Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo detallado en la saga cazadores oscuros de Sherrilyn Kenyon, mezclado con el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a las dos autoras, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.
**CLARACIÓN: NO ES NECESARIO LEER O HABER LEIDO LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS PARA ENTENDER LA HISTORIA, YA QUE LAS PARTES IMPORTANTES DE LA TRAMA SERÁN EXPLICADAS. **
*SI LEISTE LA SAGA: puede que algunos personajes y/o destinos de los mismos hayan sido levemente modificados por el bien de esta trama.*
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Capitulo 7:
Eran las cuatro de la tarde cuando despertó. Él solo podía adivinar aquello por el reloj en su mesa de luz, ya que todas las cortinas de la casa estaban completamente cerradas para proteger a la cazadora oscura del sol. Probablemente solo había dormido unas cuantas horas ese día. Draco se había quedado velando el intranquilo sueño de Hermione hasta que su propio cansancio lo había vencido.
Se sorprendió al no encontrarla en la cama junto a él. Ella rara vez despertaba antes del atardecer. Su lado de la cama estaba frio y su suave olor a rosas casi se había desvanecido de las sabanas. Ella debió haberse levantado horas antes.
Intentó salir lo más rápido posible de la cama y casi cae al suelo al enredarse con las cobijas. Él usualmente no era tan atolondrado, pero después de haber visto a Hermione salir disparada de su casa en modo asesina, temía que ella hubiese hecho algo estúpido mientras él dormía.
Para su tranquilidad la tonelada de armas, que ella solía cargar en su diminuto cuerpo, estaban todas sobre el escritorio donde él mismo las había depositado la noche anterior. Incluso estaba esa garra de plata que ella usaba y que le daba escalofríos con solo observarla.
Sintió ajetreo en la cocina y el alivio hizo volver el color a su rostro. A esa hora solo podía ser Hermione o Acheron. Y estaba condenadamente seguro de que Ash no intentaría cocinar nada en su casa. Draco se sentía mejor ahora, al descubrir que estaba solo en la cama, un escalofrío había corrido por su espalda.
Se colocó unos pantalones flojos de ejercicio, dejando su torso desnudo y buscó su varita bajo la almohada, donde la había puesto la noche anterior. Desde que había llegado a ese tiempo, él no solía tener su varita siempre con él. Pero ahora, estando bajo amenaza, había optado por cargarla todo el tiempo. Su varita y su forma animaga eran las únicas herramientas con las que contaba para defenderse si los volvían a atacar.
Su casa era segura, solo Acheron podría revelar su ubicación, y estaba seguro de que él moriría antes de hacerlo. Pero estaban jugando con fuerzas poderosas y no sabía de donde podría caer el siguiente golpe.
En el Santuario, cuando le tocaba cuidar la puerta de ingreso, él solía tomar algunas pociones que aumentaban su fuerza. Estaba bien entrenado, pero los motociclistas que solían ponerse rudos en el club, generalmente lo doblaban en tamaño. Y dado que en su mayoría eran muggles que le proporcionaban una fachada normal al refugio, usar su varita quedaba completamente descartado. Quizá debiera cocer más poción fortalecedora, ahora que podía.
Hasta la noche que los lobos habían ido buscándolo al club, él jamás había usado su forma animaga en una lucha real. Generalmente solo convocaba a su ligre para jugar con los osos o Simi, y algunas veces para pasear a los niños por la casa.
Caminó descalzo por el pasillo que iba del dormitorio a la cocina y la vio parada frente al fregadero. Su oscuro cabello estaba peinado en una larga trenza, colgando en su espalda y algunas hebras escapaban para rizarse recatadamente alrededor de su rostro. Los rasgos de Hermione eran angelicales y delicados. Si no fuera por su porte y su seguridad, ella hubiese parecido frágil. Pero Draco sabia que ella no lo era.
Una de las maderas del suelo rechinó cuando Draco dio un paso en dirección a Hermione y sin previo aviso ella lanzó un cuchillo en su dirección. Gracias a Merlín que Draco aun conservaba sus reflejos de buscador de quidditch y pudo apartarse lo suficientemente rápido, como para que solo hiciese un rasguño en su brazo. Si hubiese sido más lento aquel proyectil lo hubiese herido de gravedad, o matado, si hubiese dado en el blanco.
- buenos días a ti también Granger…
Hermione corrió hasta él y comenzó a inspeccionarlo para ver la gravedad de su herida. Su torso estaba desnudo así que no era difícil saber donde había cortado el filoso cuchillo.
- Draco lo siento, lo siento. Me asusté y solo reaccioné. Estaba perdida en mis pensamientos, no te oí llegar. Lo siento, perdóname por favor.
Los ojos de Hermione comenzaban a aguarse y Draco no podía permitirse que ella llorase nuevamente por un accidente tan tonto. Para la próxima él recordaría anunciarse o hacer más ruido para no tomarla desprevenida. Aunque usar una cota de malla medieval cerca de ella tampoco sería una mala idea.
- está bien. No te angusties, es solo un rasguño. Tengo dictamo, sanará en un instante.
Tan solo un momento después la pequeña botella con el cicatrizante mágico volaba a las manos de Hermione, gracias a un accio que Draco lanzó, y ella la abría para atender la herida que había causado.
Draco se sentó en una de las sillas de madera que uno de los osos le había tallado para su cocina y se dejó atender por la cazadora oscura. La pequeña herida no era grave pero ardía como el infierno, y más cuando el dictamo entró en contacto con su piel.
Había días como ese en los que él envidiaba la capacidad de sanar rápido que tenían los were o el mismo Acheron. Aunque Ash raramente la usaba, vaya uno a saber por qué.
- lo siento. Perdón por todo. Lo de anoche… yo no debí. Me dejé llevar. Lo siento. No volveré a dar un espectáculo tan penoso. – de un violento manotazo ella intentaba secar las lagrimas que humedecían su rostro.
Él entendía de qué estaba hablando ahora. Ella había llorado por horas por la muerte de Tyana, por la de sus hijos y la de su propio esposo. Draco no había tenido ninguna simpatía por Ronald Weasley en el pasado, pero no podía evitar sentir pena por el horrible destino que habían tenido él y sus hijos. Draco no era tan frio como para desearle una muerte de ese estilo ni a su peor enemigo.
Además ahora sabía que su odio hacia Weasley era, muy probablemente, envidia hacia la gran familia que él poseía. Cuando era niño, Draco tenía todo el dinero que pudiese desear, pero no tenia hermanos con quienes jugar. Él también tenía una enorme y hermosa casa pero todo allí era estéril y solitario. Ahora que él tenía a los Peltier, comprendía que los Weasley habían sido mucho más ricos que él en su tiempo.
Draco le secó amablemente las lágrimas con sus callosas manos y besó sus mejillas. Sus cálidos labios le quemaron la piel ahí donde habían hecho contacto.
- Hermione no te disculpes por haber llorado anoche. Tienes la valentía de cien guerreros, y cargas con heridas que hombres más fuertes no han logrado soportar. No te avergüences de necesitar un respiro y dar rienda suelta a tus sentimientos.
-¿Cómo es que siempre sabes cuales son las palabras correctas que debes usar?, aun me cuesta creer el hombre maravilloso que eres ahora, Draco Malfoy.
- ya te lo dije hace un tiempo Hermione. Las personas cambian, crecen, maduran. Además, y en mi defensa, mi identificación dice que soy un Peltier.
- Gracias, por todo... Hace un rato llamaron del consejo de escuderos. Tyana tendrá un servicio fúnebre esta tarde. Ellos se ofrecieron a enviarme una nueva escudera pero me negué. Al menos hasta saber con lo que estamos lidiando no quiero que nadie más esté en riesgo.
- puedes quedarte aquí el tiempo que sea necesario. En teoría soy algo así como un escudero no oficial. Así que estoy aquí para lo que se te ofrezca. - la sonrisa ladina de Draco hizo sonreír a Hermione por primera vez esa mañana.
Con la crisis de Hermione controlada y el sangrado de su herida detenido a causa del dictamo. Draco tiró de la mano de Hermione para lograr sentarla en su regazo y comenzó a darle pequeños mordiscos en el cuello aprovechando que su trenza lo mantenía despejado.
- aun no puedo creer que haya un dios persiguiéndonos por algo que hicieron personas que se parecían a nosotros eones atrás. Eso no tiene sentido para mí.
En algún momento de la noche, Draco había logrado contarle lo que Acheron había dicho la noche anterior. Ellos no habían discutido sobre las implicancias de esa información pero sabían que no sería sencillo librarse de ese problema.
- dime lo a mí. Un dios loco quiere matarme solo por tener este perfecto rostro. Me pregunto qué sucedió exactamente con mi doble antiguo como para que Apolo siga cabreado. Acheron dijo que tú te pareces a una ninfa - Draco volvió a mordisquear la oreja de Hermione y ella se estremeció - aunque una diosa seria lo correcto.
- Draco concéntrate. Dime exactamente todo lo que Acheron te dijo anoche.
Hermione se alejó del alcance de los labios de Draco y se puso seria.
- aguafiestas… - Hermione lo fulminó con la mirada y Draco hizo un pequeño puchero antes de hablar – bieeen… básicamente dice que somos algo así como reencarnaciones de dos personas que hicieron enojar al dios Apolo. Por eso me quiere muerto, y probablemente por eso también iban por ti.
- pero nosotros no somos los mismos que lo hicieron enojar.
- creo que Apolo no es el dios de la inteligencia por algo, Hermione. Recuerda que nuestro amigo condenó a toda su raza por culpa de una reina Atlante que envió a asesinar a uno de sus hijos y a una de sus amantes griega. Sus venganzas suelen ser un poco desmedidas si me lo preguntas.
- tengo la leve sospecha de que este dios no se caracteriza por eso de perdonar y olvidar.
- ya lo creo... Así que nos vio parecidos a gente muerta y nos quiere fritos solo por parecernos a quienes lo ofendieron. Los lobos fallaron, tiemblo al pensar que enviará luego.
Draco hizo un gesto de escalofrío y Hermione volvió a reírse. Él tenía la extraña habilidad de hacerla sentirse mejor casi sin proponérselo. Ambos estaban sentados en una misma silla, en una pequeña cocina, con Draco a medio vestir y aun así la escena parecía ser completamente correcta.
Nada ahí estaba fuera de lugar y eso asustó a Hermione. Acostumbrarse a eso solo haría que el momento de la separación fuese más traumático. Tarde o temprano Apolo se aburriría de ellos y cada uno volvería a su vida o estarían muertos, lo que sucediese primero.
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Un hombre alto, de piel dorada y largo cabello rubio destelló en la desértica playa de la pequeña isla volcánica, que no figuraba en ninguno de los mapas de los simples mortales.
Impecablemente vestido con un costoso traje azul marino de tres piezas y una camisa blanca, él hubiese pasado por un modelo de pasarela, pero en realidad era un despiadado dios largamente olvidado en ese mundo alejado de la protección divina.
En el pasado él hubiese vestido su armadura dorada o, a lo sumo, un blanco quitón bajo su himantion purpura, que lo señalaba como alguien poderoso. Pero en los tiempos que corrían, él solo usaba sus ropas griegas mientras estaba en su templo del Olimpo. Aventurarse al mundo mortal con el atuendo de un dios, solo asustaría a los humanos idiotas que Zeus había creado.
Cuando los lobos arcadios le dijeron que no volverían a ir tras el mago y no le traerían a la cazadora oscura que deseaba, él los había eliminado con solo un pensamiento. Los were habían resultado inútiles en contra ellos y la abominación que se acostaba con su melliza, Artemisa, los estaba ayudando, lo que hacía todo aquello mucho más complicado para él.
Apolo no era el tipo de dios al que le gustase ensuciar sus propias manos cuando deseaba obtener algo. Él prefería que los sirvientes y seres inferiores a él se encargasen del sucio trabajo plebeyo. Él era el dios del sol y, a su entender, lo mínimo que merecía es que todos le rindiesen tributo.
Había tenido que pedir varios favores a otros dioses del Olimpo para lograr dar con aquel sitio. Esa pequeña isla, que en apariencia estaba desierta, era el único lugar donde podría encontrar una herramienta para lograr su cometido.
Había perdido el rastro del mago y la ninfa. Apolo realmente no era un buen cazador. Mientras Artemisa había preferido la cacería, él había elegido tocar su lira rodeado de hermosas ninfas, y ahora la música no lo ayudaría. Ellos seguramente estaban escondidos en algún sitio protegido por la abominación Atlante. Y solo alguien de su calaña podría rastrear nuevamente su presa.
Sabía que lo que en esa isla habitaba podría matarlo fácilmente si lo deseaba. Pero el realmente esperaba que no lo hiciera. En el pasado ella había guerreado contra él, pero ahora tenía lo único que podría matarla y seguramente lo pensaría dos veces antes de atacarlo.
La daga dorada y engastada en piedras preciosas era uno de los objetos más extraños del universo. En el pasado habían sido numerosas como las estrellas, pero ahora solo quedaba una y Artemisa no había estado muy feliz de prestársela. Por suerte Apolo sabia ser persuasivo cuando lo deseaba y su hermanita no podría negarle nada, aunque quisiera.
Xanthiphe había captado la variación en la energía de la isla. Ella había elegido ese sitio siglos antes porque era lo suficientemente tranquilo como para saber cuando algo o alguien llegaba a sus costas sin permiso.
La demonio Caronte dio un ligero vistazo desde la entrada a su cueva y pudo ver quién era el intruso. El dios caprichoso había vuelto a buscarla más de once mil años después. Xanthiphe sabía que Apolo no era contrincante para sus poderes, pero la daga que traía en una de sus manos si lo era. Debía poner a salvo a su simi.
-Xamira, ven. Ven aquí.
Xamira revoloteó por la cueva y guardó silencio cuando su madre le señaló que así lo hiciese. Al igual que su madre, Xamira poseía la piel de un purpura brillante y el cabello blanco. Sus pequeños cuernos eran color naranja, igual que sus alas, y sus ojos eran verdes con bordes azules.
Xanthiphe abrazó a su simi. Ella era pequeña para ser una demonio. Apenas tenía poco mas de cuatro mil años. Xamira apenas era una infante. Ambas habían vivido solas en esa isla desde su nacimiento, Xanthiphe nunca había dejado que su simi se aventurase sola fuera de la cueva.
Cuando falló protegiendo a los bien amados de la diosa perra Apollymi, la Caronte había resistido el llamado para volver a kalosis, a dar una explicación de por qué había permitido que sus protegidos muriesen. Se había refugiado en el mundo humano aprovechando el caos que se desató después con la destrucción de la Atlántida.
Por cientos de años había vivido bien en las zonas rurales del mundo de los humanos, donde el ganado abundaba, y los imaginativos pobladores creían que ella era alguna especie de ser mitológico que robaba sus vacas y cabras. Cientos de los mitos alrededor del mundo se debían a ella.
Cuatro mil años antes ella se había cruzado sin querer con un Caronte macho, que había salido del infierno atlante en una misión que la diosa le había encomendado, y como resultado su Xamira había nacido un tiempo después.
El dios caprichoso seguramente había venido a matarla y no podía permitir que su simi viese aquello ni que fuese alcanzada por él.
Once mil años antes, ella había sido enviada por Apollymi para proteger a la ninfa Britomartis y a su esposo Alíates de la ira del dios Apolo. Xanthiphe había fallado en su misión pues Apolo asesinó al hombre a penas lo tuvo a su alcance.
Un tiempo antes, y por pedido de Britomartis, ella había enlazado las fuerzas vitales de ambos. Así que al morir Alíates, la ninfa también murió. Lo cual desató la ira del dios caprichoso y desencadenó los acontecimientos que terminaron con la destrucción de la civilización atlante.
La unión que la demonio Caronte había realizado era irrompible, ni siquiera las destinos podían deshacerla. En vida y muerte ella había unido las ousías, o esencias, de los enamorados. Así que si las Moiras reencarnaban a uno, deberían hacerlo siempre acompañados de su otra mitad.
La unión de las almas podía romperse, un alma podía morir, en cambio la ousía jamás lo hacía. La ousía permanecía intacta desde la creación y dos que habían sido unidos jamás podrían volver a estar separados.
Si Apolo había vuelto buscándola tanto tiempo después, eso quería decir que Britomartis y Alíates habían vuelto. Seguramente había traído la daga atlante para obligarla a darle su paradero, o peor, que deshiciese la unión que ambos tenían.
Xanthiphe moriría antes de volver a traicionar a sus amigos. Britomartis y Alíates habían sido bondadosos con ella cuando aún era demasiado joven y no permitiría que el dios idiota los molestase nuevamente. Su Xamira era pequeña pero era fuerte y la había entrenado sabiendo que ese día llegaría algún día.
- Xami, matisera te ama. Xami eres lo más importante que una Caronte puede tener. ¿Lo comprendes?, eres la simi mas bonita del universo.- usando el término Caronte para bebé, Xanthiphe pretendía calmar a su hija.
- ¿Qué ocurre matisera?
La niña estaba asustándose. Nunca había visto a su madre asustada. Su madre era una Caronte de calidad. Su madre era fuerte y le daba miedo que ella tuviese miedo.
- mírame.
Xanthiphe observó fijamente los ojos idénticos de su hija y le transmitió todo el conocimiento necesario para que cumpliese la misión en la que ella había fallado. Con suerte Xamira lo lograría y podría volver victoriosa a Kalosis, el infierno atlante, donde Apollymi la recibiría con los brazos abiertos o podría encontrar un Akri que pudiese cuidarla en su ausencia.
- Xami debes esconderte aquí. Cuando el dios se haya ido rastrea la ousía de Britomartis y protégela. Matisera te ama.
Xanthiphe besó por última vez a su simi y camufló su olor para que Apolo no pudiese encontrarla fácilmente. Con suerte el dios caprichoso se aburriría y se iría rápidamente.
La demonio tomó la forma de un enorme dragón de piel roja y voló hacia el sitio donde Apolo inspeccionaba sus uñas, sabiendo que la demonio vendría hasta él en cuando supiese de su presencia en la isla.
- Xanthiphe, cariño. Toma forma humana para que podamos hablar de dios a demonio.
La demonio Caronte tomó la forma de una hermosa mujer de aproximadamente veinticinco años, con alas de murciélago color purpura y cuernos naranja. Su cabello era negro y vestía un largo peplo rojo.
- ¿qué quieres olímpico?
Su lengua atlante estaba un poco oxidada, pero aun así se las arregló para entender lo que la demonio decía. Apolo estudió la daga con gesto arrogante. Sabía que la demonio estaba en modo ataque y debía permanecer atento.
- once mil años después y solo dices ¿Qué quiero? Sabes lo que quiero querida Xanthiphe.
- la respuesta es no.
- ¿sabes qué es esto?
- aun así la respuesta sigue siendo no. no tendrás a la ninfa.
Apolo destelló y se colocó detrás de la demonio para poder lanzarle una de las redes dykiton que también tomó prestada de Artemisa. Era imposible liberarse de ellas, habían sido un regalo de Britomartis y era casi poético que él se hubiese hecho con una para atrapar a la demonio.
Xanthiphe luchaba por liberarse de la red. Con cada movimiento que hacia esta se ceñía mas entorno a sus alas y la magia de las redes le impedía cambiar su forma para liberarse de otra manera.
La demonio Caronte lanzaba fuego y gritaba mientras la red se ajustaba entorno a su cuerpo. Estaba a merced de Apolo. Al estar indefensa, él logró tomarla y poner la daga sobre su garganta a fin de intentar convencerla de que le diera el paradero de la cazadora y el mago.
- Anula la protección que tiene el escondite. Anula la protección que tienen y te dejaré en paz.
Los blancos dientes de Xanthiphe estaban fuertemente cerrados y se podían ver a través de sus labios negros retraídos en un gruñido. Podía sentir el filo de la daga en su garganta y sabia que un fino hilo de tibia sangre corría por su cuello. Cualquier arma normal ni siquiera podría lastimarla un poco, pero el filo de esta ya había hecho un corte sobre su dura piel.
Xanthiphe comenzó a decir algo en su idioma. Y Apolo comenzó a exasperarse. Con los demonios no podías distraerte o tomarían ventaja.
- GUARDA SILENCIO ABOMINACION.
-está hecho.
La demonio presionó su cuello contra la daga y esta atravesó limpiamente la piel y tendones, asesinándola casi al instante. Ella había invocado a Apollymi en su propio idioma. Con suerte la diosa estaría lo suficientemente aplacada como para guiar a su hija hacia la pareja que ella había fallado en proteger en el pasado.
Sabía que la diosa odiaba las entrañas de Apolo porque él le había quitado algo muy amado. Con suerte ella haría caso a su ruego y protegería a Xamira en su misión.
Apolo dejó caer el cuerpo sin vida de la demonio y destelló fuera de la isla. Estaba cubierto de sangre caustica. Debería volver a su templo en el Olimpo para poder limpiarse y luego debería pensar otro plan. Subestimó la lealtad de la demonio y su gusto por la vida. Tenía que buscar la forma de hacer que la cazadora saliese de su escondite. Él no era muy dado al juego del gato y el ratón.
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Draco y Hermione estaban sentados en la sala de la casita del pantano, cada uno perdido en el mundo del libro que leía. Estaba anocheciendo y como había cazadores de sobra apostados en la ciudad, Acheron le había dicho a Hermione que no era necesario que saliese a patrullar por el momento.
La realidad era que Ash prefería darle un respiro a la cazadora. La noche anterior había muerto su escudera y su humor debía ser demasiado volátil como para enviarla de cacería tan rápido.
Además, la rabieta de Artemisa se había aplacado y lo estaba llamando nuevamente a su templo. Con suerte esta vez podría sacarle el resto de la información y necesitaba estar seguro de que Apolo no llegaría hasta Draco y Hermione mientras él no estuviese cerca.
Ambos saltaron cuando oyeron el característico siseo que emitía Salazar cuando había intrusos. El caimán criado por Draco era territorial, y cualquiera que no fuese amigo era recibido con un espeluznante sonido de advertencia.
Hermione tomó una de sus espadas retractiles y Draco mantuvo en alto su varita mientras se asomaban por la ventana de la casa. El pantano estaba oscuro afuera pero podían ver claramente una figura alada de cabello largo que le decía algo al cocodrilo en un idioma que ellos no comprendían.
La figura alada le era familiar a Draco. Él raramente había visto esa forma en ella durante los diecisiete años que había vivido en el santuario, pero la impresión que le había causado era suficiente para tatuarla en su memoria. Le hizo a Hermione una seña tranquilizadora y abrió la puerta, aunque decidió no bajar la varita por precaución.
- ¿Simi?, ¿Qué haces aquí afuera sola?
Xamira se acercó a ellos. Ella se movía muy parecida a un pájaro, ladeando su cabeza en ángulos extraños y con movimientos espasmódicos. Su rostro purpura estaba contorsionado como si quisiese recordar algo.
- ¿tú conoces a la simi?
La demonio frente a ellos habló en perfecto inglés, pero su acento era mucho más marcado que el de Simi. Y su tono de voz era distinto. Mucho más agudo, como si la demonio frente a ellos fuese más joven. Además Salazar conocía a Simi y nunca le sisearía de ese modo.
- ¿Simi que sucede?, ¿Dónde está Acheron?
- simi Xami no conoce ningún Acheron.
Draco cayó en la cuenta que la demonio frente a él claramente no era la Simi que él conocía. Esta tenía que ser otra demonio Caronte. Tratando de no irritarla le habló como él solía hablarle a Simi cuando estaba encaprichada con comer algo que le caería mal.
- ¿podrías tomar forma humana por un ratito?
La demonio mutó inmediatamente. Su matisera había dicho que rastreara al mago y lo protegiese. Ella podía oler su miedo y el de la hembra. Era mejor hacer lo que pedía y no asustarlos más.
Enfrente de ellos apareció una niña que no superaba los doce años. Ella tenía el cabello castaño claro con algunas hebras doradas y unos ojos celestes poco comunes. Ella había escondido sus alas, pero había conservado los cuernos. Xamira vestía un ligero peplo azul que resaltaba su mirada e iba descalza.
- deja de sisear a Xamira, cartera con dientes. O Xamira te comerá y hará sandalias con tu piel.
La demonio se dirigía al gran lagarto sin ningún tipo de miedo y le hablaba severamente mientras su dedo índice se mantenía en alto enfatizando su discurso. Salazar comenzó a retroceder como si entendiese lo que la demonio decía e inmediatamente desapareció en las aguas verdes del pantano.
Según el poco conocimiento que Simi tenia a cerca de los de su especie, que había podido darle a Draco, ellos no hacían caso a nadie salvo que quisiesen hacerlo o que fuese su amo. En el caso de Simi, solo Acheron podía gobernarla, y él fallaba miserablemente la mayoría de los días.
Si no se equivocaba, Apolo nunca podría haberles enviado esa demonio a matarlos. Los Carontes eran demonios atlantes y odiaban con pasión todo lo que fuera griego, y más aun a sus dioses.
- ¿quién te envía Xamira?, ¿ese es tu nombre verdad?
- sí.
- ¿si qué?
La demonio comenzaba a exasperarse. Ella nunca había visto a humanos más que a los de los recuerdos de su madre. Y esos que estaban enfrente de ella eran parecidos, pero eran tontos. Muy tontos.
- mi nombre es Xamira. Única simi de Xanthiphe y Philoctes. Una Caronte de calidad. Mi matisera me envió a cuidar la ousía de Alíates y Britomartis, para que el dios caprichoso no los dañe.
Hermione cada vez entendía menos. Ella conocía a Simi, y había pensado que no existía otra como ella. Pero ahora descubría que no solo había otra, sino que era más salvaje que la Simi original.
- ¿Quién es Xanthiphe?
- mi matisera. La mejor Caronte. El dios malvado la asesino. Pero matisera dijo simi Xami debes proteger a los enamorados. Xamira vino a cuidar que el dios malo no los mate también.
Por primera vez desde que abriesen la puerta Hermione tomó la palabra.
- ¿por qué Apolo nos quiere muertos?
- no lo sé. ¿Importa la razón? Muerto es muerto. Que importa por qué, cuando el asunto es evitarlo. ¿Sí?
Ella tenía un punto realmente bueno en eso. Pero Hermione no era de las que se conformaba con respuestas vagas a sus preguntas. Ella necesitaba llegar hasta el fondo de la cuestión.
Xamira se acercó a olerla. Hermione se esforzó en mantenerse quieta ante el escrutinio de la demonio. La Caronte apenas era unos centímetros más baja que ella y eso que era una infante. Probablemente cuando Xamira fuera una adulta, ella sería casi tan alta como Simi.
- tú no eres humana - anunció la demonio- eres Britomartis, pero ya no tienes un alma.
- mi nombre es Hermione. Soy una cazadora oscura.
- lo sé. Apestas como el dios malvado.
- sirvo a Artemisa no a Apolo. Él me quiere muerta, ¿recuerdas?
La demonio hizo una seña como si no le importase lo que Hermione estaba diciendo.
- Xamira, ¿tú podrías decirnos por qué Apolo nos busca?
La demonio se giró violentamente hacia Draco y le sonrió mostrando sus colmillos. Al parecer el mago era más simpático que la cazadora, lo cual era raro porque la Britomartis del recuerdo de su madre era mucho más buena que esta.
- puedo mostrártelo.
Ella caminó hacia Draco y tomó su barbilla obligándolo a encorvarse para estar a la altura de sus ojos. Luego, como si de un pensadero se tratase, Draco comenzó a ver cientos de recuerdos muy similares a los que se sucedían en sus sueños.
Él se vio vistiendo un quitón en una playa, junto a Hermione. No, junto a Britomartis, una ninfa. Vio a una demonio similar a Xamira, pero adulta, y a una niña muy similar a las fotos que había visto de su madre cuando era pequeña, pero esta tenia cabello negro.
Él y la ninfa tenían sus manos entrelazadas y la demonio las cubría con las suyas mientras susurraba algo en el mismo idioma que habían oído hablando a Xamira más temprano.
Luego la imagen cambió. Se vio poniendo a la niña en una barca al amanecer y colgando en su cuello el regalo de bodas que Apollymi les había dado. Fácilmente pudo reconocer en esa joya el giratiempos que los Black habían protegido por generaciones.
Besó la frente de la niña y empujó la barca para que entrase al agua. Una última plegaria a Apollymi fue suficiente para que una ola poco natural arrastrase la barca con destino desconocido para él, pero en su corazón sabia que a donde fuese Astérope, ella estaría a salvo.
La imagen cambió nuevamente. Britomartis estaba junto a él vestida con una armadura broncínea, mientras él tenía su tridente de pesca y Xanthiphe en forma de dragón. No tenía idea de cómo combatiría pero por su esposa haría lo que fuese. Apollymi lo ayudaría.
Apolo apareció frente a ellos. Vestía su armadura dorada y manejaba una cuadriga con blancos caballos alados. En sus flancos cientos de Apolitas cabalgaban. Britomartis bufó junto a él antes de burlarse de todo el despliegue que el dios hacia contra una ninfa, una demonio y un pescador.
Un emisario apolita se adelantó a la formación. Alíates se relajó. Probablemente no tuviesen que enfrentarse abiertamente a un dios. No era un cobarde, pero un ejército contra tres, helaría la sangre de hombres más valientes o menos estúpidos que él.
La demonio y Britomartis reaccionaron un latido mas tarde de lo necesario. Cuando lograron llegar hasta Alíates, la jabalina que el apolita había lanzado hacia blanco atravesándolo de lado a lado a la altura de su corazón.
Apolo observaba satisfecho como ambas mujeres intentaban socorrer al pescador, mientras el hermoso Cipariso, uno de sus amantes humanos, volvía para cubrir su flanco izquierdo por si una batalla se desataba.
Ahora que Alíates estaba muerto y que tenía un ejército junto a él, podría doblegar a Britomartis. Apolo tenía una puta griega en una de las islas estado. Ella había dado a luz recientemente y se esforzaba por complacerlo, pero era humana y aunque fuese una princesa, no era la ninfa que llevaba siglos deseando saborear.
Britomartis lanzó un agudo grito de guerra cuando la luz se fue completamente de la mirada de su amado Alíates. Con su muerte ella se había convertido en mortal. Xanthiphe le había prometido que no tendría que vivir una eternidad sola si su amante humano moría.
La unión que la demonio había realizado se llevaba su inmortalidad al instante que Alíates cayera. Ahora ella podría morir y seguir a su esposo al Hades. Apolo no se saldría con la suya, Apolo jamás pondría sus sucias manos sobre ella.
Tomó su espada y con una mirada ordenó a la demonio que fuera por el ejercito apolita. Ella tomaría su venganza de Apolo y luego seguiría a su Alíates a la tumba.
Apolo vio como Britomartis corría hacia él enarbolando su espada. Ella estaba furiosa y esa ira lo calentó profundamente. Era el fuego de su ninfa lo que más le atraía de ella.
Apolo tenía cientos de amantes en todo el mundo. Mujeres, hombres, ninfas y diosas. El dios del sol no hacia diferencias, siempre y cuando fueras lo suficientemente bello. Solo Britomartis se había negado a su atención, y eso la hacia la fruta prohibida que tanto deseaba.
Cipariso interpuso su caballo entre Apolo y la ninfa. No dejaría que su amante fuese herido por la mujer. Lo siguiente que supo es que un pulso de energía lo había volteado del animal y que Britomartis tenía una espada sobre su cuello.
El dios palideció cuando vio como la demonio mermaba el ejército sin sudar. Se batió en retirada cuando Britomartis lanzó hacia él la cabeza cercenada de Cipariso.
- Te maldigo Apolo. Te maldigo a ti y a toda tu descendencia. Nunca serás el rey del Olimpo. Nunca serás nada y tu nombre será olvidado pronto por los humanos.
La ninfa había apuntado su espada hacia su vientre y mientras hablaba la empuñaba con la intención de clavársela.
- baja la espada Britomartis. Ambos sabemos que no puedes morir.
- te equivocas… JAMÁS ME TENDRÁS APOLO…
Xamira soltó a Draco y este sacudió su cabeza como si todo lo que había visto fuese demasiado como para poder procesarlo en un instante.
- ok eso fue raro.
- ¿Qué viste Draco?
- Xamira, ¿podrías mostrarle a Hermione lo que me mostraste a mí?
Por toda respuesta al demonio se desplazó hacia la cazadora como si levitase y le tomó el mentón. Hermione pudo ver las mismas escenas que Draco había visto, pero desde la perspectiva de Britomartis.
- ¿de dónde vienen esas imágenes?
- están almacenadas en la ousía. Matisera solo enseñó a Xamira como buscarlas para ustedes.
- ¿Qué es la ousía?
- humanos tontos. Ustedes no saben nada. ¿No?, la ousia es la esencia de uno. Es lo que permite ser. Puedes no tener un alma como ella - dijo señalando a Hermione - pero si tu ousía sigue intacta entonces puedes seguir vivo. Los dioses tienen ousías que los hacen inmortales, mientras que las de los humanos tienen solo algunos años antes de necesitar volver a la fuente, para luego poder regresar. La matisera de Xami unió las ousías de ustedes, haciendo mortal la de Britomartis, así ella podría volver siempre con su esposo.
Ambos estaban extremadamente confundidos. Lo que Xamira les había mostrado, y lo que les decía carecía de todo sentido, pero aun así no parecía completamente descabellado. Ellos habían soñado con esas escenas, no se lo habían mencionado al otro, pero de alguna forma desde que se acostaron por primera vez, ellos habían vuelto a verse como eran antes.
La conexión que había surgido entre ellos cobraba sentido con lo que Xamira decía. Todo lo que estaban sintiendo ahora quizá tuviese mucho que ver con lo que la madre de la Caronte frente a ellos había hecho siglos atrás.
- Xamira tiene hambre. ¿Hay de esos animales con cuernitos por aquí?, los que hacen muu. O si no, un par de los que hacen meeee. Xami no es delicada. Podría comer la cartera con dientes pero huele feo por el agua allí abajo.
Ok, estaban en problemas. Si Xamira tenía la mitad del apetito que Simi, ellos rápidamente se quedarían sin opciones para alimentarla.
- ¿Qué haremos con ella?
- esa es una pregunta realmente buena Hermione, y no tengo absolutamente ninguna respuesta para ella. Estoy completamente abierto a sugerencias de cualquier clase.
Ambos suspiraron viendo a Xamira que parecía ponerse impaciente mientras ellos no le permitían entrar a la casa ni le daban alimento. Su mamá había muerto esa mañana y no había comido nada desde la noche anterior, estaba realmente hambrienta.
Por lo que sabían, Simi había pasado mucho más tiempo rodeada de humanos y aun así a veces era poco menos que civilizada. Los dioses los protejan de Xamira hambrienta.
- será mejor que los tres entremos. Xamira puedes comer algunas cosas que tenemos adentro. Yo veré que puedo conseguir.
Draco entró con las mujeres a la casa y levitó la mayoría de los comestibles hacia la mesa para que Xamira comiese. Ellos se sorprendieron al ver lo educada que la niña aparentaba ser.
Hermione decidió llamar a Acheron. Necesitaba con urgencia algún tipo de directiva de su líder. Aquella noche comenzaba a ponerse más y más extraña.
Como era de esperarse, Acheron no respondió su teléfono. Él generalmente respondía su teléfono al primer tono, y si no lo hacía era porque estaba literalmente desaparecido en combate. Decidió dejarle un mensaje explicando lo que había sucedido. Quizá el pudiese oírlo más tarde y darle alguna directiva.
- ¿no pudiste dar con él, no?
- su teléfono está muerto.
- bien. Hablé con Rami. Él traerá una vianda tamaño Simi en un par de minutos.
Como Draco había dicho. En media hora uno de los osos se acercó al pantano y Draco salió a buscar la comida para Xamira. Hermione estaba sorprendida de la paciencia que él tenía con la demonio. Debía admitir que solo él y Hagrid podrían pensar que criaturas potencialmente asesinas podían parecer adorables.
Una vez el hambre de la Caronte hubo sido saciado ella caminó hasta el sofá de la sala y se encogió para acostarse sobre el asiento con los pies levantados en el aire y su cabeza colgando hacia el piso.
Hermione la observó frunciendo el seño y observó como Draco le colocaba una manta sobre el pequeño cuerpo.
-¿Qué hace?
- descansar. Ellas duermen así.
- ¿en serio?
Él asintió.
- algunas veces Simi comía demasiado y cuando le daba sueño apoyaba los pies en la pared para dormir. No tengo idea de por qué.
- es cómodo. - dijo Xamira somnolienta – deberían intentarlo.
Segundos después ella estaba dormida. Hermione adivinó aquello por el sonoro ronquido que salía de los labios entreabiertos de la niña.
- ¿no me digas que Simi hace esto también?
- no. por lo que recuerdo los de Simi son más fuertes.
- ¿Cómo lo toleran?
- considerando que Simi es lo que Acheron mas quiere en el mundo, que cada uno en el santuario le debe su vida por algún motivo y que él moriría si algo le pasa. Todos toleramos a Simi.
- ¿y tú?
-yo muy probablemente mataría o moriría por mantenerla a salvo.
- ¿sabes algo Draco Malfoy?, no hay muchos hombres en el mundo que harían algo así por una demonio.
- es porque ellos no tienen una para amar.
Hermione besó la mejilla de Draco mientras ambos veían a la demonio dormir. Había algo naturalmente irresistible, simpático y en última instancia dulce sobre Xamira. Ella podía comprender por qué todos amaban a Simi. Esta Caronte había estado con ellos por un par de horas y era imposible evitar quererla.
Viendo a Draco acomodar la manta para que la demonio no tuviese frio. Ella se permitió soñar por primera vez desde hacía dos siglos. Soñó con pasar noches enteras con Draco. Soñó con pasar días enteros llenos de risa a su lado.
Soñó tener un hogar junto a Draco. Y soñó con un par de niños rubios y de ojos grises de mirada picara y sonrisa traviesa.
Lo que Xamira le había revelado horas antes había encajado las piezas en su mente. La atracción que sentía por Draco no era antinatural, ellos estaban unidos de alguna forma y al recordar lo que ella era ahora rompió su corazón.
Él era un humano aun y a diferencia de ella conservaba su alma. Si ambos morían a manos de Apolo, él volvería a nacer tarde o temprano, pero ella sería una sombra por el resto de la eternidad. Si moría sin haber recuperado su alma ella seria condenada a un castigo mucho peor que el infierno. Ella padecería hambre y sed eternamente, nadie podría ayudarla, pasaría la eternidad padeciendo sola un castigo peor que la muerte misma. Si ellos sobrevivían a esto, ella aun seguiría siendo una cazadora oscura.
Como si él hubiese adivinado los oscuros pensamientos que rondaban en su mente, tomó su rostro entre sus manos mientras le mordisqueaba los labios con los dientes. De repente, profundizó el beso mientras pasaba las manos por su espalda, acercándola a sus caderas para que pudiese sentir cuan duro y preparado estaba para ella.
Ella lo sintió por todo su ser. Cada hormona y célula de su cuerpo chisporroteó. Lo deseaba con una ferocidad que la aterraba.
Hermione envolvió sus brazos alrededor de los poderosos hombros de Draco y se dejó guiar de espaldas por el pasillo hacia la habitación que ambos habían estado compartiendo esos días.
- mmm. Draco… Xamira…
- ella dormirá por horas. Además ronca, podemos oírla desde la habitación.
-o-
Acheron despertó por el sonido de su teléfono dentro de su mochila. Él normalmente apagaba aquel infernal aparato cuando no estaba al alcance de sus cazadores, pero dada la situación que tenía entre manos, había decidido no hacerlo por el momento.
Casi había logrado alcanzar el aparato cuando este estalló en cientos de pedazos a muy corta distancia de sus dedos.
- regresa a la cama Acheron.
Ash pasó una de sus manos por su largo y desagradablemente rubio cabello y suspiró frustrado. Había venido al Olimpo con el fin de conseguir más información y como siempre había caído en una nueva treta de Artemisa.
Su blando corazón humano se había compadecido de la diosa cuando la halló llorando y con una sangrante herida en sus carnosos labios. Apolo la había golpeado porque se había negado a prestarle algo que ella no quiso decirle. Ash se había visto tentado a buscar al estúpido dios y darle un poco de su propia medicina, pero el llanto de Artemisa había podido con él. Ahora se arrepentía de aquello.
Artemisa hizo un sonido de profundo disgusto cuando él no hizo caso de volver a la cama y comenzó a vestirse. Cuando Acheron la ignoró, ella comenzó a montar una rabieta completamente inapropiada para una diosa que había creado un ejército supuestamente para proteger a la humanidad de los Apolitas y Daimons que su hermano gemelo había moldeado a su imagen y semejanza para luego investirlos con poderes divinos.
Como era de esperarse ella inmediatamente había abandonado aquel ejército. Como un niño con un juguete que ya no le entretiene, ella había abandonado a sus hombres en las cautelosas manos de Acheron y luego lo había utilizado para atarlo a ella por siempre.
- ME PROMETISTE UNA SEMANA ENTERA DE SERVICIO SI DEJABA IR EL ALMA DE ESA MUJER. LIBERÉ A LA ÚLTIMA CAZADORA PARA TI. ME PEDISTE UN DIA POR LA FESTIVIDAD HUMANA Y TE LO DI. DEBES PAGAR TU DEUDA ACHERON.
Artemisa no conocía la compasión, y nada que no fuesen sus propios deseos la conmovía.
- tu hermano está tramando algo contra una de mis cazadoras, Artemisa. Tu misma dijiste que tenías miedo de que hiciera algo estúpido. Deberías dejar de ser tan egoísta y liberarme de mi palabra.- Ash volvió su cabeza para mirarla con una expresión poco afectuosa.
Artemisa se transportó desde la cama directamente hacia la espalda de Acheron, a sabiendas cuanto odiaba aquello. Con la intención de molestarlo bajó arrastrando sus uñas dolorosamente por su columna vertebral cortando su carne y dejando a su paso sangrantes cortes.
En otras condiciones, esas heridas se cerrarían instantáneamente de no ser porque ella usaba sus poderes para asegurarse de que permanecieran frescos, profundos y dolorosos. Ash se puso rígido cuando su espalda comenzó a arder, esperaba que Draco tuviese dictamo en su cabaña para cuando pudiese regresar.
Artemisa odiaba el hecho de amar Acheron, y por toda su extremadamente larga relación ella lo había lastimado, porque en su mente, ella no podía vivir sin él.
- ¿Has terminado ya con tu rabieta Artie?
Ella dio un fuerte tirón a su cabello como respuesta.
- debería azotarte por tu insolencia.
Ash suspiró cansado. Su espalda aun escocía de la anterior paliza a pesar de que Draco había hecho un buen trabajo sanándolo antes de Noche Buena. Ese era una parte del precio que ella le obligaba a pagar por el alma de un cazador. Ella siempre había sido así de sádica.
El hecho de que Acheron pudiese recibir una paliza sin sobresaltarse siempre la había encendido, poder castigarlo por el solo hecho de que él no la amaba con la misma intensidad era su único consuelo.
Ash había sido criado en la brutalidad y, en ese tiempo, reaccionar a eso solo habría servido para empeorar sus castigos, así que había aprendido desde su primera hora de vida a aguantar todo y seguir adelante.
- Lo sea que te haga feliz Artemisa…
-o-
N.a: fin del capítulo. Perdón la tardanza, pero hubo un accidente con mis archivos y se me perdieron varios capítulos y epílogos (inserte llanto desconsolado). Espero que les haya gustado. ¡HASTA LA PROXIMA!
