Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo detallado en la saga cazadores oscuros de Sherrilyn Kenyon, mezclado con el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a las dos autoras, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

**CLARACIÓN: NO ES NECESARIO LEER O HABER LEIDO LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS PARA ENTENDER LA HISTORIA, YA QUE LAS PARTES IMPORTANTES DE LA TRAMA SERÁN EXPLICADAS. **

*SI LEISTE LA SAGA: puede que algunos personajes y/o destinos de los mismos hayan sido levemente modificados por el bien de esta trama.*

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Capitulo 8:

Su templo era el edificio más grande y magnifico de todo Kalosis. El mármol negro del que estaba construido resplandecía aun con la débil luz de aquel infierno. Al llegar ella lo había reclamado para sí, porque era el único sitio donde podía vivir su eterno luto en paz.

Apollymi era la única soberana de Kalosis, el infierno atlante, y a la vez una prisionera en aquel sitio. La Destructora había sido encarcelada allí, para evitar que destruyese todo buscando su venganza en contra de aquellos que le habían quitado lo que más amaba.

Su largo cabello rubio plateado caía a su alrededor en perfectas y brillantes ondas. Aunque era más antigua que el tiempo, Apollymi tenía el rostro de una hermosa joven de veinticinco años. Sus ojos eran de un color gris pálido con remolinos, como si se tratase de brillante plata liquida. Su piel era translucida, iridiscente, otorgándole una apariencia frágil y delicada. Pero no había nada frágil a cerca de la destructora.

Ella era, tal como su nombre lo declaraba, destrucción. Ella había destruido a cada miembro de su familia y la Atlántida completa solo por venganza. Ellos solo habían conseguido detenerla el tiempo suficiente, para poder aprisionarla nuevamente, con una vil treta.

Esa tarde, la Destructora estaba sentada en su trono coronado de espinas y su vestido de gasa negra se entremezclaba con el negro de su asiento, dificultando ver donde terminaba uno e iniciaba el otro. Dos demonios carontes, macho y hembra, montaban guardia a unos metros de ella.

La gran Apollymi estaba inmóvil mirando hacia el horizonte, sin verlo en realidad, mientras aferraba un almohadón de satén negro entre sus brazos.

Las lágrimas brillaron en sus ojos mientras levantaba el pequeño almohadón hacia su rostro, e inhalaba el inequívoco aroma del mismo. Ese era el perfume de su hijo. Cerrando los ojos, evocó una imagen del rostro más precioso y valioso de su mente. No importaba cuantos siglos pasasen, su corazón de madre siempre seguiría anhelando el calor de su niño.

-Necesito que regreses a mí, Apóstolos.- su suplica nunca seria oída y lo sabía.

Mas lagrimas caían, cuando una voz conocida y que hacía siglos no oía, se coló en sus pensamientos. La demonio Xanthiphe la estaba invocando en su lenguaje Caronte.

Ella decía que Apolo iba nuevamente tras Britomartis y Alíates, o mejor dicho sus reencarnaciones. Ella moriría para darle tiempo a su hija para llegar a ellos. Le rogaba que protegiese a Xamira, ella apenas era una infante.

Mas lagrimas rodaron por las mejillas de Apollymi. Xanthiphe habían sido una de las dos demonios que habían sido grandes amigas suyas. Ambas demonio habían muerto a manos de Apolo, protegiendo seres apreciados por la diosa.

En once mil años, Apollymi casi no había vuelto a pensar en la ninfa y el pescador. Ella ahora tenía un dolor mucho más grande con el que lidiar, a pesar de que los había apreciado mucho.

Mientras Alíates crecía, él era devoto a Apollymi, y a la diosa le gustaba fingir que sus plegarias eran las de Apóstolos y no las de un niño huérfano cualquiera. Le gustaba fingir que el niño de ojos grises y cabello rubio era su hijo que le hablaba. A pesar de estar consciente de que Alíates era varios años mayor que Apóstolos, su verdadero hijo, Apollymi lo protegía para aliviar un poco su propio dolor.

Apollymi había esperado miles de años para tener un bebé. A diferencia de ella, Archon, su esposo y rey del panteón atlante, criaba niños con quien se cruzara por su camino. Mientras él tenía varios hijos para perpetuar su poder, a ella se le negaba su único deseo.

Cuenta la leyenda que toda la Atlántida había florecido el día que Apollymi descubrió su embarazo. Sus lagrimas de felicidad habían regado el suelo de la isla y las cosechas fueron las más prosperas jamás vistas. Todo el mundo se había visto beneficiado de la alegría de la diosa.

El hijo de los reyes del panteón atlante estaba en camino. Él sería el sucesor de sus padres y Apollymi no podía ser más feliz por aquello. Pero había una nube gris en su, hasta ahora, prístino cielo. Archon tenía tres hijas con una diosa griega, y todas ellas estaban extremadamente celosas del medio hermano que su padre les daría.

Las tres mocosas eran conocidas como las Moiras o los destinos. Y al saber que tendrían un hermano, habían unido sus manos para poder vaticinar que él seria quien causaría la destrucción de todo el panteón atlante. En las manos del infante estaría el telikos o destino final de todos ellos.

Archon siempre había sido un cobarde que temía que su sitio como rey fuese tomado, así que rápidamente ordenó a Apollymi que se deshiciese de su embarazo y la encerró en Kalosis para evitar que se volviese contra él. Archon no pondría en peligro su estatus de rey, por el hijo de la destructora.

Con ayuda de la Caronte Xiamara, Apollymi había dado a luz prematuramente a su hijo Apóstolos y lo había escondido entre los humanos, en el vientre de una mujer embarazada. Por la seguridad del niño, solo la Caronte había sabido donde había ido a parar Apóstolos, y Apollymi por años había cuidado de Alíates fantaseando que ese era el hijo que ella había dado a luz.

Cuando Britomartis, una ninfa hija de una mujer atlante y Zeus, le suplicó ayuda para huir de Apolo. Apollymi supo que ella seria la indicada para Alíates. Le había tomado cariño al pescador, debido a su buen corazón, y nada menos que una ninfa era lo que él merecía como esposa.

Ellos habían sido felices por seis años junto a una niña que habían adoptado, y que la misma Apollymi había renombrado como signo de su gracia. Habían sido felices hasta que una sucesión de hechos había desencadenado una catástrofe inimaginable. Apolo los había hallado luego de varios años de haberlos dejado en paz y estaba dispuesto a todo para recuperar a la ninfa con la que estaba encaprichado.

En esos seis años de ausencia, el dios griego del sol había hecho una alianza con el panteón atlante a fin de facilitarles la conquista del territorio de los olímpicos. Apolo traicionaría a su propio panteón a cambio de que lo dejasen gobernar el monte Olimpo cuando la guerra acabase.

Casi al minuto de nacer, Apolo había codiciado el trono de su padre Zeus. Él incluso había creado una raza, los Apolitas, y los había dotado de belleza y poderes a fin de que ellos derrotasen a los humanos creados por su padre. Como todas las poco brillantes ideas de Apolo, la de los Apolitas también fracasó. Zeus desterró a la nueva raza de sus dominios y estos fueron a parar a la Atlántida donde se mezclaron con los nativos.

La guerra estaba prácticamente terminada, cuando los griegos le dieron a Apolo una hermosa princesa humana a cambio de protección e inclinar la balanza de la guerra a favor a ellos. Como esperaban, Apolo había sucumbido a su libido y los había favorecido en la guerra haciendo que esta se detuviese.

El ejercito atlante estaba constituido en su mayoría por los Apolitas, que eran la raza creada por Apolo y que Zeus había desterrado de Grecia hacia la Atlántida años antes. Si no fuera por la princesa griega, el ejercito Atlante hubiese vencido. Ya que Atlantes y Apolitas constituían dos de las razas más fuertes y poderosas de todo el planeta.

Apolo había estado contento con su juguete humano por un tiempo. Pero cuando esta se embarazó, él perdió todo interés por la mujer y decidió nuevamente ir en busca de Britomartis. Su alianza con los dioses atlantes había sido rota, y no tenía nada mejor que hacer que buscar a la esquiva ninfa.

Cipariso, uno de los amantes de Apolo, había encontrado a la ninfa en una remota isla cerca de la Atlántida. Al saber su ubicación, Apolo había guiado parte de su ejército para recuperarla. Sin saber que, mientras él dejaba Grecia, una reina apolita estaba tramando la muerte de la princesa griega y el nuevo hijo del dios, solo por celos. Ya que Apolo la había abandonado para irse con ella, la reina atlante la asesinaría junto a su bebé.

En un día, Apolo perdió a dos de sus amantes, a uno de sus hijos y a Britomartis. Ella se había suicidado luego de que Cipariso matase a Alíates y a su vez ella le cortase la cabeza al soldado.

Cuando regresó a la isla Griega donde su hijo y amante habían sido asesinados. Rápidamente encontró un chivo expiatorio inocente con el cual descargar su ira y frustración. Artemisa, su hermana gemela, no había acudido a su encuentro cuando la llamó y Apolo mató a su juguete con el fin de reprenderla y deshacerse de la ira contenida por haber perdido a Britomartis.

Ese mismo día, Apollymi había perdido más que a sus protegidos. No solo Alíates había sido asesinado, sino que su verdadero hijo también lo fue. Ella había sido encerrada en Kalosis veintiún años antes y había permanecido mansamente recluida para proteger la identidad de Apóstolos y su vida como un humano.

Pero ahora que él había muerto, que Alíates había muerto y que Britomartis se había suicidado, ella ya no iba a permanecer quieta. Fue muy fácil para Apollymi el liberarse de su prisión y, montando en el viento del oeste, destruir la Atlántida junto a todo aquello que se pusiese en su camino, incluyendo a Archon y todo el panteón atlante.

Tal como los Destinos habían profetizado antes del nacimiento de Apóstolos, fue por su causa que todo el panteón fue destruido. Al saber a su hijo muerto, Apollymi clamó por venganza sobre aquellos que la habían separado de su bebé. Y cuando ella se abrió paso a través de Grecia, inclinándose por destruir todo el mundo, algunos de los Dioses griegos encontraron la manera de devolverla a su prisión en Kalosis.

Ella había permanecido once mil años royendo su odio hacia Apolo y llorando la muerte de su verdadero hijo. Ahora Alíates y Britomartis habían renacido solo para volver a ser acosados por el dios. Esta vez seria la ultima, Apollymi se aseguraría de que al menos ellos dos fuesen felices. Haría por Alíates lo que no había podido hacer la primera vez.

Con sus poderes, ella no necesitaba dejar Kalosis para ser de utilidad en la tierra. Su poder no conocía limites, y ella aun seguía prisionera solo para complacer a Apóstolos y su infinita bondad hacia la humanidad. Ella no había destruido el mundo solo para que su hijo pudiese vivir en él.

Pero el día que su hijo cediese, y decidiera abrazar su verdadera naturaleza, ambos se reunirían para juntos desatar el verdadero Armagedón sobre todos aquellos que alguna vez los habían ofendido.

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Cuando llegaron a la habitación Draco se detuvo momentáneamente en su procesión, hacia la cama, solo para encender las velas mágicas que él había conseguido para la mayoría de los cuartos de la casa.

Al ser una cazadora oscura, Hermione podía ver perfectamente con una mínima cantidad de luz. Sus ojos estaban especialmente adaptados para ver en la oscuridad y cualquier iluminación demasiado brillante le hacía daño.

Draco se había acostumbrado rápidamente a luz eléctrica luego de abandonar el mundo mágico y por diecisiete años había disfrutado del maravilloso invento llamado lámpara eléctrica. Pero con tal de no dañar los ojos de Hermione, él había vuelto a las velas mágicas.

Aunque su vista ya no fuera la de cuando era más joven y no quisiera admitir que probablemente debería usar gafas muy pronto, sobre todo para leer a la luz de las velas, a él le gustaba ese ambiente tan similar a su antiguo hogar. Incluso su habitación era similar a la que tenía en Hogwarts y el aroma húmedo del pantano le recordaba a las mazmorras de Slytherin y su vista al fondo del lago negro.

Cuando toparon con la cama, Draco logró inmovilizarla con una lujuriosa mirada. Luego besó sus labios con una ternura tal que hizo que el corazón de Hermione diese un vuelco.

- espera, quiero probar algo.

Hermione se detuvo a observar a Draco con curiosidad. Él tomó su varita y murmuró un hechizo desconocido para ella. Sus ojos oscuros se abrieron desmesuradamente al ver que ambos estaban desnudos de un instante a otro. Para su sorpresa, la ropa de ambos apareció en el suelo junto a ellos y Draco dejó su varita sobre la mesa de luz antes de volver a besarla.

- ¿y eso?

- los were hacen esto mentalmente. He estado probando mi propia técnica. – él atacó nuevamente su cuello con sus ardientes labios.

Entre risas ella se dejó recostar sobre la gran cama para dejar que Draco la explorase tranquilamente a la luz de las velas. Sabía que a él le costaba ver en aquella semi penumbra, pero ella podía ver cada detalle del rosto de Draco y adoraba cada uno de ellos.

En esos días, Draco había tenido tiempo de memorizar cada centímetro del cuerpo de Hermione. En esos días él había procurado recuperar todo el tiempo que había perdido al no darse cuenta, cuando eran jóvenes, de lo hermosa que ella era.

Si tan solo él hubiese prestado más atención en su tiempo, muchas cosas hubiesen sido completamente diferentes. Quizá si él la hubiese visto antes, si hubiese aceptado la ayuda de Dumbledore, si se hubiese quedado en el castillo en vez de volver a la mansión… Quizá, solo quizá, él hubiese podido tener una hermosa vida junto a la cazadora oscura que se retorcía en estasis bajo sus caricias. Si él hubiese hecho algo diferente, probablemente ella no hubiese perdido a sus hijos y sufrido aquel injusto destino que la llevó a vender su alma.

Maldito sea el destino por todo lo que ella había tenido que sufrir en el pasado. Él odiaba el libre albedrio cuando pensaba en todas las malas decisiones que había tomado siendo poco más que un niño. No era asombroso que Acheron lo maldijera constantemente. Ash tenía razón, el libre albedrio apestaba.

Acariciaba las cicatrices de su abdomen cuando notó una nueva. Él le prestaba especial atención a las blanquecinas marcas de su cuerpo porque había descubierto que ella se sentía tímida acerca de ellas y de esa forma quería demostrarle que todo de ella le parecía hermoso.

- esto es nuevo…

-hmmm, ¿Qué?

- esta cicatriz, mira. Es nueva

Hermione observó su abdomen. Entre las muchas que allí había, una cicatriz vertical de unos diez centímetros de largo destacaba.

- definitivamente es nueva... Mira. Tú tienes una…

En el amplio pecho de Draco también había una cicatriz que nunca había estado allí. Él aun conservaba las líneas del sectumsempra que Potter le había lanzado en el colegio, pero la redondeada marca sobre su corazón definitivamente no le pertenecía.

Hermione pensaba a toda velocidad. Esas cicatrices no habían estado en la mañana. Y definitivamente no habían estado temprano en la noche, justo antes de que Xamira apareciese en la casa del pantano y les mostrase sus vidas anteriores.

- ¿crees que Xamira nos las dio junto a esos recuerdos?

- es mi teoría más plausible.

Draco se encogió de hombros y volvió a recostarla sobre la cama. Las nuevas cicatrices no cambiaban nada en su mente. Hermione seguía siendo tan bonita como antes de obtenerla y él pretendía disfrutar de su cuerpo antes de que Xamira se despertase y tuviesen que enfrentar a la Caronte que, aparentemente, había llegado para quedarse.

Mientras Draco la besaba, Hermione luchaba por comprender el sentimiento que crecía en su pecho. Había estado en la piel de Britomartis esa tarde y había sentido lo que ella. La ira de la ninfa le había resultado familiar, ella misma la había sentido cuando perdió a los que amaba.

Ver el cuerpo de Draco sobre el suyo era algo obsesionante. Sentirse adorada de esa manera era algo que pensó que jamás volvería a disfrutar. Ese hombre había desenterrado sentimientos que ella había escondido profundo en su pecho y descubrir aquello la asustó.

Ella era una cazadora oscura. Por regla general, los hombres serian una curiosidad pasajera. Una necesidad biológica. Pero observando las nuevas facetas de Draco, se dio cuenta que no quería salir de su vida. Ella quería pasar más días como ese. Ella quería pasar su existencia con él, preferentemente sin nadie que quisiera matarlos.

- ¿Qué sucede Hermione? – Draco había notado que algo había cambiado en la actitud de Hermione mientras la besaba.

- lo siento, Draco.

-¿por qué?

- estás ineludiblemente atrapado con la Hermione neurótica. Normalmente estoy mucho más entera y centrada que ahora.

- si mal no recuerdo, tu yo centrado rompió mi nariz en tercer año. Tu yo neurótica al menos me deja besarla sin clavar esas aterradoras garras de plata en mi.

- pero te lancé un cuchillo hoy.

- olvídalo. Seguramente haré algo estúpido en algún momento y puedes tomarlo como una retribución a cuenta…

Con extrema ternura Draco siguió acariciando su piel desnuda y arrancando suspiros de lo profundo de su pecho. La forma en la que él la abrazaba, como si ella fuera inefablemente preciosa, como si él tuviera miedo de que ella pudiera romperse entre sus brazos se coló en su corazón y lo chamuscó con la fuerza de aquel sol que hacia doscientos años no veía.

Era entrada la mañana cuando finalmente se durmieron, a pesar de los ronquidos de la demonio caronte. Al parecer Xamira había estado terriblemente cansada y desde el minuto que trepó al sillón no volvió a despertarse.

Hermione había estado soñando nuevamente con ser Britomartis. Había sentido la frustración de la ninfa cuando el médico atlante le dijo que ella jamás tendría hijos. Había sentido su angustia cuando el brillo desapareció de los ojos de Alíates al saber que no podría darle un hijo. Y se había sentido amada cuando él le dijo que no importaba, que tenían a Astérope de once años y que siempre podrían buscar algún otro bebé huérfano.

No quería despertar, pero algo le estaba haciendo cosquillas. Solo quería seguir aquel sueño donde veía el atardecer en la playa, cómodamente recostada entre los brazos de Draco, o mejor dicho Alíates. Ella sabía que ese posiblemente fuese un recuerdo y no un sueño propiamente dicho, pero de todas formas le agradaba la sensación del sol del atardecer cosquilleando sobre su piel.

Exasperada, Hermione abrió sus ojos para encontrar a Draco arrodillado en el piso, al lado de ella, con una sonrisa burlona y devastadoramente magnifica sobre su cara. Él apoyó la rosa roja con la que la había estado atormentando sobre el colchón delante de ella.

- buenas tardes, hermosa. No quería despertarte pero probablemente me odiarías si te dejase dormir hasta tan tarde.

Hermione sonrió a su vez mientras se desperezaba como un mimado gato. Seguramente hasta Crookshanks admiraría sus somnolientos movimientos al despertar.

-¿Qué hora es?

- casi las seis.

-¿Qué?

Él apoyó su barbilla en el colchón. Había algo muy inocente, dulce y casi infantil en ese gesto. Fue algo totalmente inesperado de un hombre como Draco, que había superado los treinta años hacia bastante tiempo ya.

Hermione nunca había llegado a cumplir su vigesimo noveno año. Ella se había congelado en esa edad, en la que era una adulta pero aun no había dejado los veintes. En apariencia draco era mayor a ella. fisicamente él le llevaba cinco años, pero ella tenia cerca de doscientos años mas que él ya que ella había permanecido en la linea de tiempo original.

- te veias muy bonita mientras dormias. No tuve corazon para despertarte antes.

Hermione solo sonrió ante el gesto de Draco. Él ahora era tan considerado que le costaba creer que algun dia le hubiese hecho la vida imposible mientras iban a hogwarts.

-¿y nuestra demonio?, ¿ya se ha merendado a Salazar?

- no. Salazar está terriblemente ofendido por su presencia. No ha salido del pantano en todo el dia, pero pronto se le pasará... Xami mira television en este instante. Zar trajo mas provisiones, él puede aparecerse con grandes cargas mucho mas facil que yo.

- ¿Xami?

- si. Al parecer simi es una forma caronte de decir bebé y no un nombre propiamente dicho. Por eso ella se llama simi a si misma. He conversado bastante con ella, asi que acordamos decirle Xami para no confundir a Simi si algun dia se encuentran.

- buen punto. ¿has sabido algo de Ash?

-nada, su telefono sigue muerto. pero le he dejado varios mensajes.

El recuerdo de su largo sueño volvió con fuerza a la mente de Hermione.

- ¿sabes una cosa?, no estoy segura de si es un sueño o un recuerdo, pero creo que lo vi mientras dormia.

- ¿de que hablas?

- los sueños sobre ser Britomartis... Soñé que caminaba por un mercado y lo veia vestido como un esclavo.

- ¿estás segura?

- si, no, no lo sé. Se veia como él, pero era rubio… creo que le preguntaré.

-¿Ash rubio? Mmm, no lo se Hermione .yo no lo haria, yo no le preguntaria sobre ese sueño.

-¿por qué?

- Ash es demasiado reservado con su pasado. la unica vez que lo vi enojado fue cuando intenté practicar legeremancia con él. Si es un recuerdo y Britomartis lo conoció como un esclavo, entonces probablemente no sea amable que se lo menciones. Y si fue solo un sueño seria algo ridiculo que se lo dijeses.

- detesto que siempre tengas razon.

- lo sé. y es algo que me encanta. No todos los dias un simple mortal le gana a la mente mas brillante en varias generaciones.

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Acheron Parthenopaeus era un hombre de muchos secretos y poderes. Como cazador oscuro primogénito y líder natural de los de su clase, casi sin quererlo había sido proclamado, desde hacia más de diez mil años, como el intermediario entre los cazadores y Artemisa, la diosa de la cacería que los había creado.

Ese era un trabajo que rara vez disfrutaba y una situación que siempre había odiado. Como una niña caprichosa, a Artemisa no había nada que le gustase más que provocarlo y tentar sus límites para llamar su atención.

La de ellos era una relación complicada que dependía del balance de poder. Solamente él poseía la habilidad de mantenerla en calma y racional. Al menos la mayoría de las veces. Mientras que ella tenía la única fuente de alimento que él necesitaba para mantenerse humano, compasivo y no abrazar la naturaleza de su propio ser.

Sin ella, Acheron se convertiría en el asesino despiadado que había nacido para ser y que tan ferozmente luchaba por contener. Sin él, ella no tendría corazón ni conciencia, como cualquier dios.

- ¡TE ODIO!

Acherón bufó mientras hacia aparecer ropa oscura sobre su cuerpo y volvia a teñir su cabello de color negro.

- no continues diciendome eso, Artie. Es cruel elevar mis esperanzas. ahora dame la informacion que juraste darme y deja que me marche.

Artemisa intentó serenar su humor. Acheron había cumplido su promesa de permanecer una semana junto a ella y si hacía que él se enfade no volvería a verlo por algún tiempo.

- ¿por qué siempre tienes tanta prisa Acheron?, hubo un tiempo en el que tu rostro se volvía sombrío cuando debías partir y se iluminaba al llegar a mi templo. Suplicabas por pasar más tiempo a mi lado.

- me extraña que lo recuerdes, fue hace tanto tiempo y duró tan poco que yo mismo a veces lo olvido. Fue un minúsculo instante en la eternidad, Artie. Deja de vivir del pasado.

- tú me amabas.

- no lo negaré. – Ash estaba mortalmente serio y había ira en sus plateados ojos.

En un dramático y desesperado gesto Artemisa se arrojó a sus pies y abrazó su pierna intentando ablandar su corazón.

- ¿por qué dejaste de hacerlo?, yo aun te amo Acheron.

Si había algo que odiaba más que Artemisa haciendo un berrinche, era Artemisa suplicando como si fuera una mártir. Hacía tiempo que sus lágrimas y palabras de amor no removían nada en su interior. Debía admitir que fue un poco brusco al apartarse, pero se estaba hartando del mismo acto de siempre.

- no me hagas reír Artemisa. Tú no sabes que es el amor, tu solo sabes lo que es poseer. Igual que tu hermano, ese del que tanto reniegas.

- no metas a Apolo en esto. Hablo de nosotros. ¿Por qué no puede ser todo como al principio?

- no lo sé.- pellizcó el puente de su nariz y respiró profundo antes de contestar - quizá porque en ese momento era un mortal y estaba obnubilado por ti, porque me has traicionado tantas veces que no confío siquiera en tu sombra, o porque fue por protegerte que morí en primer instancia. Son once mil años de errores Artie. No pidas algo que tú misma no sabes dar.

Siempre que él necesitaba abandonar el Olimpo ella montaba la misma escena. Lo obligaba a quedarse allí un tiempo, casi siempre para pagar por algo que necesitaba para sus cazadores oscuros, y luego lloraba porque él no la quisiese como al principio.

Artemisa sabía cuanta verdad había en las palabras de Ash, pero no estaba lista para admitir que él podría llegar a tener razón. Ella lo amaba desde hacia tiempo pero lo que ellos habían tenido, en ese entonces y ahora, podría perjudicar su estatus dentro del panteón. Ella valoraba a ese hombre, pero su lugar en el Olimpo era mucho más valioso para ella.

- esa noche te busqué para advertirte que Apolo iba tras Britomartis y me rechazaste.

- un acto de bondad en diez mil años no te hace la diosa de la caridad, Artemisa.

Ella comenzó a llorar otra vez. Al principio sus lágrimas eran suficientes para aplacar un poco el rencor que Acheron tenía por sus actitudes. Ahora ya no.

- ¿QUE QUIERES DE MI?, ¡HAGO LO QUE PUEDO ACHERON!

-¿Qué quiero? Quiero que me dejes en paz, Artie. Dame la información que necesito y déjame partir para arreglar el desastre que el idiota de Apolo está creando allí abajo. Estoy cansado de tener que regatear contigo cada segundo de mi vida.

Artemisa decidió hablar. Incluso ella sabía cuando detenerse. Conocía perfectamente cuanta presión era capaz de soportar Acheron y él había estado muy cerca de su límite durante esos días que lo tuvo a su merced. Ella sabía que aprisionarlo con tretas no era ético, pero hacia milenios que él no la visitaba voluntariamente y eso la quemaba por dentro.

- supe que se reunió con los Spathis. Al parecer les prometió levantar la maldición sobre ellos y sus familias a cambio de sus servicios. Los lobos fallaron y está pasando al plan b.

Los Spathis eran un grupo elite de Daimons, ellos eran los únicos de su especie que se entrenaban con el único fin de asesinar cazadores oscuros. Si ellos habían entrado en escena, entonces Apolo estaba dispuesto a todo por capturar a Hermione.

-o-

Draco apareció en el callejón trasero del café. Aun era de día pero sabía que sería seguro aparecer allí. A demás, no era tan estúpido como para circular por la ciudad en ese momento.

No estaba realmente aterrado por Apolo. Cuando tenía diecisiete años él había temido a un megalómano mucho más aterrador que aquel dios. Si bien Apolo era mucho más poderoso que Voldemort, él también lo era ahora y no se dejaría asesinar tan fácilmente.

Al doblar la esquina lo vio. Acheron estaba recostado contra la pared lateral del bar con su negro cabello suelto y sus brazos doblados sobre el pecho. Tenía una pierna apoyada contra la pared de una manera que parecía despreocupada, pero Draco sabía que él podría lanzarse a la acción en un parpadeo.

Vestido con pantalones negros de cuero, una camiseta negra y su largo abrigo, Ash miraba a los turistas que se estaban congregando en la ciudad por la cercanía del carnaval. Draco sabía aquello a pesar de que las gafas de sol le cubrían los ojos plateados.

Un aura letal, oscura, lo rodeaba. Nadie estaba seguro de cómo acercarse al Dark hunter más antiguo y la mayoría de la gente lo trataba como si fuese una incómoda visita al dentista.

Draco sentía pena por Ash. Debía ser difícil tener tanto poder y no tener nadie en quien confiar. Él mismo se había sentido solo cuando su apellido significaba algo en el mundo mágico, y a pesar de las obvias distancias, creía comprenderlo.

Ash mantenía una gran distancia entre él y cualquiera que se le acercara, tanto física como mentalmente. Había sido una completa casualidad que le hubiese permitido convertirse en lo más parecido a un escudero que Ash tenía.

Fue una de sus primeras navidades en Nueva Orleans cuando él accidentalmente había palmeado la espalda de Ash y la sangre de su espalda se había filtrado por la ropa hacia su mano.

La mirada que el atlante le lanzó esa noche hubiese congelado a cualquiera en su sitio, pero no a Draco. Él tenía dieciocho años y su sentido de autopreservación no estaba completamente desarrollado.

Esa noche, Acheron se veía bastante abatido y simi no había logrado sacarle siquiera una pequeña sonrisa. Ni siquiera la algarabía de los osos había logrado llegarle. Antes de que Ash se marchase, Draco había subido corriendo a su habitación y al volver había sorprendido al atlante.

Draco había conseguido un surtido set de pociones gracias a mamá oso, Nicolette, y lo primero que había hecho fue producir díctamo para sanar las heridas que se provocaba, intentando aprender a cocinar con Aimee, en la cocina del club.

Acheron nunca admitiría en voz alta que la redoma con poción cicatrizante era su primer regalo sincero en once mil años. El muchachito que había sacado de una mansión en ruinas le había dado su primer regalo desinteresado y eso era demasiado valioso para él.

Draco nunca preguntó por qué su espalda sangraba, solo le regaló un frasco de díctamo y se alejó sin más explicaciones. Lo siguiente que Acheron supo era que no podía ver el futuro del chico, porque era parte de su propio futuro, y que acudía a él cada vez que Artemisa le hacía jurar que no usaría sus propios poderes para sanar.

Cuando entró en el campo de visión de Ash, este se retiró de la pared y lo esperó para entrar al bar. Cuando ingresaron, Draco caminó hacia el fondo de la barra y dejó que Acheron se sentase contra la pared, de manera que pudiese sentirse cómodo y ver hacia los demás comensales y a la puerta.

Uno de los camareros se acercó a tomar el pedido y Draco fue el primero en ordenar.

- una cerveza negra por favor. – dijo Draco.

El camarero asintió con la cabeza y luego se volvió hacia Ash.

- ¿y tú?

- lo mismo.

El camarero estrechó sus ojos y le echó a Ash una exhaustiva mirada. Draco tuvo que esforzarse para evitar reír. Él sabía lo que venía antes de que el camarero hablara.

- ¿tienes tu identificación muchacho?

Draco no lo soportó y comenzó a reír aunque intentaba ser discreto. Ash le dio una patada a su silla para que se calmase mientras buscaba su identificación falsa en su bolsillo trasero y se la daba al camarero que la estudió con mucho cuidado.

- no te ofendas chico - dijo el camarero por fin- pero con esos lentes de sol puestos no puedo constatar si este eres tu o no. si quieres una cerveza, muchacho, deberás quitártelos.

Un musculo en su mandíbula se contrajo cuando Ash se quitó los lentes de sol y Draco dejó de reír instantáneamente. El camarero tuvo que aclarar su garganta tan pronto como vislumbró los misteriosos ojos color plata de Acheron.

-chico, lo siento. No me di cuenta que eras ciego. Aquí está tu identificación.

Draco no tuvo demasiado éxito en detener su risa cuando el camarero tomó la mano de Ash y colocó delicadamente el carnet de identidad en ella. Ash era el único Dark hunter que poseía un documento de identidad.

A pesar de tener más de once mil años, su aspecto casi juvenil planteaba ciertos inconvenientes. Así que para evitar preguntas, su fecha de nacimiento variaba todo el tiempo para mantenerlo alrededor de los veintiún años.

Dos minutos después, ambos tenían sus pedidos delante de ellos y las gafas oscuras habían vuelto a su sitio.

- ¿Qué querías decirme Ash?

Antes de que Acheron pudiera contestar, una rubia alta con largas y esculturales piernas, que usaba un muy corto vestido se acercó a ellos. Ella le echó un desinteresado vistazo a Draco, cosa que lo ofendió un poco. Luego colocó su mano contra el pecho de Ash, para poder acercarse a susurrarle algo en el oído. Él le dirigió una sonrisa amable.

-lo aprecio, amor, pero estoy involucrado con alguien.

La hermosa rubia puso mala cara y luego le dirigió una lasciva mirada.

-si cambias de opinión, avisa. Lo prometo, no muerdo…

-bien, pero yo sí. - Dijo Ash por lo bajo mientras ella se iba contoneando sus generosas caderas.

Draco decidió no hacer ningún comentario. No era inusual que las mujeres se arrojasen a los brazos de Ash y cualquier comentario solía ponerlo de un humor poco amable. Él mismo lo había comprobado cuando aparentaba una edad similar a la de él y había estado bastante celoso de que las mujeres no lo encontraran tan atractivo como al tipo que era más viejo que la mugre.

- me alegra que al fin hayas venido. Pero hubiese deseado que llegaras aquí un poco antes.

- confía en mí, volví lo más rápido que pude. ¿Cómo está Xamira?

- supongo que bien. Hermione y ella parecen haberse amigado últimamente, le está enseñando a leer.

- me alegra. Cuando esto termine iré a conocerla y llevaré a Simi.

- genial, intentaré volver mi casa a prueba de fuego por las dudas. ¿Por qué estamos aquí Acheron?

- creo que averigüé cual es el siguiente movimiento de Apolo.

- no des rodeos Ash. Dime lo que debo saber para que pueda largarme a un sitio más seguro. Sigo siendo humano y hasta donde sé, soy bastante mortal. Ser héroe o mártir nunca fue lo mío. Tiendo a ser bastante cobarde la mayoría del tiempo.

Acheron rodó los ojos bajo las gafas oscuras. Puede que Draco fuera un cobarde en el pasado, pero en ese tiempo se había convertido en un hombre valiente del que él estaba completamente orgulloso.

- Apolo tiene Spathis a sus órdenes. Creo que ellos irán tras de ti.

- ¿los qué?

- un grupo daimon de elite, entrenados para matar Dark-hunters.

- eso es malo. Muy malo. Espera, pensé que los daimon odiaban a Apolo por haberlos maldecido. ¿Por qué se pondrían a su servicio?

- el hijo de puta suele ser persuasivo…

- ok, lo de los Daimons explica que me hayas hecho salir de día. Pero supongo que podrías habérmelo dicho por teléfono o directamente en casa.

- te llamé aquí para que sea una conversación privada. Si Hermione oye que hay un grupo de Daimons en la ciudad, querrá salir a patrullar. Estoy movilizando a los perros de la guerra encaso de un eventual ataque masivo a los civiles. Si Hermione se entera querrá salir y probablemente sea eso lo que Apolo quiere. Si ella no se entera es poco probable que se ponga en la línea de fuego.

- es verdad. Ella no se quedará quieta si sabe lo que ocurre realmente. Entonces… el día es seguro y supongo que mientras estemos en casa antes del atardecer y que no dejemos entrar a nadie rubio, alto y con colmillos, sobreviviremos.

- exacto. Además tienen a Xamira. Si alguien intenta entrar a la casa, solo dile que puede comérselos. Consigue salsa picante y será feliz.

Hermione llevaba un par de noches inquieta, enseñarle a leer a la demonio no era suficiente distracción. Hacía casi doscientos años que ella salía a cazar, sin falta, durante las noches y no poder hacer su trabajo la hacía casi enloquecer.

Por el momento, Draco y Xamira la mantenían entretenida. Pero en el instante que ella supiera que había Daimons en la ciudad, querría ponerse manos a la obra y Draco no estaba seguro de que aquello fuese una buena idea.

-o-

N.a: fin del capítulo. Espero que les esté gustando esta historia tanto como a mi escribirla. Espero con ansias sus comentarios. ¡HASTA LA PROXIMA!