Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo detallado en la saga cazadores oscuros de Sherrilyn Kenyon, mezclado con el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a las dos autoras, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.
**CLARACIÓN: NO ES NECESARIO LEER O HABER LEIDO LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS PARA ENTENDER LA HISTORIA, YA QUE LAS PARTES IMPORTANTES DE LA TRAMA SERÁN EXPLICADAS. **
*SI LEISTE LA SAGA: puede que algunos personajes y/o destinos de los mismos hayan sido levemente modificados por el bien de esta trama.*
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Capitulo 1:
La puerta había sido totalmente desprendida de sus goznes, probablemente habían utilizado un hechizo bombarda. Todo en la habitación estaba revuelto y en la pared alguien había dejado un macabro mensaje:
"MUERTE A LOS SANGRESUCIAS Y A LOS TRAIDORES DE LA SANGRE"
Claramente aquello había sido realizado por magos, pero no habían estado contentos con solo lanzar maldiciones imperdonables, no, ellos habían desangrado a sus víctimas. Aquello había sido realizado con una saña sin precedentes en el mundo mágico y rogaba que no se hiciese cotidiano.
- ¡Auror Potter!, hemos encontrado mas sangre escaleras arriba. ¿Puede venir a ver?
Harry Potter, jefe del departamento de aurores, forzó a sus pesados pies para que se moviesen por la escalera aunque cada uno de sus instintos le dijese que huyera de esa casa. Aquello era una carnicería hecha claramente para causar el mayor impacto posible, y diablos si lo estaba haciendo.
- ¡hijo de puta!
Aunque por fuera seguía pareciendo tan estoico como su trabajo lo demandaba, por dentro su corazón se desgarraba con cada paso que daba hacia la habitación matrimonial.
Uno de los aurores más jóvenes que lo seguía corrió a vomitar en el cuarto de baño. No lo culpaba, la escena era grotesca y dudaba que alguna vez pudiese quitarla del fondo de su mente.
- Jefe, no hay rastro de la mujer. Creemos que no puede haber sobrevivido con esa pérdida de sangre. Hemos rastreado el perímetro pero no hay indicios de donde puede estar el cuerpo.
- Hermione.
-¿jefe?
- la mujer que buscamos se llama Hermione Weasley.
Todos los presentes estaban sorprendidos, no tenían idea de a quien había pertenecido aquella casa, ni quiénes eran las victimas hasta ese momento.
Luego de un periodo como primera ministra, Hermione y Ron se habían retirado a esa pequeña casita de campo para criar a su hija Rose y al pequeño Hugo que estaba en camino. Los padres de Hermione se habían mudado recientemente con ellos para ayudar a su hija con los niños mientras Ron trabajaba en sortilegios Weasley.
Ese año Hermione había decidido poner su familia por delante de su carrera política, debido a que había recibido demasiadas amenazas de las células neomortifagas y de algunos otros desquiciados que no aceptaban ser gobernados por una nacida de muggles. Su esposo, su hija, su bebé no nacido y sus padres eran más importantes que cualquier puesto de poder al que pudiera aspirar.
Aparentemente hacerla abandonar su carrera no había sido suficiente para esos psicópatas. La habían rastreado hacia la casa, habían masacrado a la familia completa y ahora el cuerpo de Hermione estaba desaparecido.
Harry Potter era oficialmente el último sobreviviente del trío de oro. Sus dos mejores amigos y sus hijos habían sido brutalmente asesinados sin poder hacer nada para evitarlo. Recién ahora lograba comprender lo que sintió su padrino Sirius cuando Voldemort mató a sus padres en el valle de Godric.
Al menos en el valle de Godric él sobrevivió, Rose y Hugo no lo hicieron. Su ahijada parecía dormir en su cama de princesa y si no fuese por la sonrisa roja que habían abierto en su pequeño cuello, Harry así lo hubiese creído. ¿Qué clase de loco corta el cuello de una niña de cuatro años?
Ron había corrido mal herido por el pasillo y había sucumbido a unos cuantos metros de las escaleras que daban hacia las habitaciones, donde probablemente Hermione y Rose todavía dormían al momento del ataque.
Por el daño en el cuarto de invitados de la planta baja, Harry supo que los atacantes habían entrado por ese sitio y que los señores Granger habían sido las primeras víctimas.
Por los grandes cortes en los brazos de Ron, Harry podía adivinar que él había luchado por defender a su familia, pero la gran brecha en su estomago le decía que no había logrado protegerlas de sus atacantes. Él seguramente había estado durmiendo y no había tomado su varita para defenderse.
Sobre la cama matrimonial, en el medio del charco de sangre más grande que Harry hubiese visto nunca, su sobrino pequeño había sido puesto luego de, probablemente, ser brutalmente arrancado del vientre de su madre. ¿A dónde estaba ella?, ¿quien podría tener tanto odio como para hacerle eso a dos héroes de guerra?
Harry sintió miedo. Ahí afuera había alguien que había masacrado una familia inocente solo por una ideología vacía y se había llevado el cuerpo sin vida de su mejor amiga.
No tenía idea de cómo les diría aquello a sus suegros, ¿cómo les diría que su hijo menor y toda su familia había sido masacrada y que su nuera aun estaba desaparecida?
Habían pasado diez años desde la guerra y los Weasley aun no habían superado la muerte de Fred. ¿Cómo podrían recuperarse de ese nuevo golpe al corazón?
- ¡AUROR POTTER!
- No grites Bringley. ¿Qué sucede?
- Malfoy Manor ha ardido hasta los cimientos. Se hallaron tres cuerpos dentro.
-¿Creen que está relacionado con este crimen?
Por toda respuesta el joven auror le tendió una alianza de oro que aparentemente había sobrevivido al fuego y una varita de vid agrietada. En el interior de lazo de oro aun se leía perfectamente la frase "Wingardium leviosa", sin dudas esa era el anillo de bodas de Hermione y por alguna razón había ido a parar a la mansión de los Malfoy que llevaba más de diez años abandonada.
Durante la batalla de Hogwarts Bellatrix Lestrange había asesinado a Narcissa Malfoy cuando supo que había encubierto el hecho de que Potter seguía con vida, y Lucius fue hallado muerto dentro de la mansión al día siguiente de la batalla, cuando los aurores fueron por él.
Draco Malfoy había desaparecido sin dejar rastros en algún momento de la noche. Ellos habían asumido que Lucius se había suicidado para distraer la atención de la huida de su hijo. ¿Podría ser que fuera Draco quien estuviese detrás de los asesinatos diez años después?
- Auror Potter, ¿cree usted que sea Draco Malfoy el asesino?
- No lo sé Bringley. Estuvo diez años desaparecido, no veo la razón por la cual volvería ahora y solo para asesinar a gente inocente.
- ¿Cuáles son sus ordenes jefe?
- amplíen el radio de búsqueda para el cuerpo de la ex ministra. Recojan todas las pistas que puedan y si Malfoy está detrás de esto, lo quiero muerto.
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Los fuegos rugientes de aquella maltrecha y antigua mansión ardían a gran altura en la noche, lamian el cielo como serpientes enroscándose a través de negro terciopelo. El humo flotaba en el aire a través de la oscuridad brumosa y el olor acre de su sangre y la de sus enemigos embotaba sus sentidos.
La vista de la mansión ardiendo y el saber vengados a sus seres queridos debería traer sosiego y alegría. No lo hizo. Nada le traería alegría otra vez.
La amarga agonía fluía dentro de ella y la dejaba incapacitada. Era más de lo que podía soportar. Y su vientre, ahora plano, solo se burlaba de ella y su desgracia. Solo unas horas antes había vida en ella, su bebé crecía y ahora se había ido para siempre.
Hermione maldijo desde el intolerable peso de su dolor. Uno a uno, ella había perdido a cada miembro de su pequeña familia y su bebé había sido arrancado de su vientre mientras la obligaban a verlo estando inmovilizada.
Cuando la dieron por muerta, ella clamó por venganza. Sus padres, su hija, su esposo y su bebé, ellos no habían hecho nada para merecer esa muerte horrenda, y ella tampoco. Solo había sido una bruja nacida de muggles que había querido abrirse paso en un mundo que despreciaba sus orígenes.
Día con día había luchado para ganar derechos para ella, los que eran como ella y todos aquellos que fuesen maltratados. Hermione había querido cambiar el mundo mágico desde que supo las injusticias que se llevaban a cabo en él. Ella deseaba que ese mundo mágico que tanto amaba fuera un lugar más justo y lo único que había logrado era morir desangrada en su propia casa a manos de un grupo de mortífagos que habían evadido a la justicia.
Cuando la dieron por muerta en un charco de su propia sangre, con su vientre abierto y su bebé muerto sobre su pecho, ella clamó por venganza. A quien quisiese oírla, a quien quisiese ayudarla. Y el cielo la había oído.
Una hermosa mujer de rizados y rojizos cabellos apareció ante ella y le ofreció un último acto de venganza a cambio de su alma. Hermione aceptó. Ella ya no tenía un alma. El amor de su vida y sus hijos habían sido masacrados, no le importaba condenarse si a cambio podía vengar sus muertes.
A pesar de todo lo que ella había leído en su vida, jamás sospechó que los dioses fueran reales. Nunca se hubiese imaginado que existía toda una sociedad mucho más secreta que el mundo en que ella había vivido.
Artemisa había curado sus heridas y le había dado la fuerza para vengarse de sus asesinos. Artemisa, la diosa de la luna y la cacería de la mitología griega, llevaba adelante un ejército de cazadores oscuros que se dedicaban a combatir seres que amenazaban a la humanidad. El trato era simple, un acto de venganza a cambio de su alma, y una vida eterna de servicio por la fuerza para llevarlo a cabo.
Estaba arrodillada en una colina viendo arder la antigua mansión. Sus asesinos se refugiaban en ese abandonado lugar, ella los había rastreado y asesinado a sangre fría, de la misma forma que ellos habían hecho con su familia.
Su varita de vid, la que había recuperado luego de la guerra, la varita con la que había jurado al asumir el cargo de primera ministra, la varita que había usado para unirse a Ron en su boda, la varita que usaba para ayudarse a preparar la comida de Rose, ahora yacía agrietada junto a ella. La había mancilladlo en nombre de su venganza.
Una tras otra las maldiciones imperdonables habían salido de sus labios y quien pudiera verla hubiera jurado que era la misma Bellatrix renacida. Incluso había reído cuando esos bastardos suplicaban clemencia, misericordia. No la había tenido, así como ellos no la tuvieron cuando cortaron la garganta de su pequeña Rose.
La torre norte de la mansión colapsó. El fiendfyre aun rugía clamando venganza, de la misma forma que ella gritaba su dolor al viento. Ese sitio había sido abandonado diez años antes, nadie vivía cerca o sus gritos hubiesen helado la sangre en las venas de cualquiera que pudiese oírla llorar a su familia muerta.
- ¡QUE LOS DIOSES LOS CONDENEN!, ¡QUE NUNCA ENCUENTREN LA PAZ! ¡QUE LOS CONDENEN, QUE LOS CONDENEN A TODOS!
- los dioses no nos condenan, nos condenamos nosotros mismos con nuestras acciones. Ellos ya han recibido su castigo.
Hermione se dio vuelta abruptamente al oír la profunda voz a sus espaldas. Tras ella había un hombre completamente vestido de negro. Este hombre era distinto a cualquiera que hubiese visto nunca.
El viento de la noche formaba remolinos alrededor de su figura y ondulaba el largo abrigo mientras caminaba hacia ella. La luz de la luna bailaba sobre su cabello negro suelto y el fuego colina abajo hacia un extraño juego de luces y sombras sobre su inescrutable rostro.
Sus ojos plateados y brillantes parecían cambiar como una misteriosa niebla y eran extraños, escalofriantes. Parado junto a ella tenía la medida de un gigante. Ni siquiera Ron había sido tan alto como el hombre frente a ella, y al contrario de lo que creyó a la distancia, él no era tan mayor como al principio le pareció. Aquel hombre parecía estar parado en el precioso umbral entre la adolescencia y la adultez, hasta que veías sus ojos, allí yacía la sabiduría de los años.
Ese no era un muchacho. Ese hombre vestido de negro era un guerrero que había peleado duro y había visto demasiado.
- ¿Quién es usted?- preguntó Hermione.
- Soy Acheron Parthenopaeus - dijo él, con un acento extraño pero con un uso perfecto de su idioma. - fui enviado por Artemisa para entrenarte para tu nueva vida Hermione.
La diosa griega le había dicho que debía esperar a un hombre que había vagado por la tierra desde tiempos inmemoriales y que él sería el encargado de mostrarle lo que ahora debería hacer para pagar por su acto de venganza.
- ¿en que se basará precisamente ese entrenamiento?
- te enseñare a matar a los Daimons que cazan a la humanidad desventurada. Te enseñare a esconderte durante el día a fin de que los rayos del sol no te maten. Te mostraré como hablar sin revelar tus colmillos a los hombres y todo aquello que necesites para sobrevivir hasta el fin de los tiempos.
Hermione se rio amargamente mientras un dolor cegador la atravesaba otra vez. La eternidad la estaba esperando y nadie que hubiese querido estaría ahí con ella. Ni siquiera Harry que debería pensar que también había muerto. Estaba tan adolorida y herida que apenas si podía respirar, solo quería paz, quería irse con sus hijos, quería descansar.
Su familia se había ido. Sin ellos ella ya no tenía deseos de sobrevivir. Pero por vengarlos había vendido su alma. Había ajustado cuentas con sus asesinos pero a cambio debería vivir una eternidad sola con solo sus recuerdos para abrigarla. Debería afrontar la inmortalidad con el peso de sus partidas en su corazón.
- dime, Acheron, ¿hay alguna forma de terminar con esta agonía?, hoy he perdido a mi bebé no nacido, a mi hija de cuatro años, a mi esposo, a mis padres e incluso mi propia vida. Canjee mi propia alma para tomar la vida de quienes me hicieron daño y aun así no me siento bien.
- si, Hermione. Yo te mostraré como enterrar ese dolor que ahora te paraliza. Con el tiempo podrás hundirlo tan profundamente en tu ser que no te molestará la mayoría de los días. Pero ten en cuenta que nunca nada dura para siempre. Y un día alguien vendrá a hacerte sentir toda otra vez y con ello vendrá todo el dolor del tiempo sobre ti. Todo este dolor escondido saldrá y no solo podría destruirte, sino a cualquiera cerca de ti.
Hermione ignoró la última parte. Todo lo que quería ahora era un segundo en el que su corazón no estuviese quebrado. Un instante libre de ese tormento. Estaba dispuesta a pagar cualquier precio a cambio de no sentirse como se sentía en ese instante.
- ¿estás seguro que no sentiré nada?
Acheron le tendió la mano para ayudarla a incorporarse, con su mano libre cambió su camisón ensangrentado por un conjunto de ropa color negro y finalmente asintió.
- te lo puedo enseñar, solo si me escuchas.
- entonces, enséñame, enseñame pronto…
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- otra vez. Uno, dos, tres… más rápido... Otra vez, uno, dos, tres.
Atacó con toda su ira y aun así él bloqueó el golpe sin que ni uno solo de sus cabellos se moviese de su sitio. Tenía los dientes apretados, el sudor caía por su sien y las lágrimas se mezclaban con su rabia.
- uno, dos, tres… si esto no fuera un entrenamiento estarías muerta.
- no tengo miedo a morir. Tampoco tengo nada por qué vivir.
- escucha Hermione. Sé que día es hoy, entiendo tu rabia y tu perdida, la entiendo perfectamente. No hay peor sensación que tener todo tu mundo destrozado y que no haya nada que puedas hacer para recuperarlo. Comprendo el tipo de infierno por el que has pasado pero tienes que dejarlo ir.
Hay en ti la fuerza y el valor suficiente para superar y aprender a prosperar a pesar de los horrores y tragedias que has vivido.
Cada día es una nueva batalla y si bien es posible que pierdas algunas de esas peleas, nunca debes permitirte perder la guerra. Ya vengaste sus muertes, ahora honra sus vidas. Estás aquí con un propósito Hermione.
No puedes controlar tu pasado o la pesadilla que se te impuso, pero controlas el presente. No permitas que el dolor te arrebate otro momento de tu vida. Todos tenemos momentos de debilidad, pero con ello obtenemos la fuerza para saber que todavía seguimos aquí. Y que todavía importamos, que todavía vale la pena luchar.
Hermione se sentó en la grada del gimnasio y comenzó a llorar. Llevaba dos meses en su nueva condición y aun tenia momentos como ese en los que el dolor la segaba y le impedía seguir entrenando.
Ella debería estar acunando un bebé recién nacido, no aprendiendo a apuñalar cosas. Ella debería estar feliz con su familia, no enfrentando un entrenamiento para convertirse en una cazadora oscura.
Ella debería estar en san Mungo dando a luz ese día, no aprendiendo a comprender y manipular sus nuevos poderes de cazadora oscura. Debería estar con su esposo y no con ese hombre que solo quería convertirla en una más de sus soldados.
- hemos terminado por hoy. Recuerda mis palabras Hermione. Debes honrar sus vidas. Descansa, mañana volveré y seguiremos entrenando.
Acheron se fue y ella arrojó la daga srad, que estaba en su bota, hacia donde él estaba segundos antes. Nada quedaba en ella de la mujer que había sido antes de que Walden Macnair, Thorfinn Rowle y Evan Rosier irrumpieran en su casa.
Ni siquiera había realizado magia en esos dos meses. Había estado demasiado abrumada con su nuevo poder y aunque no necesitaba una varita para realizarla, la magia le hacía recordar las maldiciones imperdonables que había lanzado la noche que perdió todo.
Acheron había mentido y por eso lo odiaba cuando le decía cosas como las que le había dicho antes de marcharse. Llevaba dos meses y aun el dolor estaba tan fresco como la primera noche, aunque ahora podía respirar y había momentos en el que su ira podía enfocarse en un objetivo fijado y no en el mundo que le había arrebatado lo que más quería.
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"Sus partidas fueron inesperadas y dolorosas, pero su recuerdo vivirá en nuestro corazón siempre"
Ronald Weasley 01/03/1980 – 01/09/2010
Hermione Granger-Weasley 19/09/1979– 01/09/2010
Rose Weasley-Granger 06/05/2006– 01/09/2010
Hugo Weasley-Granger 01/09/2010– 01/09/2010
Acarició la inscripción apenas visible de la desgastada piedra. Todos esos años después y el dolor aun seguía ahí, latente, la mayoría del tiempo ella lograba funcionar normalmente. Como el resto de la humanidad ella solo se limitaba a levantarse en la noche, hacer su trabajo y volver a la cama. Hermione quitó la mala hierba de las tumbas.
Era noche cerrada y debería irse pronto, sabía que no debería estar ahí pero necesitaba despedirse de su familia. Seria reasignada por un tiempo y no sabía si la antigua lapida la estaría esperando cuando volviese a Inglaterra.
Era irónico estar parada sobre su propia tumba y que los cuerpos de las personas que más había amado en su vida probablemente ya no existieran bajo los dos metros de tierra con los que habían cubierto sus cuerpos exactamente doscientos años atrás.
Dos siglos después y ella aun se preguntaba como hubiese lucido su bebé si no lo hubiesen arrebatado de su vientre, solo una cicatriz le había quedado para recordarlo. También se preguntaba como hubiese sido Rose al llegar a la adolescencia. Inclusive se preguntaba como hubiese sido envejecer junto a Ronald y ver su propio rostro perder la lozanía de la juventud.
Sabía que no debía atormentarse con esos pensamientos, que solo se hería así misma al pensar en lo que fue y ya nunca seria. Pero los días eran solitarios y las noches rara vez tenían demasiado trabajo en su ciudad asignada.
Acheron había llamado ese día. Los escuderos, humanos encargados de atender las necesidades de los cazadores oscuros de Artemisa, estaban movilizando el Jet para llevarla a su nuevo emplazamiento.
Se acercaban las fiestas y Nueva Orleans, en Estados Unidos, era un hervidero de Daimons. Así que Ash, como le decían a Acheron, necesitaba refuerzos que pudiesen contener la horda de vampiros que asesinaban humanos para poder robar las almas de sus víctimas.
En los doscientos años que llevaba desde su renacimiento, ella había sido reubicada solo tres veces en total. Y hacia solo cinco años que Ash le había permitido volver a Inglaterra, solo para volver a reubicarla nuevamente a un continente de distancia.
Sabía que esa fría lapida no era su familia, sabía que no debería sentirse tan triste por abandonar un frio mármol de doscientos años. Pero en su pecho un mal augurio crecía, de alguna forma sabía que no volvería a ver ese sitio. Al menos no como una cazadora oscura.
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N.a: fin del primer capítulo. Esta historia lleva dando vueltas por mi cabeza hace un par de semanas y aunque ya escribí otra que tiene los mismos personajes y se desarrolla en el mismo mundo, este argumento es completamente diferente.
Espero que este nuevo experimento encuentre lectores. Como siempre, he iniciado escribiendo el epilogo así que se hacia donde se dirige esta historia pero al igual que ustedes iré descubriendo como los personajes llegarán a él a medida que los capítulos se sucedan. HASTA LA PROXIMA!
