Chizuru los estaba esperando en el mismo salón de reuniones, esa tarde iba vestida con un traje de sacerdotisa blanco y rojo, un grupo de mujeres vestidas de manera similar, con kimonos blancos estaban tomando notas mientras ella les daba instrucciones. El mayordomo anunció la llegada de los herederos del clan del sol y la luna con una respetuosa venia y les permitió entrar por la puerta corrediza. Se quedaron de pie en el gran salón esperando a que Chizuru terminara su reunión con las demás mujeres y al cabo de 10 minutos, quedaron los tres solos.
- ¿Qué pasó? – Preguntó Chizuru acercándose a ellos con expresión desconcertada.
- Recuperé mi cuerpo – Dijo Iori con expresión seria, Kyo estaba de pie a unos buenos dos metros de distancia.
- No... ¿Qué pasó con sus energías? ¿Qué hicieron? – Preguntó ella frunciendo el ceño, recorriendo con sus ojos a ambos.
- ¿Qué energías? De que hablas... - Preguntó Kyo sin entender por qué ella los miraba de esa manera.
- Sus energías... están mezcladas – Comentó ella y luego se llevó una mano al mentón – No había sentido algo así desde la última vez que... -
- ¿Qué cosa? – Exclamó Iori comenzando a preocuparse.
- Vamos al templo, allí puedo ver con más claridad y debo asegurarme de algo – Dijo ella y les hizo un ademán con la mano para que la siguieran.
Salieron del salón de reuniones y caminaron por largos pasillos de madera y bambú. La mansión Kagura tenía una arquitectura parecida a la del clan Kusanagi y Yagami, una enorme casona tradicional, con estructuras de madera pulida y delgadas paredes de papel. Los arreglos florales eran de exquisita presentación y diseño, bonsáis de diferentes formas estaban alineados alrededor del estanque con peces koi y una sosegada paz se podía respirar en el recinto, un silencio casi mágico y etéreo, ningún ruido de la ciudad se podía percibir, era en definitiva el lugar idóneo para meditar. Chizuru los condujo hasta la parte trasera de la mansión donde se alzaba el templo rodeado de un bosque de pinos rojos.
Hicieron una venia respetuosa antes de cruzar la puerta y entrar al territorio sagrado. Dos estatuas de zorros con bufandas de tela roja custodiaban la entrada del templo, se acercaron a la fuente y Chizuru tomó el cucharón de madera tomando agua para lavarse las manos y enjuagarse la boca, luego le pasó el cucharón a Kyo y a Iori para que hicieran lo mismo. Una vez terminado el ritual de purificación, se dispusieron a entrar en la recámara interna.
En toda la mitad del recinto había una enorme estatua de piedra de la diosa del sol Amaterarsu, decorada con un collar de orquídeas de diferentes colores, había ofrendas con frutas en el altar y un suave olor del incienso se podía percibir en todo el lugar. Chizuru tomó unos cojines de un armario dispuesto en la parte interior y los colocó en el suelo de madera al frente de la estatua indicándole a los jóvenes que se sentaran en ellos.
- Tómense de las manos – Les pidió Chizuru y al notar la cara de disgusto y vergüenza que ambos habían colocado agregó – Es solo por unos momentos, ¿Es que acaso tienen 5 años? – Les regañó con el ceño fruncido – No tengo todo el día –
Kyo frunció el ceño y mirando el techo del templo colocó la mano en el suelo, entre ambos cojines, Iori dejó escapar un bufido y colocó su mano sobre la de Kyo. Chizuru suspiró con un gesto de clara impaciencia y tomó las manos de ambos y los obligó a tomarse de la mano apropiadamente. La sacerdotisa se quedó sosteniendo las manos de ambos entre las suyas y cerró los ojos, de repente todo se oscureció a su alrededor y los tres quedaron de pie en una estancia completamente oscura, tan oscura que no había forma de diferenciar las direcciones cardinales.
El cuerpo de Kyo brillaba con una intensa luz amarilla que provenía de su pecho, en donde se podía apreciar la forma de una espada que bajaba de manera vertical, desde su cuello. La energía viajaba por su brazo derecho como un río perezoso y continuaba su curso por la mano de Iori, conectándose con su cuerpo. A su vez Iori brillaba con una luz púrpura, en el centro de su pecho, la gema Magatama brillaba en un intenso color esmeralda, su energía a su vez viajaba por su brazo y se conectaba con la de Kyo. Chizuru observó como ambas energías se mezclaban indiferentemente generando visos multicolores.
La sacerdotisa soltó las manos de ambos y sus ojos volvieron a la normalidad, de nuevo el templo se materializó a su alrededor. Kyo y Iori la miraban con expresiones desconcertadas.
- ¿Qué pasa? - Preguntó Kyo torciendo el rostro mirándola – Solo siento la presencia de Amateratsu-sama resonando con la espada Kusanagi, pero eso es normal ¿no? – Agregó llevándose una mano al pecho.
- Si, eso es normal – Aceptó Chizuru – Lo que no es normal, es que la energía de la espada Kusanagi está en el cuerpo de Iori y la de la Magatama en el tuyo –
- ¿Eh? ¡No puede ser! No siento nada extraño – Esta vez fue Iori quien habló, soltando la mano de Kyo.
- Yo tampoco siento nada fuera de lo común – Agregó el castaño alzando una ceja.
- La última vez que sentí sus energías mezcladas fue cuando sellamos a Orochi por primera vez – Les explicó, Chizuru seguía arrodillada en frente de ellos y ahora tenía las manos sobre sus rodillas en una educada posición seiza* - Por eso les pregunto ¿Qué hicieron esta vez? –
Kyo giró su rostro lentamente y miró a Iori de reojo, sintiendo como el calor se le subía a la cara ¿Acaso se debía a lo que había pasado durante la noche? ¿Era posible combinar sus energías de esa manera?
- Ese nivel de vinculación espiritual solo se logra cuando se efectúa un ritual para enlazar dos almas o cuando... - Chizuru de repente se quedó callada, su mirada pasando de Iori a Kyo y luego de nuevo a Iori – Cuando se confía completamente en otra persona... -
- Qué tonterías dices... ¿Acaso todas las personas en el mundo que confían en sus amigos o padres, experimentan algo así? – Preguntó Kyo con una risita nerviosa.
- No claro que no, esto solo aplica a personas como nosotros, que podemos transformar nuestra energía y usarla de diversas maneras, la gente común no puede hacerlo – Explicó ella con un aire condescendiente – Cuando me refiero a confiar completamente en otra persona, me refiero, a estar dispuesto a poner su vida en las manos del otro... justo como lo que sucedió cuando sellamos a Orochi, en ese momento no había forma de saber si, íbamos a sobrevivir y Yagami-kun atacó a Orochi confiando en que tu pudieses usar el poder de exorcismo del fuego Kusanagi –
Las memorias de lo sucedido en aquella épica batalla llegaron a Iori, mientras escuchaba hablar a Kagura, Orochi había intentado controlar su mente y manipularlo para que atacara a Kyo. Recordaba haber escuchado la voz del maldito dios en su cabeza, su sangre hirviendo dentro de sus venas, ese deseo inconmensurable de desgarrar la piel de Kyo y destruir la espada Kusanagi recorriendo todo su cuerpo como un torrencial imparable. Había experimentado el disturbio de sangre con más intensidad de lo acostumbrado, la presencia de Orochi materializada en el cuerpo de Chris, potenciando su influencia en el cuerpo y mente de Iori.
Sin embargo, Iori había podido, en el último momento, desviar su ataque y agarrar al dios por el cuello, había usado sus llamas selladoras para paralizarlo y permitir que Kyo atacara. Había estado dispuesto a morir, para que Kyo y Chizuru sobrevivieran.
- Déjenme ver los talismanes – Les pidió Kagura extendiendo la mano, Kyo sacó su talismán del bolsillo interno de la chaqueta blanca y Iori hizo lo mismo sacándolo de su gabardina – Umm... esto es muy extraño –
- Oh no... ¿Y ahora qué? – Se quejó Kyo al escuchar el tono de voz en la sacerdotisa.
- Los talismanes aún no han terminado de absorber toda la energía del Kami – Comentó ella sosteniéndolos entre sus dedos mientras cerraba los ojos con suma concentración. – Puedo sentir vestigios de la energía del Kami aún dentro de sus cuerpos, los talismanes aún siguen haciendo su trabajo –
- ¿Pero entonces porqué mi cuerpo ha vuelto a la normalidad? – Preguntó Iori – Aún no hemos reparado el altar destruido, el monje encargado regresaba hoy a Osaka y en la tarde iba a evaluar los daños con un carpintero –
- Umm... no sé por qué el Kami ha decidido regresar tu cuerpo a la normalidad – Aceptó Chizuru devolviéndoles los talismanes – Pero de lo único que estoy segura es de que, deben cumplir su promesa y reparar el altar, quizás este Kami no tenga intenciones malignas y esté depositando un voto de confianza en ustedes –
- ¿Quieres decir que... aún no esta solucionado el asunto? – Insistió Iori.
- Hasta que el altar no esté reparado y los talismanes no terminen de drenar la energía, no podemos estar completamente seguros de que tu cuerpo no volverá a sufrir otra transformación – Les explicó Chizuru.
- Entonces... ¿Entonces Yagami debe quedarse en mi apartamento por otros dos días? – Preguntó Kyo y su cara se transformó en una mueca de pánico.
- Así es – Chizuru asintió con la cabeza.
Kyo desvió la mirada hacía sus rodillas, que Iori tuviese que quedarse en su apartamento por otros dos días era la peor noticia que podía recibir en ese momento. ¡Ni siquiera había sido capaz de mirarlo a los ojos desde que se habían despertado juntos en la cama! ¿Cómo iba a interactuar con él por dos días sin que la situación se volviera sumamente incómoda?
- ¿Y que podemos hacer para restaurar nuestras energías? Para separarlas – Preguntó Iori con el ceño fruncido.
- Oh... eso, bueno... no es algo malo que necesite ser anulado – Comentó ella con una sonrisa – De hecho, ahora podrían entrenar juntos e incrementar el poder de sus movimientos, si enfrentamos un enemigo común de nuevo, sus técnicas serán inclusive más efectivas – Explicó ella afablemente.
- No somos amigos y no estamos en un mismo equipo, así que no sirve de nada tener nuestras energías vinculadas – Espetó Iori con desprecio, se había cruzado de brazos y miraba a Kagura con fiereza.
- No hay nada que puedan hacer al respecto – Respondió Chizuru quien no estaba para nada afectada por la mirada penetrante de Iori que hubiera podido hacer temblar a cualquiera, la mujer lo miró con picardía – Especialmente cuando fueron ustedes mismos quienes causaron la vinculación espiritual –
- ¡No hicimos nada! – Exclamó Kyo, su voz sonando más alarmada de lo que hubiese deseado, Chizuru ladeó la cabeza y lo miró con una sonrisa torcida.
- Si realmente no hicieron nada... – Comenzó Chizuru llevándose una mano al mentón – Entonces no importará que pasen otros dos días juntos hasta que los talismanes terminen su trabajo ¿No? –
Ambos jóvenes se quedaron callados sin poder refutar la lógica de la sacerdotisa.
- Han hecho un buen trabajo en no matarse a golpes en estos 5 días – Continuó ella con sarcasmo – De hecho, estaba esperando ver más quemaduras y cortes, pero veo que están perfectamente bien –
Kyo y Iori continuaban en silencio y Chizuru entrecerró los ojos al notar algo diferente, normalmente Kyo hablaba mucho y se quejaba constantemente, Iori siempre había sido un hombre de pocas palabras, pero cuando hablaba siempre estaba cargado de insultos, que ambos estuviesen callados como sin saber que decir, le hacía sospechar que ocultaban algo. Chizuru no era tonta o ingenua, podía ver el nivel de vinculación espiritual que había entre sus energías, sabía que ese tipo de vínculo solo podía lograrse a través de un sentimiento puro como el de hermandad o amor. Algo había cambiado entre ellos en esos 5 días en los que habían estado conviviendo juntos y aunque no tenía relación alguna con el Kami o con la transformación del cuerpo de Iori, Chizuru estaba segura de que la relación de rivalidad de ellos era diferente ahora. Los conocía demasiado bien como para no notar los pequeños detalles en la forma en como se comportaban.
- Hicimos una tregua – Dijo finalmente Kyo – No íbamos a pelear hasta que Iori recobrara su cuerpo –
- Bueno, ahora solo tienen que esperar otros dos días para que todo vuelva a la normalidad – Comentó ella tranquilamente – De momento no hay nada más que pueda hacer, así que todo queda en sus manos – Chizuru se puso de pie dando por terminada la conversación y los dos jóvenes se apresuraron a seguirla.
Caminaron de regreso por el pasillo, Kyo iba callado con las manos en los bolsillos, aún no lograba asimilar que tuvieran que pasar dos días más juntos, pero era mejor no enojar al Kami y hacer lo que decía Chizuru.
- Hay algo más – La voz de Iori sonó más baja de lo normal, Chizuru se detuvo ya casi en la entrada de la casa, Kyo iba un par de metros más adelante y se giró con aire desinteresado – No siento la presencia de Orochi desde hace varios días –
- ¿Cómo lo sabes? – Preguntó Chizuru mirándolo de manera inquisitiva.
- Orochi... no me demanda destruir la espada Kusanagi – Respondió Iori, su mirada fija en Chizuru, nunca le había dicho a ella o a Kyo, sobre la forma en como Orochi se manifestaba en su mente, en los susurros de su voz, o en el siseo de las serpientes, no era como si se sentaran a tomar té y a comer galletas y compartieran sus más preciados secretos cada que se veían – Orochi no me susurra que lo mate –
- ¿No sientes la voluntad de Orochi manifestándose en tu cuerpo? – Preguntó Chizuru y se llevó una mano al mentón pensativa, Kyo seguía mirando perplejo, su expresión sorprendida ante aquella revelación - ¿Te refieres al disturbio? –
- No, no me refiero al disturbio, me refiero a su presencia – Respondió Iori, era complicado de explicar, Orochi era como un ente que permanecía dormido dentro de su cuerpo, como un monstruo enjaulado que esperaba por el momento preciso para intentar escapar, generalmente cuando Kyo estaba muy cerca, la bestia rugía e intentaba salirse de control, dominar su mente y ese deseo de desgarrar la piel de Kyo surgía con intensidad – ¿Será posible que la energía del Kami esté inhibiendo la presencia de Orochi temporalmente? –
Kagura se quedó en silencio procesando esa información, Kyo sacó su móvil y empezó a escribir un mensaje de texto, estaba escuchando la conversación atentamente, pero sentía que era incómodo para Iori decir esas cosas delante de él, así que aprovechó para mirar si tenía algún mensaje del monje.
- Es una posibilidad... pero no hay forma de estar seguros hasta que los talismanes terminen de absorber la energía y puedas notar el cambio – Dijo ella luego de unos momentos de dubitación – Estaré más pendiente de los encantamientos que protegen el sello, por si acaso –
Iori asintió con la cabeza y finalmente se despidieron de ella. El pelirrojo bajó por las escaleras que conducían a la carretera, Kyo caminaba a su lado pensativo, lo que Iori había revelado sobre Orochi le generaba muchas preguntas. Realmente era un tema en el que nunca habían hondado, ciertamente ellos nunca habían tenido conversaciones sobre prácticamente nada, siempre se limitaban a los insultos y a pelear. El castaño notó que le había resultado más fácil hablar con Iori cuando tenía cuerpo de mujer, quizás era porqué no le intimidaba su presencia y de alguna manera podía olvidar que se trataba del heredero de la luna, de su rival, para solo verla como una chica atractiva.
Iori había dicho que Orochi le demandaba destruir la espada Kusanagi, ¿Significaba entonces que el deseo de matarlo venía de Orochi y no de Iori?
- ¿Cómo sabes que Orochi quiere... destruir la espada Kusanagi? – Indagó Kyo rompiendo el silencio. Iori no le miró, su vista seguía fija en la carretera mientras bajaban los escalones.
- Orochi sabe que, si destruye la espada Kusanagi, la próxima vez que logre regresar a este mundo, no habrá forma de exorcizar su energía – Respondió Iori con voz queda. – Los 3 tesoros son necesarios para mantenerlo bajo control, si falta uno... no habrá forma de controlarlo –
- Eso tiene sentido – Murmuró Kyo – Esa maldita serpiente astuta... como quisiera tenerlo frente para volver a golpear su cara hasta el cansancio –
Iori esbozó una leve sonrisa al escuchar eso, si el pudiera deshacerse del maldito, su vida sería muy diferente, pensar en que, la maldición de sangre de Orochi afectaba su cuerpo, inclusive acortando su expectativa de vida, le enfurecía.
Cuando habían llegado al inicio de las escaleras, las manos de Kyo se habían cerrado en puños, un pensamiento cruzaba por su mente y le dejaba un mal sabor de boca ¿Y si Iori solo le buscaba porqué Orochi le obligaba a hacerlo? Todos esos años en los que el pelirrojo había estado obsesionado con pelear con él y matarlo, era simplemente por la influencia del maldito dios. Kyo no esperó sentir ese vacío y esa ansiedad formándosele en la boca del estómago, al pesar en eso.
- Entonces... siempre que me has buscado en el pasado... ¿Ha sido por Orochi? – Preguntó al fin.
Iori se quedó en silencio, esta vez sus ojos se habían posado finalmente en los de Kyo, notó la tensión en el castaño, su ceño fruncido, la nariz arrugada, su voz había sonado molesta cuando había hecho esa pregunta.
- ¿Todas las veces en las que me has retado a un combate, ha sido por qué el maldito de Orochi te lo pide? ¿Eh Yagami? – La voz de Kyo sonó resentida esta vez, sus ojos avellana se posaron en los carmines por primera vez desde que habían despertado juntos.
- ¿Por qué te importa? – Preguntó Iori frunciendo a su vez el entrecejo – ¿Qué más da el motivo? Vas a morir por mis propias manos de todas formas –
Kyo se quedó callado al escuchar eso, un nudo formándosele en la garganta, no entendía por qué se sentía traicionado al escuchar esas palabras, ¿Por qué deseaba con tanto ahínco que la respuesta de esa pregunta fuera que el pelirrojo quería pelear con él por voluntad propia y no por que un condenado dios se lo pidiese?
- No voy a morir en tus manos porqué sea cuestión del destino – Aseveró Kyo alzando una mano, su dedo índice apoyándose en el pecho del pelirrojo – Me importa una mierda si Orochi te lo ordena, ¿Me entendiste? ¡Estoy harto del destino! – En esos momentos Kyo deseo subirse en la moto y dejar al Iori ahí en la carretera, ¡quería estar solo! Necesitaba tiempo para asimilar todo lo que estaba sintiendo y la presencia de Iori solo emporaba las cosas.
- Kyo... - Murmuró Iori sorprendido con sus palabras, podía notar la rabia y la frustración que el otro sentía, su lenguaje corporal era obvio, Kyo se colocó el casco de la motocicleta y se subió a ella sin decir nada más. Hasta ese momento, el mismo no se había detenido a reflexionar sobre la influencia de Orochi en su sangre, siempre se había sentido igual hacía Kyo, siempre le había fastidiado su existencia, el deseo de matarlo había sido parte de su vida, no era algo que pensara conscientemente. Sin embargo, ahora que el dios se encontraba dormido, se daba cuenta de que, en efecto, había una diferencia en la forma en la que se sentía cuando estaba cerca de él.
Los acontecimientos de los últimos días eran prueba de ello. Iori se había sentido progresivamente más a gusto cerca del castaño y había llegado a inclusive disfrutar de las puyas y los insultos, que de alguna manera se habían vuelto juguetones en vez de hirientes. ¿Significaba eso que no odiaba a Kyo en realidad? Y lo más increíble de todo, ¿Estaba Kyo molesto por esa razón? ¿Acaso Kyo deseaba que las cosas fueran diferentes entre ambos?
Iori se colocó el casco y se subió en la moto en silencio. Quizás había malinterpretado la actitud del castaño todo ese tiempo y cabía la posibilidad de que ese idiota, hubiese desarrollado sentimientos por él en esos días que habían pasado juntos.
Kyo arrancó la moto sin decir nada más y pronto se adentraron en la ciudad a toda velocidad, el castaño estaba tan molesto que sentía que los ojos le ardían, no sabía como lidiar con esas sensaciones, no podía aceptar la idea de que todo en su vida estuviese controlado por el 'destino', al menos deseaba que el sentimiento que llevaba a Iori a retarlo fuera sincero y no simplemente una obligación gracias al pacto que unos estúpidos ancestros habían hecho con Orochi en el pasado.
Llegaron al barrio donde vivía Kyo luego de una hora y media de viaje, iban pasando las 5 de la tarde, la temperatura aún estaba cálida y las calles estaban llenas de estudiantes que regresaban charlando alegremente por los andenes. El castaño parqueó la moto en un área designada cercana a la colina y pronto se encontraron subiendo las escaleras que conducían al templo abandonado. El monje le había enviado un mensaje de texto avisándole que ya estaba con el carpintero en el lugar, por lo que se habían dirigido directamente desde la mansión Kagura, para no perder tiempo. Durante el camino no habían cruzado palabra alguna, ambos sumidos en sus propios pensamientos, batallando mentalmente con diferentes demonios.
El templo lucía igual a como lo recordaba, no había visitantes y se respiraba una quietud y una paz agradables como en el templo de la familia Yata. Al pasar el torii y entrar en territorio sagrado, ambos sintieron la energía del espíritu resonando con los tesoros sagrados, produciendo una sensación de estar siendo observados todo el tiempo, resultaba un tanto desconcertante, aunque la presencia no se sentía maligna.
- ¿Es usted Kusanagi Kyo? – Preguntó un anciano vestido con un pantalón café y una simple camisa blanca, que estaba de pie al lado de la fuente de purificación – Oh... llega en el momento perfecto, el carpintero ha terminado toda la evaluación –
El anciano sonreía afable y les condujo a la parte interna con un gesto de la mano, Iori y Kyo lo siguieron haciendo venias como saludo.
- Debo aceptar que, no creí que fuera a venir – Comentó el anciano mientras caminaban – Creí que se trataba de una broma... inclusive hicimos una apuesta de si usted era una persona real o no – Agregó con una risita. A Kyo no le sorprendió escuchar aquello, al fin y al cabo ¿Cuántos jóvenes se interesaban por reparar un viejo y olvidado altar en un templo en medio de la nada? La situación de por sí, era inusual.
- Soy real y estoy dispuesto a pagar lo que sea – Respondió Kyo con voz seca, realmente hubiese querido sonar más amable, el monje no tenía la culpa del humor de perros que traía, no había dejado de pensar en lo que había dicho Yagami sobre Orochi en todo el camino y solo quería solucionar el problema cuanto antes para poder alejarse de él.
- ¡Aikawa-san! Los muchachos han llegado – Exclamó el monje ignorando el tono de Kyo, un hombre de unos 40 años, calvo y con bigote, estaba agachado haciendo medidas con una cinta métrica al altar semi destruido.
- Oh... ¡Entonces perdí la apuesta! – Exclamó el segundo hombre con pesar al ver al pelirrojo y al castaño de pie en el arco de la puerta del patio interno – En fin, ya he hecho el presupuesto, la madera estaba desvencijada y vieja de todas formas, así que ya era hora de cambiarla, quizás es cosa del destino que algo lo haya destruido, así el Kami podrá tener un nuevo altar ja ja – Exclamó con una risa despreocupada.
- ¿Cuánto cuesta el arreglo? – Murmuró Iori quien había sacado un cigarrillo del bolsillo y se lo había puesto en la boca. Kyo a su lado había fruncido el ceño molesto al escuchar la palabra 'destino' de nuevo.
El carpintero miró al monje con cierto nerviosismo, la voz de Iori tenía ese efecto en las personas, no solo era inusual ver a un hombre pelirrojo en Japón, sino que sus proporciones y su mirada de demonio hacían juego con su profunda voz, Iori encendió el cigarrillo usando un encendedor y el carpintero se acercó finalmente para mostrarle la pantalla de su teléfono móvil en donde había anotado una lista de costos de los materiales y los honorarios del trabajo. Kyo se inclinó con cara de fastidio observando los números, no había resultado tan caro como esperaba, pensó, por lo visto podría pagar con sus ahorros sin problemas.
- ¿Tiene Line Pay? – Preguntó Iori y el carpintero lo miró con expresión nerviosa.
- ¿Va a pagar todo de contado? – Preguntó y el pelirrojo asintió simplemente – Si... aquí está – Murmuró mostrando el QR code de su Line Pay, Iori escaneó el código y tipeo la clave de su cuenta de banco y el dinero estipulado.
- ¿Cuándo puede comenzar a repararlo? – Preguntó Kyo una vez la transacción estaba en proceso, su voz sonando casi como una orden, el carpintero procedió a buscar en una agenda con expresión intimidada, mientras el monje mantenía silencio observando la escena.
- Este lunes puedo comenzar – Explicó el hombre mirando de reojo al monje.
- ¿El lunes? ¿Porqué no mañana mismo? – Insistió Kyo entrecerrando los ojos.
- Debo pedir los materiales primero, esta madera es especial y debo encargarla...- Explicó el hombre azorado.
- ¿Por qué la urgencia? – Interrumpió el monje, esta vez su expresión se había puesto más dura, la sonrisa amable había desaparecido, Kyo cayó en cuenta en ese momento que estaban siendo demasiado obvios con sus intenciones, y no tenían una buena excusa para justificar el porqué querían reparar ese altar. Aceptar que eran culpables de los daños era causarse más problemas innecesarios, por lo que el castaño cerró los ojos un segundo y se obligó a calmarse, se repitió mentalmente que ese par de viejos no tenían la culpa de que el quisiera coger a golpes a Iori en ese preciso momento. Una sonrisa forzada se formó en sus labios.
- Lo siento, he soñado muy maleducado – Comenzó Kyo, inflando el pecho y enderezándose un poco – No se si haya escuchado sobre el apellido de mi familia – Continuó, adoptando una postura más relajada, los dos hombres lo miraron algo desconcertados.
- ¿No está usando ese nombre de pila? – Comentó el carpintero alzando una ceja – No esperará que creamos que usted es en efecto, un Kusanagi – El anciano miró al carpintero con la misma expresión interrogante – Pensábamos que estaba usando ese nombre para ocultar su identidad como donador anónimo –
- Ese es mi apellido verdadero – Enunció Kyo con una sonrisa – Como decía, mi clan, está interesado en las restauraciones de monumentos históricos de Osaka, como sabe, nuestra familia tiene 1800 años de antigüedad y es de nuestro interés preservar la historia de la ciudad... –
Kyo se quedó callado, esperando que sus palabras tuvieran efecto, había cambiado la estrategia, a veces era mejor la diplomacia. El carpintero había abierto los ojos de par en par mientras miraba la pantalla de su teléfono.
- ¿Eeeeeh? Y-y-yagami– Musitó sorprendido al ver el nombre completo de Iori al lado del recibo de la transacción.
- Oh... hubiésemos comenzado por ahí – Aseguró el anciano volviendo a sonreír con amabilidad – Así que de eso se trata, discúlpenos por dudar de sus intenciones, Yagami-san, Kusanagi-san –
- No hay problema – Aceptó Kyo haciendo un gesto con la mano – Por cierto... espero total discreción en este asunto, verá, esto es parte de un proyecto a grande escala, pero no estamos interesados en tener publicidad mediática al respecto, no estamos haciendo esto por reconocimiento con el gobierno ¿Entiende? Nuestros clanes no desean ese tipo de atención innecesaria –
- Por supuesto que comprendo la situación Kusanagi-san – Se apresuró a decir el carpintero que ya había recuperado el habla luego de caer en cuenta de con quien estaba hablando – El lunes a primera hora, comenzaré las reparaciones una vez tenga todos los materiales –
- Entendido – Asintió Kyo con una inclinación respetuosa, Iori quien había estado callado todo el tiempo solo fumando, hizo una venia educada a los hombres y luego se dieron media vuelta para salir del templo.
- ¿Así que así es como solucionas todo? ¿Mencionando tu apellido? – Se burló Iori una vez habían llegado al inicio de la colina.
- ¡Tch! – Bufó Kyo montándose en la moto – No estoy de genio Yagami, no pruebes tu suerte – Y como Iori no se montó en la moto agregó - ¿Qué estás esperando? Súbete –
- Prefiero caminar – Respondió Iori simplemente, su voz inusitadamente tranquila, su mirada puesta en Kyo, quien sostenía el casco en las manos.
- ¿Uh? ¿Por qué? – Murmuró Kyo algo desconcertado con la inesperada respuesta de Iori.
- No quiero estar cerca de ti – Respondió con honestidad, su voz seguía igualmente tranquila, lo cual resultaba extraño, teniendo en cuenta de que sus palabras eran hirientes, el cigarrillo aún entre sus labios. Kyo se quedó callado al escuchar aquella respuesta tan directa, le miró por unos momentos intentando leer su expresión y finalmente se colocó el casco con un bufido encogiéndose de hombros para luego arrancar la moto sin decir nada, dejando al pelirrojo de pie en el andén.
Continuara.
Notas finales:
Algunas aclaraciones para quienes no estén familiarizados con algunos términos.
Amaterasu es la diosa del sol en la mitología japonesa (Sus hermanos son Tsukinoyomi es el dios de la luna y Susanoo es el dios de la tormenta). Cuando mandó a su nieto a pacificar Japón, le dio la espada Kusanagi (草薙劍), recibida como presente de Susanoo para volver al cielo, la joya o collar de joyas Yasakani no magatama (八尺瓊曲玉) y el espejo Yata no kagami (八咫鏡).
Se supone que la familia real Japonesa, son descendientes directos de Amateratsu y por consiguiente, el emperador tiene como obligación custodiar los 3 tesoros sagrados.
Cuando coronan a un nuevo emperador, los tres tesoros sagrados son presentados en una ceremonia.
