Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo detallado en la saga cazadores oscuros de Sherrilyn Kenyon, mezclado con el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a las dos autoras, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.
**CLARACIÓN: NO ES NECESARIO LEER O HABER LEIDO LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS PARA ENTENDER LA HISTORIA, YA QUE LAS PARTES IMPORTANTES DE LA TRAMA SERÁN EXPLICADAS. **
*SI LEISTE LA SAGA: puede que algunos personajes y/o destinos de los mismos hayan sido levemente modificados por el bien de esta trama.*
-o-
Capitulo 6:
La barca se alejaba lentamente hacia el horizonte, donde el sol comenzaba a elevarse. Alíates partía en busca de sus redes de pesca como cada mañana, luego de presentar sus respetos hacia la gran diosa Apollymi, y ella contaría los latidos de su corazón hasta verlo regresar.
Britomartis lo observaba desde la playa con su pecho inflamado de amor. Desde que ese hombre la había rescatado de las aguas del mar, él había sido todo y más de lo que alguna vez había soñado.
Ella, al contrario de su media hermana Artemisa, siempre había soñado con conocer a un hombre que moviese los cimientos de su mundo y le diese una hermosa familia para adorar. Artie había jurado mantenerse virgen por siempre desde hacia eones y Britomartis había jurado lo mismo cuando vivían juntas en el Olimpo. Pero cuando conoció a Alíates, ella rompió su voto. Lo amaba con tanta fuerza que entregarse a él era lo más lógico del mundo.
Hacía tres años que vivían juntos en su cabaña entre los manglares que se hallaban en la parte norte de la isla. Ella era una ninfa, pero Alíates no la trataba como tal. Él la amaba por cómo era y no por lo que era, a él no le interesaban sus poderes, solo quería su amor. Desde que se habían casado, casi dos años antes, el único deseo de Britomartis era darle un hijo a su esposo y hasta ese momento era lo único que aun no había logrado.
Ellos recientemente habían adoptado a una bonita niña ocho años, que tenia oscuros cabellos y ojos grises. Ellos la habían hallado mendigando en el pueblo y no pudieron dejarla sola. Los sacerdotes de la diosa le habían dado el nombre de Astérope, como una de las estrellas que mas brillaba la noche que la encontraron abandonada, en las puertas del templo de Apollymi.
Cuando la presentaron ante la destructora para que la protegiese, como si fuera verdaderamente hija de ellos, la diosa había manifestado su voluntad de darle segundo nombre a Astérope. Apollymi había llamado a la niña Blac'kyria. Que era un nombre Atlante cuyo significado era dama de cabello oscuro.
Astérope dormía tranquila en su jergón cuando volvió de la playa. La niña era dulce y acomedida. Y a pesar de haber crecido en las calles, era educada y adoraba a sus padres adoptivos. Ella había sido abandonada siendo poco más de una bebé solo por haber nacido con el extraño don de practicar la magia, aun siendo completamente humana.
Britomartis se preparaba para su jornada. Haría fuego y prepararía una sabrosa comida para cuando Alíates llegara de su pesca matutina. La vida hogareña era algo que Brit jamás pensó que le agradaría. Ella creía que su vida sería la de una ninfa guerrera, pero huyendo de Apolo descubrió que hacer feliz a Alíates era lo que más deseaba.
Su cabaña en el manglar, los fuertes brazos de su esposo, y las tardes enseñándole a Astérope a dominar sus poderes era todo lo que alguna vez hubiese deseado. Solo le faltaba crear vida en su vientre y la felicidad seria plena.
-o-
Hermione despertó cerca de las cinco de la tarde y por un momento no supo donde se encontraba. Ya que gruesos doseles verdes cubrían la gran cama de hierro donde había dormido.
Había despertado del sueño más extraño que había tenido alguna vez. Si bien no era la primera vez que se veía viviendo en una playa y siendo nombrada como algo parecido a Britomartis, era la primera vez que su sueño le daba tanta información y se veía siendo un ama de casa del estilo antiguo.
El estrés debía estar haciendo estragos en su psiquis. Llevaba tres días recluida en la casa del pantano y Acheron aun no había regresado, ni contestaba su teléfono. La noche anterior los lobos arcadios, que habían jurado vengarse de Draco por matar a su líder, habían llegado al borde de Bayou y si no fuera porque el hechizo fidelio los confundió, ellos habrían dado con la cabaña.
Cualquiera diría que luego de haber huido un año entero en el bosque, siendo una adolescente, le daría la experiencia y el aplomo suficiente como para saber cómo actuar cuando tu cabeza tenía un precio. Aun siendo una cazadora oscura, la sensación de no estar realmente segura en ningún momento la estaba destrozando.
Se vistió con la camisa masculina y el pantalón de pijama de Draco, que había usado la noche anterior. La cabaña estaba silenciosa y no podía sentir las vibraciones en el aire que la magia de él producía cuando estaba cerca. Draco no estaba por allí.
Caminó descalza hacia la cocina y se sorprendió al encontrar tres flores de nenúfar en un vaso, a modo de florero, un desayuno tardío y una nota de Draco. Una chica como ella podía acostumbrarse a ese tipo de atenciones, aunque sabía que tarde o temprano aquello debía terminar y lo ideal sería no hacerlo.
Buenas noches Cazadora.
He ido por combustible para el generador, algo de comida y me he tomado la libertad de ir a buscar algo de ropa para ti.
Debo admitir que te ves mucho mejor desnuda, pero después de que los lobos llegaran tan cerca de la casa anoche, he decidió que prefiero que tengas algo de ropa puesta si debemos huir.
Draco.
P/d. si sales al porche ignora a los caimanes. Los crié desde pequeños. Protegerán la casa y a ti en caso de que las cosas se pongan feas.
Las ventanas estaban fuertemente selladas y ni un solo rayo de luz solar entraba por ellas. Draco se había asegurado de que nada la lastimase mientras estuviesen allí y fuera de día. Él incluso se esforzaba por mantenerse despierto durante las horas en las que debería estar durmiendo, solo para hacerle compañía.
Después de tres días viviendo con él, ella debería estar acostumbrada a ese tipo de detalles de su parte, pero simplemente no lograba hacerlo. El pequeño mago sangre pura y arrogante, de sus recuerdos, seguía volviendo a su mente y no lograba encajar con la nueva forma de ser de Draco.
Era cerca de las siete cuando finalmente llegó a la casa. Había sido bastante difícil conseguir suministros y cuidarse de que nadie lo estuviese siguiendo. Afortunadamente Etienne, uno de los osos Peltier, se había encontrado con él en el barrio francés, y no estuvo solo durante su travesía por la ciudad.
El ursulan - katagari, al que quería como a un hermano, le había contado que los lobos arcadios habían regresado a las inmediaciones del santuario, las noches anteriores, y habían montado guardia intentando hallarlo. Draco estaba contento de no haberse quedado allí. Seguro alguien hubiera salido lastimado si intentaban dar con él dentro del bar nuevamente.
- hola Salazar. ¿Cómo estás esta noche?
El cocodrilo del porche chasqueó la mandíbula y siseó como si hubiera entendido su pregunta.
- lo sé chico. Lo siento, me olvidé. Aquí tienes.
Draco convocó un gran trozo de carne de su mochila y se lo lanzó al animal.
- ¿Hagrid eres tú?... ¿ahora hablas con los cocodrilos Draco?
Draco se rió al recordar al semigigante que se encargaba de cuidar las más extrañas criaturas en Hogwarts. Hermione había bromeado con que él había pasado de ser herido por un hipogrifo a codearse con osos y ahora también, descubría que criaba caimanes.
- no. Crie a este desde que era pequeño. Salazar cuida mi casa cuando no estoy aquí.
- ¿Salazar? ¿Como Slytherin?
- es un reptil, ¿no?- Hermione asintió y le sonrió de forma deslumbrante - Hace frio aquí afuera, vamos, entremos.
Cuando estuvieron en la sala, la atrajo por la cintura y le dio un cinematográfico beso. Demostrando así cuanto la había extrañado mientras estuvo lejos. El la besó profunda y apasionadamente. Su lengua restregándose contra sus labios, enviando olas de deseo moviéndose en espiral por su cuerpo. Hermione contuvo un gemido de disgusto cuando él finalmente la soltó.
De buena gana hubiese seguido ese beso, pero desnudos y en su cama. O en cualquier superficie que Draco juzgase apropiada. Había aprendido en esos días, que él realmente podía hacer magia, y no solo con su varita.
Con los años Draco se había vuelto sumamente irresistible, de la manera más sexual. Cuando eran jóvenes ella no hubiese creído que él podría volverse tan sexy. Acheron era la única otra persona que ella conocía que tenía ese extraño factor "házmelo" que tentaba a todo aquel que andaba cerca a sacarle la ropa y arrojarlo al piso para una perversa noche de juegos.
Claro que ella no había notado eso de su jefe hasta muchos años despues de convertirse en cazadora. Y aunque Acheron probablemente fuera el hombre vivo mas sensual del mundo, ella jamás se le insinuaria, el aura peligrosa que él desprendia era suficiente como para refrenar cualquier instinto. Seria sano que Draco tambien la tuviese, seguir enredandose con él solo haria las cosas mas dificiles a futuro.
Draco usó su varita para extraer un bolso del interior de su mochila. Él había copiado la idea de la mochila sin fondo de Acheron. El atlante solía cargar una y de ella salían los objetos más extraños, y aunque sospechaba que no era un simple hechizo de expansión indetectable, lo que tenía la de Ash, su mala copia era extremadamente útil.
- ten. Estuve en tu casa. Traje ropa y algunas armas. Espero que si uses lo que te traje. No estoy muy familiarizado con el uniforme de cazadora oscura.
Hermione comenzó a extraer pantalones, chaquetas, ropa interior, camisetas e incluso algunos pares de botas. Todo allí era negro o de algún color en sus variantes más oscuras.
- en realidad te gusta la ropa oscura ¿verdad? Tu closet es como un gran agujero negro, casi pensé que iba a tragarme. – Hermione se encogió de hombros divertida.
- Sirve a su propósito. Es realmente difícil verse intimidante midiendo un metro sesenta y vistiendo colores pastel.
- créeme. Estando enojada tu puedes verte intimidante incluso con el uniforme de Gryffindor.
- jajajaja. Criticas mi guardarropa pero tú solías usar todo negro.
- tienes razón. Solía hacerlo, pero Aimee dice que me veo pálido vestido de negro. Y nadie nunca contradice a una osa encaprichada que quiere cambiar tu guardarropa.
-¿Aimee? – Hermione no pudo esconder la punzada de celos irracionales en su voz.
- una de mis hermanas. Es mayor que Kayla. Son las únicas dos hembras de la familia.
Hermione siguió inspeccionando el paquete que Draco le había traído. Él incluso le trajo algunas dagas, dos espadas retractiles y otro hulbart.
- por cierto. Hallé a Tyana en tu casa. Casi me apuñala cuando me encontró en tu closet. Pensó que era un daimon.
- no la culpo. Te pareces mucho, eres rubio y alto... De todas formas Tyana tiende a actuar y luego a preguntar, pero es buena chica.
- sí, parece ser buena. Me pidió que convenza a Serre de salir alguna vez con ella. - Hermionealzo su ceja dándole a entender que no sabía de quien hablaba - es otro de mis hermanos.
- claro.
- Le dije que estás en una misión de Acheron. Que no debía preocuparse.
- gracias. No traía mi teléfono la noche que salimos del santuario. Debió estar preocupada.
- dijo eso. Pero supuso que no estabas muerta o el consejo de escuderos la hubiese sometido a juicio por no saber dónde te hallabas. Ten, envió esto para que te comuniques con ella urgentemente.
Draco le tendió un teléfono y notó que en la bolsa también estaba su ordenador portátil. Aparentemente había traído cosas como para que no tuviese la necesidad de moverse del pantano para nada. Hermione no sabía si debía sentirse agradecida o secuestrada en ese sitio.
Desde que se había convertido en cazadora oscura, ella tenía muchos problemas para seguir las reglas y ordenes que no fueran las que ella misma se dictaba. Una vez había vivido bajo las reglas de los demás y nada bueno había obtenido.
- llamaré a mi escudera para que esté tranquila.
- adelante. Yo guardaré las cosas que traje.
Draco siguió convocando cosas del interior de su mochila y Hermione salió al porche para poder conversar en privado con Tyana. Ellas se conocían hacia solo un par de meses, pero la chica tenía una personalidad tan adorable que se había metido rápidamente bajo su piel.
Cuando todo aquello terminase pediría al consejo de escuderos que enviaran una nueva asistente. No deseaba encariñarse mas con ella para luego verla envejecer y morir. Había perdido demasiadas personas queridas como para soportarlo nuevamente.
Hermione no solía involucrarse demasiado con sus escuderas y de hecho solicitaba que el consejo las rotara al menos cada dos años. Con la intención de que ninguna fuese lo suficientemente importante para ella. Pero Tyana era distinta. Ellas se habían hecho amigas inmediatamente y cuando ella se marchara, Hermione sabía que dejaría un hueco difícil de llenar.
- vamos chica… responde el teléfono…
Una mala sensación crecía en su estomago mientras el tono de llamada seguía sonando y nadie respondía del otro lado de la línea. El teléfono de Tyana era como una extremidad mas para ella, que no lo respondiese era extraño y solo podía significar algo malo.
- ¿Draco?, ¿tienes idea de si Tyana tenía algo que hacer luego de que tú te marchaste?
- no. ¿Por? Dijo que se quedaría en la casa un rato más porque tenía que hacer algo de cazadores y luego iría a casa. Dijo que estaría esperando tu llamada.
- no responde el teléfono… nunca pasa eso y me estoy preocupando.
- ¿quieres que vea si alguno de los osos puede ir a la casa?
- ¿podrías hacerlo?
Draco sacó su propio teléfono y segundos después esperaba que alguien le respondiese del otro lado de la línea.
- ¿Elizar?
-…
- soy yo, Draco.
-….
- sí, estoy bien. Escúchame Zar, ¿podrías ir a la casa de Hermione y ver si su escudera está bien? Su nombre es Tyana.
-…
- gracias. Esperaré a tu llamado.
Draco colgó el teléfono y le sonrió a Hermione tratando de animarla. Ella tenía su seño fruncido y una visible preocupación marcaba su rostro. La calma que habían tenido en esos tres días, que había estados encerrados en la cabaña, y la falsa sensación de seguridad se había evaporado para ambos.
- Zar ira en un minuto a chequear que todo esté bien en tu casa. No te preocupes Hermione. Seguro Tyana dejó su teléfono lejos y no lo oye.
Hermione no había parado de intentar comunicarse con su escudera mientras Draco hablaba con uno de sus hermanos oso.
- tengo un mal presentimiento Draco.
- no te preocupes. Mi hermano va en camino Hermione.
La preocupación en su voz y lo rápido que había sugerido enviar a alguien que comprobara a Tyana entibió el corazón de Hermione, como cada vez que él hacia algo inesperado por ella.
- de verdad, aun no puedo creer cuanto has cambiado. Es extraño que tengas tantos hermanos. A cada instante nombras a uno distinto. - Draco sonrió y eso pareció aligerar un poco el ambiente.
- siempre quise muchos hermanos. No me agradaba ser hijo único, era demasiado aburrido mientras crecía. Y cuando llegué aquí, me encontré con toda esta enorme manada que me adoptó. Fue maravilloso, es algo que siempre quise.
- ¿cuáles son sus nombres?, solo conozco por nombre a Nicolette y Kayla.
-papá oso es Aubert. Mis hermanos son: Alain que es el mayor y Elizar, al que llamé recién. Los cuatrillizos son: Cherif, Dev, Remi y Quinn. Luego están Aimee y Etienne. Los gemelos: Griffe y Serre. Los gemelos: Cody y Kyle. Y la más pequeña, que es Kayla. También están Bastien, que era el gemelo de Zar, y Gilbert. Pero ellos murieron mucho antes de que yo llegase al santuario.
- lo siento.
- Si. Es un tema difícil para todos ellos. Mamá Nicolette dice que me parezco mucho a Bastien. De hecho me ha llamado por ese nombre algunas veces. Nunca tengo corazón para corregirla.
- perder a un hijo es difícil…
Hermione sentía un nudo en su garganta. Nicolette había adoptado a Draco porque él se parecía a uno de sus hijos muerto. Lo que daría ella por volver a ver el rostro de Rose alguna vez. Aunque sea en una chica extraña por ahí.
Draco la abrazó instintivamente y la sentó en su regazo en el sofá del sillón. Él había olvidado por un minuto que Hermione también había perdido a sus hijos y estúpidamente había nombrado a los hijos de Nicolette que habían muerto siglos atrás.
Hermione se sentía diminuta y protegida en los brazos de Draco. Desde que se habían reencontrado él tenía la capacidad de hacerla sentir mejor con solo envolverla y decirle que todo iría bien. Después de doscientos años de soledad, estar de ese modo con alguien era agradable.
El teléfono de Draco sonó y ambos saltaron en el asiento. Hermione se paró rápidamente e instó a Draco a contestar la llamada. La preocupación que sentía minutos antes volvió con fuerza renovada. El mal presentimiento sabía a cenizas en su boca.
"- ¿Draco?"
- si Zar. Que sucede - el tono preocupado de Elizar erizó la piel de la nuca de Draco.
"- alguien entró a la casa. Esto es una desastre hermanito. La chica… está destrozada."
- mierda…
- "escúchame Draco. Dejaron un mensaje para ti. Si yo fuera tu no dejaría que tu cazadora viera esto"
- ¿está tan mal?
Draco intentaba alejarse para que Hermione no leyese sus labios. Sabía que ella tenía un oído superdesarrollado y por eso se había lanzado a sí mismo un mufliatto no verbal, con la esperanza de que no entendiese que sucedía. Por su rostro podía adivinar que sus esfuerzos eran bastante inútiles.
"- es una carnicería… trataré de traer a los cuatrillizos y ver cómo podemos limpiar esto. Veré si puedo contactarme con alguno de los otros cazadores para que los escuderos se encarguen del cuerpo."
- gracias Zar. Cuídense todos. Lamento lo que está sucediendo. Todo esto es mi culpa.
"- déjate de decir estupideces cachorro. Tu también cuídate o patearé tu blanco trasero desde el Hades hasta aquí".
- está bien. Adiós.
"- adiós adelphos."
Siempre era agradable cuando alguno de los osos le decía adelphos. El término griego para hermano solo era reservado para aquellos que realmente eran queridos y sentirse querido era lo que más le gustaba a Draco de esa época.
- que sucedió Draco. Dime la verdad.
- Hermione…
- ¡DIMELO!
- Zar…
-¿Qué?, ¿Zar qué?
- Zar encontró a Tyana. Ella está… - no había manera de decir aquello y que resultase menos doloroso – está muerta. Alguien entró a tu casa. Lo siento.
El grito desgarrador de Hermione rompió su corazón. Corrió hacia ella y fue difícil contenerla mientras caía al suelo de rodillas gritando su furia.
Ella lo miró con las pestañas humedecidas por las lágrimas. Draco no pudo evitar que su corazón se acelerara al contemplar la fragilidad en sus ojos imposiblemente negros. En ese momento su fragilidad lo estaba afectando de un modo que no quería analizar. Solo sabía que la deseaba. Con desesperación.
Luego de un par de minutos Hermione se deshizo de sus brazos y ya no lloraba. Ella se veía fría como un tempano y el dolor que la había embargado minutos antes había desaparecido.
La pena aun brotaba dentro de ella, pero la contuvo. No había ninguna necesidad de llorar. Había derramado durante siglos suficientes lágrimas como para llenar un océano, pero las lágrimas no devolverían la vida a Tyana y no cambiarían nada del presente. Todo lo que podía hacer era seguir adelante y asegurarse de que el crimen de su escudera no quedase impune.
Sin emitir palabras ella fue a la habitación con Draco que la perseguía con miedo de lo que pudiese hacer. Hermione parecía una exhalación mientras se vestía toda de negro y ajustaba dagas en sus botas. Ella estaba armada hasta los dientes y parecía una hermosa diosa de la venganza.
Él sabía de la existencia de los dioses atlantes. Y aunque no habían sobrevivido imágenes de ellos, luego de la desaparición de la isla. Draco hubiese jurado que Hermione era idéntica a Apollymi, la gran diosa destructora.
- Hermione espera. Espera un segundo. ¿A dónde vas?
- déjame ir Draco. Han asesinado a mi escudera. Esto no puede quedarse así.
Su voz sonaba acerada y carente de todo sentimiento. Pero la ira se arremolinaba en sus ojos negros.
- a donde irás.
- iré a verla. Y luego buscaré a quien la mató. Su muerte no quedará impune. No seguiré escondiéndome y esperando a que maten más gente inocente. Si me quieren, que vengan. Me llevaré a unos cuantos de ellos conmigo.
- no puedes hacerlo Hermione. Ash dijo que te quedaras aquí.
- Acheron no está aquí. Y, ¿sinceramente?, me importa una mierda lo que él diga en este momento.
Hermione salió de la casa y montó la motocicleta de Draco. A diferencia de ella, él podía usar la aparición así que no la necesitaría. Al menos no tanto como ella en ese instante.
La antigua Machiskyli, como se llamaba a los perros de la guerra usualmente, había vuelto. El temperamento que la había hecho uno de ellos había regresado. Ella había pertenecido a ese grupo en sus inicios como cazadora, debido a que su ira la hacía inestable en el mejor de los casos. Demasiado peligrosa en el peor.
Le había llevado casi cien años ganar la templanza suficiente como para poder ser asignada a una ciudad sin supervisión permanente. Al contrario de los demás cazadores oscuros que pertenecían a ese grupo de Elite, Acheron había considerado que ella no era tan peligrosa después de todo.
Draco vio como Hermione se llevaba su moto y salía disparada a toda velocidad por el destartalado camino que salía de su cabaña. Estaba seguro de que los lobos habían matado a la escudera con el único fin de hacerlos salir de su escondite.
Antes de aparecerse en la casa de Hermione y acompañarla en lo que pretendía hacer, decidió llamar a Acheron. Él necesitaba saber lo que estaba sucediendo. Había dejado órdenes específicas y ella las estaba incumpliendo. Temía que pudiese salir lastimada.
-Ash. Cuando escuches este mensaje llámame. Los lobos han asesinado a la escudera de Hermione. Ella se volvió loca. Salió de aquí armada hasta los dientes…
No había alcanzado a colgar la llamada cuando la energía de la habitación cambió. Por suerte Draco estaba alerta y realmente no tuvo tiempo de asustarse.
- es bueno verte de nuevo. Aunque hubiese deseado que vinieras antes.
- no estaba escrito que sucediese así. – Draco rodó sus ojos exasperado.
- creo que Hermione va tras los lobos. ¿Pudiste averiguar que quieren conmigo?
- lo hice.
- ¿y bien?
-¿y bien qué?
- vamos Ash. ¿Has oído lo que dije? Mataron a la escudera de Hermione, ella salió como un bólido y con suficientes armas como para desollar vivos a los lobos que la amenazaron.
Ash estaba profundamente apenado. Apenas había podido negociar un par de horas de libertad cuando sintió el ataque a Tyana. Estaba destinado que su vida terminase de esa manera. Pero dolía de igual forma. Ella era demasiado joven para morir de ese modo. Pero, si hubiese intervenido, cosas peores podrían pasar.
- estaba destinado que las cosas ocurriesen así.
- odio cuando comienzas con esa mierda del destino. Soy yo, Ash, no soy uno de tus jodidos dark hunters. Se lo que eres y lo que puedes hacer. Ambos sabemos que tú podrías haberle evitado ese dolor a Hermione. Deja de jugar con nosotros. Maldita sea.
El fuego y la ira rugía en los mercúricos ojos de Acheron.
- no juego contigo, Draco, y mejor ruega para que jamás lo haga.
Draco alzó sus manos en gesto de rendición. Acheron no parecía de humor como para soportar sus reproches. Además necesitaba sacarle cuanta información pudiera.
- ¿sabes quién está detrás del ataque de los lobos?
- Apolo.
- ¿Apolo?, ¿Apolo como el dios del sol?
- ese mismo. El tipo infeliz que le da vida al sol.
- ahá... ¿Qué?, ¿ahora resulta que estoy maldito? Los únicos dioses que conozco son Psique y Eros, y él me debe dinero.
- no Draco, no estás maldito. Solo estás categóricamente jodido. Apolo te quiere muerto y quiere a Hermione para él…
Acheron le hizo un pequeño resumen de lo que había podido averiguar en esos días de ausencia. Su animadversión a las inesperadas visitas de Artemisa le había hecho perder valioso tiempo. Ella le había cobrado muy caro por la información que en principio había pretendido regalarle y aun así no le había dicho todo lo que sabía.
- ok. No se tu pero yo pondré mi cabeza entre mis piernas y le daré un beso de despedida a mi trasero. ¿Cómo mierda terminé cabreando a un dios?
- técnicamente no fuiste tú. Apolo reconoció a la ninfa que lo rechazó, en Hermione, y la siguió hasta aquí desde Inglaterra. Seguramente también te reconoció a ti y decidió que no le aguarías la fiesta en esta vida también.
- discúlpame Acheron. Pero esto no tiene sentido para mí.
- pocas cosas las tienen en este mundo…
- ni siquiera sabía que ella estaba viva hasta hace un mes...
-la amas.
Era una declaración. No una pregunta.
- apenas la conozco. Nunca nos llevamos bien en el pasado.
Ash sonrió enigmáticamente y se colocó sus sempiternas gafas oscuras, aunque afuera fuera noche cerrada.
- el tiempo no tiene sentido para el corazón, Draco.
Había veces cuando Draco seriamente quería que Ash fuera el muchacho entrometido y gótico de veintiún años que parecía ser, y no un hombre sabio de más de once mil años. Esta era una de aquellas veces. Él aun no estaba preparado para analizar lo que sucedía, y menos con la amenaza de muerte sobre sus cabezas.
- cambiando de tema. ¿Qué haremos con Hermione? Ella parecía muy decidida a matar a los lobos.
- iré con ella. Hermione es poderosa, pero aun así no lo suficiente para luchar sola contra una manada.
- yo también iré. Técnicamente esto pasa por mi culpa. Ella parecía muy decidida a matar todo lo que estuviera en su camino… sabes, en el pasado Hermione era buena, pacifista…
- déjame ponértelo de este modo Draco. A veces las cosas que percibimos como buenas tienen momentos de profunda maldad.
- No ella. Hermione inclusive liberó afuera a las arañas que encontramos en la casa mientras limpiábamos.
- Incluso la persona más pacifista puede volverse un asesino despiadado y sediento de sangre bajo ciertas condiciones.
- ¿inclusive tu?
- sobre todo yo…
Draco no estaba de acuerdo. A su forma de ver, no había nadie más pacifista que Acheron. Y Hermione no parecía ser despiadada como él estaba insinuando. Aunque, muchas cosas habían pasado en ese tiempo. ¿Podría estar tan equivocado?
-o-
Derrapó en la entrada de su casa y dejó caer la motocicleta sin importarle que la pintura se dañara. Tenía dinero suficiente como para comprarle otra a Draco, si era necesario.
Todas las luces estaban encendidas y podía ver que la camioneta del equipo forense, que solía ayudar a los cazadores, estaba en la entrada. Corrió a la sala y las nauseas se apoderaron de ella.
Alguien había escrito con sangre en la pared. La escena era macabra y por un momento le pareció estar en presencia de su propia escena de asesinato. Ella había muerto en un lugar así y su casa se había presentado de forma similar cuando volvió de la muerte, traída por la diosa Artemisa.
HECHICERO: MAS INOCENTES MORIRÁN MIENTRAS SIGAS ESCONDIDO. CUIDA A TU PERRA. PORQUE ELLA ES LA PROXIMA.
El cuerpo de Tyana estaba cubierto con una sábana blanca, pero el charco de sangre a su alrededor sobresalía por debajo de la tela. El olor metálico de la muerte la estaba mareando. Hubiese caído si alguien no la hubiese atrapado por los hombros.
Se giró violentamente con la intención de golpear a quien la estaba tocando, pero se detuvo a tiempo. Hubiera jurado que Draco era quien la sostenía, pero las diferencias eran más que evidentes para el buen observador.
El cabello del hombre a su lado era de un rubio muy claro y era largo, al contrario del de Draco que apenas tenía un par de centímetros. También había otras diferencias. Por ejemplo el tipo junto a ella era al menos diez centímetros más alto, y mucho, mucho más musculoso.
- le dije al cachorro que no te dejase venir… - Hermione lo siguió observando.- por cierto soy Zar, y tú debes ser Hermione. Es una pena que nos conozcamos de este modo.
- gracias por avisarnos lo que sucedió aquí. ¿Tienes idea de donde pueden estar quienes hicieron esto?
Hermione intentó poner un gesto inocente en su rostro. Sabía que los were eran capaces de rastrearse unos a otros, pero no tenía idea de si el oso le daría la ubicación de los que habían asesinado a Tyana. Zar pareció sopesar la respuesta por un momento.
- Están en Slidell. En la antigua planta Olson.
- gracias.
Hermione corrió escaleras arriba mientras empujaba a algunos escuderos que se arremolinaban a su alrededor intentando darle las condolencias. Necesitaba llegar a su armario de suministros y luego correr hacia la fábrica abandonada. Sabía que memorizar la cuadricula de la ciudad sería útil.
Cambió la chaqueta que llevaba puesta por una más larga y con capucha. Esta aparentaba ser de paño suave y caliente, pero tenía una fina capa de kevlar entre la tela y el forro. No era estúpida, los lobos no dudarían en morderla, y estaba segura que el kevlar se los haría mas difícil, no dejaría que obtuviesen un trozo de ella antes que ella misma pudiera tomar su justa porción de lobo Arcadio.
Cambió las botas bajas que Draco le había llevado, por unas Stilleto hasta los muslos. Sus piernas estarían bien protegidas y los tacos metálicos de doce centímetros serian letales a corta distancia. En la funda de su espalda colocó el hulbart y en los arneses de sus costados algunas dagas arrojadizas mas. Bajo las mangas tenia los cuchillos retractiles que había tomado del bolso más temprano. Y en su bolsillo trasero descansaba una daga mariposa. Ahora si estaba lista.
Para la ocasión decidió ponerse algo de joyería. Un antiguo dark hunter, al que todos llamaban psicópata pero ella quería, le había regalado las afiladas garras de plata, y dado que pensaba matar lobos. Sería justo tener garras igual que ellos.
Más escuderos y algunos osos llegaron a la casa. Hermione simplemente los ignoró y caminó lentamente hacia la motocicleta que había dejado abandonada. Tenía tanto metal encima que era un milagro no tintinear mientras se movía. Eso era bueno. Necesitaba el factor sorpresa esa noche.
Le llevó diez minutos llegar a Slidell. La motocicleta era demasiado ruidosa para acercarse más, así que decidió abandonarla a unas cuantas calles de la fábrica. Comprobaba por última vez sus armas cuando Acheron y Draco aparecieron, en un destello, frente a ella.
- se a que vinieron. Y la respuesta es no. Iré allí y terminaré con esto esta noche. Tyana debe ser vengada… Ellos atacaron primero Acheron, no estoy infringiendo ninguna norma, así que puedes irte.
- estás equivocada Hermione. No estoy aquí para detenerte. Estoy aquí para ayudarte. – Hermione asintió en su dirección aceptando su ayuda.
- Draco deberías irte.
- no lo haré. Estoy seguro de que fueron por Tyana porque yo estuve en tu casa. Esta también es mi lucha.
- Draco – le dijo ella con brusquedad, mientras lo quemaba con sus ojos negros – soy inmortal. Tu no. A menos que ellos tenga un hacha o sean lo suficientemente agiles como para arrancarme la cabeza, no pueden lastimare demasiado. Sin importar que hagan, sobreviviré. Tú podrías no hacerlo.
- te recuerdo que me cargue a uno de ellos yo solo en el santuario. Así que no me dirás que hacer Granger.
Acheron observaba la escena casi divertido. Hermione en modo Machiskyli era prácticamente ingobernable, pero estaba extrañamente calmada mientras discutía con Draco. Si hubiese sabido aquello cien años antes, él mismo hubiese ido a buscar al muchacho a su verdadero tiempo.
- Simi, forma humana ahora.
El tatuaje en forma de dragón de Ash, reptó por su bíceps hasta su muñeca y luego emergió con la forma de una mujer de unos veinte años, con cabello negro y mechones rojos iguales a los de Acheron.
- ¿llamaste Akri?
- Simi, ¿Qué te parece salir a jugar con unos lobos malos esta noche?
- ¡me encanta akri!, ¿puede Simi comérselos?
- no, intentaremos asustarlos primero. Solamente si las cosas se ponen difíciles, puedes rostizarlos un poco.
- uuuffff. ¿Ni un solo bocado? Siempre es lo mismo. No Simi, no comas esto, no comas aquello. No, no. No. Odio la palabra no.
- Simi…
- ok akri. Dije que haría caso. No que lo haría sin quejarme.
Luego del berrinche de Simi, los cuatro caminaron en silencio hacia la fábrica. Solo podía sentirse el ruido de sus botas contra el pavimento.
Los lobos arcadios, en total diez, estaban allí tomando cervezas en forma humana cuando alcanzaron la parte trasera de la vieja fábrica abandonada. Fanfarroneaban a cerca de lo sencillo que había sido asesinar a la humana y Acheron tuvo que extender su brazo delante de Hermione para que no atacase precipitadamente.
"haremos esto a mi modo"
Hermione sintió que una voz se colaba en su mente. Ella no sabía que Acheron fuese capaz de hacer aquello. Cuando lo enfrentó para hacerle saber que no estaba de acuerdo. Los arremolineantes ojos grises de Acheron cambiaron de mercurio líquido a un rojo sanguíneo que hizo que inmediatamente aceptase la orden.
Acheron tomó la delantera con Simi a su derecha. Mientras que Hermione estaba a su izquierda con Draco en forma de ligre ubicado de tal modo que protegía su flanco con su masivo tamaño.
- oigan, ustedes. ¿Alguno sabe que le sucede al lobo feroz después de comerse a caperucita roja?
Los lobos se pusieron en guardia automáticamente al ver al masivo líder de los cazadores oscuros, a las mujeres y al animal que los acompañaba.
Cuando Acheron comenzó a moverse hacia ellos. Con un elocuente modo de andar con los trancos largos de un depredador peligroso. Todos los lobos comenzaron a recular tensos. Esperando el ataque.
Todos ellos habían oído rumores acerca del líder de los cazadores oscuros. Algunos afirmaban que había sido adiestrado por Ares, para la pelea. Otros rumores afirmaban que Acheron era el hijo de un dios y un legendario héroe atlante. Pero básicamente nadie sabía nada a cerca de Acheron aparte de que era alto, privado, extraño y muy, muy intimidante. Si cada uno sobre la tierra reuniera toda la información correcta que tenían sobre Ash, no llenaría el dedal de un hada.
- exacto… El cazador se hace unas botas con su piel.
Todo lo que se oyó fue el sonido de la risa corta y maligna de Acheron. Él a veces podía tener un enfermo sentido del humor y también era capaz de ser un verdadero bastardo, aunque muchos no lo creían capaz.
El mas joven de los lobos arremetió contra Hermione en forma humana. Pero Draco se interpuso y saltó sobre él justo cuando se transformaba en animal. ambos se trensaron en una lucha de colmillos y fuerza bruta.
Tres de los arcadios se fueron contra Acheron, pero usando espadas en lugar de su forma animal, que era menos fuerte. Acheron materializó su bastón de lucha y comenzó a combatirlos. Él solo esquivaba los mandobles de espada y golpeaba las costillas de sus oponentes con el bastón. Esto mas que herirlos los molestaba.
Stone, el hijo del arcadio que Draco había asesinado en el Santuario. fue directo por Hermione. Él ya había matado a su escudera y su plan era tambien matarla a ella. había averiguado que la mujer del mago era una cazadora oscura, y si bien aquello no seria tan simple como con una humana, él era varias veces mas grande que ella, a lo sumo las cosas estarian equiparadas.
Draco había incapacitado al lobo que lo atacó y lo petrificó con un hechizo. Ya había derramado sangre una vez, no queria volver a hacerlo si no era necesario.
Algunos lobos se habían mantenido al margen de la pelea sabiamente. Los que habían atacado a Simi habían comprendido rapidamente que atacar a la pequeña mujer era lo mas estupido que podian hacer, y habían destellado fuera de la fabrica luego del primer contrataque de la demonio.
Draco observaba a Hermione luchar contra Stone. Ella era intrepida y rapida mientras bailaba alrededor del Arcadio que intentaba matarla. Sus movimientos eran hermosos y rapidos, como un frenetico baile.
Acheron inmovilizó a sus atacantes, igual que Draco, y se detuvo a observar a Hermione luchando. Cuando ella logró poner a Stone de espaldas en el suelo y colocó el taco de su bota en la garganta de él, Ash la detuvo.
- no lo hagas.
- déjame. Él mató a Tyana. Tú no la conocías. Ella era mi escudera.
- si la conocí Hermione. Yo estuve allí cuando ella, su madre, e incluso su abuela nacieron. Esto fue un error, no debió haber muerto. Pero dos errores no hacen un acierto. Si lo matas solo mancharas tu conciencia. Stone es solo un títere. Guarda tu energía para la verdadera lucha que se viene.
Hermione quitó el taco de su bota de la garganta del lobo. Pero antes de retirarse completamente pateó sus costillas con toda la fuerza que pudo. No era suficiente para aplacar su ira, pero se sentía muy agradable oír el ruido de huesos quebrándose.
- Stone. Toma la manada que heredaste de tu padre y vete.- Acheron ayudó al lobo a levantarse del piso.- la próxima vez no habrá misericordia para ti y los tuyos. ¡Ah!, y dile a Apolo que no envíe asesinos. Que nos enfrente directamente. También dile que Acheron Parthenopaeus lo estará esperando, cuando encuentre sus bolas y desee enfrentarlo. No dejaré que se salga con la suya esta vez.
Ash liberó a todos los lobos inmovilizados y ellos desaparecieron junto a Stone y a los que se habían mantenido lejos de la lucha.
- Simi a mí.
Simi corrió hacia Acheron y se transformó en un dragón rojo antes de posarse sobre su brazo en forma de tatuaje. Hermione aun no se acostumbraba a ver aquello. En sus primeros años había sentido curiosidad por el tatuaje de Acheron que cambiaba de lugar, pero nadie había sabido decirle que era. Ella había averiguado que era ese extraño tatuaje cuando Simi se manifestó ante ella enojada por haber apuñalado a su akri.
- Hermione. Tomaste una buena decisión al dejarlo ir. Draco te contará lo que está sucediendo…
Ash se despidió y Draco tomó la mano de Hermione para guiarla hacia el exterior de la fábrica. Les llevó cerca de cuarenta minutos volver al pantano. En ese tiempo Hermione se mantuvo en silencio y se aferro a su cintura mientras esta vez era él quien conducía la motocicleta.
Cuando llegaron a la casa, Draco le quitó el abrigo y con cuidado de no cortarse a sí mismo. Extrajo una a una todas las armas que ella tenía en su cuerpo. Incluso tenía su cabello enroscado sobre su cabeza con dos filosas púas con intrincados grabados chinos. Ella le había hablado de Chi, su amiga cazadora proveniente del antiguo imperio Chino.
Draco cargó a Hermione hacia la cama. Una hora antes ella parecía dispuesta a destruir el mundo, y ahora se veía frágil en sus brazos. Como si toda su ira se hubiese drenado dejándola sin fuerzas siquiera para respirar.
Las palabras que Acheron había dicho sobre Hermione siendo despiadada aun daban vueltas en su cabeza. Así como ella no podía conciliar su nuevo yo con quien había sido en el pasado. Él no podía asimilarla con una asesina a sangre fría que había pertenecido a los perros de la guerra.
- ¿por qué te convertiste en una cazadora oscura?
El estaba genuinamente interesado en saber lo que le había sucedido, lo que decían los diarios no podía ser la historia completa. La mayoría de los cazadores eran antiguos guerreros con vidas difíciles y grandes traiciones a cuestas. Hermione no era de ese tipo y sin embargo estaba ahí con él, más de doscientos años después de que se habían visto por última vez en el pasado.
- quería vengarme a cualquier precio.
- ¿de los mortífagos?
Ella asintió. Y enterró su rostro en el pecho de Draco. Algo en su aroma la tranquilizaba y le daba la paz que no sentia a menudo. Ver su casa convertida en una escena de crimen, había abierto heridas que pensaba habían comenzado a cicatrizar.
- ¿Qué sucedió realmente?, cuentame. No voy a juzgarte.
Hermione se dejó abrazar por él mientras los recuerdos enterrados volvian a la superficie. Generalmente hacia su mayor esfuerzo por no recordar las ultimas horas de su vida humana. Por no recordar su primera noche de inmortalidad.
- estábamos durmiendo. Mis padres se habían mudado a nuestra casa para poder ayudarme con Rose. Mi embarazo era de riesgo y no querían que hiciera esfuerzo cuidándola. Entraron por la habitación de ellos y los asesinaron primero.
Había sentido un ruido en la planta baja y le pedí a Ron que bajara a ver qué era lo que sucedía allí. Él bajó sin su varita. Yo no tuve tiempo de levantarme de la cama. Cuando llegué al pasillo vi como caía muerto junto a las escaleras. Corrí hacia la habitación de Rose, intentando protegerla. Ellos me paralizaron en la entrada y me obligaron a ver como la asesinaban. Mi bebé tenía el sueño pesado igual que su padre. Jamás despertó.
Las lágrimas caían como mares de los ojos oscuros de Hermione mientras él ajustaba más su abrazo entorno a ella y besaba la cima de sus desordenados rizos castaños. Draco recordaba el color de sus verdaderos ojos y lo bellos que eran. Él nunca había visto ojos color avellana antes de conocer a la bruja hija de muggles, y ese era el motivo por el cual los recordaba fielmente.
- luego Rowle me arrastró hacia la cama y me dejó allí, paralizada. Completamente impotente mientras ellos destruían todo a mí alrededor. Ellos habían matado a toda mi familia. Solo quedaba mi bebé. Nunca había sido una persona religiosa, ¿sabes? Pero esa noche recé, recé porque se fueran. Porque no hicieran daño a mi bebé. Él aun no había nacido.
Draco sentía un nudo en su garganta. Solo podía empezar a imaginar el terror que ella había sentido esa noche. También sintió rencor. Los idiotas habían creído que él era capaz de hacerle aquello a una familia indefensa.
- y luego…
- Hermione está bien. No tienes que seguir si no lo deseas.
- me violaron. Los tres. Y cuando se aburrieron. Me hicieron ver como arrancaban mi bebé de mi vientre. Ellos se reían mientras usaban sus varitas para abrirme.
La bilis trepó a su garganta. Podía sentir el giratiempos de los Black colgando en su cuello y la loca idea de ir hacia el pasado y evitarle todo aquello cruzó por su mente. Sabía que cosas peores podrían suceder. Pero no se le ocurría otra forma de aliviar el dolor que ella sentía.
Desgraciadamente no había modo de arreglar el daño. No había manera de forzar a los destinos a deshacer sus acciones y darle la felicidad que ella debería haber conocido. Al menos no había una forma que garantizara que las destinos no se ensañarían más con ella a causa de su intervención.
- ni siquiera podía cerrar los ojos o dar vuelta la cabeza. Estaba incapacitada y solo podía ver morir a mi bebé en las manos ensangrentadas de Rowle. Y en ese momento deseé su sangre. Deseé asesinarlo con mis propias manos. A todos. Solo quería mi venganza y ese fue mi último pensamiento antes de morir.
No sé cuánto tiempo pasó, pero lo siguiente que supe es que una hermosa mujer de cabellos rojizos me había traído a la vida nuevamente. Ella me ofreció un trato. Poder y fuerza para mi venganza a cambio de mi alma. No lo pensé. Quería que ellos sufrieran en carne propia lo que yo había vivido esa noche.
- lo siento mucho Hermione. Quisiera poder hacer algo para aliviar lo que sientes.
- Solo abrázame Draco. Prometo que mañana estaré bien.
En ese instante comprendió que él podría abrazarla el resto de su vida y por única respuesta besó sus lágrimas y sus parpados cerrados. No podía cambiar su pasado. Pero haría lo que estuviese a su alcance para que su futuro fuese menos doloroso.
-o-
N.a: fin del sexto capítulo. Espero que les haya gustado. Siempre vemos Hermiones que no rompen ni un plato y a Dracos oscuros y vengativos, me gusta jugar a invertir los papeles, y que esta vez sea él quien la ayude. A los review que contaron que el capitulo anterior las hizo llorar, ¡perdón!, no era mi intención hacer llorar a nadie. ¡HASTA LA PRÓXIMA!
