Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, en el universo detallado en la saga cazadores oscuros de Sherrilyn Kenyon, mezclado con el universo de Harry Potter de J.K Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a las dos autoras, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

**CLARACIÓN: NO ES NECESARIO LEER O HABER LEIDO LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS PARA ENTENDER LA HISTORIA, YA QUE LAS PARTES IMPORTANTES DE LA TRAMA SERÁN EXPLICADAS. **

*SI LEISTE LA SAGA: puede que algunos personajes y/o destinos de los mismos hayan sido levemente modificados por el bien de esta trama.*

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Capitulo 9:

-No interferiré - era un mantra que había estado cantando todo el día, y aún así... ¿cómo podía no hacerlo? Las vidas y el bienestar de gente por la que él se preocupaba estaban en juego.

A su mente acudieron las macabras imágenes de su vida humana. El horror de todo ello. La humillación. El dolor y el terror. Y todo porque dos mujeres habían intentado "salvarlo".

Él no les haría eso a ellos. Interferir con el destino o libre albedrío humano era desastroso. Cualquier cosa que él pudiese hacer en ese instante solo complicaría las cosas, aun más. Las Moiras lo odiaban, cada paso que él daba era continuamente observado y rara vez lo dejaban escapar sin consecuencias si él osaba interferir en sus asuntos.

-¿Acheron?

Él se congeló cuando oyó una voz en su cabeza que no esperaba.

- ¿Savitar?

- ¿Cuánta gente tienes en esa cabeza tuya que tienes que hacer esa pregunta?

Ash se rió del seco humor del hombre. Savitar conocía mejor que nadie exactamente cuántas voces oía Acheron en cualquier momento.

Una misteriosa niebla azul siseó frente a él. Dos segundos más tarde, esta se convirtió en un hombre que tenía casi la misma altura que él. Sólo Savitar osaría entrar en sus dominios sin una invitación… bueno, él y Artemisa, pero Artemisa era toda otra pesadilla.

Pareciendo estar físicamente en los treinta años, Savitar se paraba frente a él con una irónica sonrisa y los brazos cruzados sobre el pecho. Vestido con un par de pantalones de playa blancos y una camisa azul de mangas cortas que llevaba sobre una camiseta blanca, no se parecía para nada a lo que realmente era. No parecía el ser que tenía la sabiduría de los años y suficiente poder para competir con él. Por otra parte, en realidad Savitar podía ser aún más poderoso.

Delgado y musculoso, Savitar no había cambiado mucho desde el día en que por primera vez se cruzó en su camino, excepto su guardarropa, pero el de Ash había cambiado mucho más.

Coloridos tatuajes cubrían los antebrazos de Savitar. Su ondulado pelo negro caía justo por debajo de sus orejas y él lo llevaba en un casual y sencillo estilo. Sus ojos eran una vibrante sombra de lavanda y cuando mostraban furia, hacían claudicar hasta aquellos que eran más valientes.

Ash no estaba nunca seguro de qué lado iba a estar Savitar. Sólo Savitar sabía eso, y no siempre lo compartía. Desde hacía siglos él se había convertido en el árbitro que dirimía los conflictos entre los were-hunter en el omegrión o consejo que regia los asuntos de los Katagaria y arcadios.

Había sido el mismo Savitar quien había erigido los santuarios del mundo, donde se refugiaban were y Apolitas por igual, y había redactado sus férreas reglas.

Savitar rara vez abandonaba la isla donde vivía y las olas que surfeaba en sus costas. Cuando él hacia aquello era para disciplinar a algún clan were o porque algo bastante malo estaba a punto de suceder. Él era mucho más solitario que Acheron, si cabía, y sus visitas eran mucho menos agradables.

- ¿Cómo está Simi?

Ash echó hacia atrás una esquina de su camisa negra para mostrarle el tatuaje que era Simi. La forma de un dragón estilizado se recortaba sobre su pecho.

- Bien. Está descansando ahora. La mantuve afuera hasta muy tarde.

- No deberías abusar tanto de tu demonio. Ella necesita su descanso.

Acheron ignoró el comentario de Savitar, aunque su rostro denotó enojo por el comentario. Todo el que lo conocía sabia que nunca abusaría de Simi. Ella era su único tesoro y jamás le haría daño voluntariamente. Savitar rió ante la mala cara de Ash y después se puso serio.

- No puedes ir a ellos, Atlante. Si lo haces Apolo matará a todos, no puedes traer a todos de regreso. Debes elegir bien Acheron.

No puedes interferir, si matas al bastardo todo el mundo acaba. Si el idiota muere, la cosa amarilla que brilla en el cielo también, así como la luna, su hermana y todo lo que camine sobre la tierra. Aunque… la oportunidad de deshacerte de Artemisa bien valdría la humanidad. Yo que tu lo pensaría…

Claro, como si él fuese a dejar que aquello sucediese. Ash amaba demasiado a la humanidad como para dejarla desaparecer, solo para deshacerse de la molesta presencia de Artemisa.

Ash cerró sus ojos, deseando poder ver su propio futuro tan fácilmente como lo hacía Savitar. Pero al menos Savitar estaba dispuesto a compartir sus visiones por una vez.

- ¿Estás seguro?

- Tan seguro como de que estoy de pie aquí - Savitar destelló para pararse directamente detrás de él.- Tal vez no estoy ahí después de todo.

Ash inmediatamente giró para que Savitar no estuviera a sus espaldas; más que nadie, Savitar conocía cuánto odiaba que alguien apareciera detrás suyo.

- No me empujes, Savitar - gruñó.- Hace mucho tiempo que he dejado de ser un novato.

Savitar, despreocupadamente, tomó asiento en un trono oscuro coronado de espinas. Aquel sitio le resultaría agradable si tan solo tuviese un océano tras las enormes puertas.

- es verdad, no eres un novato. Pero si quieres atacarme, entonces hazlo. No puedo interferir con tu libre albedrío más de lo que tú puedes interferir con el de ellos. Todo en el universo está cambiando ahora mismo... Realineándose con cada decisión que toman. Pero tú sabes eso. Sé que puedes sentirlo.

Rechinó sus dientes mientras el dolor lo recorría. En el pasado, cuando era un neófito, Acheron había intentado interferir en el libre albedrio de personas a las que amaba y solo había logrado la ruina para ellos.

Sus nuevos poderes habían sido demasiado para él, en ese tiempo, y no conocía exactamente el alcance de las consecuencias de sus acciones. Lamentablemente, Savitar había aparecido para enseñarle a manejarlos cuando todo ya estaba arruinado.

Si él interfería ahora, más de una vida sería totalmente truncada. Él podría hacer algo para evitar lo que esa noche sucedería, pero no tenía idea de lo que las destinos harían al enterarse. Esas perras tenían la desagradable tendencia a joderle la vida a cualquiera que él intentase ayudar.

Era duro saber que la desgracia estaba a punto de golpear a alguien y no intervenir para mejorarlo. Acheron lo sabía, el dolor y el fracaso era una parte natural de la vida.

Savitar le había dicho una vez que no porque pudiera significaba que debiera intervenir. Él decía que ellos eran como un padre que mira a su hijo caerse mientras está aprendiendo a caminar. En vez de mimar al niño, debían ponerlo de pie y dejarlo intentar nuevamente, hasta que aprendiese. Ash no tenía hijos, pero entendía que ellos debían tropezar antes de poder correr.

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Hermione iba y venía por la habitación colocando sobre su cuerpo las diferentes armas que generalmente usaba para salir a cazar. Estaba completamente vestida de negro y tenía suficiente metal encima como para acabar con un pequeño ejército.

Esa tarde había intentado conversar con Chi y ella no había respondido a su llamada. Así que había contactado a su escudera, solo para enterarse que ella y otros perros de la guerra habían sido movilizados a Nueva Orleans.

La joven escudera de Chi no estaba enterada de que Hermione no debía saber lo que estaba ocurriendo en la ciudad. Por días Draco había hecho lo imposible para que ella no supiese lo que realmente sucedía. Incluso le había conseguido varios libros para que se olvidase de lo que ocurría afuera.

Luego de enterarse de la situación, Hermione había tomado una decisión sumamente drástica. La cazadora oscura estaba resuelta a que aquello terminase pronto. No estaba dispuesta a dejar que inocentes fuesen sacrificados por su causa. Si Apolo quería problemas los tendría, pero solo con ella, no con gente que nada tenía que ver.

El ego de Draco aun estaba un poco magullado por la reacción de Hermione. Ella había estado tan furiosa al saber que él había estado ocultándole los ataques daimon en la ciudad, que había vuelto a romper su nariz de un puñetazo.

La discusión que ambos habían tenido había elevado sus voces hasta el punto que Xamira comenzó a llorar a causa de los gritos. La demonio podía tener cuatro mil años, pero su mentalidad era la de una niña pequeña, dado que los carontes maduraban muy lentamente.

La discusión había cesado inmediatamente cuando Xamira comenzó a llorar. No solo porque los chillidos de la demonio eran más dolorosos que uñas rascando en una pizarra, sino porque ambos habían llegado a quererla en esos días juntos y al igual que Simi con Acheron, la niña movía sus hilos con sus demoniacas manos.

- Hermione por favor no salgas a patrullar. Ya sabes lo que Acheron piensa. Él cree que Apolo trajo los Daimons para atraerte a una trampa. No salgas por favor.

- soy una cazadora oscura, Draco. Hice un trato, este es mi trabajo ahora. No puedo estar aquí jugando a la casita contigo y Xamira. Debo volver a mi existencia normal en algún momento. No puedo dejar que el miedo a Apolo me paralice. No viviré asustada y ocultándome. Tenía menos de dieciocho años cuando me enfrenté al mago oscuro más poderoso de todos los tiempos.

- lo sé, y yo estuve ahí por si no lo recuerdas. Pero esta es otra liga Hermione. Estamos hablando de un dios, no de un mago.

- yo ya no soy una bruja. Tengo otras responsabilidades y no eres nadie como para impedirlo.

Hermione estaba siendo testadura nuevamente. En esos días, Draco había aprendido que era muy difícil sacarle una idea de la cabeza cuando esta ya había echado raíces.

- ¡Soy tu marido!

Ella resopló y lo recorrió con la mirada. Llevaban días haciéndose a la idea de que estaban unidos de una forma mucho más permanente de la que creían hasta entonces. Pero Hermione se rehusaba a creer que podría quedarse con él al final de todo.

En esta vida, el código del cazador oscuro le impedía tener una pareja y no habría una próxima vida para ella. Si ella moría siendo una cazadora oscura, seria relegada a ser una sombra y no volvería a renacer, por más que Draco si lo hiciese. Lo que sea que tenían, estaba condenado desde el principio y no quería pasar el resto de su existencia extrañando a un hombre que envejecería y moriría en algún momento.

Draco era mortal. Cada instante que pasaba, él estaba un segundo más cerca de su tumba. Eventualmente él envejecería, mientras que ella jamás volvería a hacerlo. Ella lo había observado mientras interactuaba con Xamira y los niños del Santuario. Era obvio que Draco quería tener una familia, ser padre, y si ella permitía que se involucrasen más, él nunca podría tenerla.

Como cazadora oscura ella sabía que existía la posibilidad de ser liberada del servicio de Artemisa. Pero dado que Acheron era el encargado de negociar con la diosa y ella no tenía una buena relación con su líder, no estaba segura de que él accediera a interceder para conseguir nuevamente su alma.

Había insultado a Acheron la suficiente cantidad de veces como para que él no tuviese la más mínima obligación de mover un dedo por ella. Hermione incluso lo había apuñalado. Él nunca le había reprochado nada, y Simi decía haberla perdonado, pero no lo juzgaría si decidía que no valía la pena ayudarla a buscar su libertad.

Era hora de terminar con aquella locura. Cuanto más tiempo estaban juntos, mas cosas sentía por Draco y era mucho mayor el miedo de perderlo, tal como había perdido a Ron y a sus hijos. Hermione no estaba dispuesta a enamorarse de él y luego tener que visitar su tumba. No quería enterrar más personas amadas.

- No en esta vida amigo. - Hermione se quitó la garra de plata y le mostró la mano izquierda desnuda. – no veo ningún anillo de boda en mi dedo, y la última vez que me fijé, no me rescatabas del océano y me pedias que fuera tuya, al atardecer, en una playa... No somos Britomartis y Alíates, no te confundas.

Somos, Draco Malfoy, un mago sangre pura que viajó en el tiempo escapando de las consecuencias de haber sido un mortífago y Hermione Granger, una cazadora oscura que vendió su alma para vengar la muerte de su esposo y sus hijos a mano de otros mortífagos. No olvides eso Draco.

Con cada palabra que salía de sus labios, el rostro de Draco se tornaba más rojo. Ella lo estaba lastimando apropósito, para protegerlo, pero eso él no lo sabía. A Hermione aquello le dolía a horrores, pero sabía que era lo correcto.

- BIEN. ¡HAZ LO QUE SE TE DE LA GANA GRANGER! NO SE POR QUÉ ME MOLESTO. TU SIEMPRE LO SABES TODO, ¿NO? NO IMPORTA CUANTOS AÑOS TENGAS, SIEMPRE SERÁS LA PERFECTA PREFECTA QUE NO NECESITA A NADIE PORQUE TODO LO SABE. HAZ LO QUE QUIERAS HERMIONE.

ESTOY HARTO DE DEMOSTRARTE QUE NO SOY EL DRACO QUE CONOCISTE HACE DOSCIENTOS AÑOS. ES INUTIL MOSTRARLE TRUCOS NUEVOS A UN PERRO VIEJO.

HAZ LO QUE QUIERAS. VE CON APOLO Y SE SU SIRVIENTA SI LO COMO UNA OFRENDA. ME DA IGUAL. ¿QUIERES QUE SEA MALFOY?, SERÉ MALFOY ENTONCES.

El portazo resonó en los huesos de Hermione. Había logrado su cometido. Draco había salido furioso de la habitación. Ella casi podía sentir la forma en la que él estaba levantando las barreras entorno a su corazón, para que no pudiese lastimarlo.

En esos días juntos, ella había aprendido que el Draco que ella había conocido en Hogwarts era solo un mecanismo de defensa que utilizaba para que no pudiesen herirlo. Estar con Acheron y los Peltier lo había hecho sentir lo suficientemente seguro como para abandonarlo y ahora ella lo había vuelto a traer.

Xamira entró en la habitación un momento después. Ella había estado viendo televisión y había cambiado sus peplos griegos por el vestido con volantes y mariposas estampadas que había visto en un programa. Su largo cabello ahora era azul oscuro y aun llevaba las trenzas que Hermione le había hecho más temprano.

Para ser una demonio Caronte, de poder inigualable, ella lucia demasiado inocente y su aspecto era el de una niña que no superaba los diez años. Cuando Xamira lucia su cabello castaño y lo rizaba, Hermione no podía evitar pensar en su hija Rose.

- has roto el corazón de Draco.

- lo sé Xami. Y lo siento por eso.

- Ahora los dos tienen el corazón roto y Xami quiere llorar. Igual que Hermione y Draco, Xami se siente azul, como cuando su matisera no respondió a su llamado porque el dios malo le había hecho daño.

Hermione se arrodilló y permitió que la niña la abrazase. Xamira se veía tan feliz la mayoría del tiempo que la cazadora solía olvidar que, recientemente, ella había visto a su madre morir.

- no llores Xami. Lo siento.

- Draco y Hermione son gente de calidad. Y a Xami no le gusta que sus corazones lloren. Cuando gritan cosas, parecen enojados pero lloran por dentro.

Le sorprendía lo sensitiva que podía ser la demonio.Al igual que la Simi de Acheron, Xamira podía leer sus emociones de forma impresionantemente acertada y el color de su cabello cambiaba de acuerdo a su estado de ánimo.

Normalmente ella lo llevaba de color castaño, cuando era feliz, y se volvía rojo al enojarse. Ahora era azul, eso quería decir que ella estaba triste. Se preguntaba si Simi también expresaba sus emociones con el color de su cabello. Las veces que la había visto, ella llevaba su cabello negro y mechones de colores, igual que Ash.

- Xami, ¿puedo pedirte un favor?

- depende, ¿eso hará llorar a Draco?

- no. la idea es que no lo haga.

- entonces sí. Hermione puede pedirle un favor a Xami.

- ¿podrías vincularte con él? Me dijiste que para poder proteger mejor a alguien debías estar vinculada. ¿Podrías?

- si, Xami puede. ¿Pero por qué?

- no voy a regresar Xami. Necesito que este problema acabe hoy. Draco no es tan fuerte. Él necesita un poco mas de ayuda. Si tu lo proteges yo podré irme tranquila.

- ¿y Hermione?

- estaré bien. Haré mi trabajo y tarde o temprano esto terminará.

- ¿Hermione también se irá como la mamá de Xami?

- es una posibilidad, Xami. De todas formas intentaré que no suceda.

- pero eso hará llorar a Draco.

- lo hará, pero tu estarás ahí para que su corazón sane. ¿Harías eso por mí?

Draco tenía su forma animaga y esta era extremadamente fuerte, pero al haber sido expulsado del santuario provisoriamente, él estaría solo en cuanto ella abandonase la casa. Con Xamira vinculada a él, Draco tendría una protección extra. Hermione había visto de primera mano lo que Simi había hecho cuando apuñaló a Acheron, Xamira tenía el mismo potencial.

- Xami lo hará.

Con un último beso en la coronilla de la demonio Caronte, Hermione se colocó su abrigo y tomó las llaves de su motocicleta roja. Uno de los osos la había traído desde su casa y estaba agradecida por ello. Draco podía usar la aparición, pero no quería dejarlo sin su propio medio de transporte por si acaso.

Su motocicleta devoró la distancia entre el pantano y el centro de la ciudad. El viento helado hacia que sus lagrimas se secasen casi al instante que caían de sus oscuros ojos y su corazón se estrujaba mas con cada kilometro que se alejaba de Draco.

Quizá fuese el vínculo especial que los unía, o los días preciosos que habían pasado juntos, a pesar del peligro que corría su vida. Hermione no estaba segura del por qué, pero no recordaba haberse sentido así por alguien.

Ella había amado a Ron, pero la relación que había tenido con él se había construido a base de costumbre y cariño fraternal. En cambio, la pasión que la unía a Draco había sido arrebatadora en este tiempo, y con ella había surgido ese amor que la había convencido de que abandonarlo era lo mejor que podía hacer por él.

Lo primero que hizo al llegar a la ciudad fue ir hacia su casa. Allí tenia la lista de cazadores y escuderos que había estacionados en Nueva Orleans y podría llamarlos para obtener información.

La sangre de Tyana aun estaba en el suelo de su sala, al igual que la ominosa misiva que los lobos habían dejado allí para Draco. Por los dioses, necesitaba sus fuertes brazos alrededor de ella en ese instante.

Necesitaba su rasposa mejilla en contacto con su piel, sus labios besando su coronilla y su voz diciéndole que todo iba a estar bien. Su mente le decía que había hecho lo correcto. Si lo abandonaba, Apolo se concentraría en ella y lo dejaría en paz, para que formase una familia lejos de ella. Pero su corazón no estaba seguro. Su corazón añoraba sus besos y la ternura que él era capaz de mostrarle.

Antes de ponerse en contacto con otros cazadores guardó con extremo cuidado el álbum de recortes y dibujos que él le había regalado para navidad. Adentro descansaba la rosa roja con la que la había despertado y algunos pétalos de las flores nenúfar que le había dejado en la mesa de la cocina una tarde.

El teléfono dio dos tonos antes de que Kyl atendiese. El ex escudero, devenido en cazador oscuro, era uno de los más nuevos, igual que ella. Acheron solía movilizarlos juntos para que pudieran darse apoyo en este, su nuevo oficio.

Kyl solo tenía cinco años menos que ella. El chico había renacido como cazador oscuro a causa de un incidente que ocurrió en Europa, pero ni él ni Ash deseaban hablar de lo que lo había hecho cambiar su estatus.

- ¿Kyl?, habla Hermione.

- "hola brujita. Pensé que seguirías con tu luna de miel…"

- cállate. Eso se ha terminado. ¿Tienes información para mí?

- "no mucho nena. Montones de muertos. Daimons que brotan como margaritas y un muy desagradable caos sembrado en la ciudad. Por suerte los humanos parecen presentirlo y no se aventuran tanto durante la noche."

- ¿hay algún tipo de patrón?, ¿Los Daimons han dejado algún tipo de mensaje?

- "no. absolutamente nada. Y eso es lo que me pone nervioso. No parecen tener motivos para las matanzas. Ni siquiera se alimentan o roban sus almas, solo los asesinan y se van…"

Hermione suspiró irritadamente. Ella había estado tranquilamente en casa de Draco y afuera la ciudad era un caos. Los humanos que había jurado proteger estaban bajo ataque por su culpa y no podía perdonarse eso.

- están jugando con nosotros.

- "si, lo sé. Estoy hartándome de la ascendente suma de cuerpos. Diez personas murieron anoche, y el consejo está teniendo problemas para esconderle eso a la policía."

- ¿Quiénes están aquí aparte de ti y Chi?

- "Scorpio, Dragón, Raden, y la simpática Tafari, de los perros de la guerra. Contigo de vuelta al ruedo, la manada está casi completa. Gülfem y yo somos los únicos cazadores estándar en la ciudad… Ash quiso evacuarnos hace unos días, pero nos negamos."

- ¿por qué hicieron eso?, si Ash movilizó a tantos perros, quiere decir que las cosas están demasiado complicadas, Kyl.

-"no te das una idea. Luego de que mataran a Cromley y a veinte humanos, Ash comenzó a traerlos."

- ¿Quién era Cromley?

- "un Dark-hunter de Lafayette. Era un buen tipo."

-¿Qué le sucedió?

- "aparentemente lo expusieron al sol."

Hermione maldijo por lo bajo. No conocía al cazador, pero le dolía que alguien hubiese muerto por la cruzada de Apolo para conseguirla. Lo que ella no sabía es que el mismo Apolo había sido quien había eliminado a Cromley. Él había poseído el poder de ubicar a cualquier ser en el planeta, y aunque no la conocía, se había negado a traicionarla dando su ubicación. Apolo se había irritado tanto por la integridad del cazador, que lo había eliminado.

-Kyl deberías evacuar, convence a Gülfem. Deja esto a los perros y a mí.

- "¿y dejarles toda la diversión? Los buenos Daimons escasean. Los míos solo gritan y huyen. No seas egoísta Hermione."

- bien haz lo que quieras… iré al Barrio Francés a patrullar.

- "mantente alerta bruja. Le diré a Tom que te eche un ojo. No dudes en llamarlo. Sé que no tienes escudera."

- Gracias Kyl.

Hermione cortó el enlace y se dispuso a comenzar su patrulla. Saber que un cazador había muerto recientemente la había afectado. Ella ahora quería sangre. Nadie tocaba a sus compañeros de armas si ella podía evitarlo, y ahora tenía un muerto en su conciencia.

Llevaba dos horas recorriendo las calles semi vacías del Barrio Francés cuando su instinto la llevó hacia un callejón, donde sentía que había actividad sospechosa.

Apenas la vieron, los Daimons comenzaron a correr alejándose de ella. Eso era lo usual. Generalmente ninguno se quedaba a conversar cuando la veían llegar. Todos ellos eran rubios y de aspecto angelical, pero Hermione sabia de lo que eran capaces.

- oh por todo lo sagrado. ¿Por qué siempre tienen que correr? Podrían morir con dignidad una vez…

Se lanzó a la carrera por una cuesta. Demoró un instante más de la cuenta en entender que los tres Daimons que perseguía no iban en una dirección al azar. Ellos no estaban huyendo simplemente, ellos la estaban guiando hacia una trampa.

Se sorprendió al ver que varios de los Perros, Gülfem y Kyl ya estaban allí, luchando con otros Daimons. Aquello era demasiado extraño. Inmediatamente se unió a la lucha posicionándose cerca de Gülfem, una ex princesa del imperio otomano.

Gülfem y Kyl parecían debilitarse a cada instante. Mientras que los Perros de la guerra eran lo suficientemente fuertes para estar juntos por una razonable cantidad de tiempo, ellos no lo eran. Sus poderes se drenaban inmediatamente al estar cerca uno del otro.

Los Daimons parecían hacerse más fuertes mientras los Dark hunters se debilitaban a cada latido. Ellos los superaban en número. Había aproximadamente tres Daimons por cada uno de ellos y no estaba segura, pero cada vez que eliminaban a uno, aparecían dos más.

Parecía que luchaban contra las cabezas de la mitológica Hidra que Hércules había vencido en la antigüedad. Más y más Daimons aparecían, por más que los liquidasen y las fuerzas mermaban a medida que las heridas se incrementaban.

Un daimon particularmente grande la alcanzó con un puñetazo en la mandíbula que hizo que temblaran todos sus huesos y viese rojo por el dolor. Hermione saboreó su propia sangre cuando su labio se partió. Solo se detuvo un instante para tocar su herida y luego lanzó su poderoso Hulbart hacia él. El daimon fue historia cuando una de las puntas del arma hizo blanco.

Hermione intentaba recoger su arma cuando algo llamó su atención a la derecha. Eran dos Daimons con hachas, atrapando a Gülfem entre ellos. La pelea se había alejado bastante de ellas y se congeló del horror al saber que no podría llegar a tiempo para ayudarla.

El escalofriante grito detuvo la lucha un instante cuando la princesa calló de rodillas un momento antes de que la asesinaran a sangre fría. Ambos Daimons chocaron los cinco antes de que Chi y Hermione se lanzaran por ellos. Ellos estallaron en una nube de polvo dorado antes de saber lo que sucedía.

La cazadora de razgos asiaticos abrazó a su amiga momentaneamente, no se veian desde la noche que Draco había visitado por primera vez a Hermione. Solo ellas eran capaces de hacer eso. Al ser parte de los perros de la guerra, ambas tenian poderes que les permitia estar en contacto sin sufrir graves consecuencias.

Artemisa se había asegurado de que ningun cazador oscuro pudiese reunirse con otros para conspirar contra los dioses, haciendo que ellos ni siquiera pudiesen tocarse. Pero había subestimado el poder de la ira, y así habían surgido los perros de la guerra. Ellos encerraban tanto poder, alimentado por su odio, que la prohibicion de contacto no los afectaba.

Un daimon hizo caer a Kyl con un barrido de pierna. Él cayó de bruces y solo la daga en su bota izquierda lo protegió de tener el mismo destino que Gülfem. Él daimon fue historia nada mas sufrir el impacto de la daga en el pecho.

Chi corrió para ayudar a Tafari y no se dio cuenta cuando Hermione fue atacada a traición. Algo la había golpeado tan fuerte por la espalda, que juraría que había oído como se rompían algunas de sus costillas. Con la respiración dificultada por el dolor se giró para saber de dónde había venido el ataque. La sangre abandonó su rostro dejándola pálida como un fantasma.

Parado detrás de ella había un hombre impecablemente vestido, con un traje negro de seda, que sonreía maliciosamente. Él guardaba gran similitud con los Daimons que luchaban unos metros más allá, pero su cabello era de un rubio rojizo y sus ojos eran de un tono anormalmente verde. Poder y maldad emanaba de aquel ser.

Hermione intentó alertar a los demás de la presencia de Apolo, pero el dolor en su pecho le impedía pasar aire suficiente como para articular palabras. Solo ella parecía ver al dios. Los demás estaban completamente enfrascados en sus propias luchas e ignoraban lo que sucedía a su alrededor.

Mientras que estar cerca a otros cazadores no hacía nada sobre sus poderes, las heridas tendían a neutralizarla rápidamente. Sabía que estaba en desventaja, pelear contra un dios seria su sentencia de muerte.

- no lo intentes Britomartis. Ellos no te oyen. No saben que estoy aquí.

A pesar del lacerante dolor, Hermione reunió la fuerza necesaria para contestarle al dios. A pesar de tener la voz entrecortada, a causa de las costillas que perforaban sus pulmones, reunió su fuerza y valentía restantes para hablar.

- no soy quien dices. Mi nombre es Hermione.

- lo que sea. Cuando esto termine no lo recordarás… te propongo un trato Hermione, ven conmigo y dejaré a tus amigos en paz. Ven conmigo y el mago podrá vivir lo que le quede de vida sin que lo moleste. Más y más Daimons seguirán llegando si no aceptas. Todos ellos morirán.

Hermione sopesó lo que Apolo decía, mientras él señalaba a sus amigos que seguían luchando sin percatarse de su presencia. Si ella aceptaba su oferta puede que aquello funcionase. Los Daimons habían matado a Gülfem y a Cromley. Habían matado a más de cincuenta humanos inocentes y la amenaza se extendía hacia Draco. Si ella iba con el dios, probablemente Draco saldría indemne de aquel escollo.

- jura que los dejarás en paz y que Draco no saldrá herido.

- bien… lo juro.

- por el rio Estigia.

Hermione sabía que solo jurando por el rio Estigia los dioses se veían obligados a cumplir con sus promesas.

- bien, juro sobre el rio estigia que dejaré en paz a los cazadores oscuros y que Draco no saldrá herido. ¿Contenta?...- Hermione asintió aliviada - vamos querida.

El dios extendió su mano y Hermione bajó su arma un instante antes de que Apolo la atrapase con una de las redes Dykiton de Artemisa.

- ¡MATENLOS A TODOS!, SOBRE TODO AL MAGO.

-dijiste que los dejaría en paz. Que Draco no saldría herido.

- lo dije. Una vez muertos, ellos estarán en paz. Y en cuanto al mago… él no saldrá herido de esto, saldrá muerto. Son solo tecnicismos, no te angusties. Además no seré yo quien ejecute la orden.

Cuando Hermione y Apolo desaparecieron en un destello de luz, nadie los vio. El dios había hecho algo para que ningún otro cazador pudiese notar su presencia, salvo ella.

Por primera vez en sus muy largas existencias, los Machiskyli o perros de la guerra, estaban siendo apaleados. Todos ellos estaban bastante heridos y cuando un daimon caía, otros dos llegaban para reemplazarlos. Tafari y Chi habían cerrado filas protegiendo a Kyl que tenía sus piernas fracturadas, mientras que Dragón, Scorpio y Raden intentaban llevar al grueso de la tropa lejos de las mujeres y el cazador herido.

- Basta de jugar hermanos. Llamen a Apolo - gritó el daimon que parecía liderarlos - él querrá estar aquí para verlos morir.

- llama al bastardo. Realmente me encantaría poner mis manos sobre él ahora mismo.- dijo una profunda y enfadada voz, que hacía eco en los muros de ladrillos de a su alrededor.

Chi contuvo el aliento cuando reconoció la última voz que había esperado oír. Ella vaciló cuando los Daimons se congelaron en la mitad de sus ataques. Todos ellos clavaban los ojos en fondo de la cuesta.

Recortado por la luz de la luna, un hombre extremadamente alto caminaba hacia ellos. Una extraña niebla etérea se arremolinaba a su alrededor como si acariciase el cuerpo de su amante. Vestido en pantalones de cuero negros y un largo abrigo de cuero con las mangas recogidas para exponer sus antebrazos y guantes de cuero sin dedos, él parecía el típico tipo chico gótico que merodeaba por Nueva Orleans luego del atardecer. Pero cuando bajó caminando lentamente la colina con un largo, y sostenido paso predatorio emanaba un aura de poder tan peligroso que hizo que cada pelo de sus cuerpos se les pusiesen de punta.

Los Daimons convocaron sus portales con la intención de desaparecer.

- Creo que no.- dijo el Ash cuando cada portal se cerraba sin que hubiesen sido utilizados.

Una poderosa explosión agitó el aire. Esta emanó fuera del hombre como una onda supersónica. Chi sintió que esta la traspasaba pero extrañamente sabía que Acheron no la dañaría. Cuando la onda tocó a cada uno de los Daimons, estos gritaron de dolor y luego explotaron en un brillante polvo dorado.

Aun herida, Chi corrió hacia Ash y comenzó a golpear su pecho mientras le gritaba.

- Ya era hora de que aparecieras, cabrón.- refunfuñó Chi mientras alzaba un dedo acusatorio hacia su líder. - ¿Dónde diablos has estado?, han matado a Gülfem.

El hombre la ignoró cuando fue hacia donde la princesa otomana había sido asesinada, como si él supiese lo que había ocurrido antes de su llegada. Con sus facciones atormentadas, Acheron clavó una rodilla en el suelo y recogió el pequeño collar de plata que había estado alrededor del cuello de Gülfem. Él lo agarró con fuerza en su puño antes de que doblase su cabeza como si rezase y apoyase en él la frente.

Chi estaba siendo atravesada por la agonía que él exudaba. Era obvio que Ash lamentaba profundamente la pérdida de Gülfem. Ellos solían ser bastante injustos con su líder generalmente, pero no podían controlarlo. Acheron siempre era el chivo expiatorio cuando algo malo sucedía y necesitaban descargar su frustración con alguien.

Antes de que Chi pudiese articular una disculpa, él levantó su mano para acallarla y comenzó a mirar uno por uno a los presentes. Cuando sus mercúricos ojos caían sobre cada Dark hunter, estos se curaban instantáneamente de sus lesiones.

- Gracias Acheron. – Esta vez fue Dragón quien tomó la palabra mientras se limpiaba la sangre con el borde de la camisa - hubiese sido de ayuda que llegaras un minuto antes.

La cólera sangraba de cada poro del cuerpo de Ash cuando tendió su mano para ayudar a Kyl a levantarse. Le hubiese encantado llegar antes, pero si él lo hacía todo hubiese cambiado para mal.

Chi comenzó a girar con sus ojos muy abiertos, buscando algo. Al no ver a Hermione en ningún sitio, sintió pavor. Ellos habían visto como el cuerpo de Gülfem se desintegraba luego de que los daimon la asesinasen. Si Hermione no estaba, entonces era probable de que ella también hubiese muerto durante la pelea.

- ella está bien Chi – dijo Acheron con gesto sombrío – por ahora.

La energía del ambiente cambió antes de que Draco y Xamira apareciesen en la cuesta donde los cazadores y Ash estaban. La demonio había rastreado a Hermione y Draco los había aparecido allí.

A Draco le había llevado cerca de dos horas entender lo que Hermione pretendía y otra media hora convencer a Xamira de contarle lo que habían hablado antes de que ella se marchase.

Cuando la niña sugirió que la dejara vincularse a él, Draco supo lo que sucedía en realidad. Ella no saldría de la casa para cazar Daimons. Ella no sería la cazadora esa noche, ella pretendía ser la presa.

Hermione podía tener un temperamento volátil en su nueva vida, pero nunca seria cruel o desconsiderada. Ella lo había ofendido solo para que la dejase marchar sola.

- ¿dónde está?... ¡CONTESTA ACHERON, DONDE MIERDA ESTÁ HERMIONE!

Acheron abrió desmesuradamente sus ojos bajo las gafas negras que recientemente se había colocado. No esperaba que Draco apareciese ahí. Había confiado en que él estaría lo suficientemente ofendido con Hermione como para no salir en su busca, al menos durante esa noche.

Draco llevaba una camiseta blanca y pantalones vaqueros azules oscuros. Su cabello estaba despeinado y Xamira tomaba su mano mientras él miraba fijamente a Acheron retándole a que le dijese donde estaba Hermione.

Los cazadores oscuros presentes se quedaron atónitos al ver al mortal hablándole a Ash como si fuese cualquier otra persona. Solo los perros de la guerra, y los were tenían los cojones suficientes como para hablarle tan directamente al líder de los cazadores oscuros.

Veinte metros separaban a Draco de Ash y el resto de los cazadores. Ellos aun no se habían dispersado luego de la lucha con los Daimons y las armas aun estaban desenfundadas.

Luego de ver como Acheron había desintegrado a los Daimons que los habían estado apaleando, ellos no habían estado lo suficientemente atentos para lo que sucedió luego.

Un daimon apareció entre las sombras, a espaldas de Draco. Él tenía una larga espada en sus manos y nadie lo vio llegar hasta que fue muy tarde.

La estocada fue certera y por la espalda. Xamira comenzó a gritar al ver la punta de la hoja atravesar el pecho de Draco e inmediatamente atacó al daimon que se deshizo en polvo dorado, pero no antes de herir de gravedad a su objetivo.

Acheron no lo pensó, y en vez de caminar hacia Draco, se apareció junto a él, justo a tiempo para sostenerlo cuando sus piernas fallaban. En sus once mil años había visto demasiadas heridas como aquella. Draco estaba más allá de toda salvación. La filosa hoja había atravesado su corazón de lado a lado.

Con un pensamiento desapareció la espada, pero la herida no sanaría. Draco era un mortal, y al contrario de a sus cazadores oscuros, él no podría sanarlo en esa condición. Su amigo estaba muriendo, y no había podido hacer nada para evitarlo.

- Ash…

- shhh. Draco, no hables. Se lo que quieres, la buscaremos. No te preocupes... Descansa hermano.

-o-

N.a: fin de otro capítulo. Espero que les haya gustado. ¡Hasta la próxima!