Para que no haya problemas y confusiones, declaro que estos personajes no me pertenecen, son de la autora Stephenie Meyer, y la hermosa trama pertenece a la increíble autora pattyrose. Yo, meh, solo traduzco ;)
Y por supuesto, me acompaña mi querida amiga y Beta Erica Castelo. Muchas gracias por animarme a buscar más alto ;) y ayudarme a hacer mis traducciones más legibles. TQM
ORAB – Al estilo de los niños Cullen Parte 2
EPOV
Llegó el sábado por la tarde—a pesar de todos mis intentos por impedirlo.
Y a pesar de las protestas junto con gruñidos, objeciones y quejas descaradas, mi antigua novia, Bree Tanner, junto con su esposo nos acompañarían a una cena casera.
Estaba acostado en mi cama en bóxer, con la cabeza apoyada en las almohadas, recorriendo los canales de la televisión. Hoy estaba en huelga, aún si Bella todavía no se había dado cuenta. Sí, estaba más que encabronado por el hecho de tener que pasar mi noche de fin de semana recibiendo a una mujer que honestamente nunca había planeado volver a ver. Y a su esposo.
Bella me miró a través del espejo del tocador, donde se había estado arreglando durante los últimos minutos, y levantó una ceja.
"No que no esté disfrutando echarle un vistazo a tus deliciosos abdominales por el espejo, ¿pero no crees que tal vez sea hora de que empieces a vestirte?"
No respondí.
Ella se rio de mí.
Se rio de mí.
"Maldición, estás muy gruñón hoy," dijo con una risita, volviéndose de nuevo hacia el espejo.
"Como si no tuviera razón para estarlo," murmuré en voz baja. "Primero, tengo que lidiar con el peor y más doloroso bloqueo de… polla de mi vida hace un par de noches. Segundo, finalmente consigo una tarde libre, y no hay una mierda en la televisión. Y ahora," la miro con el ceño fruncido, "esta cena…"
Dejó el lápiz labial sobre el tocador y se volvió una vez más para mirarme, sus bonitos labios rojos extendidos en una de esas sonrisas que han hecho acelerar mi corazón desde el primer día. Sí, amaba esas sonrisas, pero no iba a decirle eso ahora. Se supone que fuera mi compañera de vida, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, pero había arruinado mi sábado. Eso tenía que darme el derecho de estar algo malhumorado, ¿no es así?
"No tienes razón para estar gruñón, Edward," se rio entre dientes. "Primero, creo que compensamos muy bien tu bloqueo de polla la mañana siguiente y anoche. Segundo, de todos modos, no te gusta ver la televisión, y tercero, solo es una cena, por amor de Dios. ¡No hay razón para alterarse tanto!"
Le sostuve la mirada, y sin romper la conexión, apagué la televisión y la aceché. Pero en vez de intimidarla, solo parecía estarla divirtiendo en base a la sonrisa hermosa pero fuera de lugar que solo se hacía más grande con cada paso que daba.
Mi esposa lucía preciosa—como siempre. Se puso un vestido cruzado rojo que habíamos comprado durante nuestro viaje a París, que le quedaba perfectamente y lucía sus pechos y trasero todavía respingones—así como sus piernas bien formadas. Su cabello caía suelto y en ondas alrededor de su rostro, y Dios, quería estirar mis manos y pasarlas por su sedosidad. Ella era una diosa, realmente lo era. Recuerdo que me dijo una vez, cuando nos conocimos, que su mamá tenía más de cuarenta y todavía se veía bien, por lo tanto ella podría fácilmente asumir que lo mismo sería cierto respecto a ella a medida que se hiciera mayor.
Por supuesto, todo había sido una mentira. En aquel momento, Renee Swan había estado muerta por más de quince años.
Pero podía imaginar cómo esa declaración podía ser cierta. Bella ya tenía treinta y cinco, sin embargo, fácilmente mandaría volar a cualquier chica diez o quince años menor. Tenía el cuerpo de una chica de veinte años y ni una sola arruga que mostraran sus tres décadas y más en esta tierra.
Maldita sea, era difícil seguir molesto en vez de arrojarla sobre nuestra cama.
Sé fuerte, Cullen.
Agaché la cabeza para poder estar al nivel de la de ella, todavía sosteniéndole la mirada.
"¿Que no tengo razón?" Siseé. "¿Que no tengo razón?"
Todo el tiempo, ella solo sonrió en mi dirección.
Cerré mis ojos con fuerza y respiré profundo, dejándolo salir lentamente.
"Sin mencionar la jodida relación que Bree y yo tuvimos alguna vez. Eso no fue nada más que… tiempo desperdiciado, ¿y sabes qué? No tengo problema con eso porque me llevó a ti. Es lo que ella te hizo a ti ese día afuera de la casa de mis padres lo que no puedo olvidar. O perdonar." Mis manos se cerraron en puños involuntariamente. Dejándolas caer a mis costados. "Y sí, sé que yo tampoco era totalmente inocente de ese desmadre, pero—"
La sonrisa en el rostro de Bella se transformó suavemente en una tierna. Estiró su mano y tocó mi mandíbula.
"Edward, todo eso quedó en el pasado, cariño. Y además, si Bree no me hubiera hecho creer que me habías traicionado y contado mis secretos, entonces no me habría golpeado el coche de Ben, y luego no le habría tenido que pedir a Jake un aventón a Seattle, y tú no habrías vuelto a buscarme a la casa de tus padres para darte cuenta que me había ido. ¡Y entonces, nunca me habría subido en ese autobús a Cali, y tú nunca tendrías que haberlo perseguido, y yo no habría experimentado uno de los momentos más emocionantes y súper románticos en toda mi vida! ¡Uff!" Se abanicó juguetonamente. "¡Me estoy poniendo toda caliente y mojada con solo recordarlo! ¡Verte parar ese autobús todo determinado, con tus ojos verdes abrasadores mientras mis músculos kegel cantaban por la excitación! Y luego conocí a esa mujer en el autobús—olvidé su nombre—pero fue ella la que me ayudó a darme cuenta que necesitaba ir a la Toscana por mí, no simplemente para huir de ti. ¡Y entonces me enamoré de Italia y tú me llevaste de nuevo unos años después, y nos casamos ahí! ¡Y la doctora Maietta en Florencia fue la que me ayudó a comprender que no podía seguir permitiendo que viejos miedos dominen mi nueva vida, así que tú y yo decidimos formar una familia propia y ahora tenemos a Maia, Jamie y Masen! ¡En realidad, creo que puede que tenga que agradecerle a Bree por la mierda que dijo ese día!"
Antes de darme cuenta, me tenía riendo entre dientes.
Envolví su rostro con mis manos.
"Bella, te amo con todo mi corazón y mi alma." Ella sonrió, pero mis manos envolvían su rostro, así que fue esa especie de sonrisa apretujada que hizo que se viera adorable. "Y amo lo compasiva, divertida, juguetona, excéntrica y lo absolutamente loca que eres algunas veces. Pero juro por Dios, que si te escucho agradecerle a Bree por cualquier cosa esta noche, voy a perder totalmente el control."
Ella se echó a reír.
OOOOOOOOOO
Maia POV
No fue mi intención escuchar.
Simplemente iba a la habitación de mis padres a decirles que acababa de ver a Jamie y Masen desde la ventana de mi habitación, en el patio trasero jugando a los vampiros y los hombres lobos con la ropa que se supone que deberían usar para la cena de esta noche—la que sería con la exnovia de mi papá.
Y entonces, justo cuando me acercaba a la puerta y levantaba mi mano para tocar—porque una vez había olvidado tocar hace como un año y créanme, sin importar la edad que tengas nunca estás preparada para ver a tu mamá y a tu papá metiéndose la lengua mientras tu papá manosea el trasero de tu mamá—cuando escuché lo que mi papá estaba diciendo: "Sin mencionar la jodida relación que Bree y yo tuvimos alguna vez. Eso no fue nada más que… tiempo desperdiciado, ¿y sabes qué? No tengo problema con eso porque me llevó a ti. Es lo que ella te hizo a ti ese día afuera de la casa de mis padres lo que no puedo olvidar. O perdonar. Y sí, sé que yo tampoco era totalmente inocente de ese desmadre, pero—"
¿Qué. Demonios?
¡Mi mamá lo interrumpió y empezó este largo discurso, del cual la mitad consistía de cosas de las que nunca los había escuchado hablar! Esta mujer… Bree, al parecer hizo que mamá pensara que mi papá la había traicionado, provocando que a mamá la golpeara un coche y que tío Jake la llevara a Seattle, y entonces ahí hubo alguna clase de alocada persecución de autobús que, oh Dios, al parecer le hizo algo a los músculos kegel de mi mamá, y tuve que hacer una mueca porque puede que sea joven, pero sabía cómo se sentían los ejercicios kegel. Pero pronto dejó ese tema—gracias al Señor—y continuó con su tiempo en la Toscana, del que por supuesto, escuchábamos todo el tiempo, y la doctora Maietta, de la que mamá nunca se ha olvidado y a quién siempre comparaba con el terapeuta que yo había visto por algunos años, el doctor Michaels—que había sido genial, por cierto. Y después habló de su matrimonio en Roma, y luego de tenernos. ¡Y no sé cómo, mi dulce, amorosa, divertida, hermosa, excéntrica y algunas veces ingenua mamá, había convertido todo en algo por lo que sentía que tenía que agradecerle a esa perra Bree!
¡Oh, el juego ya comenzó!
No había estado muy contenta de saber que la exnovia de mi papá venía a cenar para empezar—porque en serio, ¿por qué era eso necesario? Y al parecer, por el mal humor que había tenido mi pobre papá en los últimos días, él tampoco estaba precisamente saltando de alegría por ello.
Pero ahora…
Me di la vuelta y bajé de puntillas las escaleras sin hacer ruido…
Jamie y Masen estaban corriendo por el patio trasero, Jamie al frente, y Masen persiguiéndola. El bonito vestido púrpura de Jamie ya mostraba manchas verdes de césped al frente mientras Masen, con su cabello marrón ondeando alocadamente, gritaba, "¡Si te muerdo, Vampira, morirás!"
Me reí entre dientes a pesar del mal humor en que me puso lo que escuché por accidente. Jamie y Masen eran dos pequeños dolores, pero eran mis dolores. Desde el día que vine a vivir con mamá y papá, Jamie había sido mi corazón. Fueron sus lindas risitas de bebé más que nada, las que me habían hecho sonreír de nuevo. Era muy, muy hermosa y a pesar de su locura, tan malditamente dulce, igual que nuestra mamá. Y Masen, bueno ese niño estaba loco de atar, sobre todo por la forma en que tendía siempre a desarmar las cosas y luego intentaba volverlas a unir, a menudo con resultados desastrosos. Pero desde el momento que mamá lo trajo a casa, sus ojos se iluminaron en el segundo que me vio y en serio, ¿cómo podrías no amar a alguien que te adorara tanto?
"¡Jamie, Masen!" Siseé tan fuerte como pude mientras intentaba no llamar la atención de nuestros padres arriba.
Cuando no pudieron escucharme, metí mis meñiques en las esquinas de mi boca y di un silbido bajo, entonces puse las manos en mis caderas para que pudieran ver que iba en serio.
"¡James y Masen Cullen!"
Eso captó su atención.
Bufando y jadeando, se encaminaron hacia mí.
"Necesito que los dos me escuchen con cuidado—y que hagan exactamente lo que les diga."
Se me quedaron mirando con los ojos como platos—como dije, estos enanos me adoraban. Era un poder del que podía abusar fácilmente si quería, pero amaba a estos dos cabezas de chorlito. Nunca usaría mi poder sobre ellos para el mal.
Y lo que iba a hacer ahora no contaba como malo. Era totalmente y cien por ciento necesario, después de la mierda por la que al parecer Bitty Bee Bree había hecho pasar a mi mamá.
Esta de aquí iba a ser la guerra, al estilo de los niños Cullen.
Y así es como ORAB – Operación Revancha A Bree—entró en funcionamiento.
OOOOOOOOOO
BPOV
Saqué las lindas tartas de queso del horno y respiré profundamente. Mmmm. Emmett me había dado la receta, ¡y vaya que olían bien! Al asado todavía le faltaban unos minutos, pero también olía delicioso. Ya había machacado el interior de las patatas horneadas y les agregué queso y tocino antes de volverlas a meter en su piel y al horno. Maia se ofreció a preparar la ensalada por mí justo antes de servir la cena, y Jamie prepararía su mundialmente famosa limonada recién exprimida. Masen pondría la mesa cuando todos estuviéramos listos para comer.
Los Cullen estaban listos para la compañía.
Eso esperaba.
Y solo en caso de que Bree todavía siguiera esa dieta vegana y saludable suya, había salteado algo de tofú y preparé un rápido chili vegano como su platillo principal.
El timbre sonó.
Con un profundo suspiro, me dirigí hacia el vestíbulo, desde donde la voz de Edward se mezclaba con la de otros.
"Hola chicos," dije en voz alta. Los enormes ojos de Bree (sí, todavía eran muy grandes) se volvieron en mi dirección. Ella sonrió, un poco incómoda, y se veía más delgada de como la recordaba de hace más de una década, lo que hacía que sus ojos resaltaran aún más.
Honestamente, estaba tiendo problemas para ver más allá de esos ojos- ¡Había olvidado lo enormes que eran!
Y luego recordé algo más que parecía haber olvidado convenientemente cuando me topé con ella hace unos días en el mercado.
¡La última vez que vi a esta mujer, la había abofeteado!
Ignorando la forma en que mi mano cosquilleó con el recuerdo, me acerqué con cuidado y mantuve mis manos a la vista, por si temiera otra bofetada. Nunca volvería a hacer eso.
Al menos, no sin una adecuada provocación.
"Bree, ¿cómo estás?"
"Estoy bien, gracias." Su voz tembló un poco—por los nervios supuse. Se aclaró la garganta. "Bella, Edward, él es mi esposo, el doctor Diego Rodriguez."
Miré al hombre parado junto a ella. Era unos centímetros más alto que ella, con cabello y piel oscura, guapo, y su postura tensa; con una sonrisa fría y serena.
Perfecto para ella.
¡Maldita sea, Bella! ¡Tranquila con las niñerías!
Le di una sonrisa amistosa y le tendí mi mano. "Es un gusto conocerlo, doctor Rodriguez. Soy Bella Cullen."
Él tomó mi mano y la estrechó. "Por favor, llámame Diego. También es un gusto conocerte. Mi esposa me ha contado mucho sobre ustedes."
"Oh, oh," me reí entre dientes.
El doctor Diego se volvió para estrechar la mano de Edward.
"Edward Cullen," dijo Edward, con su tono más formal. "Un placer conocerte."
"También es un placer conocerte," respondió el doctor Diego con un tono igual de formal. Enderezó sus hombros y sacó el pecho.
Atravesamos el vestíbulo hacia la sala, charlando de cosas sin importancia al hacerlo.
"Esta es una casa hermosa, Bella," dijo Bree, admirando el entorno.
"Gracias," respondí, incapaz de disimular mi orgullo porque sí, amaba mi hogar.
Tomamos asiento en los suaves sofás de gamuza. Edward se sentó junto a mí, y Bree y Diego se sentaron frente a nosotros. Edward tomó mi mano, entrelazando distraídamente sus dedos con los míos de la forma en que siempre lo hacía cuando estábamos sentados uno al lado del otro. Los ojos de Bree se movieron rápidamente hacia nuestras manos, y alcanzó la mano de su esposo.
Él la miró, al parecer sorprendido.
"¿Así que, ahora estás viviendo en Houston?" Pregunté con mi tono más amigable.
"Sí, he estado ahí desde que…" – se volvió a aclarar la garganta—"…dejé Forks. Diego y yo nos conocimos hace unos cinco años—cuando comencé a trabajar en el Houston General. Él es el jefe del Departamento de Salud Mental ahí. Hemos estado casados por tres años."
"Oh, eso es grandioso," le sonreí con sinceridad. "Felicitaciones."
"Gracias," respondió Bree.
Aquí viene el silencio incómodo número uno.
"¿Y hace cuánto tiempo han estado casados ustedes dos?" Bree preguntó.
Ella dirigió la pregunta hacia mí, pero Edward fue el que respondió.
"Cumplimos diez años el verano pasado," sonrió, apretando su agarre en mi mano.
"Wow," fue todo lo que respondió ella.
Aquí viene el silencio incómodo número dos.
"Edward, Bree me cuenta que eres el jefe de personal del pequeño hospital aquí en el pueblo." Inquirió el doctor Diego.
Al conocerlo ya por trece años, podía leer a Edward como la palma de mi mano, y podía darme cuenta por la forma en que se movió hacia el frente en su asiento que ese comentario del "pequeño hospital" no pasó desapercibido.
Mierda.
Edward sonrió. "Sí, lo soy. Es un trabajo extremadamente gratificante. Puedo trabajar con docenas de personas que respeto enormemente, y luego al final del día, puedo venir a casa con mi esposa y mis hijos. Esas son las ventajas de la vida en un pueblo pequeño."
El doctor Diego asintió despacio. "Sí, supongo que es una vida algo diferente."
El sonido de fuertes voces acompañadas de pisadas igual de fuertes llegaron a mis oídos. Agradecí en silencio la sincronización prefecta de mis ruidosos hijos.
"Y hablado de hijos, aquí vienen los nuestros," sonreí, girando mi cuello para ver a mi pequeño grupo entrar a la sala. Bueno, el término 'entrar' en realidad fue relativo, porque fue más como si dos diferentes huracanes llegaran—seguidos de una brisa más serena y estable.
Aunque Maia debe haber utilizado su magia tranquilizadora con ellos, porque en vez de correr alrededor del sofá en círculos—algo que no me extrañaría de ellos—Jamie y Mase se detuvieron justo frente a nosotros, acompañados por su hermana mayor. Los tres quedaron frente a nuestros invitados tranquilos y en silencio, esperando ser presentados.
Mordí mi labio y decidí pretender que la exhibición de buenos modales de mis hijos no me dejó con la boca abierta.
Al parecer, Edward y yo pensamos lo mismo.
Él se aclaró la garganta. "Bree, Diego, ellos son nuestros hijos: Maia, Jamie y Masen. Chicos, ellos son los doctores Bree y Diego Rodriguez. Amigos,"—se obligó a decir—"nuestros."
"De hecho, Edward," Bree interrumpió, "Todavía me hago llamar Bree Tanner."
"Sí," el doctor Diego concordó, "Nosotros… decidimos que sería mejor que Bree mantuviera su apellido." Se río algo incómodo.
Edward parpadeó. "Oh. Me disculpo."
Maia dio un paso hacia frente y le tendió su pequeña mano a Bree. "Doctora Tanner, es un placer conocerla."
Bree estrechó su mano en silencio.
Luego Maia tendió su mano e hizo lo mismo con el doctor Diego. Una vez que terminó, Jamie, y luego Mase siguieron su ejemplo.
¿Qué…Demonios?
Joder, lo que sea que estuviera ocurriendo, saqué mi pecho orgullosa. Sip, esos eran mis hijos.
"Doctora Tanner, doctor Rodriguez, espero que estén disfrutando de su estadía en el pueblo."
Bree le sonrió a Maia vacilante. "Sí. Sí, así es. Ha pasado mucho tiempo desde que estuve aquí—antes que cualquiera de ustedes entrara en escena."
"Sí, mi mamá me estaba contando eso. Bueno, esperamos que vengan al pueblo más seguido—y que vengan a visitarnos. A Jamie, a Masen y a mí nos encanta la compañía. ¿No es así, chicos?"
Jamie y Masen se retorcían junto a Maia, sus ojos deambulando por la sala distraídamente.
"Dije, ¿no es así, chicos?" Maia siseó en voz baja, dándole un codazo a Jamie, que golpeó a Masen.
"¿Qué? ¿Eh? ¡Oh sí!" Jamie gritó. "¡Nos encanta la compañía! ¡Esperamos que vengan a visitarnos una y otra vez!"
"¡Nos encanta la compañía!" Masen la imitó con su voz de un niño de cinco años. "¡Vengan de nuevo!"
"Vaya, ¿no son unos niños encantadores?" Proclamó el doctor Diego.
Maia sonrió ampliamente.
"¿Podemos mi hermano, mi hermana y yo traerle a los adultos algo de beber?" Maia preguntó.
"Me encantaría algo de agua," Bree respondió evasiva. Se volvió para ver a su esposo.
"Eso suena genial. También me gustaría un poco de agua, por favor."
"Claro," Maia accedió con dulzura. "Dos vasos grandes de agua vienen en seguida." Con una última sonrisa, ella caminó hacia la cocina, con Jamie y Masen siguiéndola.
Miré a Edward, que se veía completamente desconcertado. ¿Estaba pensando lo mismo que yo?
¿Habían bajado alienígenas de Marte en algún momento de la última media hora y remplazaron a nuestros hijos con clones?
"Dios mío, Bella," Bree se rio entre dientes, colocando una delicada mano en su pecho, "Tengo que decir que pareces haber criado a tres niños educados y bien portados."
Y como la burla oculta detrás del comentario sobre 'el pequeño hospital' de su esposo, no me pasó desapercibido el cargado tono de sorpresa en su voz, como si mis niños bien portados fueran totalmente lo opuesto de lo que ella esperaba.
Pero como Edward, decidí que lo mejor sería tomar el camino más noble e ignorar su tono de incredulidad.
Además, ya la había abofeteado una vez en mi vida.
Charlamos un poco más hasta que los niños volvieron a entrar a la sala, Maia y Jamie sosteniendo cada una un vaso grande de agua, con una fresca servilleta limpia debajo de cada uno. Jamie le dio el suyo al doctor Diego, y Maia a Bree. Ellos les agradecieron a las niñas y entonces, con una dulce sonrisa de cada uno, los tres niños se disculparon y dejaron la habitación.
"Mamá, solo avísame cuando quieras que empiece la ensalada," me dijo Maia antes de irse. Asentí, demasiado atónita para hablar.
"Y cuando quieras que haga la limonada," agregó Jamie.
"Y que yo ponga la mesa," terminó de decir Masen.
"Muy bien, chicos, nosotros les avisaremos," respondió Edward, con su boca curveada en una sonrisa engreída.
Me reí suavemente entre dientes. Cuando volví a mirar a Bree, ella estaba mirando a Edward, sus ojos ligeramente vidriosos.
Suspiré bajito. Yo y mis brillantes ideas.
OOOOOOOOOO
Charlamos un poco más mientras el doctor Diego se alternaba entre comentarios bastante agradables e interesantes intercalados con flagrantes palmadas personales en su espalda por su exitosa y prominente carrera. Después de quince minutos, ya podía darme cuenta cuando una gran bravata estaba en camino porque siempre tomaba un sorbo de su agua con antelación. Era cómico en realidad, y Edward parecía concordar conmigo, al menos lo suficiente que no sentía que tuviera que competir. El hecho era que Edward era un muy exitoso doctor. No necesitaba probarle nada a nadie.
"Así que, Bella," Bree comenzó a decir, mientras los hombres hablaban de béisbol—un tema 'seguro', "¿Cómo es trabajar en el instituto? Debe ser una locura tener que lidiar con todos esos molestos adolescentes día tras día."
"En realidad, lo disfruto de verdad," me reí entre dientes. "¡Sus mentes son muy… abiertas y maravillosas y listas para aprender e incluso enseñar!" Me maravillé. "¡Es como una nueva aventura todos los días!"
"¿En serio?" Bree sonrió con suficiencia. "Bueno, trabajé con adolescentes por un tiempo cuando estaba dirigiendo terapia de grupo, y tengo que ser honesta," – tomó un sorbo de agua—"creí que eran absolutamente—"
En ese momento Bree se detuvo, con sus cejas fruncidas. Tragó su agua casi a la fuerza, engullendo audiblemente.
"¿Pasa algo?" Pregunté.
Tomó otro sorbo de agua e hizo una mueca, sus ojos casi saliéndose de sus cuencas por lo grandes que se hicieron.
"El agua… Diego… cariño," se volvió, interrumpiendo la conversación con Edward, "¿El agua te sabe… salada?"
El doctor Diego frunció el ceño y tomó un sorbo de su agua. "Para nada, cielo. Sabe extremadamente fresca y limpia—como agua de montaña. ¿Es agua de montaña?" Me preguntó.
Me encogí de hombros. "Viene de nuestro refrigerador. En realidad, no estoy segura dónde estuvo antes," me reí entre dientes.
"Bueno, es deliciosa." Se volvió de nuevo hacia Edward, ignorando la forma en que colgaba la lengua de su esposa. Lentamente, Bree volvió a meter su lengua, cerrando su boca con un escalofrío.
"Puedo traerte otro vaso," le ofrecí, y empecé a levantarme. "Tal vez el lavavajillas no enjuagó todo el jabón—"
"No, no, no, no importa," insistió, y dejó el vaso en la mesita de centro.
Titubeando, me volví a sentar.
"¡Mamá!" Me llamó Maia desde el otro lado del pasillo. "¡El horno sonó!"
"¡La cena está lista!" Me levanté una vez más, y esta vez el resto se me unió. "¿Pasamos al comedor?"
De la mano, Edward y yo les señalamos el camino a nuestro comedor formal.
"¡He preparado tartas de queso como nuestra entrada, y un maravilloso estofado con patatas doblemente horneadas para esta noche!" Anuncié orgullosa. "Y Maia prepara una rica ensalada con—"
Pasó una rápida mirada entre Bree y su esposo.
"¿Qué pasa?" Pregunté, parándome abruptamente.
Bree se veía avergonzada. "Bueno, es solo que Diego y yo somos veganos, Bella."
"Oh."
Mis ojos se desviaron rápidamente hacia Edward. Las aletas de su nariz se ensancharon, y por una milésima de segundo pareció estar listo para decir algo, pero le supliqué con mis ojos que se calmara. Con la boca apretada en una línea, bajó la vista a sus pies.
"Bueno, no hay problema," continué en seguida, "Me preguntaba si aún eras vegana, Bree, y solo por si acaso, preparé un chili vegetariano para ti con una receta que me dio Emmett, junto con tofu salteado. ¿Qué te parece eso?"
"Oh, Bella," dijo, sonando genuinamente agradecida, "eso suena delicioso, pero en serio, no deberías haberte tomado tantas molestias."
"No, realmente no debió haberlo hecho." Edward se rio entre dientes al decirlo, con sus ojos firmemente en los míos, pero fue imposible no notar el tono serio de su risa.
Y aquí viene el silencio incómodo número tres.
"Bien, entonces, todos tomen asiento, y volveré en un par de minutos con la cena."
"Voy contigo a ayudarte," murmuró Edward, siguiéndome a la cocina, pisoteando todo el camino.
Oh cielos. ¿En qué demonios me había metido?
Pobre Bella, ahora sí se está arrepintiendo de haber invitado a Bree, y la noche apenas empieza jajajajaja. Porque como pudieron ver, los niños Cullen tienen planeada su propia bienvenida a Bree. Me encantó la parte donde Bella no podía creer lo bien portados que estaban sus hijos jajajaja. ¡Locos igual que ella! Espero que hayan disfrutado del capítulo y por supuesto, estaré esperando ansiosa sus reviews para poder leer el siguiente y último Outtake de esta hermosa historia, para darle formalmente el adiós. Recuerden que sus reviews es el único pago que recibimos por hacer esto para su diversión ;)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Sindey Uchiha Hale Malfoy, OnlyRobPatti, kaja0507, hanna1441, Nadiia16, bbluelilas, Cinti77, glow0718, Aislinn Massi, Yazmin, Franciscab25, Vianey Cullen, Twilight all my love 4 ever, alejandra1987, Paola Lightwood, lagie, kasslpz, BereB, paupau1, Melany, somas, Mio1973, bealnum, Nitoca, Lizdayanna, Liz Vidal, Jade HSos, Isis Janet, NarMaVeg, Tata XOXO, JessMel4, miop, tulgarita, Manligrez, Lady Grigori, Car Cullen Stewart Pattinson, E-Chan Cullen, Mafer, Adyel, Adriu, aliceforever85, Marie Sellory, Maryluna, saraipineda44, EriCastelo, MajoRed, Mapi, mrs puff, Idrt12, Rosiichita, sandy56, Noriitha, PRISOL, Maribel 1925, dobleRose, Sully YM, ZellidethSaga76, Diana, Ali-Lu Kuran Hale, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente Outtake, que espero sea muy pronto ;)
