Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autora pattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)
Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM
Capítulo 28 – YOLO
Nota de la traductora: Saben que algunas veces es difícil traducir el doble sentido del inglés al español. Así que, aunque no es lo que se haría en una traducción oficial, les pido por favor que recuerden que la palabra "cock" en inglés se traduce como "gallo" o "polla", para que funcionara tuve que cambiar gallo por pollo, solo piensen en una polla cuando lo lean :P
BPoV
Cuatro semanas y media después:
Mensaje de Edward – Martes, 5:05 am Florencia, Italia/Lunes, 8:05 pm Forks, Washington:
¡Ahí está ese maldito pollo de nuevo!
Respuesta de Edward – Lunes, 10:03 pm Forks, Washington/Martes, 7:03 am Florencia, Italia:
Lo siento, amor—fue un día agitado aquí. Acabo de llegar a casa del hospital y tengo el cerebro frito, así que solo para ser claro, ESTAMOS hablando de un ave, ¿verdad?
Respuesta de Bella – Martes, 7:14 am Florencia, Italia/Lunes, 10:14 pm Forks, Washington:
Tomando 'un esame' en este momento. Vete a la cama y descansa. Te enviaré un mensaje por la mañana.
Respuesta de Edward – Lunes, 10:19 pm Forks, Washington/Martes, 7:19 am Florencia, Italia:
Está bien. Concéntrate en tu examen. Te enviaré un mensaje cuando despierte.
Mensaje de Bella – Martes, 2:05 pm Florencia, Italia/Martes, 5:05 am Forks, Washington:
¿Ya despertaste? Si no, solo envíame un mensaje cuando despiertes.
Por cierto, te conté sobre el pollo: negro, con plumas, canta como un relojito. ¿Te suena?
¿Tuviste un largo día ayer?
Respuesta de Edward – Martes, 5:09 am Forks, Washington/Martes, 2:09 pm Florencia, Italia:
Estaba a punto de enviarte un mensaje. Sí, estoy despierto, y ahora recuerdo—el ave. Te diré que no dormí muy bien anoche preguntándome sobre eso. Un peso menos, y sí, los gallos son muy puntuales, amor.
Ayer fue un día muy largo. Necesitaba uno de tus mensajes—desesperadamente.
¿Cómo estuvo el examen? ¿Qué clase fue?
¿Y qué fue esta mañana, expreso o capuchino?
Respuesta de Bella – Martes, 2:17 pm Florencia, Italia/Martes, 5:17 am Forks, Washington:
Primero lo primero. Te estoy masajeando, paso mis dedos por tu nuca, entierro mis dedos en tus omóplatos. ¡Encuentro un nudo! Enterrando… enterrando… ahhh… ¿un poco mejor?
Fue del seminario del Renacimiento Europeo. ¡Me fue genial en el examen! Dedicado a la contribución florentina. Los Medici estaban locos, hombre – de forma brillante y artística.
Me tomé un expreso por la tarde con Charlotte y Pete después de clases, porque solo 'turisti' beben capuchinos después de las 11 am :)
Tengo clientes. Espera.
Respuesta de Edward – Martes, 5:25 am Forks, Washington, Martes, 2:25 pm Florencia, Italia:
Tómate tu tiempo, amor.
El Renacimiento Florentino – tu especialidad. Así que, ¿ya viste 'El David'?"
Y gracias por el grandioso ciber-masaje. Mi espalda y cuello se sienten mucho mejor.
Respuesta de Bella – Martes, 2:34 pm Florencia, Italia/Martes, 5:34 am Forks, Washington:
Ok. Estoy de vuelta. ¡Esa fue una transacción complicada!
'Sei biglietti combinati e due biglietti singoli'.
¡Dos horas diarias de italiano intensivo están dando frutos!
Ah, sí, el Renacimiento Florentino – cómo no podría conseguir una 'A' en ese 'esame', ¿cierto? LOL.
Y no, aún no hay "David". Ya hablamos de eso, Edward :) Me alegra que disfrutaras de tu ciber-masaje. En 10 días, podrá ser uno real. No puedo esperar.
Acabo de encontrar una banda elástica grande y gruesa debajo de mi caseta. La usaré para dispararle al pollo mañana.
¿Ya te vas al hospital?
Te extraño – muchísimo.
Respuesta de Edward – Martes, 5:39 am Forks, Washington/Martes, 2:39 pm Florencia, Italia:
Ves, estaba listo para salir al hospital y entonces vas y mensajeas en italiano, y TÚ SABES lo que eso me hace. Ahora necesito unos minutos…
No puedo esperar a verte, Bella. Me alegra que estés disfrutando mucho de tus clases. Sabía que lo harías bien.
Me siento culpable; deberías ir a ver "El David".
También te extraño – un montón.
Bien, ahora sí me dirijo al hospital. Te enviaré un mensaje antes de entrar.
Y deja el gallo en paz.
Respuesta de Bella – Martes, 2:44 pm, Florencia, Italia/Martes, 5: 44 am Forks, Washington:
LOL. ¡Debes estar súper cachondo si te está excitando el que te mande un mensaje sobre boletos de museo! Pervertido.
¡Sin mensajear y conducir, pero necesito tu ayuda! Me escapé a la tienda de gelatos de la esquina a comprar uno para Charlotte y para mí, y necesito saber – ¿Gianduia o caffè? ¡Mándame un mensaje rápido (cuando llegues al hospital)!
¡Y lo siento, pero el pollo VA a caer!
Respuesta de Edward – Martes, 5:48 am Forks, Washington/Martes, 2:48 pm Florencia, Italia:
En relación a tu primer comentario – no tienes idea.
Ya estoy afuera del hospital. Recuérdame lo que es Gianduia, antes de tomar una decisión.
Y si insistes en pelear con el ave, ¿podemos por favor llamarlo gallo? Pensar en ti luchando con un pollo no me agrada mucho.
Respuesta de Bella – Martes, 2:52 pm, Florencia, Italia/Martes, 5:52 am, Forks Washington:
LOL. Eres gracioso, y en realidad, tengo una MUY buena idea, créeme.
Gianduia es chocolate y avellana.
¡Y bien, el GALLO y YO vamos a pelear mañana por la mañana!
Respuesta de Edward – Martes, 5:55 am Forks, Washington/Martes 2:55 pm Florencia, Italia:
Con tus comentarios no estás ayudando con mi situación, Bella. A estas alturas no sé si sentir lástima o envidiar a ese maldito pollo (gallo).
Tú lo haces relucir en mí, Bella—el humor y TODO lo demás. Lo sabes, ¿verdad?
Definitivamente el Gianduia, amor.
Tengo que entrar, pero antes dame una probada…
Respuesta de Bella – Martes, 2:58 pm Florencia, Italia/Martes, 5:58 am Forks, Washington:
¡Me tienes aquí con Gianduia escurriendo por mi barbilla! ¡¿Todavía estamos hablando de helado?!
¡Toma, dale una rápida lamida, pero no seas avaricioso! :)
Entra ya, Edward. Que tengas un día bueno y productivo.
Ti amo.
Respuesta de Edward – Martes, 6:01 am Forks, Washington/Martes, 3:01 pm Florencia, Italia:
Desearía poder hablar contigo por horas.
Voy a entrar ahora, pero llueve o truene, estaré en casa para las nueve de la noche para que podamos hablar por Skype antes que te vayas a clase. Necesito verte, incluso si solo es en una pantalla.
También te amo—muchísimo. Que tengas un buen día. Cuídate.
OOOOOOOOOO
Para cuando salí del trabajo, el sol de la Toscana se estaba poniendo por sobre los ladrillos marrones arqueados de Il Duomo – la legendaria cúpula de la Basilica di Santa Maria del Fiore. Los tenues rayos se reflejaban en el mármol rosado y los paneles verdes de la basílica, haciendo que toda la estructura resplandeciera con todos sus siglos de gloria. Todas estas semanas después, la catedral todavía me dejaba sin aliento con contrafuertes, frescos y esculturas clásicas—una obra de arte en este pequeña ciudad que era una obra de arte en sí misma. Suspiré alegremente, caminando desde la caseta en un rincón de Via Ricasoli—donde como parte de mi trabajo y estudio, vendo boletos para la Galleria del' Accademia a solo unos metros de distancia—a la casa de mi anfitrión en la sección Oltrarno de Florencia. Paseando por la Piazza del Duomo, constantemente llena de turistas y florentinos por igual, hacia la Via Roma con sus tiendas de alta categoría como Gucci y Miu Miu, le sonreía a los vendedores callejeros y les sacudía mi cabeza a sus llamados de "¡Speciale solo per te, bella ragazza! ¡Solo per te!" Ya los había descubierto. ¡Mi primera semana aquí había comprado orgullosamente un hermoso lienzo impreso único en su clase del Ponte Vecchio por el precio 'speciale' de solo doce euros! – solo para encontrar el mismo impreso a mitad de precio a solo unos metros de distancia.
Oh bueno. Era una hermosa pintura, incluso si había miles de ellas por toda Florencia. Cruzaba dicho puente ahora, con su docenas de joyerías aún abarrotadas a esta hora de la tarde con gente de todo el mundo comprando y tomando fotos de recuerdo del Arno y la forma en que el sol continuaba su descenso a través de las relucientes—aunque obviamente verdes—aguas.
El hogar de la familia que me hospeda durante el semestre—los Volturis—estaba en la Via Santo Spirito, justo del otro lado del puente. Los Volturis eran una linda familia; el padre, Aro, trabajaba hasta tarde como banquero, su esposa Sulpicia se quedaba en casa, y su hija Athenadora, o Athena para abreviar, era una dulzura de diez años. Los tres tenían cabello negro azabache y su piel de un natural color aceitunado que envidiaba en secreto.
"Bella Bella," Sulpicia me llamó con su saludo habitual cuando entré a la cocina. Le encantaba el juego de palabras con mi nombre—hermosa Bella. "¿Come è stata la tua giornata?"
Había escuchado eso lo suficiente las últimas semanas, así que podía responder sin terminar con tensión cerebral.
"Bene grazie. ¿E il suo?"
"Molto buono," ella sonrió. "Ho fatto la pasta con pancetta e pomodori. Spero che vi piaccia. Espero te guste," agregó al ver la sonrisa confundida en mi rostro.
Honestamente, todo lo que había entendido de eso fue pasta, pancetta y tomates. Pero eso era todo lo que necesitaba saber. Sulpicia le agregaba pancetta a casi todos los platos que preparaba. Era así de súper genial.
Pero ni de cerca tan genial como cierta Entrometida del otro lado del mundo.
"¡Suena deliziosa!" Exclamé alegremente.
"Delizioso," me corrigió con una sonrisa gentil.
"Delizioso," le sonreí en respuesta. Los condenados adjetivos femeninos y masculinos serían mi perdición.
Después de cenar con Sulpicia y Athena, ayudé a limpiar y pasé un poco de tiempo con ellas en su pequeño jardín trasero con luces titilantes. Tenían un par de árboles de olivo plantados con esmero en grandes macetas de barro, y Athena y yo seguíamos arrancando aceitunas de ellos a escondidas hasta que Sulpicia nos atrapó. Nos regañó con su rápido italiano, lo que totalmente sobrepasó mis conocimientos.
"Mi dispiace," le sonreí con timidez. "No lo haré de nuevo. Vi prometto." Puse una mano sobre mi corazón y levanté la otra. Athena soltó una risita.
Sulpicia sonrió. "Ragazzo dolce, tu sei una fiamma, ¿non è vero? Ho pietà il tuo ragazzo. Pobre Eduardo."
La miré sin comprender y ella simplemente se rio. Pronto Charlotte me envió un mensaje de texto para ver si estaba lista para encontrarme con ella y Pete en la Piazza Santo Spirito, a solo una corta caminata.
Conocí a Charlotte mi primera semana aquí. Ella y yo trabajábamos en la caseta de boletos de la Galleria. Ella es de Florida, rubia, bonita y unos centímetros más alta que yo. A través de ella había conocido a Pete. Él es texano, creo, algo alto, con cabello castaño oscuro y ojos castaños. Como yo, Charlotte estaba en su último semestre especializándose en literatura. Pete, con especialidad en filosofía y dos años mayor que nosotras, todavía le quedaban un par de semestres más. Eran geniales y amigables, y aunque hablaban italiano con fluidez y se conocían por más de un año, nunca me hacían sentir como una intrusa. Todavía no estaba segura de cuál era exactamente su relación; algunos días actuaban como una pareja de buenos amigos, otros estaban muy afectuosos. Tenía la impresión de que había algo más ahí—o tal vez más correctamente, Charlotte sin duda quería que fuera más. Tenía la sensación de que Pete aún no estaba seguro de qué quería; en cuanto a su relación u otra cosa. Él me recordaba a alguien, aunque no podía determinar a quién exactamente; él era algo peculiar, hablaba antes de pensar, tenía la costumbre de echarse a bailar en medio de la calle, y rapeaba cada dos frases que decía.
La Piazza Santo Spirito era una plaza bastante alejada de las áreas turísticas principales de Florencia—llena de imponentes árboles y un escenario de mármol y una fuente octagonal que fluía suavemente por las tardes. Era un lugar popular para los estudiantes, tanto italianos como americanos, con pequeños cafés y bares rodeándola. Unas cuantas noches a la semana, nos reuníamos aquí en los escalones del escenario y disfrutábamos de gelatos o pizza o vino, y simplemente nos relajábamos mientras los músicos callejeros ambulantes nos entretenían. La mitad del tiempo, Pete terminaba siendo parte del entretenimiento. Entonces Charlotte y yo simplemente lo mirábamos y nos echábamos a reír.
"Bella, Bella, solo quiero que sepas, que mañana vamos a estar en Lucca, ¿vas o no?" Pete preguntó mientras disfrutábamos la brisa del atardecer soplando por la Piazza.
Me eché a reír. "Gracias, Pete, pero creo que paso."
Frunció el ceño. "¿Fue por el rap? ¿Fue demasiado cursi?"
"Fue cursi," me reí entre dientes, "pero no es por eso."
Hizo una mueca antes de sonreír. "¿Deberíamos dejarlo para el jueves? Podemos ir el jueves si es mejor."
Sacudí mi cabeza. "Gracias por la invitación, pero no."
Esta vez, su ceño fruncido estaba más pronunciado. "¡Bella, no has dejado Florencia desde que llegaste aquí! Tienes que ver Lucca, cariño, y Siena, ¡y mierda! ¡Pisa con esa extraña torre ladeada!" Se echó a reír.
"Las veré todas eventualmente." Suspiré. "Pronto."
Sí, estaba esperando a Edward para explorar juntos todos esos lugares. ¡Todavía no había visto "El David", y trabajaba vendiendo boletos para el museo donde se encontraba! No me avergonzaba ni un poco admitir que estaba esperando comparar la obra de arte de Miguel Ángel con mi escultura andante de la vida real. Amaba a Edward; quería compartir el resto de la Toscana con él.
Así que, demándenme perras.
Puede que les haya dicho eso—aunque con palabras más amables, por supuesto.
"¡Penso che è così dolce! ¡Creo que eso es muy dulce!" Charlotte dijo riéndose con fuerza. Puede que los tres vasos de plástico que ya se había bebido de la botella de vino de la Toscana que todos estábamos compartiendo haya tenido algo que ver con eso. "¿Has leído de nuevo su carta hoy?"
Sonreí abiertamente mientras chocábamos vasos. "Por supuesto que lo hice. ¡La leo tutto giorno!" Las dos nos reímos.
Pete frunció sus labios. "Che peccato cazzo." Su rostro se volvió a alegrar en seguida. Les digo, que me recordaba a alguien. "¿Y has pensando en lo que Charlotte y yo hablamos contigo el otro día? YOLO es el lema, así que tienes que ir a explorar, ¡cuando tienes a Europa como tu patio de juegos no tienes por qué aburrirte!"
Me eché a reír. "¡Pete, eres de lo peor, de lo peor, de lo peoooooor!" Dije con voz de soprano. Charlotte derramó vino sobre ella por carcajearse tan fuerte.
Hace unos días, Pete decidió de pronto que iba a tomarse el siguiente semestre libre y explorar Europa. Dijo que había estado en este continente por casi tres años ya y aunque llegó hasta Francia e Inglaterra, todavía no había visto Grecia, o Alemania o Bélgica, o España. Habló sin parar sobre las culturas y los monumentos y la filosofía de YOLO (el lema por el que vivía Pete). Casi había convencido a Charlotte de que viajara por el continente antes de regresar a casa a principios de la primavera.
"¡Tal vez soy de lo peor, pero esa no es una respuestaaaa!" Pete cantó en tono alto.
Sonreí con suficiencia y sacudí mi cabeza, porque el tipo no podía dar el tono alto ni para salvar su vida.
"No acepto un no como respuesta, cariño. YOLO." Levantó su vaso de plástico al cielo antes de vaciarlo.
Mi teléfono sonó justo en ese momento. Cuando vi el breve mensaje de texto de Edward, mi cuerpo se calentó por todas partes. Eran las 9:15 pm aquí, lo que significaba que eran solo las 12:15 pm en Forks.
Oye, finalmente me las arreglé para un breve descanso. ¿Qué estás haciendo?
Mis dedos se movieron rápidamente.
Relajándome en la Piazza con Charlotte y Pete y recibiendo una lección de filosofía del significado de YOLO. Creo que a Jamie le habría gustado esta lección.
YOLO—You Only Live Once, o en español, Solo Se Vive Una Vez. ¿Eso es parte de tus estudios? ¿Quién está enseñando esa lección?
Me reí entre dientes. NO es parte de mis estudios. Es el lema de Pete—es una larga historia.
"¿Es Edward?" Charlotte dijo arrastrando un poco las palabras. "¡Dile que digo ciao!"
Charlotte dice hola, le mensajeé, porque solo yo le hablaba en italiano. ¿Qué vas a almorzar?
La respuesta de Edward llegó rápidamente, enseguida del mío.
Dile que también digo hola. Y tú dime qué almuerzo; te ayudé con tu gelato, tú ayúdame con mi almuerzo – ¿hamburguesa de pavo o sándwich de pollo a la parrilla?
Por cierto, no le daría mucho crédito a eso del YOLO—me parece un montón de mierda.
Significado oculto: Mantén alejado al cabrón. 'Por cierto' mi trasero, resoplé cuando respondí el mensaje.
No te preocupes, Edward, no lo haré. Pide el pollo a la parrilla; el pavo apesta. ¿Aún vamos a hablar por Skype más tarde?
Otra respuesta rápida.
Pollo será entonces. Oh sí, definitivamente vamos a hablar por Skype más tarde. Te cuidado. Por favor.
OOOOOOOOOO
El gallo cantó a las 5:05 am – en el jodido punto.
Gemí y me di vuelta sobre mi estómago, enterrando mi cabeza bajo la almohada. El maldito gallo siguió con su alarma matutina—era malditamente afortunado que no pudiera recordar qué había hecho con la banda elástica.
Pero entonces mis ojos se abrieron de pronto.
Las 5:05 am aquí, significaba que eran las 8:05 pm en Forks. Tal vez Edward ya había salido de trabajar. Había estado trabajando hasta muy tarde las últimas semanas, entre eso y nuestros apretados horarios y las nueve horas de diferencia que tenía de Forks, no habíamos tenido oportunidad de vernos mucho en Skype.
Nuestras oportunidades de comunicación eran muy limitadas, con el tiempo de diferencia, su horario de trabajo, mi trabajo y mi horario de clases. Cuando me iba a clases por las mañanas, él apenas se metía la cama. Cuando me iba a trabajar temprano por las tardes, él apenas se levantaba para ir al trabajo. Cuando yo salía del trabajo al anochecer, y cuando me iba a la cama, él aún estaba en plena acción en el hospital. Teníamos unos pocos minutos si conseguía un descanso para almorzar temprano, y si por casualidad llegaba lo suficientemente temprano del trabajo, antes de que yo estuviera en mis clases matutinas. No era un sistema fácil, pero ambos estábamos haciendo lo que teníamos que hacer. Yo tenía que terminar mi carrera, y la verdad era que había querido venir a terminarla en Florencia. Y por mucho que Edward pudo haberlo negado, él necesitaba volver a aprender a respirar por su cuenta. Juntos nos aferramos a la promesa de ese fin de semana largo al final del mes. Solo nueve días más. Haríamos funcionar esto.
Jugué con el anillo colgando de mi bonito collar, calmada por su calidez ahora familiar contra mi cuello. No, no podía negar que estaba disfrutando de Florencia—muchísimo—pero Jesús, echaba de menos a Edward.
Me acerqué a la bonita laptop que Edward me dio antes de venir a la Toscana.
Edward, ¿ya saliste de trabajar? Si no, supongo que nos mensajearemos esta tarde. Mi tarde, no la tuya. Tu mañana. Sabes de lo que hablo. Te extraño.
Esperé. Cinco minutos se convirtieron en diez y diez se convirtieron en veinte.
Media hora más tarde, volví a la cama y me acosté de lado, viendo el sol anaranjado lanzar rayos cada vez más intensos que se filtraban a través de las persianas de mi ventana y contuve mi decepción. En nueve días lo tendría aquí, y entonces podríamos ir a Lucca, y Pisa e ir a ver al David en toda su desnuda gloria, y—Mi laptop sonó y el rostro de Edward apareció en la pantalla. Me golpeé el dedo de camino a la silla, pero en serio, no importó, porque Edward estaba aquí. Bueno, en la laptop. Se veía cansando y apresurado, como si acabara de correr una maratón con uniforme. Su cabello apuntaba en todas direcciones—solo podía imaginar cuántas veces había pasado sus manos por él hoy— ¡pero cielos, oh cielos! Era una vista perfecta.
"Dios, te ves muy hermosa," suspiró él, haciendo perfecto eco de mis pensamientos y haciéndome sonreír conteniendo la humedad en las esquinas de mis ojos.
"También tú," me reí entre dientes, tratando de alisar mi cabello.
Él me observó a través de la pantalla. "Desearía poder hacer eso por ti en este momento."
"Es un jodido desastre," hice una mueca. "Nunca podrías sacar tus dedos."
Me dio su sonrisa afectada. "Esa sería la idea."
"Desearía poder darte un golpecito en el labio," respondí.
"También desearía que pudieras hacerlo," admitió con una sonrisa tímida.
"Por un segundo pensé que no llegarías."
Me dio de nuevo esa sonrisa afectada. "¿No te dije que llueva o truene?"
"Sí, lo hiciste," sonreí. "¿Y cómo estás?"
Hablamos de todo y nada, pero entonces era hora de que me preparara para ir a clases.
"Lo sé, amor, tienes que prepararte para ir a clases," dijo, leyendo otra vez mi mente.
"Nueve días más," le dije en voz baja.
Sus ojos brillaron. "Sí, nueve días más. ¿Debería llevar tu jersey conmigo, o la dejo en casa?"
"Déjala en casa. Estoy segura que estará a salvo ahí," le sonreí en respuesta.
"Está segura debajo de mi almohada."
En realidad, le había pedido que la guardara debajo de mi almohada, pero no iba a quejarme.
"Dale mi amor a todos, y dile a Rose que voy a enviarle un mensaje con la receta de Sulpicia para la pasta con pancetta y tomates que tiene que servir en el Grill."
Edward se rio entre dientes. "Le avisaré. Te amo, Bella."
"También te amo, Edward. Hablaremos más tarde."
Y con eso, nos despedimos.
OOOOOOOOOO
El miércoles por la mañana después de clases, fui a ver a mi terapeuta. Sí, la condición de la terapia me siguió hasta el otro lado del océano, pero la dottora Angela Maietta, aunque era una mujer muy seria que usaba gafas oscuras que combinaban con sus ojos y se vestía con lo que obviamente era la última moda en Milán, era muy amable. Me había reunido con ella dos veces—esta sería la tercera visita—y durante la última visita le conté sobre la muerte de mis padres y de Jamie. Le conté lo… enojada que algunas veces me sentía con mis padres por dejarme, aunque en el fondo sabía que no tenía sentido. Le conté cómo mantuve a Jamie conmigo por mucho tiempo para no sentirme sola; el miedo que tenía a dejar entrar a alguien más, de verdad dejarlo entrar, porque no quería amar y perder otra vez. Y entonces le conté sobre Edward.
Ella hablaba con calma pero de forma compasiva, en un inglés con acento italiano que de algún modo me relajaba. Dijo que admitir estas cosas era un gran primer paso. (Supongo que había visto mi archivo). Que nos ocuparíamos de todo a un ritmo con el que yo me sintiera cómoda. Que estaba segura que para cuando terminaran nuestras sesiones, yo habría lidiado con muchas de mis inquietudes. Que estaría bien.
OOOOOOOOOO
Le mandé un mensaje de texto a Edward esa tarde—durante su breve descanso para almorzar—sobre mi visita con la doctora.
Ella me agrada mucho más que mis otros terapeutas.
Tal vez, es solo que ahora estás en un lugar donde puedes abrirte un poco más, me mensajeó en respuesta.
Sabía que no solo se refería en sentido físico.
Tal vez – por ti.
Siempre haré lo que pueda por estar ahí para ti, Bella – siempre.
Sé que lo harás, Edward. Ocho días más. No puedo esperar a verte.
Yo tampoco, amor.
Cuando traté de hablar por Skype con él temprano la mañana siguiente—el anochecer para él—no se presentó. Así que, seguí contando los días.
OOOOOOOOOO
El jueves por la tarde estaba sola detrás de mi pequeña taquilla, viendo a un grupo de turistas alemanes examinando el montón de libros y tarjetas postales de regalo del otro lado de la caseta. Ya que era muy tarde en el día, la mayoría de los boletos de la Galleria ya se habían vendido. Cuando el grupo salió sin comprar nada, volví mi atención al libro de texto que balanceaba sobre mis rodillas.
Había intentado enviarle otro mensaje a Edward esa tarde temprano, como a las seis de la mañana de su horario, sin suerte, y entonces me preocupé un poco, porque por lo general para las seis Edward ya está despierto. Así que esperé una hora o algo así y entonces acudí a Entrometida; con todo lo que se entrometía, si alguien sabía dónde estaba él, sería ella.
"Hola, Esme, soy Bella."
"¡Hola cielo! ¿Cómo estás?"
Los saludos entusiastas de Esme siempre me hacían sonreír—y rodar los ojos al mismo tiempo.
"Estoy bien, gracias. Te conseguí la máscara veneciana que querías," le dije tentadora.
"¿Lo hiciste? ¡Muchas gracias, Bella! Espero que no te costara demasiado."
Volví a rodar los ojos. "No, no fue así. Pero es muy delicada, así que no la enviaré por correo. La enviaré a casa con Edward cuando venga a visitarme la próxima semana."
"Oh. Está bien," respondió.
"Hablando de Edward, ¿sabes dónde está? No he tenido noticias de él desde anoche—bueno, ayer por la tarde para ustedes."
"Oh. Edward. Bueno, yo… creo que dijo algo sobre pasar tiempo con Jake ayer después del trabajo. Probablemente regresó muy tarde."
Sabía que Jake y Edward finalmente habían dejado atrás toda esa incomodidad de hace un par de meses. Me complacía saber que volvían a pasar tiempo juntos. Pero seguía preocupada.
Vaya, me estaba convirtiendo en Entrometida.
"Pero tampoco me envió un mensaje esta mañana—anoche para ustedes la gente de Forks."
"Sabes cómo son los hombres," me tranquilizó Esme. "Probablemente se quedó dormido y tuvo que irse de prisa al hospital."
"Sí, supongo…" Mi voz se apagó.
Esme se rio suavemente entre dientes. "¿Quieres que intente contactarlo y le diga que te llame?"
"No," murmuré. "Estoy segura que llamará esta noche de todos modos—durante su descanso de la tarde."
"Estoy segura que lo hará," me consoló con ese tono sereno y natural suyo. "Cuídate mucho, cielo. Te amamos."
"Sí, yo también." Con suerte, algún día sería capaz de decirle las palabras reales.
"Adiós, Bella."
"Adiós."
OOOOOOOOOO
Durante la siguiente hora o algo así, me mantuve ocupada entre mi libro de texto y los pocos clientes que llegaban al final del día. Pero para aproximadamente las cinco treinta me sentía ansiosa.
Edward, sé que probablemente estés ocupado, pero envíame un mensaje rápido si puedes, solo para decirme que estás bien.
Después de unos quince minutos, no había recibido una respuesta.
Traté de concentrarme en las conjugaciones de verbos frente a mí, pero pronto me encontré hurgando en mi cartera y colocando la carta de Edward sobre el aburrido libro de texto, y procedí a leerla toda nuevamente—desde el principio hasta el final.
"Sei sempre leggendo questo. Siempre estás leyendo eso. ¿Perché?"
Me sobresalté un poco y luego le sonreí a Peter, que tenía la mitad de su cuerpo descansado perezosamente contra la caseta de plástico transparente. Consideré detenidamente mi limitado italiano antes de redactar mi respuesta.
"Perché è la mia lettero d'amore."
"Lettera, cariño," me corrigió Pete.
"Lettera," sonreí con suficiencia.
Frunció sus labios. "¿Ti manca?"
Fruncí el ceño.
"¿Lo extrañas?"
Asentí. "Mi manca molto."
Pete rodó los ojos. Después de unos segundos, dejó escapar un suspiro pesaroso. "Lui è un ragazzo fortunato."
Me encogí de hombros. Tal vez él lo era. "Io sono una ragazza fortunata." De eso, estaba segura.
Él se me quedó mirando. "No vas a venir a nuestra gira Europea, ¿verdad, Bella?"
"No, Pete. No lo haré," sonreí.
"¿YOLO?" Lo intentó una vez más.
"NOLO," me reí entre dientes y sacudí mi cabeza.
Se me quedó mirando por unos segundos más antes de empujarse de la caseta. "Arrivederci, Bella. Oye, ¿vas a acompañarnos a la Piazza más tarde?"
"Te avisaré. Arrivederci, Peter."
Cuando Pete se volvió para irse yo bajé la vista de nuevo, escuchando vagamente su "scusi" cuando chocó con alguien por ir de prisa.
Me quedé mirando la carta; arrugada en las esquinas por mí; hermosa y cuidadosamente escrita por Edward. Verán, la cosa era, que no necesitaba ser impulsiva—había tenido suficiente de eso. Necesitaba a alguien que me calmara, que me arraigara, que me diera algo a lo que aferrarme.
En mi memoria, volví a escuchar sus palabras claramente, 'Aférrate a mí.'
Sonreí y jugueteé con mi collar; la mitad de mi dedo anular izquierdo se deslizó en el precioso anillo colgando de él, balanceándose como un péndulo de un lado al otro mientras estudiaba mi carta una vez más.
"¿E 'una lettera d'amore, dices?"
Jadeé bruscamente. Mi corazón dio un vuelco de una forma que no lo había hecho en semanas. Pero mantuve mi vista hacia abajo, temerosa de mirar, temerosa de estar equivocada—y asentí despacio.
"¿Una lettera d'amore da parte de chi?"
La intensidad de su voz aterciopelada hizo que picaran mis ojos. Mi escaso italiano impidió que respondiera en seguida.
"Da parte di l'uomo che amo más que nada en el mundo."
"En ese caso, tu amigo tenía razón. Lui è un uomo molto fortunato."
Miré entonces a los más bellos y expresivos ojos esmeraldas sobre la faz de este planeta. Se veían cansados, divertidos y brillaban de felicidad.
"E io sono una ragazza molto fortunato—digo, fortunata," sonreí.
Y al nunca haber sido alguien que guste de la gratificación retrasada, me lancé hacia la puerta de la caseta, la abrí y salté a los expectantes brazos de Edward. Me cargó y me apretó a él y lo envolví con mis brazos y mis piernas, inhalando su aroma tan profundamente que pensé que mis pulmones podrían estallar. Cuando levanté mi cabeza él presionó su boca a la mía con ganas y sin remordimientos, besándome una y otra vez. Y entonces los dos suspiramos; contentos, aliviados, porque a pesar del hecho que estábamos a miles de kilómetros de casa… en casa era exactamente dónde estábamos.
OOOOOOOOOO
EPoV
¿Era posible que un corazón realmente estallara de felicidad? Como doctor, sabía que era médicamente imposible, pero que me jodan si no sentía como si en cualquier momento, el mío haría precisamente eso.
No sé cómo pero se había vuelto mucho más hermosa en las últimas semanas; su cabello, sus ojos, su piel, su calidez—hermosa; perfecta.
Me había partido el trasero trabajando las últimas semanas para conseguir este fin de semana; para llegar a ella una semana antes de lo que originalmente habíamos previsto. Días de dieciséis a dieciocho horas; semanas de ochenta horas—llevando a los límites lo que tenía permitido como residente de primer año. Había viajado por dieciocho horas—si empezaban a contar desde que dejé Forks. Y todo el tiempo fue muy difícil no decirle a ella; escuchar el anhelo en su voz, verlo en sus ojos y no decirle que estaría ahí pronto. Pero quería sorprenderla y a los primeros cinco segundos de posar mis ojos en ella, supe que todo había valido la pena.
Todavía no podía creer que ese pendejo había estado tratando de ligarla cuando llegué a la pequeña tienda. Me quedé ahí parado, encolerizado al escuchar el anhelo en su voz, la envidia cuando me llamó un tipo afortunado—listo para noquearlo y a su mierda de filosofía YOLO de una puta vez. Pero la forma en que Bella lo había manejado… noquearlo no había sido necesario. Ella había estado muy confiada; tan segura de nuestro amor que me llenó a mí de seguridad, de orgullo de estar allí y verla. Había sido justo lo que necesitaba después de un día arduo y agotador; después de las largas semanas. Así que en vez de estar cabreado, en realidad casi sentí lástima del pendejo cuando salió de la tienda, todo triste y rechazado.
Pero aun así le di un duro empujón, solo por si las dudas—pendejo.
Pero sea como sea—ahora ella estaba en mis brazos, y eso era todo lo que importaba.
Bella tomó aire. "¡Me sorprendiste!" Se rio entre dientes. "¡Realmente me sorprendiste!"
"Lo hice," resoplé engreído en respuesta. "No estaba seguro de poder lograrlo, sobre todo cuando hablé con mi mamá hace poco y me dijo que habías hablado preguntando por mí—toda preocupada," sonreí con suficiencia.
Ella me dio la misma sonrisa. "¡Ah, entonces Entrometida estuvo enterada todo el tiempo!"
Me eché a reír, y luego simplemente la miré. "Bella," le sonreí, sin palabras y sin aliento.
"Edward," respondió, mirándome también sin palabras, con su pecho agitado, sus pechos suaves presionados con fuerza contra mí. Me di cuenta que estábamos en su lugar de trabajo y que en cualquier momento un cliente podría entrar, pero no pudo importarme lo suficiente para bajarla.
"¿Esto está bien?" Me forcé a preguntar.
"Esto está más que bien," dijo soñadora entre su aliento, sus ojos fijos en los míos. Entonces parpadeó. "¡Oh! ¡Estoy en el trabajo!" Se rio entre dientes. "¡Supongo que debo bajarme de ti!" Y entonces ella estalló en uno de esos bellos ataques de risa que echaba tanto de menos, con sus ojos chocolate brillando de alegría.
La puse en el suelo.
Resultó que de todos modos, ya era la hora de cerrar. Bella cerró de prisa y caminamos juntos por las viejas calles de Florencia, sobre caminos adoquinados por los que yo había paseado hace menos de medio año, enojado y herido. Ahora recorría esas mismas calles con Bella, abrazándola a mi costado, disfrutando el calor, la energía y la emoción que fluían de ella en oleadas. Como mi guía turística personal, señaló lugares de interés; no solo de Florencia, sino suyos—donde tomaba sus capuchinos matutinos, su lugar favorito de gelato, donde las palomas se reunían al mediodía para alimentarse, donde ella y Charlotte (y ese cabrón de Pete, algunas veces) se relajaban entre clases y el trabajo. Lo absorbí todo—viéndolo todo a través de sus ojos.
"¡Te traeré de vuelta y te mostraré todo con más detalle, pero quiero que conozcas a Sulpicia y Athena!" Exclamó alegremente, llevándome a través del Ponte Vecchio. El sol se estaba poniendo sobre el río, más allá de los hogares con techo rojo de paja en la cima de las verdes colinas de la Toscana, y a mitad del puente la detuve y nuevamente la apreté a mí; manteniéndola ahí mientras el sol desaparecía detrás de las colinas y disfrutando del cosquilleo por mi espalda que no había sentido en semanas. Ella me abrazó con la misma fuerza.
OOOOOOOOOO
La mujer de cabello oscuro y su hija me miraban fijamente mientras Bella hacía las presentaciones.
"Sulpicia, Athena, él es il mio ragazzo, doctor Edward Cullen," Bella me presentó orgullosa.
"Ah, dottore Cullen," Sulpicia canturreó, tendiéndome su mano, "è un piacere. Un placer," tradujo.
"El placer es todo mío," sonreí, "E si prega di chiamare me Edward."
"Eduardo, entonces," Sulpicia estuvo de acuerdo con una ceja levantada. Le sonreí a Athena. Ella simplemente se me quedó mirando.
"Eduardo, la tua ragazza è un tesoro, ma lei è un po'pazzo, ¿non è vero? Eppure, la mia familia e mi piace averla con no. Spero che si sono preparati, perchè un giorno vi darà bella ancora bambini molto vivaci. ¿Pensi che sarà preparato? ¿Crees que estés preparado?" Preguntó.
"Non so se sarò mai essere pronti per qualcosa di così meraviglioso," me reí entre dientes, "ma come ho detto a Bella, farò sempre del mio meglio."
Miré a Bella. Ella sonreía de Sulpicia a mí, con ojos amplios—y obviamente perdida.
"Buen italiano," Sulpicia me felicitó.
"Mia madre è per metà italiano," le informé orgulloso.
"Ah," asintió.
"Muy bien," Bella aplaudió. "Mientras ustedes dos continúan con eso, yo solo voy a preparar algunas cosas para los próximos días."
Durante las siguientes tres noches, Bella y yo nos quedaríamos en un hotel.
OOOOOOOOOO
Hicimos una parada más, en la Piazza Santo Spirito para conocer a Charlotte y Peter.
Preferiría no describir la reacción de Charlotte, aunque Bella pareció divertirse con ella.
Los ojos de Pete se hicieron más grandes cuando me reconoció de afuera de la taquilla de Bella. "¡Oh!" Exclamó, "Creo que nos topamos antes." Frotó su hombro distraídamente.
"Sí, creo que puede que tengas razón," sonreí con suficiencia. Y entonces observé como hasta la última pizca posible de esperanza desaparecía de sus ojos cuando vio la forma en que Bella se aferraba a mí, la forma en que nos abrazábamos.
"¿Van a pasar un rato con nosotros chicos?" Preguntó Charlotte.
"¡No!" Bella respondió en seguida, para mi alivio. No solo estaba exhausto, realmente quería estar a solas con ella. De acuerdo, sí, estaba jodidamente cachondo, a la mierda el agotamiento.
Pero quizás ella no sentía lo mismo. Tal vez solo quería que nos acurrucáramos juntos esta noche, y pasar gradualmente a hacer el amor otra vez. Y eso estaría bien, me consolé. Tal vez mañana por la mañana, antes de sus clases—Me echó un vistazo de soslayo, con una sonrisa pícara en su dulce rostro.
Resoplé para mis adentros y agarré su mano con más fuerza. Esta era mi Bella; hermosa, cariñosa, un espíritu libre y apasionado. No necesitaríamos hacerlo gradualmente. Y saber eso hizo más fácil y más difícil esperar para esta noche.
Caminamos despacio en dirección contrario al Ponte Vecchio, echándonos miraditas y riendo entre dientes como dos personas que acababan de encontrar oro y no podían creer su buena suerte.
"¿Tienes hambre?" Me preguntó.
Sacudí mi cabeza. "¿Tú?"
Sacudió su cabeza. "Nop. Aunque probablemente la tendré… más tarde."
OOOOOOOOOO
Estaba parada afuera en el balcón cuando salí de la ducha, con unos pequeños pantalones cortos negros y una pequeña camiseta negra sin mangas, mirando a la brillante luna sobre las colinas. Sin duda, una hermosa vista, pero siendo el hombre que yo era—enloquecidamente cachondo y locamente enamorado de la más hermosa y curvilínea mujer en existencia—la luna sobre las colinas de la Toscana tomaba un segundo lugar a la forma en que el mullido trasero de Bella cabía en esos pantalones cortos, a la perfecta figura de reloj de arena debajo de esas diminutas pijamas. La luna simplemente la iluminaba a ella mucho más. No podía dejar de mirar y mi pene no podía dejar de crecer. Aun así, por unos segundos dudé de nuevo. No sobre nosotros; nunca volvería dudar de nosotros. Dudaba lo que yo estaba asumiendo—lo que esperaba ella quería en este momento. Como si me percibiera detrás de ella, su cabeza se giró de golpe. Estaba jugando con su collar, su dedo anular metido en el anillo de mi abuela meciéndolo de un lado al otro. Lo había estado haciendo toda la noche. Ni siquiera creía que ella se diera cuenta.
Me sostuvo la mirada y se rio con picardía. "Así que, ¿necesitas que te hable de los boletos del museo en italiano otra vez?"
Cuando conocí a Bella, me sorprendió por su impulsividad, por la forma en que decía lo que pensaba, por cómo me hacía sentir. Sin embargo, la verdad era, que siempre quise que se quedara, pero había estado muy cegado por mi rigidez y mi orgullo herido para pedir lo que realmente quería. Y lo que siempre quise fue a ella.
Pero de algún modo, ella finalmente había despertado eso en mí.
Resoplé porque en serio, a estas alturas ya debería saber muy bien lo que ella quería. Con mucha más seguridad, agarré la cálida manta en la orilla de la cama y la envolví alrededor de ambos cuando me acerqué detrás de ella.
Ella seguía jugando con el anillo alrededor de su cuello, incluso cuando acerqué mi boca y lo besé, junto con su dedo, y la clavícula debajo de todo.
"No necesito el italiano. Todo lo que necesito es a ti."
Cerró sus ojos y asintió, arqueando su espalda, presionando su dulce trasero contra mi entrepierna. Sus manos alrededor de las mías, empuñaron la manta. "Me tienes."
Sus palabras calentaron mi pecho. "Sostén la manta," murmuré, soltándola y arrastrando mis brazos lentamente por sus costados, reencontrándome con todas sus preciosas curvas, con las costillas en su cintura, con su suave estómago, con la forma en que respiraba profundamente cuando mis manos agarraban sus pechos pesados y llenos, con los sonidos que hacía cuando jugaba con sus pezones endurecidos.
Gimió y en seguida cubrí su boca con la mía, nuestras lenguas mezclándose, probándose; recordándose. Su mullido trasero se pegó aún más a mi tensa erección.
"Oh, Bella." Mi corazón latía descontrolado contra su espalda. Me mecí contra ella, palpitando y seguí acariciando sus pechos. Bajé una mano entre sus muslos, sonriendo al sentir los suaves vellos allí y sin ningún preámbulo introduje dos dedos hasta lo más profundo, sonriendo cuando ella gritó en mi boca, lamiendo sus labios y los míos por lo húmeda que ella se sentía. Lo suave.
"¿Estás lista?" Pregunté, con mi voz temblorosa.
"¿Tú qué crees?" Replicó con voz ronca.
Dejé escapar una risa grave. Mi Bella.
No, no necesitábamos preámbulos—tal vez más tarde, pero no en este momento. Bajé sus pequeños pantalones cortos con una mano, acariciando su terso y redondo trasero y luego dejé caer mi bóxer antes de doblar mis rodillas y deslizarme en su interior.
"Ohhh… Bella…"
"Mmm… Edward…"
Mentiría si dijera que nos tomamos nuestro tiempo; que lo hicimos lento. Entré y salí rápidamente; insistentemente, disfrutando de la fricción, de la forma en que se arqueaba aún más, con su trasero empujando hacia mí desesperadamente.
"Te extrañé," gritó, su rostro hacia un lado para encontrar el mío, con nuestras lenguas retrocediendo y avanzando frenéticamente. "Te extrañé muchísimo." Sus ojos se abrieron y cerraron lánguidamente, llenos de amor y lujuria.
Quería decirle que también la extrañé, no solo por esto, sino por todo lo que ella había traído a mi vida. Por su existencia; su vitalidad…
Pero apenas podía hablar, difícilmente podía pensar. Todo lo que pude hacer fue mirar a su hermoso rostro, a la sonrisa de total abandono, a la perfecta 'o' que hizo con sus labios cuando toqué el lugar correcto. Su calor me devoró, me abrasó de la forma más alucinante. Así que la miré, pero por una milésima de segundo, mis ojos se desviaron un poco a la izquierda de su rostro y se posaron más allá del río. Sonreí.
"Bella," susurré, "Bella… cariño, abre tus ojos."
Abrió sus ojos. Señalé con mi barbilla hacia el río, y cuando volvió su cabeza y jadeó, supe que lo había visto.
"Tenías razón," murmuré, sujetando sus caderas con fuerza, encontrando ese punto suave e hinchado. "Tuviste razón desde el principio."
Cuando se corrió, mirando al puente, lo vi todo en el reflejo de sus ojos.
OOOOOOOOOO
"Entonces, ¿qué piensas?" Pregunté.
Se quedó mirando, con los brazos cruzados mientras sus ojos evaluaban y examinaban cada centímetro con absoluta discriminación. Mordió su labio, con líneas de concentración formándose en su frente, sus ojos entrecerrados mientras lo inspeccionaba de arriba abajo.
"Creo que es el pene más pequeño que he visto en mi vida."
"¿Cómo dices?"
"Bueno, honestamente, Edward," se encogió de hombros, "Estoy un poco decepcionada. O sea, es hermoso y todo, pero he visto mucho mejores." Me miró a los ojos, y luego me miró de arriba abajo de la misma forma en que acababa de hacerlo con la obra de arte esculpida, sonriendo sugerente y con mucha más admiración.
"Bella, no. No es posible que compares una obra de arte como esta con—"
"Mira su pene."
Mantuve la mirada en sus traviesos ojos castaños.
"Solo míralo," insistió, ondeando una mano en su dirección.
"No."
"Edward," frunció sus labios, "solo échale un vistazo a su pene."
"Bella, no voy a quedarme mirando al pene de la estatua."
Puso los ojos en blanco y bufó. "Bien, entonces, yo te lo voy a describir." Y lo hizo, me describió el pene de "El David" con todo lujo de detalles, hasta la forma y el grosor aproximado.
"Como dije," bajó la vista a mi entrepierna, "he visto mucho mejores."
Gemí mientras ella reía con picardía, y la agarré en un abrazo de oso, haciéndola chillar. Pero entonces simplemente nos relajamos, más que satisfechos en los brazos del otro.
Giró su cabeza y miró a la que posiblemente era una de las más grandes obras de la humanidad.
"Solo estoy bromeando."
"Sabía que era así," sonreí con suficiencia.
"Él es hermoso," suspiró. "Mira la forma perfecta en que Miguel Ángel captura el cuerpo humano, hasta las prominentes venas y las líneas de músculos. La postura de su cuerpo dice mucho de su seguridad. Su figura musculosa nos manifiesta su vitalidad. La determinación en sus ojos, su fortaleza para nunca cejar. Te hace sentir humilde saber que realmente estás siendo testigo de semejante obra de arte. Puedes ver por qué convirtió a Migue Ángel en uno de los escultores más grandes de su tiempo, y de hoy en día. ¡Es absolutamente maravilloso!"
Le sonreí, todavía abrazándola. "Eres muy apasionada con tu arte."
"Soy apasionada en muchas cosas," me guiñó un ojo con picardía.
Me reí entre dientes. Volvimos nuestra atención de nuevo hacia "El David".
Sí, ella era apasionada, y durante un perfecto verano, me había devuelto la pasión a mí. Bajé la vista al anillo colgando alrededor de su cuello, con el que jugaba constantemente.
Había comenzado como una propuesta estúpida. Y entonces, poco a poco, nos hemos descubierto el uno al otro, y cada día, aprendíamos más del otro. Y llegaría el día—lo sabía en mi corazón—cuando ella estaría lista para aceptar el tipo correcto de propuesta.
"Te amo, Bella, maldición, muchísimo."
"Maldición, también te amo muchísimo. Y a tu pene," se echó a reír.
…
TRADUCCIONES:
Un esame — un examen. (B).
Turisti — turistas. (B)
Sei biglietti combinati e due biglietti singoli. — Seis boletos dobles y seis boletos sencillos. (B)
Ti amo — Te amo. (B)
¡Speciale solo per te, bella ragazza! ¡Solo per te! — Un precio especial solo para ti, chica hermosa. ¡Solo para ti! (Se lo dijeron a B).
¿Come è stata la tua giornata? — ¿Cómo estuvo tu día? (Sulpicia)
Bene, grazie. ¿E il suo? — Excelente, gracias. ¿Y el tuyo? (B)
Molto buono. Ho fatto la pasta con pancetta e pomodori. Spero che vi piaccia. — Muy bien. Preparé pasta con pancetta (un tipo de tocino al estilo italiano) y tomates. Espero que te guste. (Sulpicia)
Mi dispiace. Vi prometto — Perdón. Lo prometo. (B)
Ragazza dolce, tu sei una fiamma, non è vero? Ho pietà il tuo ragazzo. Poor Eduardo. — Dulce niña, eres una fierecilla, ¿no es así? Siento lástima por tu novio. Pobre Edward. (Sulpicia)
La leo tutto giorno —La leo todos los días. (B)
Che peccato cazzo — Qué jodida lástima. (Peter)
¿Perché? — ¿Por qué? (Peter)
Perché è la mia lettero d'amore — Porque es la carta de mi amor. (B)
¿Ti manca? — ¿Lo extrañas? (Peter)
Mi manca molto. — Lo extraño muchísimo. (B)
Lui è un ragazzo fortunato. — Es un tipo afortunado. (Peter)
Io sono una ragazza fortunata. — Yo soy una chica afortunada. (B)
¿E 'una lettera d'amore, dices? —¿Es una carta de amor, dices? (E)
¿Una lettera d'amore da parte di chi? — ¿Una carta de amor de quién? (E)
Da parte di l'uomo che amo más que a nada. — Del hombre que amo más que a nada. (B)
il mio ragazzo — mi novio. (B)
Ah, Dottore Cullen, è un piacere. — doctor Cullen, es un placer. (Sulpicia)
E si prega di chiamare me Edward. — Por favor, llámeme Edward. (E)
Eduardo, La tua ragazza è un tesoro, ma lei è un po 'pazzo, ¿non è vero? Eppure, la mia famiglia e mi piace averla con noi. Spero che si sono preparati, perché un giorno vi darà bella ancora bambini molto vivaci. ¿Pensi che sarà preparato? — Edward, tú novia es un tesoro, pero un poco loca, ¿no crees? Y aun así a mi familia y a mí nos encanta tenerla aquí con nosotros. Espero que estés preparado, porque un día ella te dará hermosos pero vivaces bebés. ¿Crees que estás listo? (Sulpicia)
Non so se sarò mai essere pronti per qualcosa di così meraviglioso, ma come ho detto a Bella, farò sempre del mio meglio. — No sé si alguna vez estaré listo para algo tan maravilloso, pero como le he dicho a Bella, siempre haré lo que pueda por ella. (E)
Mia madre è per metà italiano. — Mi mamá es mitad italiana. (E)
*Suspiros* Estos se empeñan en hacer puré de Alexandra. ¡Son un amor! Al fin resultó que hicieron el amor tal y como Bella se lo describió a Bree, ¿se acuerdan? Bueno, no nos acordemos de esa perra, sigamos con el festival de amor *suspira de nuevo* Algunas de ustedes dijeron que les gustaría ver un poco de su tiempo en Italia y aquí está, pudimos ver que no fue fácil para ellos mantener el contacto pero los dos se esforzaron por fortalecer su amor, y lograr cada uno lo que necesitaba, madurar y en el caso de Bella, lograr sus metas académicas e incluso logró mucho con su nueva terapeuta para hacer frente a sus problemas emocionales. Ahora solo podemos esperar ver el final, su vida juntos, ¿cómo fue? Les dije que se acercaba el final, pero todavía falta, nos queda el epílogo y tres outtakes. Así que, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció este último capítulo y así poder leer el epílogo ;)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Vianey Cullen, Nadiia16, Nitoca, Nanny Swan, Sully YM, kaja0507, mrs puff, Cinti77, Lizdayanna, Mio1973, Jess Amador, bealnum, aliceforever85, alejandra1987, NarMaVeg, Sindey Uchiha Hale Malfoy, tocayaloquis, Rosiichita, tulgarita, Paola Lightwood, Mamuelita144, paupau1, Car Cullen Stewart Pattinson, Isis Janet, JANETH A SANDOVAL, Twilight all my love 4 ever, solecitonublado, arrobale, BereB, Mafer, MajoRed, EriCastelo, Adyel, miop, Manligrez, rosycanul10, Angeles, dobleRose, PRISOL, mony17, ZellidethSaga76, saraipineda44, Noriitha, Diana, JOCPS, krisr0405, Aislinn Massi, Adriu, Ali-Lu Kuran Hale, E-Chan Cullen, Mapi13, Liz Vidal, Lady Grigori, sandy56, Idrt12, Tata XOXO, glow0718, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, espero que muy pronto. DEPENDE DE USTEDES.
