Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autora pattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)

Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM


Canciones recomendadas para el capítulo:

Big Girls Don't Cry de Fergie

The Reason de Hoobastank

Capítulo 26 – Paz y fe

BPoV

Estaría mejor si hubiese pedido un aventón.

¿Meter unas cuantas docenas de cuerpos en un autobús por más de tres horas? Definitivamente, no es una buena idea.

Y luego está el número de paradas— ¡hombre! No es que no estuviera agradecida por los quince minutos o algo así cada par de horas para salir y estirar mis piernas—mis puntos me dolían como una perra—pero si se nos iba a torturar con todos esos interesantes olores de todos modos, no habría sido mejor terminar de una sola vez—como cuando quitas una bandita, ¿sabes?

Así que no, este viaje en autobús NO hizo mucho por mejorar mi habilidad de respirar; tuve que seguir tomando esas súper largas bocanadas para meter el suficiente aire en mis pulmones para apenas funcionar. Por otro lado, tal vez el problema era que había dejado mis pulmones en un pueblito muy al norte.

Conseguí un asiento con ventana para poder ver el paisaje y perderme en el entorno que pasaba—las imponentes montañas de Washington; los serpenteantes ríos de Oregón, muy pacífico, pero hasta ahora ninguno había calmado la agitación en mi corazón; nada de eso había ayudado con mi problema para respirar. Tal vez cuando estuviera en un continente diferente—rodeada por la belleza y la historia del viejo mundo—finalmente encontraría la serenidad para mis emociones; finalmente recuperaría mis pulmones.

¿Quizás si fumaba un cigarrillo?

Una suave vocecita en mi interior me susurraba que eso no ayudaría. No mucho lo haría.

Como alrededor del mediodía, nos detuvimos para cambiar de autobús en Portland. Luego tuvimos una parada de media hora por la tarde en Medford. Hice una rápida visita a la farmacia al otro lado de la calle y compré algo de aspirina para mi pierna y mi cabeza adoloridas, y entonces corrí a la otra esquina para la parada obligatoria en McDonald's. Picoteé distraídamente mi ensalada, aun cuando tenía esos pedazos de crujiente tocino que se veían deliciosos nadando alrededor. Pero junto con mis pulmones, también debo haber dejado mi apetito.

Después de una pausa de cinco minutos para el baño para lavar mi rostro y enjugar mi boca, volví a subir, gratamente sorprendida de ver que mi compañero de asiento había cambiado; había sido un hombre oloroso no muy agradable de unos cuarenta años o algo así, que roncaba ruidosamente y seguía quedándose dormido sobre mi hombro mientras murmuraba "mami". Como sea, había sido reemplazado por una mujer que parecía fiable casi cerca de sus setenta. Olía bien, y cuando le pedí si me permitía volver a mi asiento, me sonrió amablemente.

"¿Y hacia dónde te diriges?" Preguntó, como si hubiéramos estado en medio de una conversación.

"A San Francisco," le medio sonreí.

"¡Yo también!" Sonrió. "Mi hijo y su familia viven allá. Acaban de tener un nuevo bebé y voy a ir a quedarme con ellos hasta que mi nuera esté de pie nuevamente." Se acercó y bajó la voz. "Entre tú y yo, creo que ella solo sigue teniéndolos para no tener que hacer nada en la casa. ¿Qué hay de ti, tienes familia por allá?"

Sacudí mi cabeza.

"¿Amigos?"

Sacudí mi cabeza nuevamente. "Solo es una parada. Me iré pronto a Europa—a la Toscana."

"¡Oh wow! ¡Eso suena emocionante!" Aplaudió bajito. "¿Estás emocionada?"

Me encogí de hombros. "Claro."

La Señora Amable frunció el ceño. "Eso no sonó muy convincente."

"Lo estoy," insistí encogiéndome de hombros otra vez.

Me examinó. "Está bien. ¡Oh! Está bieeen," susurró, moviendo la cabeza de arriba abajo como si el mundo de pronto tuviera mucho sentido—lo que definitivamente no era así. Luego palmeó mi mano de la forma en que Entrometida solía hacerlo allá en el reino de muy, muy lejano donde los cuentos de hadas dominaban el mundo. "Estás huyendo," proclamó.

"No estoy huyendo," fruncí el ceño, retirando mi mano de debajo de la suya porque tal vez no era una señora tan amable después de todo.

Se me quedó mirando, totalmente imperturbable por mi indignación. "Bueno, ¿al menos dijiste lo que tenías que decir antes de irte?"

"Yo… escribí una carta," le dije, con la barbilla en alto, "pero… supongo que no dije todo. O sea, es difícil decir todo en una carta; no puedes exactamente—"

"Mmm," me interrumpió con una sonrisa de suficiencia. "¿Y él dijo lo que tenía que decir?"

Retorcí mis labios y bajé la vista a mi regazo. ¿Siempre había sido un libro abierto? No lo creía.

"Él solo seguía diciendo, 'Puedo explicarlo, puedo explicarlo'," imité la desgarradora voz aterciopelada de Edward, "pero no necesitaba que me explicara." Volví a levantar la vista con valentía. "Así de inteligente soy."

"Mmm," dijo otra vez con sus labios fruncidos. "En ese caso, cielo, odio decírtelo, pero a menos que ambos dijeran todo lo que hay que decir, simplemente estás huyendo."

Desvié la mirada de ella entonces, hacia la forma en que sol se ponía al atardecer detrás del oscuro río.

OOOOOOOOOO

A primeras horas de la mañana, hicimos otro cambio de autobús en Sacramento. Ahora, esa parada fue una larga hija de puta—casi cinco horas. La Señora Amable—cuyo nombre era Laura y que realmente era, a pesar de su muy entusiasta curiosidad, una mujer muy amable—y yo charlamos por un rato en la cafetería abierta las veinticuatro horas al otro lado de la calle, y luego nos aseamos en el baño público tan bien como pudimos y desayunamos antes de volver al autobús justo después del amanecer. Si todo salía bien, estaríamos en San Francisco en menos de tres horas.

Volví a mirar por la ventana hacia el sol naciente en el este, a las tranquilas carreteras mayormente vacías—y luego me quedé dormida.

En mi sueño, estaba afuera del hospital esperando a Edward. Él salía finalmente a través de las grandes puertas de cristal con su uniforme verde con círculos oscuros bajo sus ojos porque había trabajado otro turno prolongado, y se veía súper hermoso pese a los ojos cansados y el cabello alocado. Le toqué el claxon. Lo toqué y lo toqué y él levantó la vista y me vio e hizo una mueca por todo el ruido que estaba haciendo. Pero yo simplemente me reí y toqué el claxon un poco más porque esta era la tierra mágica del felices para siempre, donde yo era la princesa y los sueños realmente se volvían realidad.

Cuando abrí mis ojos, la Señora Amable estaba inclinada hacia mí, con su cabello en mi boca mientras miraba furiosa por la ventana. Escupí sus puntas abiertas, y un claxon sonó ruidosamente contra mi oído.

"¿Qué está pasando?" Dije cansada con voz rasposa. "¿Dónde estamos?"

"Justo dentro de los límites de la ciudad Suinsun. Un loco está tratando de secuestrar el autobús."

"¿Qué?" Resoplé, sentándome derecha. Ella hizo un gesto con su cabeza hacia la ventana.

"Echa un vistazo tú misma."

Giré mi cabeza de golpe, entrecerrando los ojos contra la brillante luz del sol de California. Cansada, desorientada y con el sol deslumbrando mis ojos, todo lo que pude distinguir fue una brutal pickup roja conduciendo paralela a la cola del autobús—no era un movimiento inteligente por parte del conductor de la pickup ya que solo había un carril separando la carretera en cada dirección.

"Qué demo—"

El sol se ocultó abruptamente detrás de una nube ondulante, eliminando el resplandor. En ese momento, una cabellera única color bronce resplandeció a través del parabrisas. Dejé escapar un jadeo ahogado. El claxon volvió a sonar ruidosamente mientras el conductor de cabello bronce aumentaba la velocidad y se ponía junto al conductor del autobús.

"¡Deténgase!"

"Un tipo bien parecido, pero obviamente está chiflado. Qué desperdicio," la Señora Amable chasqueó la lengua sacudiendo su cabeza.

El chiflado de cabello bronce del que habló tocó de nuevo—golpes largos y persistentes contra el claxon.

"¡Deténgase!" Le demandó al conductor del autobús, que respondió al abrir su ventana y gritar.

"¿Cuál es tu jodido problema, amigo? ¿Estás loco?"

Mi corazón se aceleró y mi boca se abrió. Edward inclinó su cuerpo hacia la derecha, y sacó la cabeza por la ventanilla del lado del pasajero.

"¡Necesito hablar con uno de sus pasajeros!"

El conductor del autobús resopló y cerró su ventana con fuerza. Unos cuantos jadeos se escucharon, y mi corazón se detuvo cuando Edward dio un volantazo quitándose del camino para esquivar un coche en sentido contrario.

"Olvídalo, chiflado," la Señora Amable murmuró, "ese de ahí es un cabrón loco."

Edward se acercó al autobús nuevamente, y mi corazón volvió a acelerarse; latiendo a un furioso ritmo—mi pecho tremendamente agitado.

"Amigo, joder, ¿estás loco?" El conductor del autobús gritó a través de su ventana cerrada, obviamente reflejando los pensamientos de la Señora Amable.

Ni siquiera podía culpar a la Señora Amable o al conductor del autobús por sus suposiciones porque Edward inclinó su cuerpo hacia el lado del pasajero una vez más, sus ojos esmeralda tan alocados como su cabello al viento. Incluso desde aquí, podía ver los dos días de barba sobre su mandíbula cuadrada. Tenía toda la pinta de un cabrón loco.

Un hermoso cabrón loco.

"¡Bella!" Gritó mientras sus ojos buscaban frenéticamente por los vidrios tintados del autobús. "¡Bella!"

La Señora Amable me miró con una lenta sonrisa de suficiencia. "¿No eres tú Bella?"

Mordí mi labio y di otro jadeo horrorizada cuando Edward dio un volantazo para quitarse del camino de otro coche antes de nuevamente ponerse en paralelo a nosotros.

"¡Deténgase!" Demandó. "¡Necesito hablar con Bella!"

"¿Hay una Bella en el autobús?" El conductor del autobús gritó.

Como una pequeña serpiente horrorizada y cobarde, me deslicé en mi asiento.

El conductor del autobús abrió nuevamente la ventana. "¡No hay ninguna Bella en este autobús!"

A través de los gruesos paneles de cristal, escuché rugir el motor de mi hermosa pickup, y entonces Edward aceleró y se metió frente al autobús, finalmente maniobrando para entrar al carril correcto.

Cerré mis ojos y exhalé, esperando que el alivio me invadiera, pero todo lo que sentí fue una sensación de pérdida tan abrumadora que temí me ahogaría en ella. Pensándolo bien, tal vez ahogarme en este momento sería algo bueno.

Pero mientras trataba de controlar de algún modo mis emociones, para decidir si me sentía llena de alegría o increíblemente encabronada, el conductor del autobús frenó repentinamente. Mis ojos se abrieron de golpe cuando nuestra velocidad cayó en picada, y el conductor escupió una sarta de palabrotas con las que incluso Jamie habría estado impresionado.

"¿Qué demonios?"

La Señora Amable miró boquiabierta hacia frente del autobús, con una enorme sonrisa en sus labios. "Cielos, ese cabrón loco tuyo simplemente no se dará por vencido, ¿cierto?" Se rio entre dientes.

Me incliné hacia ella y con un corazón petrificado y presa del pánico miré a lo largo del autobús.

Como a un poco más de un kilómetro por la carretera, Edward había estacionado la pickup en la cuneta a mano derecha—y él estaba parado en medio de nuestro carril.

El conductor del autobús entró en la cuneta y se detuvo a unas yardas de donde Edward estaba parado tenso y desafiante.

"¡Se acabó!" Agarró su radio. "¡Voy a llamar a la policía estatal!"

"¡No! ¡No! ¡Deténgase!" Grité. Con un rápido salto, corrí por el estrecho espacio entre los asientos. Mi cuerpo temblaba; sentía que se doblaban mis rodillas pero al mismo tiempo me sentía ansiosa.

"Por favor, no llame a la policía estatal," le supliqué frenéticamente al conductor. "Sé que él se está comportando como un cabrón loco, pero en realidad no lo es. Solo deme unos cuantos minutos con él."

"Señorita, ¿está loca?" Me miró de arriba abajo. "Tal vez sea linda y todo, pero este autobús sigue un itinerario. No tenemos unos minutos que perder."

"Oh, déjese de tonterías; por supuesto que podemos," la Señor Amable dijo en voz alta de pronto desde su asiento. "Llevamos unos quince minutos antes de lo previsto, y yo por mi parte, quiero ver en qué termina esto."

Un repentino coro de voces dispersas dijeron abruptamente,

"Sí,"

"Sí,"

"Sí."

El conductor del autobús suspiró, extremadamente furioso, pero lentamente puso la radio de nuevo en su base.

"Gracias," dije entre mi aliento. "¡Volveré en seguida! ¡No se vaya sin mí!"

Con una súper respiración profunda y un corazón a punto de colapsar o explotar—no estaba segura cuál—bajé del autobús.

EPoV

Cuando el autobús bajó la velocidad y finamente se detuvo, no sabía qué esperar.

¿Era el autobús correcto?

Está claro que esperaba que lo fuera; de otro modo, acababa de forzar al autobús equivocado lleno de pasajeros a detenerse por nada.

E incluso peor, Bella seguía por ahí en alguna parte.

Mi corazón latía a un ritmo intermitente cuando las puertas se abrieron. Por unos segundos nada ocurrió. Los coches que pasaban saturaban mis oídos con su ruidoso zumbido; la brisa que generaban soplaba en mi cabello y mi ropa; el aroma a hierba y grava invadió mis fosas nasales.

Y entonces Bella salió.

Se quedó inmóvil justo afuera del autobús—como una gatita recelosa que no estaba segura si salir a jugar o correr y ocultarse—por lo que se sintió como una eternidad. Con su cabello salvaje y descontrolado, sus jeans arrugados y su camiseta sin mangas toda estirada, era la visión más hermosa que había visto en mi vida. Cuando se echó a correr hacia mí, mi corazón casi explotó. Mi rostro esbozó la más alegre de las sonrisas.

"Bella," dije entre mi aliento, dos días de miedo y alivio evidentes en mi entonación. Caminé a zancadas hacia ella, anticipando la sensación de sus brazos a mi alrededor, su cuerpo caliente presionado contra el mío, entusiasmado con la gloriosa expectación—

Ella empujó mi pecho—con fuerza.

"Joder, ¿estás loco?" Gritó, sus hermosos rasgos retorcidos por la pura e inalterable furia. Muy hermosa y espectacular. Sus ojos oscuros me miraron furiosos, bordeados con círculos de cansancio—hipnóticos.

Di un paso hacia ella e intenté envolver su rostro sonrojado con mis manos. "Bella."

Me volvió a empujar. "¡Podrías haber conseguido lastimarte o que te mataran!" Rugió, "¡o que te metan en la cárcel!"

Está vez me quedé donde estaba. Obviamente, no quería que la tocara. Mis manos se abrían y cerraban con ansiedad a mis costados.

"Tenía que encontrarte."

Incluso con su incontrolable ira, con la forma en que sus ojos me miraban furiosos con resentimiento y animosidad, no pude evitar la sonrisa que tiró de las orillas de mi boca. Ella estaba aquí. La había encontrado. De algún modo, la había encontrado.

Me fulminó con la mirada, sus ojos atravesándome.

"¿Podemos hablar," le pregunté bajito, la mitad de mi boca aún en una sonrisa ladeada a pesar de todo porque la había encontrado, "dos días y tres estados después?"

Es entonces cuando sus ojos ya ardientes resplandecieron con indignación.

"¿Hablar?" Preguntó. "¿Quieres hablar?" Su indignación—junto con su voz—pareció elevarse con cada palabra.

Asentí.

Me fulminó con la mirada, las aletas de su nariz ensanchándose.

"¡Tú me traicionaste!" Gritó.

La pequeña sonrisa de descarada alegría que portaba, cayó de mi rostro.

"No, Bella." Sacudí mi cabeza, pero ella continuó.

"¡Traicionaste mi confianza! Le contaste todo a ella—sobre mi pasado, ¡sobre Jamie!"

"No, Bella," repetí con firmeza.

"¡No tenías derecho a contarle sobre Jamie! ¡Jamie es mío!" Chilló, golpeando mi pecho con su puño. "¡Mi familia! ¡Mi única familia!"

Hablé firmemente. "Jamie no es tu única familia."

Pero Bella no estaba escuchando. Las palabras salieron de ella sin restricciones, como si hubiese estado reprimiéndolas todas por demasiado tiempo.

"¿De verdad creíste que estaba loca, Edward?" Gritó.

"¡Por supuesto que no, Bella!" Insistí, pero ella continuó hablando por sobre mí.

"¿Es por eso que le contaste?"

Intenté alcanzarla otra vez, levantando mis ansiosas manos hacia sus hombros, pero ella dio dos pasos hacia atrás, manteniéndose alejada de mi toque.

"No lo hice—"

"¿De verdad crees que no sé que él está muerto?"

Y ahí estaban. Esas simples palabras que ella nunca había pronunciado en voz alta, lanzadas hacia mí como dagas; dichas con tanto dolor que provocó que hiciera una mueca.

"Bella, amor—"

"¿De verdad crees que no he estado consciente de ese hecho desde el momento que esos policías vinieron a la puerta de mi abuela?" Preguntó en voz baja. "Sé lo que significa muerto, Edward. Jamie me lo explicó claramente cuando tenía cinco años y nuestra mascota hámster, BonJovi murió. Al principio, mi mamá me dijo que solo estaba durmiendo, y luego dijo que tuvo que irse por un tiempo, pero entonces Jamie vino a mi habitación y me dijo la verdad—que BonJovi no solo estaba durmiendo," resopló tristemente, con las lágrimas cayendo por su mejilla. "Su corazón había dejado de latir, y nunca volvería a hacerlo de nuevo, y que la gente y los animales no pueden vivir sin un corazón palpitante, me dijo él, así que BonJovi nunca abriría sus ojos, y que teníamos que enterrarlo, y su cuerpo se pudriría y finalmente sus huesos se convertirían en cenizas. Él se convertiría en nada más que polvo y vagos recuerdos."

"Oh, Bella." Traté de alcanzarla una vez más, de atraer su tembloroso cuerpo al mío, pero se alejó de mis manos.

Su voz volvió a elevarse. "¡Así que, sí, Edward! ¡He sabido lo muerto que está Jamie y mis padres cada día de mi vida! Pero lo mantengo conmigo, ¿y quieres saber por qué?"

"Porque él es la única persona con la que he podido contar en toda mi vida," apenas susurró. "Porque sé que él nunca me dejará; él nunca me lastimará o me juzgará o me traicionará de ninguna forma. Es la única maldita persona que realmente me ha amado en mi vida, en cada hogar de acogida, en cada pueblo, en la universidad y en Nueva York y en Florida y en Las Vegas y el maldito Forks. ¡Y tú trataste de quitármelo!" Gritó.

"¡No, Bella!" Grité en respuesta. Sus ojos se hicieron más grandes mientras su cabeza se echaba hacia atrás por la sorpresa.

"No," le dije con brusquedad, sacudiendo mi cabeza. "Quiero que expreses lo que piensas. Quiero que lo saques todo de tu pecho, pero estás equivocada, amor, en muchas cosas."

Entrecerró sus ojos con recelo, cruzando los brazos frente a ella, pero no me discutió. Levanté mis palmas para que pudiera verlas y di un cuidadoso paso hacia ella. Sus ojos se entrecerraron aún más, pero no se movió hacia atrás.

"Antes que nada," le dije, dando otro pequeño y lento paso más cerca, "Tienes que saber que aunque estoy seguro que Jamie te amó muchísimo, él nunca ha sido la única persona que te ha amado, Bella. Has huido con el corazón de casi toda persona que has conocido en tu vida. Es solo que no te quedas el tiempo suficiente para verlo."

"¿Por qué debería hacerlo?" Gritó. "¿Para que rompan de nuevo mi corazón? ¿Para que todos puedan dejarme de nuevo?"

De repente, todo era muy claro. Bella no había estado huyendo todo este tiempo porque no pudiera encontrar nada que valiera la pena quedarse, sino porque estaba aterrada de que la dejaran de nuevo, de perder a aquellos que amaba. Así que se fue antes de que pudieran dejarla.

Todo mi cuerpo vibraba con la necesidad de dar una larga zancada y envolverla en mis brazos. Pero tenía que andarme con cuidado, para finalmente hacerla entender que mientras estuviera en mi control, yo nunca, jamás la dejaría.

"Bella," comencé a decir, "no podemos siempre planear el futuro. Hay cosas más allá de nuestro control. Aprendí eso este verano. No siempre sabemos lo que nos espera a la vuelta de la esquina, pero cuando encontramos a alguien con el que queremos dar esa vuelta, dar todas las vueltas a pesar de lo que nos espere ahí," le dije con voz temblorosa, "entonces tenemos que agarrarnos tan fuerte como podamos. A través de todo."

"Tú la elegiste a ella," bajó la vista al suelo entre nosotros y sollozaba abiertamente ahora, y cada lágrima de sus ojos se transformaba en una daga, apuñalando a mi corazón. "Tú la elegiste a ella para dar la vuelta en las esquinas. Yo me quedé, y tú la elegiste a ella."

"No, Bella, no lo hice," le aclaré, tratando de mantener mi voz firme a pesar del nudo en mi garganta. "No hubo competencia, Bella. Desde el momento en que entré a esa sala de examinación y te encontré sujetando un corte casi inexistente mientras tarareabas, cantabas y silbabas tu extraña melodía, estaba perdido, y a pesar de lo que pude haber dicho o hecho, nunca hubo una competencia. Siempre fuiste tú. Siempre ibas a ser ."

Cerró sus ojos con fuerza y sollozó con más ganas, sus lágrimas derramándose por las esquinas de sus ojos.

Di un paso más. "Lo lamento, Bella, lamento que me tomara tanto tiempo ver más allá de mi estúpida rigidez y mis nociones preconcebidas de lo que quería, de lo que necesitaba. Lo lamento, porque después de coserte ese primera vez y sentir lo que sentí cuando te toqué, debí haber sido lo bastante hombre para aceptarlo; para reconocerlo por lo que era. Debí haber agradecido a mi suerte que entraras a mi sala de examinación e invitarte una taza de café o a cenar para hablar de ti, no de lo que creía eran mis desgracias. No debí permitir que mi ego me cegara desde el primer día. No debí haber propuesto algo tan estúpido." Hice una mueca, pensando en cómo había intentado usarla. "Debí haber aceptado que mi destino—"

Levantó la vista furiosa entonces, sus ojos rojos e hinchados. "¡Deja de hablar sobre destino! ¡No creo en el destino! ¡No existe tal cosa como el felices para siempre! ¡La gente no cabalga hacia el atardecer!"

"No, tienes razón," admití. "Lo veo ahora."

Frunció el ceño.

"No existe tal cosa como la vida perfecta, la pareja perfecta, o el matrimonio perfecto. Y eso está bien. Quiero decir, mira a mis padres. Ellos discuten. Han pasado por malos momentos. Recuerdo peleas bastante ruidosas atravesando las puertas cerradas de su recámara."

Asintió, sus labios temblando mientras esperaba a que continuara.

"Pero caminan por la calle de la mano. Danzan al ritmo de una música inexistente. Lo primero que hace mi mamá en las mañanas es llamar a mi papá al hospital. He visto como suspira de alivio el momento en que entra en la casa después de un largo día. Los he escuchado susurrar y reír detrás de las puertas cerradas—y luego subía todo el volumen del estéreo."

"Sí—también escuché eso," coincidió estremeciéndose, con sus ojos todavía viendo al suelo.

Me reí una vez. "Lo que intento decir, Bella, es que puede que no sea tanto el destino sino la fe; fe del uno en el otro; fe en que de algún modo encontrarás a la persona correcta—que encontrarás donde perteneces."

Su cabeza se levantó de pronto. "¿Fe?"

Asentí.

"¿Estuviste… hablando con Entrometida—digo, Esme?"

Fruncí mis cejas y sacudí mi cabeza.

Ella frunció sus labios. "Si realmente te sientes así, entonces, ¿por qué le contaste a ella sobre—?"

"No le conté nada sobre ti… o Jamie."

Me fulminó con la mirada con recelo.

Suspiré. "La señorita Cope volvió a contactar al hospital, buscando un terapeuta para ti ya que le habías indicado que te quedarías en Forks. La información llegó a manos de Bree, y…" Pasé la mano por mi cabello. "Era eso lo que estábamos discutiendo en el coche la otra noche."

"¿Tuviste que ponerla a horcajadas en tu regazo y meterle la lengua para eso? Vaya, debe haber sido una discusión muy acalorada," dijo con desdén.

"Eso no es lo que pasó."

Las aletas de su nariz se ensancharon. "¡Se lo lanzaste a Mike a la cara en la fiesta!"

"Eso fue un antiguo ego herido hablando, Bella, y estuvo mal, y lo siento mucho."

Me arqueó una ceja. "Entonces, me estás diciendo que ella no estaba en tu regazo."

"No."

"¿Y no hubo beso?"

Mi mandíbula se apretó automáticamente.

Bella resopló y se dio la vuelta para irse. "Bien entonces, fue un placer conversar contigo."

Estiré mi mano y agarré su brazo, girándola para que me encarara. Y a pesar de todo su enojo, y la incómoda situación en la que estábamos, esas chispas—esas llamas que siempre estaban presentes cada vez que nos tocábamos—seguían ahí; nada podía detenerlas. Escuché su pequeño jadeo; vi la forma en que su pecho se detuvo a pesar de su esfuerzo por disimular su reacción. Pero no traté de disimular la mía. Inhalé profundamente, disfrutando del calor de su piel.

"No la besé, ella me besó,"—ella resopló—"y lo estúpido que suena. Fue por eso que estaba tan… dudoso de decírtelo. No sabía cómo explicar que solo le permití hacerlo para probar un punto."

"¿Qué punto?" Escupió. "¿Qué tú podías elegir a cualquiera de nosotras por la que finalmente te decidieras?"

"¡No, Bella!" Agarré su otro brazo. "¡Para mostrarle que no sentí nada cuando sus labios tocaron los míos! ¡Que no había nada de chispas o corriente o el maldito fuego que hay cuando tú me besas!"

Puso los ojos en blanco. "¿Sabes? Se supone que los dos sean individuos sumamente inteligentes. Tal vez solo podrías haberla empujado y explicarle todo eso con palabras," sonrió engreída.

"Lo sé, Bella. Lo sé," le dije con voz suplicante. "Fue un estúpido error, pero fue por eso que estaba tan malditamente asustado de decírtelo. Sabía que estabas al límite, y no quería empeorarlo. Jesús, Bella, estaba equivocado. Estaba equivocado en muchas cosas, pero tú has tenido el pie en el acelerador desde el primer día."

Los hombros tensos de Bella cayeron. Sus ojos penetraban en los míos, llenos de tristeza.

"Es lo que hago, Edward," dijo con voz temblorosa. "Huyo, y además, ¿qué hay si ya estropeamos demasiado las cosas? Dices que debiste haberme pedido tomar una taza de café contigo. Yo debí haber dicho que 'no' cuando hiciste esa estúpida propuesta. Debí haberte dicho que quería quedarme por ti y solo por ti. ¿Qué pasa si, incluso si deshacemos todas las mentiras, aún no sé cómo dejar de huir?"

Envolví su rostro con mis manos, acercándola a mí. El calor de su cuerpo me consumía. El aroma de su piel, de su cabello… me negaba a vivir sin ellos.

"Sí lo sabes, Bella. Lo sabes," le dije desesperado, porque toda mi vida dependía de esto. "Dejaste de huir antes, y lamento no habértelo dejado claro. Lamento haber esperado tanto tiempo para decírtelo, para decírtelo de la forma correcta, pero Bella yo te amo." Ella empezó a llorar otra vez. "Te amo más de lo que he amado a cualquiera. Dices que te aferras a Jamie porque él fue el único que realmente te ha amado, que nunca te lastimó, o te traicionó, que nunca te dejó. Comprendo por qué lo necesitabas, y lamento haberte lastimado, pero Bella, nunca volveré a lastimarte de esa forma. Nunca te traicionaré, y nunca, jamás me iré. Siempre te amaré, Bella, así que si necesitas a alguien a quién aferrarte, algo por lo que valga la pena quedarse," tomé su mano derecha y la puse en mi mejilla, cerrando mis ojos momentáneamente para deleitarme en el calor, "aférrate a mí, Bella. Quédate por ."

Metí la mano en mi bolsillo delantero y saqué apresuradamente su collar, el de las plumas, las cuentas y las conchas que rara vez se quitaba, que había dejado sobre la cómoda. El anillo que Esme me había dado, la reliquia familiar que había estado destinada para Bella, colgaba de él. Con manos firmes, abroché el collar alrededor de su cuello, resistiendo las ganas de poner mis labios en su cremosa piel. Cuando terminé, entrelacé mis dedos con los suyos, sosteniendo su confundida mirada.

"Iba a proponerte ma—"

- Jadeó ruidosamente y trató de retroceder, pero la sostuve con fuerza—

"—Una verdadera y honesta propuesta porque te quiero para siempre, Bella Marie Swan, y eso nunca va a cambiar. Pero creo que comprendo algunas cosas un poco más claramente, y si lo que necesitas más que nada en este momento es a alguien que te ame incondicionalmente, entonces con gusto seré esa persona, y podemos llamar a este anillo una promesa de que siempre haré lo que pueda por estar aquí para ti; es una promesa de que nunca te dejaré huir—una promesa de que cuando tú estés lista, yo haré lo que pueda por convertir tu vida lo más parecido a un cuento de hadas que pueda ser."

Ella me miró con incredulidad.

"¿Qué dices?" Pregunté, con mi pecho agitado.

Los labios de Bella temblaron; las esquinas de sus ojos brillaban por las lágrimas sin derramar. Soltó una de mis manos y llevó la suya al anillo colgando de su cuello, girándolo una y otra vez mientras yo la observaba y rezaba y esperaba.

El ruidoso estruendo del claxon del autobús nos recordó dónde estábamos en realidad. Bella dio un salto, y un pequeño jadeo asustado se escapó de sus labios.

"Edward, yo…" Sus ojos oscuros estaban amplios y nerviosos, mientras soltaba su otra mano de la mía y empezaba a alejarse caminando hacia atrás.

El claxon volvió a sonar—dos fuertes e impacientes bocinazos.

"Bella,"

Pero ella se dio la vuelta y se echó a correr, y lo siguiente que supe fue que estaba de vuelta en el autobús.

Traté de respirar a través de la opresión en mis pulmones. Me negaba a ceder al desconcierto, la voz que me decía que la había perdido. No había mentido cuando dije que no le permitiría huir. Si se iba, la seguiría. Continuaría siguiéndola hasta convencerla de tener fe en mí otra vez, de tener fe en nosotros.

Casi sin ver me volví nuevamente hacia la pickup, y me giré de nuevo cuando escuché el sonido del autobús alejándose.

Ella estaba parada ahí. Con su mochila colgando de su hombro. Y cuando la dejó caer al suelo y corrió de vuelta hacia mí, no estaba seguro si iba a volar hacia mis brazos—o empujarme de nuevo en el pecho.

Fue lo primero.

En la forma típica de Bella me rodeó con su cuerpo, y cuando su boca encontró la mía, mis pulmones finalmente se expandieron, finalmente tomaron el aliento que se les había negado durante cuarenta y ocho horas.

Al menos, habrían podido hacerlo si Bella no me estuviera besando desenfrenadamente.

No que me estuviera quejando, o quedándome inmóvil de la forma en que solía hacerlo. Envolví su rostro con mis manos y la sostuve firmemente, gimiendo al sentir el dulce sabor de sus labios, la suavidad de su lengua, la sedosidad de su cabello. Cuando la dejé tomar aire, besé sus mejillas, sus ojos, su nariz y su garganta; lo que sea que pudiera alcanzar. Y aunque estábamos parados en la cuneta de la carretera, aunque docenas de coches pasaban zumbando, tocando sus cláxones al ver el espectáculo que estábamos dando, bien podríamos haber estado en nuestro propio mundo. No uno perfecto—no uno hecho de cuentos de hadas, príncipes y princesas—sino el nuestro.

"Gracias," murmuré contra sus labios.

Se apartó y me miró, todavía rodeándome, sus ojos chocolate relucientes. "¿Sabes? Dos de las personas en las que más confío y amo en este mundo me dijeron que el amor no es solo cosa del destino, sino que es fe. Así que pensé," se encogió de hombros con sorna, "tal vez es algo que debería considerar."

Sonreí ampliamente. "Te amo—maldición, muchísimo."

Ella me sonrió en respuesta. "Maldición, también te amo muchísimo, y…" – se mordió el labio, buscando en mis ojos—"aún voy a ir a terminar mi carrera en la Toscana. Es algo que necesito hacer… para mí."

"Lo comprendo," asentí, porque aunque sería difícil, sí lo comprendía.

"Pero alguien me prometió visitarme tan pronto como pudiera," – inclinó su cabeza hacia un lado, sonriendo con picardía—"y puede que haya escuchado mal, pero creo que había empezado a decir algo sobre una semana completa para las vacaciones."

"Solo intenta mantenerme alejado," le sonreí en respuesta.

"No lo haré," sacudió su cabeza sin decir nada, y me besó con dulzura.

Caminamos de regreso a la pickup de la mano.

"Yo conduzco," dijo en voz alta.

"¡Demonios, no! Te ves exhausta."

"Gracias, Señor Elogios, porque tú te ves muy bien descansado."

"Como sea, conduzco mejor que tú."

"¡Ja! En sus sueños, señor. En tus más salvajes y locos sueños," gritó alegremente, meciendo nuestras manos.

Me acerqué a ella, acomodando el collar contra su cremosa piel. Ella sonrió.

"Conduje lo bastante bien para alcanzarte a ti," le di una sonrisa afectada, alejándome cuando trató de golpear mi labio, "aun cuando tenías un día de ventaja."

"Eso es porque yo no estaba conduciendo personalmente el autobús. ¡De haberlo hecho, ya estaríamos en el condenado Texas!"

"¡Ja! ¿Ahora quién tiene los sueños salvajes y locos?"

"Yo no. Mis locos y salvajes sueños consisten de cosas mucho más interesantes que cuánto tiempo me llevaría conducir a Texas."

Encendí el coche y di vuelta hacia casa, sonriendo al ver el sol brillando y resplandeciendo.

"¿Oh, en serio? ¿Y en qué consisten tus salvajes y locos sueños?"

"Na ah, Edward. No voy a caer en esa. Acabamos de reconciliarnos. Todavía no voy a hablarte sucio."

Solté una risita. "Bueno, ya sabes lo que dicen, 'entre más grande la pelea, más dulce la reconciliación'."

"Quisieras," se rio con ganas. "En serio, ya quisieras."

"Me parece recordar a alguien hablando de algo similar en un restaurante hace un par de semanas…"

Su hermosa risa llenó el coche… y mi corazón.


¡A la una, a las dos y a las… tres! Awwwwww… ¿Quién no suspiró con ese final? ¿O con las palabras de Edward? Sin duda se redimió, ¿no creen? Todavía tienen mucho qué mejorar ambos, y como varias de ustedes lo mencionaron, sí, Bella va a terminar su carrera en la Toscana, eso sin duda les ayudará a ambos y a su relación. Y al menos estamos seguras que Edward la seguiría hasta el fin del mundo si es necesario, así que irá a visitarla y podrán fortalecer su amor *suspiros* Espero que ya puedan respirar tranquilas al saber que ahora están juntos, como dije, con algunas cosas todavía que resolver pero bueno, como dijo Entrometida y luego Edward, hay que tener fe. Espero que hayan disfrutado de este capítulo y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y poder leer pronto el siguiente, nos acercamos al final y sin duda querrán saber cuál será el final de esta linda historia ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: ZellidethSaga76, Melany, ElisabethMasen, Franciscab25, JessMel4, paupau1, Nitoca, alejandra1987, kasslpz, Maryluna, Mio1973, Paola Lightwood, tulgarita, Cinti77, Mamuelita144, rjnavajas, BereB, NarMaVeg, Diana, Danny CullenMa, JOCPS, Twilight all my love4 ever, Car Cullen Stewart Pattinson, hanna1441, DarkLady-s93, glow0718, Jade HSos, natuchis2011b, Cary, mony17, Torrespera172, miop, Manligrez, Liz Vidal, Adriu, Angeles, indii93, Isis Janet, Aislinn Massi, Kimm, krisr0405, bbluelilas, Adyel, saraipineda44, Sindey Uchiha Hale Malfoy, Brigitte, Lectora de Fics, E-Chan Cullen, Noriitha, belen2011yani, Ali-Lu Kuran Hale, Lady Grigori, Mapi, EriCastelo, Solange C, rosycanul10, JANETH A SANDOVAL, solecitonublado, Rosiichita, bealnum, PRISOL, aliceforever85, sandy56, Lizdayanna, Tata XOXO, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, espero que muy pronto. DEPENDE DE USTEDES.