Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autora pattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)
Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM
Capítulo 21 – Libertad y honestidad
Bella POV
Cuando tenía seis años, encontré un pequeño pajarito en nuestro patio trasero. Una de sus alas parecía estar herida; colgaba inútilmente a su costado mientras gorjeaba con tristeza sin parar. Jamie me ayudó a meterlo a la casa, y reunimos unas camisetas viejas y unos cheerios y tocino, y le di a ese pajarito nuestra versión de refugio y comida. Le cantamos y le contamos chistes, y todas las noches le llevábamos un poco de nuestra cena hasta que sus tristes gorjeos se hicieron más felices, y empezó a mover cada vez más el ala inútil. Le compré una jaula y lo puse ahí antes de que pudiera alejarse volando de mí porque para entonces Jamie había perdido el interés.
Verás, había una chica pelirroja llamada Victoria, creo, que acababa de mudarse un par de casas más abajo.
Como sea, el pajarito era todo mío ahora, pero volvió a quedarse callado y parecía inquieto en su jaula, y una noche le pregunté a Jamie si sabía qué podría estar molestándolo.
"Tienes que dejarlo ir, Bella," me dijo Jamie, "para que pueda saber si quiere estar solo allá afuera o aquí contigo."
No quería dejar ir a mi pajarito, pero Jamie me dijo que si amas algo, si realmente lo amas, tienes que dejarlo libre. Si vuelve a ti, es tuyo. Si no, nunca lo fue.
Así que dejé ir a mi pajarito, pero fue solo unos días después que fui a quedarme con mi abuela, por lo que no sé si en realidad volvió.
No puedo dejar de preguntarme si alguna vez habrías vuelto…
OOOOOOOOOO
EPoV
Todo se sentía surrealista, ensombrecido por la visión borrosa y sonidos distantes que sueles tener cuando algo en realidad no está ahí. Podía escuchar su voz, pero se escuchaba muy lejos. Sus caricias apenas perceptibles me dejaron anhelando más y carecían del adictivo ardor que siempre producía su toque. Con todo, sentí la ahora conocida hinchazón entre mis piernas.
Era porque estaba soñando con Bella—una ocurrencia que a estas alturas no era nada fuera de lo ordinario, pero algo de este sueño en particular se sentía… extraño. Algo me molestaba en mi subconsciente, como si lo que sea que hubiera estado soñando antes no había sido exactamente placentero y de algún modo había dejado ese sueño… contaminado. Y aunque estaba en alguna parte entre consciente y no del todo, una parte de mí sabía debía haber sido capaz de sentir realmente a Bella, de tocarla de verdad con solo estirar mi mano. Pero mis extremidades se sentían pesadas como el plomo, y con cada intento que hacía por verdaderamente sentir su calor encontraba su lugar… frío y vacío.
Fruncí el ceño, abriendo mis ojos.
El fuerte trueno que hizo vibrar las ventanas me distrajo por un segundo del espacio vacío a mi lado, del que mi mano volvió sin nada. La marca en medio de la almohada de Bella señalaba el lugar donde había descansado su cabeza; de su lado, las mantas eran un enredo. Tendía a dar vueltas en la cama. Incluso descansando estaba inquieta.
"¿Bella?" La llamé.
No recibí respuesta. Rascando perezosamente mi estómago desnudo con mis dedos y con un gran bostezo extendiéndose en mi rostro, dirigí mis ojos hacia los brillantes números verdes en el reloj alarma que ahora me informaba que tenía que estar en el hospital en poco más de una hora.
"¿Bella?"
Seguí rascándome, con fuerza, enterrando las puntas de mis dedos en cada surco al levantarme y caminé en silencio hacia el baño, tocando en la puerta cerrada.
"¿Bella?"
Nada.
Caminé por el departamento, encendiendo las luces al hacerlo. Las mañanas claras y soleadas habían dado paso al típico amanecer oscuro y lluvioso de Forks que proyectaba tenues sombras sobre todo, forzándome a entrecerrar los ojos para distinguir cada figura. Una o dos veces volví a mirar, pensando que la había visto por la esquina de mi ojo, que había captado su aroma más intenso en ciertos espacios donde tendía a estar más tiempo; la sala, la cocina. Incluso el departamento olía diferente desde que ella se mudó—de algún modo más dulce, más suave. Más como un hogar en vez de solo un lugar para dormir entre las horas de hospital.
No fue hasta que me di cuenta que su mochila no estaba sobre la silla junto a la puerta—donde normalmente estaba—que la inquietud se transformó en algo más intenso.
Con un ritmo cardíaco acelerado, busqué en cada rincón del departamento, ya no a ella porque ahora era claro que no estaba en casa—sino la mochila que Jamie le había dado cuando era niña.
"No puedo irme sin mi mochila…"
"Joder, ¿dónde está?" Murmuré con ansiedad, abriendo de golpe las puertas cerradas, asomándome bajo la cama y dentro de la alacena de la cocina. Cuando la búsqueda falló me senté en el suelo y cerré mis ojos, tratando de permanecer racional.
Porque estaba siendo ridículo, ¿verdad? Probablemente había ido a la tienda por leche o algo, o a correr temprano por la mañana. ¿Y qué si eran cosas que nunca antes había hecho? Bella no haría esto. Me prometió que no haría esto.
Corrí hacia el móvil en mi mesita de noche y marqué su número.
No hubo respuesta.
"Mierda," murmuré, tragando con una garganta seca. Colgué y marqué el número de Jake.
"Jake, ¿has tenido noticias de Bella?" Pude escuchar los nervios en mi voz.
"¿Cuándo, esta mañana?" Su voz sonó áspera y desconcentrada. (No me importaba qué dijera el cabrón; era un día raro cuando estaba despierto antes del mediodía.)
"Sí."
"Uhmm… no. La última vez que supe de ella fue ayer en la noche. Dijo algo sobre hacer tacos de tocino. Viejo, será mejor que vigiles a esa chica cuando se haga mayor," bostezó. "Sus niveles de colesterol están—"
"Tengo que irme, Jake."
Ahora marqué el número de la casa de mis padres.
"Mamá, ¿está Bella ahí?"
"¿Aquí?" Esme se escuchó confundida. "No lo creo. ¿Por qué estaría ella—?"
"Mamá, puedes revisar… ¿por favor?"
"Por supuesto," respondió con calma, aunque estaba seguro que había captado el borde de pánico en mi tono. No era como si estuviera tratando de ocultarlo en ese momento. "Espera, cielo."
La escuché moviéndose y cuando volvió en línea su voz era un suave susurro. "¿Edward? Sí, ella está aquí, cielo. Dormida en su cama. En tu vieja cama, debería decir," se rio entre dientes. "¿Ustedes dos discutieron? Solo faltan unos días para la fiesta de compromiso. No es un buen momento para empezar a discutir, mi amor," me advirtió juguetonamente.
Cerré mis ojos, sintiendo que se relajaba cada músculo de mi cuerpo.
OOOOOOOOOO
Sí, estaba encabronado—más conmigo mismo porque no era culpa de Bella que hubiese llegado a conclusiones tan jodidas. Solo porque Bree me abandonó una vez sin contemplaciones, no significaba que Bella lo haría. Y solo porque Bella se había escapado de Felix sin miramientos no significaba que lo haría conmigo. Además, lo que Bella y yo teníamos era completamente diferente de esas otras dos relaciones jodidas que habíamos tenido antes de encontrarnos el uno al otro. Esa comprensión me hizo sonreír; aunque era cierto que seguía molesto.
Pero mientras me abría paso por los serpenteantes caminos forestales hacia la casa de mis padres, estaba más confundido que otra cosa. Quiero decir, ¿por qué demonios había dejado Bella nuestra cama en algún momento de la madrugada en primer lugar—sin decirme nada, claro está—y terminó de vuelta en casa de mis padres? Habíamos tenido una noche maravillosa—unas noches maravillosas para ser exacto. Nunca me había sentido tan alegre en mi vida. Y el sexo… Jesús, no había palabras. Nunca había sentido ni la mitad de las cosas que sentí cuando le hice el amor a Bella. Nunca supe que podía ser tan satisfactorio; las diferentes posiciones y la franca libertad para decir lo que quiera y que ella me diga abiertamente lo que quiere. Nunca había sentido tanta alegría.
Nunca pensé que podría correrme con tantas ganas.
Pero aparentemente, dejar nuestra cama a primeras horas de la mañana no había sido nada para Bella, al menos no en base a la voz animada que emanaba del patio trasero mientras subía por el camino de entrada. Pero aunque obviamente había estado molesto, la mayor parte de la irritación se desvaneció con ese sonido. Su voz, su risa tenía una forma de relajarme, de soltarme. Sí, me había dado un susto de muerte, pero ella estaba bien. Me consolé con ese hecho mientras me abría paso a través de la hierba húmeda y lodosa hacia el patio trasero.
Bella estaba junto a la piscina, en su pequeñísimo bikini rojo y gafas oscuras—aunque no había sol esta mañana y una brisa fría soplaba muy insistentemente. Y mientras ella yacía en una tumbona con el rostro hacia el cielo como si el sol irradiara rayos de calor directamente sobre ella, yo lucía una chaqueta deportiva. La ansiedad todavía revolvía mi estómago al acercarme, pero simplemente no pude evitar notar lo deliciosa que siempre se veía con esas dos piezas. El verano inusualmente cálido había dejado su cuerpo con una luminosidad igualmente cálida—no podía negarlo, sin importar las muchas veces que tuve que recordarle ponerse su protector solar. Viéndola ahora, con sus mullidos pechos, su pequeña cintura y sus piernas bien formadas—una de ellas levantada y doblada por la rodilla—me recordó cómo se sintió anoche su cuerpo contra el mío, cómo se sintió estar complemente rodeado por ella, llenándola. La forma en que sus labios se abrieron y formaron una hermosa 'o' cuando se corrió, la forma en que me sujetó con fuerza y siguió montándome cuando fue mi turno, en vez de solo quedarse ahí acostada como si no pudiera esperar a que yo terminara ahora que ella lo había hecho.
Estaba al teléfono. Cuando llegué con ella, me quité mi chaqueta y la coloqué sobre sus hombros, porque así de cerca podía ver su piel erizada. Se asustó y se volvió hacia mí, sonriendo y quitándose las gafas de los ojos. Envolví su cabeza con mis manos y besé la cima, dejando que mis labios permanecieran sobre las sedosas hebras, inhalando el aroma que realmente había extrañado esta mañana. Tomando asiento en la tumbona frente a ella.
Levantó un dedo indicándome que esperara. Asentí y bajé la cabeza, descansando mis brazos en mis piernas mientras esperaba.
"De acuerdo, entonces, ¿usted me avisará?" Dijo al teléfono.
"¿Cuánto tiempo cree que se lleve eso?"
"¿Qué necesitaría de mí?"
"¿Lo cubrirían todo si decido hacerlo de esa forma?"
Fruncí mis cejas.
"¿Para cuándo necesitaría mi respuesta?"
"Entonces, ¿cuál es el nombre del caballero con el que tengo que hablar?"
"Está bien, entonces esperaré a tener noticias de ustedes dos."
Su conversación llegó a su fin, y colgó. Levanté mi cabeza y la encontré mordiendo su labio con aire pensativo antes de mirarme a los ojos, sonriendo otra vez.
Bien, empezaría con algo inofensivo. "¿Qué estás haciendo aquí afuera?"
Volvió a levantar su cabeza hacia el cielo, con la sonrisa aún en sus labios. "Viendo si puedo tomar los últimos rayos del verano."
"Creo que es seguro decir que te los perdiste, amor."
"Mm. Sí, tal vez. Me pongo muy pálida en el invierno, muy pastosa y meh."
"Todavía queda tiempo para que te preocupes por eso. Y nunca podrías verte pastosa, de todos modos. O meh."
Se echó a reír. "¿Acabas de decir meh? Y sí, no me pongo pastosa."
"Ya veremos."
"Mm. Gracias por la chaqueta, por cierto. Está un poco frío, supongo."
"Sí, lo está. Tus pezones se ven."
Se rio entre dientes con muchas ganas al escuchar eso, arqueando su espalda. "Pervertido. ¡Solo tú notarías eso!"
"Es difícil no hacerlo en ese traje de baño."
"¡Pensé que te gustaba mi traje de baño!"
"¿De verdad vamos a sentarnos aquí y pretender que no te escapaste del departamento a primeras horas de la mañana sin decir nada?"
Suspiró, manteniendo sus ojos hacia el cielo. Los dos nos quedamos callados por un minuto.
"Oye, ¿adivina con quién estaba hablando? La señorita Cope," se respondió a sí misma.
Asentí. "¿Qué dijo ella?"
No respondió de inmediato, pero entonces lanzó abruptamente sus piernas hacia un lado y se sentó, metiendo sus brazos dentro de las mangas de la chaqueta y ciñéndola a su alrededor de modo que solo permanecía desnuda de sus muslos para abajo. Las mangas le quedaban largas así que envolvió sus manos con los extremos. No sé cómo se las arregló para verse aún más sexy que antes, con todo su cabello suelto y volando ligeramente en la brisa, como la publicidad de una revista para una chaqueta deportiva que cualquier hombre en su sano juicio ahora compraría solo para que su novia la use con nada más que un bikini rojo debajo—si esa novia se paciera en algo a Bella, lo que no era probable.
Pero mantuve mis ojos en los suyos mientras ella me sonreía. A estas alturas conocía a Bella lo suficiente para saber que no le sacaría nada hasta que ella estuviera lista, así que mejor tomaríamos la ruta indirecta.
"De acuerdo," dijo, sonando de pronto más animada, "decidí escucharte y explorar todas mis opciones. Escucha lo retrasado que está el sistema social del estado de Arizona," se rio entre dientes. "Puedo volver al estado de Arizona el mes próximo y terminar ahí mi carrera, y el estado cubrirá mi matrícula y hospedaje y me pondrá en contacto con el terapeuta que estaba viendo antes—un tipo muy aburrido, por cierto," rodó los ojos. "Pero si quiero transferirme a una universidad fuera del estado como a Seattle en el estado de Washington, van a transferir mis créditos pero no pagarán para que termine ahí. ¿No es eso una completa locura?"
Sonreí con suficiencia porque con la matricula pagada o no, Seattle sonaba muchísimo mejor para mí que el que regresara a Phoenix. "Una completa locura," concordé, "pero supongo que quieren mantener a los mejores y más brillantes cerebros en el estado." Puso los ojos en blanco. "Bella, te ayudaré con la matricula si quieres ir a la universidad en el estado de Washington."
"¿Sabes?" Sonrió con sorna, acercándose a mí. Su dulce aroma flotó en mi dirección, e inhalé ávidamente—"Sé que probablemente es difícil para ti imaginarlo, en base a la existencia de vaga en la piscina que he llevado este verano, pero he conservado un trabajo o dos en mi vida." Me guiñó un ojo y retrocedió.
"¿Ah, sí?" Le sonreí en respuesta, tratando de mitigar un poco la tensión en el aire. Me sonrió con suficiencia. "¿Pudo ofrecerte otras opciones la señorita Cope?" Pregunté.
Sostuvo mi mirada en silencio antes de volver a recostarse en la tumbona, una vez más tomando su posición de adoradora del sol, esta vez poniendo las manos detrás de su cabeza y cerrando los ojos, doblando ambas piernas por las rodillas.
"Sip. Puedo seguir viviendo la buena vida aquí en Forks mientras termino mi carrera en línea. Ellos pagarán por los créditos y en ambos, ella dijo que podía encontrarme un terapeuta en el área. Me pregunto si mi nuevo terapeuta estaría dispuesto a tener nuestras sesiones junto a la piscina." Musitó con aire pensativo.
"Definitivamente sería una ventaja para ti y tu terapeuta," bromeé.
"Totalmente," concordó. "Tal vez entre las clases en línea y las citas con el loquero junto a la piscina, puedo ser camarera en The Grille, o cuidar del pequeñín. No puedo ser una vaga de piscina para siempre. Oye, ¿crees que Emmett y Rosalie me pagarían por ser la niñera de Brady?"
"Parece que estarás ocupada. ¿Crees que podrás encontrar tiempo para mí entre tus clases, las sesiones en la piscina, y siendo camarera y niñera?" Bromeé.
Si eso era lo que la había estado molestando, entonces estábamos bien. Estaba preocupada por la escuela, y al parecer la señorita Cope le había dado una opción realmente excelente. Nada tendría que cambiar ahora, y este sábado por la mañana le daría el anillo, y…
"Tal vez," dijo evasiva con una sonrisa irónica, levantando su barbilla hacia las nubes. "Creo que te he mimado."
Incapaz de resistirme a ella por más tiempo, estiré mi mano y descansé mi palma en su muslo desnudo, frío al tacto, pero a medida que mi mano se movía de arriba abajo disminuyó la piel erizada y se calentó.
"Me has mimado," susurré. "Pero me gusta la forma en que me mimas. De hecho, me encanta."
"Mmm," murmuró, bajando una mano y envolviendo la mía, sujetándome con fuerza mientras la acariciábamos suavemente. Me acerqué a la boca que había estado anhelando toda la mañana—perfecta y carnosa.
"Bella, si eso era lo que te preocupaba…"
"Y no pagarán la universidad fuera del estado, pero escucha esto. La señorita Cope dijo que hay un programa para estudiar y trabajar en el extranjero para el que probablemente calificaría si estaba interesada." Me alejé de ella para permitirle terminar. "¡Te lo digo, esos programas sociales están todos mal! ¡Pagarían porque fuera a estudiar a Siberia pero no a Seattle!" Sacudió su cabeza y volvió a reírse entre dientes.
"Dudo que te gustara Siberia. No usarías mucho tu bikini por allá," sonreí.
"Sí," reflexionó distraída mientras nuestras manos frotaban círculos alrededor de su muslo. "Siberia, ni pensarlo. Tal vez podrían enviarme a algún lugar más cálido, como el Sahara."
Me volví a acercar a su boca, apenas rozándola. "El Sahara es frío por las noches, amor."
Sus labios se movieron suavemente con los míos, con sus ojos todavía cerrados. Gemí y me arrodillé en el suelo para alcanzarla mejor, agarrando su rostro con una mano—tan suave y cálido.
"El Sahara no, entonces," aceptó entre alientos robados contra mi boca. "La Riviera Francesa. O la Toscana."
Resoplé, chupando con dulzura su labio inferior. "La Toscana—eso sería conveniente," bromeé.
"Lo sería," susurró tan bajo que apenas la escuché.
Me reí entre dientes y subí aún más mi mano errante en su muslo, preguntándome si me dejaría que hiciera que se corriera aquí. Sí, lo haría. Estábamos solos, fuera de la vista de cualquiera si salían—simplemente me detendría antes que alguien pudiera ver lo que estaba pasando, pero Dios quería ver esa hermosa expresión de placer en su rostro. La simple anticipación me endureció al instante.
"Sabes que te llevaré a la Toscana tan pronto como pueda salir de nuevo," le ofrecí mientras mis dedos se deslizaban más arriba. Su respiración se atoró y sonreí.
"Pero si el estado está dispuesto a pagarlo, no tendrías que hacerlo," apenas dijo entre su aliento.
Me congelé, mis dedos deteniéndose justo en la orilla de su lindo bikini rojo.
Abrió sus ojos y se me quedó mirando mientras yo retrocedía y la miraba a los ojos.
"No estás considerando realmente esa opción, ¿o sí?"
"Sabes que siempre he querido ir a la Toscana. E ir a la escuela ahí me parece… divertido. Son solo opciones, Edward; cosas para que las considere—para pensarlas, justo como dijiste."
Me sentí como si me hubiera golpeado un autobús que no había visto venir. "Está bien." Exhalé a través de mis labios entrecerrados. "Si eso es lo que realmente quieres hacer, probablemente podría arreglármelas para ir un par de fines de semana entre ahora y el Día de Acción de Gracias," especulé, "y quizás una semana completa para el—"
"No tendrías que hacer eso, Edward."
Entrecerré mis ojos. "¿Qué se supone que significa eso?"
"Solo eso… no me gustaría que sientas que ir a verme es algo que tienes que hacer." Se encogió de hombros y desvió la mirada, jugueteando con un hilo suelto de cojín de felpa de la tumbona.
Tragué contra la repentina sequedad en mi garganta y esperé a que se levantara de un salto y me dijera que estaba bromeando, tomándome el pelo, para estallar en risitas y señalarme con un dedo, gritando, "¡Te engañé!"
Pero no lo hizo.
"Bella, todo estaba bien anoche y luego está mañana—"
"Dijiste su nombre, Edward." Volvió sus ojos nuevamente hacia mí y me sonrió otra vez, pero esta vez fue muy débil, y sus labios temblaron un poco. Me rompió el corazón aunque sinceramente no tenía idea de qué, por todos los cielos, estaba hablando.
"¿Qué?" Escupí.
"Anoche, mientras dormías," susurró, "pronunciaste el nombre de Bree."
Me tomó unos segundos procesar sus palabras porque no tenían absolutamente ningún sentido, y al mismo tiempo sacudía la cabeza. "No."
"Sí, Edward," me contradijo asintiendo levemente, levantándose sobre un codo.
"No." Seguí sacudiendo mi cabeza bruscamente. "No pude haberlo hecho. Debes haber estado soñando, o lo imaginaste-"
Me sonrió otra vez y tomó una respiración realmente profunda. "No, Edward," dijo entre su aliento. "Tienes una foto de ustedes dos, en tu cajón de los calcetines. No estaba revisando tus cosas," sacudió su cabeza con urgencia, con sus ojos amplios, "pero la encontré ayer cuando estaba guardando la ropa limpia."
¿Quieren saber lo peor? No había ira, ni acusación cuando me dijo esas cosas—sola una tristeza silenciosa que seguía intentando ocultar con esa sonrisa triste. Al principio tampoco pude recordar la foto, pero entonces poco a poco vino a mí. La guardé cuando me mudé de vuelta de New Hampshire; un símbolo… un recuerdo… cuando aún era el tipo estúpido que creía que lo sabía todo, incluyendo cómo se sentía el real y verdadero amor. Pero no sabía nada antes de Bella.
"Bella," dije con ansiedad, "te lo juro; me había olvidado por completo de esa foto."
Ella se sentó de prisa y envolvió mi rostro con sus manos sorprendentemente frías mientras yo seguía de rodillas frente a ella. Después se rio un poco entre dientes. "Eso pensé, Edward. No estoy enojada contigo, lo juro, y no estoy demandando una explicación. Por supuesto que lo entiendo."
"Bella—" Dije con voz estrangulada.
"Shh," murmuró. Una de sus manos descendió de mi mejilla a mi mandíbula, bajando a mi manzana de Adán y más abajo hasta mi pecho, donde su palma finalmente descansó sobre mi corazón. "Estuviste con ella por casi una década. Seguramente… no la olvidarás de pronto."
Agarré su mano con la mía y la mantuve sobre mi pecho para que pudiera sentir la forma en que latía por ella. "Ella no está aquí, Bella. Tú eres la única aquí." La miré fijamente a sus ojos chocolate, hipnotizado por ellos, por el revoloteo de sus pestañas aún ahora. Parecía como si estuviera esperando algo, pero no estaba seguro qué.
"Te dije que me quedaría el tiempo que me quisieras, Edward," dijo finalmente, "pero tiene que ser real. Necesito que sea real."
Acerqué mi boca a la suya y no hubo nada dulce en la forma en que la besé. El fuego que siempre estaba ahí, esperando en el fondo para ser liberado solo cuando estábamos solos se apoderó de mí y esta vez mi boca se movió con la de ella de forma ardiente. Cuando separé sus labios, nuestras lenguas se encontraron la una a la otra con un ansioso frenesí que la hizo gemir, lo que a cambio despertó todos los instintos primitivos en mí para reclamarla porque ella era mía. Ella era mía, y me volvía loco y un salvaje en todos los sentidos que importaban, y sabía que eso siempre sería así. Lo acogía con agrado. Lo anhelaba.
"¿Sientes eso, Bella?" Pregunté contra su boca mientras las chispas fluían y el adictivo ardor nos llenaba de creciente necesidad. Asintió, con su pecho agitado y sus ojos bellamente deslumbrados. "¿Has sentido alguna vez eso?" Susurré. Sacudió su cabeza. "Es real. No puede ser más real."
La besé otra vez, pero se apartó abruptamente y bajó la vista al suelo entre nosotros, sacudiendo su cabeza rápidamente como si intentara aclararla.
"Tengo que estar segura." Susurró mesuradamente. "Antes de tomar una decisión sobre la escuela, tengo que estar segura." Sus ojos volvieron a elevarse hacia mí. "Voy a quedarme aquí nuevamente con tus padres, solo hasta esa tonta fiesta y… creo que no deberíamos vernos estos próximos días."
"¿Qué? ¿Por qué?" Pregunté, desconcertado.
"No te has dado tiempo, Edward," enfatizó. "Tiempo para pensar y simplemente… ser. Era ella y luego fui yo."
"No necesito tiempo," espeté. "¡El tiempo no va a cambiar lo que siento por ti!"
"Bien," se rio sin humor. "Son solo unos pocos días, Edward, hasta después de la ridícula fiesta. Nos dará a ambos un poco de tiempo para aclarar algunas cosas, y si nada cambia, entonces volveré al departamento y haremos el amor durante toda la noche," susurró con franco anhelo, "y ambos sabremos, sin lugar a dudas, que en cierta forma esto es lo correcto."
Sacudí mi cabeza, apretando la mandíbula desafiante. "Ya lo sé, Bella. No me importa lo que dije dormido; tú eres la única que siempre querré." La besé otra vez, esta vez con dulzura. "Estos labios son los únicos labios que siempre querré besar."
La miré a los ojos, ¡y Jesús! Deseé haber traído el anillo conmigo para poder habérselo dado justo en ese momento. Pero había dicho algo estúpido en mi sueño. Ella encontró una foto olvidada en mi cajón, y podía verlo en sus ojos; en algún momento entre anoche y esta mañana, lo había decidido.
Me devolvió el beso, con dulzura y lleno de disculpa. "Sabes que mi antigua yo se arriesgaría, Edward, y dejaría que las piezas caigan donde deban hacerlo. Pero esta yo, la que desea con toda el alma que esto entre nosotros funcione, necesita estar segura." Apoyó su frente en la mía, y ahora pude ver los círculos de cansancio bajo sus ojos oscuros.
Cerré mis ojos y resoplé. "Y mi antiguo yo habría sido el cuidadoso, el que le diera muchas vueltas. Pero este yo, el que sabe que lo que hay entre tú y yo es lo correcto, solo te quiere conmigo." Sacudí mi cabeza contra la suya y suspiré, abriendo mis ojos nuevamente. "Así que, ¿qué te parece si vuelves ahora, y hacemos el amor durante toda la noche?" Musité débilmente, acariciando su mejilla con el dorso de mis dedos y sabiendo ya su respuesta.
Cerró sus ojos por un momento, mordiendo su labio con fuerza como si tratara de enfocarse antes de reírse otra vez entre dientes nuevamente sin fuerzas.
Mi Bella—siempre con la alegría en su rostro, sin importar qué.
"Lujurioso pervertido," me acusó cuando volvió a abrir los ojos. "Ni siquiera es de noche."
Sonreí pese al dolor en mi pecho, pero luego la sonrisa se desvaneció porque simplemente no podía simular estar alegre tan bien como ella lo hacía. "Bella, no—no necesito—"
Su móvil vibró justo en ese momento y ella lo miró en seguida. "Es el decano que dijo la señorita Cope que me llamaría. Tengo que tomar esta llamada Edward, es importante, y tú tienes que ir a trabajar. Ya se te hizo tarde."
"Bella, no estoy de acuerdo con esto."
"Te llamaré, ¿de acuerdo?"
"¡Bella!"
Pero ya había contestado la llamada, y era importante para su futuro y además, sin decir otra palabra se puso de pie y se alejó, dejándome mirando sus piernas largas y desnudas y preguntándome cómo demonios terminamos aquí.
BPoV
Tamborileé mis dedos contra la mesa de plástico, exhalando con impaciencia mientras miraba por la ventana por enésima vez. El sol nunca hizo otra aparición desde la última noche que pasé con Edward, hace un par de días. La lluvia ahora cubría las calles. Pesadas gotas caían por el pavimento, sobre los coches en movimiento cruzándose frente al hospital. El lindo y animado pueblo que había descubierto hace casi tres meses, se veía ahora gris y sombrío bajo un cielo igual de descolorido, cada objeto mezclándose y perdiéndose con el siguiente.
O tal vez solo era mi estado de ánimo porque cuando finalmente la vi, podría haber jurado que el día ya de por sí sombrío, se nubló aún más. Las calles se oscurecieron. Las gotas de lluvia se expandieron y se hicieron más pesadas, el estruendo del trueno se escuchó con más fuerza contra las grandes ventanas de la cafetería. Todo el color restante se evaporó de mi entorno hasta que todo lo que quedó fue un pueblito monocromático.
Bree misma estaba vestida de blanco y negro, una de esas bonitas faldas negras que tendía a usar, con elegantes zapatos de tacón negros y una gabardina corta igual de elegante con una blusa de seda blanca que se asomaba por debajo. Su cabello lucía perfecto a pesar del clima de mierda—ni una hebra fuera de lugar. Siempre se veía muy bonita, muy bien vestida y arreglada y simplemente… en control. Como si incluso su cabello obedeciera a sus planes a largo plazo, a sus objetivos. Sin importar qué, tenía que reconocerle eso.
Seguí tamborileando mis dedos, incluso cuando se sentó frente a mí en la cabina, agarrando su cartera y colocándola cuidadosamente junto a ella, y luego se quitó su gabardina y la colgó delicadamente de los ganchos al final de la cabina. Mi mochila y mi sudadera estaban arrugadas a mi lado, todas mojadas. Me pregunté si a Jamie le molestaría su condición.
"Lamento llegar tarde," dijo en un tono evidentemente de disculpa, manteniendo la vista sobre la mesa entre nosotros, sobre todo en una pequeña mancha roja que yo había notado antes. Creo que era cátsup seca o algo que habían dejado ahí por demasiado tiempo y por lo tanto dejó una marca permanente—un analogía muy adecuada para este momento.
Bree continuó hablando. "Tenía algo de papeleo de último minuto del que hacerme cargo y—"
"¿Por qué lo engañaste?"
Sus ojos ya enormes se hicieron aún más, como dos platos en su rostro, aunque nos los quitó de esa pobre y desafortunada mancha. Y entonces abruptamente, sus hombros tensos parecieron soltarse.
"Wow, vaya que fuiste al grano."
"No tengo razón para no hacerlo."
Levantó su cabeza y sus platos miraron a los míos. "¿Lo sabe Edward?"
Sacudí mi cabeza. Nos fulminamos con la mirada la una a la otra en silencio.
"¿Planeas decírselo?" Preguntó finalmente.
"No creo que me corresponda hacerlo."
Se volvió a quedar callada por un rato, bajando su mano para enderezar su falda, para cerrar la cartera, no fuera a caérsele algo importante, para alisar su cabello mientras el mío estaba encrespado como el de una oveja en celo—oh bueno.
"Fue un accidente."
Resoplé, sintiendo el calor subiendo a mi rostro. "¿Un accidente? ¿Qué, te caíste sin querer sobre la polla de Mike con las piernas abiertas y sin bragas?"
Ella retorció su labio superior. "No tienes que ser tan vulgar al respecto."
"Oh, disculpa," gruñí, enderezando mi espalda y levantando mi barbilla arrogante, "No era consciente que hablábamos de un acto tan puro y solemne."
Sus labios se presionaron y apretaron en una línea plana, y las pequeñas y delicadas aletas de su nariz se ensancharon. "No me juzgues, Isabella," dijo apenas moviendo los labios. "No sabes nada de mi relación con Edward. Él no era el novio alegre y abiertamente cariñoso que parece ser contigo."
Quería decirle que sabía lo suficiente para entender que fue por su propia culpa. Pero no estaba aquí para eso.
"En primer lugar, no te estoy juzgando, Bree. En segundo, no estoy aquí para comparar notas sobre Edward, así que ni siquiera hablemos de eso. Lo que quiero saber es por qué," tragué grueso e intenté mantener mi voz calmada, "cuando es obvio que todavía lo deseas, lo engañaste y lo dejaste."
Sus platos se convirtieron en objetos voladores no identificados. No es broma.
Entrelazó sus manos frente a ella, sentándose derecha como una flecha; la postura perfecta de un médico bien entrenado. "Supongo que porque, en mi subconsciente, nunca fue mi intención que nuestro rompimiento fuera permanente."
Y con esas palabras me dejó sin aire. Pero volví a tragar y traté de respirar.
Sus ojos se pusieron vidriosos y su voz tembló un poco. "Hablo de que, Edward y yo éramos diferentes de lo que habíamos sido cuando empezamos, y pensé… bueno, cuando volví una vez a Forks de visita y él se quedó en New Hampshire, Mike y yo salimos por unas bebidas y…"
Me miró suplicante.
Rodé los ojos. "Ugh sí, lo entiendo; puedes guardarte los detalles morbosos."
"Fue diferente, Isabella. Siempre he sabido que le gustaba a Mike, y él era muy… diferente. Y después, cuando volví a New Hampshire…" Sacudió su cabeza y bajó la mirada.
"¿Por qué entonces no fuiste simplemente honesta con él? ¿Por qué no solo le dijiste lo que pasó y trataste de resolverlo?"
Su cabeza se levantó de golpe, tensa y enojada. "¿No lo entiendes? No quería resolverlo. Quería salir. Quería experimentar cosas con Mike y después si… después si…"
"Si las cosas no funcionaban, si satisfacías tu deseo de algo diferente," siseé, "volarías de regreso a los brazos abiertos y expectantes de Edward. Como un pajarito perdido."
Asintió, despacio, con una lágrima solitaria cayendo por su rosada mejilla. Pero no pude sentir ni una pequeñísima pizca de lástima por ella porque era de mi Edward de quién estábamos hablando; mi hermoso, dulce y aprensivo Edward, y que lo utilizara de esa forma partió mi corazón.
"Así que le ocultaste la verdad y lo dejaste colgando, solo porque necesitabas satisfacer tu deseo," sonreí con disgusto.
"Lo dices con tanto desprecio, Isabella." Limpió su lágrima con brusquedad. "Pero no fue como si tuviera la expresa intención de lastimar a Edward. Todos cometen errores y sí, fue un error, y debí haber hecho las cosas de otra forma, pero necesitaba encontrarme a mí misma, determinar qué era lo que yo realmente quería antes que pudiera darle el compromiso final que él anhelaba—matrimonio e hijos. Pero entonces tú apareciste y…" Resopló, "bueno, todo se volvió irrelevante, ¿no es así?"
Debo haber palidecido, mi rostro debe haberse decaído y el horror deber haber estado pintado en mi rostro—justo como si hubiese estado viendo esa película sobre esa chica de negro que salía del, bueno, ya saben, ¿la de la espeluznante cinta de video?—porque la expresión de Bree se tornó en una de confusión antes que la comprensión se extendiera lentamente por su rostro.
"Sí, Isabella," dijo con voz cansada. Tuve que admitir que no había animosidad detrás de sus palabras— solo tristeza y… arrepentimiento. "Edward y yo hablamos de matrimonio, hijos. Un niño y una niña—"
Fue como si una mano invisible agarrara mi pecho y lo apretara con fuerza entre sus gruesos dedos, recordándome de todo lo que le estaba robando a Edward, las cosas que ella había estado dispuesta a darle… y que yo nunca sería capaz de hacerlo, no con mi jodido pasado y mis miedos. ¿Y si le prometía un para siempre y no podía dárselo? Enfermedades, accidentes e… incendios, todos conspiraban para separarnos. Y Dios, niños… hermosos niños de cabello color bronce y ojos verdes dependiendo de Edward y de mí para mantenerlos a salvo… para mantenernos nosotros a salvo por ellos—niños encontrando su camino en el mundo completamente solos si alguna vez nos ocurría algo. Me estremecí.
"Te lo dije," la interrumpí, "No estoy aquí para discutir nada de eso."
"Entonces, ¿estás aquí para discutir qué, Isabella? ¿Por qué me pediste que te viera aquí?"
Debajo de la mesa, agarré los bordes de mi asiento para prepararme, y me recordé que más allá de cualquier cosa, deseaba la felicidad de Edward.
"Si amas algo, déjalo libre, si regresa…"
Sí, confiaba en que Edward era mío. Pero tenía que estar segura que incluso con toda la información, todavía volvería conmigo.
"Creo que deberías decirle a Edward."
Sus cejas se fruncieron, formando una marcada 'v' entre ellas. "¿Qué lo engañé con Mike? ¿Qué sentido tendría ahora?"
"No solo eso." Sacudí mi cabeza, y tomé una respiración profunda. "Todo lo demás. Lo que estabas pensando. Lo que todavía… piensas." Bufé con impaciencia.
Por un largo tiempo, Bree simplemente se quedó ahí, observándome con una expresión perpleja. "¿Estás… me estás dando una oportunidad de recuperarlo?"
"Demonios. No," siseé con los dientes apretados, ciñendo mi agarre en el asiento para impedir que ahorcara a una perra. "Edward es mío. No te estoy dando luz verde para nada," gruñí claramente. "Simplemente digo que creo que debes decirle la verdad, para que todos podamos dejar atrás esta mierda."
Se me quedó mirando con esos ovnis suyos, pero no respondió de una forma u otra.
OOOOOOOOOO
Encendí el radio a todo volumen de regreso a la casa de los Cullen, tratando de acallar mis pensamientos con esos de los cincuenta mejores artistas del billboard.
"… still stuck in that time when we called it love, but even the sun sets in paradise…"
Cambié de estación cuando cantaba Adam, a pesar del guapo espécimen que era.
"Don't wake me uuuuup…"
También cambié esa.
"Blow me one last kiss…"
Nop.
"They knew better, still you said forever, and ever. Who knew?"
"Ah cielos, Pink, cariño, no me estás ayudando."
Apagué la radio, y justo en ese momento sonó mi móvil con Claire de Lune.
Edward. Él mismo lo había programado.
Durante los últimos días, habíamos hablando por teléfono un par de veces al día. Pero quería darle espacio, incluso si no se daba cuenta que lo necesitaba. Y espacio suponía no contestar el teléfono cada vez que llamaba. De otro modo, ¿qué caso tendría esta corta pero tan dolorosa separación?"
Así que lo dejé sonar y que se fuera a buzón de voz, y joder, lo echaba tanto de menos que trataba de consolarme pensando que estaría súper orgulloso de mí por no contestar mientras conducía.
Pero para cuando llegué a la casa, sabía que algo estaba mal conmigo. Mis manos temblaban casi furiosamente, y sentía mi corazón como si tuviera una carrera de caballos cabalgando por el primer lugar dentro de mi pecho. Entré tambaleándome a la cocina, donde Entrometida estaba junto a la estufa y abrí rápidamente el refrigerador, agarrando una botella de agua. Pero ni siquiera pude abrirla. En vez de eso apoyé mi cabeza en la puerta de acero inoxidable y me quedé ahí, cerrando mis ojos contra el mareo que ahora me agobiaba.
"¿Bella?" Escuché a Esme acercarse. "Bella, cielo, ¿qué te pasa?" Sentí su mano en mi hombro.
"Esme, creo que me está dando un infarto," gemí con sinceridad, respirando a través de mis labios entrecerrados.
Tomó mi mano y con calma me llevó a la mesa de la cocina, ayudándome a sentarme en una de las sillas. Sentí su palma sobre mi frente, sus dedos en mi pulso, y luego una mano contra mi corazón que latía velozmente.
"Pon tu cabeza entre tus piernas, Bella," me instruyó con calma después de su inspección, "e inhala y exhala."
"Tal vez deberías llamar una ambulancia," jadeé, metiendo la cabeza entre mis piernas como me indicó.
"No tienes un infarto, cielo," dijo con gentileza, mientras yo trataba de controlar mi respiración. "Tienes un ataque de ansiedad. Solo inhala y exhala y estarás bien." Su mano acarició mi espalda.
Quizás fueron sus palabras, o la forma dulce en que las dijo—en la que siempre me hablaba a pesar de mi actitud fría y distante que había tomado con ella desde el primer día. Tal vez fue la sensación de su mano cálida en mi espalda, suave pero firme masajeando de arriba abajo— de la forma en que vagamente recuerdo a mi madre haciéndolo cuando me caí una vez de mi bicicleta y raspé mi rodilla.
Comencé a llorar.
Lloré y lloré, y todo el tiempo ella me decía dulces palabras tranquilizadoras que apenas podía escuchar a través de mis gritos, pero podía sentirlas en mi corazón, lo que solo me hacía llorar aún más. Y siguió acariciando mi espalda, y alisando mi cabello sin parar.
Y cuando finalmente me recuperé, me sonrió con ternura y acarició mi mejilla con el dorso de sus dedos.
"Esme," susurré, "¿puedo hablar contigo sobre algo, sobre algunas cosas en realidad?"
Ella respiró hondo, como si lo hiciera en alivio o algo así. "Por supuesto que puedes, cariño."
*Sniff* Se me hizo tan triste ver a alguien tan alegre como Bella así. Menos mal que Entrometida andaba haciendo lo suyo jejeje. ¿Qué tanto sabrá Esme? Es obvio que algo sospechaba, al fin madre. ¿Y qué será lo que Bella le va a contar? Mmm… ya lo veremos. Y bueno, creo que a estas alturas no solo queremos golpear a la perra de Bree, ¿verdad? Todo lo tenía perfectamente planeado, experimentaría con Mike y si eso era lo que quería se quedaría con él, sino, regresaría con Edward. ¬¬ ¡Yo la mato! Grrrr… En fin, al menos ya vio que lo perdió todo, porque Bella peleará por su hombre, ¿pero será que Bree le cuente a Edward que lo engañó con Mike? ¿Cómo reaccionará Edward? Bueno, les puedo decir que nos acercamos al punto álgido de la historia, capítulos muy decisivos. Como les dije, ya que este no se los di cuando debería, trataré de tenerles el siguiente para mañana. Como quiera, no olviden que estaré esperando sus reviews para saber qué les pareció, y como siempre, estos sirven de incentivo para echarle más ganas a la traducción, así que, usen el cuadrito al final del capítulo, escriban un gracias, un saludo o una carita feliz, o mejor aún, lo que les pareció el capítulo y den enviar. Ni siquiera tienen que estar registrados en FF, solo se requiere de unos minutos y su deseo de ser agradecidos :)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: BereB, JessMel4, somas, Tata XOXO, Vianey Cullen, Car Cullen Stewart Pattinson, Adyel, Paola Lightwood, tulgarita, Cinti77, sandy56, Aislinn Massi, Twilight all my love 4 ever, Gabriela Cullen, Lizdayanna, Adriu, Nanny Swan, mony17, PRISOL, rjnavajas, mariluiq, Melany, alejandra1987, NarMaVeg, glow0718, MAPI, ElisabethMasen, Isis Janet, Manligrez, krisr0405, kasslpz, Rosiichita, kaja0507, Liz Vidal, DarkLady-s93, Maryluna, natuchis2011b, Mamuelita144, aliceforever85, Jess Amador, miop, Lady Grigori, hanna1441, JANETH A SANDOVAL, mio1973, Ali-Lu Kuran Hale, rosycanul10, Cary, Nitoca, Noriitha, Marga, Lectora de Fics, saraipineda44, solecitonublado, EriCastelo, bbluelilas, bealnum, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, espero que muy pronto ;)
