Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo detallado en la saga cazadores oscuros de Sherrilyn Kenyon, mezclado con el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a las dos autoras, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.
**CLARACIÓN: NO ES NECESARIO LEER O HABER LEIDO LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS PARA ENTENDER LA HISTORIA, YA QUE LAS PARTES IMPORTANTES DE LA TRAMA SERÁN EXPLICADAS. **
*SI LEISTE LA SAGA: puede que algunos personajes y/o destinos de los mismos hayan sido levemente modificados por el bien de esta trama.*
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Capitulo 4:
Era como si Draco pudiese leer su mente y saber exactamente dónde y cómo necesitaba ser tocada. Su erección presionaba contra su cadera mientras sus manos buscaban el fuego que crepitaba entre sus piernas. Separando más sus muslos para él, Hermione arrastró sus manos por los músculos de su espalda, músculos que se flexionaban con cada erótico movimiento que él hacía.
Ella enterró sus labios en la garganta de él y saboreó la sal de su piel. Necesitó de todo su autocontrol para no hincar sus colmillos en la palpitante vena que encontró allí. Ella no necesitaba alimentarse de ese modo, pero sabía que algunos cazadores oscuros, igual que los Daimons, obtenían un placer indescriptible al hacerlo. Nunca jamás había sentido tanta necesidad de hacerlo como en ese instante. Todo en Draco la atraía tanto, que ella deseaba saborearlo en el más estricto sentido de la palabra.
Draco no podía soportar el modo en que Hermione lo estaba tentando. En su tiempo, cuando iban a Hogwarts, no se había sentido atraído hacia ella, pero ahora lo estaba haciendo enloquecer. Ella raspaba sus colmillos en su garganta y eso elevó su necesidad hasta estar prácticamente mareado.
Incapaz de soportarlo más, se hundió en ella de una sola estocada. Hermione gritó ante el inesperado placer que la inundó. Y Draco tuvo que controlarse para no ponerse en ridículo como si fuera un adolescente novato.
Desde que era Cazadora, incontables veces había tenido relaciones con amantes ocasionales, de los cuales rara vez se molestaba en aprenderse el nombre, porque de todas formas no podría volver a verlos. Muchos hombres habían pasado por su cuerpo y ninguno había causado la misma sensación que él en ese instante.
Haciendo gala de una fuerza de la que no lo creía capaz, y sin salir de su interior, Draco se giró para ponerla sobre él. Con sus ojos oscuros e indómitos, Hermione se inclinó hacia adelante, derramando sus perfectos rizos castaños sobre el pecho de Draco, mientras se deslizaba por toda su longitud hasta que apenas estuvo enfundado por su cuerpo y luego se echó hacia atrás, empujándolo totalmente dentro de ella. Draco se sacudió ante el poder y apretó su mandíbula mientras intentaba mantenerse bajo control. Acunó sus pechos y los acarició suavemente mientras Hermione los guiaba a ambos hacia un placer indescriptible.
Definitivamente debería hacer más ejercicios de aerobics y cardio. Se suponía que, al ser una cazadora oscura, su condición física era insuperable pero esa sesión de sexo la había dejado exhausta; luego de un par de minutos ella aun no podía recuperar el aliento.
Draco corrió un rizo de su rostro y se rió. Eso no solo encandiló a Hermione, si no que despertó su curiosidad sobre los motivos que él tenia para reir. Ambos estaban desnudos y sudorosos en su cama, no había lugar para verguenzas, asi que decidió preguntar.
- ¿de que te ries?
- De que es cierto. Tu piel luce mas iluminada ahora…
- Oh por los dioses, dime que no estas haciendo referencia a lo que dijo Chi.
Draco volvió reir y pasó uno de sus pulgares callosos por el filo de su mandibula y luego lo arrastró sugerentemente por su garganta hasta terminar rozando su pezón desnudo.
- sí, si lo estoy. Entendí cada palabra. Además soy legeremante, no sé si lo sabías.
- ¿estabas leyendo mi mente?
- No apropósito.
- ¿Cómo que no apropósito?
- siempre tuve talento para la legeremancia y supongo que vivir con weres me ha hipersensibilizado o he absorbido algo de su magia. A veces escucho los pensamientos sin necesidad de tomar mi varita.
- sorprendente. Pero no lo hagas conmigo.
- no tengo la necesidad. Eres un libro abierto…
- Fanfarrón… ¿tienes hambre?
- algo.
- ¿Qué deseas comer?
Draco se lamió los labios y le lanzó una mirada ardiente que vagó por su cuerpo haciéndola sentir afiebrada instantáneamente. Aquel hombre desnudo en su cama, era sexo envasado y concentrado.
- ¿Qué tal una desnuda Hermione al dente cubierta con crema batida y chocolate?
Hermione se rió mientras sugería agregar algunas cerezas al plato. Gimió cuando él bajó su cabeza y mordisqueó su cuello mientras volvía a recorrer su cuerpo con sus expertas manos.
- ¿eres siempre así de insaciable?
- solo cuando veo algo que deseo. Y en este momento eres lo que más deseo de todo.
Olvida los campos Elíseos, el Nirvana y el Valhala e incluso Katoteros, el verdadero paraíso estaba entre sus sabanas, con Draco haciéndola experimentar el más puro éxtasis que jamás hubiese probado en toda su existencia. Era cerca de medio día cuando él finalmente se dio por satisfecho. Hermione juraba que él la había roto de alguna forma.
En algún momento de la mañana ella había huido hacia la ducha y él la había seguido. Fue en ese momento que se arrepintió de haberse negado a tener una gran bañera en su nueva casa.
Normalmente a esa hora ella estaría durmiendo, pero con Draco en casa, y luego de esa extenuante maratón sexual, Hermione se encontraba preparando algo para comer.
- ¿necesitas ayuda? – Draco mordisqueaba el lóbulo de su oreja haciendo difícil responder su pregunta.
- no, pero si me sigues desconcentrando así, quemaré el almuerzo.
Él se rió profundamente y se sentó en la mesada junto a ella, observándola cocinar. Draco no llevaba nada más que sus vaqueros puestos y por primera vez pudo observar la extraña cadena que colgaba de su cuello.
- ¿es un giratiempos?
- sí, ¿Cómo lo sabes?
- tuve uno en la escuela. Pero ese es distinto.
- lo es, es el que me trajo aquí. Ha estado con los Black por siglos y mi madre me lo dio para que huyera.
- ¿la extrañas?
- cada día. Pero esto me hace recordarla.
- tuvo un funeral de estado. Y recibió la orden de Merlín. Harry nos contó lo que hizo por él.
- lo sé. Ash me trajo algunos libros y periódicos de la época. Fue un alivio saberlo.
- ya que tienes eso, ¿alguna vez pensaste en volver al pasado y arreglar las cosas para ti?
Draco sacudió la cabeza y una seriedad que hasta ahora no había visto en él, cayó sobre su cara. Distraídamente pasó una mano sobre la marca tenebrosa que aun descansaba sobre su antebrazo.
- He aprendido bastante con las personas que vivo, y sé que hay algunos poderes en el mundo que es mejor dejarlos de lado. Los cambios en el destino es definitivamente uno de ellos. Créeme, las parcas tienen una desagradable manera de lastimar a cualquiera lo suficientemente idiota como para meterse en sus dominios.
Hermione asintió pensativa. Ella no creía en algo así como el destino hasta que se convirtió en cazadora oscura. Ella era una fiel convencida de que todo era un ciclo de acción y reacción. Que todo lo que sucedía era el resultado de nuestras acciones pasadas que venían a mordernos cuando menos lo esperábamos. Pero cuando vio a su familia asesinada, supo que estaba equivocada. Ni ella ni Ron habían hecho algo tan malo como para merecer tal castigo.
- esto es tan extraño. Tú y yo aquí. Nadie que conociéramos sigue vivo. De hecho, hasta hace un par de semanas no sabía que tú estabas vivo.
- sí, es completamente loco. La próxima vez que vea a Ash, el deberá escucharme. Hubiese sido agradable saber que alguien de mi pasado seguía vivo.
- ¿ustedes dos son amigos?
- podría decirse. Soy lo más parecido a un escudero, no oficial, que Acheron tiene.
- wow, él es tan hermético siempre. ¿Sabes muchas cosas sobre él?
- absolutamente nada. Y me gusta mucho mi vida tal como es, como para cabrearlo haciendo demasiadas preguntas.
Fue momento de Hermione para reír. Ella había visto a Acheron enojado un par de veces y no era algo agradable. Sobre todo si Simi, su demonio Caronte, estaba cerca. Ella lo había apuñalado una vez y Simi casi la mata.
- ¿Qué se siente saber que vas a vivir eternamente?
Hermione se encogió de hombros. Hubo un tiempo en el que la muerte la aterraba y otro en el que vivir eternamente la atormentaba. Pero con el tiempo se había acostumbrado a su condición actual. Ella intentó sonar indiferente.
- si te soy sincera, hace tiempo deje de pensar en eso. Supongo que, como el resto de las personas, me limito a levantarme, hacer mi trabajo y volver a la cama.
Draco pudo percibir tristeza en el tono de Hermione. Vivir sin sueños debía ser muy doloroso. De las personas que había conocido en el pasado ella, sin dudas, era la que mas sueños había tenido y ahora no parecía tener objetivos por los que luchar. Estaba seguro que matar Daimons no era su verdadera razón de ser.
Inclusive él, que había sido un rematado idiota, tenía sueños y ambiciones. Aunque claro, él tenía un número finito de años para conseguirlos y ese, quizá, fuera su mayor incentivo. Él soñaba con tener una mujer que se alegrara de verlo llegar a casa luego del trabajo. Soñaba con una horda de niños semi salvajes a los cuales enseñarles lo que sabía de la magia y envejecer con su esposa en el pórtico de la pequeña casa que estaba construyendo cerca del Bayou.
Haber ayudado a criar a los cachorros de sus hermanos adoptivos había sido su perdición. Él quería eso para él también. Aunque claramente sus hijos serian humanos y con suerte no intentarían morderlo cuando olvidara alimentarlos a tiempo.
Por alguna razón en sus fantasías la mujer de sus sueños era muy similar a la que tenía enfrente. Ella era inteligente, fuerte y determinada, y por sobre todas las cosas, ella era hermosa. Aunque Hermione jamás podría ser esa mujer. Ella era una cazadora oscura inmortal y él un mago que con suerte viviría otros sesenta o setenta años más. Además sabía que ese día que estaban compartiendo sería el único. Ella no tenia permitido algo así como una pareja y Draco lo tenía muy claro.
Él no estaba realmente en la nomina de escuderos, pero Acheron querría su cabeza si alguna vez se enteraba donde estaba. Aunque, conociendo los poderes de Ash, él seguramente lo supiera y no se había presentado a cortar su cabeza, todavía, por respeto a Hermione.
-¿por qué estamos perdiendo nuestro tiempo hablando, cundo podríamos estar pasándolo mucho mas productivamente?
- ¿productivamente cómo?
La sonrisa de Draco era traviesa y, como si todavía fuese una adolescente, despertó una legión de mariposas rabiosas que se agitaban en su estomago.
- no lo sé, pero creo que podría dar mejor uso a mi lengua… ¿Qué dices?
Él la tomó por la cintura y condujo su lengua por toda la extensión de su garganta hasta que llegó a su oreja y comenzó a mordisquear su lóbulo. El cálido aliento de Draco la hizo estremecer.
- sí, ese es un mejor modo mucho más apropiado de usar tu lengua.
La risa de Draco se unió a la suya. Hermione enterró sus manos en el suave cabello dorado de Draco y dejó que se saliera con la suya. Su lengua era la cosa más increíble que había conocido en todos esos siglos y quería tener tantas memorias táctiles de ese día como fuera posible.
Ellos estaban de pie en la cocina de su casa y nunca se le hubiese ocurrido que aquél era tan buen sitio como cualquier otro para tener sexo. Él estaba atormentándola con sus labios y justo cuando pensaba que aquello no podía sentirse mejor, él corrió su bata e introdujo su mano bajo la ropa interior. Hermione tuvo un feroz orgasmo casi inmediatamente, pero aun así el continuó acariciándola hasta que estuvo débil.
Era cerca de media tarde cuando despertó con Draco envolviéndola por completo. Se sentía agradable volver a tener unos brazos fuertes que la cobijaran protectoramente. Pero él tenía que irse, a los cazadores oscuros se les prohibía mantener una relación estable. En caso de necesidad, sus encuentros sexuales solo se limitaban a una noche o un día como en ese caso.
Ella había vuelto a nacer para caminar en soledad a lo largo de los siglos. Todos y cada uno de los cazadores oscuros tenían eso muy presente. Lo habían jurado, y nunca antes le había molestado que fuese así.
- vuelve a dormir. Aun es temprano.
- ¿estás despierto?
-mmm. No. Pero puedo oír los engranajes de tu cabeza moverse. Duerme un rato más y luego me iré, lo juro.
Draco ajustó aun más sus brazos alrededor de su cuerpo y hundió su rostro en sus rizos, que estaban desperdigados por toda la almohada. La suave respiración de él, y la sensación de calidez y cotidianeidad la arrullaron y rápidamente volvió a dormir. Un rato mas no haría daño a nadie. O eso pensaba.
Ambos dormían imposiblemente abrazados en la gran cama con doseles e ignoraban completamente lo que el otro estaba soñando en aquel instante. El reino de los sueños era el más extraño de todos ellos y, aunque extremadamente raro, no era imposible que cosas como aquellas sucediesen.
La mujer corría por una hermosa playa de blancas arenas y sus rizos se agitaban con el viento. Era el más hermoso de los atardeceres que alguna vez hubiese visto. La multitud de tonos rojizos y naranjas se hundían en el mar tras el malecón.
Su chitón azul se arremolinaba entorno a sus pies y su risa llegaba a sus oídos como el canto de las sirenas. Él corría tras la hermosa mujer y ella se giraba cada cierto tiempo a lanzarle besos, pero siempre que lo hacia sus rizos oscuros cubrían su rostro.
Cuando finalmente la alcanzó, la tomó delicadamente de la cintura y la hizo girar para observarla y poder besarla.
- ¿Por qué huyes de mi hermosa Ninfa?
- jamás huiría de ti mi precioso Alíates. Solo estaba jugando contigo mi amor.
- mientras no juegues con mi corazón, todo te está permitido.
Ella lo besó de regreso y luego apoyó su cabeza sobre el pecho de su amante. Todo había sido tan maravilloso desde que él la había rescatado de las aguas del mar. Apolo la creía muerta, y Alíates era todo lo que alguna vez había deseado.
- jamás jugaría con algo tan precioso como tu corazón. Eres lo único que me importa.
- ¿en serio?, ¿incluso aunque huela a pescado y mi choza apenas cubra las más pobres de las expectativas de una diosa?
- escúchame Alíates, no soy una diosa. Solo soy yo, soy Brit. Y aunque olieses a azufre te amaría. Jamás vuelvas a menospreciarte ante mí o deberé enojarme contigo.
- no te alejes de mi Britomartis, no te vayas nunca. No me obligues a destruir los pasillos del Olimpo o del Hades o lo que sea para encontrarte. Me has hechizado y no hay forma humana en la que te deje ir sin luchar por ti.
Hermione despertó sobresaltada. Había tenido el más raro de los sueños y aun podía sentir el aroma salado del mar en sus fosas nasales. Tyana había llegado y gritaba desde la sala para que se levantase. Seguramente estaba anocheciendo y era hora de ponerse en camino hacia la ciudad. Era hora de trabajar.
Draco miraba el cielorraso de la habitación, confundido. Había tenido un sueño extraño donde era un pescador y Hermione una ninfa. Seguramente el cansancio le había jugado una mala pasada y todas esas cosas griegas que solía leer, en su tiempo libre, se habían colado en sus sueños.
Ambos comenzaron a vestirse en silencio. Podían oír como Tyana trajinaba en la cocina y era la hora de huir. Habían tenido un día maravilloso juntos pero había terminado. Ambos debían volver a sus respectivas ocupaciones y olvidarse de aquel encuentro.
- esta noche celebraremos noche buena en el santuario. La mayoría de las veces algunos cazadores oscuros se dan una vuelta. No suele haber Daimons en navidad. Si quieres puedes ir. Yo invito. Prometo que los osos no te morderán.
Hermione se rió y asintió. Ella llevaba demasiadas navidades estando sola. Eran pocos los cazadores oscuros que las celebraban, la mayoría de ellos habían nacido mucho tiempo antes del inicio de la celebración. Además, festejar una fiesta que debía ser familiar, podía generarles más nostalgia que al debida.
- ¿irás caminando al santuario?
- no. ¿Tienes escudos antiaparición aquí?
- no. No tengo una varita así que no están levantados.
- entonces me iré desde aquí y te ahorraré comentarios de Tyana. Te veo en la noche.
- adiós.
Draco le dio un último beso que le recordó fugazmente su sueño. Y luego giró sobre sí mismo y desapareció de su habitación. Ella llevaba tanto tiempo siendo una cazadora oscura, que había olvidado que hubo un tiempo en que ella podía hacer aquello mismo.
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Era la última tarde de Acheron allí y al estúpido de su hermano se le había ocurrido visitar su templo, quitándole maravillosos minutos del exquisito hombre que dormía en su cama en ese instante.
Negociar cada instante en el que Acheron permanecería en sus dominios era extenuante. Cada segundo era regateado con sumo cuidado y aunque ella tenía la falsa seguridad de que ganaba cada vez, era él quien cedía cuando se cansaba de sus infantiles juegos de estrategia.
Ella había insonorizado el salón del trono con la intención de que Acheron no oyese la conversación que tenia con su hermano gemelo. Artemisa sabía que era mejor no dejar que él y Apolo estuvieran en el mismo lugar. Ellos se llevaban aun peor que lo que ella lo hacía con Simi.
- ¿qué quieres Apolo?
Él hombre de cabellos rubios-cobrizos estudió su perfecta manicura con aire indolente, mientras se acomodaba mejor en el cómodo trono de su hermana.
- he encontrado a Britomartis.
- ¿de qué hablas?, ¿te has vuelto loco? Ella lleva muerta demasiado tiempo.
- no seas idiota Artemisa. No es ella, ella. Es otra mujer que ha renacido con su apariencia. Britomartis ha vuelto al igual que su estúpido pescador. Pero de él ya me he hecho cargo.
- si tienes todo bajo control, entonces, ¿qué quieres de mi? no me interesa el cotilleo, Apolo. Tengo cosas mejores que hacer.
- ella es una de tus cazadoras ahora.
- ¿Cuál?
- una que está en Nueva Orleans. No sé su nombre pero la he visto. Es ella. Quiero que me la des.
- si Brit ha renacido entonces no te recuerda. ¿Por qué te daría una de mis cazadoras?
- justamente porque no me recuerda. Si ella no me recuerda no huirá otra vez. Dámela Artemisa.
Había solo dos seres a los que Artemisa temía completamente, uno de ellos era su hermano. Apolo era inestable en el mejor de los casos y un completo psicópata en el peor. Ella lo odiaba con todo su ser desde su nacimiento, pero no podía deshacerse de él. No si no deseaba morir también.
Apolo era la fuerza del sol y ella la de la luna. Si Apolo moría, el muy hijo de puta la arrastraría también. Y había pocas cosas que Artemisa amase más que así misma.
Ash despertó y pudo sentir el cambio de poder dentro del templo, él sabía quien estaba en el salón del trono y ahora entendía por qué Artemisa había sugerido que debía descansar.
Él tenía que irse. Había muchos asuntos que debía resolver y estando recluido en el templo de Artemisa, en el Olimpo, Acheron era prácticamente inútil para sus hombres.
Las charlas entre esos dos eran exasperantemente largas para su gusto, y mientras Apolo estuviese en el templo, Artemisa no lo dejaría marcharse. Así que en contra de su mejor criterio decidió salir del cuarto. Estaba de humor como para pelear un poco.
Cuando lo vio aparecer, Apolo cargó contra él. Ash estiró su mano y devolvió el golpe al dios con la misma intensidad.
- mantente lejos de mi niño brillo de sol. Hoy estoy de humor como para hacerte bastante daño.
Apolo sonrió sarcásticamente mientras Artemisa se encogía. Si esos dos empezaban una lucha en su templo, todos vendrían a ver que sucedía y no tendría forma de ocultar la presencia de Acheron allí.
- no me asustas, humano. Te maté una vez, puedo hacerlo nuevamente.
Ash sonrió fríamente en una calculada sonrisa que mostraba sus colmillos en todo su esplendor. En un instante él lucia su largo cabello rubio, y al siguiente había vuelto a su habitual color negro, que Artemisa tanto odiaba. Apolo no lo intimidaba para nada. Ni siquiera cuando era humano él había podido hacerlo completamente. Pero ahora ellos estaban en un dominio enteramente nuevo, con un conjunto de reglas totalmente diferentes. Y Acheron daría cualquier cosa por presentárselas al dios.
- Por favor niño dorado, has tu mejor intento.
Ash abrió sus brazos en gesto invitador y su extraño tatuaje en forma de dragón serpenteó por su torso desnudo de forma espeluznante. Artemisa, en una raro arrebato de valentía, se paró entre ellos.
- Apolo, vete.
- ¿Qué hay de él?
- Acheron no es de tu incumbencia.
Apolo asintió y compuso su mejor expresión de asco hacia Ash.
- No puedo creer que admitas algo como ESO, en tu templo.
Artemisa desvió su rostro evidentemente ruborizado y no dijo nada. Ella jamás decía nada. En todos esos milenios en los que se habían conocido, ella jamás había alzado su voz para defenderlo ante los ataques de Apolo. Ya debería estar acostumbrado.
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Draco apareció en el mismo cuarto que usaba desde hacia diecisiete años. Se podía decir que aquella habitación había sido mas su lugar en el mundo, que cualquier sitio en el que hubiese estado en el pasado. Él estaba terminando de construir su casa cerca del pantano, para poder estar tranquilo, pero aun no quería mudarse. Estaba seguro de que le dolería el día que tuviera que abandonar el Santuario.
Su cuarto estaba dividido en dos. Años atrás él había colocado una cortina para separar el lugar donde dormía, del sitio en el que preparaba algunas pociones tanto para él como para la familia. Él podía sentir una fuerte presencia en su cuarto. El aire estaba cargado eléctricamente y un gran poder podía sentirse allí.
En cuanto la sensación se desvaneció, dejándole la piel erizada, la cortina que dividía el cuarto se abrió sola. En las sombras del extremo de la habitación, se adivinaba la silueta de un hombre cuya presencia dominaba toda la estancia y que solía hacer ese tipo de fantasmal aparición. Probablemente con el único fin de verlo morir de un infarto.
Con sus dos metros siete de altura y siempre ataviado por completo de negro, él conseguía que todas las criaturas temblaran de miedo o que se quedaran inmóviles ante su presencia. O en el caso de Draco, que lo observaran divertido. Respetaba a Acheron, pero sabía que el atlante seria el ultimo en dañarlo de algún modo.
Acheron le sonrió entre las sombras, adoptando una expresión picara, haciéndole saber que de alguna forma él estaba al tanto de donde venia.
- ¿si sabes que yo soy mortal, no? Juro que si me muero de un infarto volveré a tirar de tus pies mientras duermas. Has venido temprano Ash, ¿sucede algo?
- ¿tienes díctamo?
- ¿para ti?, siempre. Dame un segundo.
Draco caminó hacia su bien surtido armario y extrajo un par de frascos con pociones. Él no había terminado su educación formal como mago, pero con todos los libros que Acheron le había conseguido y el manejo de la magia que tenían los weres, y en especial el dragón que vivía en el altillo, Draco había aprendido más de un truco en ese tiempo.
Cuando volvió a cruzar la cortina, Acheron ya se había quitado la negra camiseta y estaba tendido sobre su estomago en la cama de Draco. Aquello parecía ser una rutina que ellos tenían cada unos pocos meses.
- por el amor de Merlín, Ash. Parece que cada vez vienes con la espalda mas destrozada. No entiendo por qué consientes que te hagan esto.
- Merlín era un viejo cascarrabias. No era nada amoroso. - Acheron siseó cuando la poción antiséptica hacia contacto con sus heridas.
- Lo que tú digas. Cambia todo lo que quieras de tema, pero sé que te prestas a esto, porque un cazador oscuro con tus poderes jamás dejaría que lo maltratasen de ese modo sin su consentimiento.
Draco siguió trabajando sobre la espalda de Ash. Las heridas lacerantes se superponían creando un extraño patrón sanguinolento, heridas nuevas se superponían sobre otras que tenían algunos días de antigüedad. Él no tenía que ser un genio para adivinar cómo se las habían hecho.
- oí que Yukón Jane fue liberada.
- sí. Y que Syra no te oiga llamándola así, porque tendrá tu cabeza en una bandeja antes de que puedas pestañar.
- entendido. Me mantendré lejos de ella... Listo. El díctamo necesitará un par de minutos para hacer efecto y estarás como nuevo. Iré a ver si me necesitan en la cocina.
- Gracias Draco. Por favor no les digas que estoy aquí.
- no Ash, se el procedimiento. Quédate el tiempo que necesites.
Acheron se quedó un tiempo más con su rostro hundido entre las almohadas. Su espalda palpitaba horriblemente mientras las heridas se cerraban. Sabía que podría sanarlas por él mismo, pero había prometido que no lo haría.
Sus nuevas heridas habían sido el precio a pagar por poder irse antes del Olimpo, y las viejas el costo de la nueva oportunidad de Syra para ser feliz. Aquel era un ritual sangriento al que él se sometía gustoso cada vez que un cazador o cazadora quería recuperar su alma. Un ritual que todos ellos desconocían. Lo que había entre Artemisa y él era estrictamente privado, y él se encargaría de que siguiera siéndolo.
Podía sentir a Simi moverse sobre su pecho. La pequeña demonio que cuidaba como si fuera una hija, descansaba normalmente sobre su piel como un estilizado tatuaje que cambiaba de sitio. Cuando Simi estaba sobre su cuerpo, ella no era capaz de oír sus pensamientos o lo que sucedía afuera, pero si podía sentir sus emociones, con el fin de protegerlo.
- Si Simi. Puedes tomar forma humana.
Ella se deslizó por su pecho y cuando estuvo sobre su clavícula se manifestó a un lado de la cama. Su largo cabello negro estaba trenzado esa vez. Sus ojos eran de un gris tempestuoso y sus alas de un azul pálido, revelando el tipo de humor que Ash también tenia.
- ¿por qué estás tan triste, akri?
- no estoy triste Simi.
- Si lo estás. Te conozco, tienes ese dolor en el corazón como el que siente Simi cuando llora.
- Sabes que yo nunca lloro Sim.
Acheron se sentó en la cama y Simi hizo lo mismo, para luego apoyar su cabeza en su hombro. Uno de sus cuernos negros raspaba su mejilla, pero Ash no prestó atención. La envolvió con sus brazos y la sostuvo cerca.
Cerrando los ojos, la abrazó fuertemente, ahuecando su pequeña cabeza en una de sus manos. El abrazo de Simi recorrió un largo camino hasta lograr aliviar su espíritu preocupado por lo que venía. Solo Simi podía hacer eso. Solo ella lo tocaba sin hacerle demandas físicas, Simi lo único que quería es ser su "bebé".
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Hermione caminaba por las calles vacías. Tyana la había invitado a cenar en su casa con su familia, pero no tenía ganas de estar con esa gran familia, que le recordaba demasiado a los Weasley, a pesar de no tener el cabello rojo.
Tampoco tenía deseos de ir al Santuario, como Draco le había sugerido, y no había necesidad de cazar en Noche buena; puestos que la mayoría de los humanos se quedaban en casa con sus familias, los Daimons solían hacer lo mismo.
- ¡Hola brujita!
La cazadora oscura se detuvo ante la voz cantarina de Simi. La demonio era agradable cuando no estaba intentando comérsela por haber atacado a Acheron. Hermione había aprendido la lección y por mucho que Ash la irritara, trataba de no desquitarse porque él tenía paciencia, pero Simi no.
- Hola Simi. - Hermione contestó esperando ver a Ash aparecer junto a ella, pero al parecer, estaba sola.
-¿Qué haces tan sola en la calle?, ¿no te acuerdas el camino hacia el Santuario?
La demonio sonrió mostrando sus blancos colmillos y señaló la calle en dirección al bar de los osos.
-Están justo allí. Los osos son muy fáciles de localizar casi siempre. Si haces silencio puedes escucharlos cantar a kilómetros de distancia.
- no pequeña, solo quería estar sola por un rato.
-¿por qué?, ¿ellos se portaron mal contigo?
-no, no.
- si no fueron groseros contigo, ¿por qué no estás festejando con ellos entonces?
- no lo sé. Supongo que no encajo allí.
- ¿por qué?
Hermione solo se encogió de hombros. Las pocas veces que había mantenido conversaciones con ella, estas habían sido caóticas. Simi tenía el modo de hablar de un niño pequeño y solía hacer demasiadas preguntas. También tenía la extraña habilidad de hacer relatos no lineales, que se iban por las ramas y le recordaban a Rose.
-¿y tú qué haces aquí afuera?
- nada. Akri me dejó salir a ver los fuegos artificiales, pero creo que esta noche no habrá.
- ¿Akri es Ash?
- Si, es la palabra para amo y señor. Akri me crió desde que era una demonio bebé y yo le digo Akri o papá pero me gusta más Akri, porque lo hace ponerse todo orgulloso de que su Simi sea educada.
Simi dio un paso más hacia ella y tomó su barbilla para poder moverle la cabeza a un lado y a otro, examinándola a fondo.
- Hay dolor ahí dentro Brujita. Eso hará que Akri se ponga triste. No le gusta que sus cazadores oscuros sufran, y a Simi no le gusta que Akri se ponga triste. ¿Por qué sufres?
- es noche buena, echo de menos a mi familia.
-yo también extraño a mi familia a veces. Mi mamá me decía te amo Simi, eres importante Simi. Akri también lo dice y eso hace que no duela tanto aquí. - la demonio señaló su pecho por un instante.
Hermione la observó de hito a hito, cuando ella tomó su cartera en forma de ataúd y extrajo una manopla de horno en forma de corazón y se la tendió.
- ¿Qué es esto?
- pff, ¿qué, no es obvio?, eso es para ti. Los regalos traen felicidad. Y Simi quiere que seas feliz.
- Gracias Simi.
Simi se encogió de hombros restándole importancia a su agradecimiento mientras agitaba la mano.
- no hace falta que me des las gracias. Eso es lo que hacen las familias, se cuidan los unos a los otros.
El corazón de Hermione se encogió cuando escuchó a la demonio.
- hace mucho que no tengo una familia. Ellos murieron Simi.
- Todo el mundo tiene una familia, brujita. Yo soy tu familia. Akri es tu familia, incluso esa apestosa y vieja diosa es tu familia. Ella es como esa tía solterona y horripilante que viene de visita y que nadie quiere, pero es familia. - Hermione se rió, podía ver cuán poco ella estimaba a Artemisa.
-¿sabe Artemisa que tú hablas así de ella?
- por supuesto. Se lo digo siempre que la veo, aunque Akri se enoja. Escúchame, te voy a decir una cosa que Akri me dijo en una ocasión.
Simi cruzó uno de sus brazos por sus hombros y le dio un abrazo fraternal que extrañamente la reconfortó.
- tenemos tres tipos de familias: aquellos de los que nacemos, aquellos que nacen de nosotros y aquellos que llevamos en el corazón. Yo me disgusto contigo cuando te enojas con Akri, pero te llevo en mi corazón. Así que Simi es tu familia también, y no te dejará marchar triste. Supongo que tu familia aun está en tu corazón y ocupan tanto espacio que no te queda lugar para nadie más. Mira, mi mamá todavía está en mi corazón, pero también esta Akri, y Draco, Kayla, y todos los osos, y mucha más gente que he ido conociendo a lo largo de los siglos. Tú también estás ahora en mi corazón. Tu problema es que debes aprender a seguir adelante y hacer crecer tu corazón para que todos quepan.
Hermione enjugó sus lágrimas. Para ser una demonio tan particular, Simi era realmente inteligente y sensible. Estaba segura de que ese era el motivo por el cual Ash la quería tanto.
Cuando entró con ella al Santuario, Simi aun la tenia abrazada y de su mano colgaba la manopla en forma de corazón. El salón principal estaba abarrotado de Katagarias que se encontraban en forma humana o animal. Rápidamente divisó a Draco que caminaba hacia ellas con un pequeño cachorro de oso en sus brazos. Verlo cargar un animal potencialmente peligroso con cariño le recordó a Hagrid, la única otra persona del mundo que podría sonreírle a un animal que podría comérselo de un bocado.
- viniste.
-Si, Simi me convenció.
- eres sorprendente Simi.
Draco se inclinó y besó la mejilla de la demonio y luego de dejar al cachorro en el suelo, sacó su varita del bolsillo e hizo aparecer ante él una Snitch dorada.
- Ten pequeña. Feliz Navidad.
- ¡GRACIAS DRACOO! – Simi salió corriendo y los dejó solos – ¡mira Akri, lo que Draco me ha regalado!
- ¿ella juega quidditch?
- oh, no. Ella se las come. Estará ocupada por un rato con esa pelota… es bueno que hayas venido Granger.
- gracias, me alegra haber venido también.
Draco miró su mano y vio la manopla que no había guardado aun. Luego sacó una de su bolsillo trasero y se la mostró. La de Draco tenía la forma tradicional de una manopla de horno y estaba estampada con pequeñas estrellas azules.
-¿obtuviste el corazón?, ¿la conozco hace años, la dejo masticar mis Snitchs doradas y obtengo esta insulsa manopla mientras que tu, advenediza, obtienes el corazón?
- que eres y que hiciste con Draco Malfoy.
- diría que sigo siendo yo, pero mentiría. Las personas cambian. Si te hace sentir mejor, en mi identificación soy un Peltier.
- no lo creo.
Draco encogió de hombros restándole importancia al asunto. Y tomó su mano libre para guiarla directo hacia la gran mesa.
- ven, Acheron está allí, vamos a comer.
Hermione fue saludada por cada uno de los presentes. Incluso por quien supo, era el dragón que le había enseñado como usar su magia a Draco.
La noche estaba siendo alegre y como no ocurría en mucho tiempo, Hermione no se estaba sintiendo nostálgica en noche buena. De pronto los Howlers subieron al escenario y Simi comenzó a gritar como una fanática. Tyana y la demonio harían una buena dupla allí.
- ¡DRACO SUBE A CANTAR!. POR FAVOR, POR FAVOR, POR FAVOR. CANTA LA CANCION DE LAS BRUJAS.
- No Simi, otro día.
- ES NOCHE BUENA, ¡POR FAVOR CANTA LA CANCION DE LAS BRUJAS!
- ¿De qué habla? - Hermione hubiese estado menos sorprendida si el mismísimo Voldemort dijera que podía hacer un Stripdance sobre el escenario.
- le enseñe una canción de las brujas de Macbeth. Era un fan en su tiempo. Cada noche buena me obliga a cantarla…
Todos los presentes comenzaron a corear para que Draco subiese al escenario ante la mirada atónita de Hermione.
- está bien Simi, pero convence a tu papá para que toque la guitarra.
- ¡HECHO!... ¡AKRIIIIIIIII!
- Procura no reírte Granger. Así nos ganamos la comida aquí. Si me entero que te reíste, te obligaré a ponerte en ridículo bajo uno de los reflectores, que seguro dañarán tus ojos.
- no lo haré, lo prometo. - Hermione ahogaba su risa mientras veía a su jefe caminar relajado hacia una guitarra eléctrica y a Draco saltando al escenario.
Esa noche ella se había caído al agujero del conejo y de algún modo había aparecido en el país de las maravillas. Todo lo que allí ocurría era surreal, incluso el cachorro de oso que jugaba con uno de sus rizos, mientras estaba sentado sobre sus piernas.
Ash se colocó delante de uno de los micrófonos con Simi a su lado y uno de los lobos que eran amigos de los Peltier comenzó a aullar graciosamente como si fuera una fanática.
- HEY ASH, ¡CUANDO QUIERAS PUEDES CHUPAR MI SANGRE, LINDOOOOO!
Hermione se encogió visiblemente esperando que el lobo estallara de pronto, pero eso no ocurrió. En cambio Acheron le dirigió una mirada divertida.
- no, gracias. La última cosa que quiero es contagiarme parvo de ti, o alguna extraña enfermedad de perro que me haga levantar mi pierna en cada árbol.
Los osos comenzaron a reirse y los lobos presentes bufaron, aunque el ambiente era completamente festivo. Se notaba que ese tipo de bromas era comun entre ellos. Como si realmente fueran una familia.
Recordaba esa cancion. Era completamente delirante y hablaba de un caldero, una pocion de amor y una bruja sensual. Simi hacia los coros mientras Ash tocaba la guitarra y Draco cantaba completamente comodo ahí arriba. Al parecer la unica incomoda en ese ambiente era ella. Draco parecia pertenecer a ese lugar.
Cuando la cancion hubo terminado, Ash le dijo a Simi que era hora de irse, y luego de despedirse de todos, ambos salieron a la calle. Ella estaba a punto de marcharse tambien, cuando Draco le indicó que queria darle algo antes de que se marchara.
Ella estaba rompiendo un par de sus propias reglas al seguirlo hacia su habitación, pero era noche buena y no se iba a poner demasiado firme con el reglamento esa noche.
Le sorprendió ver el completo set de pociones en la habitación de Draco. No sabia que él siguiese tan conectado con su naturaleza y a la vez tan compenetrado con quienes vivia. Ella había abandonado completamente el mundo mágico al convertise en cazadora oscura. Estar cerca de los magos era demasiado doloroso al principio.
- Ten, feliz navidad Hermione.
- Draco, Gracias. Yo no tengo nada para ti.
- no es necesario. Es un regalo, no tienes por que darme algo a cambio. Abrelo.
Cuando desenvolvió el paquete su corazon se estrujó. Lo primero que vió allí era una copia de la historia de Hogwarts. Ella había perdido la suya hacia mas de cien años.
- es la version mas nueva. Tu estás ahí, e incluso figuro yo, aunque no es muy fiel a la realidad.
- Gracias.
Dejando de lado el libro tomó el cuaderno de cuero marrón que había debajo. En él había una H y una G evidentemente labrada con magia y lo que tenia dentro la hizo estallar en lagrimas.
- La hizo Kayla con un recuerdo mio. Ella es talentosa.
La primera pagina del album era una hermosa pintura de ella, Ron y Harry en primer año. No tenia ningun retrato de ellos, e incluso había comenzado a olvidar sus rostros infantiles.
Sus lagrimas corrian como rios por sus mejillas mientras pasaba las paginas. Allí, Draco había pegado recortes de diarios viejos donde aparecia ella siendo joven. Tambien había colocado un recorte donde anunciaban que era la nueva ministra de magia y una de su boda con Ron.
- las imágenes apenas se mueven porque los diarios son demasiado viejos como para que la magia siga en ellos. Pero creo que te gustaria tenerlos.
- gracias Draco. ¿Cómo conseguiste esto?
- Acheron me los dio cuando llegué aquí. Apareció un dia con todo esto, creo que asaltó un museo. Sinceramente ver el rostro de cara rajada no me interesa, asi que supongo que a ti te servirán mas.
Ella siguió pasando recortes hasta que encontró una fotografia de Rose y Ron. Esa imagen había salido en una revista que anunciaba su segundo embarazo y una fiesta por el aniversario del fin de la guerra. Su pequeña era preciosa, había perdido sus imágenes tanto tiempo atrás que casi no recordaba su rostro. Y ahora lo tenia allí.
- Kayla dejó volar su imaginacion apartir de aquí. Puedes quitarlos si no te gustan.
En la siguientes imágenes, Hermione pudo ver una secuencia de dibujos donde el rostro de Rose iba mutando desde una niña de cuatro años a una adulta con cabellos rojizos y ojos color ambar. Lloró aun más. Estaba segura de que así se hubiese visto su bebé si hubiese tenido la oportunidad de crecer. Aquel sin dudas era el regalo mas maravilloso que una vez alguien le hubiese dado.
- es hermoso.
- no llores. No queria angustiarte. Cuando dijiste que no tenias nada de ellos, supuse que te gustaria. No queria ponerte triste.
- no estoy triste. Este es un regalo maravilloso Draco.
Al girar una nueva pagina vio otro recorte de diario y ahí se vio a si misma embarazada, y luego dibujada con un pequeño bebé en brazos. Kayla había dejado un espacio en blanco para escribir el nombre del niño, ella no sabia que se hubiese llamado Hugo.
Las siguientes paginas era toda una secuencia de dibujos de un niño pelirrojo con rizos. Incluso lo habían dibujado vistiendo el antiguo uniforme de quidditch de Gryffindor.
la ultima pintura era ella. Kayla había captado a la perfeccion su rostro sonriente mientras Rose y Hugo, pequeños, besaban sus mejillas, y Ron apoyaba su menton sobre su cabeza. Esa imagen jamás había ocurrido pero el dibujo era tan real que entibiaba su corazon como si aquello hubiese sucedido realmente.
Sin pensarlo se arrojó a los brazos de Draco y lo besó con pasión. Aquel hombre era un mar de contradicciones que la había hecho conocer un placer mas allá de lo que podia describir con palabras, y le había dado un regalo que, si bien no traeria a su familia, reconfortaria su corazon en las noches de soledad.
Él le devolvió el beso con el mismo fervor con que ella se lo daba, y la hubiese recostado en la cama si no fuese por el tumulto que llegó a sus oidos desde el bar. Algo estaba sucediendo, y a juzgar por los gritos de terror, aquello era algo malo, muy malo.
-o-
n.a: fin del capitulo. Espero que les haya gustado. Me encanta escribir mezclando estas sagas, y espero que a ustedes tambien les esté gustando. Como siempre, voy a estar esperando todos sus comentarios. ¡HASTA LA PROXIMA!
