¡Mi novio!

Sí, Bree seguía por aquí, pero la ignoraba y pretendía que nunca había existido—al menos no en relación a cómo nos habíamos unido Edward y yo. Traté de no preocuparme por cómo explicaríamos todo finalmente, incluyendo la fiesta de compromiso para un compromiso inexistente. Trataba de no estresarme al pensar dónde quedaríamos una vez que terminara este verano porque Edward me prometió que lo resolveríamos y por más absurdo que fuera, confiaba en él. Era esa cosa del amor haciendo su absurdo vudú—lo sabía, porque la última persona que había amado y en la que había confiado era Jamie, y él nunca me defraudó, y en los brazos de Edward, tampoco podía imaginar que él lo hiciera. Dijo que la ORAB ya no estaba en vigor; no solo en pausa, sino que terminó, kaput, acabó, ¡y Dios! Cuánto quería creer eso.

¿Pero cómo decides simplemente un día que ya no quieres el premio que has buscado por casi una década? ¿Cómo renuncias a lo que habías considerado que era tu destino?

Pero confiaba en él—en realidad, no tenía opción porque él tenía mi corazón—y aunque puede que no haya sido una experta en nada de esto, recuerdo vagamente a Jamie diciendo algo respecto a que la honestidad era la mejor política y todo eso, lo que supongo significaba que si quería que Edward fuera honesto conmigo, yo tenía que ser honesta con él. Tenía que contarle sobre la verdadera Bella, y aunque el prospecto me asustaba, sabía que tenía que hacerlo pronto, era lo justo. Y tal vez después que todo estuviera dicho, aún si yo nunca pudiera ser su cuento de hadas, tal vez, solo tal vez, podría ser algo que lo hiciera lo suficientemente feliz.

Eso esperaba.

"Sabes que todos nos miran," le advertí, nuestras bocas todavía moviéndose una contra la otra. Mis ojos escanearon el área, y alcancé a ver unas cuantas personas—algunas conocidas, otras no—mirándonos y abiertamente echándole el ojo a mi ardiente y sudoroso novio. No podía precisamente culparlas, así que solo les sonreí hasta que Edward volvió a demandar toda mi atención.

"Oye, no intentes zafarte de esto," sonrió con suficiencia, sacudiendo su cabeza pero asegurándose que sus labios permanecieran firmemente plantados en los míos. "Tu agradecimiento tiene que durar al menos el tiempo que me tomó ganar esto para ti."

De modo que me encogí de hombros y abrí la boca nuevamente porque, ¡oye, lo justo era justo! Y entonces simplemente nos quedamos allí, en medio de la plaza de Forks con luces brillantes y fuerte música de carnaval a nuestro alrededor, dando nuestro pequeño espectáculo hasta que alguien—el dueño del juego del carnaval, supongo—metió el gigantesco oso de felpa rosado entre nosotros, y nos reímos entre dientes y a regañadientes lo tomamos como nuestra señal para llevar el espectáculo a otro lado.

OOOOOOOOOO

"¿Dónde se supone que debo cargar otro animal de felpa?" Edward se quejó junto al puesto de los dardos.

"Oh, por favor, por favor," le supliqué, batiendo mis pestañas graciosamente y dando de saltos.

Dejó caer los osos que había estado cargando y puso sus manos sobre mis hombros, manteniéndome quieta. Edward no parecía ser muy fan de mis saltos—creo que lo ponían nervioso o algo así—pero era un gran fan de que batiera mis pestañas.

"Bien, bien, bien." Rodó los ojos, y después de unos cuantos intentos era la dueña de una larga boa constrictor color rosa y marrón. La envolví orgullosa alrededor de mi cuello, como una linda bufanda. Era toda una declaración de estilo.

Subimos a la rueda de la fortuna tres veces, y Edward me besó hasta la cima donde el cielo sin luna nos invadía por todos lados. Aquí arriba, era muy fácil creer que éramos las únicas dos personas en el mundo, y al mirar a su hermoso rostro tan cerca de las relucientes estrellas, casi sentía que explotaba mi corazón. Estaría perfectamente feliz quedándome ahí arriba para siempre.

OOOOOOOOOO

"¿Algodón de azúcar, Bella?" Los labios de Edward temblaron. "¿No crees que la manzana de caramelo y el caramelo masticable fueron suficiente subidón de azúcar para ti?" Caminábamos por ahí sin rumbo fijo, con nuestros meñiques entrelazados.

"¡No hay tal cosa como suficiente subidón de azúcar y además, no puedes ir a un carnaval y no comer algodón de azúcar!" Me quejé. "¡Sería como ir a un bar y no tomar cerveza!"

"Qué Dios no lo permita," dijo él con ironía.

"¿Por favor?" Le supliqué, volviéndome para mirarlo y de nuevo batir mis pestañas.

Él suspiró pesadamente y me dio esa sexy mirada furiosa antes de sacar su cartera. Sonreí y le arrebaté el dinero, dándole un besito en los labios antes de volverme nuevamente hacia el puesto de comida donde compré dos rollos de algodón de azúcar, uno azul para mí y uno rosa para Edward. Sabía que una vez que lo probara estaría de acuerdo conmigo con todo eso del algodón de azúcar, pero cuando pagué y me di la vuelta, Bree y Mike estaban en la fila, una pareja detrás de mí.

Metí un gran pedazo de azúcar hilada en mi boca, lo suficiente para cubrir todo mi rostro cuando pasé junto a ellos. "Maldito pueblucho," murmuré.

Edward estiró su mano y tomó la mía, entrelazando todos sus dedos con los míos cuando me acerqué a él. "¿Estás bien?" Preguntó. Pude darme cuenta por su sonrisita incómoda que había visto qué, o más bien a quiénes, había visto yo.

Tomé una respiración profunda y asentí, devolviéndole la sonrisa con una mía enorme, porque no quería que se sintiera incómodo y me negaba a permitirle a ella que arruinara nuestra noche. Bree era el pasado, y con suerte… yo sería el futuro.

Y después, con un oso de felpa seguro en cada uno de nuestros brazos y con mi boa alrededor de mi cuello, nos alejamos.

OOOOOOOOOO

Estábamos en el estacionamiento provisional—un campo lleno de hierba que el pueblo de Forks había preparado para los eventos de esta noche—porque aunque el carnaval aún estaba en pleno apogeo, Edward tenía que estar en el hospital en media hora. Vivir en un pueblo tan pequeño, definitivamente tenía sus desventajas, como toparte con la exnovia de tu novio—que obviamente todavía sentía algo por él, por cierto—casi en cada maldita esquina. ¿Las ventajas de un pueblo pequeño? El hospital estaba solo al final de la calle, por lo que podíamos extender la velada tanto como fuera posible. Luego empacaríamos todo en la camioneta para que yo pudiera irme a casa con los cuatro osos de felpa, la boa constrictor, un par de manzanas de caramelo extra y lo que quedaba del algodón de azúcar.

¿Justo ahora? Tenía a Edward pegado a mí. Me había tomado por sorpresa cuando prácticamente me estrelló contra la puerta del lado del conductor y empezó a besarme frenéticamente mientras el resto de la pequeña población del pequeñísimo pueblo subía a juegos menos excitantes en el carnaval.

"Edward…" Dije entre mi aliento, perdiendo mis manos en su cabello mientras su boca seguía moviéndose con la mía. "Edward…"

El beso cambió repentinamente, se hizo más lento pero al mismo tiempo se volvió muy sensual. De pronto, volvió a meter su lengua hasta dentro y esos ruiditos deliciosos se escaparon del fondo de su garganta, algo así como los sonidos que harías mientras tragas el más delicioso sorbo de agua después de estar perdido por días en el desierto. Me retorcí contra él, gimiendo bajito cuando su polla se presionó contra mi estómago. Todavía no habíamos pasado de esto, de modo que cuando Edward se agachó ligeramente y se alineó perfectamente y se movió contra mí, estaba un poco sorprendida—y muy eufórica.

Era el último fin de semana de julio. Las estrellas danzaban y el aire estaba frío, pero repentinamente el mundo no era nada más que vagos sonidos, luces y colores. Todo quedó en segundo plano al hermoso hombre que finalmente me tocaba de la forma que siempre había deseado que me tocara; sus manos acariciaron mi cuero cabelludo y mi rostro con ternura antes de bajar por mi cuello, y luego todavía más abajo, apenas rozando mis pechos con ternura. Me estremecí cuando su boca bajó por mi cuello, y sus manos agarraron mi trasero.

"Para tu información," me reí entre dientes con voz ronca, levantando mi cabeza para darle mejor acceso, "existen unas cosas maravillosas llamadas camas que fueron inventadas para justo este tipo de actividad."

"¿Ah, sí?" Cuestionó, mordisqueando el lóbulo de mi oreja y apretando mi trasero.

"Mhm," conseguí respirar, completamente perdida en las sensaciones que estaba provocando en mí y sin importarme una sola mierda que estábamos a la vista. Sus caderas detuvieron de pronto sus exquisitos movimientos.

"No," dije sin aliento, moviéndome contra él y buscando la fricción que acababa de perder. "No te detengas. Por favor."

Edward me miró a través de ojos oscuros y entornados, su pecho tan agitado como el mío.

"Hay un buen restaurante en Port Angeles donde la comida es realmente deliciosa, y… estaba pensando que podrías disfrutar el cambio de ambiente." Me dio un beso dulce.

Mi pecho subía y bajaba.

¿Qué demonios? ¿Un restaurante? ¿Se detuvo para hablar de un restaurante?

"Y hay un hotel muy bonito… pensé que tal vez podríamos ir el próximo fin de semana cuando esté libre y ya sabes, y pasar una buena velada."

Me tomó unos cuantos segundos entender lo que estaba diciendo, y entonces, lo primero que pensé fue que definitivamente no quería esperar toda una semana antes de que Edward y yo finalmente folláramos. Descansé mi cabeza en la ventanilla del lado del conductor y jugué con el cabello de su nuca mientras trataba de recuperar el poder del habla.

"Te voy a ser sincera, Edward," jadeé, "si quieres cenar podemos solo sacar las manzanas de caramelo aquí mientras levanto mi falda y estaremos listos. De hecho, tienes razón, no necesito más azúcar así que solo saltémonos la parte de la cena y pasemos directamente a la fo—"

Se rio entre dientes y me calló con un beso rápido. "Bella, tengo que estar en el hospital en quince minutos."

"Eso nos da diez minutos—tiempo más que suficiente."

"Estoy sudoroso, y huelo como a leñador."

"Me encanta tu aroma masculino."

"Bella, estamos al aire libre aquí."

"Lo sé," sonreí, "¿No es excitante?"

Puso los ojos en blanco. "Bella, no voy a hacerte el amor por primera vez en medio un estacionamiento improvisado"

Y una vez más— ¿yo? Me quedé sin palabras, porque, ¿hacer el amor? ¿HACER EL AMOR?

"Estoy diciendo que quiero llevarte a una verdadera cita. Te mereces una verdadera cita; una noche realmente agradable."

Tragué grueso, sosteniendo su mirada. "Pero esa es una semana completa, Edward. No sé si puedo esperar toda una semana completa sin entrar en combustión espontánea," sonreí.

Me sonrió con suficiencia. "No vas a entrar en combustión espontánea."

"¿Cómo puedes estar tan seguro?" Pregunté. "He escuchado que esas cosas realmente suceden."

"No es así, o de lo contrario yo ya habría entrado en combustión hace semanas," sonrió de lado.

Fruncí mis labios petulante, sin estar segura si estaba feliz por ese giro en los acontecimientos. O sea, en teoría, hacer el amor en un lindo hotel contrario a follar contra una camioneta en un campo oscuro sonaba bien y todo, ¿pero valía la pena la espera adicional? No podría saberlo, pero entonces los ojos de Edward se arrugaron y sonrió de forma torcida como si pudiera leer mi mente, y sí, estaba perdida cuando me miraba de esa forma.

"Oh, está bien," bufé, dejando caer mis manos a los costados. "Iremos primero a esa estúpida cita."

Se rio entre dientes y besó mi nariz, descansando su frente contra la mía. "Lo siento si la idea suena estúpida," sonrió con timidez, "o aburrida y excesivamente anticu—"

Esta vez yo lo interrumpí con un beso, chupando sus labios dulces por el azúcar cuando me aparté.

"No suena estúpido o aburrido," murmuré a regañadientes, y entonces sonreí. "Y aunque puede ser solo un poquitín anticuado," admití, apenas uniendo mi pulgar y el dedo índice, "también es súper romántico." Mordí mi labio de forma pensativa. "Nunca me han invitado a cenar antes de—"

Está vez yo me interrumpí, pero Edward sonrió a sabiendas.

"Aunque ahora, solo la anticipación podría matarme," continué en seguida, "y entonces no podrás culpar a nadie más que a ti mismo cuando entre en combustión espontánea, y con todo lo demás que tenemos que explicar, tendrás que agregar la razón por la que exploté a—"

Y una vez más, él empleó mi método favorito para callarme.

Resopló y se apartó de mi boca. "Entonces crees que podrías entrar en combustión espontánea, ¿verdad?"

"Creo que definitivamente está dentro del ámbito de posibilidades," respondí con falsa seriedad, y entonces me eché a reír.

Pero Edward no se rio en respuesta. En vez de eso, sus ojos se clavaron en los míos intensamente, y después de un largo momento simplemente asintió. La sonrisa engreída cayó de sus labios y repentinamente mi estómago dio un vuelco.

"No desearíamos que eso sucediera, ¿cierto?"

Su voz era baja y áspera, y de repente sentí un hormigueo en mi espalda, como si fuera un gatito siendo acorralado por un muy hermoso, pero muy hambriento león, y mientras la fría brisa nocturna levantaba mi falda larga, Edward me mantuvo atrapada en su impetuosa mirada. La corriente de aire nocturna subió y rodeó mis pantorrillas, siguiendo mi piel desnuda con toques tan ligeros que jadeé al darme cuenta que no era la brisa en lo absoluto, sin más bien los dedos de Edward subiendo por mis muslos.

Sus ojos se clavaron en los míos mientras sus dedos fríos subían lentamente cada vez más y me sujeté de sus hombros, sin atreverme a respirar por si sus dedos se dirigían a dónde creía que se dirigían… pero cuando un dedo dio un golpecito en medio de mis bragas jadeé incontrolablemente y cerré mis ojos, sintiendo que Edward se apoyaba más en mí, cubriendo mi cuerpo con el suyo. Su dedo se volvió más firme, y trazó los más deliciosos círculos sobre mis bragas, y pude sentir la humedad acumulándose. Me sujeté a él con más fuerza, por temor a perder el equilibrio.

Él me besó con dulzura, unos cuantos besos ligeros como una pluma a los que no pude responder. "¿Esto está bien?" Su voz sonó áspera y temblorosa a la vez.

Creo que tal vez me las arreglé para hacer unos movimientos extraños y erráticos con la cabeza como confirmación, pero gracias a Dios, los comprendió porque a un dedo se le unió en seguida un par más, y pronto era un masaje completo contra mis mojadas bragas.

"Oh," lloriqueé, y la lengua de Edward entró a mi boca.

"Mm," él gimió bajito, como si acabara de probar el plato más delicioso del mundo, "estás muy mojada, Bella."

Oh. Dios. Mío. Otro lloriqueo. ¿Yo? Papilla. Pura. Blandita. Y. Caliente. Papilla. Avena, tal vez.

Lo que sea que yo fuera, Edward se lo tragó con sus besos, sosteniéndome con su cuerpo mientras yo agarraba en puños el cabello de su nuca. Mis ojos se abrieron de forma lánguida, solo lo suficiente para verlo a él mirándome a través de ojos oscuros y entornados. Se ampliaron momentáneamente al escanear el área circuncidante, y después, convencido de que estábamos lo suficientemente solos, volvió a su masaje y yo volví a cerrar los ojos. Cuando sentí que sus dedos se deslizaron bajo mis bragas, creo que pude haber llorado de verdad. Y luego se detuvo.

"Tal vez no deberíamos hacer esto aquí afuera," murmuró, mirándome atentamente.

Sentí la más intensa punzada de decepción EN MI VIDA. Se transformó al instante casi en una furia ciega, y metí mi propia mano bajo mi falda y agarré los dedos de Edward.

"Juro por Dios que si te detienes ahora, romperé cada uno de los dedos de tu mano."

La sorpresa en su rostro se transformó en seguida en una sonrisa ladeada. "Solo estaba bromeando," se rio bajito.

"Nunca bromees así estando tan cerca del clítoris de una mujer a menos que quieras morir."

Seguía riendo cuando deslizó un dedo dentro de mí, pero no me importó, porque el mundo se iluminó de pronto y desapareció al mismo tiempo.

"Muy suave," murmuró en mi oído mientras entraba y salía exasperantemente lento y el resto de su mano me agarraba y me masajeaba. Con la mano que todavía tenía sobre la suya, le mostré cómo me gustaba, cómo lo necesitaba. Y entonces le ayudé a deslizar otro dedo mientras trataba de no gritar con mucha fuerza.

"Esto es solo una probada, Bella," susurró con voz ronca, tragando mis sonidos con su boca. "Solo una probada para evitar que ambos explotemos." Simplemente asentí sin poder hacer nada y cuando me corrí él bombeó más rápido, hasta que mis piernas se convirtieron en gelatina, y él retiró su mano y me abrazó con fuerza.

¿Era de mal gusto decirle a un hombre por primera vez que lo amas justo después que te folló con sus dedos?

No tenía idea. No era una experta en esto; nunca le había dicho a un hombre que lo amaba, punto. Así que, solo por si acaso, supuse que me lo guardaría para después, aunque esperaba que Edward pudiera verlo en mis ojos cuando lo miré y lo besé y vi algo que tal vez, solo tal vez, era similar a lo que yo estaba sintiendo.

OOOOOOOOOO

Jasper estaba frente la televisión cuando llegué a casa, y Alice estaba profundamente dormida en su regazo.

"¿No fueron ustedes a la feria?" Le pregunté, dejándome caer en uno de los cómodos sillones frente a ellos.

Se encogió de hombros. "Ally y yo fuimos durante una hora o algo así. Después de un rato, nos aburrimos y nos vinimos a casa. Es lo mismo año tras año, Bell. Y además," sonrió con picardía, "la casa estaba sola."

Le entrecerré mis ojos pero le sonreí en respuesta. "Supongo que por eso mi pobre niña está noqueada."

"Ya sabes cómo somos los hombres Cullen," sonrió con suficiencia.

No, en realidad no, pero él no lo sabía y bueno, al menos después de lo del estacionamiento hace unos minutos, ahora tenía una mejor idea. Así que, simplemente le sonreí en respuesta.

Vimos por un rato la televisión en un silencio cómodo, pero en el fondo de mi mente, tenía preparadas algunas preguntas…

"Oye," Jasper se volvió de pronto de nuevo hacia mí, "mamá te estaba buscando hace rato."

"Qué novedad." Murmuré poniendo los ojos en blanco.

Jasper se rio entre dientes. "Dijo que esas invitaciones que envió para la fiesta de la próxima semana volvieron sin ser entregadas. Pensó que tal vez había escrito incorrecta la dirección que le diste."

Fruncí el ceño y mordí mi labio. Había asumido que la casa seguía allí…

Edward había estado dispuesto a explicarles todo a su familia y a sus amigos hace un par de semanas, y luego de pronto yo había entrado en pánico. ¿Qué tan encabronados estarían todos cuando supieran que era una mentirosa? ¿Jasper y Alice, y Rose y Emmett? ¿Y Jake? Todavía no estaba preparada para averiguarlo, así que le rogué que lo mantuviera en secreto por un poco más de tiempo, pero cada día que nos acercábamos a la fiesta de compromiso del siglo, y las invitaciones fueron enviadas, ahora la estúpida dirección al parecer había cambiado, ¿y siquiera valía la pena a estas alturas encontrar una dirección falsa para una invitación falsa?

"De hecho, hoy más temprano hablé con Jamie y mis padres," le dije. "No podrán venir de todos modos."

"Eso apesta," Jasper escupió. "Así que, ¿nadie de tu gente estará aquí?"

"Está bien," me encogí de hombros, "no me importa." Sabía que probablemente era el mejor momento para cambiar de tema. "Oye Jasper, quiero preguntarte algo." Le eché un vistazo a Alice. Estaba acurrucada en posición fetal, con su cabeza hacia el sofá, roncando bajito. "¿Por qué odias tanto a Bree?" Por casualidad no mencioné que fue Rose la que me había conducido a él.

Se tensó en su asiento. "¿Qué quieres decir?" Preguntó, con sus ojos entrecerrados.

Pasé saliva. "Quiero decir, que además del hecho de que Bree rompió con Edward, ¿por qué no te agrada?"

Al principio, simplemente se me quedó mirando, sin parpadear y pensé que iba a tener que repetir la pregunta, dejarle saber que sabía que algo pasó, continuar hasta que se quebrara, pero repentinamente parpadeó y soltó toda la historia.

"Entonces, ¿tú nunca le contaste a él?" Pregunté después de conseguir la sórdida historia completa.

Jasper sacudió la cabeza, mientras Alice seguía noqueada junto a él, pero estaba segura que ella ya lo sabía. Aparentemente, todos lo sabían, salvo por Edward y sus padres.

"Iba a hacerlo," dijo, su voz impregnada de una culpa inmerecida. "Pero quería hacerlo en persona y tenía que volver a la escuela. Se acercaban unas cortas vacaciones, y pensé en hacer un viaje a dónde estaba él, pero lo siguiente que escuché fue que de todos modos habían terminado, así que me convencí de que ya no tenía sentido sacarlo a relucir. No me di cuenta que él… se lo había tomado muy mal," dijo, mirándome con timidez. Le sonreí. "Cuando Emmett me dijo que Ed aún no había superado el rompimiento, decidí que le diría." La voz de Jasper había asumido una furiosa determinación, pero entonces sus rasgos parecieron atenuarse, "y después él vino a casa contigo," sonrió. "Después de eso, ya no le vi el sentido."

Mordí mi labio. En el exterior, traté de mantenerme calmada, pero la verdad era que quería correr al hospital y sacarle la mierda a golpeas a los dos, a Bree y a Mike—a una por ser una perra infiel, y al otro por ser todo un pendejo rastrero y taimado.

Y Edward.

Ella nunca lo mereció. Ahora lo veía.

"¿Sabe Bree que la viste esa noche salir de la casa de Mike?"

Jasper sacudió su cabeza y entonces solo la agachó, sujetando sus manos con fuerza frente a sus piernas abiertas. "Solo iba a visitarlo y saludarlo, ¿sabes? O sea, él solía estar con mis hermanos todo el tiempo, siempre solía estar aquí así que pensé en visitarlo por un momento antes de volver a la escuela. Y entonces ellos salieron juntos, y él tenía sus brazos alrededor de su cintura y ella se dio la vuelta y…" Sacudió su cabeza de prisa, reacio a terminar. "Sé que debería haberle contado, pero él es mi hermano, y no quería lastimarlo aún más y él te tiene ahora. Lo siento, lo siento mucho," murmuró con culpabilidad.

Me levanté y me senté junto a él, rodeando su cuello con mis brazos y odiando aún más a Bree porque no solo había traicionado a Edward, le había causado a Jasper mucha culpa innecesaria, cargando el peso de esa información y sin saber qué hacer con ella. De pronto me sentí muy protectora con Jasper—como si él fuera mi hermanito… mi familia. Es curioso cómo no había sentido eso en décadas.

"Oye," le dije con firmeza, retrocediendo para que pudiera ver que era en serio lo que decía, "no te atrevas a sentirte culpable. Tú no hiciste nada más que tratar de proteger los sentimientos de tu hermano de la mejor forma que sabías."

Asintió en silencio y me miró con ojos llenos de lágrimas que trató de alejar parpadeando. "Gracias a Dios que te encontró en Italia, Bella."

Le di una sonrisa tensa. ¿Cuánto me odiarán cuando averigüen la verdad?

De repente, Alice se removió del otro lado de Jasper y se sentó despacio, sus ojos azules amplios y muy alerta para alguien que acababa de despertar.

"Bella, ¿vas a decirle a Edward?" Era obvio que había estado escuchando al menos gran parte de nuestra conversación.

Tomé una respiración profunda y exhalé lentamente. ¿Qué demonios iba a hacer ahora con esa información indeseada? No era experta. ¿Era mi trabajo confrontarla, o decirle a Edward que su relación de casi diez años había significado aún menos para ella de lo que él siquiera había imaginado? Y si lo hacía, ¿lo haría por las razones correctas? ¿O lo haría para deshacerme finalmente del miedo profundamente arraigado que apenas si me he permitido admitir: que en lo más profundo de su interior, Edward todavía la quería de vuelta?

"No lo sé, chicos," susurré finalmente, y entonces estiré mis brazos y los abracé a ambos. "No lo sé."

OOOOOOOOOO

EPoV

Estiré mis brazos y los doblé detrás de mi cabeza, escuchando crujir los huesos de mis hombros y mis muñecas al estirarlos y aprovechar unos cuantos minutos entre pacientes para revigorizarme. Había sido una larga noche, pero este era el último de mis turnos de noche, al menos por un tiempo. Cuando terminara en la mañana, tendría el resto del día y toda la noche libre antes de tener que volver al hospital mañana por la mañana. Sonreí y cerré mis ojos por unos minutos, imaginándome con Bella junto a la piscina, relajándonos en las tumbonas o dormitando sobre la hierba junto a los acantilados, o en mi departamento entrando y saliendo de ella…

Joder. Sacudí rápidamente mi cabeza para desaparecer eso último. Nunca terminaría el último par de horas de este turno si seguía pensando así. Además, ya le había prometido a ella y a mí mismo que aprovecharíamos esta fin de semana. Después de la forma en que había tratado a Bella cuando la conocí, después la mierda que le hice pasar, necesitaba demostrarle lo mucho que verdaderamente significaba para mí—que no solo era fácil y conveniente llevarla a la cama; ahora ella era mi verdadera novia, y se merecía todo el respeto que conllevaba.

Y después, la follaría hasta dejarla sin sentido.

Me reí entre dientes al terminar mi trabajo con los historiales, recordando la noche anterior, en el estacionamiento. Sin duda, Bella no se había resistido a que le hiciera eso, ¡y Dios! Había requerido todas mis fuerzas no bajarme el cierre y simplemente tomarla justo ahí en ese estacionamiento vacío; su boca y sus ojos me habían estado suplicando que lo hiciera. Era increíble pensar que en realidad había considerado hacerlo porque hace solo algunos meses, yo nunca habría…

Volví a sacudir mi cabeza; ya no quería pensar en lo de hace algunos meses.

No, Bella y yo todavía no habíamos resuelto todo. Pero cada día que pasaba, la necesitaba más y más, la deseaba de todas las formas imaginables, y sabía que no iba a dejarla ir con la última brisa del verano—porque a medida que enfriaba el clima, ella y yo hacíamos todo lo opuesto.

Y cuando ella estuviera lista, les contaríamos a todos la verdad. Sabía que ella estaba nerviosa por las reacciones de todos, y sabía que sin importar lo mucho que se quejara de mi madre, también le preocupaba su decepción. Pero ella no sabía lo que yo. No sabía que Esme había hablado conmigo una noche, diciendo que necesitaba mi ayuda para alcanzar algo en la cocina, y entonces colocó el anillo de platino de compromiso de mi abuela Platt en mi mano sin decir nada.

Yo la había mirado, sin palabras.

"¿Qué es una fiesta de compromiso sin un anillo que lucir? Rosalie recibió el anillo de compromiso de la abuela Cullen porque es más llamativo y sabes que a Rose le gusta eso, y Jasper recibirá uno de los anillos de bodas, el que él y Alice prefieran."

"Mamá, no sé cómo decirte esto, pero hay algo—"

Ella colocó su mano en mi boca para silenciarme. "Sea lo que sea tendrá que esperar porque todos están en la otra habitación y pronto empezarán a echarnos de menos. Todo lo que voy a decirte es que sé que siempre has sido el tipo de persona que necesita planear, pensar y organizar y me parece bien, hijo," me sonrió afectuosamente y colocó su mano suave en mi mejilla. "Te hará un gran hombre—y un maravilloso doctor. Pero solo recuerda," continuó, en su tono solo un leve indicio de advertencia, "que algunas veces las mejores decisiones son las que se dejan en manos del destino."

"Sí, el destino ya me engañó una vez," solté.

"Oh cielo," se rio entre dientes, "No fue el destino el que te engañó. Tu destino apenas empieza."

Y entonces Emmett entró a la cocina demandando que a menos que fuéramos a ayudarlo a preparar esa nueva receta novedosa que tenía para las patas de cerdo, deberíamos salir, así que envolví el anillo en mi mano con fuerza y salí de ahí.

Ya he cargado el anillo en mi bolsillo durante los últimos días.

OOOOOOOOOO

Acababa de agarrar una manzana de la cafetería del hospital y caminaba de regreso a emergencias, silbando una alegre melodía y tal vez soñando un poco despierto mientras me preparaba para la última hora o algo así de mi turno y luego veinticuatro horas completas de sueño y Bella. Al abrir las grandes puertas dobles me topé con Bree, que salía mientras leía el historial frente a ella.

"¡Oh! Edward," exclamó.

"Bree," respondí. "Lo siento; supongo que no estaba prestando atención."

Dio un paso hacia atrás y enderezó su falda lápiz. "No hay problema."

Nos quedamos ahí de forma incómoda por unos segundos.

"¿Y cómo has estado?" Pregunté.

"Bien, gracias," respondió cortésmente. "¿Y tú?"

"Muy bien, gracias." Pasé una mano por mi cabello, "Bueno, supongo que te dejo—"

"¿Cómo van las preparaciones para la fiesta de compromiso?"

Me le quedé mirando. "Bueno, mi madre se está ocupando de la mayor parte eso."

Asintió despacio. "Hubo un tiempo en que todos asumieron que ella planearía nuestra boda."

Froté mi boca con rudeza con mi mano. ¿Qué se supone exactamente que dijera de eso? "No fue así, ¿cierto?"

"Edward…" Titubeó y desvió la mirada antes de volver a mirarme, "¿No crees que quizás… te estás apresurando en todo esto con Isabella? Hablo de que solo la conoces de hace unos meses."

Sacudí mi cabeza. "Bree, tú no sabes nada sobre Bella."

"Tú tampoco pareces saber mucho de ella," dijo enseguida. "Es alocada, y tiene exnovios apareciendo de quién sabe dónde. Todo esto es solo un juego para ella, Edward, ¿no lo ves? Tú eres una oportunidad para ella y tan pronto se aburra, se irá."

"¿Por qué no soy lo bastante interesante para conservarla?" Siseé. "¿Eso lo que quieres decir?"

"No dije eso," sacudió su cabeza. "Pero no intentes convertirte en alguien que no eres. Yo…" Titubeó, "Te vi anoche en el estacionamiento—"

Me acerqué a ella deprisa, tan deprisa que jadeó. No había estado así de cerca de Bree en mucho, mucho tiempo, y creí ver que sus ojos se dispararon a mi boca antes de volver a subir a mis ojos. Lamió su labio inferior, y por una milésima de segundo me pregunté para qué creyó que me había acercado.

"No lo hagas," le dije con los dientes apretados, levantando un dedo frente a su rostro, "No intentes decirme quién soy porque tú no tienes idea." Las aletas de mi nariz se ensancharon, y retrocedí. "Bella me conoce, y yo la conozco a ella de una forma en que tú y yo nunca nos conocimos."

"Tú nunca hiciste cosas como esas conmigo," susurró, pero su tono era de reproche. "Tal vez si hubieras—"

Mi boca se retorció en disgusto y levanté una mano, mostrándole mi palma. "Basta. Solo… basta." Y entonces me marché.

OOOOOOOOOO

La enfermera Julia me abordó cuando cogía un historial de la estación de enfermeras. "Edward, recibiste una llamada de la señorita Linda Cope. Dijo que sería genial si pudieras devolverle la llamada tan pronto como puedas." Me dio el número.

Respiré hondo y me alejé a una esquina para llamar al número. Al menos proveería una distracción para la mierda que acababa de ocurrir. Sacudí mi cabeza mientras el teléfono sonaba un par de veces. Ella nos había visto. Joder, nos había visto. A Bella le daría un ataque si alguna vez se enteraba. Luego resoplé porque conociendo a Bella, probablemente lo había planeado y ella—

"Linda Cope," dijo la voz de la mujer del otro lado de la línea.

Miré el papel frente a mí. "Señorita Cope, habla el doctor Edward Cullen. ¿Recibí el mensaje de que usted me llamó?"

"¡Doctor Cullen!" Exclamó la señorita Cope, "Gracias por devolverme la llamada. Quería hablar con ustedes sobre una de sus pacientes."

"¿Cuál paciente?" Pregunté mientras al mismo tiempo revisaba el historial frente a mí.

"Isabella Swan."

Dejé de revisar. "¿Isabella Swan?"

"Sí," confirmó la señora Cope. "¿Recuerda haberla tratado en…" – hizo una pausa y pude escuchar el susurro de los papeles, como si estuviera buscando la información mientras hablábamos— "en la sala de emergencias del Forks General, hace unos meses?" Dijo finalmente.

"Sí," dije despacio. "Disculpe, ¿con quién exactamente estoy hablando?"

"Soy Linda Cope," repitió amablemente, "¿Soy una trabajadora social del departamento de servicios humanos de Phoenix?" Su voz se elevó al final, como si estuviera haciendo una pregunta en vez de una declaración.

"Una trabajadora social, "pensé en voz alta, "¿para Bella?"

"¿Bella?" Dijo la señorita Cope. "¿Conoce bien a Isabella, doctor Cullen?"

"La conozco," dije lentamente y en tono vago. "Disculpe, señorita Cope, ¿pero puede por favor decirme exactamente a qué se debe esta llamada?"

"Por supuesto, doctor Cullen," accedió fácilmente. "Estoy buscando a Isabella porque no se ha reportado en mucho tiempo, y me temo que puede perder—"

"¿Reportado?" La interrumpí, con mi corazón acelerándose de pronto en mi pecho. "¿Está Bella en alguna clase de problema?"

"No, no, no," la señorita Cope me aseguró en seguida, y cerré mis ojos. "Pero a fin de conservar su beca, ella requiere reportarse conmigo dos veces al año, y no lo ha hecho en más de un año."

"Señorita Cope, discúlpeme, pero estoy tratando de entender qué está ocurriendo aquí." Pasé la mano por mi cabello y lo agarré con un puño. "¿En qué división del departamento de servicios humanos trabaja usted?"

Mi pregunta es respondida después de solo dos minutos de silencio, durante los que un millón de ideas y escenarios diferentes pasaron por mi mente. No obstante, no estaba preparado para su respuesta.

"Doctor Cullen, he sido la trabajadora social de Isabella de una forma u otra desde que entró al sistema."

"¿El sistema?"

"Como niña de acogida."

"¿Una niña de acogida?" Me di cuenta que solo estaba repitiendo lo que ella decía, pero tenía que hacerlo si algo de esto iba a tener finalmente algún sentido.

"Sí, Isabella ha estado en el sistema de hogares de acogida de Arizona por más de diez años."

Tragué grueso cuando docenas de imágenes me bombardearon de repente.

La expresión de su rostro cuando le dije que era adoptado.

"¡Los padres no son lo mío!"

"Edward, ¿alguna vez echas de menos a tus padres biológicos?"

Jamie.

Mis pulmones se contrajeron con fuerza. "Señorita Cope, ¿qué hay de su hermano, Jamie?"

"¿Jamie?" Al parecer, ahora era su turno de repetir lo que yo dijera.

"Sí. ¿También estaba en el sistema?"

"¿Jamie?" Repitió una vez más. "Doctor Cullen, el hermano de Isabella, James Swan, murió junto con sus padres, hace dieciséis años."

OOOOOOOOOO


Sí, ya sé, ya sé, de seguro van a decir que soy mala, pero recuerden que no fui yo quien lo dejó aquí, ¿eh? Fue la autora, y no se preocupen, ya estoy preparando el otro, porque sé que lo querrán leer pronto. Mientras tanto, creo que ya quedaron respondidas dos preguntas que ustedes tenían y habían mencionado en sus reviews, y a las que por obvias razones no podía darles las respuestas. Algunas ya se imaginaban que Bree había engañado a Edward antes de separarse de él, y así fue, por eso toda la familia menos Esme y Carlisle que no estaban enterados, odian a Bree y no le dirigen la palabra. ¡Qué gana de molerla a palos! Y todavía sigue intentando convencer a Edward de que no se "case" con Bella, ¿pueden creerlo? ¡Agh! Y bueno, esta última parte también se lo imaginaban y lo habían mencionado varias, la familia de Bella murió hace dieciséis años… incluyendo a Jamie :( Entonces, ¿Por qué habla Bella de ellos como si estuvieran vivos? Bueno, eso lo veremos en el siguiente capítulo, y por supuesto, veremos que hará Edward con esa información. Espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, estaré esperando ansiosa para saber qué les pareció y poder leer pronto el próximo ;)

Muchas gracias a quienes han dejado su review en el capítulo anterior: lagie, PRISOL, JessMel4, Sindey Uchiha Hale Malfoy, bbluelilas, Melany, Isis Janet, NarMaVeg, Tata XOXO, Floor68, BereB, alejandra1987, hanna1441, bealnum, Jade HSos, Adriu, JANETH A SANDOVAL, Nanny Swan, aliceforever85, sandy56, Marie Sellory, Car Cullen Stewart Pattinson, Aislinn Massi, Lizdayanna, mony17, Twilight all my love 4 ever, Ali-Lu Kuran Hale, mapi, Manligrez, Cary, mrs puff, Mamuelita144, EriCastelo, Melania, Lectora de Fics, natuchis2011b, Adyel, tulgarita, angryc, Lady Grigori, Maryluna, belen2011yani, Nitoca, Paola Lightwood, MajoRed, Valevalverde57, rjnavajas, Liz Vidal, Noriitha, Gabriela Cullen, Cinti77, Mafer, Dani, E-Chan Cullen, Mio1973, miop, glow0718, Franciscab25, krisr0405, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, espero que muy pronto ;)