Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autora pattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)
Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM
Capítulo 19 – Diferente y mejor
EPoV
Los días en la región Olímpica se hicieron más cortos y esas decisivas noches de verano empezaron a mostrar signos de desvanecerse. Las brisas nocturnas soplaban más insistentemente y con cielos cada vez más grises llegó algo familiar pero olvidado en nuestro rincón de la tierra; nubes plateadas… y la promesa de días más oscuros por venir.
Pero tú y yo, permanecimos en la burbuja que habíamos creado para nosotros durante esas últimas tórridas semanas. Completamente obsesionados el uno con el otro, no vimos los cielos grises, o sentimos las brisas frías, ni siquiera las gotas que caían de arriba que indicaban lo que se acercaba. La ardiente pasión que ardía entre nosotros consumía cada uno de nuestros sentidos. Como niños totalmente ignorantes del torbellino que se avecinaba, nos topamos con él de frente, sin idea alguna de cómo ese ardor sería puesto a prueba por la tormenta que avanzaba…
OOOOOOOOOO
A mitad de semana, Bella y yo nos reunimos con Jake en el Grille para unas bebidas y cenar, y después de aproximadamente una hora empecé a disimular bostezos con risas. No era que estuviera aburrido; solo jodidamente exhausto, física y mentalmente.
La llamada telefónica de la señora Cope hace un par de días había arrojado mucha luz sobre la hermosa trotamundos que este verano había puesto mi vida de cabeza. Con toda su jovialidad y actitud relajada, muchas cosas de Bella tenían ahora mucho más sentido; como por qué se desplazaba de ciudad en ciudad, así como su incomodidad con mi madre. Podía ver la fragilidad en ella. Es decir, sí, ella era fuerte, pero era como una de esas criaturas del bosque que solo vislumbrabas pocas veces porque se asustaban si les prestaban mucha atención. Esa mañana junto a los acantilados había sido mentalmente agotador para ambos, y después de su larga confesión pude darme cuenta que Bella no estaba lista para hablar más de eso—aún no.
Por lo que algunas preguntas se quedaron sin responder. Como qué planeaba hacer respecto a la escuela. Lo correcto habría sido que volviera y terminara esos doce créditos que necesitaba para recibir su título, y mientras mi antiguo yo le habría indicado esa dirección en un instante, mi nuevo yo egoísta no podía imaginar una vida sin ella y no pude evitar preguntarme, ¿qué significaría eso para nosotros?
Y Jesús, ¿por qué hablaba ella de su hermano muerto como si aún viviera?
Lo hablaríamos todo cuidadosamente porque ahora que la comprendía mejor, no podía darme el lujo de perderla. Tenía el anillo en mi bolsillo y quería ponerlo en su dedo, pero primero necesitaba encontrar una forma de mostrarle lo optimista y prometedor que podría ser nuestro futuro juntos.
Bueno, esos eran los pensamientos que habían ocupado mi cabeza estos últimos días. Mental y físicamente agotado, habría estado bien si volviera a mi casa y me tumbara en mi sofá con Bella mientras ella pasaba sus cálidos dedos por mi cabello— en todo caso, fue cómo pasamos las últimas noches pero… estaba muy seguro que esos planes no conduciría a la más excitante de las noches para ella. No es que Bella se quejara alguna vez, pero ella no debería tener que ser una esclava de mi horario de mierda.
"¡Jake, eres un mentiroso! ¡Ella no te arrojó ese carburador!"
"¡Lo juro por Dios, Bella, lo hizo! ¡Poco faltó para que me diera en la sien izquierda!"
Bella envolvió su estómago con sus brazos, ¡y cielos! Amaba verla reír de esa forma: echando la cabeza hacia atrás, con sus ojos brillando y su cuerpo vibrando con regocijo—como si el mundo fuera simplemente perfecto.
"¡Oh Dios mío, que perra tan loca! ¡Espero que le hayas cobrado el doble!"
Honestamente, había perdido noción de qué demonios estaba hablando Jake, pero Bella se merecía toda la risa en el mundo. Mantendría mis ojos abiertos con palillos para que siguiera riendo de esa forma.
Desafortunadamente, el siguiente bostezo salió de repente.
Bella sonrió a sabiendas en mi dirección. "Tenemos que irnos, Jake. Algunos de nosotros no podemos dormir hasta el mediodía, ¿sabes?"
"Eso es cierto, Jake," bromeé, poniendo a Bella sobre mi regazo. Cayó fácilmente sobre mí, descansando su cabeza en mi hombro.
Jake nos miró a los dos antes de posar su mirada en mí. "¿De qué estás hablando? Creo recordar tener que despertar tu perezosos trasero"—hizo un gesto en mi dirección con la exageración de alguien que ha tomado demasiado—"todas las mañanas durante los veranos cuando éramos niños."
Sonreí con suficiencia y Bella se rio entre dientes.
"No me reiría si fuera tú," Jake se rio con ella. "¿Cuál fue esa expresión colorida con la que me recibiste esta mañana? ¿Algo sobre un gallo-madrugador-cara-de-culo-que-no-deja-dormir?"
Algo se hizo un nudo en mi estómago. No estaba seguro que me gustara que Bella hablara del culo de Jake en cualquier forma o sentido.
Bella se enderezó, retorciendo su rostro en falsa indignación. "En realidad fue gallo-madrugador-cara-de-culo-bueno-para-nada-que-no-deja-dormir. Dilo bien," sonrió. "Jamie me enseñó eso, y digo, ¡en serio! ¿Por qué despertarías a alguien antes de las nueve de la mañana de todas formas, a menos que sea una emergencia?"
Mis brazos apretaron la cintura de Bella, y el nudo en mi estómago se retorció. Daba igual el comentario del culo, era la primera vez que había mencionado a Jamie desde la llamada telefónica de la señorita Cope hace unos días.
"Oh, me disculpo. Es totalmente mi culpa," Jake se burló, rodando los ojos. Como todos los demás en el pueblo, no tenía idea de que Jamie estaba tan muerto como podía estarlo.
"Como sea, tengo que ir a hacer pipí antes de irnos," anunció Bella, dejando un rápido beso en mi boca. "Vuelvo en seguida."
Me le quedé mirando a Jake, y por un breve momento consideré contarle todo, desde mi jodida propuesta inicial al hecho de que el hermano héroe de Bella había estado muerto por dieciséis años y por lo tanto, ¿cómo podría él haber podido enseñarle todas esas frases, así como la mitad de las otras lecciones de vida que ella aseguraba que le había enseñado? ¿Por qué seguía aferrándose a Jamie después de tanto tiempo? ¿Cuál sería la opinión de Jake en el tema?
Pero entonces Jake empezó a tararear y girar una botella vacía una y otra vez sobre la barra, y tuve la sensación de que Jake no estaba pensando muy claramente por el momento. Resoplé.
"Oye, Jake, ¿necesitas un aventón, viejo?"
"Nah." Me hizo un gesto con su mano con una sonrisa perezosa. "Ness va a recogerme cuando termine su turno, hablando de Ness," continuó sin hacer una pausa, "¿qué van a hacer ustedes la próxima semana? Ness quiere ir al cine."
"Bella y yo tenemos planes. Voy a llevarla a Port Angeles a cenar y luego vamos a pasar la noche allí." Ni siquiera intenté contener la sonrisa que se extendió lentamente de una esquina a otra de mi boca.
Jake asintió deliberadamente, sin quitarme los ojos de encima mientras se comía la última alita con lo que quedaba de su cerveza.
"Sabes hermano, realmente me alegra ver que finalmente sacaste la cabeza de tu trasero."
Su tono era ligero y lamió despreocupadamente las puntas de sus dedos cuando terminó, pero todo mi cuerpo se tensó, y la cómoda sonrisa que había estado luciendo se tensó.
"¿Qué significa eso exactamente?"
Me analizó detenidamente, riéndose entre dientes. "Te estás poniendo a la defensiva, hombre," bromeó, señalándome con su dedo índice, "y solo decía."
La sonrisa forzada en mi rostro se endureció. "¿Decías qué?" Pregunté con severidad.
El pecho de Jake estaba agitado. Se echó hacia atrás en su banco alto. "Tienes que admitirlo, Ed, te portaste de una forma realmente extraña con Bella por un tiempo. Hablo de que, ¿qué sentido tiene traerla contigo si va a quedarse en casa de tus padres? Era como si la desearas pero no quisieras desearla, ¿entiendes a lo que me refiero? Casi pensé que podrías todavía estar obsesionado con Bree, lo que para ser honesto, te habría convertido en un verdadero cretino." Se rio entre dientes después de su discurso y volvió a llevar la botella casi vacía a su boca.
Sí, la cerveza definitivamente había podido con Jake.
Se inclinó hacia adelante contra la barra, mirando fijamente a su botella y dándole una vuelta tras otra en sus manos. "Como dije, solo estoy siendo honesto, viejo, porque ya sabes, me preocupo por ustedes."
"¿Eso es lo que estás haciendo?" Siseé, acercándome y apenas resistiendo el impulso de lanzarme sobre él. "Bueno, ya que estamos siendo honestos aquí, Jake, ¿por qué no me dices exactamente qué tanto te preocupas por ella?"
Su silencio resultante fue toda la respuesta que necesitaba. Lo fulminé con la mirada por un largo rato mientras él miraba furioso la botella en su mano, arrancando la etiqueta con la uña de su pulgar.
Finalmente levantó la vista y me miró a los ojos. "¿Qué quieres qué haga? ¿Que me siente aquí y pretenda que no creo que eres un bastardo con suerte? Ambos sabemos que estaría mintiendo si hiciera eso. Pero la respeto, y te respeto a ti y a nuestra amistad, así que hazme un favor y deja de fulminarme con la mirada como si fuera el cabrón de Mike."
¿Qué demonios se supone que debía hacer? ¿Decirle que se mantuviera alejado de Bella? ¿Decirle a Bella que se mantuviera alejada de él? Si existiera una lista de las cosas que ahuyentarían a Bella, estaba muy seguro que un 'loco pendejo posesivo y celoso' estaría en la cima. Pero, ¡maldita sea! No podía pasar por esto de nuevo—no con ella.
Me eché hacia atrás y traté de relajar mis hombros. Jake estaba ebrio y sí, simplemente estaba siendo honesto conmigo y por mucho que deseara meter mi puño por su garganta, tenía que agradecérselo. Era más de lo que podría haber dicho sobre Mike.
Además, Bella no era Bree.
"Jake, tú pasas mucho tiempo con Bella y necesito saber que a pesar de lo que puedas sentir, conoces el límite. De lo contrario…" Sacudí mi cabeza.
"Conozco el límite, Edward, créeme, y nunca lo cruzaría. Fuiste lo bastante afortunado para estar en el lugar correcto, en el momento correcto y como dije, respeto eso." Los dos nos quedamos en silencio por un rato, y entonces chocó su hombro con el mío. "Pero tal vez si hubiera aceptado esa oferta y hubiera ido contigo a Italia, las cosas habrían sido diferentes…" Con una risita final agarró su botella y dejó que las últimas gotas cayeran en su lengua.
Exhalé ruidosamente. "No viejo, no habría sido así. No habría dejado que Bella se me escapara."
Nos miramos a los ojos, y luego los dos resoplamos y desviamos la mirada cuando Bella reapareció.
OOOOOOOOOO
"¿Y por qué no pasamos a esto directamente en primer lugar?" Murmuré.
"Porque tú insististe en ir por unos tragos con Jake, aun cuando parecías estar listo para desmayarte."
Resoplé y cerré mis ojos. Sí, esa resultó ser una buena idea. Pero saqué a Jake y sus confundidos sentimientos de mi mente y disfruté el placer de tener a Bella para mí solo mientras resistía el adormecimiento que me provocaba la forma en que ella seguía pasando las puntas de sus dedos por mi cuero cabelludo—de un lado al otro, de un lado al otro, desde la nuca a la cima de mi cabeza, una y otra vez. Suspiré.
"Solo duérmete, Edward," susurró dulcemente en mi oído. "Estás exhausto."
"Todavía no," murmuré.
Estábamos acostados en mi cama. Besarnos y acariciarnos en el sofá había progresado a tocarnos y besarnos en mi recámara. La conversación con Jake me había dejado sintiendo ansioso y posesivo, y por lo tanto llevamos las cosas más lejos de lo acostumbrado; varias piezas de ropa se habían perdido en el camino, y ahora Bella traía puesta su camiseta de tirantes y su tanga negra, mientras yo estaba en mi bóxer—tan cerca a estar desnudo como podía llegar sin joder mis planes para este fin de semana. De por sí, cada noche era más difícil para Bella y para mí poner un límite; esperar a nuestra velada que se acercaba lentamente—de hecho, era más difícil para mí poner un límite; Bella ni siquiera quería escuchar ya sobre el límite. Aun así, permanecí inflexible. Quería que la primera vez que le hiciera el amor a Bella fuera perfecto para ella así como para mí, y todas las malditas noches yo estaba muy cansado. Ella se merecía más que una follada rápida y que después me quedara dormido sobre ella—sin importar lo mucho que quisiera probarme a mí mismo, y al mundo, que ella era mía.
Con todas nuestras vueltas en la cama, de algún modo había terminado haciendo cucharita con Bella lo que fue jodidamente genial. Al haber sido siempre la cuchara antes, nunca me di cuenta lo bien que se sentía al revés. Los suaves pechos de Bella tocaban mi espalda y el calor entre sus piernas calentó mi espalda baja. Solo tenía que darme la vuelta y quedaríamos perfectamente alineados, y de pronto, una subida de adrenalina me golpeó e hice justo eso. Me giré abruptamente y la inmovilicé contra el colchón, atrapando sus brazos por encima de su cabeza.
Bella chilló y empezó a reírse, su hermoso rostro sonrojado y su cabello extendido en ese maravilloso desorden suyo sobre la almohada blanca. "Creí que estabas jodidamente cansado, y además, pensé que esperaríamos para nuestra gran cita." Bromeó.
"Estaba, y eso vamos a hacer," sonreí con suficiencia, mordiendo el labio que ella había fruncido en falso reproche y haciéndola chillar otra vez, "pero entonces te pegaste a mi trasero," espeté.
Ella se rio con picardía, retorciéndose contra mí mientras estaba completamente consciente de cómo torturaba mi polla. Pero yo estaba seguro que podía seguir su juego un poco más sin explotar, de modo que coloqué mi boca en la suya, arrastrándola hacia los bordes de sus labios y luego bajando por la línea de su mandíbula, abriéndome camino hasta su clavícula.
Ella suspiró de forma entrecortada. "Bueno, te estás presionando contra mi ansiosa entrepierna y Jesús, estás duro como una roca, Edward, así que a menos que estés planeando adelantar esa cita unas setenta y dos horas y entres en mí ahora…" Su voz se apagó esperanzada.
Nunca había sido parte de esta charla de dormitorio, o incluso la forma en que jugueteábamos tan a la ligera, sin necesariamente tener que llegar al sexo en seguida. Era el más seductor juego previo que había experimentado jamás, y ella tenía razón, me tenía duro como una roca y malditamente impaciente por más.
"Deja de intentar que me rinda hablando sucio," me reí entre dientes. Se rio de mí, así que mordisqueé la cima de sus hermosos pechos para enseñarle una lección. Su pecho subía y bajaba justo bajo mi mandíbula y decidí que iba a chuparlos esta noche, ya no podía contenerme. Como cuando deslicé mis dedos en su interior hace unas noches, esto sería una probada, para evitar que explotáramos.
"¡Ay!" Medio gritó, sus ojos mirando a los míos en anticipación, como si pudiera leer mi mente. Su espalda se arqueó hacia adelante y sus dedos se entrelazaron con fuerza con los míos mientras ambos esperábamos para ver a dónde se dirigía mi boca. "¿Hablando sucio? Eso está lejos de hablar sucio, Edward," dijo entre su aliento de forma errática.
Lamí cada vez más abajo, sintiendo su pecho subir y bajar debajo de mí. Estaba muy cerca de los pezones erectos que me habían estado tentando por meses. "Es más sucio de lo que Bree y yo alguna vez—"
Incluso al pronunciar las palabras caí en cuenta de lo que estaba diciendo, joder, de lo que estaba haciendo, así que me callé pero no podía retirar lo que ya había dicho.
Bella se tensó y la punta de mi lengua se paralizó a un centímetro del pezón que ya me estaba saboreando. Cerré mis ojos con fuerza mientras la vergüenza se apoderaba de mí. Solté sus manos y respiré hondo antes de sentarme, demasiado avergonzado para encararla.
"Jesús, Bella, lo lamento tanto." Tragué grueso y pasé enojado mi mano por mi cabello. "No fue mi intención… comparar… ¡mierda!" Gruñí, golpeando con un furioso puño el colchón.
El colchón se movió y esperaba ver a Bella levantándose de la cama, pero en vez de eso sentí su aliento cálido cerca de mi cuello, y luego sentí que sus brazos envolvían mi espalda desnuda, rodeado hacia mi estómago donde extendió sus manos y me acarició. Sus labios rozaron dulcemente el lóbulo de mi oreja.
"Oye, no pasa nada," murmuró. "Estuviste con ella por mucho tiempo." Todavía no podía mirarla, así que descansó su cabeza sobre mi hombro. Por un rato, solo nos quedamos ahí.
"Era… diferente," declaré finalmente.
Sentí que asintió contra mi hombro, sus manos se movieron tímidamente sobre mi estómago y mi pecho. "¿Te… te gustaba más de esa forma?"
Me di la vuelta rápidamente y la volteé hacia mí, envolviendo su rostro con mis manos y sosteniendo su mirada. "No, Bella. Por favor, por favor, nunca pienses eso. Amo lo libre y abierta que eres. Amo que puedas hablar de estas cosas conmigo sin hacerte la tímida o avergonzada; amo que puedas decirme lo que sea, amo que nunca te contienes de ninguna forma o sentido. Yo…" Busqué en sus ojos, tan abiertos y honestos y las palabras estaban ahí, joder, estaban justo ahí, pero si ella se iba alguna vez me mataría, ahora lo sabía y decir las palabras sellaría mi destino. "Temo que haré o diré algo mal y un día te buscaré… y no estarás ahí."
Sus ojos oscuros penetraron en los míos, llenos de mucha emoción, dándome un atisbo de su alma. Me sonrió con dulzura. "No voy a ir a ninguna parte, Edward, en tanto estés seguro de que soy yo lo que deseas. Pero si cambias de opinión, por favor, dímelo. También puedes decirme lo que sea, Edward. Espero que sepas eso, y si necesitas decirme que tus sentimientos han cambiado y que la quieres a ella de vuelta—"
"No, Bella." Sacudí mi cabeza con vehemencia. "No."
Su dulce sonrisa se transformó en una enorme, y todo su rostro se iluminó con tanta felicidad que hizo que mi corazón se llenara de alegría.
"Está bien, entonces," se rio entre dientes, "Ahora que hemos establecido que podemos decirnos cualquier cosa, ¿qué te parece si seguimos hablando sucio? Tu turno." Levantó su cabeza y presionó su boca en la mía de prisa pero con decisión.
Otra cosa que amaba de Bella: la forma en que siempre estaba tan dispuesta y era capaz de sacarnos de cualquier mal humor. Sí, definitivamente ella era lo que había necesitado todo este tiempo porque yo podría haberme obsesionado y darle vueltas a eso por días.
Me reí entre dientes y la volteé de nuevo de modo que ahora yo era la cuchara, una posición que pronto aprovechó cuando arqueó su espalda y metió su trasero en mi entrepierna. Gemí.
"¿Podemos hablar de algo más antes de continuar con esto?" Dije en voz baja evasivo, echando su cabello hacia atrás de modo que pudiera besar la piel vellosa de su nuca. Se erizó en seguida.
Ella suspiró. "Muy bien, pero vas a tener que susurrarme crasas obscenidades en mi oído para compensarme toda esa conversación intensa de la que pareces tener ganas esta noche." Y entonces volvió a restregar su trasero en mí.
Me reí entre dientes y después hice una pausa para medir mis palabras. "¿Por qué hablas de Jamie como si él todavía estuviera… aquí?"
Una vez más sentí que se tensó, pero seguí rodeándola con mis brazos, rozando su nuca con mi mandíbula. Sin importar lo tensa que se sintiera, no podía controlar la persistente piel erizada.
"Bella, solo quiero comprender por qué Jamie sigue siendo una—"
"No estoy loca, Edward," resopló, "si es lo que estás pensando."
Y una vez más la volteé, para que me encarara ahora mientras sostenía sus manos en las mías sobre su cabeza. "Escúchame," le dije con decisión, sosteniendo su mirada, "nunca pensaría eso, sin importar qué."
"¿Sin importar qué?" Sonrió con sorna. "Quieres decir, que incluso si pudiera ser cierto, te interesas tanto por mí como para—"
"Bella, deja de hacerte la lista. Sé que esa es la actitud que tomas cuando te sientes incómoda, pero no es eso a lo que me refiero y lo sabes. Solo estoy tratando de entender."
Se vio por un momento avergonzada, y entonces levantó su cabeza para capturar mi boca, tomando mis labios entre los suyos con dulzura. "Sé que dije que podemos hablar de lo que sea, Edward, y podemos, pero no me preguntes eso ahora. Por favor," me suplicó, escuchándose de pronto muy vulnerable. "Te prometo que te lo contaré algún día, pero… no en este momento."
Busqué en sus ojos oscuros, intentando ver con impaciencia lo que ocurría detrás de ellos, pero aunque sostuvo mi mirada, ella se veía repentinamente muy asustada. Espantada.
De modo que asentí y ella se relajó al instante contra el colchón, su cuerpo se aflojó visiblemente. Mi corazón se oprimió en mi pecho así que llevé mi boca a la suya y separé sus labios con mi lengua, probando la dulzura de su boca.
Ella suspiró contra mis labios y pude sentir que sonreía otra vez. Mi Bella desenfadada. "Ahora, ¿dónde estábamos con nuestros intentos de hablar sucio?" Su voz se volvió baja y seductora, y por más solemne que se haya vuelto nuestra conversación, una corriente de electricidad me atravesó y una vez más estaba consciente de la poca ropa que tenía ella puesta, y lo cerca que esos dulces pechos estaban de mi ansiosa boca.
"Te dije que no tenía mucha experiencia con eso," le dije con honestidad, chupando sus labios alternativamente y de repente muy entusiasmado por hacer esto con ella, por escuchar todas esas palabras salir de su linda boca. "Vas a tener que ayudarme."
Me sonrió abiertamente. "Bien, yo voy primero," Y entonces movió su boca a mi oído y susurró las palabras más eróticas que jamás me habían dicho en mi vida, con una voz que seduciría a un santo.
Mi polla se hinchó una vez más y gemí, dejando caer mi cabeza en sus mullidos pechos. "Bella, lo juro, tú vas a ser mi muerte."
Soltó una risita y jugando trató de zafarse de mí. Esa era Bella. Impetuosa. Impaciente. Impulsiva. Impredecible. Adaptable. Lo opuesto de todo lo que había conocido en mi vida.
"¿Yo seré tu muerte?" Gimió. "¿Quién carajos tiene su rostro pegado a mis lindas tetas en este momento? Una mujer no puede soportar demasiadas provocaciones sin que tome el asunto en sus propias manos, Edward."
Me reí ligeramente entre dientes y levanté mi cabeza solo lo suficiente para mirarla. Sus ojos brillaban con picardía. "En primer lugar, tus tetas están más que lindas, amor. Y en segundo…" Sonreí de forma torcida y de pronto sus ojos se ampliaron y ahí estaba ese deseo de nuevo, "antes de que tomes el asunto en tus manos, yo voy a encargarme de esos magníficos pechos tuyos en este momento, si te parece bien."
Ella lloriqueó, asintiendo con seriedad y bajé mi boca y mi lengua hacia esos montículos con los que había estado soñando por meses mientras bellos sonidos salían de su boca, y la forma en que su cuerpo se retorcía y se mecía con el mío, nos llevó a ambos a algún sitio cerca del cielo.
OOOOOOOOOO
BPoV
Cuarenta y nueve horas y media y contando.
Sí, estaba contando.
Lo tenía más o menos calculado. Llegaríamos a Port Angeles aproximadamente a las seis, el sábado por la tarde. Si ordenábamos rápidamente y comíamos con la misma prisa y omitíamos el postre, podríamos volver al hotel en unos noventa minutos y Edward podría estar dentro de mí en cinco minutos o algo así después de eso. Así que básicamente, Edward y yo podríamos estar 'haciendo el amor' a las siete y treinta y cinco el sábado por la noche.
Apenas podía contener mis ansiosos rebotes mientras estaba sentada en el restaurante con Edward el jueves por la noche y Rosalie tomaba nuestras órdenes.
"¿Por qué estás tan excitada?" Rose preguntó, al parecer notando mi entusiasmo.
Le sonreí ampliamente y reboté aún más en mi asiento. Rose sonrió con curiosidad.
"Solo ignórala," Edward le indicó, devolviéndole el menú. "Está siendo ridícula."
"Oh, ya sé," dijo Rose asintiendo. "Al fin te sientes emocionada por tu fiesta de compromiso, ya que solo está a un poco más de una semana."
"Oh sí. Por eso estoy emocionada." Resoplé y rodé los ojos.
Todavía creía que era ridículo tener una fiesta para un 'compromiso' que solo duraría el tiempo que Edward decidiera quedarse conmigo. Podrían ser años, o solo podrían ser meses. Pero ya había aceptado ese hecho. Le permití entrar y ahora estaba totalmente a su merced.
Edward sonrió con suficiencia y Rosalie se alejó riéndose.
"Cuarenta y nueve horas y veinticinco minutos," canturreé del otro lado de la mesa.
Edward sacudió su cabeza sardónicamente. "¿Y si quiero pastel de chocolate después de la cena?"
"Tú no comes pastel de chocolate," le respondí. Ya le había informado a Edward mis cálculos y sabía que me estaba tomando el pelo.
"¿Y si el camarero se tropieza tirando nuestro platillo principal y tienen que preparar todo de nuevo desde cero?"
"Los demandaré por gratificación retardada."
"¿Te refieres a que van a hacerte esperar por tu comida?"
"No. Me refiero a que van a hacerme esperar a que te muevas dentro de mí."
Edward se atragantó con el agua que había estado bebiendo, y me reí entre dientes. Se lo tiene merecido por tomarme el pelo.
Me sonrió con suficiencia. "Vamos a cambiar de tema antes de que nos avergüence en este restaurante al hacer algo… indecoroso, y que Emmett y Rose nos veten de aquí para siempre. ¿Has pensado un poco más en lo que hablamos esta tarde? ¿Sobre que termines tus créditos?"
Suspiré. "Edward, te lo dije, esa no es mi vida. No necesito una carrera." Me encogí de hombros.
"Todos necesitan una carrera, Bella," me contradijo, recargándose en su silla.
"Bueno, esa no es una opción para mí," le dije de forma concisa. "¿Adivina que hizo hoy el pequeñín?" Inicié una conversación sobre la última travesura del pequeñín, y Edward me dio una mirada que decía que sabía exactamente lo que estaba haciendo. Pero debe haber estado hoy de buen humor porque no insistió.
Cuando llegó nuestra comida la consumimos rápidamente y con entusiasmo, como si estuviéramos practicando para el sábado por la noche. Los dos compartimos nuestros platillos, de la forma en que solíamos hacerlo ahora; Edward le daba unas cuantas mordidas a mi hamburguesa, o papas, o alitas y cosas así, y yo tomaba un poco de su ensalada o salmón, o cualquier platillo consciente de su salud que él hubiera seleccionado para esa noche. De esa forma los dos teníamos lo mejor de ambos mundos; algo delicioso y algo saludable. Era como parecíamos funcionar en todo: él tomaba un poco de mí y yo tomaba un poco de él.
Cuando dejamos el restaurante me sorprendió cuando él tomó la carretera para salir del pueblo en vez de dirigirse a su departamento, lo que habíamos estado haciendo las últimas noches.
"¿Vamos a volver a casa de tus padres esta noche?" Pregunté.
"No, no exactamente," respondió vagamente mientras sus labios se retorcieron un poco.
Entrecerré los ojos al ver lo misterioso que estaba, preguntándome por qué omitimos mi parte favorita de la noche. Verán, todas las noches nos divertíamos un poco más y más. Anoche le había dado otra maravillosa, erótica y deliciosa paja, y él correspondió al deslizar un par de dedos en mi interior mientras chupaba mis pechos. Muy, pero muy delicioso. A medida que las noches transcurrían habíamos perdido cada vez más ropa mientras retozábamos juntos. Anoche por ejemplo, solo permaneció la ropa interior. Pero era una prenda importante, porque ambos sabíamos que una vez que nos quitáramos eso, todo podía pasar. Había estado deseando que anoche nos la quitáramos, pero por desgracia, no pudo ser. Tenía que esperar otras… cuarenta y ocho horas y quince minutos.
Honestamente, había llegado al punto en que no estaba segura cómo duraría hasta el sábado. ¿Tal vez él también pensaba lo mismo, y era por eso que no nos llevaba de vuelta a su casa? O tal vez estaba demasiado cansado para siquiera juguetear esta noche, aunque se veía bastante energizado durante la cena. La mayoría de las noches, Edward estaba exhausto cuando terminaba su turno, y aunque yo estaría más que de acuerdo con solo relajarme junto a la piscina o acostarme en su sofá—o su cama—últimamente me estaba llevando más a pasear. Me hacía sentir un poco culpable porque sabía que él estaba cansado.
Lo amaba muchísimo; más de lo que podría haber imaginado amar a alguien—incluso más… sí, incluso más de lo que había amado a Jamie. Y la cosa era que, estaba casi segura que Edward me amaba también. Sí, teníamos diferentes puntos de vista sobre nuestro futuro, pero estaba segura que podríamos hacerlo funcionar si realmente ambos lo deseábamos. Sería como acordábamos todo lo demás; como qué comer en la cena, y qué tan lejos llegaríamos por la noche. Quizás él en realidad no necesitaba del cuento de hadas para ser feliz. Tal vez una de esas extrañas rimas infantiles sería suficiente.
Estaría casi completamente convencida de que podríamos hacerlo funcionar, sino fuera por un par de cosas:
La primera: el fantasma que aún rondaba en los bordes exteriores de nuestro pequeño mundo—como un recuerdo que no podía ser borrado por completo.
Bree.
Todavía estaba ahí; la otra noche había probado eso. Con suerte, ya no más como el objeto de su deseo, pero él aún pensaba en ella. Saber eso me dolía físicamente, ¿pero qué más podía esperar? Habían estado juntos por casi una década, y ahora él trabajaba muy estrechamente con ella, la veía todos los días, y yo estaba segura que ella todavía lo deseaba. Pero él juraba que ya no la quería, y tenía que creerle. Solo podía esperar que sus sentimientos conscientes correspondieran a aquellos en los rincones más profundos de su subconsciente, especialmente ahora que sabía lo mal equipada que siempre había estado ella para darle su felices para siempre. Ella lo traicionó; traicionó su confianza y su amor. Y yo todavía no estaba segura si era algo que él necesitara saber, y si sí, si necesitaba saberlo de mí.
La segunda: el único gran secreto que él parecía no haber descifrado sobre mí; por qué necesitaba tanto a Jamie. Quería saber por qué había dejado la universidad, por qué nunca me quedaba en ninguna parte después, y sabía que él llegaría a sus propias erróneas conclusiones en algo de eso. Pero yo no podía aclarárselo, no todavía, porque entonces sabría cuánto poder realmente tenía sobre mí. Él temía que yo me iría, pero no se había dado cuenta que lo más fundamental—era que todo estaba en sus manos.
OOOOOOOOOO
Edward se detuvo en la desierta línea costera muy por debajo de los acantilados donde por lo general nos quedamos él y yo. Antes de abrirme la puerta, sacó una manta y un par de toallas que no había visto en el asiento en la parte de atrás. La manta la extendió sobre la arena húmeda, las toallas las metió debajo de su brazo.
"¿Qué vamos a hacer?" Pregunté, mi corazón revoloteando.
"Ya verás," sonrió con suficiencia, y entonces tomó mi mano y me condujo a través del bosque oscuro detrás de la costa. Serpenteamos por entre los espesos árboles y la hierba húmeda mientras el día que terminaba proporcionaba la luz suficiente para pasar. Pero Edward parecía ser un experto en el sendero, y pude darme cuenta por la forma en que me jalaba que incluso sin luz, él sabría hacia dónde se dirigía. Después de doblar unas cuantas veces más salimos a un pequeño claro, a mitad de camino hacia la cima. Miré por sobre el acantilado al río por debajo.
"¿Bueno?" Sonreí.
Frunció sus labios, pero sus ojos verdes brillaron con emoción. "Bueno…" Repitió, y luego bufó. "Vamos a saltar, pero desde aquí, no de allá arriba." Señaló con su pulgar a los acantilados más arriba.
Chillé y me lancé hacia él, casi haciéndolo perder el equilibrio.
"¡Espera!" Se rio entre dientes, "Todavía no estamos listos para hacerlo."
"¿Qué hacemos primero, contar hasta tres?" Pregunté, mientras él me volvía a poner sobre mis pies.
"Sí," sonrió, "entre otras cosas." Y con sus ojos fijos en los míos, y su boca curveada en una astuta sonrisa, empezó a desabrochar los botones de su camisa. Lo observé con fascinación mientras se la quitaba y luego su camiseta interior, antes de desabrochar el botón de su bragueta.
"¿Bueno?" Se rio con ganas. "¿Vamos a hacerlo o qué?"
Parpadeé y en seguida agarré la orilla de mi camiseta sin mangas, levantándola por encima de mi cabeza. Cuando descubrí mis ojos vi que Edward ya estaba en su bóxer, así que me apresuré a desabrochar mi bragueta y me quité mis pantalones cortos. Y entonces estábamos uno frente al otro en ropa interior. Sus fuertes hombros resplandecían con la puesta de sol, y su pecho tonificado subía y bajaba con cada respiración que tomaba. Era absolutamente hermoso. Exhalé de forma irregular cuando sus ojos recorrieron mi cuerpo de arriba abajo con admiración, y cuando dio un paso más cerca, dejé de respirar del todo.
Sus ojos oscuros se posaron fijamente en los míos mientras sus manos se movieron detrás de mí y con cuidado desabrocharon mi sujetador. Sus ojos no dejaron los míos cuando cayó, ni se desviaron cuando sus manos bajaron por mi espalda y poco a poco bajaron mis bragas por mis muslos hasta que cayeron el resto del camino por su cuenta.
Mi pecho se agitó con anhelo por todo lo que prometía ese momento. Por el amor que esperaba haber visto en sus ojos, por el deseo y la lujuria arremolinándose sombríos, francos y sin remordimientos. Con manos temblorosas lo alcancé y bajé su bóxer y lo dejé caer, y entonces descansé mis manos en su firme y suave trasero. Lo escuché inhalar bruscamente y luego también sentí sus manos en mi trasero, moviéndolas de un lado al otro con ternura.
"Dije que nunca te dejaría saltar de estos acantilados," dijo. Pude escuchar la forma en que tembló su voz. "Pero no quiero que esa palabra exista entre nosotros, Bella. Quiero que siempre haya opciones, y esperanza y la posibilidad de más entre nosotros."
Lo miré a los ojos, y en ese momento le habría dado lo que sea. Podría creer en más, en un futuro que nunca había imaginado para mí. Todo era posible cuando Edward me miraba de esa forma.
Sus manos apenas rozaron mis caderas, enviando una llama ardiente hacia mis muslos. Se mezcló con el ligero frío en el aire y de pronto estaba temblando. Pero entonces Edward tomó mi mano en la suya.
"¿Estás lista?"
Asentí.
Sonrió. "De acuerdo, sujeta mi mano, y ahora contamos hasta tres."
La emoción de todo lo que estábamos por hacer me golpeó con fuerza, y volví a asentir, esta vez con mucha más vehemencia. Edward nos giró hacia el acantilado.
"¡Uno, dos, tres!" Y entonces estaba volando, con mi mano envuelta en la suya golpeamos el agua fría y me sentí aterrada y eufórica a la vez a medida que llegábamos más profundo. Pero Edward me sujetó y emergimos juntos y antes de darme cuenta me guiaba de regreso a la costa.
Desorientada y petrificada, y más que con un poco de frío, Edward empezó a reírse y no pude evitar unirme a él. Llegamos al lugar donde había dejado las toallas y la manta, y me envolvió con fuerza en dos toallas antes de rodearme con aún más fuerza con sus brazos. Y con la evidente adrenalina que recorría su cuerpo descendió su boca en la mía y me besó con una pasión que me encendió.
"¿Cómo estuvo eso?" Murmuró contra mi boca, mientras gotas de agua de su cabello caían sobre mis hombros, enfriando mi piel ahora ardiendo.
"Delirante. Fantástico," susurré contra su boca. "Delirantemente fantástico."
Asintió de prisa y se dejó caer sobre la manta, llevándome con él. Mi cuerpo cargado de toallas cubrió el suyo mientras nuestras bocas y lenguas se encontraban una vez más. El sol había desaparecido y la noche y la brisa del océano se combinaron con frialdad, pero podría haber estado en un desierto ardiente y la piel caliente de Edward bajo la mía probaba que él sentía lo mismo. Yo estaba ardiendo, y las toallas eran demasiado y de algún modo me las arreglé para desenvolverlas y las arrojé a un lado mientras Edward y yo nos besábamos y nos mecíamos uno contra el otro—ambos sabiendo exactamente hacia dónde nos dirigíamos.
Él se sentó debajo de mí, su ardiente erección justo en mi estómago mientras sus manos se movían con impaciencia por mi espalda.
"¿Qué pasó con la cita?" Pregunté sin aliento mientras la boca y la lengua de él dejaban un sendero ardiente por mi garganta.
"Nada está escrito en piedra, Bella, quiero que recuerdes eso. Tenemos opciones, además, tengo un par de manzanas en el coche por si primero necesitas cenar," bromeó, y luego tomó mi pecho en su boca.
"Opciones. Está bien," conseguí murmurar, tomando su rostro entre mis manos mientras él chupaba ávidamente. "Y no. Sin cena." Él movió sus caderas y yo me balanceé precariamente sobre él. Sus ojos volvieron a subir, clavándose en los míos.
"¿Estás lista?" Preguntó despacio, y asentí antes de descender sobre él y gritar cuando se deslizó hasta el fondo. Edward gimió, y sus ojos nunca dejaron los míos, entonces el instinto tomó el control cuando me moví hacia arriba y hacia abajo. Nos besamos de forma deliciosamente descuidada como dos personas que no se pueden concentrar; con leguas y dientes estrellándose y luchando por la dominación mientras las caderas empujaban y se retiraban. Las manos de Edward agarraron mis caderas con firmeza, sujetándome perfectamente contra él antes de levantarme y bajarme y una vez que descubrimos el mutuo ritmo que disfrutábamos más, sus manos subieron por mis costados y tomaron mi rostro. Con el agua chapoteando y rompiendo detrás de nosotros y la brisa susurrando entre los árboles al frente, gritamos y gemimos. Y cuando sentí la urgencia de mecerme más rápido, empujé su espalda contra la manta y me enderecé sobre él, arqueando mi espalda para poder sentirlo en todos los lugares nuevos mientras sus manos recorrían libremente todo mi cuerpo, tomando mis pechos, tocándome donde estábamos conectados. Grité una vez más.
"Sí, Bella. Eres perfecta. Eres perfecta para mí, Bella."
Me mecí más de prisa, bajando mi boca a la suya, eufórica al sentir su pecho sudoroso contra el mío, al ver las líneas de placer puro en su frente.
"Edward," gemí. "Con más fuerza, Edward. Con más fuerza."
Me sonrió con picardía y entonces su sonrisa se hizo más grande, y por un momento fue claro; probablemente había querido hacerlo con más fuerza desde el principio, pero al estar acostumbrado a los jueguitos delicados de Bree no había estado seguro… Tendría que enseñarle.
Pero ahora empujó sus caderas con fuerza, tocando todos los lugares correctos. Las llamas lamieron de arriba abajo mis muslos y cuando grité esta vez, fue por un placer que era tan intenso que apenas podía ver.
"Sí, Edward. Así," grité, "justo así."
Edward me penetró de forma intensa y profunda un par de veces más antes soltar una palabrota en voz baja, relajándose y colapsando debajo de mí. Entonces yo colapsé sobre él; dos cuerpos sudorosos, relajados y jadeantes.
Mantuve mi cabeza en su pecho por un largo rato mientras Edward jugueteaba con mi cabello enredado y húmedo. Después de unos minutos, la brisa que tocaba nuestros sudorosos cuerpos me hizo temblar, y Edward estiró su mano y agarró las toallas, extendiéndolas sobre mí. Pero estaban húmedas y frías y me hicieron temblar aún más, así que me las quité.
"Tal vez debí haber pensado esto mejor," se rio entre dientes con aire de disculpa. El eco de su risa pasó de su pecho al mío, saciando mi alma.
Levanté mi cabeza y lo miré. Su cabello apuntaba en docenas de direcciones diferentes, y en la oscuridad sus ojos se veían negros. Pero sus labios estaban torcidos en esa sonrisa que amaba, y se veía saciado y más feliz de lo que se había visto desde el día en que lo conocí. Yo hice eso.
"Fue perfecto," le dije con honestidad.
Quería decirlo, y cuando él abrió su boca creí que también estaba a punto de decirlo.
"Sí, lo fue."
Volvió a tomar mi rostro y tiró de mí para encontrar sus labios, y ninguno de los dos dijo nada más por un largo tiempo después de eso.
…
¡Al fin! Sino los dos hubieran tenido una combustión espontánea jajaja. Porque vaya que les gustaba calentar el boiler sin meterse a bañar como diría mi abuela jejeje. Como se estaban torturando los dos, con esa química que hay entre ellos, tener que esperar a esa tan esperada cita, uff. Pero bueno, esa psicología que está empleando Edward por lo menos sirvió para darles lo que querían. Si se dieron cuenta de lo que está haciendo Edward, ¿verdad? Trata de mostrarle a Bella que aunque ella está segura que no puede ser el felices para siempre de Edward, tal vez lo es, tal vez esta vez pueda quedarse y formar una familia con Edward. ¿Creen que le funcione? Al menos Bella está considerando muy seriamente quedarse, todavía no vislumbra compartir ese futuro que Edward tanto desea, pero sí desea estar con él. Lo único que pone en peligro esa posibilidad… Bree. Ya veremos si se queda con los brazos cruzados viendo a Edward y a Bella tan felices. Espero que hayan disfrutado del capítulo y por supuesto, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y creen que ocurrirá ahora. Y así podremos leer pronto el siguiente ;)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: kaja0507, catita1999, bbluelilas, Nadiia16, Mapi13, JANETH A SANDOVAL, Jade HSos, Nanny Swan, Tata XOXO, Rosiichita, Isis Janet, BereB, paupau1, Gabriela Cullen, somas, injoa, Car Cullen Stewart Pattinson, Cinti77, arrobale, Paola Lightwood, Vianey Cullen, mariluiq, Marie Sellory, Manligrez, rjnavajas, PRISOL, Cary, Nitoca, Mamuelita144, Ross, Lizdayanna, alejandra1987, mrs puff, GZarandon, Adyel, Mafer, Twilightsecretlove, kasslpz, E-Chan Cullen, MajoRed, miop, NarMaVeg, lagie, saraipineda, bealnum, Sully YM, Sindey Uchiha Hale Malfoy, Ali-Lu Kuran Hale, hanna1441, tocayaloquis, Maryluna, EriCastelo, aliceforever85, krisr0405, Mio1973, tulgarita, Diana, Adriu, Liz Vidal, solecitonublado, Lady Grigori, Noriitha, glow0718, rosycanul10, Lectora de Fics, Twilight all my love 4 ever, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, espero que muy pronto. DEPENDE DE USTEDES.
