Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autora pattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)

Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM


Capítulo 18 – Sellado y abriéndose

Canción recomendada para el capítulo: Never Say Never de The Fray

EPoV

¿Creíste que sentí lástima por ti? Admito que cuando me enteré de lo que habías pasado, incluso antes que me contaras el resto, no deseaba más que envolverte en mis brazos y mantenerte a salvo—pero eso dista mucho de la lástima. Te deseaba, desde el momento en que entraste a la sala de examinación en emergencias, te deseaba. Te necesité probablemente por la misma cantidad de tiempo. Así que no negaré que también viste esas emociones en mis ojos.

Pero me malinterpretaste si alguna vez pensaste que sentía lástima por ti, y supongo que es tanto mi culpa como cualquier otra cosa porque tú no eras experta en nada de esto. ¿Pero adivina qué? Tampoco yo lo era. Creí haber estado enamorado antes; creí que lo reconocería fácilmente, pero cuando me enamoré de ti fue mucho más allá de todo lo que había conocido. Era como buscar una semilla cuando todo el maldito campo había florecido mientras te dabas la vuelta.

Aun así, me culpo. Debí haberlo identificado en seguida porque siempre estuvo ahí, siempre amor, admiración y reverencia y tantas otras cosas que hasta este día todavía no puedo describir. Debí haberte dicho que te amaba desde el momento que posé mis ojos en ti, pero había sido humillado y joder, tenía tanto miedo de decir las palabras en voz alta que esperé y…

Y… bueno, sabes lo que pasó porque esperé…

OOOOOOOOOO

Las palabras quedaron flotando en el aire, resonando en mi mente.

'… el hermano de Isabella, James Swan, murió junto con sus padres hace 16 años'.

"Señorita Cope, ¿está usted segura…?" – Hice una pausa y aclaré mi garganta—"¿está usted segura que los padres de Bella y su hermano están muertos?"

"Doctor Cullen," resopló, "por supuesto que estoy segura. Como dije, he sido su trabajadora social desde el principio."

"¿Qué…?" – tomé una respiración profunda, empuñando mi cabello en la cima de mi cabeza con tanta fuerza que vi luces danzando frente a mis ojos – "¿Qué les sucedió?"

La señorita Cope se quedó en silencio por unos momentos. "Disculpe, doctor," empezó a decir, su tono mucho más cauteloso ahora, "¿puedo preguntar qué tipo de relación tiene exactamente con Isabella?"

Instintivamente, supe que el doctor Cullen, el médico de Isabella, reuniría más información que Edward Cullen, el novio de Bella.

¿Pero eso era ético?

Maldición, no podía importarme menos en ese momento.

"Profesional, por supuesto," le dije rápidamente, "Isabella es mi paciente y como tal creo que una comprensión a fondo de su historial solo puede ser de ayuda. ¿No está de acuerdo?"

"Supongo que sí," dijo despacio, con un atisbo de inquietud aún en su voz. "Sin embargo, ya que gran parte del archivo de un niño de acogida se mantiene sellado, no hay mucho que pueda decirle."

"Creo que cualquier información que pueda proporcionarnos podría ser de utilidad," le dije con mi tono más refinado y eficiente. "Lo agregaré a su archivo, y entonces podemos discutir la información que necesita de mí."

La señorita Cope pareció dudar por unos segundos, mientras yo cerraba mis ojos y contenía el aliento.

"Muy bien," finalmente accedió. Exhalé en silencio. "Veamos, ¿qué puedo compartir?" Murmuró bajito, como si hablara consigo misma. "Bien. Isabella Marie Swan, nacida el treinta de septiembre del ochenta y nueve," declaró de forma monótona. "Su padre, Charles Swan, era un oficial de policía en Phoenix, su madre, Renee Swan, era una ama de casa. Su hermano, Charles James Swan, era ocho años más grande que ella. En marzo de mil novecientos noventa y seis, cuando Isabella tenía seis años, un incendio quemó la casa de la familia, matando a su padre, su madre y a su hermano. Isabella estaba con su abuela paterna, Marie Swan, esa noche y por lo tanto, sobrevivió. Su abuela se convirtió en seguida en su madre de acogida. Eso fue cuando Servicios Sociales se involucró.

"¿Su madre de acogida?" Interrumpí. "¿Su abuela no debió simplemente haberse convertido en su tutor legal?"

"Doctor Cullen, yo no hago las reglas," la señorita Cope suspiró. "Las leyes de la mayoría de los estados en este país dicen que si un niño no tiene un tutor legal designado por los padres, entonces ese niño queda bajo la tutela del estado tras la muerte de sus padres."

Sacudí mi cabeza. "Entonces, ¿Isabella creció con su abuela como su madre de acogida?"

"No exactamente," la señorita Cope dijo de forma críptica. "Desafortunadamente, la señora Swan era bastante mayor y no se encontraba en el mejor estado de salud. Aun así, ella llenó todo el papeleo requerido para adoptar legamente a Isabella, pero murió por problemas cardíacos antes que pudieran ser examinados, solo un año después de que muriera el resto de la familia de Isabella."

"Jesús," murmuré, dejando caer mi frente contra las frías baldosas en la pared. Oh Bella, pequeña, ¿qué fue lo que te pasó?

"Entonces, ¿Isabella creció con una familia de acogida?"

"No, de nuevo, no exactamente," la señorita Cope dijo entre su aliento. "Isabella tuvo unas cuantas familias de acogida antes de salir por edad del sistema."

"¿Salir por edad?"

"Sí," confirmó. "Salir por edad es el término que utilizamos cuando un niño alcanza la edad de emancipación sin nunca haber sido adoptado legalmente."

"¿Cuál es la edad de emancipación en Arizona?"

"Diecisiete, doctor Cullen."

Diecisiete.

Bella ha estado sola desde la edad de diecisiete años.

"Ese no es un adulto," siseé, "todavía es un niño. ¿Y cómo es posible que nadie jamás la adoptara?"

"Doctor Cullen, como dije, los registros de un niño de acogida son confidenciales, y me temo que no puedo entrar en detalles sobre eso con usted. Pero puedo decirle que las posibilidades de adopción de un niño disminuyen con la edad. La mayoría de los padres potenciales buscan adoptar bebés. Entre mayor sea el niño, se le ve menos potencial para adopción. Isabella ya tenía siete años cuando entró al sistema."

"Lo hace parecer como un contrato de negocios," gruñí, incapaz de disimular mi disgusto.

"De muchas formas lo es," admitió flagrantemente. "Es triste decirlo, pero es la verdad. Entre más joven sea el niño, más grande la posibilidad de que él o ella sea adoptado finalmente."

"Con siete años aún se es pequeño," espeté furioso, aunque nada era culpa de la señorita Cope.

Pero ella simplemente suspiró. "Sí, aún lo es. Pero hay otros factores que afectan en gran manera las perspectivas de adopción de un niño."

"¿Cómo cuáles?" Pregunté cuidadosamente.

"Doctor Cullen, hay mucho que no puedo decirle, pero… usted mencionó al hermano de Isabella, Jamie, y… como dije, Jamie murió hace dieciséis años."

Las náuseas que sentía por mi estómago revuelto desde que empezó esta llamada telefónica se incrementaron diez veces porque sabía a dónde se dirigía.

"Los padres potenciales consideran la edad del niño, su condición física y mental…"

"Bella no tiene problemas mentales," dije con los dientes apretados.

Ella no estaba loca. Quiero decir, sí, actuó de forma absurda en la sala de examinación cuando la conocí. Le cantaba a su ropa y joyas, se ponía a cantar ópera a la menor provocación, era maravillosamente disparatada, y tomaba aventones y se liaba con oficiales de seguridad de casinos…

… y hablaba de un hermano que había muerto hace dieciséis años como si todavía viviera.

Pero no estaba loca.

Era un hermoso espíritu libre—bien, quizás un poco extraña y poco convencional. Me volvía loco, eso era seguro, y desconcertaba cada uno de mis sentidos. Pero de ninguna jodida manera… de ningún modo estaba ella loca… no en el sentido clínico. No, yo—

"En lo personal, siempre creí que su renuencia a dejar ir a Jamie solo era un mecanismo de defensa suyo," la señorita Cope murmuró bajito, como si estuviera contándome algo que sabía que no debería. "Pero ella nunca les dio a los terapeutas lo que querían. Se negaba a pronunciar la única frase que los tranquilizaría y conseguiría que la dejaran en paz."

"Se negó a admitir que él estaba muerto," le dije, consciente de que era a lo que se estaba refiriendo.

"Doctor Cullen, como le dije, no puedo entrar en detalles específicos sobre el tiempo de Isabella en el sistema."

Los dos nos quedamos en silencio.

"Ella siempre fue una niña muy bonita," la señorita Cope dijo después de unos pocos segundos, con una sonrisa en su voz. "Y a pesar de todo creció para ser una hermosa joven, siempre llena de vida. Doctor Cullen," dijo con una respiración profunda, "He sido trabajadora social por décadas, y lo he visto todo, en muchos casos más de lo que me habría gustado. Hubiera querido ver a Isabella establecerse con una buena familia, pero… bueno…"

"No puede entrar en detalles," terminé de decir por ella.

"Exactamente. Isabella siempre ha marchado—o en su caso, cantado o tarareado," se rio bajito entre dientes, "a su propio ritmo. Desafortunadamente, no era el mismo ritmo del de muchas familias de acogida con las que fue colocada. Tuvo algunos incidentes difíciles, pero siempre conseguía seguir sonriendo. No es parte de su naturaleza quedarse triste por mucho tiempo, supongo. Por lo que tengo entendido, su mamá era igual. Es una luchadora, y antes que me retire en unos cuantos meses me gustaría verla salir adelante, al menos en cuanto a lo que su educación se refiere," terminó de decir con melancolía.

"¿Su educación?" Pregunté una vez más.

"Sí. Por eso estoy llamando, doctor," declaró, sonando nuevamente mucho más profesional. "A pesar de todas las complicaciones de crecer en el sistema de acogida, Isabella era extremadamente inteligente. Sus calificaciones siempre se mantuvieron muy por encima del promedio, lo que es genial porque el estado paga el costo de la educación universitaria de los niños de acogida siempre y cuando se registren para asistir a una universidad estatal cuando cumplen la mayoría de edad. En el caso de Isabella, ya que sus calificaciones eran excepcionales, calificó para una cobertura adicional que incluía dormitorio y gastos básicos para los cuatro años completos de universidad— mientras se reporte con su trabajadora social dos veces al año, así como ver a un terapeuta cada tres meses."

"Espere un minuto. ¿Quiere decir que Isabella fue a la universidad?" Pregunté.

"Sí. Asistió tres años a la Universidad del Estado de Arizona en Phoenix."

Mis piernas se debilitaron y me recargué contra la pared. Todas estas semanas, al parecer, no había sabido nada de la verdadera Bella.

"A doce créditos de graduarse," la señorita Cope continuó, ajena a mis reflexiones internas, "Isabella dejó la universidad, dejó de reportarse, dejó de ver a su terapeuta y desapareció. Su seguro médico también está vinculado a su beca estatal, de modo que cuando se lastimó y llenó el papeleo necesario en su hospital, se nos informó a nosotros. Es la primera vez que he escuchado de ella desde que desapareció hace casi dieciocho meses."

Escuché a la revelación más reciente de la señora Cope, impactado y sin palabras.

"Así que llamo para ver si sabe cómo ponerse en contacto con ella. La beca estatal va a expirar el día de su cumpleaños en septiembre si ella no está matriculada en un programa acreditado, y además, se le hará responsable de todo el costo que asumió el estado por su educación."

Pasé una mano por mi rostro. "Entonces, ¿le cobrarán por todo si no se vuelve a registrar y termina su carrera?"

"Exactamente," la señorita Cope hace hincapié. "Ella está tan cerca, doctor Cullen. Odiaría verla volviendo a empezar desde cero, cuando este podría ser su boleto para el futuro que ella se merece."

El futuro que ella se merece.

Desde el principio, Bella ha estado rumbo a un verdadero futuro, no solo una vida deambulando sin rumbo. En algún momento lo había dejado todo para recorrer el país pidiendo aventones.

Tragué grueso. "¿Y qué exactamente tiene que hacer ella, señorita Cope?"

"Solo tiene que volver a ponerse en contacto conmigo y darme su información para volver a matricularla, así como el nombre e información de contacto para un terapeuta."

"¿El terapeuta es realmente necesario?" Miré al teléfono con el ceño fruncido.

"Me temo que sí," suspiró, "De nuevo, no son mis reglas. Isabella debe de estar registrada para el semestre de otoño, o la beca será revocada, y realmente odiaría que eso suceda," musitó de forma solemne. "Isabella es una niña muy inteligente, y estaba tan cerca."

Asentí en silencio, mi mente dando vueltas.

"Así que, ¿cree que pueda contactar con ella, doctor Cullen, y quizás sugerir un terapeuta para ella, ya que está en el ámbito médico?"

Respiré hondo y lo dejé salir lentamente. "Lo intentaré, señorita Cope, eso se lo prometo."

"Gracias," la señorita Cope dijo con agradecimiento. "Pronto estaremos en contacto."

Presioné el botón de mi móvil para terminar la llamada, y solo me le quedé mirando por los siguientes cinco minutos.

OOOOOOOOOO

BPoV

Le seguía diciendo a Entrometida que se relajara y dejara que yo me encargara de mis cosas, pero todas las mañanas era lo mismo. Tenía la mesa puesta con todos esos pastelitos, y los huevos y el tocino calentándose en el horno, y café recién hecho preparándose, y o sea, en serio, ¿quién en su sano juicio podría decir que no al tocino?

Pero no era estúpida; sabía que el tocino, el café y los pastelitos solo eran carnada; simplemente su forma de entrometerse y conseguir toda la información de mí y su precioso niño. Jesús, gracias a Dios que nunca tuve que tolerar este tipo de mierda al crecer.

Sin embargo, con miras a la equidad y nada más en lo absoluto, si ella hacía todo ese esfuerzo para preparar todas esas cosas por la mañana, entonces supongo que lo menos que podía hacer era pasar unos minutos con ella, darle el gusto de hablar de decoraciones para la fiesta de compromiso y la osadía de los que confirmaban tarde su asistencia y cosas como esas. Y supongo que podía hacer el sacrificio y tolerar sus sonrisas y el que quisiera complacer cada uno de mis caprichos. Simplemente sería muy descortés decirle que dejara de entrometerse y me dejara en paz, recordarle que yo no era su familia y yo no necesitaba que cuidaran de mí, que no necesitaba que metiera el cabello detrás de mi oreja cuando se soltaba de mi cola de caballo, o que me sonriera con tanta ternura, o que acariciara mi mano cuando me hablaba, o que me dijera lo bien que me veía todas las mañanas, o que me recordara ponerme protector solar junto a la piscina. Yo no necesitaba nada de eso. Nunca lo había necesitado.

Pero como dije, sería muy descortés decir todas esas cosas, y aunque no podía recordarlo exactamente, estaba segura que Jamie me había dicho una vez algo sobre no ser grosero con tus mayores. Así que le había permitido continuar y yo rodaba los ojos y seguía ignorando la forma en que mi corazón dolía solo un poquitín siempre que ella me hablaba.

En este momento, hablaba entusiasmada sin parar sobre el vestido para la fiesta de compromiso que se acercaba en la próxima semana. Ya saben, ¿la que he sido demasiado cobarde como para ponerle un alto? Su voz me estaba molestando un poco porque no había dormido bien anoche. Mi mente seguía vacilando entre la revelación de Jasper y la forma en que los dedos de Edward se habían sentido dentro de mí. Créanme, dos pensamientos que definitivamente no compaginaban. Cada vez que mi clítoris hormigueaba al recordar los dedos de Edward tentándolo y prometiendo mucho más, una imagen de Bree y Mike saliendo de su casa y haciéndolo muy apasionados en el coche y a espaldas de Edward invadía mi mente.

Por lo que en vez de dormir como un bebé, con visiones de Edward dentro de mí danzando en mi cabeza, había pasado la mayor parte de la noche furiosa y preguntándome si me correspondía o si era mi obligación decirle de lo que me había enterado. Jasper me había autorizado para contarle, lo que casi deseaba que no hubiera hecho, porque ahora la decisión era mía.

Y no tenía maldita idea de qué hacer.

"Espera a que veas lo que la abuela de Tanya ha creado," Esme gorjeó emocionada, sin quitarme los ojos de encima mientras bebía su té. "Es simplemente perfecto para ti, Bella."

Me le quedé mirando y le di una leve sonrisa, y ella me devolvió la sonrisa con indulgencia. Abruptamente, la sonrisa desapareció y estiró su mano para delinear con un dedo bajo mis ojos. Me tensé momentáneamente, de la forma en que siempre lo hacía cuando me tocaba, pero si ella se dio cuenta nunca lo mencionó.

"¿Estás bien, cielo? Tienes círculos oscuros bajo tus ojos. ¿Dormiste bien anoche?"

"Dormí bien, Esme," mentí con indiferencia.

Pude darme cuenta por su expresión que no me creía, pero lo dejó pasar con un leve gesto de su cabeza.

"¿Sabes, Bella?" Dijo con dulzura, "Si hay algo de lo que quieras hablar, aquí estoy. Espero que lo sepas." Y de nuevo, estiró su mano y la puso sobre la mía.

Suspiré y después sonreí con timidez. "¿Quieres decir, además de la fiesta de compromiso?"

"Sí," concordó, ignorando el sarcasmo. "Podemos hablar de lo que sea que quieras, Bella." Apretó mi mano. "Eres muy especial para mí. Espero que también estés consciente de eso."

Vaya, ¿por qué carajos tenía que decir eso? ¿Trataba de conseguir más información o solo intentaba deliberadamente apretar mi corazón con tanta fuerza que me doliera físicamente? ¿Por qué demonios tenía que ser tan entrometida? ¿Por qué no podía dejarme en paz todavía?

Parpadeé rápidamente y retiré mi mano por debajo de la de Esme, maldita sea. "Voy a poner estos en el lavavajillas y luego voy a ir a relajarme en la piscina hasta que Edward llegue aquí."

Era estúpido de mi parte el enojarme, por supuesto que lo sabía, no era una completa idiota. Pero no impidió que raspara furiosamente los restos del desayuno en el triturador de basura, o que metiera los platos al lavavajillas con un poco más de fuerza de la necesaria, y cuando sentí más que escuchar a alguien acercándose detrás de mí, dejé caer el plato en mi mano y me giré.

"Qué estás tratando de— ¡Edward!" Mi corazón dio un vuelco y antes de darme cuenta, salté a sus brazos de la forma en que siempre lo hacía y él me sostuvo mientras lo besaba—

Pero no me tomó mucho tiempo notar lo tenso que se sentía debajo de mí, incluso más tenso de lo que se sintió durante esas primeras semanas de nuestro acuerdo. Sus labios apenas se movieron con los míos. Me aparté todavía sonriendo, porque no podía evitar sonreír cuando estaba en los brazos de Edward.

Pero la expresión en su rostro borró la sonrisa muy rápido.

"¿Qué pasa?" El revoloteo que el verlo había provocado, fue remplazado rápidamente por un nervioso tamborileo en mi pecho.

"¿Podemos hablar?" Su voz era estoica, sus rasgos rígidos e ilegibles.

"Claro," me encogí de hombros, bajándome de él mucho más tranquilamente de lo que en realidad me sentía. Me sostuvo con cuidado hasta que mis pies volvieran a tocar el suelo. "¿Qué sucede?"

Sus ojos cansados perforaban los míos, buscando…

"Vamos a dar un paseo." Agarró mi mano sin esperar una respuesta y me llevó afuera a la camioneta, sacando su juego de llaves y subiendo al asiento del conductor. Normalmente me habría quejado, pero tenía el presentimiento de que ahora sería un buen momento para mantener la boca cerrada.

Viajamos en silencio, serpenteando a través de las oscuras carreteras de Forks y hacia los frondosos caminos de La Push. Mi corazón latía erráticamente mientras miraba furiosa por la ventanilla del pasajero, viendo los rayos del sol abrirse paso a través de las gruesas ramas y hojas arriba, dejando sombras doradas a nuestro alrededor, y tratando de comprender por qué podría estar molesto Edward conmigo. Se me ocurrieron dos posibilidades:

La primera: que Jasper le había llamado tarde por la noche o esta mañana temprano y le contó todo, incluyendo el hecho que yo sabía, y Edward estaba encabronado no solo por el hecho de que Bree le había sido infiel, sino también porque nadie le dijo en seguida.

La segunda e infinitamente peor en mi opinión: que en algún momento durante la larga noche en el hospital, Edward y Bree se había reconciliado y ahora él iba a darme un cheque y palmearme en la espalda por un trabajo bien hecho, antes de darme con la punta del pie.

Para cuando llegamos a los acantilados y Edward soltó mi mano, apenas podía escuchar las aves o los grillos sobre el sonido de mi respiración.

Caminó en silencio hacia la orilla de los acantilados, mirando hacia abajo. "Recibí esta mañana una llamada," comenzó a decir con frialdad, "de una señorita Linda Cope."

Cerré mis ojos y resoplé. Qué curioso, esa posibilidad ni siquiera había cruzado por mi mente.

Continuó de espaldas hacia mí. "Me dijo que estaba buscando a una Isabella Marie Swan, porque no se había reportado en casi dieciocho meses y ella temía que el estado revocara su beca si Isabella no se volvía a matricular para septiembre. Me contó…" – tomó una respiración profunda, con sus hombros elevándose y cayendo pesadamente – "ella también me contó unas cuantas cosas más sobre Isabella."

"La señorita Cope siempre ha tenido una boca muy brande," declaré con sarcasmo.

Edward no habló en seguida. "¿No ibas a contármelo?"

Hice una mueca, porque de pronto se escuchó más… herido que otra cosa. "Iba a hacerlo, Edward."

"¿Cuándo?"

Me encogí de hombros. "Eventualmente. Pronto, me gustaría pensar."

"Te gustaría pensar," resopló, agachándose para recoger un helecho del suelo y arrojándolo al río. "Pero no estás segura."

"No es precisamente un tema fácil de abordar en una conversación, ¿sabes?"

Se dio la vuelta y me dio una mirada furiosa, y ahora pude ver claramente el remolino de emociones en sus ojos; confusión, ira, decepción.

"Yo pude hacerlo, Bella. Te conté el día después que nos conocimos que era adoptado. Que mis padres habían muerto en un accidente de avión y—"

Extendí mi mano y lo interrumpí. "Es diferente, Edward."

"¿Cómo es diferente?" Preguntó, con las aletas de su nariz ensanchadas. "¿Cómo es tan diferente?"

Resoplé y levanté la vista hacia el frondoso verde de las ramas sobre mí. "¿Cuánto te contó exactamente la señorita Cope?" Contesté evasiva.

"Me contó que tus padres y tu hermano Jamie murieron en un incendio cuando tú tenías seis años," soltó. Hice una mueca. Mi reacción debe haber hecho algo porque las siguientes palabras las dijo con más cuidado. "Me contó que te fuiste a vivir con tu abuela y que ella murió un año después. Que después tú… entraste al sistema de acogida. Dice que saliste a los diecisiete, que habías sido aceptada en la universidad del estado de Arizona, de modo que el estado pagó por tu educación y alojamiento, pero que tú la dejaste a doce créditos de graduarte."

"Wow," dije entre mi aliento después de un largo silencio, "Puedo ver que aún es tan detallada como siempre. ¡Vamos señorita Cope!" Bromeé con ironía.

"Bella, esto no es una broma," hizo una mueca.

Esta vez lo miré directamente a los ojos. "¿De verdad crees que no sé eso?"

Suspiró y pasó una mano por su cabello. "Bella, ¿por qué no dijiste nada? ¿Por qué lo hiciste parecer como si…?" Su voz se apagó.

Mordí mi labio, incapaz de responder. ¿Cómo podía explicárselo? De cualquier modo, él me creerá loca o patética. No estaba segura cuál era peor.

Él dio unos cuantos pasos hacia adelante, y Edward repentinamente estaba justo frente a mí, sus ojos esmeraldas sombríos y confundidos, y cuando estiró su mano y tocó un lado de mi rostro me estremecí.

"Maldita sea, Bella. ¿Por qué?" Preguntó otra vez, con su frente arrugándose con desconcierto.

Atrapada en su mirada, no pude hacer nada más que encogerme de hombros.

"¿Por qué?" Preguntó otra vez, su voz elevándose por la agitación y la impaciencia.

"¿Qué se supone que dijera" – mi pecho subía y bajaba, y mi propia voz se elevó unos cuantos octavos al sentir que se levantaban mis defensas— "y cuándo exactamente se suponía que tenía que decirlo? ¿Mientras suspirabas por Bree, o mientras planeabas y maquinabas cómo recuperarla? Tiempo fuera, Edward," me burlé con sarcasmo, golpeando las puntas de mis dedos en mi palma derecha y todo el tiempo sabía que estaba siendo una perra cruel, pero era incapaz de detenerme, "solo para que lo sepas, crecí en varios hogares de acogida y en un orfanato por algunos años. De acuerdo, se acabó el tiempo. Ahora podemos volver a la ORAB," me burlé mezquinamente.

"Eso no es justo," dijo, sacudiendo su cabeza con la mandíbula tensa. "No te burles de mí, Bella."

La vergüenza coloreó mi rostro, pero mis defensas se habían levantado y sabía que no bajarían fácilmente. "Se supone que esto solo sería un acuerdo de verano," lo intenté de nuevo. "No había razón para que te contara nada."

"Pero ya ha sido más que eso por un tiempo, Bella, ¿no es así?" Sus cejas se fruncieron de pronto y abruptamente pareció inseguro. "Al menos yo pensé que se había convertido en más que eso."

Buscó de nuevo en mis ojos, pero bajé la vista, incapaz de mirarlo a los ojos por más tiempo.

"Bella, cuando te dije que te necesitaba, lo decía en serio," susurró, todavía sosteniendo mi rostro mientras su pulgar dibujaba círculos alrededor de la línea de mi mandíbula. "Quiero compartir cosas contigo, Bella, pero tú tienes que estar dispuesta a compartir conmigo, o esto no va a funcionar."

Traté de tragar, pero sentí mi garganta cerrada porque el momento de la verdad había llegado y no estaba preparada para ello. Edward quería un cuento de hadas. Conmigo o con Bree, lo que él quería compartir era un matrimonio feliz y niños hermosos y una vida perfecta, y yo nunca podría darle eso. Había llegado el momento de que ambos lo supiéramos.

"¿Quieres compartir?" Resoplé de forma impertinente, quitando su mano de mi rostro y consciente de que estaba saboteando todo. "¿Qué tanto quieres compartir?"

"Todo, Bella," siseó, y me di cuenta que él vio lo que yo estaba haciendo, que lo estaba desafiando. Pero si esto es lo que hacía falta para mostrarle lo jodidas que eran las posibilidades de un felices para siempre conmigo, entonces eso era lo que haría.

"¿Todo?" Repetí, sonriéndole. "¿Estás seguro que lo quieres todo?"

"Sí," espetó sin titubear.

"De acuerdo," le dije, sosteniendo su mirada. "Al parecer, la señorita Cope fue muy comunicativa contigo, pero todavía quieres más, así que, aquí vamos." Me observó en silencio.

"Una noche cuando tenía seis años, mis padres me obligaron a quedarme con mi abuela porque iban a llevar a Jamie a acampar la mañana siguiente y pensaron que yo era muy joven para eso. Echaba de menos a Jamie porque como la mayoría de las hermanitas yo veneraba el puto suelo que pisaba, y estaba enojada con mis malditos padres por obligarme a quedarme. La mañana siguiente la policía tocó a la puerta de la abuela…" Me detuve y resoplé, porque incluso ahora seguía sin poder terminar esa frase. Edward respiró hondo, pero no me quitó los ojos de encima.

"Como sea, un año después vine a casa de la escuela y encontré a mi abuela muerta en el suelo por un infarto masivo."

Pude ver el apuesto rostro de Edward palidecer, y la forma en que manzana de Adán subía y bajaba, pero él lo pidió, así que continué.

"Después de eso me transfirieron de un lugar a otro por un tiempo, de un hogar al siguiente hasta que pasaba la novedad de una niña de acogida, o yo hacía algo 'mal'," – enfaticé haciendo comillas en el aire – "entonces me enviaban al siguiente hogar. En realidad, la séptima familia con la que me colocaron se quedó conmigo por diez meses completos, y luego, cuando derramé accidentalmente jugo de naranja sobre la alfombra ya manchada, mi madre de acogida me abofeteó hasta cansarse."

Él exhaló pesadamente al escuchar eso, pero yo ya había empezado. "¿Quieres escuchar de los padres de acogida que amontonaban a un puñado de nosotros en sus departamentos de mierda, solo para poder ponerle las manos encima a nuestros subsidios del gobierno? ¿O de los que eran genuinamente perfectos? Hubo un par de esos, pero desafortunadamente, no pude ser lo suficientemente perfecta para ellos."

Edward cerró sus ojos y tragó grueso. "Jesús, Bella." Su voz sonó áspera y estrangulada, pero cuando estiró su mano hacia mí, la aparté.

"¿O qué te parece sobre el papá que trató de manosearme cuando tenía trece años? O del que solo solía sonreírme con tan flagrante lujuria en su maldito rostro que su esposa me devolvió en seguida a pesar del pago del gobierno."

Edward empuñó su cabello. "Oh mierda, Bella." Volvió a intentar agarrarme pero di dos pasos hacia atrás.

"¿Ahora quieres saber de Ty? ¿Recuerdas a Ty, Edward? Te lo mencioné."

Asintió una vez, su expresión tensa y recelosa.

"Ya te conté que Ty fue mi primero, pero aquí está la historia más detallada. Lo conocí en el orfanato donde solía pasar mi tiempo entre familias, y hui con él cuando salió por mayoría de edad. Yo tenía quince años y tuve que ocultarme de los policías, así que solía quedarme en la habitación de un motel de mala muerte mientras él salía todos los días y volvía tarde por la noche. Entonces por las mañanas, me quedaba muy callada cuando el gerente del motel venía a golpear la puerta, demandando la renta y amenazando con llamar a la policía. Una noche Ty volvió con otro tipo, un imbécil borracho y sucio que había encontrado en dios sabe dónde y Ty anuncia orgulloso que el tipo nos pagaría todo un billete de cien dólares si yo lo follaba."

Edward cerró sus ojos, apretando su mandíbula con tanta fuerza que creí que podría romperse. Todo su cuerpo vibraba cuando llevó sus puños a su cabeza y los presionó con fuerza. "Jesús," murmuró. "Maldita sea," maldijo. "Oh Jesús, Bella."

Pero continué. "Le dije a Ty que fuera y se inclinara para él si quería. Incluso ofrecí encerrarme en el baño para darle su privacidad, pero… al parecer esa idea no les gustó mucho a ninguno de los dos," sonreí con ironía, mientras el pecho de Edward subía y bajaba. "Así que cuando Ty vino por mí lo pateé en las bolas y me largué de vuelta al orfanato, pero después de eso me rehusé a ir con más familias de acogida, por lo que solo me dejaron en el orfanato hasta que salí al cumplir la mayoría de edad. Y después me fui a la universidad, y sí, ellos la pagaron, pero entonces decidí que mejor me gustaría ver el mundo," sonreí, cerrando mis ojos y respirando profundamente, "o el país al menos," agregué encogiéndome de hombros. "Y el resto creo que puedes adivinarlo."

Por mucho tiempo, simplemente nos quedamos ahí parados, viéndonos el uno al otro. El rostro de Edward había pasado de un blanco pálido, a rojo por la furia. Su mandíbula de por sí pronunciada, era un cuadrado perfecto y mientras su pecho agitado finalmente se calmó, las respiraciones que daba eran largas y pesadas. Aun así, prefería esta reacción al banquete de compasión al que me rehusaba a quedarme.

"Y eso es todo," dije finalmente, dando un aplauso, "Y ahora sabes por qué jamás podré ser parte de ningún cuento de hadas. Así que, si no te importa, me gustaría al menos recoger mi mochila y los ochenta billetes o algo así que tenía cuando llegué aquí."

Él me fulminó con la mirada, de nuevo con furia mezclada con confusión. "¿De qué demonios estás hablando?"

"No puedo dejar mi mochila, o mi camiseta para dormir. Son de Jamie. Él me las dio."

Me puso mala cara, de la forma en que solía hacerlo cuando nos conocimos—como si estuviera loca. Pero esto era mejor. Lo amaba demasiado para aceptar su lástima, y saber que estaba ahí me mataría aún más de lo que esto ya lo había hecho.

"Edward, necesito ir por mis cosas," repetí, luchando por mantener mi voz calmada.

Movió su cabeza bruscamente hacia un lado, estudiándome, como si no pudiera comprender que era yo.

Y entonces se precipitó y agarró mi rostro entre sus manos, y jadeé.

"Puedo entender por qué no habrías querido contarme todo eso al principio, Bella. Bien, puedo entender eso," habló rápidamente—"¿pero por qué estás actuando ahora de esta forma? ¿Por qué me estás alejando intencionalmente?" Con sus ojos colmados de una dolorosa urgencia contra la que cerré mis ojos. "¿Por qué?" Repitió, sosteniendo mi rostro con más fuerza.

"Porque todo esto solo puede ser temporal, Edward," dije con voz ahogada, volviendo a abrir mis ojos y forzándome a mirar a los suyos. "Y ambos tenemos que admitirlo. Voy a irme finalmente, así que, ¿por qué no irme ahora?"

"No," sacudió su cabeza desafiante, con su mandíbula apretada. "No tiene que ser temporal."

Envolví sus manos con las mías. "Sí, lo es," dije con gentileza. "Edward, no me quedo en ninguna parte, no permanentemente. Nunca lo he hecho y nunca lo haré. Y tú… tú te estás recuperando ahora, Edward. Tal vez… solo tal vez, te estás dando cuenta que puede que Bree no sea lo que tú pensabas que era. En cualquier caso, esto entre tú y yo, solo es un enamoramiento temporal de ambas partes, y eso está bien. Pero seamos honestos al respecto."

Me atravesó con su mirada, moviendo su cabeza bruscamente hacia un lado una vez más para examinarme con cuidado. "No," gruñó, sacudiendo nuevamente su cabeza con vehemencia. "No, Bella. No me creeré eso. Tú no lo crees, y tampoco yo."

Contuve un lloriqueo, ignorando esa parte de mi corazón que me decía que Edward tenía razón, porque tenía que ser honesta con él. "Edward, nunca voy a casarme. Nunca voy a tener hijos."

Se quedó en silencio por un largo rato. "Eso no lo sabes. No conoces el futuro."

"Sí," sonreí a pesar de la presión en mis pulmones. "Lo sé. Edward, nunca me transformaré mágicamente es esa… esa doncella perfecta capaz de cumplir ese tipo de sueños. No puedo aceptar esa clase de responsabilidad—saber que la felicidad de otro depende de , saber que un pequeño niño depende de que yo lo mantenga a salvo," cerré mis ojos con fuerza y me estremecí. "No puedo. Simplemente no puedo. Y eso nunca cambiará. Esto es lo que soy, igual que tú eres quién eres y eso está bien. Por eso esto," moví un dedo entre nosotros mientras sus ojos me retenían dolorosamente—"obviamente solo puede ser algo temporal, porque sé que lo que tú quieres, lo que tú te mereces es ese hermoso futuro con la esposa perfecta y los niños perfectos. Así que si quieres que me quede," – entrelacé mis dedos con los de él—"me quedaré, pero ambos tenemos que estar conscientes de que no es para siempre. Te voy a abrazar y besar y darte lo que sea que necesites, Edward. Pero respecto al cuento de hadas, ambos sabemos que esa no soy yo. Un día despertarás y no estaré ahí, y no quiero hacerte eso."

Sonreí a pesar de mi dolor y después desenredé mis dedos poco a poco de los suyos. Cuando dejé caer mis manos, las suyas cayeron con las mías, y entonces solté una y di un paso atrás antes de soltar la otra lentamente—

"¡No, Bella!" Gruñó de pronto, volviéndome a atraer a él tan súbitamente que me dejó sin aire. "¡No conoces el futuro!" Siseó frenéticamente. "Si he aprendido algo en estos último par de meses, es eso. Quieres llamarlo algo temporal," respiró pesadamente, "no importa, no voy a discutir eso contigo en este momento porque empiezo a ver por qué no puedes ver más allá de algo temporal."

"Edward," suspiré, sacudiendo la cabeza, "no intentes analizarme—"

"Pero no te quedes ahí parada y me digas que es un enamoramiento," ordenó, "porque este… fuego entre nosotros no puede ser temporal, o provocado por un simple enamoramiento y tú lo sabes. Lo sabes," insistió, sus ojos moviéndose entre mi boca y mis propios ojos.

Repentinamente pude sentir cada plano y marca de su cuerpo, y la forma en que todos los músculos entre nosotros cantaron al contacto. Mi pecho subía y bajaba contra el suyo, y cuando agarró mi nuca y subió mi boca para que se reuniera con la suya, no ofrecí resistencia. Lo había intentado. Dios sabe que había intentado darle una salida; dejarle saber que estaba bien si me dejaba ir. Pero él se negó y Jesús, no quería dejarlo ir. No ahora. No nunca.

"Eres mía ahora, Bella," dijo entre su aliento contra mis labios. "Eres mía y cuidaré de ti y no te dejaré ir," me prometió desafiante. "No te dejaré ir."

Lo envolví con mis brazos y lo abracé con fuerza, profundizando nuestro beso y dándole todo mi corazón. "Entonces, no me dejes ir," murmuré, tomando aire. "No me dejes ir, Edward."


*Sniff* ¿Alguien más quiere un pañuelo? Pues sí, llegamos a la parte difícil de este fic, no podían esperar que todo fuera miel sobre hojuelas con pattyrose jejeje. Y sí, ya conocemos toda la historia de Bella, una historia difícil que sin duda la dejó marcada para toda la vida, y como algunas de ustedes dijeron, y es cierto, el que hable de su hermano como si estuviera vivo no quiere decir que está loca, la misma señorita Cope dijo que ella lo consideraba como un mecanismo de defensa de Bella, ¿y pueden culparla después de tener una vida como esa? En fin, aunque es obvio que al principio Edward no supo manejar muy bien la situación, al menos ahora ya se aclararon las cosas entre ellos y pueden hacer algo para salvar su relación, y para ello Edward está dispuesto a aferrarse a Bella con todo. Ya veremos si funciona, y…no nos olvidemos de Bree que todavía anda deambulando por ahí -.- Espero que hayan disfrutado del capítulo y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y poder leer pronto el siguiente ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: belen2011yani, Adriu, kasslpz, alejandra1987, lagie, miop, sandy56, Nadiia16, NarMaVeg, hanna1441, Twilightsecretlove, glow0718, PriOsbourne, Alice569, Andrea Ojeda, tulgarita, Vianey Cullen, Cinti77, Jade HSos, Isis Janet, Sindey Uchiha Hale Malfoy, Marie Sellory, Carla Brunelli, Liz Vidal, bealnum, Tata XOXO, Nanny Swan, Melania, mony17, solecitonublado, JANETH A SANDOVAL, Mapi, Twilight all my love 4 ever, Manligrez, Nitoca, Maryluna, mrs puff, krisr0405, E-Chan Cullen, MajoRed, Rosiichita, bbluelilas, Mafer, Yolanda Lorenzo, EriCastelo, Cary, Lizdayanna, Lectora de Fics, LadyRedScarlet, Adyel, PRISOL, Paola Lightwood, missy, Ali-Lu Kuran Hale, saraipineda44, mariluiq, Mio1973, Noriitha, Lady Grigori, rjnavajas, Dani, Gabriela Cullen, aliceforever85, Mamuelita144, Floor68, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente capítulo, espero que muy pronto. DEPENDE DE USTEDES.