Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo detallado en la saga cazadores oscuros de Sherrilyn Kenyon, mezclado con el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a las dos autoras, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.
**CLARACIÓN: NO ES NECESARIO LEER O HABER LEIDO LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS PARA ENTENDER LA HISTORIA, YA QUE LAS PARTES IMPORTANTES DE LA TRAMA SERÁN EXPLICADAS. **
*SI LEISTE LA SAGA: puede que algunos personajes y/o destinos de los mismos hayan sido levemente modificados por el bien de esta trama.*
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Capitulo 2:
Aun no podía creer que su hermosa madre estuviera muerta. Horas antes había tomado su mano durante la batalla, ella le había dicho que lo amaba y le había entregado la pequeña llave que ahora daba vueltas en su mano, mientras buscaba la cerradura en la que debía hacerla encajar.
Cuando Potter anunció que estaba vivo, su madre cayó víctima de una maldición asesina de Bellatrix. Ese fue el primer hechizo lanzado antes de que el pandemonio se desatara en el castillo.
Draco dudaba que alguna vez pudiese olvidar la forma en la que la vida había abandonado el rostro de su madre y como se sentía su peso mientras intentaba que no cayese al piso víctima del hechizo que Bellatrix había hecho impactar de lleno en su pecho.
Él solo había acunado a su madre lo que pareció un breve instante antes de que el grito de algarabía llenase el lugar y que su padre lo conminase a huir de allí. Voldemort había caído y los próximos en hacerlo serian ellos.
No habían podido tomar el cuerpo de Narcissa aunque Draco se había negado a abandonarlo en principio. Lucius era el único con varita y no podría hacerlos desaparecer a los tres. Dejarla entre las ruinas del castillo había sido, sin duda, lo mas difícil que ambos habían hecho en su vida.
Al menos Draco tenía la esperanza de que el cuerpo de su madre iba a ser tratado con gentileza. Sabía que los ganadores no tirarían a su madre en un foso común y aunque no tuviera los honores que merecía, él sabía que no dejarían que se pudriese a merced de los cuervos y los buitres, como hubiese sucedido si Voldemort ganaba.
Sin otro sitio al que huir para esperar sus destinos, ellos habían vuelto a Malfoy Manor y Lucius lo había abrazado durante un breve instante antes de decirle que lo dejase solo con su típico gesto arrogante.
Su padre bebía en el salón para ahogar su pena y él solo quería que su madre volviese. El único ser en el mundo que lo había querido y respetado había sido ella. Narcissa nunca le había exigido que fuese algo más de lo que era y jamás le había pedido nada a cambio de su amor incondicional.
Draco maldecía los años que había intentado que su padre lo quisiese igual que su madre lo hacía. Todos sus intentos habían sido en vano y solo lo habían llevado a la ruina en la que ahora se hallaba.
Sin pensarlo demasiado sus pies lo llevaron en dirección al ala que pertenecía a su madre. En el último año de la guerra él había huido infinidad de veces hacia ese lugar y había apoyado su cabeza en el regazo de su madre por horas para que ella le acariciase el cabello como cuando era pequeño y una tormenta particularmente fuerte lo asustaba.
Al llegar a las habitaciones privadas de su madre su aroma lo invadió. Pasaría el resto de su vida añorando su calidez, aunque probablemente no fuera una vida demasiado larga ya que estaba seguro que pronto los aurores vendrían por ellos.
Sobre la ornamentada cama un cofre llamó su atención. La cerradura parecía ser el perfecto complemento para la llave de su madre. No tenía idea de por qué ella podría haber dejado aquel cofre allí. Probablemente había adivinado lo que sucedería y había dejado algo con lo que despedirse de él. Mil veces hubiese preferido sus cálidos abrazos y no una caja de madera que no podría consolarlo.
Al abrir el cofre un pergamino pulcramente doblado y sellado lo recibió. Bajo él, una pequeña caja azul lo aguardaba junto a una buena cantidad de, lo que supuso era, dinero muggle y una bolsita que aun no había inspeccionado.
Querido Draco.
Si estás leyendo esta nota quiere decir que la guerra se ha perdido, que he muerto y que no estoy ahí contigo para entregarte esto en tus propias manos.
Quiero que recuerdes que has sido amado mi querido hijo. Sé que lo que tu padre y yo te hemos hecho vivir debe dar una impresión completamente distinta, pero te amamos en realidad y este es nuestro regalo para ti.
Esto es lo único que podemos hacer para darte el futuro brillante que debimos procurarte como nuestro único hijo. Es lo único que nos queda para intentar remediar el daño que te hemos hecho.
En la caja encontrarás un giratiempos especial. Tu padre y yo decidimos que sea cual sea el resultado de esta guerra, tú no deberías permanecer en este tiempo. Como tus padres, pensamos que mereces un mundo mejor al que te hemos dado.
Si Voldemort gana, él hará que hagas cosas que nunca podrían enorgullecerte y jamás serias feliz. Si Voldemort cae, los aurores vendrán por todos nosotros y no queremos que pases tu vida en Azkaban o que acabes muerto.
Ese artefacto lleva siglos en nuestra familia. Los Black lo han custodiado por tantas generaciones que no tenemos idea de cómo funciona exactamente. Pero con mi escaso conocimiento lo he programado hacia adelante.
Cuando presiones la joya de la cima, te llevará hacia el futuro y espero que allí puedas tener una vida feliz hijo mío. Hemos discutido largamente sobre esto con Lucius, él creía que si ibas hacia el pasado podrías arreglar esto. Pero el tiempo es frágil, son demasiadas las variables que podrían alterarse si hicieses algo para cambiar el pasado y no sabemos cuanto peor podría ser la realidad.
Mira hacia adelante hijo, ve hacia el futuro, encuentra tu camino y haznos estar orgullosos de ti. Tu padre cubrirá tus huellas. Será como si solo hubieses desaparecido, y esperamos que el dinero en la caja sea suficiente como para establecerte y rehacer tu vida como un hombre nuevo.
La pequeña bolsa junto a la caja posee un encantamiento expansible y he colocado todo el oro y joyas que he logrado reunir junto a una varita para que te protejas. Cuando estés a salvo busca la forma de vender las joyas para sobrevivir.
Se honesto Draco, sé un hombre de bien. No juzgues a las personas por su origen o su sangre. Has estado en esta guerra y has visto, por tus propios medios, que toda la sangre es roja.
Se que eso ultimo debí habértelo enseñado antes, pero no fue hasta hace muy poco tiempo que yo misma lo entendí. Nunca fui tan inteligente como Andrómeda o Sirius, pero jamás llegue a ser tan ingenua como Bellatrix. Espero que te parezcas a más a Andrómeda o mi primo que a Bella o incluso a mí. Espero de corazón que haya valentía en ti a pesar de los podridos ideales que te hemos inculcado estos años.
Quiero que seas valiente hijo, pero también quiero que seas astuto, inteligente y creativo. Se ambicioso Draco, pero también se justo. Se audaz, pero también paciente. Y si encuentras las personas correctas, por sobre todas las cosas, hijo, se leal.
No mires atrás Draco, ve a donde sea que el giratiempos te lleve, forma una nueva familia, vive bajo tus propios términos y más que nada, sé muy feliz.
Te ama, Mamá.
Lloraba amargamente mientras leía la nota de su madre. Ella le había dejado un salvoconducto y le pedía que fuera cosas que él realmente no era. A duras penas si había cubierto las características de su propia casa y su madre le pedía que también fuese como los Gryffindor, los Ravenclaw y los Hufflepuff, todo al mismo tiempo.
Un estruendo se oyó escaleras abajo y supo que los escasos minutos de paz que habían tenido en la mansión, se habían acabado. Azkaban o la muerte lo esperaba ahí afuera y era hora de decidir si usaría el regalo de su madre o enfrentaría su destino aunque estuviese aterrado.
- ¡DRACO MALFOY!, ENTREGATE A LAS FUERZAS DEL DEPARTAMENTO DE AURORES, SABEMOS QUE ESTÁ AHÍ ADENTRO.
Los aurores pateaban la puerta que instintivamente había cerrado con llave. Al convivir con mortífagos, encerrarse en su propia casa se había vuelto carne en él. En ese momento lo agradecía.
Tomó el cofre, lo puso en la bolsa que su madre había dejado y colocó el giratiempos en su cuello. Aquella cosita de oro apenas si parecía un medallón de anillos concéntricos con una gema en el centro y otra que unía los anillos. No tenía nada que perder. Si eso no lo llevaba al futuro, y los aurores igual lo atrapaban, al menos habría cumplido la última voluntad de su madre.
El mundo se convirtió en un borrón de movimiento que lo hizo sentir nauseas. Por un instante todo se volvió rojo y luego siguió siendo todo negro. Cuando finalmente se detuvo se vio en el mismo sitio donde había accionado la joya, pero ya nada era como antes.
Todo a su alrededor estaba derruido. La habitación de su madre parecía abandonada, olía a moho y encierro. Parecía como si todo estuviese a punto de colapsar sobre él en cualquier instante. Seguía en Malfoy Manor pero a la vez ese no era el sitio donde había crecido.
Decidió salir de allí. No sabía en qué año estaba pero por el aspecto de aquel pasillo, Malfoy Manor llevaba varias décadas abandonada. Al llegar a la escalera la pena por ver su casa destruida se sumó a la incertidumbre y al dolor por la muerte de su madre.
Parecía que el fuego había hecho presa de gran parte de la mansión y la torre norte había colapsado. A través de los agujeros del techo podía ver las estrellas y en el suelo la hierba había destruido las alfombras que una vez habían sido el orgullo de su madre.
Al parecer todo había sido quemado. Se preguntaba qué había sucedido allí y más que nada cuanto tiempo había pasado. No tenia forma de saberlo. Estaba por su cuenta, virtualmente en el medio de la nada y completamente solo.
Mientras recorría su antigua morada, su convicción inicial se desmoronaba. No estaba tan seguro de poder sobrevivir solo. Él tenía diecisiete años nada más, y aunque tenía algo de dinero, no tenía idea de lo que le depararía el mundo fuera de esas ruinas. Quizá había cometido un error y hubiera sido más seguro enfrentar a los aurores.
Sintió un cuchicheo tras una pared. Escondió lo mejor que pudo la bolsita con sus pocas riquezas y se acercó despacio hacia donde provenía aquel ruido. Quería investigar si aquellos eran amigos o enemigos antes de darse a conocer.
Los intrusos no parecían haberlo oído y parecían estar recuperando el resuello luego de haber corrido. Todos ellos eran rubios, altos y por alguna razón hacían que un escalofrió corriera por su columna. Decidió hacer caso a su instinto, definitivamente aquellos hombres no eran amigos.
De pronto un hombre monstruosamente alto apareció a las espaldas de los tipos rubios. Aquel tipo llevaba su cabello negro con mechones de un purpura que casi parecía metálico y lentes oscuros. Cosa que extrañó a Draco ya que, por lo que veía, era noche cerrada.
Había algo verdaderamente extraño acerca del aura letal del hombre que acechaba a los tipos rubios. Algo extremadamente peligroso manaba de él como un tsunami. El mismo aire parecía ondular con energía mística a su alrededor, a pesar de las obvias diferencias, y que este en realidad daba miedo, algo en él le recordó al viejo Dumbledore.
- hola muchachos.- dijo aquel tipo despreocupadamente mientras caminaba hacia ellos. –Ustedes Daimons no deberían haber corrido y menos hacia un lugar cerrado donde podría acorralarlos fácilmente.
Los que ese hombre llamó Daimons comenzaron a correr intentando alejarse de su interlocutor. Draco esperaba que no decidiesen ir hacia el sitio donde él estaba escondido.
- oh, creo que no- dijo él. -ningún daimon sale vivo de aquí.
Los hombres rubios rebotaron contra una pared invisible y se volvieron hacia su atacante con el terror pintando en sus facciones. Pero uno de ellos parecía tener algo más de valor que el resto.
- no te tenemos miedo Dark-hunter.
- genial, eso hace a la pelea un poco más justa.- el hombre extendió su mano y con su pensamiento creó un bastón de madera con punta metálica que surgió de la nada en su mano.
Draco había visto muchas cosas en el mundo mágico, pero nunca había visto algo como aquello, al menos no sin una varita con la cual encausar la magia.
Los cuatro tipos corrieron hacia quien antes los perseguía y él rodeó al primero para luego darle en la espalda con el bastón, instantes antes de clavar una de sus puntas en el pecho del segundo. Draco casi delata su posición al ver que uno de los tipos se desintegraba en una nube de polvo dorado. Afortunadamente pudo ahogar su ruido de desconcierto a tiempo.
El tipo del cabello de colores clavó el bastón en el suelo y lo usó para balancearse mientras saltaba y pateaba al tercero. En el aire, una cuchilla de aspecto letal salió de la suela de su bota y se incrustó directamente en el pecho del cuarto hombre que también se desintegró.
El hombre íntegramente vestido de negro, se reacomodó las gafas mientras se incorporaba luego de haber aterrizado con gracia sobre los escombros del suelo. Los dos rubios sobrevivientes habían aterrizado en el suelo hechos un manojo y se ayudaban mutuamente para ponerse en pie.
- oh, vamos chicos - les recriminó - no sean tímidos, muéstrenme de lo que están hechos. Al menos yo les estoy dando una oportunidad, que es más de lo que ustedes les dan a sus víctimas.- Acheron les ofreció una siniestra sonrisa plagada de colmillos que hubiese hecho huir a personas más valientes o menos idiotas que aquellos Daimons.- saben, hubo un tiempo donde ustedes eran un reto, ahora no son más que cobardes con cabello rubio-
Los dos hombres se abalanzaron hacia él y tres movimientos rápidos de bastón después, también estallaban en el aire en una nube de polvo dorado. Draco tenía ganas de correr, pero sabía que si delataba su posición aquel tipo seguramente lo mataría como había hecho con los otros. Había visto los colmillos. Por lo que sabía, él era un vampiro y sus probabilidades de sobrevivir caerían en picada si decidía que bien valía como bocadillo de medianoche.
El hombre de cabello purpura volteó su cabeza. Aun con esos lentes oscuros puestos y con él parapetado tras un muro, Draco sintió que esos ojos lo perforaban. Traigan a Voldy, aquel tipo le daba mucho más miedo que el calvo megalómano con rostro serpentino.
- puedes salir de ahí muchacho. No te haré daño.
Aunque autoritaria, la voz del hombre no le hizo dudar de sus intenciones. Además, por más que quisiese irse, él ya sabía que estaba tras la pared y por cómo había acabado con esos cuatro hombres, no tenía ni una sola oportunidad de escapar en una pieza.
- Soy Acheron, Acheron Parthenopaeus.
- Malfoy, Draco Malfoy, ¿eres un vampiro?
- no exactamente…
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Mucho tiempo antes de que la historia fuese registrada. En un tiempo donde dioses, héroes y mortales convivían y guerreaban por quien poseía más poder, existió un rey humano que se negó a ceder ante la voluntad de lo que los dioses griegos ordenaban.
El rey Lycaon había cometido el error de enamorarse de una hermosa mujer que portaba la más oscuras de las maldiciones. Su amada reina pertenecía a la raza maldita de los Apolitas.
Dos mil años antes de su nacimiento, los antepasados de la reina habían ofendido a su creador, el dios griego Apolo, y este los había condenado a morir brutalmente a la edad de veintisiete años.
Cuando el vigésimo séptimo año de vida alcanzó a la hermosa reina, ella murió dolorosamente en los brazos de su esposo, dejándolo desbastado por la temprana perdida de su amor.
Más eso no era el único dolor que el rey Lycaon debería soportar en su vida. Llegaría el día en que sus amados hijos también seguirían a su madre a la tumba, en la flor de la edad. Como ella, morirían por algo en lo que ninguno de ellos había tomado parte y lo harían de un modo horrible, aun siendo completamente inocentes.
Incapaz de soportar tamaña injusticia, Lycaon enfrentó a los dioses y se dijo así mismo que no se quedaría esperando a ver a sus hijos morir.
Usando la más oscuras de las magias, experimentó uniendo los genes de la raza de su esposa a los animales más fuertes que pudo conseguir. Lobos, osos, leones, tigres, e inclusive dragones fueron algunos de los animales que eligió para su cometido.
Cuando sus experimentos terminaron, el rey obtuvo una especie completamente diferente. No mas humanos, ni Apolitas, ni animales, ellos eran algo completamente distinto.
Por culpa de la magia oscura, los experimentos convirtieron a sus hijos en cuatro seres separados. Dos criaturas mantenían el corazón de un animal y vivían como animales a la luz del día y dos de ellos tenían corazón humano. Su forma base diurna era la de hombres.
De la raza apolita de su madre heredaron las habilidades mágicas y lo que su padre había forzado en ellos hizo que vivieran en su forma base durante el día, ya fuese humana o animal, y por la noche pudiesen cambiar a su deseo a la otra. Así fue que el hombre se convirtió en bestia y la bestia en hombre, y se hicieron inmunes a la maldición de Apolo logrando extender sus vidas por siglos.
Los dioses no estuvieron contentos con la trasgresión del rey Lycaon, sobre todo por haber sido más inteligente que ellos, y le exigieron que matase a las criaturas que había creado. Pero el rey se negó.
Aunque había salvado a sus hijos de la maldición apolita, los dioses les dieron una nueva. Ninguno de su especie podría escoger su compañero, solo las parcas podrían asignárselos, y nunca habría paz entre los animales o Katagarias y los humanos o Arcadios que el rey había creado.
A partir de ese momento los hermanos se convirtieron en enemigos y ambas razas fueron conocidas como were-hunters porque se verían obligados a cazarse unos a los otros hasta que los dos últimos supervivientes se aniquilasen entre sí.
Con el correr de los siglos miembros de ambas razas habían establecidos santuarios o limani donde podrían conseguir un sitio para recuperarse de sus heridas o pedir refugio cuando fuesen perseguidos por los de su misma especie.
El más conocido de todos esos limani era uno establecido hacia siglos en Nueva Orleans. Aquel limani era conocido como el Santuario y detrás de la fachada de un bar de motociclistas se refugiaban todo tipo de seres que no tenían a donde ir.
Era allí donde Draco Malfoy vivía hacia diecisiete años. El extraño hombre que se había encontrado en las ruinas de su casa lo había llevado al santuario, para que no estuviese solo y desamparado en un tiempo al que no pertenecía.
Como su madre le había pedido en su carta, Draco no solo se había convertido en alguien valiente y astuto, sino que su nuevo sentido de la lealtad lo había llevado a quedarse en el santuario una vez que tuvo la edad suficiente como para valerse por sí mismo.
El santuario pertenecía a los Peltier, una manada Katagaria que había establecido el limani luego de perder varios hijos a manos de los cazadores arcadios. Draco había sido inmediatamente adoptado por los osos y había sido mama Nicolette quien había hecho, de él, el hombre de provecho que Narcissa había deseado.
A sus treinta y tres años, Draco prácticamente había madurado junto a los hijos más jóvenes de la familia. Y habiendo perfeccionado la habilidad de convertirse en animago, él era considerado un hijo más, un Katagaria honorario, y pasaba sus días trabajando en el bar como el resto de los hermanos Peltier.
Terminar de crecer en un sitio lleno de cachorros de oso, que fácilmente lo doblaban en peso y tamaño, lo había obligado a ejercitar para no quedarse atrás en las tontas rencillas de hermanos en las que se involucraba constantemente. Ya que allí, rodeado de gente que lo apreciaba, Draco se permitió ser un adolescente normal por algún tiempo.
Él era un hombre adulto ahora y su cambio había sido drástico. Mama Nicolette le había sacado los prejuicios y la pedantería a base de amor duro, y sus hijos le habían enseñado a base de bromas y golpes amistosos lo que era tener hermanos. Él ahora tenía una enorme y extraña familia, una que jamás imaginó tener.
Esa noche le tocaba hacer guardia en la puerta del club. Cada uno de ellos tenía diversas tareas dentro del santuario y las de Draco variaban entre cuidar quien ingresaba o atender la barra de bebidas. Aunque, si él estaba de humor, no se negaba a tocar junto a la banda residente del santuario. Después de tantos años allí, él había hecho carne hasta la más mínima de las costumbres locales.
Se acercaban las fiestas y el frio se hacía sentir. Lanzó un pequeño hechizo no verbal a su chaqueta de motociclista y se cruzó de brazos intentando mantener la calidez. Él a veces extrañaba sus trajes y en menor medida las túnicas de mago. Pero viendo la clase de clientela del Santuario, alguien como él, vestido como un mago seria el hazmerreir.
El ronroneante sonido de una motocicleta irrumpió a través de sus melancólicos recuerdos de la moda mágica. Él había logrado dar con el lado mágico de Nueva Orleans, pero la mayoría del tiempo se mantenía del lado muggle con los Peltier. Si es que a un bar donde había todo tipo de animales capaces de convertirse en humanos y viceversa podría llamarse muggle.
A medida que la motocicleta se aproximaba desde el fondo de la calle, él intentó adivinar a quien pertenecía. La mayoría de los Peltier conducía una e inclusive él tenía la propia, aunque seguía prefiriendo la aparición.
Cuando divisó al conductor, supo que no era uno de sus masivos hermanos postizos. Quizá fuera Acheron, él solía usar una de esas motos cuando estaba en la ciudad y sabia que pronto estaría allí.
A medida que la motocicleta se acercaba hacia el estacionamiento, Draco descartó rápidamente al líder de los cazadores oscuros. El conductor de la hermosa moto roja y dorada era inequívocamente una mujer.
Ella, quien quiera que fuera, se detuvo elegantemente en uno de los puestos y desmontó de forma grácil, como si llevase mucho tiempo haciendo aquello. Llevaba botas de tacón, unos ajustados vaqueros negros que perfilaban sus bonitas piernas y la chaqueta de cuero color cereza oscuro hacia juego con el casco.
Desde la distancia, él casi pudo jurar que había un león rampante dorado pintado en aquel casco. Pero se convenció de que nadie de Gryffindor montaría una de aquellas motos y menos tan lejos del colegio.
La muchacha no era demasiado alta, pero su cuerpo se veía ágil. Cuando finalmente se quitó el casco, Draco ahogó una maldición. Aquellos rizos castaños y los colores de Gryffindor solo podían pertenecer a una persona. Una persona que, según los diarios antiguos que había logrado conseguir, llevaba muerta más de doscientos años.
Cuando ella lo miró, y el reconocimiento llegó a su rostro, apuró el paso hacia él. Draco instintivamente buscó su varita. La última vez que la había visto, ella le había lanzado una fea maldición que todavía escocía en su dignidad y su nariz jamás había logrado enderezarse por completo luego del golpe que le diera en tercer año.
- ¿MALFOY?- Hermione lanzó un grito gutural demasiado agudo para su gusto.
- ¿GRANGER?– él le contestó irónicamente en el mismo tono.
- wow, yo… eh… tu… tu desapareciste luego de la batalla, ¿Cómo es que sigues vivo?
- es una larga historia Granger. ¿Y tú?, según leí yo te asesiné…
-¿qué?
Draco luchaba contra las ganas de reírse, hacia un par de años Acheron le había conseguido antiguos periódicos de su tiempo y él pudo enterarse de lo que sucedió luego de que se fuera. Según sabia, Granger había sido asesinada junto a su familia y el único sospechoso había sido él, aunque llevaban más de diez años desaparecido para ese momento.
El idiota de Potter había puesto una muy jugosa recompensa por su cabeza, que nadie había podido reclamar y el caso finalmente se había enfriado sin resolverse.
- hasta donde sabia, habías muerto y el único sospechoso era yo. Aunque obviamente yo no tuve la culpa, ya que no estaba cerca, por decirlo de algún modo. ¿Cómo es que sigues viva?
- es una muy larga historia.
- ajá... así que ahora eres una cazadora oscura.
Granger se sonrojó y apartó su oscura mirada de él. Eso explicaba por qué ella seguía viva doscientos años después de su tiempo. Debía admitir que la muerte le había sentado bien.
- ¿Cómo sabes tú de eso?
- Fácil, ¿has visto dónde estamos?, es un santuario, vivo aquí y cosas más extrañas que tú han pasado por esta puerta. Inclusive tenemos un dragón durmiendo en el ático... Cierra la boca Granger… ¿no me digas que dejé sin palabras a la sabelotodo?
- hace mucho que dejé de ser esa chica Malfoy… tu, por otro lado… no parecer haber cambiado.
- caras vemos Granger, corazones no sabemos… ¿Qué te trajo al santuario esta noche?
- tengo que reunirme con mi jefe adentro.
- Ash todavía no llegó.
- ¿lo conoces?
- sep, fue él quien amorosamente me dejó en medio de una manada de osos para que me las arreglase solo.- Granger compuso una cara completamente horrorizada que lo hizo reír.- Jaajajajaja, es broma, es broma. Lo considero un amigo, me ha ayudado bastante.
En ese instante una hermosa mujer rubia de unos veinte años salió del local. Ella lucia una minifalda y un corto top que dejaba su abdomen visible. Hermione sintió frio de solo ver a la chica vestida de aquel modo.
- Kayla Marie Peltier. ¿Dónde crees que vas vestida así?
- ¿queeeee?, voy a salir, ¿que tengo?
- la pregunta no es ¿qué tienes?, es ¿Qué no tienes?, y la respuesta es, ropa. Ve a la casa y ponte algo decente.
Hermione veía el intercambio estupefacta. No solo se había encontrado con Malfoy tantos años después, sino que él era un tipo totalmente diferente a lo que recordaba. Incluso parecía agradable.
- no eres uno de mis hermanos Draco. No me puedes decir que debo o no debo usar.- la chica se veía muy enojada segundos antes de darse cuenta de que probablemente lo había herido.
- tienes razón Kayla- dijo seriamente – no soy uno de tus hermanos, pero puedo llamar a uno de ellos y estoy seguro de que opinarán igual que yo. Ve adentro y ponte algo decente. Y por el amor de Merlín, quítate el pendiente del ombligo antes de que uno de ellos lo vea y enloquezca.
- los detesto, a todos ustedes…
- lo sabemos niña, pero somos así, y así nos quieres. Ahora ve y vístete antes de que decida hechizarte o ponerte una fea túnica.
Draco le sonrió a Kayla y Hermione recordó haberlo visto sonreír de esa forma cuando estaba siendo desdeñoso. Pero al contrario que en ese pasado distante, él ahora solo parecía estar siendo amistoso.
La chica besó la mejilla de Draco e ingresó al local nuevamente. Kayla era la última cachorra de mama Peltier, hacia solo dos años había alcanzado la madurez suficiente como para mantener la forma humana y todos los hombres del santuario, inclusive Draco, eran extremadamente protectores con ella.
Hermione no tuvo tiempo de preguntar por quien era ella y satisfacer su curiosidad a cerca de Malfoy viviendo en un limani de los were-hunter porque un montón de Daimons comenzaron a salir del local y hubiese salido corriendo tras ellos si no fuera porque Draco la detuvo.
- tienen cinco minutos de ventaja cazadora. Están saliendo del santuario, no puedes abalanzarte sobre ellos, son las reglas.
- lo olvidé.
- Ash acaba de llegar, debe estar esperándote adentro, en el tercer piso. Entra y pídele a cualquiera, que tenga la camiseta con el logo del santuario, que te lleve con él.
- ¿Cómo sabes que él llegó?
- mmm, déjame ver chere. Un montón de Daimons y Apolitas han salido corriendo del bar sin percatarse de tu presencia aquí. Eso quiere decir que allí adentro hay algo que los asusta más que tú. Eso y que el dj del bar puso esa canción horriblemente vieja que se ha convertido en el código que avisa que Acheron está en la casa. Avisar que el jefe de los cazadores oscuros ha llegado es una cortesía del santuario a todos sus clientes Daimons.
Hermione se despidió secamente de Malfoy e ingresó al bar. El lugar le recordaba a los antiguos bares de motociclistas que vio en algunas películas de su época. Al parecer, aquel sitio no había cambiado mucho a lo largo de los siglos y no es como si necesitara hacerlo ya que su clientela solía ser más antigua que la misma suciedad.
Cuando Granger finalmente se fue, Draco se recreó en el firme trasero de la leona. La última vez que la había visto ella era una chica escuálida que intentaba matarlo por estar en el lado equivocado de una guerra absurda que le había quitado todo. Al parecer, no solo él había cambiado durante esos años.
Mama Nicolette le había enseñado, muy bien, que los únicos seres a quienes debía combatir era a quienes amenazaran su integridad, la de su familia o amigos. El resto del mundo bien podía pudrirse. El lema del santuario era ven en paz o vete en pedazos, y ese había sido su único leitmotiv por los últimos diecisiete años.
Técnicamente ella le multiplicaba varias veces la edad pero se veía bastante joven para ser una mujer bicentenaria. Si bien él había hecho un salto temporal y se encontraba lejos de su tiempo original, envejecía normalmente así que su aspecto era el de un tipo de treinta y pocos años.
Para su fortuna él seguía siendo un mago sangre pura, así que a su esperanza de vida le quedaban unos ochenta o noventa años, si comía sano y ninguno de los osos decidía usarlo como escarba dientes.
El bar estaba cerrando para la facción humana que normalmente concurría en busca de buena música y algo de baile, aunque para todos los clientes paranormales seguiría abierto. Su guardia había terminado por esa noche y nada raro, salvo Granger, había sucedido.
Al entrar vio a todos los Peltier e inclusive a Ash festejando algo. Uno de los hijos de mamá Nicolette aparentemente se había emparejado y todos ellos celebraban la buena noticia.
Debido a la maldición ancestral, ningún Katagaria podía elegir su pareja según su libre albedrio y sin haber encontrado a su alma destinada, ellos no podían reproducirse.
Era por eso que la mayoría de los hermanos Peltier aprovechaban el flujo constante de mujeres en el bar para tentar al destino y ver si alguna de ellas era su pareja ideal.
Aparentemente aquello había ocurrido esa noche. Seguramente Remy había llevado alguna chica al cuarto insonorizado tras la barra y luego de tener sexo con ella la marca de emparejamiento había aparecido.
Por los festejos de la familia, ella debió haberlo aceptado. Si ella no lo hacía, Remy seria impotente por el resto de su vida y ella no podría tener hijos, aunque si podría copular con otros machos si lo deseaba. Genial… mas cachorros revoltosos para cuidar.
Draco conocía muy bien el cuarto insonorizado, él mismo había llevado a muchas chicas allí. Inclusive alguna que otra belleza apolita había pasado por sus brazos, pero él se aseguraba de no volver a verlas. Odiaría involucrarse con una chica que debería morir a los veintisiete o peor, que Acheron matase a su novia si se convirtiese en daimon.
A medida que se iba haciendo viejo, él fue dejando de conquistar a todo lo que tuviese falda. Ver como los hermanos Peltier iban encontrando sus parejas lo iba haciendo sentir cada vez más solitario. Y aunque sabía que para él no habría algo así como pareja destinada, había noches como aquella en las que deseaba encontrar una mujer que lo quisiese.
- ya solo quedan tres hermanos y Kayla por emparejarse. Mama Nicolette está feliz.- Draco se sobresaltó al oír la voz de Acheron a sus espaldas.
- Ash, hombre. Juro que te pondré un cascabel un día de estos.
- te veo melancólico Draco. ¿Qué sucede?
- tengo un poco de envidia, solo eso. Cuando encuentran a sus mujeres ellos son delirantemente felices, y saben que es para siempre. A veces me gustaría ser como ellos y conocer a alguien.
- no te angusties, tu ya la has conocido.
- ¿de qué hablas?
- solo dale tiempo al tiempo.
- te encanta ser todo misterioso, ¿no es cierto?
- que puedo decir, la cosa estaba entre ser un cazador oscuro o un profeta. Personalmente prefiero luchar que rezar en posición de loto.
Sin dudas Acheron era un tipo extraño. Pero Draco había visto personas mucho más extrañas aun y habiendo vivido más tiempo en ese mundo que en el mágico él incluso se sentía un poco ajeno a lo que había sido en ese pasado distante.
Ash se fue tan silenciosamente como había llegado y Draco continuó observando los festejos. Estaba contento por Remy, pero lo que el jefe de los cazadores oscuros le había dicho lo había dejado incomodo. Sabía que Acheron nunca decía nada al azar y ahora sentía un escalofrío en su espalda que le decía que algo venia con la velocidad de un tren y estaba seguro de que nada volvería a ser igual para él.
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N.a: fin del segundo capítulo. Espero que les haya gustado tanto como a mí escribirlo y que si lo desean me hagan saber sus opiniones con un review o con sus follow. Sin más, HASTA LA PROXIMA!
