Los labios de Kyo se habían posado sobre los suyos en un movimiento rápido que no vaticinó, la pelirroja se quedó estática sin saber cómo reaccionar ante la inesperada acción. El rostro de Kyo estaba demasiado cerca, inclinado sobre él, su cabello castaño cayendo hacía adelante, haciéndole ligeras cosquillas en la mejilla. Podía oler su colonia de tintes cítricos, junto a un dejo del olor a tabaco y a licor, sus labios inesperadamente suaves contra los suyos. Iori batalló con el impulso de corresponder aquel beso, de la misma manera en cómo había estado al borde del abismo en el momento en el que le había permitido hacer todas esas desvergonzadas cosas en la cama, ahora se encontraba en la misma encrucijada.
Permitir una vez más esa locura.
Abrió los labios lentamente, cerrando los ojos y sin tener que pedírselo dos veces, Kyo había profundizado el beso, como si hubiese estado esperando por su permiso para poder desfogar un deseo contenido. El beso se tornó insospechadamente apasionado en cuestión de segundos, Kyo metió su lengua en su boca con ímpetu, al mismo tiempo que sus manos bajaban por su espalda hasta posicionarse en sus caderas.
Las puertas del ascensor se abrieron una vez llegaron al piso que correspondía, Iori intentó cortar el beso, pero Kyo no se lo permitió, sus brazos le aprisionaron y la pelirroja se encontró siento alzada por el aire, cargada por esos fuertes brazos por la cintura.
Lo siguiente pasó demasiado rápido como para que su mente lo procesara adecuadamente, Kyo le llevaba cargada por el pasillo sin dejar de besarla, luego entraban en el apartamento (No tenía idea de cómo había abierto la puerta, pero lo había hecho) y finalmente se encontró cayendo acostada cuan larga era sobre el sofá.
Iba a protestar, realmente quería hacerlo, pero las palabras se negaban a salir de su boca, tenía que detener esa locura, porqué podía notar en los ojos de Kyo, en su mirada intensa, su determinación y sabía que sí no lo detenía ahora, no habría marcha atrás. Kyo no tenía intención de detenerse. ¿Era culpa del alcohol? Se cuestionó mientras Kyo se quitaba su propia chaqueta con movimientos rápidos, casi desesperados y luego se inclinaba sobre el sofá, no, Kyo no parecía lo suficientemente ebrio como para no saber lo que hacía, aquello era deliberado y consciente. Algo había pasado en el bar que había hecho que Kyo reaccionara de esa forma, y Iori se preguntaba si acaso era, la mezcla de alcohol y la frustración causada por la tensión sexual que habían mantenido los últimos días.
- Kyo... - Murmuró entre avergonzada y emocionada ante la perspectiva de lo que iba a pasar, el joven Kusanagi le desabotonó la blusa y pronto liberó sus pechos, sin mediar palabra hundió su rostro en ellos para llenarlos de besos. Iori exhaló el aire que había estado conteniendo con un imperceptible gemido, mientras las manos de Kyo desabrochaban su sostenedor en su espalda con habilidad.
Pronto quedó expuesta, sintiendo el frío de la habitación sobre su piel, el castaño no tardó en cerrar su boca en uno de sus pezones, mientras que con la otra mano acariciaba el otro, su lengua húmeda bordeando la sensible piel, haciéndole estremecer. Aquello se sentía mucho mejor que las caricias que le había dado antes y la pelirroja se encontró sorprendida frente a la intensidad con la que, esas sensaciones recorrían ahora sus nervios y como volvía a encenderse ese deseo entre sus piernas. Kyo podía ser suave y brusco con sus movimientos y de alguna manera, ese contraste entre la firmeza de sus dedos y la suavidad de su boca, enardecía aún más su excitación.
El castaño beso y mordisqueó sus pechos por un buen rato, arrancándole suspiros para luego volver a besarle en la boca. Esta vez sus manos bajaron hasta el borde de su pantalón y desabotonaron el botón. Iori no lo detuvo, en su mente solo podía sentir anticipación, deseaba volver a sentir el placer que Kyo le había otorgado en la mañana, su cuerpo añoraba sentir esos dedos de nuevo. A pesar de que su mente intentara recriminarle el hecho de que se trataba de Kyo, su cuerpo simplemente se negaba a cooperar.
Pronto los pantalones cayeron a un lado en el suelo y la pelirroja estuvo solo vestida con sus bragas negras, Kyo cortó el beso y se irguió para observarla, las curvas de sus pechos y caderas ejerciendo un poder hipnotizante sobre él, el castaño sonrió con sevicia ante la perspectiva de tener ese cuerpo solo para él.
- Eres... estúpidamente sexy – Murmuró Kyo con las mejillas coloradas, mientras que con su mano derecha comenzaba a bajar las bragas.
- Lo sé... - Respondió sin hacer ningún intento por cubrirse, Iori nunca había tenido ese impulso de 'pudor' o de 'decencia' como era de esperarse en una mujer, a pesar de que su cuerpo tuviese esas proporciones, el seguía, pensando en sí mismo como un hombre y no le avergonzaba su propia desnudez. Las bragas cayeron al suelo dejándole completamente desnuda y a merced de Kyo.
El castaño volvió a inclinarse sobre ella, besando su cuello suavemente, dejando un recorrido de besos que fue bajando hasta llegar a sus pechos, depositó más besos en ellos y luego continuó hacía el abdomen, los labios de Kyo le hicieron cosquillas en el ombligo y entonces Iori finalmente pareció caer en cuenta de lo que planeaba su rival. Abrió los ojos de par en par cuando Kyo le había separado las piernas con ambas manos y con una sonrisa traviesa, su rostro había desaparecido entre ellas.
- Oi...Kyo... oi ¡Espera! – Exclamó azorado, había creído que usaría sus dedos como la última vez, pero en vez de eso, sintió su lengua húmeda deslizarse por la superficie de su entrada enviándole un escalofrío por todo el cuerpo. Arqueó la espalda ligeramente sin poder controlarse, la lengua de Kyo lamió suavemente, deteniéndose en esa pequeña protuberancia, rodeándola con su lengua, jugueteando con ella.
Las manos de Iori se aferraron al sofá con fuerza, su cuerpo tensándose ante la increíble sensación de esa lengua sobre su sensible piel y su cálido aliento enviándole cosquilleos en los nervios. Kyo metió la lengua humedeciendo aún más (si eso era posible) su interior y la respiración de Iori se agitó rápidamente, su corazón latiendo tan fuerte como el motor de un tren a toda marcha.
- K-kyo... ahghh - Logró decir con voz entre cortada, el castaño detuvo los movimientos con su lengua e introdujo su dedo índice, deslizándolo fácilmente en su interior, Iori alzó las caderas buscando más contacto, deseando que llegara más profundo y el castaño respondió volviendo a lamer su clítoris en círculos mientras metía un segundo dedo y comenzaba un ritmo enloquecedor a la par con los movimientos de su lengua.
Iori simplemente no podía creer que fuese precisamente Kyo quien le estuviese provocando todo ese placer. Su cuerpo podía haber cambiado, pero no su mente, por lo que, desde su perspectiva, estaba teniendo sexo con un hombre. Era extraño y complicado, pero era como lo veía, Iori no había dejado de verse así mismo como un hombre todo el tiempo y aunque ahora estuviese experimentando las sensaciones que un cuerpo femenino podía experimentar, eso no quitaba el hecho de que era Kyo, un hombre, quien las causaba.
Le resultaba insólito sentirse sumiso y a la merced del otro, Iori nunca había estado en una posición sumisa con nadie, en el pasado, cuando se había acostado con mujeres o inclusive en el par de veces que había experimentado con otros hombres, había sido siempre él quien llevaba la iniciativa. Permitir que su pareja tomara el control, significaba un voto de confianza en el otro, que Iori simplemente no pensaba depositar. Un momento ¿Pareja? ¿Estaba pensando en Kyo como su pareja?
El pensamiento hizo que sus mejillas se pusieran aún más coloradas y se mordió el labio inferior intentando en vano alejar esos pensamientos de su cabeza, de momento, quería solo disfrutar de lo que le producían las caricias de Kyo, no quería preocuparse por lo que pasaría después, porqué sabía que, esa locura iba a eventualmente terminar cuando restaurara su cuerpo y el odio y el deseo de matar a Kyo volviera.
Comenzó a sentir como lentamente el placer se iba acumulando en su estómago, como un nudo que deseaba ser desatado, de nuevo estaba llegando a su límite ¿Cómo hacía Kyo para hacerle enloquecer de esa manera tan rápido?
Se encontró abrazando con las piernas el cuerpo de Kyo, aferrándose a su cabello castaño, tirando de él, mientras con un grito afónico alcanzaba el orgasmo con la deliciosa fricción de sus dedos y su lengua sobre su piel.
Tembló en espasmos, mientras Kyo continuaba con sus caricias hasta que estas se volvieron insoportables gracias a la sensibilidad de sus nervios ahora al límite.
- ¡Detente! – Gimió agitadamente, empujando su cabeza con las manos para que se detuviera, iba a perder su cordura si continuaba.
Kyo se irguió con una sonrisa torcida mientras se relamía los labios como un gato travieso, sus dedos aún dentro de Iori.
Retiró finalmente sus dedos y la pelirroja dejó escapar un gemido lastimero, ahora el castaño se quitaba su propia camiseta dejando al descubierto su bien formado pecho producto de años de entrenamiento y procedía a desabrocharse el pantalón de Jean. Iori seguía con la mente en blanco, aún incapaz de formar pensamientos coherentes luego de experimentar ese intenso orgasmo.
Parpadeó como volviendo a la realidad cuando sintió algo mucho más grande presionarse suavemente contra él, Kyo se había posicionado entre sus piernas con una expresión que solo podría definirse como de absoluta lujuria. Iori lo observó mudo ante la idea de ser penetrado por él. Porqué sin importar que ahora tuviese partes femeninas, el seguía siendo un hombre e iba a ser penetrado por el idiota de Kyo.
- Maldición... - Murmuró conmocionado con ese pensamiento, su cuerpo ardiendo en el deseo por sentirlo dentro y al mismo tiempo aterrado frente a lo que eso significaba.
- Umm... ¿Te estás arrepintiendo? – Preguntó Kyo con una sonrisa traviesa - ¿O es que acaso tienes miedo? –
- ¿Miedo de ti? ¡Pfff! – Respondió Iori de inmediato. Realmente no tenía miedo, no era su primera vez con un hombre, aunque si era la primera vez en esa posición, pero no iba a mostrarle debilidad a Kyo, por supuesto que no, no iba a darle la oportunidad de que lo humillara.
Sin dejar de mirarle a los ojos, Kyo comenzó a penetrarla lentamente.
Los músculos de sus caderas y estómago se tensaron al sentir esa sensación invasora, el miembro del Kusanagi haciéndose paso dentro, deslizándose fácilmente gracias a toda la humedad que había causado el orgasmo, sintió algo de dolor conforme el muchacho seguía avanzando. Kyo exhaló cerrando los ojos en una expresión claramente excitada, su respiración ahora agitada y su cara colorada por contener el impulso de tomarla con todas sus fuerzas.
- ¿Estás bien? – Murmuró Kyo cuando estuvo dentro por completo, aún sin moverse, se sentía demasiado apretado y no sabía si eso equivalía a una primera vez para ella, no tenía idea de si debía ser gentil - ¿Te duele? –
- Estoy bien – Logró decir Iori, recuperando el habla luego de unos segundos en los que su cerebro tardó en procesar el hecho de que estaba siendo penetrado por él – Solo un poco –
Kyo comenzó a moverse lentamente, dándole tiempo a acostumbrarse a la sensación, si aquello funcionaba igual como con cualquier otra mujer, sabía que eventualmente la molestia desaparecería para ser remplazada por solo placer. Acompañó los lentos movimientos con caricias en sus pechos, inclinándose hacía adelante para poder agarrarlos apropiadamente, manteniendo un ritmo suave, su miembro deslizándose fácilmente a pesar de todo.
- ¿Y ahora? – Preguntó Kyo con una mirada, que resultó demasiado gentil e hizo que Iori se sintiera incómodo, le resultaba más fácil lidiar con el Kyo altanero y seguro de sí mismo, pero que Kyo le mirara con dulzura y fuera considerado era algo que no lograba asimilar, le confundía y le avergonzaba que le tratase de esa manera.
- Está bien – Musitó girando el rostro hacía un lado, sintiendo hasta las orejas calientes, no podía mantenerle esa mirada cálida, simplemente no podía.
Kyo incrementó la velocidad y la fuerza de sus embestidas, su mirada tornándose apasionada en segundos, levantando las piernas de Iori para colocarlas sobre sus hombros y sosteniéndolas por los tobillos para poder impulsarse mejor. Iori ya no sentía el ligero dolor del comienzo, ahora solo podía sentir el desaforado placer que le provocaba ser penetrada luego de haberse corrido tan intensamente, su interior se encontraba sensible y eso potenciaba la sensación.
Kyo se detuvo de repente y salió de su cuerpo, Iori lo miró desconcertada con la abrupta pausa, el castaño le agarró por las caderas y le alzó fácilmente, atrayéndola contra su propio cuerpo, Kyo se sentó en el sofá y colocó a Iori sentada sobre sus piernas, sin detenerse a pensarlo, las piernas de Iori rodearon a Kyo y el castaño se hundió dentro de ella para penetrarla una vez más en esa nueva posición.
Le dio la impresión de que inclusive había llegado más profundo esta vez y un gemido ahogado brotó de sus labios cuando Kyo comenzó a mover sus caderas retomando las envestidas, ahora que lo tenía en frente, no podía escapar a su mirada. Kyo sonreía con los ojos entrecerrados, la piel de su frente perlada ligeramente por el sudor. Mientras continuaba los movimientos con su cadera, el joven Kusanagi volvió a besar su cuello, mordisqueando la piel suavemente, sus manos volviendo a acariciar sus pechos, haciendo que todo el cuerpo de Iori temblara con renovado deseo.
La lengua de Kyo bajó hasta su pecho, chupando y mordiendo alternadamente, mientras que con la otra mano volvía a acariciar ese botón de placer cerca de su entrada.
La pelirroja comenzó a sentir como un segundo orgasmo se avecinaba, la sensación era simplemente deliciosa y su mente ya no luchaba contra ello, sus manos recorrieron la espalda de Kyo, sintiendo uno a uno sus definidos músculos, subiendo por su cuello, tomando la cara de Kyo para alejarla de su pecho y obligarlo a volver a tomar sus labios.
Se besaron en una danza apasionada de lenguas que reflejaba la pasión desatada por sus cuerpos, sumergidos en un ritmo perfecto y harmónico, como si fueran dos piezas que hubiesen encajado idóneamente en un complicado rompecabezas.
- Estoy... cerca de mi límite... - Murmuró Kyo entre el beso, su respiración entrecortada, sus envestidas cada vez más rápidas y fuertes. ¿Podía correrse dentro? Pensó por unos instantes en los que el placer se iba acumulando dentro de él, deseaba explotar dentro de ella, pero ¿Había algún peligro si lo hacía? No estaban usando protección y francamente hasta ese momento no se le había ocurrido porque, bueno, porque Iori no era una mujer completamente. ¿O sí?
- ¿Qué pasa? – Preguntó Iori notando la duda en la mirada de Kyo, había disminuido la velocidad.
- No estamos usando protección – Susurró avergonzado, Iori desvió la mirada hacía a un lado sintiendo sus mejillas arder también.
- No creo que sea necesario... - Respondió luego de unos momentos de dubitación.
Kyo no quería pensar en lo que pasaría cuando Iori recuperara su cuerpo y en ese momento solo quería pensar en poder descargar toda esa frustración de la tensión sexual que había experimentado con la pelirroja desde que había comenzado toda esa maldición. Bordeó el cuerpo de Iori con un brazo, atrayéndola contra su propio pecho, con su otra mano reanudó las caricias en su pecho, sus caderas volviendo a retomar el ritmo que llevaban, acelerando un poco el vaivén, aplicando más fuerza en sus embestidas.
Iori arqueó la espalda, y su cabeza cayó hacía atrás, conforme el placer se volvía cada vez más insoportable, un segundo orgasmo apoderándose de su cuerpo, sus ojos perdiéndose en sus cuencas, su boca abierta dejando escapar una serie de gemidos incontrolados que, solo lograron enviar a Kyo al límite.
- Iori... - Susurró Kyo entrecortadamente hundiendo rostro contra su cuello, mordisqueándole la piel mientras, el también explotaba en su interior con una desaforada fuerza, como si aquella fuera la última cosa que iba a hacer en su vida antes de caer muerto. Su cuerpo temblando sintiendo las contracciones del interior de Iori en su miembro, enviándole espasmos de placer hasta la médula.
En algún punto habían terminado en la cama, Kyo aún no se sentía satisfecho y quería continuar, de solo ver el cuerpo de la pelirroja desnuao a su lado era suficiente para que su entrepierna se endureciera de nuevo, pero se había quedado recostado en la cama con la respiración agitada, intentando controlar ese impulso, porqué quería ser considerado. Entonces había sido Iori, quien se había girado y se había montado sobre él, quedando a horcajas, con sus piernas a ambos lados y una sonrisa lasciva adornando su rostro. Estaba claro, que tampoco era suficiente para Iori y entonces, reanudaron la faena una vez más.
Exhaustos luego del ajetreo, habían quedado finalmente acostados alrededor de las 4 de la mañana. Esta vez, Iori no se había sentido incómodo de quedar rodeado por los brazos del castaño, una posición que extrañamente resultaba muy agradable para dormir. Ambos se habían entregado a esa pasión sin querer pensar en las repercusiones, dejando de lado los temores y la ansiedad, para comunicarse solo a través de intensas caricias y besos. Un sueño balsámico y reparador los envolvió y quedaron profundamente dormidos, pegados el uno al otro, Kyo acunándola contra su cuerpo de manera protectora.
La mañana llegó y luego el medio día. Gracias a la salida al bar y la faena nocturna, habían dormido hasta casi la 1 de la tarde, el sol se encontraba en lo alto y había subido la temperatura a casi 25 grados, en contraste con los días previos que habían sido bastante fríos. Kyo fue el primero en despertar gracias al calor. La piel de Iori se sentía caliente contra la suya y eso logró que entre abriera los ojos tenuemente. Una mata de cabello rojo estaba justo contra su cara y Kyo tuvo que levantar el rostro ligeramente para poder observar el rostro dormido del pelirrojo.
Un momento ¿Pelirrojo?
Kyo parpadeó tardando en procesar el rostro de Iori, su quijada angular y varonil, su larga nariz, su cuello musculoso. Ningún rastro de la feminidad de antes, el rostro de Iori volvía a ser tal y como lo recordaba. ¡Había recuperado su cuerpo! ¡Y lo peor de todo, lo estaba abrazando!
Ahora que su estatura era igual a la suya, Kyo había tenido su rostro contra el cabello de Iori y sus brazos lo rodeaban por la cintura, Iori tenía un brazo por debajo del cuello de Kyo y el otro cayendo desmadejado sobre su cintura. El castaño se quedó paralizado abriendo los ojos de par en par, la impresión de tener a Iori desnudo pegado a su cuerpo con las proporciones correctas le envió un shock a sus sentidos. Quizás aún seguía dormido y aquello era una pesadilla, razonó cerrando los ojos con la esperanza de que, al abrirlos, la pelirroja estuviese acunada contra su pecho.
Pero cuando abrió los ojos, se encontró con que Iori seguía ahí en la misma posición, con su cuerpo masculino, aún dormido sin darse cuenta de nada.
Mierda, mierda, mierda, mierda...
La mente de Kyo daba vueltas intentando procesar la situación, no sabía que hacer, realmente estaba paralizado.
- Yagami... - Murmuró con un hilo de voz – Oi... Yagami – Insistió.
Los ojos de Iori se abrieron lentamente, sus irises carmesí le miraron por unos segundos, una expresión dulce aún a pesar de sus nuevas facciones, Kyo se quedó mudo al presenciar esa expresión. Entonces Iori se movió ligeramente hacía adelante y depositó un beso sobre sus labios. El pelirrojo aún no se daba cuenta del cambio y entre dormido había actuado por reflejo al ver el rostro de Kyo tan cerca.
Kyo no correspondió el beso, su cerebro había hecho corto circuito en ese momento y sintió como si el alma se le salía del cuerpo, Iori parpadeó confuso antes su reacción y notó como la mirada aterrorizada de Kyo se desviaba por todo su cuerpo. Entonces Iori finalmente se dio cuenta de lo que sucedía, estaba frente a frente a Kyo, porque había recuperado su estatura, la perspectiva ahora era completamente diferente, su cuerpo volvía a ser como antes.
Dos cosas sucedieron a unísono, Iori le mandó una patada en el estómago a Kyo y este le dio en el pecho con un puño. El impacto haciendo que Kyo cayera al suelo y Iori quedara al otro lado de la cama de pie contra la pared. Se quedaron mirándose fijamente aún sin poder recuperar la capacidad para hablar, como si todo aquello hubiese sido un acto reflejo que no hubiesen podido controlar.
- Maldita sea – Murmuró Iori mirándose las manos y palpando su cuerpo, su mirada posándose en su entrepierna, notando con cierto alivio que todo estaba en el lugar correcto, pero no quitando la vergüenza de que estaba desnudo, al igual que Kyo quien finalmente se había puesto de pie y se llevaba las manos a la cabeza con expresión consternada.
- ¡Chizuru! – Exclamó Kyo de repente – ¡Debemos ir a ver a Chizuru! - Kyo no esperó a que le diera una respuesta se metió en el baño cerrando la puerta de un portazo.
Iori se quedó en la habitación, sintiendo el corazón latirle acelerado en el pecho, los recuerdos de lo ocurrido en la noche, latentes y frescos en su memoria. Se paseó una mano por entre las hebras rojizas revolviéndolas, ¿Cómo era posible? ¿Y por qué de repente? ¿No se suponía que debían reparar el altar primero? ¿Qué demonios estaba pasando?
Escuchó el sonido de la ducha en el baño y Iori finalmente salió del trance en el que estaba, sentía el olor y la 'esencia' de Kyo en todo su cuerpo, aún podía recordar la sensación del roce de sus dedos contra su piel, sus besos y...
Meneó la cabeza frenéticamente en un intento por alejar esos pensamientos de su cabeza, Kyo tenía razón debían ver a Chizuru de inmediato, aún faltaban dos días para que se cumpliera el plazo de la semana que la sacerdotisa había pronosticado para que los talismanes acumularan toda la energía del Kami, ¿Significaba eso que la energía del Kami aún continuaba en su cuerpo a pesar de que había regresado a su estado natural? ¿Estaba libre de peligro? Iori se enfocó en esas preguntas y no en las demás, relacionadas a lo ocurrido con Kyo.
Kyo salió del baño con una toalla anudada a la cintura y Iori aprovechó para entrar, sin cruzar ninguna palabra, la urgencia de darse una ducha y quitarse el 'olor' de Kyo de encima primaba sobre cualquier cosa. Se metió en la ducha y dejó el agua fría caer sobre su cabeza, como en un intento de hacer que su cerebro reaccionara y saliera de ese sopor mental en el que se encontraba. Mientras se bañaba, revisó todo su cuerpo con cierta ansiedad, esperando no encontrar ninguna sorpresa, luego de todo lo acontecido, podía esperar cualquier cosa.
Una vez limpio, salió del baño, se vistió con la ropa que había usado la noche de la pelea que aún continuaba sobre la silla del escritorio de Kyo y encontró a este hablando por teléfono en la sala, Kyo ya estaba vestido con unos jeans y una camiseta roja oscura, su cabello algo húmedo cayendo desordenado en sus mejillas.
- Chizuru dice que podemos ir de inmediato – Le indicó cuando hubo colgado la llamada. No le miraba a la cara, se notaba claramente nervioso y estaba buscando las llaves de la moto en la mesita de centro.
- ¿Y el monje? – Preguntó Iori dirigiéndose a la puerta, recordaba que Kyo había dicho que iría al templo en la tarde con un carpintero - ¿No debemos encontrarnos con él primero? –
- Le llamé, pero no contesta el teléfono – Le informó Kyo tomando la chaqueta blanca de cuello alto que había usado en el último torneo, metiendo las llaves en uno de los bolsillos – Creo que esto es más urgente... y Chizuru es la única que puede encontrar una explicación –
Iori recordó que había dejado el talismán en el bolsillo del pantalón que había usado la noche anterior y lo encontró tirado en el piso, junto con las bragas negras. Frunciendo el ceño sacó el talismán y lo colocó en el bolsillo interno de la gabardina. Ver las ropas de mujer que Kyo le había quitado en la madrugada desperdigadas por el suelo de la sala, le hizo sentir un revoltijo en el estómago. Se preguntó si Kyo estaría sintiéndose igual, porque el castaño estaba haciendo todo lo posible por no interactuar con él más de lo necesario.
Salieron del apartamento y tomaron el ascensor en silencio, Iori miró su móvil con expresión distraída mientras llegaban al lobby, el guarda de seguridad no se inmutó al ver a los dos muchachos saliendo del edificio, el sol les recibió con fuertes rayos perpendiculares que hacían sentir el ambiente casi como verano, a pesar de que apenas empezaba la primavera. Kyo se abrió la chaqueta algo acalorado y entró al 7/11 al lado del edificio, Iori lo siguió a una buena distancia en silencio. El castaño pidió un café negro frío a la cajera y buscó unos Onigiris de salmón y atún en la nevera. Iori recordó que tenía hambre al ver la comida, debía comer algo porqué el viaje sería largo y definitivamente no quería parar a un restaurante con Kyo. Comer en un sitio así significaba estar frente a frente obligados a hablar y el pelirrojo quería evitar eso a toda costa.
Tomó un par de sándwiches de pollo y buscó una Leche de Soya con semillas de sésamo y avena en la sección de bebidas. Pagaron por todo y se dirigieron al parqueadero donde estaba la moto. Kyo iba comiendo los onigiris distraídamente mientras caminaba, lucía taciturno, con el ceño fruncido, seguramente dándole vueltas al asunto de la misma manera que él. Iori encontró cierto consuelo en el hecho de que aquella situación resultaba igualmente incómoda para ambos, no quería ser el único que se sintiera extraño y perturbado, al menos la reacción de Kyo, era lo que había esperado de él.
¿Qué hubiese pasado si Kyo hubiese correspondido ese beso y la situación se hubiese tornado romántica?
Se atragantó con el sándwich de solo pensar en ello.
Kyo se subió a la moto, pero se quedó sentado en ella sin encenderla, aún estaba tomándose el café y el pelirrojo se quedó de pie mirándolo de reojo mientras se terminaba el último sándwich y bebía algo de la leche. No tenía idea de cómo abordar el tema, quizás era mejor ni siquiera mencionarlo, pensó, quizás ignorar el asunto y hacer como que nunca hubiese pasado, era lo mejor.
Era consciente de que había sido culpa de ambos, lo que había comenzado como un juego, se había salido de control, pero al fin y al cabo todo lo que había ocurrido había sido consensual, Iori sabía que no tenía excusa para justificar todo lo que había hecho, por lo que intentar negarlo era ridículo.
Si, lo mejor era ignorar el asunto y olvidarlo, pues no había forma de regresar el tiempo y evitar que sucediera.
- Sube – Murmuró Kyo colocándose el casco, su voz sacándolo de sus cavilaciones, el pelirrojo obedeció sin decir nada, colocándose el casco también.
Aquel iba a ser un día difícil.
Continuara.
Notas finales:
Chan chan chan! Ya extrañaba escribir a Iori como hombre xD
Para ver los fanarts, tienen que seguir el fic en AO3 o en wattpad porquè no puedo publicar las imagenes aquì v.v
