Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo detallado en la saga cazadores oscuros de Sherrilyn Kenyon, mezclado con el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a las dos autoras, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

**CLARACIÓN: NO ES NECESARIO LEER O HABER LEIDO LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS PARA ENTENDER LA HISTORIA, YA QUE LAS PARTES IMPORTANTES DE LA TRAMA SERÁN EXPLICADAS. **

*SI LEISTE LA SAGA: puede que algunos personajes y/o destinos de los mismos hayan sido levemente modificados por el bien de esta trama.*

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Capitulo 5:

La casa Peltier estaba junto al bar. Era allí donde los Peltier, y aquellos que se refugiaban en el Santuario, podían asumir sus formas de animal sin miedo a ser descubiertos.

Los Peltier tenían muchos sistemas de alarma y, salvo en Noche Buena, al menos dos miembros de la familia estaban de guardia en todo momento para evitar que cualquier intruso, humano o de otra clase, llegara a la casa. Lo ultimo que necesitaban los osos era que algún humano inocente llamase a control animal pensando que tenían un zoológico ilegal del otro lado de la puerta.

Cuando Draco y Hermione oyeron el ajetreo en el bar, salieron rápidamente de la habitación. Por costumbre Draco extrajo su varita del bolsillo y abrió la marcha, listo para atacar. Hermione desprendió el Hulbart del soporte de su espalda, bajo el abrigo, y comprobó que las cuchillas de sus botas stiletto estuviesen listas para desprenderse, en caso de necesitarlas.

Ambos cruzaron rápidamente una pequeña antecámara que unía la casa Peltier con la cocina del bar. Tras la barra de tragos, las mujeres escondían a los cachorros que gritaban horrorizados a causa del evidente miedo de sus madres y el propio.

Los once hijos de la familia Peltier, sus padres y la hija mayor del clan Oso estaban dispuestos en forma de abanico protegiendo la barra, cuidado a los niños. Hasta el momento ninguno de ellos había tomado su forma animal, estaban dentro del santuario y tomar sus formas más fuertes seria una clara invitación al enfrentamiento.

La tensión era palpable, Hermione nunca había visto a los were tomando sus formas de animal, y sinceramente, más allá de sentir que eran poderosos, nunca podría decir si eran arcadios o Katagaria.

Draco lanzó un gruñido bajo y grave mientras con uno de sus fuertes brazos intentaba empujarla tras de él. Hermione podía ver cuánto había cambiado en ese tiempo. El Malfoy que ella conocía se hubiese escondido, jamás hubiese intentado protegerla de forma instintiva. Y menos a ella, que no pertenecía a su clase social y mágica.

Uno de los hombres que había llegado sostenía una navaja bajo el cuello de Kayla, la cachorra menor de mamá Nicolette. La pequeña hija del clan Oso, era rubia, alta, delgada y con un rostro excepcionalmente hermoso. Ahora Hermione sabía que también era extraordinariamente talentosa para el arte.

Según Draco, él y sus hermanos tenían un trabajo de jornada completa impidiendo que los hombres humanos fueran tras la cachorra siempre que daba una mano en bar.

- Suelta a mi hija lobo. Hazlo antes de que decida que tu piel hace juego con las paredes de mi bar, se que podrías ser una buena pieza decorativa.

-Sabes que no nos atacarás abiertamente, las reglas limani lo prohíben. Entréganos al mago Nicolette. Entréganos al mago y nos iremos. Si lo haces dejaremos a tu preciosa osita y al santuario en paz.

Draco quiso dar un paso al frente cuando oyó la demanda, pero la tibia mano de Hermione en su brazo lo detuvo. No sabía que querían los lobos arcadios con él, pero Kayla era su "hermanita pequeña" y si había algo que había aprendido en su tiempo en el santuario era que debía proteger a la familia a cualquier costo.

Como cualquier otro limani, el Santuario tenía sus reglas. La principal era no derramar sangre. Todos eran bienvenidos en se sitio, siempre y cuando no se alzaran armas dentro del local o sería expulsado de por vida. Y dado que la vida de un were es extremadamente larga, eso era demasiado tiempo.

La segunda regla era que si había dos grupos enfrentados dentro del bar, y surgía alguna refriega, ambos debían irse pero el cazador no tenía permitido seguir a su presa. El cazado tenía cinco minutos de ventaja, siempre.

- el mago seria yo. ¿Quién eres, y que quieres conmigo?

- yo solo quiero el dinero que hay por tu cabeza... ¿Qué Quién soy?, Soy la muerte y no podrás escapar de mi.

Ok. Estaba seguro de que no había hecho nada para enfurecer a los lobos arcadios. La mayoría del tiempo él no se metía en problemas, podía ser estúpido pero aun no era un suicida. Y si ese lobo quería su cabeza, debería trabajar para obtenerla. No se dejaría vencer fácilmente, al menos no sin antes enloquecerlo un poco.

- Sabes - dijo Draco, echando mano a toda la arrogancia que solía utilizar cuando hablaba con alguien que creía inferior a él en Hogwarts. - apuesto a que la mayoría de los lobos ensucia sus pantalones cuando dices esa línea. ¿Pero sabes una cosa, "señor quiero ser espeluznante y estoy fallando miserablemente"?. No soy un lobo, soy un mago que sobrevivió a tipos mas desquiciados que tu, y en el gran esquema de las cosas, tus palabras no significan una mierda para mí.

Con esas palabras el lobo que mantenia retenida a Kayla la soltó, para irse sobre Draco, y uno de sus hermanos la atrapó a tiempo para ponerla a salvo del resto de los atacantes.

El limani prohibía derramar sangre, pero la regla implícita decía que si no eras el primero en atacar, entonces serian indulgentes contigo, al menos no serias expulsado de por vida. Draco sabia eso, así que había provocado al lobo para que soltase a Kayla y fuese sobre él. Aunque su plan tenía algunas fallas, resultar muerto era una de las grandes posibilidades.

Así como los Katagarias eran más fuertes en su forma animal, los arcadios lo eran en su forma humana. Al ser descendientes de magos humanos y Apolitas, que fueron cruzados con animales, los were eran mucho más fuertes que cualquiera de las tres especies por separado.

Draco era solamente un mago humano. Así que su magia no era comparable con la de los weres, ya que él aun necesitaba usar su varita para controlarla. Él era buen legeremante, y en ciertas ocasiones podía ver en la mente de otros y predecir sus movimientos sin usar la varita, pero al parecer esta no sería la ocasión.

Cuando el lobo lo alcanzó, lo tumbó directamente al piso y aterrizaron con un duro golpe. Fue doloroso, pero no tanto como cuando era uno de los osos quien lo atacaba amistosamente. Draco a menudo solía luchar con sus hermanos en sus tiempos libres.

Atentos a las reglas del santuario, nadie más se movió, ni para socorrer a Draco, ni para ayudar al lobo. Hermione tenía su hulbart tan fuertemente agarrado que sus nudillos se habían vuelto blancos. Sabiamente uno de los osos se había interpuesto entre ella y la pelea, para evitar que complicase más las cosas.

Draco estaba indefenso. A tan corta distancia su varita era inútil, salvo que usase algún encantamiento asesino, cosa que no deseaba hacer. El peso y la fuerza del lobo arcadio era demasiada para él, y solo le quedaba una opción si quería ganar aquella lucha.

Segundos después de que el arcadio tomase su forma de lobo, seguramente para arrancar su garganta, Draco hizo lo más sabio y tomó su forma animaga. Por suerte para él, sabía usarla bien y no era necesaria una varita para poder adquirirla.

Él había logrado convertirse en animago casi un año después de llegar al santuario. Maxis, el dragón katagaria que vivía en el ático, lo había animado a que llevara a cabo el proceso y lo había logrado en su segundo intento. Claramente él no estaba registrado, pero al vivir en un mundo de cambiantes, su forma animaga era algo necesario para protegerse.

Él había estado aterrado mientras llevaba a cabo el encantamiento que lo dejaría asumir una forma animal. Todos los libros que había investigado decían que no podría elegir la forma, y que ella vendría dada por aquello que había en su corazón. En esa época, Draco había tenido miedo de convertirse en una rata, un gusano o algo peor.

Habían sido lo osos y Ash quienes lo habían animado mientras realizaba el proceso. Ellos habían visto cosas en él que él mismo no veía, y cuando finalmente el conjuro estuvo listo, Draco se había convertido en un gigantesco ligre.

Su aspecto animago era el de un monstruoso león con rayas de tigre difusas, su pelaje era casi blanco, igual que su cabello. Y al igual que los leones, su ligre tenía melena.

Maxis había dicho que probablemente había asumido una forma hibrida debido a que él mismo no tenía idea de quién era realmente en ese entonces. Draco simplemente estaba feliz de no ser un gusano. Los ligres generalmente median alrededor de cuatro metros de largo y podían pesar cerca de quinientos kilos, lo que era útil cuando luchaba con los osos Peltier, y ahora mismo contra el gran lobo que lo atacaba.

Los lobos que acompañaban al que había atacado a Draco, se encogieron al ver la masiva forma animaga de quien se suponía debía estar indefenso. Ellos habían aceptado el encargo de Apolo pensando que sería algo sencillo. Después de todo, el mago era un simple humano. Pero al parecer aquello no sería tan fácil como creían.

El lobo había mordido su hombro instantes antes de haberse transformado y si bien dolía espantosamente, la primera gota de sangre derramada había sido la suya, y eso le daba permiso de defenderse sin hacer peligrar el Santuario y sus sacrosantas normas.

Si el santuario alguna vez perdía su estatus de refugio, los enemigos de todos los que vivían allí, caerían sobre ellos como hormigas a la miel. El limani era lo único que impedía que muchos de los renegados residentes fueran asesinados.

Draco solo quería sacarse al lobo de encima, pero el dolor que sentía era demasiado como para poder medir la fuerza que imprimía en su contraataque. Al parecer, un animago si era contrincante para un arcadio. Bastó una sola mordida bien colocada para que su atacante cayese muerto sobre él .

Stone, otro de los lobos arcadios, dejó escapar un espantoso grito de dolor cuando vio a su padre masacrado por el mago que debían asesinar.

Cuando Draco recuperó su forma humana, sus ropas habían vuelto tal como habían desaparecido al volverse un ligre, pero ahora comenzaban a llenarse de sangre, producto de las dolorosas mordidas que había recibido.

El lobo que gritaba al ver a su compañero muerto en el suelo, cayó de rodillas sollozando mientras el resto de la manada observaba con incredulidad.

- ¡TE MATARÉ IDIOTA! – Chilló Stone - ¡LO JURO, LOS MATARÉ A TODOS POR ESTO! ¡Y EMPEZARÉ ESA MUJER, LA QUE APESTA A TI MAGO!, ES UNA PROMESA.

-ya ha habido bastante muerte Stone. Ve a casa por el amor de los dioses, llévate a tu padre y dale un entierro digno.

Nicolette estaba impresionada por la habilidad de Draco, pero no deseaba que el santuario estuviera más comprometido. Si una guerra se desataba dentro del bar, el omegrion, que era el organismo que regia a los de su especie, podría quitarle el estatus de santuario y toda su familia estaría en riesgo. Amaba a Draco, pero exponer a toda la familia por protegerlo simplemente no tenía sentido.

- ¡ME HAS OIDO MAGO, MATARÉ A TU CHICA Y HARÉ QUE LO VEAS!

- Chico, mejor será que aprendas a escuchar. Se acabó. Toma a tus compañeros y vete a casa mientras todavía estás en este lado de la tumba. Es una oferta antigua y está a punto de expirar. Vete.

Draco pudo ver como Stone y el resto de los lobos se llevaban el cuerpo de quien los había atacado. Él se fue, pero la promesa en sus fríos ojos era evidente. Stone volvería y le haría pagar por haber matado a su padre.

-esto no ha terminado - gruñó Stone.

- Conozco el cliché Lobo. Sé que dirás que esto no terminará hasta que uno de nosotros esté muerto - le lazó una sonrisa satisfecha e insultante a Stone y su manada. - Y para que conste, ese no seré yo. Y es mejor que lo sepas ahora, tocas un pelo de mi familia, y eres lobo muerto.

El cuerpo entero le dolía y palpitaba. Draco apenas podía moverse de dolor. Peor, su cabeza le latía mientras luchaba por mantenerse consciente. Hacerlo era difícil. Los lobos se habían retirado instantes antes, y la primera en llegar a él fue Hermione, que cruzó su brazo sobre su espalda y lo sostuvo de pie.

- Gracias Draco, salvaste a mi Kayla.

- es lo menos que podía hacer mamá. ¿Puedo tomarme unos minutos para recoger mis cosas y colocar algo de díctamo en mis heridas, antes de irme?

- toma el tiempo necesario cachorro. Esto solo es temporal, lo sabes ¿sí? Si fuera por mí no te exigiría esto.

Hermione hervía de la ira. Luego de lo sucedido, y después de que nadie hubiese intervenido para ayudarlo, Nicolette simplemente aceptaba que Draco se fuese aun estando herido.

- ¿qué?, ¿Está expulsándolo del santuario luego de ese feroz ataque?

- Así son las reglas Cazadora y Draco las conoce bien.

- es un mago, no un were. No puede lanzarlo a la calle luego de que casi muere intentando proteger a su hija.

- shh Hermione, son las reglas del santuario. Sé que debo hacer. No pondré en riesgo este sitio por algo que yo hice. Al menos fue él quien atacó primero, o Nicolette debería estarme matando en este momento. De esta forma solo es una expulsión temporal.

- ¿Qué?, eso es barbárico.

- son las reglas, tu amas las reglas. No es algo justo pero es una ley, y no la romperé. Debo recoger mis cosas, ¿me ayudarías?

Draco subió lentamente las escaleras mientras la sangre goteaba de sus heridas. Él estaba contento de tener grandes cantidades de pociones anestésicas, cicatrizantes y antisépticas. Ser el escudero no oficial de Acheron, lo obligaba a tener un botiquín bien surtido y estaba agradecido de eso en ese instante.

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Siempre era agradable poder pasar esas fechas con los osos katagaria. Nadie sabía festejar como los Peltier lo hacían. Además eran los únicos que comprendían a Simi y no se horrorizaban por sus hábitos alimenticios.

Ella descansaba ahora sobre su corazón, con la forma de un tatuaje de un estilizado dragón de colores. Acheron caminaba despacio. La mayoría de sus cazadores no saldría esa noche ya que rara vez había Daimons en la ciudad por esas fechas, pero él patrullaría un poco para no perder la costumbre.

De pronto las voces comenzaron a zumbar a través de su mente. Como en las malas películas, su sentido arácnido se había activado. Ash cerró sus ojos y localizó la fuente de las voces. Cuatro Daimons varones y dos hembras estaban en un callejón cercano atacando a una mujer.

Estaba a punto de volver al bar por su motocicleta, pero decidió que los medios convencionales de transporte no serian tan efectivos como sus propios poderes. Volver al bar le quitaría valiosos minutos y puede que fuera demasiado tarde al regresar.

Echando un vistazo alrededor, se aseguró de que nadie lo pudiera ver, recogió los iones en el aire alrededor de él y dejando que su cuerpo se desintegrase, dobló las leyes de la física, del tiempo y la materia.

Sin ser visto se movió a través de la ciudad, y destelló directo en el callejón para cerrar el paso a los Daimons que rodeaban a la mujer. Ella estaba encogida en una esquina, chillando horrorizada y abrazándose así misma.

Ash hizo aparecer su bastón de lucha y en unos cuantos movimientos, los Daimons macho eran historia. Por cortesía dejó marchar a las hembras, mas antes que después alguna de las cazadoras se haría cargo. Si bien las mujeres eran tan letales como los hombres, a él no le agradaba asesinarlas. En realidad no le agradaba asesinar a nadie, pero ese era su triste oficio.

Cuando se giró para comprobar el estado de la mujer que había sido atacada, ella se levantó y corrió hacia él para abrazarlo y besarlo apasionadamente. Ella era rubia, hermosa y de ojos anormalmente celestes.

- demonios Artemisa.- gruño él, apartándola a la fuerza. – quítate de encima.

Ella hizo un ruido irritado, como el de uñas en una pizarra, y cambió de su disfraz humano a su radiante belleza de diosa. Su cabello rojizo se rizaba entorno a sus hombros descubiertos. Mientras se paraba con sus manos en su cadera, hacia pucheros en su dirección y sus ojos verde esmeralda llameaban indignados.

- ¿Cómo supiste que era yo?

- ¿después de once mil años no piensas que se cuál es tu sabor?

- apuesto a que si fuera realmente humana, te habrías acostado conmigo esta noche.

Ash suspiró cansado. Y luego de hacer desaparecer su bastón de lucha cruzó sus brazos sobre su pecho. Todo su humor festivo se había evaporado con la inoportuna visita de Artemisa.

- no tengo tiempo para tus celos infantiles. Sabes, tengo otras cosas de las cuales encargarme.

- soy una de esas cosas de las cuales debes encargarte, amor. Ven a casa conmigo Acheron. Hare que valga la pena tu tiempo.

Ash se encogió de hombros. Él estaba irritado, y haría que ella se sintiera igual.

- tengo dolor de cabeza.

- Santos cielos Acheron. ¡Has tenido dolor de cabeza doscientos años!

- yo diría que ha sido más de doscientos años. Es más, mi dolor tiene nombre. ¿Adivina qué?, se llama Artemisa.

- te odio.

- Oh, no me hagas ilusionar. Casi me provoca una erección ese pensamiento. Al menos dime que esta vez tu odio durará más de cinco minutos.

Ella trató de abofetearlo por eso, pero él atrapó su mano. En lugar de eso ella lo besó mientras le colocaba una mano en la entrepierna para tocarlo por sobre sus pantalones vaqueros. Unos cuantos milenios atrás, ese gesto era suficiente para convencerlo de ir a su templo y hacerle el amor hasta quedar saciada de él.

- Artie, para ya. ¿Solo has venido a eso? Estuve en tu templo hace menos de doce horas. Deberías encontrar un pasatiempo que no sea saltar sobre mí.

- he venido a contarte algo que me dijo Apolo. – ella comenzó a delinear sus pectorales con una larga uña pintada de rojo sangre.- odio cuando ensucias así tu cabello Acheron, ¿y que son esas cosas en tu labio y tu nariz?

Ash sintió desaparecer el clavo que perforaba su nariz y las tres argollas que había puesto en su labio inferior. Apretó sus dientes mientras sentía los agujeros cerrarse. Sin duda su cabello había vuelto a ser rubio otra vez.

- demonios Artemisa. No eres mi dueña.

Los ojos de la diosa brillaron peligrosamente y la afilada uña roja de su índice derecho se clavó en su pectoral. No lo lastimaba, pero era lo suficientemente doloroso como para irritarlo.

- tu me perteneces, Acheron Parthenopaeus - dijo ella con una chillona voz llena de furia y posesión. – todos ustedes. Mente, cuerpo, y alma. Nunca lo olvides.

- No tienes ningun control real sobre mi, Artie. Sabes eso, tu me temes porque, al fin y al cabo, mis poderes ponen en ridiculo a los tuyos.

- oh no, amor mio. Siempre que tu ejercito de cazadores oscuros y los humanos a los que protegen signifiquen mas para ti, que tu mismo, tendré poder sobre ti… Cuando estés dispuesto a negociar por la información que iba a darte voluntariamente, sabes donde buscarme Acheron.

Ella le sonrrió friamente y luego brilló intermitentemente saliendo del reino humano, muy probablemente hacia el monte Olimpo.

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Harry Potter, jefe de departamento de aurores, revisaba los pergaminos que tenia con informacion sobre los asesinatos de sus mejores amigos. Habían pasado seis meses y aun seguia tan perdido como el primer dia. El cuerpo de Hermione aun no había aparecido, y ni siquiera los cientificos forenses muggles habían hallado un rastro de donde podria estar.

Afortunadamente el equipo forense hibrido que había dispuesto, había logrado identificar los cuerpos de Malfoy Manor. Usando la mas avanzada tecnologia muggle y un cuerpo de aurores bien entrenado, habían logrado resolver a medias lo que había sucedido con sus amigos.

Los tres cuerpos en la mansión incendiada pertenecian a Walden Macnair, Thorfinn Rowle y Evan Rosier. Según los patólogos forenses, los hombres no habían muerto a causa del fuego. Todos ellos presentaban signos de tortura antes de ser degollados y Macnair, a su vez, también había sido eviscerado.

Todos los asesinatos perpetrados en la casa de Ron y Hermione habían sido realizados por los tres ex mortífagos. También Había pruebas de que Macnair había participado en la macabra escena de la habitación matrimonial.

No tenía que ser un gran investigador para ver que las muertes de los ex mortífagos era una fiel recreación de los asesinatos de su amigo, sus sobrinos y sus suegros. Lo único que no cuadraba era la desaparición de Hermione, habían hecho cientos de pesquisas en busca de su cuerpo y todas habían sido infructuosas.

La única hipótesis clara era la absurda teoría de la reaparición fugaz de Malfoy y el robo del cuerpo sin vida de su mejor amiga. Pensándolo más calmo, Harry no creía que Malfoy hubiese salido del agujero, donde llevaba escondido más de diez años, solo para robarse un cadáver.

Probablemente Draco estuviese igual de muerto que Hermione. Pero la prensa había tomado esa hipótesis como verídica y toda clase de teorías conspirativas se tejían alrededor.

Aparentemente el cerebro de aquella operación había sido Rowle, quien guardaba un gran rencor contra Hermione porque ella había sido quien lo venció cuando lucharon en el café del Londres muggle, durante la búsqueda de los horrocruxes.

Rowle planeaba vengarse de Hermione y usar el hecho de haberla asesinado como propaganda para hacerse un nombre y alzarse como el nuevo mago oscuro. Pero aun no le quedaba claro quién lo había asesinado a él y a sus mortífagos.

La puerta de su oficina se abrió de golpe.- Permiso, ¿Señor Potter?, aquí hay alguien que desea hablar con usted.

- ¿Quién es?- su secretaria se encogió de hombros.

- no lo dijo, solo dijo que tenía información sobre el caso Weasley-Granger

Harry acomodó rápidamente los pergaminos sobre su escritorio y se sentó muy derecho esperando que esta vez, quien fuera que cruzara la puerta, trajera pistas verídicas.

Un hombre de corto cabello entrecano, un caro traje de diseñador y un sofisticado maletín muggle cruzó la puerta. Harry no entendía como alguien con un aspecto tan poco mágico había logrado ingresar al ministerio, y más precisamente a su oficina.

- buenos días señor Potter, mi nombre es William Laurens. Tengo entendido que el señor ministro de magia se reunirá con nosotros en breve. Si no le importa, desearía revelar esta información solo con él presente.

- buenos días, tome asiento entonces señor Laurens.

Harry le señaló el asiento libre de su escritorio y Laurens tomó asiento. Aquello era extraño. Alguien con toda la pinta de ser un abogado muggle había entrado a su oficina y simplemente le había dicho que tenía apuntada una reunión con él y el ministro de magia, como si nada.

Cinco silenciosos minutos después, el ministro de magia ingresó a su oficina. Kingsley Shacklebolt había reasumido el cargo de ministro luego de que Hermione dimitiese a principios de ese año. Era su tercer periodo como ministro de magia y solo Hermione podría ser mejor para ese puesto que el antiguo auror.

- Señor Laurens, auror Potter, disculpen la demora. Ahora que estamos todos reunidos podemos escucharlo señor Laurens.

- no se preocupe señor ministro.

Cuando los tres hombres tomaron asiento, el tipo con aspecto de abogado extrajo una carpeta de cuero de su maletín. A Harry le llamó la atención el símbolo que tenia labrada la carpeta en su tapa. Un doble arco y flecha, él solamente había visto ese dibujo una vez antes, en un hombre que se había interpuesto entre él y unos vampiros que perseguía con su escuadrón de aurores.

- estoy aquí para entregarles un informe completo de lo sucedido en el caso Granger-Weasley. Esta es la versión oficial y allí adentro encontrará todo lo que debe hacerse para cerrar el caso correctamente.

El tipo le extendió un archivo de varias páginas y la mandíbula de Harry casi se cae ante la información que allí encontró. Aquello tenía que ser una mala broma, aunque no veía a nadie reírse.

- ¿Cómo que la causa de muerte de los mortífagos fue inhalación de humo producto del incendio ocasionado por una vela?... Disculpe, pero el cuerpo de Hermione no fue encontrado en las ruinas de la mansión.

Laurens lo ignoró y se dirigió directamente a Kingsley.

- como sabrá señor ministro. Es de suma importancia que se mantenga la total discreción en este caso y que se cierre de forma inmediata.

- así será señor Laurens. Llamaré a una conferencia de prensa y esta misma tarde se dará por cerrado el caso.

El hombre guardó la carpeta de cuero en su maletín y luego tendió su mano hacia Harry, que aun no salía de su asombro por la forma en la que Kingsley había aceptado las ordenes de Laurens.

Cuando él se hubo ido, Harry releyó el archivo rápidamente y se dirigió al ministro que aun no se había marchado. Aquello era aun más extraño que la desaparición del cuerpo de su amiga.

- que es esto Kingsley. Ambos sabemos que no tenemos idea de lo que sucedió con Hermione. ¿Cómo haremos para desmemorizar a tantas personas?

- debe hacerse Harry, y cuando termines de hacerlo, tú mismo también serás desmemorizado.

-¿QUÉ, POR QUÉ?

- Hay más cosas ahí afuera de las que conocemos. El mundo mágico solo es la punta del Iceberg.

- no estoy entendiendo. Un muggle viene a mi oficina, te muestra un dibujo y ¿tú aceptas todas las patrañas escritas en un archivo idiota?

- ese dibujo que tú dices Harry, es el símbolo de una organización mucho más grande de lo que podemos dimensionar. Si ellos dicen que esto – dijo Kingsley señalando el archivo- es lo que sucedió, entonces esa será la palabra oficial.

- deja de ocultarme cosas. ¿Qué está sucediendo?

-no puedo decírtelo Harry. Lo siento. Pero descuida. Cuando todo lo que hay que hacer sea hecho, tú también estarás conforme con la versión que el señor Laurens nos dio.

- no. Me niego. Quiero saber la verdad. Estamos hablando del asesinato de mis amigos.

- entonces no tengo otra alternativa. Lo siento. ¡IMPERIO!

Kingsley hechizó a Harry porque sabía que era la mejor alternativa. Harry nunca abandonaría la investigación si no era de esa forma.

Laurens no era un simple abogado muggle, él era miembro de una amplia red de escuderos que servían a los cazadores oscuros de Artemisa.

Cada ministro de magia recibía cierta información cuando asumía el cargo y hacia un juramento inquebrantable de no divulgarla. Una de ellas era el hecho de que cuando alguien apareciese con el símbolo del doble arco y flecha, eran ellos quienes tenían el mando. Todo lo que el emisario anunciase seria tomado como una orden y no habría lugar para cuestionamientos.

El caso Weasley-Granger seria cerrado ese mismo día con la información que Laurens había otorgado. Y los resultados de las investigaciones anteriores serian modificadas sistemáticamente hasta coincidir con la versión oficial.

A partir de ese momento, y para siempre, Hermione Granger había muerto en su casa y su cuerpo había sido robado y trasladado a Malfoy Manor antes de que esta se incendiase por culpa de una vela que rozó una pesada cortina.

Kingsley no se tomaría el trabajo de desmentir el mito urbano de que fue Draco Malfoy quien se había escapado con el cadáver de Hermione. El joven Malfoy había desaparecido sin rastros luego de la guerra, y ese caso aun seguía sin resolverse, pero era más fácil dejar que todos creyesen lo que querían y no inmiscuirse en asuntos más grandes que ellos mismos.

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Si Hermione pudiese morir por un paro cardiaco masivo causado por un susto de muerte, todos ellos deberían estar buscando un bonito ataúd para colocarla. Y dado que en Nueva Orleans las capas freáticas eran demasiado altas, probablemente también deberían ir construyendo un mausoleo.

- ¡Acheron hijo de…!, recuerda que soy un jodido mortal. Casi morí hace un rato, no vengas a terminar lo que el lobo no pudo.

Hermione volvió a sorprenderse de la familiaridad con la que Draco trataba a Acheron. Si bien ella había apuñalado a su jefe cuando estaba siendo entrenada, aun poseía un saludable respeto por el atlante.

Ambos estaban nerviosos luego del ataque de los lobos arcadios y la repentina aparición de Acheron los había tomado por sorpresa mientras Hermione intentaba curar las heridas que Draco tenía en su cuerpo.

- ¿quieres una mano con eso?

- si por favor.

Con una mirada Ash indicó a Hermione que se apartara. Ella así lo hizo y se maravilló al ver como las heridas de Draco desaparecían instantáneamente a medida que Ash las recorría con sus manos.

- Gracias Ash.

Draco comenzó a mover su brazo y hombro comprobando que pudiera usarlo con comodidad. Al parecer Acheron había sanado perfectamente sus heridas. Tener como amigo un tipo capaz de sanar completamente sus magulladuras, tenía sus ventajas.

- dijeron los osos que los lobos quieren matarte. ¿Tienes idea de por qué?

- no. Esperaba que tú pudieras decírmelo.

- estoy en blanco sobre eso.

- igual que nosotros. Llegaron, tomaron a Kayla como rehén, exigiendo que me entregara y lo siguiente que supe es que tenía un lobo de doscientos kilos yendo por mi garganta.

- Kayla dijo que estuviste estupendo en la pelea. Lamento lo del lobo.

- sí, no fue mi intención matarlo. Nunca había usado mi ligre para una lucha real y no sabía cuanta fuerza tiene realmente.

- Hermione, hay algo que te está incomodando. Dime que es.

- uno de los lobos dijo que vendría por mí. ¿Sabes por qué?

- es sencillo. Buscarán vengarse de Draco por haber matado a uno de los suyos. Como los osos son fuertes, irán por lo que piensan es el eslabón mas débil. O sea tú.

- ¿por qué yo?, o sea no soy de su familia ni nada.

- hueles a él.

Hermione alzó una ceja. Si bien ellos habían estado besándose antes de que los lobos llegaran, no creía que eso fuera suficiente como para "oler a él". Además se había bañado dos veces desde que Draco había abandonado su casa esa tarde.

- no es posible…

- no es una cuestión de perfumes. Es más una huella química. Algo de rastreadores. Los arcadios creen que eres su mujer, irán por ti, pensando que eso es lo que más le dolerá y luego lo matarán para cumplir con el encargo.

- ok. ¿Alguien más tiene una ulcera? Hay un idiota allá afuera que me quiere muerto y pagó por ello. Luego me cargo un lobo dentro del santuario y hago que una manada no solo quiera mi cabeza, sino amenaza a cualquiera que ande cerca. Y la frutilla del postre: debo irme de aquí ahora.

Acheron ignoró el festival de drama que Draco estaba dando y siguió su conversación con la cazadora.

- ¿Cómo detenemos a los lobos que nos quieren muertos?

- con mucha fe y haciendo exactamente lo que les diga. Si cada uno hace lo que debe, entonces las cosas deberían resolverse favorablemente.

- ¿y si no lo hacemos?

- entonces estarán jodidos. Tú estarás muerto y Hermione será una sombra, dado que no tiene un alma.

- por Merlín Ash – dijo Draco sarcásticamente - eres verdaderamente un maldito consuelo.

Hermione le lanzó una mirada curiosa al rubio, mientras que Acheron solo esbozó una mirada sardónica.

- intento serlo de todos modos.

- pues fallas miserablemente.

Acheron intentaba ver en el futuro de Draco pero solo había una blanca neblina allí. Odiaba cuando eso sucedía, porque indicaba que el destino del chico estaba ligado al suyo propio. Tampoco podía ver el de Hermione, pues de alguna forma ella estaba enredada en todo eso.

Hasta hace unos años, el futuro de la cazadora era completamente visible para él. Ella seguiría siéndolo por seis siglos más y luego conocería a quien debía liberarla. Ella lo salvaría de un grupo de Daimons en Rusia y él la salvaría de sí misma. Tendrían tres hijos y envejecerían juntos rodeados de una enorme familia.

Eones atrás un muy buen amigo suyo, el filosofo griego Platón, afirmaba que los humanos originalmente tenían cuatro brazos, cuatro piernas y una sola cabeza hecha de dos caras.

Los humanos originales tenían una gran fuerza en ese momento y amenazaron con conquistar a los dioses. Los dioses se enfrentaron entonces a la perspectiva de destruir a los humanos, como habían hecho con tantas razas antes de ellos, pero perderían inevitablemente los tributos que los humanos les ofrecían.

Fue entonces que Zeus desarrolló una solución creativa al problema que la humanidad representaba. Él dividió a los humanos por la mitad como castigo por su orgullo y duplicó su número para que fueran más los que rindieran tributo a los dioses.

Los humanos divididos se encontraban en profunda miseria y comenzaron a perecer, por lo que Apolo los había cosido y reconstituido sus cuerpos con el ombligo como único remanente y recuerdo de su forma original.

Desde ese entonces cada humano siempre andaría por el mundo anhelando su otra mitad; la otra mitad de su alma. Se dice que cuando las dos partes de un alma se encuentran en el momento correcto, hay una comprensión tácita y que se sienten unidos más allá de todo lo racional.

Platón no estaba tan equivocado cuando hablaba de las almas gemelas. Él mito tenía cierta base real, solo que no había sido Apolo quien los había unido, sino Eros, pero había sido el dios solar quien se había arrogado el merito.

Lo que Platón nunca supo, es que las almas humanas son normalmente inmortales, al contrario de sus cuerpos. Y ellas continuaban buscándose a través de las sucesivas vidas que vivían. En algunas se hallaban y permanecían juntas, en otras no lo hacían y vagaban buscándose una a la otra.

Era por eso que los cazadores oscuros batallaban contra los Daimons, porque cuando uno de ellos obtenía un alma esta decaía hasta desaparecer completamente abandonando a su otra mitad para siempre.

Acheron estaba seguro que el hombre que liberaría a Hermione sería su alma gemela, generalmente eran los únicos capaces de liberar a los cazadores oscuros. Pero ahora no sabía que sucedería exactamente.

El destino nunca es lineal y simple. Si cambias una insignificante cosa, esta tumbaría el gran dominó de sucesos que llevarían a reescribir cientos, sino miles de vidas a su alrededor.

Probablemente las cosas serian distintas si él no hubiese traído a Hermione a Nueva Orleans. O su cazadora estaría completamente a salvo si Simi no la hubiese hecho entrar al club esa noche, o si él hubiese llevado a Draco a otro sitio cuando llegó a ese tiempo.

No sabía exactamente que había desencadenado la amenaza de muerte hacia Draco, pero sospechaba que Artemisa si lo hacía. Sospechaba que todo el circo que había armado para verlo tenía que ver con eso y tenía el mal presentimiento de que era Apolo quien estaba detrás de todo esto.

- creo que sé dónde puedo averiguar qué es lo que está sucediendo.

- pues vamos. Terminemos con esto rápido

Hermione podía sentir el cosquilleo en su nuca que anunciaba la cercanía del amanecer. Y solo quería irse a casa y dormir. Ese día había tenido demasiadas emociones y solo deseaba quitarse las botas y beber una cerveza de mantequilla con los pies sobre la mesita de café.

- no, solo puedo ir yo, y no sé cuánto tiempo me llevará volver. Mientras esté ocupado necesito que ustedes dos se mantengan unidos y cuiden sus espaldas. Quien sea que contrató a los lobos no se detendrá fácilmente, y ahora que la manada completa tiene una vendetta personal contigo – dijo señalando a Draco con su barbilla- matarán a cualquiera que se interponga.

- lo sé. Ahora que estoy curado me iré al pantano. Está bajo un fidelio y tú eres el guardián, así que debería ser un sitio seguro.

- es verdad. La casa del pantano debería servir por un tiempo. Cuando sepa algo iré a verlos.

Y así como había aparecido, Acheron se fue dejando a Hermione con más preguntas que respuestas a lo sucedido.

- muy bien cazadora. Ya tienes tus órdenes. Permiso. ¡BAULEO!.

Todas las cosas de Draco comenzaron a flotar en la habitación y una a una fueron ordenándose en una mochila negra que descansaba sobre un rincón. Sin duda había un hechizo de expansión en ese bolso.

- no sé qué está pasando. Esto está yendo demasiado rápido. Acheron siempre es demasiado vago cuando habla, pero hoy ha sido totalmente confuso.

- al menos hoy no jugó al oráculo. Ash quiere que estés en un lugar seguro Hermione. No tenemos idea por qué van por mí, pero oíste a Stone, quieren ir por ti primero. Si yo muero probablemente renazca en unos cuantos años, nada grave sucederá. Si tu muer serás una sombra, nadie quiere eso.

- puedo cuidarme sola.

- lo sé, pero si Acheron dice que debemos cuidarnos las espaldas, es por algo. Confío ciegamente en su criterio, eso me ha mantenido vivo por bastante tiempo.

- pero no puedo marcharme así nomas. No tengo nada aquí. Necesito ir a casa inmediatamente.

- bueno… a menos que tengas una relación especial con Apolo de la que deba saber, eso es tan probable como que yo gane la lotería, lo cual sería probable si Ash compartiera los números conmigo. Maldito atlante egoísta… Está amaneciendo Hermione, no llegarías a tu casa antes de que el sol te alcance. Así que prefiero que usemos el poco tiempo que queda para llegar al pantano.

Ella se puso rígida, esta vez Draco tenía razón y decidió no discutir con él. No había fallas en su lógica y no quería ser barbacoa de Hermione si el sol la alcanzaba antes de estar bajo un techo seguro.

Cuando bajaron al club, todos los osos los estaban esperando y se notaba que mamá Nicolette había llorado, a juzgar sus ojos enrojecidos.

- je t'aime mon petit sorcier

-moi aussi maman ours

Hermione entendió la frase que Nicolette y Draco habían intercambiado en francés. Ella le decía "te quiero mi pequeño hechicero" y él le había contestado "yo también mamá osa".

Nicolette era una mujer rubia de ojos verdes que aparentaba unos cuarenta y tantos años de vida. Salvando las distancias, y el hecho de que Nicolette en realidad era una osa, ella tranquilamente podría ser la madre de Draco. Había cosas en ella que recordaban fácilmente a Narcissa Malfoy.

- promete que te cuidarás Draco. Maman dijo que podrías volver en el futuro.

- así es hermanita. Volveré cuando menos lo imagines.

Kayla, la cachorra que Draco había salvado del Lobo, lo abrazó fuertemente y lloró en su hombro al saber que debía marcharse. Aquello era demasiado injusto. Draco estaba en peligro de muerte y debía salir del único sitio que lo mantendría realmente seguro, por culpa de los mismos tipos que lo perseguían.

Uno a uno los hermanos Peltier lo abrazaron y varios cachorros de oso se sujetaron a sus piernas. Hermione no podía creer todo el amor que él había sabido ganar en ese sitio. Draco había sido una persona arrogante que si bien siempre había estado rodeado de personas, a simple vista no parecía ser alguien que despertase amor en las masas.

Cuando los saludos hubieron terminado, él la guió a la parte trasera del club y colocó su mochila bajo el asiento de una masiva motocicleta verde oscuro con detalles plateados. Él se había reído de su motocicleta con los colores de Gryffindor, y resultó que la suya tenía los de Slytherin.

- ¿estás lista?

- ni un poco.

- bueno, tienes como treinta segundos para estarlo. Ponte este. – Le dijo ofreciéndole un casco negro que había estado colgado del manubrio de la moto.- ¡accio casco!

- sabes, usar un accio para atraer un casco que se encuentra a tres metros es un desperdicio de magia.

- soy un mago Hermione. Tengo el poder para atraer cosas a mí, no desperdiciare ese talento caminando. Apuesto a que tu también atraes cosas con tu telequinesia.

- mi telequinesia es táctica. Debo tocar los objetos para poder moverlos.

- ¿algo así como súper fuerza?

- más o menos.

- interesante, luego debatiremos sobre eso. Ahora póntelo y vámonos antes de que tengamos una Hermione extra crujiente en la acera.

Draco no había mentido cuando dijo que su motocicleta era mucho más poderosa que la de ella. La bestia que él manejaba devoraba las distancias como un monstruo hambriento y la velocidad le hubiese dado pavor si no supiera que probablemente no moriría si tenían un accidente.

Cuando llegaron al borde del pantano ella comenzó a inquietarse, el amanecer estaba demasiado cerca y no veía que hubiera un sitio donde guarecerse. Comenzaba a sospechar que hubiese sido mejor idea ir a su casa.

- Hermione Granger, bienvenida a mi humilde hogar.

- no veo nada allí.

- cierto. Ten - Draco extrajo un papel de su bolsillo y se lo tendió.

Esa era una caligrafía perfecta y ella la conocía muy bien. Era la letra de Acheron. Ella la reconocería en cualquier sitio, porque el manual del que había aprendido todo lo que sabía sobre los cazadores oscuros, estaba escrito de puño y letra por él.

"La casa de Draco Malfoy puede ser encontrada en la parcela veintitrés, al sur del Bayou. Nueva Orleans."

-Ash es el guardián del fidelio. Y solo él puede revelar el sitio donde se encuentra mi casa.

Hermione recordaba bien la magia del hechizo fidelio. El número doce de Grimauld Place había estado bajo uno y había sido en forma similar que se les había divulgado su ubicación.

Ante ella pudo ver una pequeña casa hecha de madera que se erguía resuelta sobre unos pilares en el centro del pantano. Aquel sitio no parecía ser algo del abolengo que hubiese adjudicado a Draco, pero resultaba que él ya no era quien ella creía.

- llevo cinco años construyéndola. Es pequeña pero funcional, ven.

Él la guió por una angosta pasarela de madera bastante endeble y cuando ingresaron supo que había mucha magia en esa construcción. Allí no había nada modesto ni pobre. Al parecer por dentro era mucho más grande que por fuera y el gusto en la decoración era exquisito.

- ¿Qué haremos aquí hasta que Acheron vuelva?

- mmm, no lo sé. Hay muchas cosas que se me ocurren. La mayoría de ellas te implican estando sudada y jadeante.

- ¡DRACO!

- ¿qué?, hace tiempo no vengo. Esto está bastante sucio. Podríamos ponernos a limpiar…

Ella golpeó su hombro enojada. Él estaba jugando con ella y por un instante la había ilusionado con su propuesta. De pronto él se colocó a sus espaldas y suavemente corrió la maraña de rizos para despejar su oreja y cuello. Y con una voz decadente comenzó a hablarle.

- aunque si limpiar no es lo que deseas. Tengo otras ideas en mente. Todas ellas te dejan a ti sudada y jadeante. ¿Quieres probar alguna?...

-o-

N.a: fin del capítulo cinco. Espero que les haya gustado. Gracias a todos por sus reviews, me encanta leerlos y espero con ansias sus opiniones y teorías. ¡HASTA LA PRÓXIMA!