2 - Transformación

Kyo se despertó al día siguiente gracias al insistente sonido de su teléfono móvil, alguien le estaba llamando, el heredero Kusanagi se revolvió en la cama aun con los ojos cerrados sin querer levantarse a tomar el móvil que se había quedado en la sala en uno de los bolsillos del morral. El ringtone siguió sonando insistentemente por varios minutos y pronto se acalló. Kyo frunció el ceño sintiéndose molesto por haber sido despertado de todas formas. Entonces recordó de golpe que Iori Yagami seguía en su apartamento ¡Su rival de toda la vida estaba dentro de su apartamento!

Abrió los ojos de par en par y se sentó sintiendo un leve mareo por el súbito movimiento, un dolor rezagado le llegó al hombro, el ardor de las quemaduras en sus brazos se hizo evidente con el rose de la tela, y la cabeza le comenzó a palpitar con el dolor causado por el golpe en le maxilar. Se puso de mal genio de inmediato cuando todas esas molestas sensaciones lo abrumaron, que manera de despertar con el pie izquierdo, pensó mientras se ponía pie, frotándose los ojos con el dorso de las manos, intentando que el sueño desapareciera, pues no quería ser atacado por sorpresa por el pelirrojo, que podría inclusive estar escondido de bajo de su cama esperando el momento perfecto para atacar.

Sonrió ante esa ilógica idea de Iori escondido bajo su cama, pero luego frunció más el ceño pensando de que, del pelirrojo podría esperar cualquier cosa y decidió asomarse debajo de la cama, solo para estar seguro.

Su apartamento no era muy grande, era más bien como un estudio, con una única habitación, una sala-comedor, una pequeña cocina que casi nunca usaba y el baño. Como era el último piso, tenía acceso a la terraza solo para él. Caminó hasta la sala con pasos acelerados, sintiendo como el corazón le comenzaba latir con fuerza conforme su cuerpo se ponía alerta, una vez más la pelea había sido 'interrumpida' y no tenía idea de como iba a reaccionar esta vez el pelirrojo.

Con suerte lograría convencerlo de dejar el asunto saldado al menos por ese día, no tenía intenciones de seguir el combate dentro de su apartamento, ¡los destrozos le costarían una fortuna!

El cuerpo de Iori se encontraba en el sofá, en la misma posición en la que lo había dejado la noche anterior y Kyo dejó escapar un suspiro aliviado, al menos eso le quitaba el estrés de pensar que sería atacado por sorpresa. Se acercó un poco más con la intención de despertarlo y conforme se acercaba le pareció que el pelirrojo lucía diferente. Su cuerpo se veía... ¿Más delgado?

Parpadeó confundido, como si su mente le estuviese jugando una mala broma, las proporciones del cuerpo de Iori no eran las correctas, Kyo podía apreciar una leve diferencia aún cuando el muchacho estaba cubierto con su gabardina. El castaño se quedó de pie al lado del pelirrojo con el ceño fruncido ¿Qué demonios? Su cara también se veía más pequeña, su quijada más triangular. Con una mano trémula, Kyo retiró el cabello rojo que caía desordenado tapando casi toda la cara dormidá de su rival, para descubrir un rostro de facciones finas y delicadas.

¿Qué?

¿Por qué Iori lucía tan diferente? Kyo llevaba años de conocerlo, había memorizado su cara, podía reconocerlo entre una multitud en segundos, luego de tanto tiempo de ser acosado por el maldito, por supuesto que recordaba sus facciones ¿Por qué su nariz era más fina y respingada? ¿Sus labios más carnosos e invitantes?

Entonces su mirada bajo por su cuello notando que la correa de cuero negro ahora le quedaba holgada, porque su cuello era mucho más delgado y desprovisto de los masculinos músculos, con una mano temblorosa Kyo abrió la gabardina hacía a un lado y lo que vio lo dejó tan desconcertado que su cerebro simplemente se negó a procesar la información: dos redondos pechos de mujer se podían entrever por el cuello en V de la camisa de Iori.

¿Qué demonios?

Kyo retrocedió y se golpeó con el borde de la mesa de centro casi perdiendo el equilibrio. Iori finalmente comenzó a moverse despertando de su largo sueño, se llevó una mano al lugar donde se había golpeado la cabeza frunciendo el ceño ligeramente sin abrir los ojos. Kyo observó sus lentos movimientos mientras se incorporaba, mudo por la impresión de lo que estaba viendo. ¿Estaba soñando verdad?

Iori finalmente abrió los ojos y pareció desconcertado observando con expresión confundida el lugar donde estaba, giró el rostro hacía ambos lados y luego vio a Kyo de pie con una cara de terror, como si estuviese viendo al mismísimo Orochi en persona.

- ¿Dónde estoy? – Gruñó Iori y su voz sonó extraña en sus propios oídos - ¿Eh? – Su voz sonaba más suave y menos baja.

- Ya...ya..gami – Kyo finalmente pudo hablar, pronunciando su apellido con voz trémula

Iori miró a Kyo quien seguía con esa misma expresión aterrorizada, recordaba todo lo ocurrido, le había encontrado en una cafetería, le había retado y habían terminado peleando cerca de un templo. Lo último que recordaba era haber rodado por una colina y luego oscuridad. Se encontraba en una sala de un apartamento desconocido, pero al ver a Kyo de pie vestido solo con una sudadera, supuso que estaba en el piso de Kyo, ¿Pues en donde más podría estar? El pelirrojo nunca había estado en la residencia de Kyo, pero le fue fácil atar los cabos de lo ocurrido. Le dolía la cabeza tremendamente y había rastros de sangre seca en la frente donde se había tocado con la mano ¿Se había dado un golpe tan fuerte que había quedado inconsciente?

– Tu... cuerpo... - Murmuró Kyo sin moverse de donde estaba y esta vez Iori giró su rostro reparando su propio cuerpo sin comprender lo que le quería decir Kyo.

- ¿Qué diablos significa esto? – Exclamó Iori una vez sus ojos miraron su propio cuerpo, ahora de proporciones femeninas, el cerebro de Iori reconoció el cuerpo como suyo, podía mover sus manos y piernas, pero al mismo tiempo no reconocía lo que veía. Iori se puso de pie y con un movimiento azorado se quitó la gabardina, para revisar con más atención aquella locura. La camisa que antes le quedaba ceñida ahora le quedaba holgada y larga en los brazos, así como el pantalón se le arrugaba en los tobillos.

Entonces notó que tenía que mirar a Kyo hacía arriba. Kyo era por lo menos unos 20 centímetros más alto que él. ¡Por eso le quedaba la ropa grande y arrugada, su cuerpo era mucho más pequeño ahora! Se pasó las manos por las piernas, cadera, espalda y pecho, palpando todos esos lugares como corroborando de que su cuerpo fuese real, sintiendo las femeninas curvas sin poder concebir que fuera su propio cuerpo. ¿Estaba soñando?

Dando un paso hacía adelante le lanzó un puño a la cara a Kyo y lo conectó en la mejilla pues el castaño seguía en shock y no reaccionó a tiempo para esquivarlo, el impacto hizo que Kyo tambaleara y perdiera el equilibrio contra la mesa de centro y callera sentado al otro lado sobre la baldosa.

- ¿Qué mierda? ¿Porqué hiciste eso? – Gritó Kyo llevándose una mano a la mejilla adolorida.

- No es un sueño – Murmuró Iori mirándose las manos, una llamita púrpura se formó en la palma, si estaba soñando no sentiría dolor ¿verdad? Pero los nudillos de su mano derecha, se sentían algo resentidos con el golpe que le acababa de dar a Kyo y podía sentir la tibia caricia de su propio fuego en la palma de su mano izquierda.

Kyo se levantó aún sin comprender que era lo que estaba pasando y se acercó a Iori, al parecer quería corroborar lo mismo que él, trató de tocar el fuego de Iori y de inmediato sintió como las llamas le quemaban la piel. Kyo retiró la mano y se llevó el dedo índice a la boca lamiendo la piel resentida por el calor. El fuego de Iori era real. No estaban soñando.

- ¿Cómo es posible? – Preguntó Kyo confundido, Iori estaba de pie frente a él con un cuerpo completamente diferente, lo más extraño de todo, era el hecho de que Kyo podía reconocerlo como Iori a pesar de que ahora lucía como una mujer. El cabello y las facciones tenían un algo que le hacía ver como Iori, quizás de tener una hermana gemela, se vería así, pensó mientras reparaba en su cara.

- ¿Qué hiciste? – Preguntó Iori frunciendo el ceño.

- ¿Yo? ¡Yo no he hecho nada! – Se defendió el castaño de inmediato – Perdiste el conocimiento porqué te diste en la cabeza contra una estatua de piedra, y tuve que cargar tu pesado trasero desde le templo hasta aquí ¿Sabes lo molesto que fue? – La irritación que sentía volvió al recordar todo lo que había pasado.

- ¿Y luego? – Preguntó Iori entrecerrando los ojos con expresión desconfiada.

- Y luego me acosté a dormir – Respondió Kyo con gesto fastidiado – Estuviste inconsciente todo el tiempo, te dejé en el sofá y me fui a dormir, eso es todo –

Iori se llevó ambas manos a la cara, palpando las mejillas y los costados de su cabeza como si aún dudara que ese cuerpo fuera el suyo. El pelirrojo corrió hasta el baño que estaba en el corredor justo al lado de la sala, Kyo lo siguió quedándose parado en el marco de la puerta. Iori comenzó a desabotonarse la camisa frente al espejo con movimientos rápidos y expresión urgente, pronto se abrió la camisa y los pechos femeninos pudieron ser apreciados en todo su esplendor.

Kyo sintió que la cabeza se le ponía caliente en cuestión de segundos y tuvo que desviar la mirada hacía otro lado. De repente se sentía muy incómodo al ver a Iori desnudándose sin ningún atisbo de vergüenza con ese tipo de cuerpo.

El pelirrojo se había quitado los pantalones también quedando en boxers y apreció en el espejo las nuevas curvas de su cuerpo, se giró de medio lado notando la espalda ahora pequeña y desprovista de músculos pronunciados y como la cintura se ceñía para luego ensancharse en unas bien proporcionadas caderas.

- Esto no puede ser... ¿Por qué? – Continuó el pelirrojo sin dar crédito a lo que veía, su mirada bajo hacía su entrepierna y con una expresión temerosa, miró dentro de los boxers y por supuesto, no encontró lo que buscaba ¡Su cuerpo había sido transformado completamente en el de una mujer! - ¡Kyo! ¿Qué demonios significa esto? –

- ¿Por qué me lo preguntas a mí? ¡No tengo idea! – Exclamó el castaño volviendo la vista hacía él sin poder evitar apreciar su desnudes más de lo necesario – ¡Vístete, me haces sentir incómodo! – Exclamó azorado.

Iori no pareció comprender por unos instantes, pero luego cayó en cuenta de que, en efecto, esa situación debía ser increíblemente incómoda para Kyo. En realidad, lo era para él también, aquella era la experiencia más rara que había tenido en su vida y eso viniendo de alguien quien literalmente había sido poseído por un dios iracundo y otras presencias oscuras demoniacas. La sensación de no tener control sobre su cuerpo o de estar en un cuerpo que no era suyo, le era familiar gracias al disturbio de la sangre, pero otra cosa muy diferente, era una transformación física como esa.

Al menos su mente seguía intacta. Sus pensamientos no habían sido afectados por lo que sea que había transformado su cuerpo y eso era un alivio, Iori odiaba no estar en control sobre sus acciones.

Tomó la camisa que había dejado sobre el lavamanos y se la colocó encima, abotonándola descuidadamente, pero decidió quedarse en boxers (que le quedaban casi tan grandes como unos shorts o una pantaloneta corta) porque los pantalones largos se le hacían incómodos al caminar. Regresó a la sala con expresión pensativa, de momento había olvidado su deseo de pelear con Kyo, una vez más el combate había sido interrumpido y al parecer de nuevo por una fuerza sobrenatural. ¿Estaba condenado a nunca concluir una pelea con su rival?

¡Qué suerte de mierda la que tenían!

- Esto es muy extraño – Comenzó a decir Kyo quien se había quedado de pie al lado de la puerta de la cocina, Iori seguía en la sala sumido en sus pensamientos – Y yo que creía que ser sometido a una serie de experimentos de clonación por una organización terrorista era lo más extraño que me podía pasar –

- O enfrentar a una serpiente de 8 cabezas – Agregó Iori con una media sonrisa. Todo era tan absurdo que comenzaba causarle gracia.

- ¿Quizás es algo temporal? – Sugirió el castaño llevándose una mano al mentón – No se... si la transformación sucedió durante la noche, quizás ¿Vuelvas a la normalidad mañana? –

- Eso suena estúpido – Murmuró Iori.

- No te veo sacando mejores teorías – Respondió Kyo frunciendo el ceño y cruzándose de brazos. Observó a Iori que seguía de pie en medio de la sala como sin saber que hacer y a pesar de que su cuerpo había cambiado, su personalidad seguía intacta y Kyo no podía evitar seguirlo percibiendo como el Iori de siempre. Por unos momentos se pregunto si, de no haber sido por esa inesperada transformación, si estarían peleando de nuevo. Kyo no recordaba ningún momento compartido con el pelirrojo en el que no hubiese insultos o golpes, también resultaba extraño estar ahí en su apartamento, simplemente hablando.

- ¿Deberíamos preguntarle a Chizuru? – Inquirió el heredero Kusanagi con expresión pensativa.

- ¿Estás loco? – Respondió Iori y se acercó a Kyo dando pisotones – Primero muerto que salir de este apartamento y dejar que alguien me vea así –

- Pero podemos confiar en ella ¿No? – Insistió Kyo, realmente le parecía que era una buena idea – Además ella sabe mucho más de cosas sobrenaturales... quizás algo ande mal con la magatama –

- ¿La magatama? ¿De qué diablos estás hablando? ¿Porqué habría de tener relación alguna con los tesoros sagrados? – Iori lo miraba de manera desafiante ahora, haciendo todas esas preguntas con un aire molesto y de burla, como si lo estuviese llamando idiota, pero ahora que tenía un rostro más femenino, el gesto no lucía tan condescendiente ni mucho menos intimidante.

- Joder Yagami, solo estoy pensando en posibilidades, no tienes porqué enojarte – Respondió Kyo alzando una ceja.

- No estoy enojado – Respondió de inmediato el pelirrojo con el ceño fruncido. A Kyo le hizo gracia que lo mirara con esa cara claramente enojada mientras decía que no lo estaba.

Se quedaron un momento en silencio, ambos procesando la absurda situación en sus cabezas, intentando a hacerle a la idea de que eso realmente estaba pasando.

- Pues iré por comida – Dijo finalmente Kyo con expresión algo incómoda, no estaba acostumbrado a 'conversar' con Iori, realmente nunca había hablado de nada que no fuera las obligadas frases que tenían que intercambiar por estar juntos en el mismo equipo con Chizuru o los insultos antes de lanzarse contra el otro en el ring.

- ¿Cómo puedes pensar en comida? – Exclamó Iori con tono incrédulo y algo acusador.

- Tengo hambre ¿O es que acaso tengo que pedirte permiso para desayunar? – Kyo frunció el ceño irritado mientras tomaba su móvil – Agradece que no te he echado a patadas de aquí –

Iori entrecerró los ojos, sintiendo ganas de golpearlo. Kyo siempre lograba molestarlo, era cuestión de pasar más de un par de minutos para que le dañara el humor, aquel sentimiento no se había aplacado en tantos años que llevaban en esa misma danza de fuego, Iori seguía odiando su existencia y deseando ver su sangre correr. Aquel momento no fue la excepción. El castaño miró su móvil por unos segundos, cuando ubo terminado se colocó una chaqueta liviana negra que estaba tirada sobre uno de los sofás, y sin despedirse ni decir nada más salió del apartamento.

Una vez solo, su enojo comenzó a desaparecer, la presencia de Kyo siempre enardecía ese sentimiento, así mismo que, no estar cerca de él hacía más fácil pensar en otras cosas, era como si, la cercanía de Kyo le hiciera automáticamente olvidar lo que estuviese pensando y sus prioridades se volvieran atacarlo y ver correr su sangre. Iori había aprendido a convivir con ese impulso y sabía que se debía al pacto que 600 años atrás un idiota de sus ancestros había hecho con Orochi. Constantemente el dios serpiente le demandaba la sangre del Kusanagi, en un intento por destruir el equilibrio rompiendo uno de los tesoros sagrados y desestabilizar el sello. Orochi sabía que, si faltaba uno de los tesoros, no habría forma de que pudiesen detener su poder y por eso se manifestaba en Iori como un impulso asesino constante.

Iori no necesitaba caer preso del disturbio de sangre para desear matar a Kyo. Ese deseo se mantenía ahí, latente, bajo la superficie, era algo que no desaparecía, sin importar las circunstancias. Como un pensamiento intrusivo que no le dejaba en paz.

A veces se cuestionaba si, una vez muerto Kyo, podría tener algo de paz. Pero entonces, la idea de Kyo muerto le molestaba aún más, porque significaba que el dios había ganado la batalla en su cabeza y Iori odiaba más que nada ser manipulado o controlado por otros. Se pasó una mano por el cabello dejando escapar un suspiro, alejando esos pensamientos y centrándose en el problema más mediato que tenía ¿Cómo demonios iba a recuperar su verdadero cuerpo?

A parte de las diferencias físicas, Iori no sentía nada extraño dentro de si mismo. Lo que fuese que hubiese afectado su cuerpo había sido solo en apariencia, porque podía invocar su fuego, así como mantenía dominio sobre sus pensamientos. ¿Tenía la misma fuerza física? Se preguntó y decidió que cuando Kyo volviera podría medir eso con él.

Mientras esperaba el regreso de Kyo tuvo tiempo para volver a revisar su cuerpo en el baño, quizás guardando la esperanza de que mágicamente algo fuera a cambiar de repente. Sin embargo, ese cuerpo femenino seguía ahí. Ahora medía aproximadamente un metro con 60 centímetros, calculó al recordar lo alto que se veía Kyo. Sus brazos y piernas eran delgadas, pero aún así había algo de músculo, en otras palabras, tenía el cuerpo de una mujer que constantemente entrenara o hiciese ejercicio. Sus facciones no eran del todo tiernas, pensaba mientras se observaba, haciendo el cabello hacía un lado para apreciar su rostro completamente.

Sus ojos eran alargados, muy similares a los suyos, su nariz era obviamente más pequeña y sus labios más carnosos, pero en esencia, tenía la misma expresión sagaz y seria que él normalmente tenía. Entrecerró los ojos acercando su cara al espejo para observar más detalles, en cierta forma le recordaba a la expresión de Mature o de Vice.

Dejó escapar un suspiro, bueno al menos no se parecía a Athena o a Kula. Si iba a lucir como una mujer, al menos quería ser sexy.

- ¿En que diablos estoy pensando? – Se recriminó en voz alta y se llevó una mano a la frente. Entonces escuchó el sonido de la cerradura de la puerta al abrirse. Kyo finalmente volvía.

Kyo traía varias bolsas de la tienda de conveniencia 7/11 y las depositó en la mesita de centro de la sala. Iori salió del baño y se quedó mirando a Kyo mientras sacaba los contenidos de las bolsas, había una cantidad innecesaria de comida basura, paquetes de papitas fritas, nueces, frutos deshidratados y galletas, así como varios panecillos hervidos, empanadas chinas, paquetes de ramen instantáneo, onigiris de atún, sándwiches de huevo y una hamburguesa.

- ¿Te vas a comer todo eso? – Preguntó Iori incrédulo con la cantidad de comida.

- Eventualmente – Respondió Kyo colocando dos vasos con café fresco en la mesa y sin mirar al pelirrojo agregó – No sabía que café prefieres... así que traje Americano –

Iori tardó unos momentos en comprender la actitud de Kyo, su voz sonaba distinta ahora, el muchacho siempre sonaba irritado o desganado, esas eran las dos únicas emociones que conocía de él, pero en ese momento su voz no sonaba molesta o indiferente, ¿Era eso vergüenza? Iori entrecerró los ojos y se acercó para sentarse en el sofá al frente de Kyo. Ciertamente resultaba vergonzoso que le hubiese comprado café y desayuno. Ellos nunca habían tenido ese tipo de gestos amables entre sí.

- Americano está bien – Murmuró tomando el café con el ceño fruncido, Kyo comenzó a comer uno de los panecillos hervidos rellenos de verduras y carne sin decir nada más. Iori lo observó de reojo mientras bebía un sorbo del café, el cálido líquido cayó en su estómago vacío y de repente sintió hambre. Acercó una mano despacio y tomó una empanada sin saber si, realmente Kyo pensaba compartir esa comida con él. Pero como el castaño no dijo nada, Iori se sintió en más confianza y comenzó a comer.

Luego de comer todos los panecillos y las empanadas, Kyo llevó los empaques con ramen a la cocina, y metió los onigiris y la hamburguesa en la nevera.

- Entonces... ¿Qué piensas hacer? – Preguntó Kyo volviendo a sentarse en uno de los sofás, se había quitado la chaqueta y estaba vestido con una sudadera gris y una camiseta negra, la piel de sus brazos se veía algo resentida y colorada por las quemaduras, pero para solo haber pasado una noche desde el enfrentamiento, la curación progresaba bastante bien.

- No lo sé – Aceptó Iori con expresión abatida, seguía sentado en el otro mueble, con las piernas cruzadas.

- Deberíamos llamar a Chizuru – Insistió Kyo – No creo que exista otra persona en todo Osaka que sepa más de asuntos sobrenaturales que ella –

Iori dejó escapar un suspiro, tenía que aceptar que Kyo tenía razón, ¿Quién aparte de Chizuru podría tener alguna idea de lo ocurrido? La verdad era que Iori no quería involucrar a nadie más, la vergüenza de que fuera precisamente Kyo Kusanagi quien le hubiese visto con ese nuevo cuerpo era suficiente como para querer meterse bajo tierra, no quería agregar a otra persona.

- A no ser que quieras esperar a que... no sé, mágicamente vuelvas a su forma original – Continuó Kyo meneando la cabeza.

- No. – Respondió Iori rápidamente – Quiero resolver esto inmediatamente – Le aseguro, no se iba a quedar esperando a ver qué pasaría con su cuerpo, sin tener idea a que enemigo se enfrentaban, podría amanecer convertido en una serpiente al día siguiente. Meneó la cabeza alejando ese grotesco pensamiento de su mente – Llamaré a Chizuru –

Con resignación, el heredero del clan de la luna buscó su móvil dentro del bolsillo de la gabardina y marcó el número personal de Chizuru, no hablaba con ella constantemente, pero se mantenían en contacto, al fin y al cabo, habían pasado por muchas cosas juntos. Luego de años de haber tenido que enfrentarse a enemigos similares, habían dejado de tratarse con frialdad o indiferencia, para tener una relación mucho más amistosa.

Kyo le observó en silencio mientras hablaba con la sacerdotisa, limitándose a beber su café. Iori intentaba explicar los extraños cambios en su cuerpo y conforme hablaba, Kyo notaba como las mejillas se le iban coloreando con la vergüenza. El castaño jamás esperó ver a Iori sonrojado, resultaba desconcertante verle así, pero realmente era bochornoso explicar por teléfono lo que estaba pasando. Cuando terminó de hablar con ella, Iori se quedó mirando el móvil, su mano temblando ligeramente con rabia contenida.

- Quiere que vaya al templo de su familia... - Comentó con expresión molesta.

- ¿No puede venir aquí? – Preguntó Kyo, quien, en efecto, había asumido que Chizuru iría a visitarlos.

- Es una mujer ocupada – Gruñó Iori, claramente molesto con la idea de tener que salir del apartamento con esa apariencia.

- Que mierda ¿No puede sacar un poco de tiempo para venir? - Se quejó Kyo, dándole otro sorbo a su café – Cuando algo pasa con Orochi, nosotros tenemos que correr a su llamado sin importar que tan ocupados estemos ¿Y ella no puede venir aquí? –

- Hasta fuimos a Hungría – Bufó Iori molesto.

- ¡Exacto! Fuimos a Hungría ¡A otro país! – Kyo se llevó una mano al entrecejo y se quedó callado unos momentos – Okay... ¿A qué hora tenemos que ir? –

- ¿Tenemos? – Preguntó Iori parpadeando sorprendido de que Kyo se estuviese incluyendo en la frase.

- ¿Esperas que te preste mi moto? – Preguntó con gesto altanero – ¡Ni loco! ¡Yo conduciré! –

Iori se quedó callado mirándolo solamente, en realidad no había pensado tan siquiera en pedirle prestada la moto a Kyo, de echo había asumido que tendría que tomar un taxi. Pero Kyo se estaba ofreciendo a llevarlo al templo y aunque resultaba incómodo que le quisiese ayudar, al mismo tiempo era una ayuda bienvenida, no quería tener que interactuar con otras personas luciendo de esa manera y nunca se sabía si alguna otra cosa extraña podría pasar en el camino.

- En la tarde, luego de las 3 – Respondió simplemente.

- Bien, eso da tiempo para hacer unas compras – Comentó Kyo con un gesto aliviado.

- ¿Qué compras? – Indagó Iori sin comprender.

- ¿Piensas salir vestido así? – Respondió Kyo y esta vez una sonrisa se formó en sus labios – Ya quisiera ver la reacción de la gente si caminas por la calle en boxers –

Iori le dio un puño al sofá con expresión claramente molesta. Odiaba que Kyo tuviese razón. El pantalón le quedaba largo en las extremidades y a duras penas podía caminar con él, la gabardina se arrastraría por el suelo con su nueva estatura y no podía llegar al templo de Kagura en boxers. No tenía otra opción que comprar ropa de mujer y no tenía otra opción que confiar en Kyo.

Y la idea de confiar en Kyo era más espeluznante que vestir cualquier ropa de mujer.

Continuara.

Notas finales:

Les dije que sería una historia rara xD! Está idea se me ocurrió viendo fanarts de MissX y el final del juego SNK heroines.

Nunca he dibujado a Missx jaja, no se, pero es linda (?)