El beso fue lento al comienzo, pero pronto se tornó apasionado una vez más, a pesar de ese corto momento de vulnerabilidad en el que, le había abrazado, Kyo se sintió algo aliviado de que, el pelirrojo correspondiera el beso con igual intensidad, no solo moría de vergüenza con todo lo que estaba pasando, sino que pensar en que, la situación se pudiese tornar romántica, le hacía querer cavar un hoyo y meterse bajo tierra. Las manos del pelirrojo deshicieron el nudo de la corbata y le despojaron del blazer, dejando a Kyo solo con la camisa blanca. Aún entre el beso, el pelirrojo encontró la forma de desabotonar la camisa y abrirla, para sumergir sus manos en su pecho y recorrer los músculos con avidez.
Recuerdos de lo ocurrido la noche en la que habían hecho eso mismo, llegaron a su mente, su piel recordaba el toque de las manos de Iori, aun cuando había tenido un cuerpo distinto, esas caricias se sentían igual y volvía a sentirse tan excitado como aquella vez. Sus manos no tardaron en recorrer la ancha espalda del pelirrojo también, sentía un renovado deseo por sentirlo, su anatomía era diferente, pero su piel se sentía igual bajo su tacto. Su olor era el mismo, notó, embriagado con su cercanía, todo en él era magnético, era como un campo gravitacional al que no podía escapar.
La mano de Iori bajó por su estómago y Kyo jadeó entre el beso anticipando lo que vendría después; su mano cerrándose en su entrepierna erguida y dispuesta.
Iori comenzó a mover la mano, apretándolo deliciosamente, consiguiendo un ritmo desquiciante con una experticia que le dejó sorprendido. ¿Qué tanta experiencia tenía Iori? Pensó por unos instantes, de por sí, el pelirrojo parecía muy seguro de sí mismo mientras hacía esas cosas y por, sobre todo, no parecía tener ningún tipo de vergüenza. Quizás Iori se había acostado con otros hombres, Kyo nunca se había interesado en la vida personal de su rival, así que no tenía idea de cuáles eran sus preferencias.
Iori cortó el beso y comenzó a besar su quijada, para luego ir bajando por su cuello hasta llegar al sitio donde se había puesto espadrapo y banditas. Con un gruñido que sonó molesto, el pelirrojo retiró el espadrapo halándole la piel descuidadamente, haciendo que Kyo frunciera el ceño sintiendo un dejo de dolor en la piel malherida.
- ¿Qué haces? – Murmuró confundido y su respuesta pronto llegó, Iori se inclinó y comenzó a lamer las heridas que aún no terminaban de cicatrizar – Oi... Yagami... - Murmuró entre avergonzado y desconcertado con tal acción. Iori no respondió y continuó lamiendo la sangre, produciéndole una mezcla de ardor y cosquilleo. Las heridas no eran lo suficientemente grandes como para que el dolor fuera intenso, además Kyo tenía una excelente tolerancia al mismo gracias a los entrenamientos a los que había sido sometido desde pequeño y todas las peleas en las que había estado al borde de la muerte.
Iori continuó acariciando su entrepierna, mientras seguía lamiendo sus heridas, Kyo sintió que la extrañeza inicial se disipaba conforme el placer se sobreponía a cualquier vestigio de dolor. El movimiento de su mano se aceleró y el castaño comenzó a sentir como se acercaba rápidamente al clímax, su cuerpo tensándose en anticipación. Jadeó sin poder contenerse esta vez y gemidos se pudieron escuchar en el silencio de la habitación, su propia voz parecía ajena a sus oídos, Kyo no recordaba sonar así cuando había estado en ese tipo de situaciones en el pasado, ahora que lo pensaba, cuando se había acostado con Yuki se había controlado bastante y en cierta forma hasta había sido estoico, había sido ella quien había gemido entre sus brazos. Esos sonidos desvergonzados que escuchaba por primera vez, parecían impropios y foráneos, aunque fueran suyos. Iori estaba causando todas esas reacciones en su cuerpo por primera vez.
El movimiento se aceleró y pronto Kyo se aferró a la espalda de Iori enterrando las uñas en su piel, las dudas y preguntas que plagaban su mente, se disolvieron para dar paso a la intensa sensación del orgasmo.
- Y-yagami... ghnn... - Balbuceó y entonces sintió los dientes de Iori en su cuello. El pelirrojo lo mordía, allí donde le había herido antes. Sintió el ardor y el agudo dolor en la piel magullada, pero el placer que lo embargó al alcanzar el clímax, fue mucho más poderoso. Aruñó la espalda del pelirrojo con ahínco y su semilla tibia se esparció salpicando su propio estómago y la mano de Iori.
Iori retiró el rostro unos momentos después, su boca manchada de escarlata, la sangre de Kyo deslizándose perezosa por la comisura de sus labios. Kyo lo miró con la mente en blanco, ciertamente el pelirrojo lucía macabro, pero en ese momento el castaño aún se encontraba en las nubes por los estragos del orgasmo. Se quedaron sentados en el mueble mirando el techo sin decir nada, la respiración de Kyo volviendo lentamente a la normalidad, su cabeza sin poder asimilar nada de lo ocurrido.
Se levantó en silencio cuando se hubo calmado un poco y se dirigió al baño dejando al pelirrojo solo en la sala.
Una vez en el baño, el espejo lo recibió con una insólita imagen. El Kyo que veía en el reflejo, estaba hecho un desastre, las heridas en el cuello se veían coloradas y aunque no era profundas, la sangre escandalosa manchando su piel, daba la impresión de que hubiese sido mordido por un Vampiro de ultratumba. Aún tenía la camisa blanca a medio poner y su piel estaba perlada con una ligera capa de sudor. Se llevó una mano al cabello intentando organizar las desordenadas hebras castañas y abrió la llave del lavamanos para limpiarse la sangre de la herida.
Lo que acababa de pasar era desconcertante, pero al mismo tiempo, se sentía como algo que Iori haría. No podía evitar sentir una sensación de familiaridad en ese acto. Iori estaba mal de la cabeza, pensó mientras se llevaba una mano a la herida, pero entonces ¿Qué tan mal estaba él para permitir eso?
Se limpió las heridas descuidadamente, se colocó una gaza sostenida con esparadrapos, aún perdido en sus pensamientos, y no notó cuando el pelirrojo había entrado en el baño. Las manos de Iori de repente le rodearon por la cintura en lo que se sintió como un abrazo por la espalda y luego posó su cabeza en su hombro, Kyo levantó el rostro para observar al pelirrojo en el reflejo del espejo. Lucía apacible, extrañamente tranquilo, como si estuviese en paz consigo mismo.
Kyo se quedó en silencio, solo recibiendo el gesto, se sentía nervioso de nuevo, su cercanía siempre le producía un vacío en el estómago. Le miró con las mejillas levemente coloradas y decidió poner en palabras la pregunta que tanto le estaba carcomiendo la cabeza.
- Entonces... ¿Fue esto un deseo de Orochi? – El castaño se llevó una mano al cuello palpándose la herida ahora seca cubierta con la gaza, había limpiado la superficie con un algodón que ahora yacía manchado de sangre sobre el lavamanos.
Iori lo miró cansino, aquella pregunta también se la había hecho el mismo, le había estado dando vueltas al asunto desde la mañana, cuando había atacado a Kyo sin ser consciente de ello. Aún sin soltarle del abrazo, decidió que era mejor ser sincero con él de una vez por todas, luego de todo lo que había pasado esa semana, le debía eso a Kyo al menos.
Le había costado darse cuenta de ello, el efecto de Orochi en su sangre y la voluntad que se manifestaba en su cuerpo eran confusos y ambivalentes, siempre había creído que todo su odio y su deseo de matar a Kyo provenía del dios serpiente, sin embargo, cuando había lamido la sangre de Kyo, cuando había hundido sus dientes en su piel, se había dado cuenta de que, aquello le producía placer, él, Iori Yagami deseaba sentir todo del Kusanagi y eso incluía desgarrar su piel y lastimarlo.
Una obsesión enfermiza sin duda. Pero que no tenía que ver con Orochi.
- No – Respondió escuetamente – Es mi deseo – Se imaginó la clase de respuesta que Kyo le daría, probablemente iba a intentar escapar de su abrazo, se iba a enojar y volverían al punto de partida en el que se enfrentarían a puños.
Esperó unos momentos con su vista puesta en el algodón ensangrentado que yacía solitario sobre la porcelana blanca y luego cuando alzó la mirada, lo que encontró en el rostro de Kyo, lo dejó anonadado. Kyo estaba sonriendo complacido.
- ¿Te acabo de decir que deseo lastimarte y sonríes? – Preguntó Iori aún desconcertado, pero con un deje burlesco en la voz.
- Si me hubieras dicho que era por Orochi, Yagami, honestamente te iba a partir la cara a golpes – Respondió Kyo, su mano aún estaba puesta en la gaza que cubría las heridas, Kyo se quedó unos momentos pensativo y luego agregó – Eso significa que... todo este tiempo me has buscado, porque tú lo has querido –
Iori se quedó mudo al escuchar esa conclusión, Kyo tenía razón y no le quedaba más que aceptarlo. Si lo buscaba constantemente para pelear, era por qué quería sentirlo, Orochi era solo una excusa.
- Entonces... - Continuó Kyo mordiéndose el labio ligeramente - ¿Qué va a pasar ahora? –
- Esperaremos a mañana a que el carpintero haga su trabajo y repare el altar, los talismanes habrán terminado su trabajo para esta noche también – Respondió Iori simplemente.
- ¿Y después? – Preguntó Kyo, le avergonzaba ponerlo en palabras, decir que ambos estuviesen en una especie de relación ahora, cuando Iori había tenido cuerpo de mujer, Kyo había pensado en ella como su novia, le había resultado tan fácil imaginarlo, con todo lo que había pasado en esos últimos días ¿Cómo no iba a ser de otra manera?
- Y después... - Murmuró Iori, mientras que con sus brazos apretaba a Kyo más contra su cuerpo, sus labios acercándose a su oreja – Voy a hacerte gritar –
El aliento del pelirrojo le hizo sentir un cosquilleo irresistible en la oreja y lo que dijo le envió un escalofrío por todo el cuerpo. Kyo sabía muy bien a que se refería. Sintió una mezcla de nervios, excitación y la emoción de descubrir algo nuevo, sus mejillas se colorearon aún más y cerró los ojos sin poder evitar sonreír tontamente. En ese momento comprendió que Iori, sin importar el cuerpo que tuviera, le gustaba, le atraía su personalidad, el peligro que representaba y por encima de todo, le encantaba ser el objeto de esa malsana obsesión, porqué entonces, eso significaba que, su atención estaba puesta solo en él.
Y Kyo disfrutaba ser lo único que esos ojos carmín miraran. Que lo deseara solo a él.
De repente el sonido del estómago del castaño retumbando con el hambre, cortó el momento, Iori deshizo el abrazo con una sonrisa burlona y Kyo avergonzado se llevó la mano al estómago.
- ¿Pizza y cerveza? – Preguntó Kyo con una sonrisita.
- No, gracias, quiero comer como un adulto, aunque sea un sacrilegio para ti – Respondió Iori meneando la cabeza.
- Tch, seguro que te la pasas bebiendo y comiendo basura solo en tu apartamento – Respondió Kyo quien no podía imaginar a Iori cocinando cosas saludables en ese sótano digno de asesino en serie donde vivía.
- Hay muchas cosas de mí que no sabes – Comentó simplemente saliendo del baño, Kyo lo siguió abotonándose la camisa.
- Perdona por no saber nada de tu vida, siempre he estado demasiado ocupado tratando de esquivar tus golpes y no morir – Respondió socarrón. Iori no respondió a eso, pero se dirigió a su cuarto en donde comenzó a buscar en la ropa de Kyo, algo para ponerse.
- Vístete, vamos a salir – Comentó Iori colocándose una camiseta que le quedaba algo apretada en el pecho.
- ¿Ah? ¿A dónde? – Preguntó confundido, ya le daba igual que se pusiera su ropa, por lo que no hizo ningún comentario cuando el pelirrojo se había colocado sus jeans.
- Al supermercado, ¿Cómo voy a cocinar si tu cocina tiene solo galletas, café vencido y cerveza? –
- Oi... vas a cocinar ¿En serio? – Exclamó Kyo, sintiéndose entusiasmado, ignorando el comentario borde - ¿Qué sabes preparar? – Agregó.
- Sorpresa – Respondió el pelirrojo caminando hacía la sala.
- ¡Momento! No intentarás intoxicarme ¿Verdad? – Preguntó Kyo entrecerrando los ojos, Iori se giró y le dedicó una mirada irritada.
- Deja de decir estupideces y vístete rápido, no tengo todo el día – Espetó al lado de la puerta, se estaba colocando la gabardina.
- ¿Es que acaso tienes un mejor lugar a dónde ir? – Preguntó Kyo con una expresión presumida, se estaba colocando un jean.
Cuando se había subido el jean y tenía las manos ocupadas en el botón, el pelirrojo lo sorprendió robándole un beso. Kyo abrió los ojos sintiendo un shock eléctrico recorrer su cuerpo al instante. Correspondió el beso sin pensarlo dos veces y Iori mordió su labio inferior levemente de manera casi juguetona.
- Es la única forma de que te calles – Dijo cuando se hubieron separado.
Kyo desvió la mirada hacía sus pies cohibido con la inesperada acción, de nuevo sintiendo las mejillas calientes. Cuando alzó la mirada, Iori ya estaba de pie al lado de la puerta abierta del apartamento. Le miraba maliciosamente, con la perversa satisfacción de un depredador que sabe, que ha conseguido atrapar a su presa.
Kyo se puso las zapatillas deportivas aún avergonzado con el beso, pero le siguió por el pasillo.
Llegaron al supermercado en menos de 15 minutos en la moto, Kyo todavía no se podía creer que Iori fuera a cocinar, realmente imaginar al tipo que se había pasado años tratando de matarlo, haciendo algo tan cotidiano como ir a un supermercado por ingredientes para luego cocinar, se escapaba a los límites de su imaginación. Mientras cogían un carrito para echar las compras, Kyo intentaba visualizar en su mente a Iori en su sótano cocinando, ¿quizás el pelirrojo había aprendido a cocinar para sorprender a sus conquistas? Se le ocurrió y entonces se imaginó a Iori preparando una cena romántica con velas incluidas para algún amante y un escalofrío desagradable le recorrió la espalda con la imagen mental.
Iori avanzó por el carrito hacía el área de vegetales y Kyo observó anonadado la cantidad de cosas verdes que existían y que no lograba identificar. Creciendo en la mansión Kusanagi había comido de todo tipo de platos tradicionales, pero nunca había visto el proceso y no lograba distinguir los tipos de verduras y legumbres.
- Coje unos champiñones y unos chitakes – Le indicó. Iori tomó una bolsa con tomates Cherry, una berenjena, ajo, cebolla y luego se giró para ver como Kyo se quedaba con la mirada en blanco observando la extensa cantidad de hongos con sus variopintas formas en el estante. No tenía ideas de cuáles eran los champiñones y cuáles eran los chitakes.
- Olvídalo, lo haré yo mismo – Agregó con un dejo burlón en la voz. Kyo torció la boca en un puchero observando a Iori coger los hongos en cuestión.
Pronto llegaron a la sección de carnes, el castaño se acercó a los pescados y su sonrisa se deshizo cuando Iori meneó la cabeza en una negativa y pedía carne molida de cerdo. Momentos después la atención del castaño se desvió hacía él área frigorífica donde estaban los productos lácteos y postres con delicados diseños y acabados.
- ¿Tanto te gusta el dulce? – Preguntó Iori con una mueca de desagrado, cuando vio a Kyo tomando un flan de caramelo con chocolate.
- En realidad, no... – Respondió dejando el postre en la vitrina, Iori notó un ligero sonrojo en sus mejillas. Kyo realmente quería ese postre, pero le daba vergüenza admitirlo por algún motivo. Suspiró pensando que, Kyo a veces se comportaba como un niño.
Al cabo de unos minutos, terminó de echar todo lo que necesitaba en el carrito y se dirigió a la caja registradora, Kyo le siguió con las manos en los bolsillos en silencio.
- ¿Qué es todo esto? – Exclamó Kyo ante la variopinta cantidad de condimentos Iori había comprado y que ahora colocaba organizadamente en la encimera de la cocina. El castaño tomó uno de los frasquitos de plástico y trató de leer el nombre con pronunciación Japonesa – Ore...ga...¿no? –
- Orégano – Repitió el pelirrojo – Es una hierva – Kyo hizo una mueca de asco y volvió a colocar el frasco con el orégano seco - ¿Te la pasas comiendo Pizza y no sabes que el orégano es indispensable en la comida italiana? –
- ¿Vas a cocinar algo italiano? – Preguntó Kyo cruzándose de brazos, escogiendo deliberadamente no golpear a Iori por el comentario que acababa de hacer.
- Pasta boloñesa – Respondió el pelirrojo y se colocó manos a la obra, usando los limitados utensilios que Kyo tenía, al menos había una olla profunda para poder hervir el agua y una sartén para reducir los tomates y hacer la salsa.
Kyo miró con curiosidad todo el proceso, haciendo preguntas sobre que era cada ingrediente, porqué esa cantidad y demás, hasta que Iori se molestó y lo sacó de la cocina con un grito. La siguiente media hora, Kyo se la pasó entrando y saliendo de la cocina, ignorando sus quejas. asomándose por encima de los hombros del pelirrojo sin poder evitar sentirse curioso, además tenía hambre y el delicioso olor de la salsa había impregnado el apartamento.
Finalmente, Iori terminó de cocinar y sirvió la pasta boloñesa en dos platos y los colocó en la mesita de centro, Kyo exclamó 'Itadaikimasu' emocionado y metió los palitos (Pues no tenía tenedores en su cocina) con entusiasmo. Iori observó el rostro alegre, casi inocente de Kyo mientras comía la pasta y sintió una calidez en el pecho, Kyo parecía un niño con un juguete nuevo, como si no hubiese comido pasta nunca en la vida. Una sonrisa pequeña se formó en sus labios y comenzó a comer.
- ¡Ehhh! ¡Está super! – Exclamó Kyo con espontaneidad, que Yagami supiera cocinar era una cosa difícil de creer, pero que su comida supiera tan bien, como la de un restaurante, era otra cosa enteramente.
- Estás exagerado – Murmuró Iori que ya comenzaba a sentirse algo avergonzado con el cumplido – No es nada del otro mundo, es solo pasta –
- ¡Es pasta a la Yagami! – Exclamó Kyo riendo tontamente, aún con la boca llena de espagueti.
Iori suspiró con expresión entre avergonzada e irritada, no entendía por qué de repente se sentía contento de saber que a Kyo le había gustado su comida. Nunca había cocinado para alguien y no se esperó sentir esa satisfacción al ver el rostro de Kyo disfrutando del sabor. Honestamente su única intención al cocinar, era evitar otra cena congelada o ramen instantáneo del 7/11, pues estaba harto de comer lo mismo durante toda la semana. No había pensado en cocinar para Kyo, como algo especial.
Sin embargo, la reacción de Kyo frente a su comida, había convertido esa comida en algo especial, se había dado cuenta de que, le gustaba verle feliz.
Que contradictorio resultaba aquello, teniendo en cuenta de que, horas antes había intentado ahorcarlo.
Cuando llegó la hora de dormir Kyo sintió como el nerviosismo iba en aumento ante la posibilidad de acostarse de nuevo con Iori y que, lo que había pasado en la sala continuara. Era domingo y aquella era oficialmente la última noche en la que estaban obligados a estar juntos por los talismanes, el carpintero se encargaría de arreglar el altar al día siguiente y en teoría, aquel sería el fin de esa forzada tregua entre ambos. Luego del acostumbrado baño nocturno, Kyo se acostó en la cama vestido solo con una pantaloneta y vio a Iori en boxers checando el móvil mientras caminaba hacía la cama con expresión distraída.
Se mordió el labio suavemente con la anticipación, su mente comenzaba a fantasear con lo que iba a pasar, estaba mirando el bien formado cuerpo del pelirrojo, sintiendo esa innegable atracción hacía él, Iori no parecía darse cuenta del efecto que estaba causando en él mientras casualmente se acostaba a su lado y seguía checando el móvil. Unos minutos después que a Kyo le parecieron eternos, Iori dejó el móvil en la mesita junto a la lampara al lado de la cama y se volvió para notar el rostro expectante del castaño.
- ¿Qué miras? – Preguntó el pelirrojo alzando una ceja, Kyo se fue sonrojando paulatinamente pero no dijo nada y se giró para quedar boca arriba. Iori ladeo la cabeza ligeramente sin comprender y entonces la mano de Kyo buscó la suya tímidamente y sus dedos se entrelazaron con los suyos. Iori sonrió ante el gesto cursi, mirándolo de rojo, el castaño tenía las orejas rojas y seguía mirando el techo intensamente.
- Si quieres hacer algo, solo hazlo – Comentó Iori su expresión tornándose maliciosa, se giró de medio lado para poder ver mejor la expresión avergonzada de Kyo.
- No, quiero hacer nada – Respondió Kyo de inmediato y le soltó la mano girándose para darle la espalda. Iori rio por lo bajo ante su reacción, que se le antojó demasiado adorable, para alguien que, literalmente podía explotar cosas en fuego a voluntad. Kyo había tenido la iniciativa todo el tiempo cuando él había tenido cuerpo de mujer, pero ahora se le notaba cohibido e intimidado ante el más mínimo roce de sus cuerpos. Se preguntó si se debería a su inexperiencia. Si Kyo nunca había estado con otro hombre, era natural que se notara tan cohibido.
Kyo sentía que la cabeza se le iba a explotar con la vergüenza, no se sentía capaz de dar el primer paso y no entendía muy bien porqué. No estaba en su naturaleza ser tímido, él siempre se había enfrentado a todo con la cabeza en alto, siempre había sido alguien lleno de confianza, pero se trataba de Yagami y le avergonzaba aceptar que lo deseaba tan directamente.
Escuchó la risita baja de Iori y luego su aliento cerca de su oreja, Iori se había girado hacía él y lo estaba abrazando por la espalda. De nuevo un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza y si hubiese sido un gato, el pelo se le habría erizado completamente.
- ¿Por qué estás tan ansioso? – Preguntó el pelirrojo insidiosamente – ¿Tanto deseas que te toque? –
Kyo le metió un codazo en las costillas y Iori soltó un gruñido que se convirtió en una nueva risa apagada.
- Vamos a dormir – Murmuró Kyo molesto y Iori volvió a girarse de medio lado, encantado de haber encontrado la manera de callarlo a voluntad. No tenía afán de tomar al castaño, no era que no lo deseara, la cercanía de su cuerpo le era intoxicante, no obstante, ahora que ambos habían aceptado esa atracción, iba a dejar a Kyo con las ganas, solamente para torturarlo y tener ventaja sobre él.
La sola idea de tener a Kyo entre sus brazos, rogando por alivio le hizo poner duro, quería doblegar la voluntad del castaño, someter su orgullo, ahora que sabía que Kyo aceptaba esa obsesión ponzoñosa que era parte inherente de su existir, no iba a conformarse solo con una gentil entrega.
Iori se iba a asegurar de que Kyo comprendiera, que ahora, le pertenecía y que, no había nada que pudiera hacer al respecto.
Continuara.
Notas finales:
He tenido tantas ganas de dibujar diferentes escenas de los últimos capítulos, pero literalmente no he tenido tiempo v.v ya comencé a trabajar y la lista de cosas pendientes que tengo por dibujar de KOF se hace cada vez más larga T_T por lo pronto solo me ha quedado tiempo de seguir el fic.
