El sol se escondía tras los edificios, sus lánguidos y moribundos rayos tiznando el cielo de un carmesí perezoso que lentamente se iba convirtiendo en un violeta mientras las primeras estrellas titilantes aparecían en el firmamento. La primavera había comenzado y el invierno aún se sentía rezagado, con su frío manto en las madrugadas a pesar de que al medio día la temperatura subía hasta los 15 grados. Era un día común como cualquier otro y Kyo había planeado pasar tarde bebiendo café en la cafetería que quedaba cerca de su nuevo apartamento mientras trabajaba en su computador portátil.

El último torneo de KOF se había terminado hacía un par de meses y luego de enfrentar a ese nuevo enemigo llamado 'verse', su vida había vuelto a una relativa tranquilidad. Había llegado a un acuerdo con su padre para que lo dejara tranquilo con los asuntos del clan Kusanagi, a estas alturas, Kyo sabía que huir de la responsabilidad que tenía para con el clan por ser el legítimo heredero era absurdo, sin embargo, había encontrado una manera de mantener relativamente su libertad y tener a su padre contento.

Se había ido a vivir a ese apartamento, porqué vivir en la mansión Kusanagi significaba estar bajo la supervisión de sus padres y aunque era mucho más cómodo gozar de los lujos y de la atención de los sirvientes, se sentía sofocado y más que nada, deseaba tener la libertad de moverse por la ciudad cuando le apeteciera sin tener que dar explicaciones a nadie. Su padre había aceptado bajo la condición de que, semanalmente trabajara en los asuntos relacionados del clan y le enviara reportes por email. Era increíble la cantidad de documentos que tenía que leer sobre los movimientos financieros de las familias y demás temas relacionados con las responsabilidades del líder del clan.

Llevaba dos horas en ese café y se había terminado dos capuchinos y un té negro con leche, era viernes y si no le enviaba el susodicho reporte a su padre, sabía que no lo dejaría en paz durante el fin de semana y hasta le obligaría a pasarse por la mansión para asistir a una de las aburridas reuniones con parientes lejanos cuyos nombres no le importaba recordar.

Kyo escuchaba su playlist favorita de Jrock en sus audífonos blancos y estaba tan concentrado escribiendo, que no se dio cuenta de la ominosa presencia que se acercaba.

La pantalla del portátil se cerró abruptamente y Kyo retiró las manos justo a tiempo para que no le quedaran atrapadas en el teclado, levantó el rostro con el ceño fruncido dispuesto a mandar a la mierda a quien fuera que se hubiese atrevido a interrumpirlo de esa manera tan maleducada, cuando se encontró con los ojos rojos de demonio de Iori Yagami.

- ¿Qué carajos? – Exclamó con expresión sorprendida, su rival de toda la vida estaba de pie frente a la mesa, una mano aún sobre la pantalla cerrada del portátil - ¿Pero qué demonios crees que estás haciendo? –

- Eres descuidado Kyo – La voz de Iori sonaba como siempre con ese timbre bajo tan característico – Pude haberte atacado por la espalda –

- ¡Se llama estar-concentrado-trabajando idiota! – Se quejó Kyo irritado, quitándose los audífonos – Quita tu mano de ahí, no he grabado el archivo –

Iori le observó con una leve sonrisa en el rostro, su cabello como siempre ocultando gran parte de su expresión, la reacción de Kyo había sido inesperadamente iracunda, lo cual le complacía. A veces cuando buscaba a Kyo paras retarlo y este le respondía con una expresión desinteresada o perezosa, Iori sentía como le hervía la sangre con frustración, no quería que Kyo peleara por obligación o porque no tenía otra opción, quería que lo enfrentara con rabia, porqué entonces sus puños irían en serio.

Kyo le agarró la mano por la muñeca y con rudeza la hizo a un lado para volver a abrir el portátil y grabar el archivo de EXCEL en el que estaba trabajando. Como sabía que no podía ignorar al pelirrojo, levantó la mirada una vez hubo asegurado que su trabajo de más de dos horas no se hubiese perdido.

- ¿Qué mierda quieres? – Preguntó con el ceño fruncido.

La cafetería era pequeña y aunque no estaba llena a tope de comensales, algunas personas se habían girado curiosas para observar el pequeño altercado. Iori seguía de pie frente a la mesa, iba vestido con una gabardina liviana negra y una camisa blanca abierta en un par de botones, dejando entrever parte de sus pectorales, también llevaba la correa de cuero negra que solía usar en los torneos en el cuello y un collar con una pequeña luna de plata.

- Han pasado dos meses Kyo – Comenzó Iori sin dejar de sonreír macabramente – Ya sabes lo que quiero –

- Eres tan inoportuno como siempre – Bufó Kyo con una clara expresión molesta – Tengo cosas que hacer ¿No ves que estoy ocupado trabajando? ¿O crees que disfruto estar sentado frente a un computador revisando movimientos bancarios y calculando presupuestos? –

- Guarda esa molestia para después, quiero verte pelear en serio – Fue la respuesta de Iori. Kyo blanqueó los ojos, definitivamente Iori no aceptaría un 'no' como respuesta y a veces Kyo se preguntaba si había otras cosas en la cabeza del pelirrojo que no fuera pelear. Hablarle a Yagami era como intentar razonar con un perro rabioso.

- Disculpe... ¿Hay algún problema? – La voz del mesero sonó algo atemorizada acercándose, por un lado, el delgado muchacho había observado la interacción y la amenazadora mirada de Iori, así como la reacción irritada de Kyo eran claros indicios de que allí se armaría una pelea. Estaba claro que el muchacho no quería inmiscuirse en el asunto, pero se veía obligado a hacerlo como parte de su trabajo, varios clientes murmuraban entre ellos y miraban con curiosidad en su dirección.

- No pasa nada, ya nos íbamos – Comentó Kyo intentando forzar una sonrisa para tranquilizar al muchacho, se puso de pie, empacó el portátil en el morral que traía y sacó su móvil para pagar lo que había consumido - ¿Cuánto le debo? –

El mesero hizo varias venias y se disculpó avergonzado, antes de sacar un TVP* que traía en el bolsillo de su delantal café oscuro. Kyo le mostró el QR code de su sistema y pagó por los cafés y el té.

Una vez afuera del local, ambos hombres se quedaron de pie en el cruce del semáforo, ya había oscurecido por completo y a pesar de que había comenzado la primavera, se sintió un gélido viento invernal, quizás el último vestigio de la moribunda estación. Estaban en un distrito residencial un tanto alejado de la zona comercial, un par de edificios se alzaban en el firmamento, pero la mayoría de edificaciones eran casas de no más de 4 pisos. Las calles eran estrechas y apenas si permitían dos carriles. Kyo había escogido ese barrio para alquilar su apartamento, porqué quería estar relativamente lejos de la mansión Kusanagi para no tener que estar visitándola con frecuencia.

- No podemos pelear en este lugar – Comentó Kyo con desdén, aún se sentía molesto, debía enviarle los archivos a su padre esa misma noche o se metería en problemas, así que pensaba que, si acababa con la pelea rápido, tendría tiempo de regresar a su apartamento y dar una última revisión antes de enviarlos.

- No me importa el lugar – Murmuró Iori con la mirada fija en él.

- No seas idiota, esta es una zona residencial ¿Quieres causar un incendio? – Le preguntó Kyo llevándose las manos a la cintura.

- No me importa Kyo – La voz de Iori sonaba extrañamente calmada, una calma asesina que resultaba más espeluznante que su furia.

- Pues a mi si me importa, no quiero terminar en una estación de policía por tu culpa – Se quejó llevándose una mano a la frente con expresión irritada – Sígueme – Finalizó con un suspiro resignado.

Kyo comenzó a caminar por una calle estrecha que iba en subida hacía una colina donde se veía que terminaban las casas. Se había mudado recientemente a ese barrio, pero en una mañana en la que había salido a trotar, había terminado por descubrir un pequeño bosque en la colina junto a un templo semi abandonado. El lugar era perfecto para relajarse y meditar o simplemente quedarse dormido bajo un árbol y disfrutar de la brisa primaveral.

Subieron los escalones de piedra y pasaron bajo el arco o puerta tori* de madera envejecida que anunciaba la entrada al territorio sagrado. La pintura roja se había desvanecido en partes dejando ver el color de la madera.

Iori observó los alrededores cuidadosamente, su instinto de luchador siempre le hacía fijarse hasta en el más mínimo detalle, pues en un combate no se sabía qué tipo de objetos del ambiente se pudiesen usar a su ventaja, el lugar lucía tranquilo y solitario, los árboles que bordeaban el camino apenas comenzaban a florecer, algunos todavía lucían sus ramas completamente desprovistas de hojas, dando la impresión de ser enormes patas de arañas.

El templo en cuestión lucía bastante abandonado a comparación de otros templos centrales dentro de la ciudad, pero había ofrendas de flores y frutas a los pies de algunas estatuillas y monedas en el pozo junto a la campana donde se hacía el ritual de limpieza, lo que indicaba que algunas personas aún iban allí a presentar sus respetos a los dioses. Hicieron una venia respetuosa una vez entraron en territorio sagrado, podían sentir un ligero cosquilleo en el cuello al pisar esa gravilla, la energía de ese lugar era latente y aunque para una persona del común era algo invisible, ambos hombres podían sentir la presencia del espíritu que habitaba el sitio, haciendo resonar los tesoros sagrados en su interior.

Kyo a travesó el patio externo del templo y se dirigió a un claro que había a un lado, los árboles por algún motivo no crecían allí y le pareció que era el lugar idóneo para un enfrentamiento. No quería iniciar un incendio forestal por accidente, Kyo no quería perturbar a los kamis* del bosque y al fin al cabo los árboles no tenían la culpa de que el idiota de Yagami lo buscara siempre para pelear. Sabía que una chispa de fuego podría comenzar una reacción en cadena y quemar todo el lugar.

Con expresión fastidiada, el castaño colocó el morral con su portátil delicadamente en el suelo detrás de un árbol, tan alejado del claro como le fue posible del claro.

- Si me quemas el portátil, te juro Yagami, que te daré una paliza de la cual te vas acordar toda la vida – Le amenazó volviendo al claro, Iori sonrió complacido al escuchar eso y Kyo pensó en ese momento que quizás amenazarlo de esa manera, tendría el efecto contrario y ahora el pelirrojo intentaría quemar su portátil a propósito – Olvídalo, no me mires así –

- Pelea en serio Kyo – Comenzó Iori adoptando su acostumbrada postura de ataque, con las manos extendidas en frente – Esta vez no habrá interrupciones –

Kyo suspiró con expresión resignada, ese día llevaba un simple suéter de lana liviana negro cuello de tortuga y unos jeans índigos, no había imaginado que su día terminaría con una pelea, pero sabía que cuando el pelirrojo aparecía con la intención de retarlo, no había poder en el mundo que lo hiciese desistir de la idea, su última pelea había sido literalmente interrumpida por fuerzas sobrenaturales. Iori había sido poseído y Kyo no había tenido otra opción que usar sus llamas para exorcizar esa presencia dentro de Iori y en el proceso, se había ganado una golpiza, de la cual aún le quedaban rezagos.

La herida que Iori le había hecho en el pecho había sido profunda e increíblemente molesta de curar, cualquier movimiento descuidado había hecho que la piel se abriera y constantemente tenía que cambiar las vendas y limpiar la infección. ¡Un mes! ¡Por un maldito mes Kyo había tenido que lidiar con el molesto proceso de curación!

- Tienes razón, esta vez te haré pagar lo que me hiciste – Comentó Kyo sintiéndose progresivamente más molesto al recordar la última pelea. Estiró el cuello e hizo traquear sus nudillos frunciendo el ceño para colocarse en posición de combate también. Quizás golpear al pelirrojo sería una buena forma de liberar estrés después de todo, la tranquilidad en la que se había sumergido su vida había sido buena al comienzo, pero tenía que aceptar que la rutina de llevar una vida relativamente normal a veces le aburría.

Resultaba irónico que cuando estaba enfrentando a seres sobrenaturales o a organizaciones terroristas solo deseaba estar recostado bajo un árbol durmiendo y cuando por fin volvía a llevar una vida normal, extrañaba la sensación de la adrenalina corriendo su cuerpo en el combate.

Iori se lanzó hacía él con su característica velocidad, sus manos extendidas como garras, su mirada rojiza casi brillando con la luz de la luna que los bañaba. Kyo bloqueó el primer golpe con su antebrazo derecho y el segundo con el izquierdo, el impacto de ambos golpes haciéndole estremecer, su cerebro finalmente liberando la adrenalina que le hizo sentir completamente alerta, sus pupilas dilatándose dilatados como un felino a punto de atacar.

Kyo lanzó un rodillazo al estómago de Iori, ahora que lo tenía cerca, impactando el golpe de lleno, el pelirrojo se inclinó hacia adelante quedando sin aire y Kyo aprovechó para darle un codazo en la espalda haciéndole caer de rodillas.

- Je, el que tiene que pelear en serio eres tú – Se burló al ver a Iori tosiendo en el suelo, se inclinó un poco sobre él de manera condescendiente y el pelirrojo aprovechó paras levantarse y darle un cabezazo en el mentón, el golpe en el maxilar le envió un agudo dolor que le subió por la cara hasta el cráneo y Kyo se maldijo por haberse querido pasar de listo.

Iori se puso de pie, sonriendo mientras observaba a Kyo trastabillar, pues el golpe casi le hace perder el equilibrio. Ese mismo golpe en el maxilar habría causado un desmayo seguro para una persona normal, pero Kyo no era una persona normal, le vio sacudir la cabeza con expresión adolorida luchando por no perder la consciencia. ¡Como disfrutaba de ver ese rostro compungido por el dolor! Su deseo de ver a Kyo sufrir era una constante en su vida y aunque podía distraerse con cosas cotidianas y con su trabajo como músico, la necesidad de causar dolor en Kyo se manifestaba como una urgencia que no podía contener.

Invocó sus llamas y estas aparecieron en su mano derecha con un destello púrpura que iluminó el claro, generando sombras violáceas sobre su rostro y cabello.

Iori recordaba con molestia como había sido controlado por esa entidad desconocida durante el torneo y como había herido a Kyo durante esos momentos de inconsciencia. Esas heridas que había causado en Kyo no eran suyas, no las había disfrutado por qué no había sido él quien las había causado conscientemente. Había despertado envuelto en las llamas Kusanagi, con la voz de Kyo llamándolo a gritos, trayéndolo a la realidad de nuevo, Kyo le había salvado y Iori odiaba reconocerlo. Por eso había esperado pacientemente por casi dos meses a que el cuerpo del castaño estuviese en condiciones de pelear de nuevo, quería marcar el cuerpo de Kyo y ser consciente de ello.

Quería golpearlo sin interrupciones.

Corrió hacía él sin darle mucho tiempo a reponerse del golpe que acababa de darle y con la mano aún envuelta en llamas, lo golpeó con un gancho alto, haciendo que Kyo saliera volando en el aire para caer en el suelo un par de metros más adelante.

Kyo se puso de pie segundos después, escupiendo sangre en el suelo, ahora su expresión denotaba completa furia, una expresión que despertaba algo nefasto y oscuro dentro de Iori, era como si Orochi se revolviera complacido dentro de su cuerpo, haciéndole temblar emocionado. Las llamas doradas se manifestaron envolviendo el cuerpo de Kyo con una contextura líquida que daba la impresión de ser algo suave que se pudiese tocar, cuando en realidad estaban hirviendo a cientos de grados. Aquellas llamas derretirían cualquier cosa a su contacto y protegían a Kyo de manera casi infalible.

Kyo estiró el brazo y con un gesto de la mano le incitó a que se acercara, sus ojos le miraban con furia, pero su gesto era altanero. Iori frunció el ceño, pues esa expresión arrogante de Kyo siempre le hacía sentir molesto. Corrió hacía él, lanzando una columna de fuego violeta hacía el castaño que permanecía quieto. La columna pronto lo alcanzó y Iori predijo que Kyo intentaría esquivarla hacía su lado derecho, así que se preparó mentalmente para atacar en esa dirección.

Sin embargo, Kyo hizo algo completamente inesperado, en vez de esquivar la columna de fuego, el castaño se lanzó hacía adelante, atravesando el fuego violeta con su cuerpo, sus llamas doradas absorbiendo el impacto, Iori se encontró con Kyo a pocos centímetros de su cara y por unos segundos solo pudo ver la sonrisa torcida del castaño antes de que le agarrara por el cuello y le alzara en el aire, para estallarle la cara en su fuego dorado.

Iori sintió la piel de su cara arder con el impacto, los dedos de Kyo hundiéndose en la piel de su cuello mientras lo sostenía en el aire.

Momentos después, el pelirrojo cayó al suelo de medio lado con un golpe seco, un hilillo de sangre resbalándose por la comisura de sus labios.

- No es hora de dormir Yagami – Comentó Kyo llevándose las manos a la cintura.

Iori se puso de pie, mirando a Kyo con una clara intención asesina, el castaño no pareció intimidado y sonrió con un gesto de burla y condescendencia.

El pelirrojo gritó con rabia algo inteligible y las llamas púrpuras aparecieron rodeando todo su cuerpo como una enorme antorcha azulosa, Kyo ladeó la cabeza fingiendo desinterés, llevándose una mano a la boca para simular un bostezo, estaba provocándolo a propósito, porque Kyo sabía que Iori se dejaba llevar por el instinto y no pensaba en esos momentos de ira desmedida, lo cual, era en cierta forma una ventaja para el castaño, quien conocía muy bien los ataques del otro y esto le permitía calcular mentalmente que tipo de técnica haría y como contrarrestarla.

Iori se lanzó de nuevo hacía él, esta vez mucho más rápido, Kyo se sorprendió con la inesperada velocidad que había alcanzado y pronto lo tuvo demasiado cerca, bloqueó el primer garrazo con su antebrazo, luego el segundo, pero el tercero vino tan rápido que logró romper su guardia, el castaño se encontró recibiendo una serie de golpes sucesivos en su cara y pecho, el fuego de Iori quemándole la tela del suéter y posteriormente la piel.

Retrocedió varios pasos intentando escapar al ataque, pero conforme Kyo se movía hacía atrás, Iori avanzaba continuando su ataque iracundo. Pronto Kyo se encontró al borde de un pequeño peñasco donde el claro terminaba, abajo se podía ver otra parte del techo del desvencijado templo y el patio.

Sin pensar realmente en lo que hacía (Y para ser honestos, pensar en algo coherente mientras se recibe una sucesión de golpes dolorosos en llamas no era una tarea fácil), Kyo logró agarrar el brazo izquierdo de Iori y le hizo una llave de Judo que Goro le había enseñado hacía mucho tiempo, usando su balance y la inercia del golpe que el pelirrojo estaba lanzando, para levantarlo en el aire y tirarlo por encima de su hombro hacía el peñasco.

Lo que Kyo no se esperaba era que Iori fuera a aferrarse a su cintura en el último momento y que sus 80 kilos de contra peso le hicieran perder el equilibrio. Ambos hombres cayeron inevitablemente por la ladera y rodaron por entre los arbustos y el pasto hasta caer varios metros más abajo en el patio del templo.

- ¡Mierda! – Se quejó Kyo una vez sintió el último golpe de una sucesión de trompicones contra ramas, rocas y troncos antes de quedar completamente quieto con la cabeza contra las piedras del suelo. Por unos instantes había creído que iba a perder el conocimiento pues su visión se había vuelto borrosa, manchas verdosas y marrones siendo lo único que podía reconocer. Parpadeó adolorido luchando por no quedarse dormido, el dolor en el hombro haciéndole gritar un improperio cuando intentó levantarse.

Se sentó con gran esfuerzo, cerrando los ojos mientras se llevaba una mano al hombro ¿Se lo había dislocado con la caída? Se preguntó, y lo más importante ¿Qué horas eran? ¡Tenía que mandar el maldito archivo a su padre o se metería en problemas? Abrió los ojos y para su alivio su visión se aclaró. Estaba en medio de un pequeño patio posterior dentro de una parte del templo que no conocía. Para ser franco, nunca había entrado a ese templo ni había pagado sus respetos a los Kamis de esa colina, por lo que se sintió algo desorientado sin poder reconocer donde estaba.

Giró su rostro buscando a Yagami, no quería que lo cogiera por sorpresa con un nuevo ataque, se sentía muy adolorido y no estaba seguro de poder ponerse de pie. Entonces vio que Iori había caído justo sobre un pequeño altar que había en el patio, el cuerpo del pelirrojo estaba desmadejado y de su cabeza comenzaba a bajar un hilo de sangre.

- Oi Yagami, tengo cosas por hacer, terminemos con esto de una maldita vez – Exclamó Kyo haciendo un esfuerzo para ponerse de pie, sintió de nuevo el agudo dolor en el hombro cuando se había incorporado, pero era soportable, quizás solo se había resentido el ligamento – ¡Oi Yagami! –

Como Iori no respondía, Kyo se vio obligado a acercarse al altar, una vez cerca notó que Iori estaba inconsciente, su cabeza se había golpeado contra una estatua de piedra de una deidad y había terminado por romper el altar y destruir las ofrendas con el peso de su cuerpo. Con expresión fastidiada, Kyo acercó una mano y la colocó en el cuello de Iori buscando su pulso.

- Al menos no está muerto – Murmuró para sí mismo, el pelirrojo parecía simplemente dormido, su rostro apacible, desprovisto de odio o furia. Kyo se quedó de pie frente al cuerpo inmóvil de Iori contemplando sus opciones, aunque ese templo pareciera medio abandonado, alguna sacerdotisa o monje debía de venir de vez en cuando a limpiar, Kyo había visto ofrendas en el altar principal que daba con la entrada, eso significaba que personas aún visitaban el sitio y eso implicaba que algún sacerdote debía estar a cargo.

Se iban a meter en un tremendo problema por haber destruido parcialmente ese altar, pensaba aún con la mano sosteniéndose el hombro adolorido, observó la estatua que por lo menos no se había quebrado con el impacto. Con gesto irritado, tomó a Iori por los hombros y lo haló para quitarlo de encima del altar y depositarlo en el suelo. La madera había cedido bajo el peso del pelirrojo y se había astillado, las manzanas que alguien había dejado para ese kami, habían rodado por el suelo y las flores se habían destruido contra el cuerpo de Iori.

Kyo sintió un cosquilleo que le bajó por la espalda, como si estuviese siendo observado por alguien y de repente un calor en el pecho. La espada Kusanagi reaccionaba con la energía de ese lugar, suspirando se agachó para recoger las manzanas y volverlas a poner sobre la madera. Como pudo organizó lo que quedaba del altar e hizo una profunda venía a la estatua pidiendo disculpas en una silenciosa plegaria.

- Mañana vendré y me haré cargo personalmente – Dijo esta vez en voz alta, aunque sabía que no iba a recibir ninguna respuesta.

Se giró y observó a Iori que continuaba en el suelo, la sangre que bajaba por la herida de su cabeza, le había manchado toda la mejilla y se confundía con el intenso carmín de su cabello.

- ¡Maldita sea Yagami! – Se quejó Kyo con frustración, realmente deseaba irse de ahí y dejar al imbécil a su suerte, pero sabía que no podía hacerlo, su consciencia no se lo permitiría, que irónico era tener que preocuparse de lo que pudiese pasarle a Iori, cuando momentos atrás el pelirrojo había peleado contra él con la intención de matarlo.

Quizás era porqué Kyo estaba tan acostumbrado a las amenazas y los 'intentos' de matarlo de Iori, que se había vuelto como algo natural para él, ese era el tipo de relación que tenían, al fin y al cabo. Estaban destinados a pelear por el resto de sus vidas y luego de todo lo que había pasado con Orochi, NESTS, Ash y posteriormente con Verse, estaba claro que sus vidas siempre iban a estar conectadas y que siempre iban a terminar enfrentándose.

Se inclinó y como pudo, levantó el cuerpo desmadejado del pelirrojo y lo arrastró a cuestas hasta sacarlo por la puerta principal del templo. Se detuvo unos momentos a retomar el aliento, el maldito pesaba como un demonio ahora que estaba inconsciente y Kyo sentía todo su cuerpo adolorido gracias a los golpes recibidos.

- Maldición... – Gruñó por lo bajo, dejando a Iori recostado contra un árbol para ir a buscar el morral con su portátil, se dio cuenta de que, el claro le daba la vuelta al templo y por eso era que habían terminado en la parte posterior. Encontró el morral donde lo había dejado y se lo colgó en el hombro que no estaba lastimado. Sin dejar de maldecir su mala suerte, regresó hacía el lugar donde había dejado al Iori.

- ¡Despierta! – Le gritó con frustración, pero Iori seguía inmóvil, ni siquiera cuando le había sacudido por los hombros o le había dado palmadas en las mejillas, el pelirrojo había mostrado signos de volver en sí mismo. Kyo abrió los párpados de Iori para observar sus pupilas carmín completamente perdidas en sus cuencas – ¡Tch! –

Malhumorado, volvió a cargar el cuerpo de Iori y comenzó el lento descenso por las escaleras, de regreso a la calle que previamente habían recorrido, al menos su apartamento quedaba cerca. Solo esperaba no atraer las miradas de las personas en la calle y que alguien terminara llamando a la policía haciéndose ideas erróneas sobre lo ocurrido.

No tenía idea de cómo había logrado cargar el pesado cuerpo de su rival hasta su apartamento, pero lo había logrado, había tenido buena suerte de que el portero del edificio no le hubiese prestado mucha atención, tan concentrado como estaba viendo un partido de baseball en su móvil. Kyo había hecho nota mental de recordar que la seguridad del edificio dejaba mucho que desear, a lo mejor sería buena idea comprar una alarma. Su apartamento quedaba en el décimo y último piso de ese edificio residencial, Iori no se había despertado en ningún momento, ni siquiera cuando accidentalmente la puerta del ascensor le había golpeado un lado de la cabeza.

Una vez dentro de su recinto, Kyo había tirado el cuerpo de Iori en el mueble de la sala y este había quedado allí con los brazos cayendo inmóviles a los costados del largo sofá, parecía un muñeco de trapo con las articulaciones colgando a ambos lados. Para ese momento, la frustración de Kyo había alcanzado niveles insospechados, lo único que se le había ocurrido era llevar a Iori a su apartamento, porque no tenía idea de que más hacer. La mansión Yagami quedaba al otro lado de la ciudad y Kyo no quería imaginarse lo que pasaría si se aparecía con el cuerpo ensangrentado e inconsciente del heredero del clan de la luna, a las puertas de la mansión, llena de enemigos de su propio clan. ¡Lo atacarían sin duda!

Luchando contra el deseo de tumbarse en su cama y descansar, Kyo sacó el portátil del morral y se sentó en el otro sofá con un gesto adolorido. Rápidamente buscó el archivo en el que había estado trabajando en la tarde y sin darle una última revisión (honestamente su cerebro no estaba funcionando al 100% como para ponerse a checar un documento financiero) lo envió al correo de su padre.

- Maldita sea... - Se quejó de nuevo antes de dejar el portátil en la mesita de centro y volver a levantarse, esta vez para dirigirse al baño. Debía checar sus propias heridas, no quería tener una sorpresa desagradable al día siguiente con una infección o algo por el estilo.

Una vez en el baño, checó su hombro, moviéndolo en círculos, aguantándose el dolor que le producía, pero eras necesario saber si tenía movilidad. Luego se quitó el suéter y la camiseta para checar las quemaduras en su pecho y brazos, nada grave, solo quemaduras de primer grado, lo cual era de esperarse, teniendo en cuenta de quien era su enemigo. Aplicó un ungüento en sus brazos y pecho, sintiendo inmediatamente el frío alivio del medicamento contra su piel. Se miró en el espejo, su cabello estaba todo revolcado y había trazos de hojas y césped enredados entre las hebras, su mentón estaba colorado y su labio cortado. Frunciendo el ceño se sacudió la tierra y se quitó las hojitas.

Cuando regresó a la sala, el pelirrojo seguía aún inconsciente. Kyo se acercó y colocó su mano en la frente para checar su temperatura, Iori respiraba normal, parecía simplemente dormido, de hecho, tenía un gesto hasta plácido.

- ¿Hasta cuándo piensas dormir idiota? – Preguntó dándole una patada con la punta del pie a la pierna de Iori que caía por un lado del sofá – Qué molesto – Agregó observando que la herida que tenía en la cabeza se había cerrado naturalmente y la sangre había dejado de salir. Algo aliviado de que el pelirrojo no estuviese convulsionando (o algo por el estilo, con Iori nunca se sabía) Kyo decidió darle gusto a su cuerpo cansado y adolorido y se dirigió a su habitación, para dejarse caer en la mullida cama.

5 minutos después se encontraba profundamente dormido.

Continuara.

Notas finales:

De nuevo una nueva historia con Iori y Kyo xD. Hay demasiados temas dentro de la historia de KOF y de estos dos personajes que vale la pena explorar y aprovecho ahora que estoy en vacaciones para escribir lo más que pueda *-*

Espero les haya gustado!