Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autora pattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)

Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM


Epílogo – Nella Gioia…

BPoV

Viajamos por los caminos forestales en un silencio que se complementaba extrañamente con la noche oscura y sin luna. Por un largo tramo, los faros fueron nuestra única guía antes que un farol de la calle finalmente apareciera al frente. Edward no encendió la radio; nunca lo hacía cuando estaba en uno de esos estados de ánimo, y por mucho que ansiara estirar mi mano y encenderla solo para fastidiarlo, necesitaba probar algo—que yo podía ser tan madura y ecuánime como él. Poner la radio a todo volumen probablemente lo negaría. Sacarle la lengua probablemente tampoco sería una buena idea porque aunque sus ojos estaban en la carretera, con la mandíbula apretada, respirando de forma uniforme y mesurada, podía sentir las mordaces miradas de soslayo que seguía dándome. Podía verlas porque yo estaba dándole de las mismas.

"No es tan sigiloso como cree que es, míster," murmuré en mi interior. Aunque probablemente yo tampoco lo era.

Fue un viaje corto de todos modos—unos cuatro minutos y medio—un hecho que Entrometida simplemente amaba. Bien, admitiré que tampoco me molestaba. Incluso tan enojada como estaba—y estaba bien cabreada aquí, claro está—la bonita casita con el revestimiento de estuco blanco y la elevación de piedra caliza todavía me hacía suspirar siempre que quedaba a la vista. Mía. Mía y de Edward. Para siempre.

Incluso si quería estrangularlo en este momento.

Dio vuelta hacia nuestro camino de entrada, de forma lenta y precisa mientras yo golpeteaba con mi pie deliberadamente contra el piso del coche. Tan pronto como estacionó el coche, abrí la puerta y salí, escuchándolo bufar detrás de mí. ¡Qué! – ¿se supone que me quedara y dejara que me abriera la puerta después de lo que acababa de pasar? Mis zapatos de tacón de satín cliquearon ruidosamente por la entrada, haciendo eco en el entorno forestal. Me agaché y me los quité, lanzándolos contra la pared cuando entré al garaje. Eran unas malditas mierdas horribles de todos modos.

De acuerdo, así que madura y ecuánime estaba quedando rápidamente descartada.

Antes que perdiera el control y me diera la vuelta mostrándole el dedo del medio, entré a la casa sin echar un vistazo hacia atrás, subiendo por la escalinata, soltando mi cabello y sacudiéndolo de un lado al otro mientras atravesaba las puertas dobles a nuestra recámara y entraba directamente al vestidor. Los pasos de Edward, firmes y decididos, resonaron subiendo las escaleras y dirigiéndose hacia mí. Llevé mi mano hacia atrás para desabrochar el vestido ridículamente enorme de encaje y también bufé y resoplé cuando el condenado broche no abría. Cuando sentí las manos de Edward en mí, las alejé con las mías, muy furiosa para aceptar su ayuda—incluso si la necesitaba. Podía sentir sus ojos sobre mí mientras forcejeaba y sonreí diabólicamente cuando el broche finalmente cedió y el cierre se deslizó hasta abajo, dejando expuesto mi bonito sujetador de encaje blanco y una tanga a juego y medias a la rodilla que me había puesto solo para él, pero que no tocaría esta noche. En mi vista periférica lo vi apoyarse en el marco de la puerta, su pajarita suelta colgando alrededor de su cuello, los botones superiores de su camisa desabrochados. Pasó una mano por su cabello, posando sus ojos fijos en mí y en mi trasero.

Así es, míster. Son tu par favorito, y esta noche no te meterás en ellos. Sí, he dicho eso antes, ¡pero esta vez lo digo en serio!

Levanté mi mano y agarré un gancho vacío, colgando el vestido en él, pero la maldita cosa se resbaló. Gimiendo, me agaché para recogerlo, tirando y empujando aquí y allá tratando de hacer que la maldita cosa se quedara en su lugar mientras Edward se quitaba su camisa y la chaqueta del esmoquin y las colgaba muy fácilmente en uno de sus ganchos; al igual que la corbata. Por supuesto, el señor Perfecto. Di un pisotón cuando mi vestido se resbaló una vez más del gancho.

"Ridículamente-resbaloso-y-cegadoramente-brilloso-jodido-y-horrible-pedazo-de-mie—"

"¿Vamos a hablar de esto o solo vas a seguir maltratando tu guardarropa?"

"Oh, ¿ahora quieres hablar?" Con un último pisotón me di por vencida con el vestido y lo lancé al suelo, cruzando los brazos frente a mí y de nuevo le di la espalda.

¿Petulante? Tal vez. Pero no estaba segura de poder encararlo sin derrumbarme con un montón de lágrimas.

"Sí, Bella," dijo con un tono engañosamente tranquilo, "ahora quiero hablar. Lamento si no pensé que la boda de Alice y Jasper fuera un lugar apropiado para el tipo de discusión que querías tener."

"¡Solo quería que supieras lo que había decidido!" Siseé.

"¡Habría sido bueno saber que siquiera lo estabas considerando!" Me siseó en respuesta. "¡No puedes tomar una decisión como esa en una noche, Bella, o tú sola!"

Ahora sí me giré para encararlo, con ira y más que un poco de indignación ardiendo por todo mi cuerpo tan terriblemente que casi no me importó que estuviera parado ahí sin camisa o que la marcada 'v' de sus abdominales bien tonificados se viera tan bien y prominente. Podía sentir la furia multiplicándose; el caliente sonrojo subiendo por mi garganta, hacia mi rostro porque él no tenía derecho a verse así de bien cuando yo estaba tan molesta con él.

No decidí esto en una noche, Edward, dame algo de crédito aquí! ¡No te dije que lo estaba pensando porque no quería darte esperanzas, pero te aseguro que no pensé que estuviera tomando esa decisión por mi cuenta! ¡Creí que eso era lo que querías desde el principio!"

Las aletas de su nariz se ensancharon, sus ojos verdes resplandecieron de esa forma kegeliciosa que todavía mantenía los músculos de mi pelvis en excelente forma y fuertes. Cerré mis ojos por dos segundos.

¡Maldita sea, Bella, estás enojada con él! ¡Estás enojada con él, por lo tanto, no puedes saltar sobre sus huesos ahora!

"¡Debiste haberlo discutido conmigo, Bella!" Gritó. "¡Nosotros debimos hablarlo a pesar de lo que pensaras que yo quería! ¿Y qué hay de los meses que hemos pasado preparándonos para acoger a un niño? ¿Creí que querías eso? Pensé que ambos habíamos acordado que queríamos eso."

"¡ESO NO VA A PASAR, EDWARD!" Grité a todo pulmón, agarrando mi cabello en puños. Me senté pesadamente en la silla de suave cuero negro, obligándome a sostener su mirada. "Ha pasado más de un año desde que empezamos el proceso de aplicación. Hemos ido a todos los entrenamientos. Recibimos nuestra certificación. Pero no nos han llamado," susurré, mi voz temblorosa a pesar de mis intentos por recuperar un poco del control. "No va a pasar. Debí haber sabido que no le darían a alguien con mis antecedentes un niño de acogida." Sacudí mi cabeza y desvíe la mirada de él.

Sentí más que verlo caminar hacia mí, el calor de su proximidad ya me tranquilizaba, y cuando se puso de cuclillas y tomó mi mano, entrelazando sus dedos con los míos, dejé escapar un largo suspiro pesaroso por mis labios entrecerrados porque sin importar lo alterada que estuviera, un toque de él y el mundo era mejor. Una caricia, y estaba viva de nuevo. Él miró a mi mano por unos segundos, antes de bajar su boca y besarla con ternura, sus labios moviéndose de un lado al otro a lo largo del anillo en mi dedo.

"Ese es un maldito crimen, porque le están negando a algunos niños alguien verdaderamente amorosa y maravillosa."

Cuando levantó la vista y me sonrió, le devolví la sonrisa.

"Esposa de doctor o no, supongo que simplemente no soy lo bastante perfecta," le sonreí con ironía.

Agarró mi barbilla con firmeza en su mano. "No hagas eso, Bella. No huyas de mí o trates de ocultar tu dolor. Te prometí que siempre haría lo que pudiera por estar ahí para ti ya sea que estuvieras triste o feliz, ¿no es así? No tienes que ser perfecta. Nosotros no tenemos que ser perfectos. Este no es un cuento de hadas; son nuestras vidas—nuestras. Tú y yo, estamos en esto juntos. 'Nella gioia e nel dolore, ¿recuerdas?" Me sonrió con dulzura. "Siempre."

"Nella gioia e nel dolore," asentí, recordando esa noche hace poco más de dieciocho meses…

OOOOOOOOOO

Estábamos a mitad de una gira sorpresa de diez días por Europa. Edward nos había llevado por nuestro aniversario—bueno, el aniversario de cuando me hizo esa loca propuesta, y yo decidí quedarme. Aun así, esa propuesta, sin importar lo absurda que fue, había entrelazado nuestras vidas—nuestro destino. Era motivo de celebración.

La cálida noche de verano tenía a todos los turistas abanicándose con sus mapas de la ciudad, y mientras estábamos frente la fuente de Trevi, las luces superiores iluminaron la estatua de Neptuno, dios del mar, con un espectacular resplandor amarillo. Las aguas resplandecientes de la fuente se veían muy tentadoras, fluyendo de roca en roca.

Edward buscó con impaciencia en sus bolsillos, buscando cambio para arrojar a la fuente porque la leyenda decía que aseguraría nuestro regreso a Roma. Mis ojos viajaron de él a la fuente y de regreso, todo mientras mecía mi dedo de un lado al otro junto con el anillo colgando de mi collar.

Y entonces caí en cuenta.

Pasaba todo el día, todos los días, haciendo esto; jugando con mi anillo, girándolo en mi dedo. ¿Por qué no solo estaba en mi dedo, si ahí es donde realmente lo quería de todos modos? ¿Por qué permitía que un antiguo miedo dominara mi nueva vida? Edward había prometido que siempre haría lo que pudiera por estar ahí para mí y hasta ahora lo había hecho, y sabía que continuaría haciéndolo indefinidamente. Lo amaba. Él me amaba. Era así de simple.

Y así, mientras él buscaba en sus bolsillos, yo tarareaba una alegre melodía en voz baja y desabrochaba mi bonito collar de plumas y conchas, saqué el anillo y lo coloqué en mi dedo, sosteniéndolo en alto y admirando la forma en que atrapaba y reflejaba las luces de la fuente.

"¡Ah!" Edward levantó la vista, sosteniendo triunfante un par de monedas ribeteadas de oro entre dos dedos. Fue casi cómica la forma en que su boca se abrió y sus ojos se hicieron más grandes cuando me vio sosteniendo orgullosa mi dedo en alto.

"¿Sí?" Me sonrió de oreja a oreja.

"Sí," le respondí con mi propia sonrisa enorme.

Tragó grueso. "¿Ahora?"

Me reí entre dientes al escuchar temblar su voz, llena de ansiedad apenas contenida. "Claro, ¿por qué no?"

Entramos corriendo en la primera iglesia que encontramos—no fue una búsqueda difícil en Roma—donde Edward le explicó al sacerdote que queríamos casarnos. Por lo que se sintieron como horas, ellos discutieron en un rápido italiano hasta que en algún momento Edward colocó la mano derecha sobre su pecho.

"Padre, mi ha preso tre anni per convincerla a mettere l'anello al dito. ¡Tre anni! ¡Ho bisogno di sposarla súbito! Giuro davanti a Dio che io, Edward Cullen, non sono sposato. Non sono mai stato sposato e non ha né lei, Isabella Swan. E ci amiamo profundamente. Lo juro."

El sacerdote finalmente arrojó las manos al aire, fulminándonos a ambos con la mirada. "¡Impacientes Americani! ¡Esperaron tres años, pueden esperar cinco minuti más mientras yo al menos busco en google!" Dijo con brusquedad, y entonces caminó rápidamente a la parte de atrás de la iglesia.

"¿Pero lo hará?" Le pregunté a Edward, temblando de emoción.

"Creo que tal vez sí," Edward sonrió con suficiencia. Pero entonces volvió sus ojos serios en mi dirección. "Bella, ¿estás segura?"

Envolví mis brazos alrededor de su cuello. "Súper segura."

Nos besamos—algo inapropiado para ser honesta, considerando que estábamos en una iglesia—y entonces alguien se aclaró la garganta ruidosamente detrás de nosotros y miramos en esa dirección y a los ojos del sacerdote.

"¿Siete pronti? ¿Están listos?" Preguntó.

Los dos asentimos.

"Muy bien. Pero por favor, recuerden que aunque estarán casados a los ojos de Dios, esto no es una unión legal. Tendrán que hacerlo oficial en su país."

Y lo hicimos. Nella gioia e nel dolore. En la alegría y en la tristeza.

OOOOOOOOOO

"Honestamente, no entendí ni la mitad de los votos que estaba haciendo," sonreí con suficiencia ahora en el presente, jugueteando con mi anillo.

Edward entrecerró sus ojos.

"Solo estoy bromeando." Le sonreí con dulzura y luego suspiré. "Has mantenido todas tus promesas, Edward. Las que hiciste esa noche, y las que me hiciste frente a ese autobús en Cali. Siempre estás aquí para mí, incluso cuando soy un dolor en el trasero. No me dejas ocultarme o huir de las cosas." Lo besé una vez en los labios. "Me amas y me honras todos los días, en la alegría y en la tristeza. Es lo más cercano a un cuento de hadas de lo que puede ser."

Me sonrió con ternura.

"Lo siento, tenías razón," reconocí, "Debí haber hablado contigo, pero aun así no cambia el hecho de que quiero esto…"

Edward bajó la vista y suspiró—un suspiro largo y cansado.

Fue entonces que me agarró por los hombros y me hizo bajar al piso alfombrado de color crema con él, sus ojos ardiendo de nuevo. "Bella, he sabido que eres buena para esto desde la primera vez que te vi con Brady; la forma en que lo cargabas y jugabas con él, cariñosa y divertida todo a la vez. Pero sé que es algo que te atemoriza—"

"Superé mis miedos al matrimonio, ¿no es así? Incluso dejé que tus padres nos hicieran esa boda—que fue bastante excesiva, debo decir. que puedo hacerlo, Edward," le supliqué. "Tú me has hecho sentir segura; me ayudaste a creer en un futuro que nunca creí que pudiera tener. Me permitiste desear cosas que nunca pensé que debería desear."

Envolvió mi rostro con sus manos. "Bella, solo quiero estar seguro que quieres estas cosas por ti, no porque crees que es lo que yo quiero."

Envolví sus manos con las mías. "Bueno, ¿no quieres eso? ¿No quieres mirar a un pequeño rostro y ver en él pedacitos de ti y de mí? También veo la forma en que sostienes a Brady, y a su hermanita. Veo la forma en que miras al pequeño de Jake. ¿No quieres sostener uno y saber que tú y yo lo hicimos con nuestro amor, con esa loca pasión que tenemos?" Sonreí con anhelo. "Me dijiste una vez, hace mucho tiempo en los acantilados, que querías hijos. ¿Ya no los deseas? ¿No los deseas… conmigo?"

Aún antes que hubiera terminado de pronunciar las palabras, él tomó una de mis manos y la colocó sobre su corazón. "¿Sientes eso? Mi corazón está a punto de salir corriendo de mi pecho, Bella."

Estaba latiendo como loco.

Agarró mi otra mano con fuerza en la suya. "¿Sientes como estoy temblando? Es porque deseo esto muchísimo. No deseo nada más que mirar a los ojos de una niñita y ver el mismo brillo travieso que veo en los tuyos, o al rostro de un niñito y ver tu sonrisa pícara. Pero también tienes que desearlo, Bella, no solo yo."

"¿Es eso lo que piensas?" Sonreí. Sus ojos buscaron en los míos con inquietud. "Edward, por más que te ame, nunca traería un hijo a este mundo solo para hacerte feliz. Yo quiero esto, Edward. Quiero esto por mí. Por nosotros. Sí, todavía estoy un poco… asustada," confesé, "No trataré de negarlo. Pero que puedo hacer frente a este último miedo, siempre y cuando tú estés conmigo. Sé que es algo que tú y yo podemos resolver juntos." Tomé su mano y la coloqué en mis labios, besándola con dulzura; implorándole.

Pero la cosa era que, como siempre, al parecer Edward solo había estado preocupado por .

Ahora asintió con vehemencia, y pude sentir su ilusión aumentando.

"Lo he pensado, Bella. Solo por si acaso, ¿sabes?" Dijo, algo avergonzado. "Sé cuál es tu mayor temor, amor, y aunque no hay nada que podamos hacer para alguna vez garantizar por completo que nada nos pasará a nosotros, podemos asegurarnos de que nuestros hijos siempre tengan familia que vele por ellos, que cuiden de ellos si es necesario."

"¿Cómo?" Pregunté.

"Podemos poner en nuestros testamentos quiénes serán exactamente sus guardianes en caso de nuestra muerte. Es lo que mis padres biológicos hicieron por mí, lo que estoy seguro que tus padres habrían hecho por ti si hubiesen tenido alguna idea…" Desvió la mirada de mí entonces. "Pero sabes qué," murmuró, "mis padres probablemente solo estaban siendo anales—muy probablemente es donde lo heredé."

Me reí entre dientes a pesar del que sin duda era un sombrío tema de conversación. "Y mis padres probablemente eran tan inestables como yo."

"No eres inestable," dijo él con seriedad. "Bueno, solo un poquitín," concedió con una sonrisa. "De otro modo, el Instituto de Forks no te confiaría a su cuerpo estudiantil como su orientadora vocacional. Y no estaríamos teniendo esta conversación."

Nos sostuvimos la mirada y entonces me reí entre dientes. "Este probablemente no es un tema del que la mayoría de las parejas hablan con tanto detalle cuando deciden empezar una familia."

"Entonces, eso solo prueba lo responsables y bien preparados que estamos. No hay nada malo en eso," declaró, negándose a admitir lo extraño que realmente era esto.

Mordí mi labio, pensando en la última propuesta de Edward. "¿Crees que podamos agregar una cláusula indicando quiénes serán los guardianes de nuestros hijos en caso de que le pase algo a la primera pareja de guardianes?"

"Estoy seguro que sí."

"¿Y otra pareja además de esa?"

"Si te hiciera sentir mejor, sí."

"Quiero a Rose y Emmett, y a Entrometida y Carlisle, y a Alice y a Jasper—en ese orden solo porque Alice me hizo ponerme ese horrible vestido esta noche."

Se rio entre dientes. "Estoy de acuerdo, y estoy seguro que ellos también lo estarán. Hablaremos con ellos en seguida."

Tomé una respiración profunda y la dejé salir lentamente. "¿De verdad, vamos a hacer esto?"

"Tú dime," arqueó una ceja.

Sonreí con suficiencia. "Estoy asustada y nerviosa," admití, agarrando sus dos manos. Él asintió con seriedad. "Pero al mismo tiempo, estoy emocionada."

Su rostro esbozó la más gloriosa de las sonrisas imaginables, con sus ojos verdes relucientes. "Yo también."

"Entonces, ¿qué hacemos ahora?"

Él me sonrió con suficiencia.

Me reí entre dientes. "¿Sí?"

"Bueno, sí. Normalmente es la forma como se hacen estas cosas." Envolvió mis caderas con sus manos y se acercó. "¿Tiene alguna objeción en procrear en el piso del vestidor, señora Cullen? Porque contigo en este modelito, realmente dudo que logre llegar a la cama."

Dieciocho meses después, todavía le encantaba llamarme su señora—Honestamente, todavía me encantaba escucharlo.

"Ninguna objeción, doctor Cullen, sobre todo porque puso aquí esta bonita y lujosa alfombra." Tiré de él y ambos caímos uno al lado del otro en el grueso piso alfombrado del vestidor, riendo; muy diferente a hace unos minutos cuando quería desmembrarlo. Pero así era como funcionábamos. No, no era perfecto. Discutíamos algunas veces. Chillábamos y gritábamos y lo sacábamos todo. Esos momentos de ira nunca duraban mucho tiempo. No podían cuando nos necesitábamos tanto el uno al otro. Simple y sencillo, era nella goiai e nel dolore.

"Mira eso. Tal parece que te meterás a mis bragas esta noche después de todo," solté una risita.

Él me agarró y en seguida me puso sobre él. "Nunca pensé lo contrario," bromeó mientras agarraba mi trasero y le daba una buena nalgada.

"¡Ay!" Chillé.

"Y difícilmente llamaría a este casi inexistente pedazo de tela unas bragas," sonrió con suficiencia, pasando un dedo hacia arriba y hacia abajo por la delgada tanga.

Bajé mi mano y la envolví en torno a su polla erecta—con fuerza.

"¡Ay!" Gritó, riéndose al mismo tiempo. "¡Con cuidado! ¡Esos de ahí son tus futuros hijos!"

"¡Oh Dios mío, lo son!" Le sostuve la mirada y mi corazón latió con fuerza, lleno de alegre anticipación pensando hacia dónde nos dirigíamos—en más de un sentido.

"¡Todavía no me he tomado la píldora esta noche!" Canté como soprano con mi mejor voz de ópera.

"Eso es excelente," él cantó en respuesta, sonriendo de forma torcida y puso su boca en la mía mientras sus manos jugueteaban con las costuras de mis medias. Por un largo rato nos besamos y acariciamos y entonces me puse a ahorcajadas sobre él y me senté.

"¿Y nos embarazaremos ahora?"

"Bueno, no en este preciso segundo," me dio su sonrisa afectada, riendo entre dientes cuando le di un golpecito a su labio. "Un par de cosas tienen que conectar primero y realmente espero que no tenga que explicarte la ciencia detrás de eso," dijo bromeando. "De hecho, a una pareja le toma un promedio de cuatro a cinco meses tratar de concebir, y un ochenta y cinco por ciento de las parejas tarda hasta un año. Así que, tal vez no suceda esta noche." Sonrió con picardía, sus ojos verdes resplandecientes. "Pero ya sabes lo que dicen, 'Si al principio no tienes éxito…'"

"Intenta y prueba y vuelve a intentarlo," dije entre mi aliento con voz ronca, bajando mi cabeza y arrastrando mi lengua por su cuello y a través de su tonificado pecho, sintiéndolo contraerse bajo mis manos cuando empecé a tratar de desabrochar torpemente su cinturón. A pesar de lo mucho que deseaba esto, la enormidad de todo aún hacía temblar mis manos.

Edward envolvió su mano grande en la mía. "Relájate, amor. Lo más probable es que todavía tengamos unos meses para acostumbrarnos a la idea antes de que realmente te embaraces."

OOOOOOOOOO

Dos semanas y media después:

Me puse de cuclillas sobre el inodoro, tarareando bajito mientras me aseguraba de sostener el palito en mi chorro de orina por al menos quince segundos.

"¡Puaj! ¡Maldición!" Me chupé los dientes con irritación cuando me mojé a pesar de todos mis intentos de lo contrario. Con cuidado, coloqué el palito en una toalla de papel doblada sobre el lavabo, y me le quedé mirando mientras me lavaba las manos y silbaba de forma desentonada.

Paciencia y gratificación retrasada—ninguna de ellas han sido mi fuerte. Sin importar qué, nunca sería una de esas mujeres que se alejaban por tres minutos; que se cubrían los ojos mientras esperaban.

Yo era la impulsiva; Edward era el ecuánime. Cuando estábamos juntos…

Sonreí. Bueno, pronto averiguaríamos lo que había resultado de estar juntos.

OOOOOOOOOO

EPoV

Ella no me había escuchado entrar. ¿Cómo podría hacerlo con el escándalo que tenía en la cocina? Ollas y sartenes chocaban ruidosamente mientras ella se movía en su viejo jersey de los Suns, tarareando y silbando y cantando su curiosa canción—que sonaba extrañamente parecida a una desentonada… ¿canción de cuna? Yo solo me quedé ahí y la observé por un par de minutos.

"¿Qué está pasando?" Finalmente me reí entre dientes, entrando para dejar mi maletín sobre la mesa.

Bella se dio la vuelta y sonrió—con esa hermosa sonrisa suya—la sonrisa que siempre hacía latir mi corazón porque normalmente significaba problemas de una forma u otra.

"¡Oye, hay alguien que quiero que conozcas!"

Suspiré, porque estaba cansado, porque vine a casa y no deseaba nada más que solo relajarme con mi esposa, pedirle uno de sus masajes y luego hacerle el amor hasta que nos quedáramos dormidos envueltos en el otro. Realmente no tenía ganas de conocer a nadie.

Pero por la forma en que sonrió… yo haría lo que fuera por verla sonreír de esa forma por el resto de mi vida.

"¿Quién?" Sonreí, mirando alrededor de la cocina vacía y más allá. No había visto el coche de nadie en nuestra entrada.

"Toma asiento," me indicó, y entonces ella se sentó en mi regazo, atrapándome en su mirada. Tomó mi mano y besó la punta de mis cinco dedos antes de colocarla sobre su cálido estómago.

"Doctor Edward Anthony Cullen, le presento a Jamie Cullen."

OOOOOOOOOO

EPoV

Ella tenía mi cabello y mis ojos, pero Jamie era igualita a su mamá desde el primer día. Se los juro, aunque sé que técnicamente era medicamente imposible, ella me miró y se rio cuando salió de su mamá—tres semanas antes. Supongo que se había aburrido e impacientado en la matriz.

En fin, sí, ella se rio—con ganas debo añadir. Bella dice que no era tanto risa sino gritos, informándonos que tenía frío y estaba cabreada y hambrienta, pero ella estaba equivocada. Jamie se estaba riendo. Nadie me convencería de lo contrario. Sus ojos gris verduzco brillaban juguetones; la pelusilla de color durazno en su cabeza apuntaba en todas direcciones en mechones. Ella era, sin duda alguna, la bebé más maravillosa que había nacido en este mundo, y lo digo de manera objetiva. La pequeña James envolvió mi dedo con su manita, y casi pude escuchar su dulce vocecita.

"No sabes la que te espera, papi. Ahora somos dos."

Al final resultó que involuntariamente le había mentido a Bella—una y otra vez. Le dije que no teníamos que ser perfectos.

Pero ahora… bueno, ahora lo éramos.

OOOOOOOOOO

Tarde una noche, unos meses después, convencí a Bella que se fuera a la cama temprano y me dejara con nuestra hija de tres meses. Le di leche materna que Bella se había sacado temprano, la que succionó ávidamente, y luego ella y yo jugamos en el sofá mientras la televisión se escuchaba en el fondo. Cuando se escuchó una de esas canciones cursis de comercial, sus ojos se iluminaron y empezó a rebotar en mi pierna, respirando toda agitada y sip, riéndose.

"¿Quieres bailar, James?" Sonreí, sosteniendo sus manitas mientras ella bailaba, sus dulces ojos verdes fijos en los míos. Su cabello se había vuelto más oscuro en los últimos meses; la pelusilla color durazno se transformó en suaves y sedosos rizos castaño rojizo. Bella dijo que heredó sus rizos del primer Jamie, así como la chispa pícara en sus ojos. Fue una afirmación que no contradije porque sabía que la hacía feliz ver pedacitos de su hermano en nuestra hija, pero en serio, ¿ella nunca se había visto en un espejo?

"¡Mírame, papi! ¡Mírame cómo lo sacudo!"

Me reí entre dientes mientras hacía rebotar a Jamie cada vez más alto sobre mi pierna y ella se reía con esa pícara risa suya—justo antes que vomitara sobre mí.

"Nunca le cuentes a mami," le susurré mientras la limpiaba. Ella me miró a través de esos ojos esmeraldas; riendo de nuevo. Siempre riendo. Igual que su mamá.

Cuando nuestros brincos la cansaron se quedó dormida, y con cuidado la coloqué en su moisés en nuestra recámara, y luego me metí a la ducha para quitarme su vómito evidentemente apestoso.

Bella estaba sentada en la cama cuando salí; Jamie seguiría dormida por otras tres horas o algo así.

Mi esposa parecía asustada.

"¿Estás bien?" Pregunté.

"Acabamos de recibir una llamada," dijo cuidadosamente, "de Servicios Sociales…"

OOOOOOOOOO

La trabajadora social nos sentó y nos explicó la horrible situación. La pequeña tenía siete años y se había quedado huérfana durante la noche. Tenía una familia, pero estaba fuera del estado, y no se sabía mucho de su relación con ella. Servicios Sociales estaba tratando de contactarlos, pero la niñita necesitaba un lugar para quedarse hasta que se pudiera resolver su situación—de una forma u otra. Entonces, dejó la habitación para ir por ella.

Bella se inclinó para acomodar la manta de Jamie sobre su asiento del coche, asegurándose que estuviera bien cubierta.

"Bella, ¿estás segura que todavía quieres hacer esto? Nuestra situación ha cambiado un poco desde que aplicamos como padres de acogida. Acabas de dar a luz hace unos meses. Sé que todavía tienes permiso de maternidad, pero como están las cosas tenemos las manos llenas—"

"Edward," Bella dijo simplemente, luego me miró y sonrió.

Suspiré. "Te ayudaré tanto como pueda, sabes que lo haré," pasé una mano por mi cabello, "pero aunque mi horario no está tan alocado como solía serlo, todavía está apretado, Bella. Es solo que no quiero que te sientas abrumada."

"Estaré bien. Todos estaremos bien."

"¿Qué pasa cuando sea el momento en que ella se vaya con su familia? El primer año después de dar a luz es muy volátil, Bella. Se lleva un tiempo para que tus hormonas y tus emociones se calmen. Es solo que no quiero que sufras cuando la niñita tenga que irse."

"Edward, puedo manejar esto. Puedo manejar las emociones. Puedo manejar el trabajo. Además, te tengo a ti… y a tu mamá. Sabes que ella ayudará."

"Lo sé, pero no estoy seguro que estemos en una posición ahora en la que esto funcionará…"

La puerta se abrió.

No le quité los ojos de encima a mi esposa, evaluando su reacción. No estaba mintiendo cuando dije que estaba preocupado por ella, así que cuando sus labios temblaron y una lágrima cayó por su mejilla, me volví hacia la trabajadora social, listo para decirle que lo lamentábamos, pero simplemente no podíamos hacer esto por el momento.

Y entonces vi a Maia.

Era pequeña para su edad, con piel color melocotón y cabello largo oscuro y ojos igual de oscuros, muy abiertos y obviamente asustados. Miraba de Bella a mí y al pequeño asiento para coche descansando sobre la mesa, y entonces rompió en llanto. Bella se movió hacia ella, pero yo la alcancé primero, poniéndome de cuclillas al nivel de sus ojos y tomando su manita en la mía. Mentalmente vi a mi esposa como debió haberse visto y sentido de niña.

"Shh, tranquila. No te preocupes, cariño. Sé que estás asustada, pero estábamos aquí para ti y te prometo, que todo estará bien. Ahora estás a salvo."

OOOOOOOOOO

Unos años después, Maia y yo estábamos almorzando en la cafetería del hospital. Como su madre, tenía la costumbre de venir a verme al hospital; después de la escuela o entre descansos de su trabajo de media jornada. Algunas veces traía tandas de los famosos sándwiches PBB&B de su madre para todo el personal, así como sus propias e interesantes creaciones. En ocasiones traía a Jamie y Masen con ella, e inevitablemente Jamie se ponía a cantar en algún momento, y mi apasionado hijo de cabello oscuro encontraba algún instrumento para estudiar o qué trepar, y entonces la enfermera Julia les gritaba con una boca sonriente llena de mantequilla de maní, diciéndoles a todos que se quedaran quietos y callados, que aunque su papá fuera el jefe de personal, esto no era un patio de juegos.

Sin embargo, todos eran buenos niños, y lo digo de forma objetiva, incluso si Jamie y Masen definitivamente eran unos diablillos. Pero su hermana mayor, Maia, siempre podía hacer que se comportaran. Ellos veneraban el suelo que ella pisaba y ella les enseñaba lecciones de vida. Todos los días me llenaban los oídos con "Papi, mira lo que Maia me enseñó a hacer…" o "Papi, Maia dice que…"

Muy parecido a como Bella solía venerar al primer Jamie.

Pero Maia siempre era más parecida a mí; más cuidadosa, más reservada, aunque Bella se aseguró de que nunca se refugiara en sí misma por lo que había experimentado de niña—antes de que nos convirtiéramos en sus padres. Fue difícil por un tiempo. Tuvimos que luchar con algunos crueles personajes interesantes para quedarnos con ella. Pero con una mamá como Bella, con una esposa como ella, bueno, ninguno de nosotros tenía permitido ver el vaso medio vacío.

"Las cosas suceden algunas veces," dijo ella, y luego me miró y sonrió. "La vida no siempre resulta como la planeaste, pero en ocasiones la realidad es mucho mejor que el plan inicial."

Ella tenía mucha razón.

Por lo que todos los días llegaba a casa sin saber qué esperar. Los encontraba a los cuatro teniendo una aventura de campamento en el interior, o preparando panqueques, tocino y salchicha para la cena, o solo bailando y cantando bajo las estrellas. Mis espíritus libres.

En fin, Maia y yo estábamos almorzando en la cafetería, y de algún modo nos pusimos a conversar sobre ese día, el día que nos conocimos.

"Estaba asustada, papá, y confundida porque no estaba realmente segura de lo que había ocurrido, pero entonces tú te pusiste de cuclillas frente a mí y tomaste mi mano, y supe que sin importar qué, ahora estaba donde pertenecía."

Más tarde esa noche, acostado junto a Bella en nuestra cama después que finalmente envié al novio de Maia a su casa y conseguí que Jamie y sus muñecas y Masen y sus coches se metieran en la cama, le conté sobre nuestra conversación. Ella me dio esa hermosa sonrisa suya y envolvió mi mano con la suya.

"Sé exactamente cómo se sintió ella."

OOOOOOOOOO


Traducción:

"Padre, mi ha preso tre anni per convincerla a mettere l'anello al dito. Tre anni! Ho bisogno di sposarla subito!Giuro davanti a Dio che io, Edward Cullen, non sono sposato. Non sono mai stato sposato e non ha né lei, Isabella Swan. E ci amiamo profondamente. Lo juro."

"Padre, me tomó tres años poner ese anillo en su dedo. ¡Tres años! ¡Tengo que casarme con ella ahora! Juro ante Dios que yo, Edward Cullen, no estoy casado. Nunca he estado casado, y tampoco ella, Isabella Swan. Nos amamos profundamente. Lo juro."


Awww voy a extrañar a estos dos y ahora a su pandilla, ¿se imaginaban esto? Después de ser una trotamundos que no se quedaba mucho tiempo en un solo lugar, Bella ahora es esposa y madre. Sin duda ha madurado muchísimo, y mucho tiene que ver el tener un compañero que la apoye como Edward *suspiros* ¿Y qué les pareció el relato de Maia? Me pareció tan dulce la reacción de Edward al imaginar que su esposa alguna vez se vio en la posición de Maia, y aunque ya tenían a Jamie y por eso dudó en que pudieran acogerla, tan solo al verla la acogió y se volvió en un miembro más de la familia. Espero que hayan disfrutado de este epílogo, y no se preocupen, todavía faltan tres outtakes en los que conoceremos mejor a los diablillos de esta familia y, solo les diré que se hará presente alguien del pasado… uyyyy. Como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y poder leer pronto los outtakes ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: JessMel4, BereB, mony17, Mamuelita144, somas, Tata XOXO, Jade HSos, aliceforever85, Paola Lightwood, JOCPS, Sully YM, tulgarita, Cary, Adriu, Lizdayanna, Melany, belen2011yani, bealnum, E-Chan Cullen, bbluelilas, arrobale, Aislinn Massi, kaja0507, JANETH A SANDOVAL, Manligrez, sandy56, mariluiq, miop, krisr0405, NarMaVeg, rosycanul10, PRISOL, Mio1973, dobleRose, Nitoca, tocayaloquis, glow0718, AnnieOR, Ali-Lu Kuran Hale, Sarai, Isis Janet, ZellidethSaga76, alejandra1987, Nadiia16, Mafer, Adyel, MajoRed, Wenday 14, Idrt12, kasslpz, Liz Vidal, Lectora de Fics, Car Cullen Stewart Pattinson, saraipineda44, Diana, Sindey Uchiha Hale Malfoy, EriCastelo, Lady Grigori, Brigitte, mrs puff, Noriitha, Vianey Cullen, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, espero que muy pronto. DEPENDE DE USTEDES.