En la penumbra de la noche iluminada solo por la luz plateada de la luna, destellos dorados y púrpura iluminaban momentáneamente la oscuridad de ese pequeño bosque generando caprichosas formas entre los troncos y las ramas. Iori y Kyo se enfrentaban en una intensa pelea, que llevaba ya casi dos horas. Ninguno de los dos iba dar su brazo a torcer y cada ataque estaba cargado de la misma agresividad y potencia.
Ambos fuegos chocaban con vigor y causaban explosiones que retumbaban en el silencio del bosque. Estaban lo suficientemente separados del barrio como para no llamar la atención y si había alguien mirando en esa dirección y notara los destellos, probablemente pensaría que se trataba de alguien jugando con pólvora en la colina.
Iori creyó que luego de todo lo ocurrido en el apartamento durante esa extraña semana, las cosas entre ellos iban a cambiar por completo, sin embargo, ahí estaban de nuevo luchando como si nada hubiese pasado, era como si esa parte de ellos, la que disfrutaba de pelear, estuviese intacta y mientras esquivaba un golpe de Kyo, se preguntaba por qué había creído que iba a ser diferente, cuando estaba en la naturaleza de ambos dejar esa energía fluir con violencia. El fuego era una parte inherente de sus cuerpos y ese mismo fuego, volátil e impredecible, no podía ser contenido por mucho tiempo.
En el pasado, cuando Iori le había buscado para pelear, añorando ese contacto con desespero, las voces siseantes en su mente crecían en volumen hasta volverse ensordecedoras, el deseo de desgarrar la piel de Kyo se volvía insoportable y no era capaz de funcionar en el día a día. El impulso por destruirlo interrumpía lo que fuera que estaba haciendo para obligarle a ir en su búsqueda. En el pasado luchaba contra él con una extraña ansiedad revolviéndose en su interior, como si, pudiese perderlo en cualquier momento.
Habían pasado 5 años desde que se habían enfrentado por primera vez, ambos habían sido colegiales en esa época y la pelea había sido muy distinta. Las emociones afloraron con intensidad, pero ambos tenían el corazón lleno de temores, Iori podía notar en la forma en como Kyo peleaba que, tenía miedo de mostrar su verdadero poder. El Kyo de 15 años, parecía no estar en paz consigo mismo o aceptar plenamente lo que significaba ser el portador de la espada Kusanagi. Y Iori, había sentido un odio irracional hacía él, por tener una vida aparentemente perfecta y aun así, no luchar con todas sus fuerzas, como si no se tomara en serio su rivalidad.
La extraña relación que llevaban había cambiado en esos años conforme habían madurado (Aunque le costara imaginar a Kyo junto a la palabra madurez) y se había convertido en una aceptación cansina. Kyo se mostraba irritado y molesto cada que Iori lo buscaba y siempre parecía intentar evitar el enfrentamiento, sin embargo, una vez comenzaban a pelear, eso quedaba atrás y el Kusanagi daba todo lo que tenía.
Esta noche, sin embargo, la forma en como Kyo peleaba era diferente. No solo era la primera vez en 5 años en la que, era el castaño quien comenzaba la pelea, sino que parecía estar disfrutándolo sobremanera. Kyo sonreía complacido cuando le veía lanzarse hacía él con un nuevo ataque, sus movimientos eran precisos, calculados y su técnica impecable, Iori sentía que tenía que esforzarse más de lo que acostumbraba para poder encontrar una apertura en sus golpes.
Una patada le dio de lleno en el estómago arrancándole un gruñido y el impacto le envió hacía atrás haciéndole trastabillar en el suelo empedrado, escupió sangre a un lado mientras se llevaba la mano al estómago encorvado por el dolor que le había dejado sin aire. Un poco más y le hubiera podido fracturar una costilla, pensó mientras intentaba mantener el equilibrio e ignorar el pulsante dolor.
- ¿Qué pasa Yagami? – Preguntó Kyo quien jadeaba con la respiración agitada por todo el esfuerzo físico, dos horas de pelea continua cansaban a cualquiera - ¿No quería Orochi destruir la espada Kusanagi? – Agregó y una sonrisa presumida se formó en sus labios. Había quemaduras y una que otra rasgadura en la tela del suéter que llevaba y sus manos estaban sangrando profusamente en los nudillos.
- No te preocupes por Orochi – Respondió Iori incorporándose, el cabello rojo cayéndole desordenado sobre la cara manchada con tierra y sangre, su pecho subiendo y bajando rápidamente – ¡Preocúpate por mí! – Iori lanzó un yamibarai con un movimiento rápido de su brazo y el fuego avanzó con brío por el suelo hacía su oponente.
Kyo se giró de medio lado, esquivando el ataque, manteniendo su postura estable con un perfecto movimiento de sus pies, pero entonces Iori quien predijo que lo esquivaría hacía la derecha, le alcanzó con una mano abierta como una garra y le agarró por el pecho. Las cejas del castaño se arquearon con la sorpresa y sus ojos avellana reflejaron el intenso púrpura del fuego que se generó en la mano de su adversario.
Alcanzó a soltar un improperio, antes de que la explosión del fuego lo impulsara con desmesurada fuerza y su espalda se golpeara contra la corteza de un grueso pino varios metros atrás. Sintió el dolor del impacto en los omóplatos como un latigazo en los músculos y maldijo el estar tan cansado, habría podido esquivar ese ataque si sus piernas no se sintieran tan débiles y hubiesen respondido a tiempo.
Abrió los ojos para encontrar a Iori corriendo hacía él, acortando la distancia que los separaba en segundos. Kyo no tuvo tiempo de moverse, no solo había quedado algo aturdido por el dolor en la espalda, sino que el pelirrojo se movía demasiado rápido para alguien que llevaba luchando por tanto tiempo.
- Me has atrapado – Aceptó cuando Iori estuvo de frente a él, una distancia demasiado corta para poder tan siquiera cubrirse de un ataque.
El pelirrojo levantó la mano izquierda y Kyo vaticinó un nuevo golpe que probablemente le haría arder la cara en llamas, realmente no había nada que pudiese hacer de momento para esquivarlo, sus piernas no respondían y aún intentaba regular su respiración, así que solo cerró los ojos esperándolo.
Entonces la mano de Iori se cerró en su mentón y posteriormente sus labios se posaron en los suyos. Kyo abrió los ojos y se encontró con el cuerpo del pelirrojo pegado al suyo y su lengua demandando entrar en su boca.
Correspondió el beso y sintió el sabor metálico de la sangre de Iori invadiendo su boca, su respiración aun agitada, evitando que pudiese besarlo por mucho tiempo antes de que tuviese que abrir la boca para tomar algo de aire, Iori aprovechó el momento para morder su labio inferior hasta casi hacerle sangrar. Kyo frunció el ceño con el dolor, sin embargo, sus manos viajaron por los costados del pelirrojo para aferrarse a su cintura y obligarlo a pegarse más a su cuerpo. El cuerpo de Iori se sentía tan caliente, como sus ardientes llamas.
- Si... te he atrapado – Murmuró Iori separando sus labios para hablar, sin embargo, su aliento tibio seguía chocando contra su piel – Eres mío Kyo – Le informó y sus manos se metieron por debajo de su suéter negro, comenzando a recorrer sus músculos abdominales, para luego subir hasta sus pectorales y pellizcar un poco la piel húmeda por el sudor.
Kyo sintió ese familiar escalofrío recorrer su columna al escuchar esas palabras, no sabía por qué, pero escuchar a Iori clamar propiedad sobre él, le excitó sobremanera, su entrepierna reaccionó de inmediato ante esas palabras. Saber que Iori sentía ese deseo posesivo sobre él, le subía el ego por las nubes.
Iori enterró sus uñas en la piel de su pecho y arañó sus pectorales mientras continuaba el apasionado beso, deseaba tomar a Kyo ahí mismo, llevaba fantaseando con el momento desde que habían comenzado a pelear, y los ataques de Kyo, su agresividad, su sonrisa burlona y su fuego indomable solo enardecían ese deseo de poseerlo.
Sus manos pronto bajaron al borde del jean y desabrocharon la hebilla de la correa con desespero, podía sentir su entrepierna erguida, esperando por su atención a través de los pantalones, saber que Kyo estaba tan duro como él, le excitaba aún más. Iori ya no sentía ese temor por mostrar lo mucho que le atraía, no como antes, había aceptado esa necesidad que tenía de sentirlo y Kyo había correspondido aceptando esa parte de él que nadie más podía tolerar. Porqué si no era Kyo, entonces ¿Quién más podría aceptar su sangre maldita, su retorcida mente constantemente azorada por pesadillas y voces?
Kyo le había traído de vuelta del disturbio de sangre, cuando Iori había estado perdido bajo el control de la bestia, la voz de Kyo lo había anclado a la realidad. ¿Quién más si no Kyo, para aceptarlo tal y como era?
Su mano se metió entre su ropa interior y rodeó el miembro del castaño apretándolo sin miramientos, Kyo gruñó algo entre el beso que aún continuaba impetuoso, aún aprisionado contra el tronco del árbol, oleadas de placer recorriendo su cuerpo, anulando el dolor y el agotamiento que sentía. Sus manos también buscaron la piel del pelirrojo y le aferró por la nuca, enredando sus dedos entre su cabello carmín jalándolo hacía atrás, cortando el beso, para deslizarse por su quijada y llenársela de mordiscos.
Kyo mordisqueó el musculoso cuello del heredero de la luna, embriagándose con su olor, lamiendo el gusto ligeramente salado de su piel perlada por el sudor, mientras que, Iori continuaba acariciándolo ávidamente entre sus piernas. Con la mano libre bajó por su espalda, arrugándole la camisa que ahora estaba manchada de tierra, rastros de sangre y hollín.
Iori sintió los labios de Kyo cerca de su oreja, su aliento tibio y sus dientes cerrándose juguetonamente en el lóbulo, haciendo que se le pusiera la piel de gallina, al parecer, Kyo solo necesitaba el incentivo apropiado para perder su 'vergüenza' y dejarse llevar. No era capaz de dar el primer paso y se veía hasta tímido, pero una vez comenzaba la faena, el castaño se dejaba llevar fácilmente por el momento. Iori recordó la noche en la que habían regresado del bar, como Kyo no había podido detenerse hasta consumar el acto.
Sonrió maliciosamente recordando la actitud de celosa de Kyo y como le había poseído sin miramientos, sin darse cuenta, se habían pertenecido el uno al otro aquella noche y que tonto le parecía ahora haber negado esa obvia atracción vehemente que existía entre ambos. Decir que tenían química era poco para la amalgama de sensaciones que les producía la cercanía de sus pieles.
Mientras seguía acariciando su miembro, con su otra mano se deslizó dentro de su ropa interior y buscó su entrada, sus dedos tantearon la sensible piel y Kyo inmediatamente reaccionó mordiendo su cuello un tanto más fuerte de lo necesario.
- ¿Qué crees que estás haciendo? – Le preguntó Kyo, su tono casi indignado acercando sus labios contra su oreja.
- Te dije que eras mío – Respondió Iori quien se había encogido ligeramente por el dolor – Te dije que te haría gritar –
- Tch... ¿Quién dice que tengo que ser yo el que esté en esa posición? – Se quejó alejándose un poco para mirarle a los ojos – Que yo recuerde, hace un par de noches eras tu quien gritaba en mis brazos y no al revés – Una sonrisa traviesa y un tanto altanera se formó en sus labios al decir eso, Iori lo miró alzando una ceja divertido con el comentario. Le gustaba cuando Kyo intentaba pasarse de listo, porqué entonces era más entretenido hacerle callar.
- ¿Y? – Respondió Iori, quien aún continuaba acariciando su entrepierna y había optado por movimientos más lentos, su otra mano, seguía jugueteando sin introducir ninguno de sus dedos - ¿Quién dice que no puedo disfrutar de ambas cosas? –
Kyo se quedó mirándolo algo desconcertado, las ideas binarias y los conceptos de 'roles' de género en el sexo con los que había sido indoctrinado desde pequeño, de repente eran cuestionados por lo que Iori acababa de decir. Iori tenía una perversa satisfacción en el rostro mientras que, descaradamente y sin pedir permiso, introducía un dedo lentamente.
- ¡Oi...! – Exclamó Kyo en lo que se convirtió en una exhalación agitada, la sola idea de que Iori estuviese haciendo eso le parecía inverosímil y fuera de eso, nunca había tan siquiera contemplado la posibilidad de que llegaría a estar en ese tipo de situación. Hacía un par de semanas Kyo jamás se había interesado en otro hombre y de repente estaba permitiendo ser penetrado por ese dedo intruso.
Iori buscó sus labios otra vez para acallar cualquier otra queja, suponía que Kyo se encontraba contrariado con el asunto por ser su primera vez, pero nada detendría su deseo de poseerlo, además el hecho de ser el primero solo avivaba su motivación.
- ¡Espera!... ¡Espera un momento Yagami! – Exclamó entre el beso, logrando separarse y colocar las manos en los hombros del pelirrojo, el calor se le había subido a la cara y se sentía sumamente avergonzado, aún en la penumbra de la noche, sus mejillas sonrojadas se podían apreciar.
- ¿Qué pasa? – Preguntó con una sonrisa, disfrutando sobremanera de esa expresión avergonzada. Kyo parecía estar batallando mentalmente con lo que iba a decir, estaba claramente excitado, podía sentir lo duro que estaba mientras lo apretaba con su mano, su cuerpo temblaba ligeramente conforme el movía su dedo despacio. Kyo no podía pretender que no le estaba gustando ser penetrado y Iori era muy consciente de ello.
- No... - Comenzó a decir Kyo, su voz apenas un susurro entre jadeos – No quiero... - Iori continuó su deliciosa tortura mientras él intentaba poner orden a sus pensamientos – hacerlo... aquí... -
La sonrisa de Iori se ensanchó mientras retiraba su dedo y dejaba de acariciarlo, para separarse de él y llevarse una mano a la cintura. Kyo tenía la mirada puesta en algún punto del césped junto a sus pies, su respiración agitada y su rostro avergonzado contrastando enormemente con la fiera expresión de momentos antes cuando estaban peleando. Iori disfrutaba de esa dualidad, de que pudiese lucir altanero y peligroso en combate, así como también tímido en ese tipo de situación. Y lo mejor de todo era saber, que él, era quien producía todos estados en el castaño. Porqué ahora se daba cuenta de quería ser el único que viese esa cara avergonzada, quería ser el único que produjera todas esas expresiones.
Kyo se e subió los pantalones y se abrochó la correa con manos un tanto temblorosas, Iori seguía en silencio con esa sonrisa satisfecha que comenzaba a irritarle, el castaño comenzó a caminar de regreso por el claro hacía las escalinatas de piedra, si iban a hacer algo como eso, al menos quería que fuera en la privacidad de su apartamento.
- Yagami ¡Por poco y me partes la espalda! – Se quejó cuando iban bajando por las escaleras, el movimiento al pisar los escalones, le hizo sentir un agudo dolor a la altura de los omoplatos justo donde se había golpeado al impactar contra el árbol.
- Voy partirte otra cosa... – Respondió el pelirrojo con voz baja, sacando un cigarrillo arrugado del bolsillo de su gabardina, Kyo aceleró el paso casi trastabillando en las escaleras con las mejillas intensamente coloradas.
Kyo abrió la puerta del apartamento con sus llaves, sosteniendo en su otra mano una bolsa plástica de la tienda de conveniencia, antes de subir al apartamento se detuvieron en el 7/11 para comprar alcohol, gazas y demás materiales necesarios para una curación, la dependienta los miró con curiosidad al ver el estado en el que se encontraban sus ropas, no solo había manchas de tierra y sangre en varias partes de la tela, sino que además tenían la cara llena de raspones. Kyo se preguntó que habría pensado aquella mujer al verlos todos magullados. Habían estado de suerte que nadie hubiese llamado a la policía.
Se quitó el maltrecho suéter y lo lanzó por la sala descuidadamente, su espalda y pecho lucían varios cardenales en los diversos lugares donde Iori había logrado conectar golpes, el castaño fue directo al baño con la intención de darse una ducha. Iori colgó su gabardina en el perchero y se desnudó tranquilamente y sin afán, las voces que habían sido aturdidoras en su cabeza durante la tarde, se habían taimado gracias a la pelea, al parecer Orochi estaba satisfecho con la sangre derramada de Kyo, porqué ahora solo podía percibir un murmullo insidioso en su cabeza que iba y venía en lapsos.
Entró en el baño y encontró a Kyo en la ducha, el agua había limpiado la sangre de sus nudillos, así como la tierra, el castaño le miró de medio lado, con el cabello mojado todo pegado a los costados de su cara, Iori caminó hacía él con su acostumbrada expresión fría y sin decir nada, se metió en la ducha con él, Kyo se sintió algo incómodo, pero se tragó la queja que ya se estaba formulando en su garganta, definitivamente Iori lo estaba forzando a acostumbrarse a su desnudez con la forma casual con la que, interactuaba con él, como si estar desnudos en la ducha fuera una cosa de todos los días.
¿O quizás lo era para Iori? En ese momento, Kyo se preguntó si quizás Iori tenía tanta experiencia en ese sentido que estar desnudo con otro hombre de esa manera no le produjera ninguna vergüenza. Frunció el ceño al pensar en la posibilidad de otros hombres compartiendo el lecho con Iori, haciendo todas las cosas que ellos estaban haciendo. No supo por qué, pero una molestia nació en su interior, creciendo como una bola de alambre de púas que le cortaba el pecho por dentro.
- Te vez... muy tranquilo haciendo estas cosas – Exclamó y su voz sonó irritada, Iori quien en ese momento estaba echando jabón en sus brazos para lavar la sangre de las quemaduras y raspones, levantó el rostro para mirarlo – Como si tuvieses mucha experiencia –
- ¿Experiencia en qué? ¿En bañarme? – Preguntó con cierto deje de sarcasmo en la voz.
- ¡Me refiero a todo esto! – Continuó el castaño y su voz comenzó a sonar como un reclamo – Estar desnudo frente a mi... hacer este tipo de cosas conmigo... - Kyo arrugó la nariz molesto con lo que estaba sintiendo al decir todo aquello - ¿Con cuántos hombres te has acostado? –
- ¿Ah? – Exclamó el pelirrojo quien fue tomado por sorpresa por esa pregunta. Mientras se enjabonaba el pecho, observó mejor el rostro de Kyo, pues antes no le estaba prestando atención - ¿Por qué quieres saberlo? –
- Porque... porqué eso explicaría el por qué no te avergüenzan estás cosas... - Explicó Kyo manteniendo su mirada en la cara del otro, no quería observar su cuerpo más de lo necesario, porqué a pesar de lo molesto que se sentía en el momento, el pelirrojo resultaba demasiado sexy desnudo tan cerca de él – Además... eso... - La voz se le fue apagando y las mejillas se le colorearon, pero esta vez no era solo vergüenza sino rabia lo que sentía, ¡No podía creer lo que estaba punto de decir! ¡No podía creer que le importaran esas cosas!
- ¿Además qué Kyo? – Insistió Iori arqueando una ceja con curiosidad, Kyo seguía batallando internamente por poner en palabras lo que estaba pensando.
- Además, eso significa que... soy otro más en tu lista... ¿No? – Logró decir. Desvió la mirada hacía el azulejo de la pared, realmente se estaba odiando así mismo por haber dicho semejante estupidez, sonaba como si... como si quisiera implicar que lo que había entre ellos era algo especial. Quizás Iori lo veía solo como sexo y él estaba interpretando todo aquello de la manera incorrecta. Se sentía humillado de solo pensar en que fuera él quien estuviese adquiriendo sentimientos por el heredero de la luna y que este solo estuviese interesado en divertirse un rato.
Al fin y al cabo, había pasado una semana ¡Una semana! 7 días no eran suficientes como para desarrollar sentimientos por una persona ¿No? Se dijo así mismo, pero entonces el recuerdo de la noche compartida con la 'pelirroja', de cómo se había sentido cuando sus cuerpos se unieron, de lo feliz que se había sentido al tenerla en sus brazos y en cómo había deseado que, Iori se quedara transformado en mujer para siempre. Se había quedado dormido pensando en que, era como si hubiese encontrado a la mujer que había estado esperando toda su vida.
Significaba eso que... Iori, ese Iori que tenía en frente...era ¿La persona que había estado esperando toda su vida?
Kyo se sintió asustado ante la idea de que, esos sentimientos tuviesen un nombre y que fuera precisamente amor.
- No llevo una cuenta de mis amantes – Respondió el pelirrojo finalmente, tomando la regadera y lavando el jabón sanguinolento de sus brazos – No porqué sea una gran cantidad, que no pueda recordar... sino porqué, así de insignificante es para mí –
- Las relaciones amorosas son una pérdida de tiempo ¿Eh Yagami? – Repitió el castaño, rememorando las palabras que el pelirrojo había dicho esa noche en el bar.
- Exacto – Aceptó cansino – A veces, cuando termino un show, algún fan se acerca y si resulta que estoy de humor, pues... ¿Por qué no? – Se encogió de hombros a decir esto – Es una necesidad física como comer o dormir, al fin y al cabo –
Kyo se quedó mudo al escuchar esa explicación. Le resultó sumamente fácil visualizar a los fans arremolinándose en el bar, intentando acercarse a Iori, se imaginó toda la escena, algún hombre guapo o alguna jovencita con un vestido insinuante, logrando capturar la atención del bajista y luego, este llevándoselos a un hotel. ¿Por qué resultaba tan fácil imaginarse ese tipo de situación? Parecía concordar perfectamente con su personalidad. Kyo se sintió tonto al pensar que hubiese podido ser de otro modo, Iori era un músico, era increíblemente atractivo, por supuesto que los fans darían lo que fuera por pasar una noche con él.
Por el contrario, Kyo siempre había estado con Yuki. Solo con Yuki, demasiado ocupado con las responsabilidades del clan y las continuas e inesperadas situaciones en las que siempre terminaba envuelto tratando de salvar al mundo en el maldito torneo, que no había tenido tiempo de fijarse en otras mujeres, había amado a Yuki en su momento y había sido su primer amor, uno puro y honesto. Imaginarse ese estilo de vida que llevaba el pelirrojo le resultaba completamente foráneo.
- ¿Qué? - La voz del pelirrojo lo sacó de sus pensamientos, debió haberse quedado con la mirada perdida, porque Iori lo estaba mirando con seriedad, mientras se lavaba los restos de jabón de la espalda.
- Nada – Murmuró Kyo no queriendo hablar más del asunto. Le quedaba claro la forma en como Iori veía ese tipo de relaciones y era mejor que él lo viera de la misma manera. Involucrar sentimientos era solo complicar innecesariamente las cosas. Se concentró en limpiar todas sus heridas que afortunadamente no eran muchas, a parte de las cortadas en los nudillos y un raspón en la barbilla, lo demás eran impactos de golpes que habían dejado moretones, pero no cortadas que debiese curar. Las heridas que le había dejado en el cuello cuando lo había intentado ahorcar ya se habían cerrado, aunque la piel aún seguía colorada y algo hinchada.
- Tienes... tienes jabón en la espalda – Comentó, notando que Iori no se había juagado todo el jabón – Ahí no, más arriba... no, ahí – Agregó y como el pelirrojo no alcanzaba el lugar indicado, Kyo tomó la regadera y le juagó la espalda el mismo. Iori se quedó quieto de espaldas a él esperando ¡Qué situación más incómodamente íntima era aquella! Pensaba mientras con sus manos lavaba el jabón con cuidado. Notó los enormes cardenales que sus golpes habían dejado en la piel del pelirrojo y se preguntó ¿Qué clase de relación tóxica era esa en la que literalmente se habían cogido a golpes para luego bañarse juntos?
No se dio cuenta, pero, había comenzado a acariciar la espalda del pelirrojo, recorriendo con las yemas de sus dedos su tersa piel, delineando esos moretones uno por uno, embelesado con esa visión de su perfecta anatomía, sintiendo una inesperada satisfacción de saber que, esas marcas en su piel las había producido él y sin importar cuantos amantes tuviese Iori, ninguno iba a poder dejar ese tipo de marcas. Porqué ninguno podría pelear con él como un igual, sin importar lo que pasara, Kyo seguía siendo su rival, el único con quien podía pelear usando todo su poder.
Sintió el impulso de besarlo y acercó sus labios al inicio de su cuello, allí donde terminaba el cabello, depositó un beso corto y sin proponérselo realmente, terminó bordeándolo con los brazos por la cintura, pegando su pecho a su espalda. Iori se dejó hacer, se quedó quieto y en silencio, a la expectativa de sus movimientos.
La verdad era que se sentía algo desconcertado, Kyo le había hecho preguntas que le resultaban abruptas, ¿Porqué de repente se sentía Kyo interesado en su pasado? Su voz había sonado irritada de repente, había sonado casi como un reclamo ¿Estaba celoso de nuevo? Se preguntó, una sonrisa se formó en sus labios mientras sentía los labios de Kyo en su cuello. El castaño no parecía estar muy contento con la idea de estar en desventaja respecto a esa situación, estaba claro que no tenía experiencia y eso probablemente le hacía sentir inseguro.
A Iori todo eso le tenía sin cuidado, todo eran detalles superfluos, él tenía claro lo que quería. Quería poseer a Kyo. Necesitaba hacerlo suyo, porqué entonces, solo en ese momento podría tener la certeza de que, no iba a escapar. En el fondo, sin darse cuenta, Iori temía perderlo, que esa extraña semana cayera en el olvido luego de que volvieran a la normalidad, sentía una urgencia de consumar el acto y así poder sentir que le pertenecía por completo.
Quería ser el primero y el único.
Sentir ese deseo posesivo hacía él era agotador, pero no podía evitarlo, el castaño le producía eso, solo con existir. Al fin y al cabo, estaba destinado a tomar su vida ¿No? En otras palabras, Kyo le pertenecía por derecho.
Sin embargo, se encontró sintiendo una extraña consideración y empatía que no eran propias en él, se estaba preocupando porqué aquello fuera agradable para el castaño, aun cuando su deseo de poseerlo pareciera imposible de controlar, una parte de él, quería ir despacio y hacer de la experiencia algo especial.
¿Por qué demonios estaba pensando en cursilerías? Él no era así, Iori Yagami, tomaba lo que deseaba y se iba. ¿Por qué estaba preocupándose por los sentimientos de Kyo?
Sintió las manos de Kyo acariciando su abdomen, bajando lentamente hasta dar con su entrepierna, no tardó en excitarse con el suave roce y los continuos besos en su nuca. La mano de Kyo finalmente se cerró en su envergadura y comenzó a moverse lentamente. Iori cerró los ojos y se dejó llevar por la deleitosa sensación, su respiración pronto se agitó y su pecho comenzó a subir y bajar notoriamente. ¡Qué fácil era para Kyo encender su deseo!
Se giró hacía él no pudiendo aguantar más estar quieto y tomó sus labios en un beso que se tornó apasionado rápidamente, empujó a Kyo contra el azulejo de la pared del baño, Kyo gruñó entre el beso al sentir algo de dolor en la espalda. Momentos después el pelirrojo bajó con su boca, delineando su cuello, recorriendo con su lengua las heridas ahora cerradas, hasta la clavícula, dejando un camino de mordiscos y besos, por sus pectorales y posteriormente por su abdomen. Kyo aguantó la respiración y observó la cabeza pelirroja perderse entre sus piernas.
Dejó escapar un suspiro cuando sus labios tomaron su miembro y comenzaron a lamer lentamente desde la base hasta la punta. Era increíble como podía causarle todas esas sensaciones solo con su lengua, trató de no pensar en la 'experiencia' de Iori, porqué pensar en ello lo irritaba y decidió hacer un esfuerzo consciente, por solo disfrutar del momento sin tanta complicación.
Las manos de Iori volvieron a hurgar entre sus glúteos y sintió un dedo intruso hacerse paso en su interior. Le sorprendió que esta vez fuera más fácil y entonces notó que Iori había usado el gel del baño como lubricante, cerró los ojos avergonzado con las nuevas sensaciones que esto le producía, la cadencia de las succiones de su boca, unido al movimiento en su interior, le estaban excitando demasiado y darse cuenta de que le gustaba aquello, le causaba una enorme vergüenza. Su cuerpo reaccionaba independiente a lo que su mente pensaba, su cuerpo era mucho más honesto.
Un segundo dedo se unió al primero con facilidad y Kyo se encontró aterrado ante la posibilidad de lo que vendría después, aún entre las oleadas de placer, era muy consciente de que Iori lo estaba preparándolo para algo más grande y solo imaginarlo, le ponía muy nervioso. Había pasado una semana, se repetía en su mente, 7 días eran demasiado poco como para experimentar tantas cosas nuevas, su cerebro parecía estar en una constante lucha por asimilar y aceptar lo que estaba pasando, mientras que su cuerpo parecía muy a gusto con todos los estímulos.
Iori detuvo sus movimientos con su boca cuando ya le había llevado muy cerca al orgasmo y se puso de pie, Kyo lo miró a la expectativa, su respiración entrecortada, sus mejillas coloradas y el cabello húmedo aun goteando sobre sus hombros, pegado a su cabeza de manera desordenada. El pelirrojo sonrió con lujuria y le tomó por los hombros para que se diera la vuelta, Kyo quedó entonces apoyado contra la pared con el heredero de la luna atrás suyo. Iori paseó un dedo por su espalda, siguiendo el recorrido de su columna vertebral hasta llegar al inicio de su cadera, enviándole un escalofrío que le hizo estremecer ligeramente.
El castaño cerró los ojos con fuerza, cuando sintió el miembro presionarse contra su entrada y posteriormente deslizarse con cierta dificultad a pesar de que el jabón estaba haciendo maravillas para aliviar la fricción.
- Relájate – Murmuró Iori inclinándose hacía adelante, su miembro había entrado por completo y Kyo se había quedado mudo con la sensación. Dolía, pero no era el dolor lo que le importaba, sino el hecho de saber que el pelirrojo estaba dentro de él y lo que eso significaba.
- Es más... fácil decirlo que... hacerlo – Murmuró Kyo, pensando en que relajarse era la última cosa que podría hacer en esa situación.
Kyo no tenía forma de saberlo, pues no podía ver el rostro de Iori desde esa posición, pero el pelirrojo tenía una expresión casi demencial, estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no empujarse con fuerza en su interior, sostenía sus caderas, sintiendo el deseo de enterrar sus uñas en su piel y comenzar un vaivén apasionado, ir despacio y en cierta forma ser delicado, no iba con su personalidad, la pasión que sentía en el momento no era algo que pudiese contenerse con gentileza. Kyo le producía un malsano deseo de poseerlo y a la vez destruirlo con violencia, era como cuando peleaban y podía dejarse llevar por la ferocidad con la que sus llamas respondían al contacto de las de Kyo.
Kyo no se daba cuenta del poder que ejercía sobre él, de lo que su mera existencia le provocaba. Y en ese momento, mientras comenzaba a moverse lentamente, procurando esperar a que Kyo se acostumbrara a tenerlo dentro, el caos demencial de sensaciones e impulsos que se arremolinaban en su interior, se volvía cada vez más insoportable. Iori había hecho eso antes, no era su primera vez, sin embargo, se sentía como si, nunca hubiese tenido sexo en su vida, esa sensación de penetrar a Kyo era desmesuradamente más poderosa que lo que había experimentado con cualquier otro amante en el pasado.
Gruñó conforme aceleraba un poco el ritmo, escuchaba la respiración entrecortada de Kyo y los suaves gemidos que se escapaban de sus labios cada que su miembro alcanzaba el límite en su interior, su voz varonil era como música para sus oídos, un afrodisiaco que solo encendía más su deseo.
El dolor inicial se estaba fusionando con el placer, aunque para ser franco, no le molestaba ese dolor ¿No era normal que todo lo relacionado a Iori doliera de alguna manera? Pensó Kyo, no podía imaginar una situación con el pelirrojo en la cual no hubiera resultado adolorido, era como si estuviese en su naturaleza. Algo que ahora Kyo aceptaba. Que intentara hacerle daño, no era nada nuevo, inclusive sus 'intentos' de matarlo, se habían vuelto cotidianos, de una retorcida manera lo era. Aceptaba esa parte de Iori y eso lo convertía a él en una persona tan jodida de la cabeza como él. Quizás ambos estaban mal de la cabeza y por eso combinaban tan bien.
Iori le mordisqueó la nuca, mientras arremetía con más fuerza dentro de él, su mano derecha ahora se atenazaba alrededor de su miembro con ahínco, su pesada respiración volviéndose cada vez más desesperada, Iori movía su mano al ritmo de sus embestidas y kyo comenzó a sentir como las oleadas de placer se apoderaban de todo su cuerpo, llevándolo rápidamente al clímax. Ya no tenía forma de negarlo, su mente dejaba de generar pensamientos coherentes y solo podía sentir el placer que le producía ese enloquecedor ritmo. Iori lo estaba llevando de nuevo al borde de la locura y no le quedaba más remedio que aceptar que quería enloquecer con él.
- Hgnn... ¡Yagami...! – Gimoteó con la mejilla apoyada contra el azulejo de la pared, estaba demasiado cerca, era como estar al borde de un abismo, sintiendo la adrenalina del vértigo antes de caer.
- Kyo... - Murmuró Iori entrecortadamente, ese nombre que había llamado en tantas ocasiones, sus estocadas ahora más rápidas y descontroladas – ¡Eres mío Kyo! – Gritó y finalmente se dejó llevar, su semilla se esparció en su interior con la fuerza de un tsunami arrasador (O al menos así fue como lo sintió) aprisionando el cuerpo del castaño contra el suyo, como si se quisiera fusionar con él. Kyo sintió la extraña sensación de humedad dentro de su cuerpo y como el cuerpo de su rival tembló en espasmos, su mano aún seguía acariciándolo con brío y pronto Kyo también se encontró alcanzando el clímax, gimiendo desvergonzadamente cosas sin sentido, sus ojos perdidos entre sus cuencas y la semilla esparciéndose entre los dedos del pelirrojo y la cerámica.
Se quedaron respirando agitadamente, aún en esa posición mientras sus mentes lograban regresar del más allá y volver a la realidad. Iori apoyó el rostro en el hombro de Kyo, aún sin salir de su cuerpo, sintiendo la espalda sudorosa del castaño contra su pecho. Embriagándose con el olor masculino de su piel mezclado con el mentolado del jabón.
Quería quedarse así para siempre.
- No es suficiente... - Murmuró Iori con voz ronca, saliendo de su cuerpo y girando a Kyo con brusquedad, agarró su pierna derecha y la levantó con una mano con facilidad, agarrando la cadera de Kyo con la otra y sin previo aviso, volvió a penetrarlo.
Los ojos avellana se abrieron de par en par, al sentirse de nuevo lleno, sus brazos rodearon el cuello de Iori en un intento por sostenerse, pues sentía las piernas muy débiles, luego del orgasmo, su cuerpo aún se sentía sensible y debilitado, las nuevas embestidas, alcanzando aún más profundo en su interior, estaban destruyendo todo atisbo de cordura que aún quedaba en su cabeza. En ese momento, la presencia de Yagami, lo era todo, su olor, su sabor, su todo, era como ser tragado por una enorme sombra oscura, como ser engullido por él y convertirse en parte de él. Había dejado de ser Kyo. Su mente había dejado de funcionar.
- ¡Yagami! – Gritó y su voz sonó casi afónica, sus ojos ahora cerrados y la nariz arrugada mientras se aferraba como podía a la espalda del pelirrojo – Ahhg... ¡Iori! –
- Si, grita mi nombre ¡Kyo! – Respondió el pelirrojo con una sonrisa satisfecha al escuchar su nombre y no su apellido por primera vez salir de sus labios. Continuó arremetiendo con fuerza sintiendo el miembro de Kyo de nuevo duro contra su estómago - ¡Grita! –
Iori no había necesitado ordenarle que gritara, porqué en ese momento de demencial éxtasis, Kyo no podía formular pensamientos coherentes y solo podía gritar su nombre entre jadeos descontrolados.
El heredero de la luna luchó por extender su placer lo más que pudo, quería disfrutar de ese momento de total entrega por parte del castaño, escuchar su voz afónica contra su oreja, ver su rostro desfigurado por el placer, sus cejas fruncidas, sus orbes perdidas con las pupilas dilatadas y sus apetecibles labios entreabiertos dejando escapar gemidos y jadeos.
Pero por más que hubiese deseado extender ese momento indefinidamente, su cuerpo llegó al límite por segunda vez y el orgasmo lo sobrecogió sin que pudiese controlarlo, se corrió una vez más en su tibio interior, sus labios buscaron los de Kyo y lo besó apasionadamente mientras temblaba con las intensas oleadas de placer.
Kyo no supo cómo, pero correspondió el beso, se le había olvidado hasta respirar y por un momento tuvo que separar la boca para exhalar casi ahogado. El segundo orgasmo apoderándose de su cuerpo con desmedido ímpetu. Se aferró a él, como si su vida dependiera de ello y con un último grito su semilla se esparció una vez más sobre el vientre de Iori.
Se quedaron en esa posición, respirando con dificultad, Kyo luchando por no caer sentado pues sus piernas ya no podían sostenerlo y Iori intentando sostener el peso de Kyo con sus adoloridos brazos. Finalmente, luego de varios minutos en los que solo se escucharon jadeos, el pelirrojo salió de su interior y Kyo le rodeó con los brazos, apoyando su cabeza sobre su cuello, demasiado aturdido como para sentirse avergonzado.
- Te dije que... te haría gritar... - Murmuró con una sonrisa satisfecha, aún con los ojos cerrados. Kyo continuaba en silencio, intentando controlar su agitado corazón – Te dije que... eras mío... - Continuó Iori con voz ronca – Ahora no podrás escapar de mi... -
- ¿Escapar? – Preguntó Kyo finalmente luego de minutos en los que solo atinaba respirar entre jadeos - ¿Quién... quiere... escapar? - Agregó, su respiración aún entrecortada - ¿Por qué habría de... escapar de ti? –
Iori se quedó callado esta vez, lo había puesto en palabras, lo había dicho, su miedo irracional de que Kyo saliera de su vida.
- ¿Por qué clase de cobarde me tomas Yagami? – Se quejó algo indignado logrando retirarse un poco, recostándose contra la pared, sus mejillas aún coloradas por toda la sangre que se le había acumulada en la cara con el ajetreo, observaron al pelirrojo que lucía igual que él, su cabello rojo revuelto y sus mejillas encendidas casi haciendo juego con el carmín de sus ojos – No te tengo miedo... no tengo porque huir –
- Se que no me tienes miedo, no me refería a eso... - Respondió Iori, el castaño estaba malinterpretando sus palabras. Iori sabía que Kyo nunca huiría de un reto ni se sentiría intimidado por él, Kyo había enfrentado al disturbio de sangre, cuando él había estado completamente fuera de sí mismo con el deseo asesino de Orochi controlando sus instintos, ni siquiera en ese momento, Kyo había huido. El castaño era temerario y demasiado confiado en su propio poder, de ahí su actitud altanera.
- ¿Entonces a que te refieres? – Preguntó el castaño sintiéndose curioso, su respiración volviendo lentamente a la normalidad, sintiendo aún el cosquilleo del orgasmo en su cuerpo y las piernas algo temblorosas. Iori desvió la mirada y por primera vez pareció que se veía avergonzado.
- ¿Por qué querías saber sobre mi pasado? ¿Por qué te molesta que me haya acostado con otros hombres? – Arremetió Iori volviendo la vista hacia él, Kyo arqueó las cejas notando el completo cambio de tema, Iori no quería decir lo que realmente estaba pensando y eso solo le generaba más curiosidad por saber que era.
- Eso no tiene nada que ver... ¿Por qué lo traes a colación de repente? – Le preguntó Kyo entrecerrando los ojos, ahora sí que se sentía curioso con lo que fuera que Iori le estuviese ocultando.
- Porque hay cosas que es mejor no decir – Finalizó el pelirrojo frunciendo el ceño con expresión cansina. Kyo se quedó callado, no podía refutar tal lógica, Iori tenía razón, había muchas cosas que era mejor no decir, especialmente no con el tipo de relación que ellos tenían. Sin embargo, la curiosidad lo carcomía y Kyo, como buen gato que era, no era capaz de quedarse con la duda.
- ¿No me vas a decir? – Insistió entretenido con el rostro entre avergonzado y molesto de Iori.
- No – Respondió escuetamente y salió de la ducha con un movimiento rápido tomando una de las toallas que estaban colgadas al lado del lavamanos.
- ¿Por qué? – Insistió Kyo siguiéndolo, gotitas de agua salpicando el piso de cerámica blanca.
- No fastidies – Se quejó secándose el cabello bruscamente con la toalla, Kyo tomó la otra toalla e hizo lo mismo. Sentía las piernas entumidas luego de todo el ajetreo, por unos momentos había creído que no podría ni caminar.
- ¿Por qué estás avergonzado? – Preguntó con una sonrisita traviesa.
- No estoy avergonzado – Replicó el pelirrojo inmediatamente.
- ¿A no? Si no te avergüenza, decirme lo que estás pensando ¿Entonces por qué no lo dices? – Continuó Kyo con un dejo desinterés en su voz. Iori odiaba ese tono de voz, le recordaba al Kyo presumido de los torneos.
Salió del baño frunciendo el ceño hacía la habitación, Kyo lo siguió y se quedó de pie en el marco de la puerta observando como buscaba algo que ponerse en su closet.
- Vas a tener que traer más ropa – Comentó de soslayo, la idea de que Iori se quedara más tiempo con él ahí le habría parecido una locura hacía un par de días, pero a esas alturas, ya había aprendido a tolerar su presencia y además eso significaba que podría comer su deliciosa comida. Aquello tenía sus ventajas, pensó.
Iori seguía callado, mientras se ponía unos boxers blancos que había encontrado en el cajón, Kyo aprovechó para secarse mejor el cabello.
- Si te respondo a esa pregunta... - Comenzó a decir Iori de repente y Kyo alzó el rostro pretendiendo que estaba menos interesado de lo que realmente estaba – Tú tienes que responder a las mías – Sentenció cruzándose de brazos. Kyo se acercó hacía él y lo miró directamente a los ojos mientras asentía, si aquello era un desafío, Kyo no iba a acobardarse.
- Dije eso porqué... - Comenzó a decir Iori sintiéndose infinitamente tonto por tan siquiera acceder a las demandas del idiota, aquella conversación era irrelevante y le irritaba que Kyo le estuviese prestando tanta atención – Creí que ahora que los talismanes han hecho su trabajo y hemos resuelto el asunto con el templo... pues que no tendrías razón para seguir conmigo e intentarías escapar –
Kyo se quedó perplejo mirándolo sin saber que decir, se esperaba cualquier cosa menos eso. Había pensado que Iori intentaba humillarlo o algo así, pero en ese momento comprendió que, Iori en realidad ¿Temía perderlo? ¿Iori Yagami? No lograba imaginar al pelirrojo como alguien que tuviese dudas o temores, siempre le había parecido alguien demasiado seguro de sí mismo.
- Entonces creíste que... si me entregaba a ti... entonces... - Comenzó a decir Kyo intentando comprender el asunto - ¡Yagami! Así no hubiese pasado eso, no podría escapar de ti, ¿No estamos atados por el destino? –
- Jo... ¿ahora si mencionas el destino?, creí que odiabas que todo estuviese 'controlado' por el destino – Comentó Iori con un bufido.
- Bueno si... pero el destino dice que me tienes que matar y esas no son precisamente tus intenciones – Agregó entrecerrando los ojos con una expresión maliciosa llevándose las manos a la cintura. Iori no pudo evitar que una sonrisa se formara en sus labios ante el comentario.
- Ahora tu responde – Continuó Iori volviendo a fruncir el ceño - ¿Por qué hiciste esas preguntas sobre mi pasado? ¿Por qué te molesta que tenga experiencia? –
Kyo suspiró desviando la mirada hacia el closet, no le quedaba más opción que responder, al fin y al cabo, lo había prometido. Buscó una camiseta dándole la espalda a Iori y se colocó una pantaloneta.
- Porque... no quiero ser uno más en tu lista de fans – Respondió entre avergonzado y molesto – No es que me moleste que tengas más experiencia que yo, aunque me sorprendió bastante – Continuó girándose hacía él, optando por sentarse en la cama, subiendo las piernas – Pero... simplemente... quería que fuera algo especial –
Finalmente lo había dicho y de repente sentía como si un peso se le hubiese ido de encima, dando paso a una colosal vergüenza, ahora Yagami sabía que él estaba teniendo sentimientos atados al sexo. Pero no podía dar marcha atrás al asunto y tenía que afrontar esa vergüenza, a lo mejor no estaba tan mal decir ciertas cosas.
- Eres un idiota – Exclamó Iori, con una sonrisa ahora más ancha, quizás lo que ambos sentían no era tan diferente como creía, pensó, sus mentes parecían estar tan compaginadas como sus cuerpos. El heredero de la luna se dio cuenta de que, todo ese tiempo habían estado deseando lo mismo, pero habían sido demasiado tercos para aceptarlo. Cada uno suponiendo cosas del otro erróneamente.
El pelirrojo se inclinó y lo beso, un beso que resultó mucho más dulce de lo que esperaba, tierno casi, contrastando enormemente con ese momento tan intenso de pasión que acababan de compartir.
- Tú también eres un idiota – Respondió Kyo, separando un poco los labios – No pienso irme para ninguna parte –
- Y tú no eres uno más... tu eres... Kyo – Murmuró el pelirrojo y lo bordeo con sus brazos en una íntima demostración de cariño, Kyo correspondió tentativamente, abrazándole también, algo extrañado con el gesto, pero recibiéndolo gratamente – Siempre serás el único... - Iori lo empujó hacía atrás en la cama y pronto quedaron acostados aún abrazados de medio lado, sus bocas se unían de nuevo en un beso.
Volvía a sonrojarse al escuchar esas palabras, pero ahora no sentía vergüenza o humillación, lo que sentía era una agradable calidez en su pecho. ¿Era eso felicidad? Se preguntó mientras correspondía el beso, que Iori dijera esas cosas abiertamente le hacía sentir liviano, como si pudiese flotar a voluntad, una tranquilidad perene que no había sentido en mucho tiempo. Estar así con Iori se sentía correcto, como si aquello fuese lo que siempre debió ser. Como si dos piezas de un complicado rompecabezas hubiesen encajado finalmente a la perfección.
Si no hubiese sido por ese Kami... ¿Se habría dado la oportunidad de descubrir al verdadero Iori? ¿Habría dejado de lado el rencor y el milenario odio?
- Si vas a quedarte aquí trae más ropa – Insistió con una sonrisa entre el beso.
- Ya lo sé, no tienes que repetirlo - Respondió Iori y de repente el sonido del reproche producido por su estómago se escuchó en el silencio de la habitación. Se habían saltado la hora de la cena.
- ¿Vas a cocinar? – Preguntó Kyo y su voz sonó emocionada otra vez. Iori meneó la cabeza y se giró de medio lado con expresión somnolienta.
- Ordena algo – Murmuró dejando escapar un bostezo, habían peleado extenuantemente por dos horas y a ello se le sumaba la agitación en el baño, aquello era un nuevo récord de estamina para ambos. Kyo se levantó tomó el móvil que estaba sobre el escritorio y con una sonrisa pícara comenzó a teclear en la pantalla.
- ¿Pizza otra vez? – Se quejó Iori, mirándolo de reojo.
- Pizza otra vez – Afirmó Kyo con una sonrisa.
Kyo volvió a acostarse a su lado luego de hacer el pedido, esta vez no dudo en recostar su cabeza en el hombro del pelirrojo, escondiendo su rostro en el ángulo de su cuello, Iori lo rodeó con su brazo y en silencio se quedaron simplemente ahí, disfrutando de la compañía del otro. Iori paseó su mano por la mejilla de Kyo y luego acarició su suave cabello castaño, pensando en que por fin Kyo le pertenecía y que, a su vez, Kyo era su dueño. Una dicotomía que hasta el momento no había podido comprender, pero estando allí, solo acariciando su cabello sin ninguna segunda intención, comprendió que eso que ellos compartían, iba más allá del destino, ambos habían desafiado ese legado al aceptar ese inexplicable amor en sus corazones.
FIN.
Notas finales:
Amo escribir a este par de idiotas ;_; ¡Mil gracias a todas y todos por leer! Esto me salió tan intenso y tan cute a la vez! realmente no tenía nada planeado para este fic, solo la vaga idea de Iori transformado en mujer y de ahí improvisé hasta que salieron 17 capítulos XD. Además quería escribir algo liviano, sin trama complicada y enfocarme solo en ellos y sus sentimientos ^^ y por fin tuve tiempo de dibujar un par de fanarts paras este capítulo.
La pelea en la colina *-*
El momento cursi en la cama *-*
